Agenda de actividades presenciales y online de Emilio Carrillo para el Curso 2026-2027

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7/12/09

El Mensaje de la Cruz

Una amiga del Blog, Regla Contreras, me escribe un email acerca del absurdo debate en el que se ha enzarzado una parte de la sociedad española a propósito del crucifijo y su presencia o no en instituciones y centros docentes, públicos o privados. Y me anima a que coloque en el Blog una entrada, cosa que hago con sumo gusto, que contribuya a “acabar con esa discusión bizantina de la guerra de los crucifijos, que recuerda a aquélla otra sobre cuántos ángeles cabrían en la punta de un alfiler”.

“Vaya por delante”, me aclara Regla, “que sobre la cabecera de nuestra cama preside un antiguo crucifijo que, tanto a mi marido como a mí, nos inspira amor y respeto. Ahora bien: yo me pregunto que por qué los cristianos -y sobre todo, los católicos- han de ser tan morbosos que parece que disfrutan más con la sangre y el sufrimiento de Jesús clavado en una cruz -que al fin y al cabo eso supuso sólo tres horas de los 33 o 36 años de su vida-, que con el mensaje de Amor y Unidad que vino a traer. Por mi parte, como cristiana que intento ser -aparte del mensaje de Amor-, me atrae mucho más recordarlo con ese carácter enérgico que empleó cuando sacó el látigo y dijo aquello de: "¡Raza de víboras! ¡Sepulcros blanqueados!... !Que coláis el mosquito y os tragáis el camello!". Así que, como ciudadana cristiana, propongo que en adelante, como símbolo del cristianismo -aparte del Amor- sea un látigo como el que Él empleó. Y aparezca en todos los Organismos Oficiales y Escuelas. Tú verás cómo así habría hasta consenso con quienes hoy no aceptan el crucifijo. Y que se acabe ya el morbo de tanta cruz, tanta sangre y tanta muerte, que, repito, sólo ocurrió en las tres últimas horas de Su fructífera vida”.

Con el mayor respeto a todos los pareceres y opiniones, añado a estas reflexiones –tan llenas de entusiasmo, sentido común y un hondo sentir cristiano que comparto plenamente- el hecho de que el “mensaje de la cruz” va mucho más allá del que es propio de la Iglesia católica, que la ha convertido en su máximo referente. Y es que la cruz tomada por ésta como símbolo es la calificada como “latina” -con brazos de tamaño dispar, que la hacen más larga que ancha- y está asociada a su uso por los romanos como instrumento de crucifixión. De hecho, las palabras cruz y crucifijo derivan del verbo latino “cruciare”, que significa “torturar”. Lo cierto es que el catolicismo oficial, en su afán por asumir ritos y cultos precedentes y ajustarlos a sus intereses, adoptó la cruz milenaria, que es la “cruz griega”, y tergiversó su significado y su propia forma.

La llamada “cruz griega” tiene cuatro brazos de idéntica longitud cada uno. Pero no es su forma, sino su simbología lo que la diferencia realmente de la “cruz latina”. En este orden, tres cosas son de destacar en la “cruz griega”:

+Desde hace miles de años, ha sido signo de paz (el mismo tamaño de sus cuatro brazos la hace poco práctica para las crucifixiones), armonía y perfección, lo que se expresa en el equilibrio de sus travesaños horizontal y vertical.

+Igualmente desde tiempos remotos, se ha asociado a la unión natural entre lo masculino y lo femenino, es decir, con el principio de género que centró diversas entradas de este Blog la semana pasada (ver Principio Hermético de Género, Sexualidad y Espiritualidad: Recapitulación, del 6 de diciembre).

+Y, sobre todo, recoge en su diseño de dos travesaños homogéneos los conceptos ancestrales de exaltación y amplitud (“urûj” e “inbisât”), utilizados por la Antigua Sabiduría como reflejo de los principios herméticos de polarización y género y, muy especialmente, del propio origen del mundo y del Universo. Un origen entendido como acto de Consciencia Perfecta y Concentración Absoluta del Ser Uno: Consciencia y Concentración que es quietud (la concentración en sí, el “Big” de la astrofísica contemporánea) y movimiento, que se manifiesta en la emanación y expansión (el “Bang”) de la Esencia (vibración infinita) del Ser Uno y el Verbo (vibración finita) a ella asociada.

Por tanto, la cruz -la “griega”, mucho más que la “latina”- es uno de los grandes símbolos espirituales de la humanidad en su conjunto, más allá de credos concretos, y ha sido utilizada ella desde tiempos inmemoriales. Por lo mismo, es un buen exponente de la convicción milenaria acerca de que la comunicación del conocimiento metafísico puede y debe efectuarse por medio de los signos, que sirven de apoyo a la intuición de los que meditan acerca de ellos.

No en balde, mientras que el lenguaje es racional, el simbolismo es sensitivo. Los símbolos no deben ser explicados, sino comprendidos. Hay que meditar sobre ellos para intuir espiritualmente el orden de la realidad subyacente y trascendente a la que aluden indirectamente. El símbolo, cuando se confunde con la realidad que expresa, es fuente de ilusión y suele generar falsos dualismos y diatribas (como es el caso del debate con el que se iniciaba esta entrada); pero cuando es reconocido como expresión de un “mensaje trascendente”, es una vía útil de trasmisión de saberes, intuiciones e inspiraciones espirituales.

Enunciado sintéticamente, existen dos grandes tipos de símbolos. Por un lado, los universales o naturales, que aparecen en la naturaleza de las cosas y pertenecen al origen de la humanidad: son los símbolos que están en el inconsciente colectivo. Y por otro, los particulares, que varían según las tradiciones, por más que también tengan su engarce con ese inconsciente colectivo.

El Universo está pleno de símbolos que, si pudieran ser descifrados, conducirían al Ser y a lo Real. René Guénon, en Consideraciones sobre la vía iniciática, destaca al respecto: “las cosas que aparecen son sólo reflejos, hay que ir más allá de la razón”. Verdaderamente, en las representaciones simbólicas lo importante no es lo representado como tal, sino lo que eso va a desencadenar en nuestra intimidad. Pero se precisa un estado interior especial para comprender el signo y lo que éste desencadenará.

Los iniciados de hoy y de siempre valoran la importancia de esta materia para alcanzar estados mentales especiales. Y conocen, igualmente, la inutilidad de operar con símbolos sin comprender su significado exacto y sin estar preparados para su uso. La entidad y cualidad metafísica de los ritos se mantienen ocultas e inactivas para el que ignora su simbolismo. El iniciado, en cambio, es plenamente consciente de que los símbolos le ayudan a transitar el camino de la trascendencia, pues constituyen realidades contenidas en el interior de las cosas, expresan lo universal de la creación y lo particular de determinadas tradiciones.

Saberes que afectan de lleno al signo de la cruz –como se ha reseñado, uno de lo más conocidos y cuyo poder espiritual y sensorial ha sido comprendido y utilizado desde la noche de los tiempos- y que deben recordarse para salvar a la cruz de dualismos y oposiciones que chocan frontalmente con su “mensaje” de Amor Incondicional y con sus atributos simbólicos de paz, armonía, perfección, equilibrio y profunda Sabiduría sobre el origen mismo de la Creación.

6/12/09

“Phi”, la “Divina Proporción” y el Pentáculo: Recapitulación

A lo largo de la semana que hoy domingo termina, se han publicado en el Blog tres entradas interrelacionadas relativas al número “Phi”, la “Divina Proporción” y el Pentáculo. Para facilitar el acceso a ellas a l@s interesad@s en el tema, se resumen seguidamente sus títulos y fechas de aparición:

+El número “Phi” o “Divina Proporción”, lunes 30 de noviembre.

+El Pentáculo y su conexión con “Phi” y la “Divina Proporción”, martes 1 de diciembre.

+La “Divina Proporción”, en la pluma de Alberti, jueves 3 de diciembre.

3/12/09

La "Divina Proporción", en la pluma de Alberti

Una amiga del Blog, Victoria, me envía la maravillosa poesía de Rafael Albertí que abajo se reproduce.

Está directamente relacionada con dos entradas publicadas recientemente en el Blog acerca de la “Divina Proporción”:

+El número “Phi” o “Divina Proporción” , de 30 de noviembre, y

+El Pentáculo y su conexión con “Phi” y la “Divina Proporción”, 1 de diciembre.

Alberti, además de un excelente poeta, fue también un esplendido pintor. Sus dibujos destacan por el uso de la línea, una línea curva que completa espacios planos, llenos de color.

La pintura fue, en realidad, su primer gran amor, que nunca dejó y que, de hecho, llevó incluso a su estilo poético: su poesía está llena de la misma luz y el mismo color que sus dibujos.


A LA DIVINA PROPORCIÓN

A ti, maravillosa disciplina,
media, extrema razón de la hermosura,
que claramente acata la clausura
viva en la malla de tu ley divina.
A ti, cárcel feliz de la retina,
áurea sección, celeste cuadratura.
Misteriosa fontana de mesura
que el Universo armónico origina.
A ti, mar de los sueños angulares,
flor de las cinco formas regulares,
dodecaedro azul, arco sonoro.
Luces por alas un compás ardiente.
Tu canto es una esfera transparente
A ti, divina proporción de oro.

Fuente: http://periodistasencamino.blogspot.com/2008/08/la-divina-proporcin-de-rafael-alberti.html

1/12/09

El Pentáculo y su conexión con “Phi” y la “Divina Proporción”

Ayer se dedico al número “Phi” una entrada del Blog (El número “Phi”, “Divina Proporción”). A bastantes de sus lectores no le ha pasado desapercibida la interrelación entre “Phi” y el pentáculo o pentagrama. No en balde, las líneas que lo representan se dividen automáticamente en segmentos y la razón de todos ellos equivale a 1,618, es decir, “Phi”. Por esto, el pentáculo se ha convertido en el símbolo histórico por antonomasia de la “Divina Proporción”, signo de la belleza y la armonía ligado a la Diosa y la divinidad femenina.

Vaya por adelantado que los símbolos siempre han acompañado a la humanidad, desde los tiempos más remotos hasta la actualidad. Su intenso uso no debe ocultar, sin embargo, que cuentan con la importante dificultad de su interpretación. De hecho, pretender mostrar a alguien lo que un determinado símbolo significa es tanto como aspirar a enseñarle que debería sentir al escuchar una sinfonía o al leer un poema. En última instancia, un símbolo representa algo diferente para cada uno. Con todo, los símbolos han desempeñado históricamente y juegan hoy un notable papel.

Entre los distintos símbolos heredados de antiquísimas culturas, el pentáculo merece una especial atención. Muy anterior al cristianismo y a la mayoría de las religiones, se encuentra directamente enlazado con el culto a la Naturaleza y el principio hermético de género. Proviene de una época en la que la humanidad dividía el mundo en dos grandes mitades: la femenina y la masculina. Sus dioses y diosas actuaban para mantener el equilibrio de poder. Si se alcanzaba el equilibrio entre lo masculino y lo femenino -el “yin” y el “yang”-, la armonía reinaba en el mundo; en caso contrario, dominaba el caos. En este contexto, el pentáculo representa a la diosa del amor sexual femenino y, por lo mismo, la mitad femenina de todas las cosas, esto es, la “divinidad femenina” o “venus divina” estudiada como concepto por los historiadores de la religión.

Para entenderlo mejor, hay que tener en cuenta que, hace miles de años, el ser humano creía en el orden divino de la Naturaleza. Por ello, el planeta Venus y la diosa de igual nombre conformaban una identidad. La diosa Venus -denominada, igualmente, La Estrella de Oriente, Ishtar, Astarte,...- ocupaba, así, un lugar en la bóveda celeste y estaba ligada al gran poder femenino y sus vínculos con la Naturaleza y la Madre Tierra.

La elección del pentáculo para denotar ese poder y tales vínculos no es fruto de la casualidad. Se basa en la estrecha asociación gráfica existente entre el signo y el planeta: Venus, en su desplazamiento cósmico, traza, precisamente, un pentáculo imperfecto cada ocho años. Los astrónomos y sabios de la antigüedad conocieron este hecho y convirtieron a Venus y su pentáculo en símbolos de perfección y belleza y síntesis de las propiedades cíclicas del amor sexual.

Por otra parte, los orígenes y el verdadero significado del pentáculo son completamente ajenos a su utilización en ritos satánicos. Esta circunstancia es consecuencia de la distorsión sobre sus connotaciones a lo largo de los siglos. Distorsión en absoluto casual y motivada, en lo fundamental, en el empeño que la Iglesia católica en borrar y desprestigiar todo los vestigios de las creencias que la precedieron. Desde su nacimiento, la Iglesia romana se marcó la estrategia de relacionar con el mal la globalidad de los signos y dioses y diosas antiguos, diluyendo sus fidedignas referencias. Fue así como se alteró el significado del pentáculo, del mismo modo, por poner otro ejemplo, que el famoso tridente de Poseidón se transfiguró en atributo del demonio.

A este respecto, resulta curioso constatar como también el término “pagano” se usa hoy frecuentemente con relación tanto al ateísmo como a prácticas satánicas. Mas tampoco se corresponde con la procedencia de la palabra, que proviene del latín “paganus” y cuyo tenor literal es “habitante del campo”. Una condición que, entre otras cosas, estaba ligada al mantenimiento de los antiguos cultos rurales relacionados con la naturaleza y extraños al apostolado acometido por los católicos. Por ello, la Iglesia los trataba con desprecio, lo que también tuvo su reflejo lingüístico en el uso peyorativo de la expresión villano -habitante de la villa, del núcleo rural-.

En la cultura moderna han desaparecido casi la totalidad de las asociaciones entre Venus y la unión masculino-femenina. Pero no todas. Valga como botón de muestra la palabra venéreo. O el plazo -cada cuatro años- de celebración de las Olimpiadas, un tributo de la antigua Grecia a la magia de Venus y a su ciclo cósmico. Aún más, el pentáculo estuvo a punto de convertirse en el emblema oficial olímpico, pero fue sustituido por un círculo (aro), al entender los que tomaron la decisión que refleja mejor el espíritu olímpico de unión y armonía. La idea inicial fue ir añadiendo un nuevo aro por cada nueva edición de las olimpiadas. No obstante, el influjo del pentáculo y sus cinco puntas volvió a manifestarse cuando se abandonó este criterio y se adoptó el famoso emblema de los cinco anillos.

30/11/09

El número "Phi" o "Divina Proporción"

En la entrada Simbiosis Imperfecta, publicada el pasado 24 de noviembre, se hace mención, dentro de su apartado III, a la “perfección científica” materializada en Pi.

Como varios seguidores del Blog me han remitido emails que muestran la confusión que puede haber entre los números “Pi” y “Phi”, voy a efectuar algunas precisiones al respecto extraídas de los conocimientos que aporta la denominada Geometría Sagrada.

Y es que “Pi” es la relación entre la longitud de una circunferencia y su diámetro. Se trata de un “número irracional”, muy empleado en física e ingeniería, y una de las constantes matemáticas más importantes. Su valor numérico es el célebre 3,1416 (que, realmente es 3,14159265358979323846…).

En cambio, “Phi”, se corresponde con la “Divina Proporción” sobre la que instruye la citada Geometría Sagrada.

La “Divina Proporción”

Conocido como el número áureo y considerado frecuentemente como el dígito más hermoso de la infinita constelación matemática, “Phi” es otro número irracional. Su valor numérico se suele simplificar como 1,618, aunque realmente, cuenta con un largo listado de decimales: 1,61803398874989484820…

Para empezar, hay que reseñar que el número “Phi” tiene una relación directa con la célebre Secuencia de Fibonacci:

0, 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21, 34, 55, 89,....

Esta serie numérica ostenta la peculiar característica de que la adición de los dos dígitos precedentes da como resultado el siguiente:

0+0 = 0

0+1 = 1

1+2 = 3

2+3 = 5

3+5 = 8

5+8 = 13

8+13 = 21

13+21 = 34

21+34 = 55

34+55 = 89

etcétera

Y, en lo que aquí más interesa, ofrece, igualmente, la curiosidad de que los conscientes de los dígitos precedentes tienden a tener como resultado precisamente el número “Phi”:

0/0 = indeterminado

1/0 = indefinido

2/1 = 2,000

3/2 = 1,500

5/3 = 1,666...

8/5 = 1,600

13/8 = 1,625

21/13 = 1,615...

34/21 = 1,619...

55/34 = 1,617...

89/55 = 1,618...

etcétera

Mas la notoriedad de “Phi” va más allá de esta interconexión con la Secuencia Fibonacci y obedece, sobre todo, al sorprendente papel que juega en el diseño y estructuración interna de la naturaleza. Y es que las características dimensionales de seres humanos, animales o plantas se ajustan con asombrosa exactitud a la razón (cociente, división) de “Phi” a 1, esto es, a 1,618.

Sin ánimo de exhaustividad y comenzando por el ser humano, es sencillo constatar -Leonardo da Vinci fue el primero en hacerlo con detalle- que nuestro cuerpo está conformado por bloques constructivos cuya razón es siempre idéntica a “Phi”. Algunos ejemplos:

-------

Altura del cuerpo (distancia entre el suelo y la parte más alta de la cabeza)

------------------------------------------------------------------------------ = Phi

Altura de ombligo (distancia entre el ombligo y el suelo)

-------

Extensión de la pierna (distancia entre la cadera y el suelo)

------------------------------------------------------------------------------ = Phi

Altura de la rodilla (distancia entre la rodilla y el suelo)

-------

Extensión del brazo (distancia entre el hombro y la punta de los dedos)

------------------------------------------------------------------------------ = Phi

Extensión del antebrazo y mano (distancia entre codo y punta de dedos)

-------

Y, así, las divisiones vertebrales, las articulaciones de las manos y de los pies, etcétera. “Phi”, siempre “Phi”. Lo que explica que, en todas las épocas, “Phi” haya sido ensalzado por matemáticos, pintores, músicos, ingenieros y arquitectos. Entre estos últimos, hay que destacar a Marcos Vitrubius, que subrayó el papel de “Phi” en su obra De Arquitectura y en cuyo honor Leonardo da Vinci dio nombre a El hombre de Vitrubio, el famoso desnudo masculino estimado como el dibujo de anatomía más acabado de la historia.

En el caso de los animales, son muchísimos los exponentes de la pasmosa ubicuidad de “Phi”. Valgan dos botones de muestra: si en un panal de abejas se divide el número de hembras por el de machos, el resultado, invariablemente, será “Phi”, sea cual sea el panal y en cualquier parte del mundo; y también obtendremos 1,618 si tomamos cualquier nautilo -moluscos cefalópodos que, para equilibrar su flotación, se inyectan gas en su caparazón compartimentado- y dividimos el diámetro de cada tramo de su espiral con el siguiente.

Y lo mismo ocurre, por fin, en el mundo de las plantas. Verbigracia, en las pipas de girasol, que crecen en espirales opuestos, la razón entre el diámetro de cada rotación y el siguiente es “Phi”. Y “Phi” se halla, igualmente, en la distribución de hojas en ramas, en las piñas piñoneras, etcétera.

Esta colosal presencia de “Phi” no puede deberse a la casualidad y se adentra en el campo de los enigmas que nos rodean. Hasta el punto de que, desde hace milenios, el número ha sido rodeado de una aureola mística, pensándose que había sido predeterminado por el Creador. Por ello, los primeros científicos denominaron a “Phi” la “Divina Proporción”.

El mundo del arte no ha sido ajeno a todo ello y desde hace miles de años el número “Phi” tiene un sitio predominante en la pintura -Durero, Leonardo da Vinci, Miguel Ángel, y otros muchos lo han utilizado de manera deliberada y rigurosa-, la música -“Phi” se halla en la ubicación de los oídos o efes en los violines de Stradivarius, en las estructuras básicas de las sonatas de Mozart, en la 5ª Sinfonía de Beethoven, en las obras de Bartók, Debussy, Schubert,...- o la arquitectura -el dígito “Phi” se encuentra en las pirámides de Egipto, en el Partenón griego y hasta en el moderno edificio de Naciones Unidas en Nueva York-.

Lo cierto es que “Phi” parece indicar que, bajo el aparente caos del Universo, subyace un orden. Un orden articulado en torno a una arquitectura geométrica inmaterial y abstracta -derivada, según la sabiduría hermética, de la base vibratoria que está en la esencia de un Universo de origen mental- que tiene en “Phi” una de sus más curiosas manifestaciones externas. Y un orden presente y activo en una naturaleza bella y armoniosa -en la que el ser humano se integra como un componente más- pensada y querida para vivir en equilibrio y felicidad.

18/9/09

El 8 y el NO8DO

A propósito de la publicación de la entrada El significado profundo del 8 en la Geometría Sagrada (16 de septiembre) tres amigos de este Blog -desde Chicago (USA), Guadalajara (México) y Granada (España)- han coincidido en preguntarme acerca del NO8DO que es símbolo y bandera (ver foto anexa) de la ciudad en la que nací y resido, Sevilla (España).
Ciertamente, el NO8DO es un signo omnipresente en la vida institucional y cotidiana de la hoy capital de Andalucía. Sin embargo, tradicionalmente, la urbe le ha prestado escasa atención, conformándose históricamente con la leyenda que remite su interpretación al "no-madeja-do" con el que el rey Alfonso X el Sabio habría reconocido, en la segunda mitad del siglo XIII, la lealtad que le mantuvo Sevilla con ocasión de la guerra civil que le enfrentó con su hijo Sancho. Pero, como he recogido en el libro El NO8DO de Sevilla: significado y origen (RD Editores. Sevilla, 2005), se trata de una leyenda falsa.
La primera constancia documental acerca del NO8DO nos la ofrece Argote de Molina, en sus Elogios de 1588, dando pie a la referida leyenda. Aunque los protagonistas de su invención fueron Torres Farfán y Ortiz de Zúñiga, en el último tercio del siglo XVII. Ambos encontraron el terreno abonado de una urbe que se afanaba por presentar una imagen renovada y coherente con su nuevo lugar en el mundo y deseaba mayor protagonismo en el proyecto entonces liderado por la Casa Real española. Un objetivo a cuya satisfacción coadyuvaba la sublimación, en clave simbólica, de la solitaria lealtad con el rey Sabio. El éxito del "no-madeja-do" fue casi inmediato y su uso se generalizó desde entonces en las representaciones de la urbe. Paulatinamente, su heráldica, y no sólo la municipal, se enriqueció con una divisa que ha terminado por ser símbolo de la Sevilla del siglo XXI.
Ahora bien, mucho antes del surgimiento de la reiterada leyenda, el NO8DO ya estaba presente en edificios y otras construcciones de la ciudad. La más remota que se conserva data de 1533-1534 y se localiza en la Sala Capitular del Cabildo Nuevo (Sala de Plenos del actual Ayuntamiento). Ahora bien, hay constancia de otras reproducciones ya desaparecidas. La más antigua, probablemente, existió en el Cabildo Viejo y fue esculpida bien en una reformas del edificio efectuadas en 1438 o bien con anterioridad. Por tanto, el NO8DO lucía ya en Sevilla en 1438 o, incluso, previamente. Es decir, al menos siglo y medio antes de su reinterpretación por Argote de Molina. ¿Cuál es entonces su significado y origen?.
El lo relativo a su significado, las letras "NODO" proceden del latín y de tres fuentes lingüísticas interrelacionadas: el transitivo nodo (anudar, sujetar, atar con nudos); el masculino nodus (nudo, vínculo); y el caso ablativo del vocablo anterior (desde el nudo). El "8", por su parte, ostenta triple valor: como dibujo, es un nudo, el "nodus Herculaneus", de trazo fino y sencillo; como figura geométrica, es un doble círculo, alegoría de la dualidad del mundo y del equilibrio y la unidad que subyacen bajo las diferencias; y como número, es una cifra de alto contenido hermético, valorada, como ya se ha recalcado en este Blog, por la Orden del Temple y con conexiones con la estructura edificatoria de la gótica Catedral de Sevilla. En resumen, "NODO" y "8" apuntan en la misma dirección de nudo y unión; y lo hacen multiplicando sus respectivos significados por los efectos sinérgicos de su entrelazamiento y apoyo mutuo. Por tanto, el NO8DO es un genial símbolo integral de unión.
En cuanto a su origen, ya se ha reseñado que aparece en Sevilla no después de 1438. Y por la ascendencia latina de sus caracteres gráficos, no pudo ser antes de 1248 (fin del medio millar largo de años de adscricpción árabe de la ciudad). Por tanto, la creación del NO8DO se produjo en el algún momento entre 1248 y 1438. En cuanto a su autor intelectual, el examen de la historia de Sevilla durante esos 190 años, que estuvo mayoritariamente marcada por un gran tedio cultural, apunta directamente a la Escuela de Latín y Árabe y a la Escuela de Gramática, que como Estudios Generales (antiguas Universidades) desarrollaron una notable labor desde la creación de la primera, en 1254, hasta la muerte de Alfonso X en 1284 (su sucesor, su hijo Sancho IV, enfrentado a él, como se reseñó, en guerra civil, no se esmeró precisamente en mantener lo creado por su antecesor). La pléyade de personas doctas en muy distintas materias -latín, gramática, astronomía, matemáticas, medicina,...- que las Escuelas congregaron constituyó una base sólida para la gestación de un signo al servicio, sin duda, del rey y con algún propósito relacionado con los intereses y deseos de la Corona.
¿Qué situación pudo darse en aquella época con la suficiente enjundia como para alentar la creación de semejante signo, en el ámbito de las citadas Escuelas y al servicio del monarca?. Pues una sumamente notable: la justa y legítima aspiración del rey Sabio a convertirse en Emperador del Sacro y Romano Imperio. Estas pretensiones comenzaron a ser albergadas por Alfonso X con la muerte en 1254 del entonces emperador, su abuelo Federico II, fortaleciéndose con el pacto promovido en 1256 por la República de Pisa y al que se sumaron después otras ciudades y reinos europeos. Y obsesionaron al rey Sabio durante casi todo su mandato, ocasionándole no pocos problemas y disgustos personales y políticos y marcando el mismo hasta el punto de ser rememorado históricamente como “el fecho del Imperio”. El intento imperial duró dos décadas y se saldó con un fracaso que se hizo definitivo en 1275, por lo que la fecha del nacimiento del NO8DO en el seno de las Escuelas de Sevilla debió producirse en algún momento entre 1254 (creación de las mismas y fallecimiento de Federico II) y 1275, más cerca, probablemente, de la primera fecha que de la segunda. Hace, pues, unos 750 años.
El anhelo imperial de Alfonso X quedó enterrado en el olvido. Hoy sólo los libros de historia recuerdan las huellas de esa antigua llama que inflamó el corazón y la cabeza del rey Sabio. Sin embargo, en franco contraste, tales huellas pueden reconocerse en el NO8DO, concebido como síntesis de los objetivos imperiales y los derechos y voluntades que los cimentaban y que ha sobrevivido al paso de los siglos para seguir plenamente vivo en Sevilla. Pocas ciudades en el mundo, quizá ninguna, gozan de un símbolo tan antiguo y, a la vez, tan actual; que haya permanecido válido durante centurias y continúe en permanente y variopinto uso; tan misterioso por su propio carácter jeroglífico y, no obstante, tan expresivo y rico como para tener libérrima aplicación. Enigmático por su contenido, contundentemente flexible por su estética y poderosamente libre por su abundante y diversa utilización, el NO8DO es, sin duda, un fiel reflejo del alma de Sevilla, unida en lo dual y dual en la unión, a la que por tradición representa.

16/9/09

El significado profundo del 8 en la Geometría Sagrada

En los últimos días se han publicado en el Blog dos entradas relativas a la Geometría Sagrada (Genes empaquetados y Geometría Sagrada y Geometría fractal, del 14 y 15 de septiembre, respectivamente). En vuestr@s comentarios al respecto hay una especial insistencia en torno al número 8 y el por qué de su importancia entre tradiciones iniciáticas latinoamericanas y europeas, como, por ejemplo, la templaria, que otorgan una gran relevancia al 8 y al octógono –verbigracia, las célebres capillas octogonales que el Temple construyó por media Europa-.
Consultando obras y escritos de simbología hallaréis cuantiosas claves al respecto, que redundan en una creencia arcaica que sitúa al 8 como el número de los números (lo que, causalmente, se ha refrendado en la actualidad por la tecnología digital, en la que todos los números se forman precisamente tomando partes o trazos del dígito 8). No obstante, sin desmerecer lo anterior, el valor simbólico del 8 y el octógono es de bastante más calado y engarza con la encarnación misma de cada uno en el plano humano y el inefable punto de encuentro en el que nuestra dimensión espiritual y corporal se funden para dar lugar a cada persona. Aquí radica la trascendencia del 8.
Para entenderlo adecuadamente, hay que recordar que ya antes de nacer sabemos las potencialidades y los atributos kármicos que vamos a disfrutar y las experiencias energéticas y vibracionales que viviremos: ya estaban aquí como potencial y entramos de nuevo en el plano humano para vivirlas. E, igualmente, antes de venir conocemos los potenciales de las personas con las que nos vamos a encontrar: las sincronicidades con aquéllos con los que tendremos encuentros y, dentro de esto, escogemos a nuestros padres. Cuando estamos al otro lado del velo, en la dimensión de la inmortalidad, que es la del Espíritu que somos, se eligen desafíos para poder enfrentarlos y resolverlos. Nadie vino aquí a sufrir, sino a desentrañar el rompecabezas de la vida. Y los Buscadores están interesados en desentrañar la vida, en abrir la caja de la verdad hasta constatar que cada uno de nosotros somos parte del Todo y el Todo mismo. No procedemos de ningún lugar. El Espíritu, no está en un lugar. Dios "Es". Y siempre fuimos; ya "éramos" antes de que se creara el Universo. Elegimos venir a la Tierra por una razón que, en realidad, no tiene tanto que ver con este planeta como con el Omniverso: desplegar nuestras energías en la Tierra experimentado en libre albedrío la ilusión de individualidad para elevar nuestro grado de consciencia, expandir así la consciencia de la suma a la que pertenecemos y, por medio de ello, contribuir a la expansión de la consciencia de la Unidad.
Pero, ¿en qué momento preciso nuestra dimensión espiritual conforma su unión con el nuevo cuerpo físico?. Pues en el momento de la fecundación del nuevo ser humano. Lo que nos conduce al número 8 y su simbología.
Como es sabido, la fecundación es la unión de dos células sexuales o gametos (el espermatozoide masculino y el óvulo femenino) en el curso de la reproducción sexual, dando lugar a la célula cigoto donde se encuentran reunidos los cromosomas de los dos gametos. Y de la multiplicación celular del cigoto (2, 4, 8, 16, 32,… células) parte la formación del embrión. En este orden, la ciencia actual comienza a hablar de unas “células madres” o base celular del nuevo ser, que son exactamente las 8 primeras. De hecho, el avance celular de 2 a 4 y de 4 a 8 es muy rápido, mientras que al llegar a 8 se produce una especie de parada en el camino antes de pasar a 16 y continuar la multiplicación.
Es en ese estadio -cuando el embrión está configurado por las 8 células madre- en el que la dimensión espiritual se asocia al cuerpo. También es el momento en el que se inyecta divinidad en el ADN, implementando en él -en dos capas interdimensionales llamadas ”Registro akásico del ADN”- los componentes y recuerdos de otras vidas precisos para las experiencias conscienciales y concienciales que, en libre albedrío, corresponden ahora vivir. Por esto, algunas tradiciones espirituales denominan a esas 8 células las “células del alma”.
En este hecho francamente trascendente -la base celular octogonal que define el momento preciso en el que, tras la fecundación, se funden las dimensiones espiritual y física- reside la significación profunda del 8 y el octógono. La humanidad lo conoció en la noche de los tiempos. Y escuelas espirituales y tradiciones iniciáticas de los cinco continentes mantuvieron vivo este conocimiento, volcándolo en la simbología numérica. De ello bebieron muchas antiguas culturas de América Latina; y está en la razón de ser de la prevalencia del octógono entre los constructores medievales y en las edificaciones templarias.

15/9/09

Geometría fractal

Como muchos me habéis apuntado tras lo ayer publicado (Genes empaquetados y Geometría Sagrada), la llamada geometría fractal -del latín fractus (quebrado o fracturado)- es otra de las manifestaciones de la Geometría Sagrada.

Específicamente, la geometría fractal está constituida por el enorme mundo de las formas que la Naturaleza adopta en su desarrollo y plasmación. Podemos observarla por todos lados, en lo pequeño y en lo grande: nubes, montañas, líneas costeras, sistema circulatorio, helechos, corales, caparazones de crustáceos y moluscos, copos de nieves, dibujos que trazan el agua o la tinta al derramarse sobre una superficie, etcétera. Especialmente vistosa resulta la geometría fractal cuando la Naturaleza recupera para sí lo que antes fuera una tierra preparada para la labranza, al dejar de ser ésta cuidada para las faenas agrícolas por la mano del ser humano. Y debido a la preponderancia de tal geometría, en fotos como las que se anexa, tomada del Parque Natural de Doñana (Huelva), la mayor reserva ecológica del continente europeo, resulta muy llamativa la imposibilidad de distinguir si se trata de un pequeño trozo de vegetación o de un paisaje contemplado desde decenas o cientos de metros de altura.

Las formas de la geometría fractal en nada se corresponden con las de la geometría euclidiana inventada por la humanidad para facilitar el estudio y asimilación de nuestro entorno tridimensional: línea, triángulo, cuadrado, pentágono, círculo, tetraedro,… La Naturaleza desconoce tales simplificaciones y sigue otras pautas donde prevalece lo curvilíneo y sinuoso. Lo que no significa azar, sino despliegue conforme a cánones perfectamente predefinidos y unitarios; ni caos, sino una armonía y una simetría que se repite incansablemente tanto en lo pequeño -verbigracia, una hoja- como en lo grande –el referido paisaje-.

Para l@s interesad@s en la formulación científica de la geometría fractal, desde la aparición de la función de Weierstrass, en 1872, los investigadores han ido elaborando distintas herramientas para el estudio de los fractales, destacando la curva de Koch, el triángulo y la alfombra de Sierpinski, la dimensión de Hausdorff-Besicovitch y los conjuntos de Julia y Mandelbrot. En Internet podéis localizar sin problema abundante información sobre cada una de estas formulaciones.

14/9/09

Genes empaquetados y Geometría Sagrada: música y matemáticas


La Geometría Sagrada es un arte arcaico conocido y utilizado, verbigracia, por los constructores de las pirámides o de las catedrales góticas; y una ciencia muy actual basada en principios matemáticos que muestran la relación entre todas las partes de la Creación.
Su estudio evidencia, como ya se ha reiterado en otras entradas del Blog, que todo es suma de partes y forma parte de una suma superior, aunque cada parte es, a su vez, el Todo. Y que el Omniverso, en su globalidad e integridad, es generado por una Consciencia que se manifiesta a sí misma en la realidad física a través de un cianotipo geométrico, ilustrado por el denominado «cianotipo del merkaba».
Superponiendo, por ejemplo, su representación gráfica sobre el planeta Tierra, se comprueba que la mayoría de las pirámides están localizadas a 19.47º sobre y debajo del ecuador, exactamente donde los puntos de la estructura gráfica del merkaba se intersectan con la superficie terrestre. Si se hace lo mismo sobre el Sol, se constata igualmente que las manchas solares de alta intensidad están localizadas justo al norte y al sur del ecuador y que la mayoría de las erupciones de su masa coronaria también se localizan a 19.47º por encima y debajo del ecuador. Y repitiendo el experimento en el vecino planeta rojo, la famosa Cara de Marte está también ubicada a 19,47 grados al norte de su ecuador.
Estas semejanzas y otras muchas ejemplifican lo que numerosos investigadores creen: todos los astros del sistema solar de Ors están construidos con base en idénticos principios y patrones geométricos. Correspondencias matemáticas que se sustentan en el hecho de que Ors, la Vía Láctea, el Universo y el multidimensional Omniverso han sido construidos por alguna forma de inteligencia de colosal escala.
Esta manera de analizar la realidad, recogida en saberes ancestrales, resulta sorprendentemente ajustada a lo que, poco a poco, se va descubriendo en múltiples ámbitos de investigación. Así, lo que hasta fecha muy reciente era sólo fruto de la superstición o de extravagantes teorías esotéricas a las que la ciencia no hacía caso alguno, es objeto ahora de estudio en los centros tecnológicos más avanzados.
Un exponente reciente se acaba de publicar en la revista Nature a propósito de los "genes empaquetados". Se trata de los resultados de un estudio acometido por científicos del Centro de Regulación Genómica de Barcelona (CRG) acerca de cómo se empaqueta la cadena de ADN, cómo puede ser diferente en cada ser vivo y cómo, finalmente, influye en que seamos como somos. Sus conclusiones evidencian que somos como somos no sólo por los genes -contenido-, sino por cómo se empaquetan -forma, geometría- en el interior de la célula.
Si se pudiese desplegar de forma lineal la secuencia de genes -el código que determina cómo son los seres vivos- mediría más de dos metros. Pero para caber en el interior de la célula se encuentra empaquetada y comprimida. En ello interviene una importante pieza, la cromatina. Los investigadores del CRG han visto que el empaquetamiento no siempre es igual; y que, según como sea, las instrucciones genéticas acaban "traduciéndose" de modo diferente. Es decir, que las instrucciones escritas en el lenguaje del ADN no se traducen en proteínas como un texto lineal, sino que tendrá lugar de forma diversa en fución de cómo estén empaquetados.
Estas conclusiones casan a la perfección con otros avances científicos en el campo de los códigos genéticos, considerados como vehículos de reproducción y continuidad, que ponen al descubierto que su codificación no reside en átomos concretos —en el carbono, oxígeno, nitrógeno e hidrógeno contenidos en la composición molecular del ADN o sustancia de los genes—, sino en la forma helicoidal en la que se disponen. Es decir, ¡en su geometría más que en su contenido!. La hélice del código genético es el resultado de una serie de proporciones geométricas fijas. La disposición de la existencia corporal se determina por sus formas, no por sus sustancias.
¿Sorprendente?. Pues también en otros muchos campos se llega a la misma conclusión de que las cosas son como son no sólo por sus contenidos, sino por su geometría interna.
Por ejemplo, sucede con las plantas y el proceso de fotosíntesis. Éste obedece a que el carbono, el hidrógeno, el nitrógeno y el magnesio de las moléculas de la clorofila se disponen de acuerdo con un diseño geométrico dozavado, similar a una flor de doce pétalos que brotaran de un núcleo central. Si tomamos los mismos componentes y los disponemos de una manera distinta, ya no serían capaces de transformar en sustancia viva las radiaciones del Sol.
Abundan casos similares. Tantos como para que no pueda hablarse de coincidencias o casualidades, sino de leyes y principios internos de una realidad subyacente y unitaria que no es material, sino vibratoria y ondular y cuyas manifestaciones sustantivas no son partículas cuánticas, sino geometría. A este respecto, conviene recordar que los astrónomos de la antigüedad vieron en la geometría la capacidad para explicar el sentido de la Creación y la usaron para designar, mediante notación angular, el movimiento y la posición de los cuerpos celestes.
En esto se adelantaron enormemente a una ciencia moderna en continua expansión: la heliobiología. Es una rama novísima que, estudiando la posición angular de la Luna y los planetas, deduce las radiaciones electromagnéticas y cósmicas que influyen en la Tierra y en la manera en la que las fluctuaciones de estas energías determinan los procesos biológicos. De este modo, la ciencia justifica arcaicas creencias en la influencia de los arquetipos y acerca de cómo la geometría y los números describen energías fundamentales y causales.
Analizamos el mundo material que nos rodea a través de los cinco sentidos, pero están supeditados a las frecuencias vibratorias. En última instancia, el contenido de nuestra experiencia procede de una arquitectura inmaterial y abstracta que está compuesta por ondas armónicas de energía, nodos de relaciones y formas melódicas que brotan de la proporción geométrica. Vibración y ondas manifestadas en una ordenación de geometría y sonido, formas y números, música y matemáticas.