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12/8/09

Ciudadanos de categoría inferior

En desarrollo de las reflexiones que se vienen haciendo en este Blog acerca de hipotecas y subastas de viviendas habituales (hogares), Pepe Navajas me hace llegar las que siguen:
En lo social, se van consiguiendo logros, del Estado de Derecho al Estado del Bienestar. Inherentes a estos ascensos, se desarrollan instituciones y leyes. En ese sentido, uno de los logros para el ciudadano en España es que la justicia haya eliminado la pena de muerte; o que se contemplen atenuantes y condicionantes del individuo al ser juzgado. En la misma línea, en los cometidos de las instituciones penitenciarias, el más importante es procurar la rehabilitación y reinserción de los reclusos a la sociedad. Hoy es un derecho. Pero no tienen ese derecho (rehabilitación, reinserción, llevar una vida normal y digna) quiénes se ven envueltos en un litigio con un Banco.
No sólo es que puedan perder o pierdan su casa, con todo lo que eso supone, sino que el litigio no prescribe nunca. A quienes ahí se encuentran se les niega el derecho a comenzar de nuevo. No podrán tener cosas a su nombre, ni al de su cónyuge si estuviera en régimen de gananciales. No podrán acceder a créditos ni a compras aplazadas. No habrá, ni hay, juzgado alguno que contemple atenuantes y condicionantes. Simplemente ejecutará; y, en demasiadas ocasiones, dejando indefenso jurídicamente al interesado (al que probablemente la vida le haya dado un vuelco tan grande que esté intentando reorganizar su vida, total o parcialmente, en un lugar distinto al habitual). Ni siquiera el juzgado procurará que esté informado; se utilizan “edictos” que son colgados en el tablón de anuncios del juzgado... y se ejecutan. Gracias a Dios, el Tribunal Constitucional ha revocado y está revocando actuaciones de juzgados de 1ª instancia en este sentido.
Sí, cualquier ciudadano puede pasar a ser de categoría inferior en su desenvolvimiento social: como tal, pierde sus propiedades sin rechistar y en ocasiones sin saberlo; le embargarán la nómina y la del cónyuge si están en gananciales y la cifra recibida será cercana al salario mínimo.Las consecuencias ya se han extendido a los hijos y demás familiares. Nada de eso importa. Veamos algunos casos:
+Avalar: Son variados y distintos los sentimientos y causas por los que un humano avala a otro, o a una persona jurídica (sociedad), ante un banco: amistad, lazos familiares, acometer proyectos empresariales... Les invito a hacer un ejercicio de imaginación por el que estuvieran dispuestos a avalar, si es que no lo han hecho alguna vez. Y el hipotecado no puede momentáneamente cubrir un crédito, se ejecuta instantáneamente el aval. Pero... ¿No habría que contemplar la casuística de cada caso?; ¿no deberían revisarse las circunstancias por las que el banco el cuestión exigió el aval?. ¿Hasta que punto fueron lógicas las peticiones de avalar y no una exigencia desde la prepotencia y usura?; ¿Hasta donde debe “pagar”el avalista su acto de confianza y de buena fe, y no ser considerado consecuencia de presión y extorsión?. ¿Por qué no se contempla la casuística, agravantes o atenuantes, similares en otros procesos judiciales que no son monetarios?. Es que al avalista, el banco le traspasa todas las acciones que ha tenido con quién no puede cumplir. Embargos de todo tipo, hasta de la nomina o salario.
+Herencias: El juzgado ejecutará y embargará las herencias de los implicados. Cosas que pueden venir de 1ª, 2ª, 3ª, 4ª, ... generación; o de la que puedan provenir los bienes. Los esfuerzos y sentimientos de los antecesores no se tienen en cuenta.
+Nóminas: Una reflexión simple, sobre una casuística amplía y compleja, .pero imaginemos que sólo uno de los cónyuges está trabajando, o empieza a trabajar. ¿Hasta que punto es lícito que un juez embargue el sustento de una familia, que además puede haber sido desahuciado de su casa, implicado a avalistas?. No olvidemos los beneficios extraordinarios de la banca y de quienes la dirigen.
La lógica y el Orden Natural no convergen, no pueden converger con las leyes que avalan un pretendido derecho que crea ciudadanos de categoría inferior, en el que los avalistas no tengan un status especial, donde los bienes provenientes de una herencia, anteriores o muy anteriores al litigio (cargados de sentimientos y energías distintas y antiguas) sean objeto de embargo, donde las nóminas serán embargadas hasta unos limites tan asfixiantes, que casi no permiten sobrevivir.
¿Seremos capaces los seres humanos de conseguir que cambie ese estado de cosas?. ¿Cómo?.

9/8/09

Ser rebeldes

Pepe Navajas, buen amigo y editor de Ituci Siglo XXI (http://www.ituci.com/paginas/inicio.php), me envía esta reflexión relativa a lo publicado en este Blog el pasado viernes 7 de agosto, bajo el título “A propósito de la entrada anterior”:
Querido Emilio: Totalmente de acuerdo en lo de expandir la información y el conocimiento; y con algún reparo y apreciación, en lo de "no caer en el resentimiento ni en posiciones antisistema". Voy a tratar de explicarme.
Teniendo muy presentes los 7 Principios o Leyes Fundamentales, (Hermes Trismegisto y todas las Escuelas Iniciáticas, muchos Maestros Ascendidos y, por supuesto, el Maestro Jesús en todas sus enseñanzas y parábolas) y, por tanto, el principio de vibración, llegamos a que si no trabaja uno, cada uno, interiormente para dejar atrás el resentimiento, el odio,... por supuesto que lo que hacemos es alimentar el sistema.
Pero trabajando también el primer principio, el del mentalismo, cuantos más seamos trabajando con nuestra mente, con nuestro deseo, con nuestro corazón y con todo nuestro sentir, para que las instituciones que sostienen el sistema se desmoronen, antes llegaremos al Gran Cambio.
Se admite habitualmente que se visualicen y envíen energías positivas, o sanadoras, u otras cosas en el mismo sentido, a quienes lo necesiten. Pero no suele admitirse que se envíen energías y deseos que ayuden a que florezca un mundo nuevo, para lo que antes, el anterior tiene que haber desaparecido, o haber perdido su poder.
Eso no suele admitirse por que son miles de años influyendo en nuestra espiritualidad (castas sacerdotales e iglesias) y en nuestra ética (desigualdades por géneros, sociales, propiedad y enriquecimiento...). Ha calado en nosotros, los humanos, hasta los tuétanos.
Y creo que también hay que explicar esto y no caer el la trampa de: ¡Ah, contra tal cosa no se puede hablar,... por que eso es odio o resentimiento!.
Hay multitud de personas que han caído en esa trampa o en otras similares.
Confío en haber sabido explicarme. Un abrazo. Pepe
Le he contestado a Pepe de manera personal. Y él me ha autorizado a colgar aquí el contenido de mi respuesta:
Te has explicado perfectamente, Pepe.
Desgraciadamente, son numerosas y tienen nombres y apellidos las instituciones, entidades y organizaciones –personas jurídicas, las llama el Derecho- que sostienen y alimentan con su quehacer el sistema vigente y sacan provecho del mismo: un sistema ilógico y cruel basado en la eliminación de cualquier visión trascendente de la existencia, el dolor y la injusticia, la insolidaridad, el miedo y la inseguridad, la pobreza severa de gran parte de la humanidad, la consecución por unos pocos del mayor lucro posible en el menor tiempo posible, la soledad en medio de la multitud, la desinformación por la información masiva y manipulada, la destrucción del habitat natural del planeta, el agotamiento de los recursos naturales, el uso de los avances tecnológicos en beneficio de una minoría y de la carrera armamentista y un amplio etcétera destructor, avasallador e indigno de nuestra divina dignidad.
Tales instituciones, entidades y organizaciones carecen de autoridad moral alguna, por mucho que se revistan de poder; por mucho que hablen bien de ellas los medios de comunicación; y por mucho que se exprese por su boca el pensamiento único a través de personas arregladas, aseadas, educadas, joviales y aparentemente preocupadas por el bienestar común. Y tales instituciones, entidades y organizaciones -laicas o religiosas, gubernamentales o privadas- no se merecen en modo alguno lo que tradicionalmente se ha denominado “obediencia debida”.
Por esto, ante ellas y ante el sistema que sustentan hay que ser rebeldes, término derivado del latín “rebellis -e” y que identifica precisamente a “los que faltan a la obediencia debida”.
Rebeldes, sí. Rebeldes para no soportar la buena educación que nos lleva a un mundo falso, hipócrita, de tramoyas y disfraces; rebeldes para llamar al pan, pan, y al vino, vino; rebeldes para, sin violencia ni exasperación alguna, pero muy clarito, para que resuene (del latín “reboo”), decir a la cara de los bienpensantes, bienintencionados, bienhablados,… que todo es un cuento.
Pero la rebeldía es una cosa y otra bien distinta el resentimiento y los dualismos (en estos se incluye el antisistema y cualquier otro “anti”).
El resentimiento y la dualidad se basan en el odio, la prevalencia del ego, el dolor sublimado como sufrimiento, la vanidad y el olvido de nuestro linaje divino.
La rebeldía, en cambio, se fundamenta en la compasión. Y ésta, sólo en el Amor.
Un Amor Incondicional –incluye, por supuesto, el Amor a los que nos hacen daño, el Amor contra Resistencia- que no sabe de amarguras, ni de enfados, ni de insultos, ni de ira. Un Amor Incondicional que nos transforma en comprensivos, alegres y generosos y multiplica exponencialmente nuestra capacidad de perdón.
Que nos inunde, Pepe, el Amor Incondicional para que la compasión nos haga estremecernos ante el dolor del prójimo; y que la compasión nos vivifique interiormente hasta transformarnos en rebeldes capaces de expulsar a los mercaderes del templo y de nuestro corazón.
Un abrazo.
e