Agenda de actividades presenciales y online de Emilio Carrillo para el Curso 2026-2027

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6/5/10

Amarse a uno mismo, Amor Incondicional y amor al prójimo

Son iterativas y muy diversas las referencias en este Blog al Amor. Quisá precisamente por esto, son numeros@s l@s lector@s que envían emails planteando sus reflexiones y dudas acerca del Amor Incondicional, su relación con uno mismo y su conexión con el amor al prójimo. Para atender en bloque sus requerimientos, se efectúan seguidamente una serie de consideraciones, que retoman otras ya publicadas en entradas pasadas.

Amarse a uno mismo

Todos los grandes maestros se han referido al Amor, pero ninguno con la intensidad y claridad de Jesús. Su mensaje al respecto fue nítido y contundente: “ama a tu prójimo como a ti mismo”. ¿Cuántas veces lo habremos leído u oído?. Y cuántas veces lo hemos olvidado, o aparcado, o dejado como una tarea pendiente para mañana. ¿Tan difícil es ponerlo en práctica?. No lo es tanto cuando el mensaje se interioriza en su radicalidad y se asumen en su verdad: primero, ámate a ti mismo; y tras ello, inmediatamente, ama al prójimo. Desgraciadamente, solemos poner mucho énfasis en lo segundo -la necesidad (obligación, sacrificio) de amar a los demás- e ignoramos lo primero –amarse a uno mismo-, que es la premisa de partida y fundamental.

Pero lo cierto es que el Amor nace de dentro, o no existe. Y para que la semilla del Amor fructifique en nuestro interior, debemos amarnos a nosotros mismos, concientes de nuestro linaje divino, de nuestra condición de Hijos de Dios no sólo porque nos haya creado ?l, sino porque somos ?l. Como dice Willigis Jäger: “Creemos ser la playa que anhela el mar. Somos el mar que juega con la playa”. Es decir, como explica muy bien Pedro Miguel Lamet, “pensamos desde la finitud que vamos hacia Dios, y ya somos parte de Dios, pues si yo le falto a Dios, Dios no es Dios. Despertar es darse cuenta de esto. Que lo tenemos todo, que somos mar aunque creemos ser playa”.

Cuando percibimos íntimamente lo anterior y explota en nosotros la divinidad que atesoramos y somos, el Amor nace de manera natural y se desborda, se expande, se derrama hacia quienes nos rodean, de forma irrefrenable e incondicional; y no como sacrificio u obligación, sino como gozo y realización plena de nuestro Ser íntimo.

El Amor a uno mismo emana del Amor a Dios y se desparrama en el Amor hacia todo. El Amor a uno mismo es la conexión, el puente necesario, para canalizar el Amor de Dios hacia los demás. Amar a Dios conlleva necesariamente el Amor a uno mismo. Y este se desborda siempre en el Amor al prójimo. Quien no se Ame a sí mismo, ni Ama a Dios, ni podrá Amar de verdad a los demás.

Amor Incondicional

Referirse al Amor Incondicional es hacerlo al Amor infinito, trascendente, eterno, estremecedor, definitivo; incomparablemente mucho más que un sentimiento. Un Amor que no admite predilecciones de ningún tipo, escala o especie. Y que pertenece al ámbito del Yo Verdadero, nuestro Ser Interior de linaje divinal; nada tiene que ver con ese amor con el que al ego -nuestro pequeño yo- le gusta llenarse la boca.

¿Por qué ostenta el Amor Incondicional estas cualidades?. Muy sencillo: porque se fundamenta en la Unidad de cuanto Es y Existe:

1. Todo es suma de partes y forma parte de una suma superior, aunque cada parte es, a su vez, el Todo.

2. El Todo, la Unidad, es vivificado por la Consciencia de modo similar a como la sangre, en su circulación, anima y tonifica nuestro cuerpo físico.

3. Y de la Unidad y la Consciencia surge el Amor, que en términos científicos puede ser definido como energía pura de carácter vibratorio que se despliega en ondas de torsión.

Pero esto no son palabras para que las digiera el intelecto. Estamos hablando de tu Esencia, que está más allá de cualquier concepto o conocimiento.

¡Sí, de tu Esencia (y de la mía, y de la del otro,...)!. Porque siendo la razón de ser del Amor la Unidad y la Consciencia, el Amor constituye inexorable y radicalmente la base energética de tu Ser profundo (y del mío, y del otro,...).

La consecuencia directa y colosal de ello se resume en el célebre soliloquio hamletiano: ser, o no ser. Es decir, tu Ser se realiza en el Amor o no es nada. Así de simple: Soy y, por tanto, Amo; o no Amo y, por tanto, no Soy.

Esto es, vive el ahora -el único sitio donde la vida existe- con voluntad constante de dar y en disposición permanente de recibir; y en plena consciencia de que no Somos lo que tengamos, ?Somos lo que damos!. Y lo que damos, es lo que recogemos; y lo que recogemos, afianza lo que Somos.

Amor al prójimo

No podemos desplazar el Amor Incondicional al terreno del amor al prójimo, en un acto de sublimación. Es un bello enfoque, pero una pena, cuando menos. No cabe compartir una relación egóica (por no llamarla amor egoísta, términos contradictorios) con los “nuestros” y pretender ejercer un amor incondicional con los “otros”.

El Amor Incondicional sale de dentro, o no sale. O se practica con los nuestros o no existirá para nadie, por mucho que lo escribamos con mayúscula y lo pretendamos diferenciar. O aprendemos a amar aquí, ahora, y a tí, o no existirá jamás el amor en nuestro corazón, para nadie.

Si el amor incondicional es algo que está llamado a ser practicado con un prójimo, poco próximo, y cuando Dios nos lo inspire, o nos lo mande, estamos hablando de una entelequia preciosa, ideal, a la que aspirar, eternamente, como una meta tan bella como irreal. No se puede amar por obligación moral, religiosa, ni de ningún tipo.

El amor nace de dentro, o no existe. Y cuando el amor nace, se desborda, se expande, se derrama hacia quienes te rodean, de forma infrenable. Y sólo de este amor se beneficiará nuestro prójimo, no a la inversa.

El Amor es Incondicional, o no es. Amar con condiciones dicta mucho de ser amor: llamémosle otra cosa. Este es un Amor que se ha de sentir, se ha vivir, se ha de aprender. Y a amar sólo se aprende amando. O ejercemos el Amor, en su modalidad de Incondicional, entre nosotros, con mi pareja, con mis amigos, con mis hijos, con mis padres, con mis hermanos, con mi perro, con mis plantas, con mis árboles del parque, o podemos despedirnos de ejercerlo, más allá.

Pienso, y siento, que el amor incondicional es el que proyectamos hacia alguien, con independencia de cómo sea, de lo que haga o de lo que diga, más: aún sin ser correspondido.

Si nuestra relación de pareja es pasional o egoísta, es decir, sin llegar al amor, se convertirá en una relación infernal, con la separación matrimonial al fondo.

Si nuestra relación amistosa carece de amor, por estar condicionada a recibir algo, será de corto alcance.

Si nuestra relación paternal no está basada en el amor, sino que esta condicionada a la recepción de cualquier tipo de recompensa, social, moral o afectiva, caeremos, con la distancia y el tiempo, en el lamentable olvido de nuestros hijos.

Si nuestras relaciones con otros familiares sólo se basan en la costumbre, en la inercia, en la rutina, seremos buenos hermanos, tíos, primos o sobrinos, mientras estemos lejos y vayamos de visita, y hasta que llegue el reparto de una herencia.

El amor de pareja tiene que ser incondicional, por difícil que parezca, o no será. Hay que aspirar a amar sin poner condiciones, sin pretender cambiar al otro, sabiendo cómo es y aceptándolo. La pasión no ha de enturbiar el amor incondicional, sino al contrario: se ha de integrar en el, potenciándolo.

¿No es el Amor Incondicional el que debe presidir la amistad?. ¡Practiquemos la amistad sin condiciones!.

¿No ha de aspirar un padre y un hijo amarse sin condiciones, sin esperar nada a cambio, y, más aún, recibiendo, posiblemente, ingratitudes y despechos, como contrapartida ?.

Nuestra lucha, nuestro quehacer de cada día, será poner los medios para erradicar de nosotros las memorias o experiencia negativas que, agazapadas en nuestro subconsciente, impregnan de egoísmo nuestro comportamiento. Habrá que hacer el cambio y encauzar nuestros sentimientos. Tendremos que tomar consciencia de nuestro ser de luz y de amor, y facilitarle los medios para que tome las riendas de nuestra vida, haciendo que nuestro comportamiento esté, cada día, más cerca del Amor (Incondicional, por supuesto) y más lejos del egoísmo. Quienes puedan y quieran ayudarnos a crecer en el Amor, lo habrán de hacer desde dentro de nosotros mismos: elevando nuestra frecuencia vibracional, posiblemente, con música, con cantos, con poesía, con colores, con magnetismo, tal vez, y, sobre todo, con mucho Amor.

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29/1/10

Amor Incondicional (y IV): Amor Incondicional, sin peros ni distingos

Hoy viernes (ver Enero 2009: Conferencias, intervenciones y actividades públicas), el Círculo Sierpes celebra una Asamblea Temática (planteamiento del tema a tratar por una o más personas y posterior meditación conjunta, compartiendo reflexiones entre los asistentes) dedicada al Amor Incondicional. Se desarrollará desde las 19:00 a las 21:30 horas, en el Salón de Actos del Círculo Mercantil de Sevilla (C/ Sierpes 65) y Manolo Zapata y yo mismo nos responsabilizaremos de introducir el encuentro y presentar el tema. Con este telón de fondo, se dedican al amor, sus contenidos y variantes, una serie de entradas del Blog. El asunto lo merece y espero que resulten de vuestr@ interés.

0. Planteamiento (entrada publicada el 26 de enero)

1. Amor de pareja, de amistad y familiar y amor al prójimo (26 de enero)

2. Amor al prójimo y nueva visión (26 de enero)

3. Pasión de predilección y amor por abnegación (27 de enero)

4. El “Amor de Dios” como fuente del amor al prójimo (27 de enero)

5. El Amor/Evolución (28 de enero)

6. ¿Es posible definir el Amor Incondicional? (28 de enero)

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7. El Amor Incondicional es… Amor Incondicional

Referirse al Amor Incondicional es hacerlo al Amor infinito, trascendente, eterno, estremecedor, definitivo; incomparablemente mucho más que un sentimiento. Un Amor que no admite predilecciones de ningún tipo, escala o especie. Y que pertenece al ámbito del Yo Verdadero, nuestro Ser Interior de linaje divinal; nada tiene que ver con ese amor con el que al ego -nuestro pequeño yo- le gusta llenarse la boca.

¿Por qué ostenta el Amor Incondicional estas cualidades?. Muy sencillo: porque se fundamenta en la Unidad de cuanto Es y Existe:

1. Todo es suma de partes y forma parte de una suma superior, aunque cada parte es, a su vez, el Todo.

2. El Todo, la Unidad, es vivificado por la Consciencia de modo similar a como la sangre, en su circulación, anima y tonifica nuestro cuerpo físico.

3. Y de la Unidad y la Consciencia surge el Amor, que en términos científicos puede ser definido como energía pura de carácter vibratorio que se despliega en ondas de torsión.

Pero esto no son palabras para que las digiera el intelecto. Estamos hablando de tu Esencia, que está más allá de cualquier concepto o conocimiento.

¡Sí, de tu Esencia (y de la mía, y de la del otro,...)!. Porque siendo la razón de ser del Amor la Unidad y la Consciencia, el Amor constituye inexorable y radicalmente la base energética de tu Ser profundo (y del mío, y del otro,...).

La consecuencia directa y colosal de ello se resume en el célebre soliloquio hamletiano: ser, o no ser. Es decir, tu Ser se realiza en el Amor o no es nada. Así de simple: Soy y, por tanto, Amo; o no Amo y, por tanto, no Soy.

Esto es, vive el ahora -el único sitio donde la vida existe- con voluntad constante de dar y en disposición permanente de recibir; y en plena consciencia de que no Somos lo que tengamos, ¡Somos lo que damos!. Y lo que damos, es lo que recogemos; y lo que recogemos, afianza lo que Somos.

Al hilo de lo cual, Juan Leglaz me ha remitido unas espléndidas reflexiones que comparto con vostr@s:

No podemos desplazar el Amor Incondicional al terreno del amor al prójimo, en un acto de sublimación. Es un bello enfoque, pero una pena, cuando menos. No cabe compartir una relación egóica (por no llamarla amor egoísta, términos contradictorios) con los “nuestros” y pretender ejercer un amor incondicional con los “otros”.

El Amor Incondicional sale de dentro, o no sale. O se practica con los nuestros o no existirá para nadie, por mucho que lo escribamos con mayúscula y lo pretendamos diferenciar. O aprendemos a amar aquí, ahora, y a tí, o no existirá jamás el amor en nuestro corazón, para nadie.

Si el amor incondicional es algo que está llamado a ser practicado con un prójimo, poco próximo, y cuando Dios nos lo inspire, o nos lo mande, estamos hablando de una entelequia preciosa, ideal, a la que aspirar, eternamente, como una meta tan bella como irreal. No se puede amar por obligación moral, religiosa, ni de ningún tipo. Perdóname, si me atrevo a afirmar que no cabe el “has de amar”, en el amor.

El amor nace de dentro, o no existe. Y cuando el amor nace, se desborda, se expande, se derrama hacia quienes te rodean, de forma infrenable. Y sólo de este amor se beneficiará nuestro prójimo, no a la inversa.

El Amor es Incondicional, o no es. Amar con condiciones dicta mucho de ser amor: llamémosle otra cosa. Este es un Amor que se ha de sentir, se ha vivir, se ha de aprender. Y a amar sólo se aprende amando. O ejercemos el Amor, en su modalidad de Incondicional, entre nosotros, con mi pareja, con mis amigos, con mis hijos, con mis padres, con mis hermanos, con mi perro, con mis plantas, con mis árboles del parque, o podemos despedirnos de ejercerlo, más allá.

Pienso, y siento, que el amor incondicional es el que proyectamos hacia alguien, con independencia de cómo sea, de lo que haga o de lo que diga, más: aún sin ser correspondido.

Si nuestra relación de pareja es pasional o egoísta, es decir, sin llegar al amor, se convertirá en una relación infernal, con la separación matrimonial al fondo.

Si nuestra relación amistosa carece de amor, por estar condicionada a recibir algo, será de corto alcance.

Si nuestra relación paternal no está basada en el amor, sino que esta condicionada a la recepción de cualquier tipo de recompensa, social, moral o afectiva, caeremos, con la distancia y el tiempo, en el lamentable olvido de nuestros hijos.

Si nuestras relaciones con otros familiares sólo se basan en la costumbre, en la inercia, en la rutina, seremos buenos hermanos, tíos, primos o sobrinos, mientras estemos lejos y vayamos de visita, y hasta que llegue el reparto de una herencia.

El amor de pareja tiene que ser incondicional, por difícil que parezca, o no será. Hay que aspirar a amar sin poner condiciones, sin pretender cambiar al otro, sabiendo cómo es y aceptándolo. Al estilo del relato de la entrada del Blog titulada Bailar bajo la lluvia (publicada el 11 de diciembre de 2009): “ella no sabe quien soy yo, pero yo si se quien es ella”. La pasión no ha de enturbiar el amor incondicional, sino al contrario: se ha de integrar en el, potenciándolo.

¿No es el Amor Incondicional el que debe presidir la amistad?. ¡Practiquemos la amistad sin condiciones!.

¿No ha de aspirar un padre y un hijo amarse sin condiciones, sin esperar nada a cambio, y, más aún, recibiendo, posiblemente, ingratitudes y despechos, como contrapartida ?.

Nuestra lucha, nuestro quehacer de cada día, será poner los medios para erradicar de nosotros las memorias o experiencia negativas que, agazapadas en nuestro subconsciente, impregnan de egoísmo nuestro comportamiento. Habrá que hacer el cambio y encauzar nuestros sentimientos. Tendremos que tomar consciencia de nuestro ser de luz y de amor, y facilitarle los medios para que tome las riendas de nuestra vida, haciendo que nuestro comportamiento esté, cada día, más cerca del Amor (Incondicional, por supuesto) y más lejos del egoísmo. Quienes puedan y quieran ayudarnos a crecer en el Amor, lo habrán de hacer desde dentro de nosotros mismos: elevando nuestra frecuencia vibracional, posiblemente, con música, con cantos, con poesía, con colores, con magnetismo, tal vez, y, sobre todo, con mucho Amor.

28/1/10

Amor Incondicional (III): el Amor / Evolución

Mañana viernes (ver Enero 2009: Conferencias, intervenciones y actividades públicas), el Círculo Sierpes celebra una Asamblea Temática (planteamiento del tema a tratar por una o más personas y posterior meditación conjunta, compartiendo reflexiones entre los asistentes) dedicada al Amor Incondicional. Se desarrollará desde las 19:00 a las 21:30 horas, en el Salón de Actos del Círculo Mercantil de Sevilla (C/ Sierpes 65) y Manolo Zapata y yo mismo nos responsabilizaremos de introducir el encuentro y presentar el tema. Con este telón de fondo, dedico al amor, sus contenidos y variantes, una serie de entradas del Blog. El asunto lo merece y espero que resulten de vuestr@ interés.

0. Planteamiento (entrada publicada el 26 de enero)

1. Amor de pareja, de amistad y familiar y amor al prójimo (26 de enero)

2. Amor al prójimo y nueva visión (26 de enero)

3. Pasión de predilección y amor por abnegación (27 de enero)

4. El “Amor de Dios” como fuente del amor al prójimo (27 de enero)

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5. El Amor/Evolución

El Amor/Evolución está basado en el principio de que existe una energía sutil o invisible, el Amor Incondicional, que impregna la Creación.

En todo el Universo, cuando una estructura biológica -sea cual sea- se llena tanto de amor que ya no puede contener la energía vibracional a ella ligada, crea más células, o bien se expande, para mantener y continuar engrandeciendo ese amor: verbigracia, las personas que elevan su grado de consciencia y expanden con ello la consciencia de la suma a la que pertenecemos y, con ello, la consciencia de la Unidad. Por el amor existe el Todo y la parte; por el amor todo es suma de partes y forma parte de una suma superior; y por el amor cada parte es, a su vez, el Todo. Así funciona la Creación, el Omniverso y el Cosmos en sus múltiples dimensiones.

Sobre esta base gira otro de los principios herméticos: el de género. Describe y explica la realidad masculino/femenina de cuanto existe y que opera de manera análoga en los distintos niveles, desde parejas de seres sexualmente diferenciados teniendo hijos hasta las galaxias generando estrellas: como es arriba es abajo, y viceversa. Los intercambios energéticos de amor incondicional -por ejemplo, entre los humanos o entre nosotros y otros reinos vivientes (animales, plantas, minerales, la Tierra, las estrellas)- ayudan a aumentar la frecuencia vibratoria de ambas partes. Este toque enérgico es tan poderoso que transforma el ADN de las partes implicadas e incrementa la consciencia del Universo entero.

Existen muchas investigaciones científicas recientes acerca de cómo se realiza este proceso. En ellas, como ya se indicó, al Amor Incondicional se le llama “energía de onda de torsión”. Una denominación que reproduce literalmente lo comprobado en tales indagaciones respecto a que el amor viaja distorsionando ondas de energía. Y los científicos estiman que la energía de onda de torsión le indica al ADN qué hacer. Concretamente, el amor, como energía de torsión, actúa recíprocamente con nuestra alma (cuya frecuencia vibracional está en función del grado de consciencia) y nuestro corazón (energía vital). Esta interacción energética entre amor, alma y corazón actúa sobre el AND, indicándole cómo colocarse Esto no sólo afecta a nuestro cuerpo físico, sino a nuestra realidad entera.

6. ¿Es posible definir el Amor Incondicional?

Escribe Domingo Díaz, desde si iniciativa Otro Mundo Ha Llegado (Omhall), que el Amor es indefinible e indefinido. Querer definir el Amor, el Amor Incondicional, que es el verdadero y único Amor, es como querer definir lo divino, un ejercicio mental incuestionablemente inútil.

Si bien no existe la posibilidad de definir el Amor, tal vez existan meras posibilidades de acercarnos a algunos de los aspectos con que se manifiesta en los límites del alma, en la circunferencia del ser, en el medioambiente humano, con el elevado riesgo de no acertar y con la seguridad de que una multi-imagen definida de este modo es necesariamente incompleta y distorsionada.

El Amor divino que conocemos en este plano humano, con todo lo que es, no es sino la sombra arrojada en la pared de la caverna de Platón por una Luz de infinita intensidad que nos cegaría si tuviésemos la mínima posibilidad de mirarla de frente. Esta Luz es la Luz de Dios, la energía infinitamente luminosa que todo lo alimenta y mantiene cohesionado en su lugar en la creación.

En la caverna que es este mundo físico solo vemos reflejada la sombra, la sombra de un Amor mayor, que interpenetra toda la materia desde el momento mismo de la creación. Quién conoce esta sombra, este tímido reflejo de un Amor Mayor, ya es afortunado y dichoso. Quien conoce esta sombra está listo para volver la cabeza y aspirar la Amor Mayor que emana, sin atenuaciones ni interferencias, desde la misma Fuente, está listo para emprender el viaje místico del Alma.

Otra forma, tan incierta como insuficiente, de definir el Amor es definiendo lo que el Amor no es; y el Amor no es muchas cosas, muchas cosas y conceptos a los que erróneamente se les da a veces el nombre de amor. Meras confusiones de la mente que toma la forma del amor por predilección que ha sido ya tratado en esta serie de entradas dedicadas al Amor Incondicional.

27/1/10

Amor Incondicional (II): amor de predilección, amor por abnegación y “Amor de Dios”

El próximo viernes 29 (ver Enero 2009: Conferencias, intervenciones y actividades públicas), el Círculo Sierpes celebra una Asamblea Temática (planteamiento del tema a tratar por una o más personas y posterior meditación conjunta, compartiendo reflexiones entre los asistentes) dedicada al Amor Incondicional. Se desarrollará desde las 19:00 a las 21:30 horas, en el Salón de Actos del Círculo Mercantil de Sevilla (C/ Sierpes 65) y Manolo Zapata y yo mismo nos responsabilizaremos de introducir el encuentro y presentar el tema. Con este telón de fondo, dedico al amor, sus contenidos y variantes, una serie de entradas del Blog. El asunto lo merece y espero que resulten de vuestr@ interés.

0. Planteamiento (en la entrada publicada el 26 de enero)

1. Amor de pareja, de amistad y familiar y amor al prójimo (26 de enero)

2. Amor al prójimo y nueva visión (26 de enero)

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3. Pasión de predilección y amor por abnegación

El amor de pareja, de amistad y familiar son predilección y pasión de predilección; el amor al prójimo es amor de abnegación, cosa que garantiza el “has de”. La extralimitación caracteriza la pasión de predilección; la extralimitación también ha de identificar al amor de abnegación y conduce a no excluir ni a uno solo.

Actuando de esta forma no se repudia la pasión amorosa en cuanto sensualidad. El amor al prójimo no se opone a lo sensual, como tampoco prohíbe comer o beber. Todos ellos son instintos que el ser humano no se ha dado a sí mismo, sino que son obra de la naturaleza; y la sexualidad es una potente fuerza a disposición del ser humano y su evolución. Ahora bien, lo que el amor al prójimo sí rechaza es la sensualidad egoísta que no es otra cosa, en verdad, que amor a sí mismo. Y precisamente por esto hay que desconfiar del amor de pareja, del de amistad e incluso, en ocasiones, del familiar: tras ellos se esconde el amor a uno mismo.

La predilección en la pasión no es sino otra forma de amor a sí mismo. Sólo cuando se ama al prójimo queda erradicado lo egóico. Hay una tendencia bastante extendida a efectuar esta división del amor: el amor de sí es repugnante, pues es amor a sí mismo; en cambio, la pasión amorosa y la amistad son amor. Mas la diferenciación real es bien distinta: el amor de sí y la predilección apasionada son, esencialmente, amor de sí mismo; mientras que el amor al prójimo es Amor.

El amor de sí cierra filas en torno a ese único mí mismo. Y la predilección apasionada del amor de pareja, de amistad y familiar lo hace igual de egoístamente en torno al único amado, del amigo o de los familiares. El amor de sí es de auto-inflamación: el yo se prende fuego a sí mismo; pero en la pasión amorosa y en la amistad también hay auto-inflamación, con una entrega al otro que realmente no es sino entrega a mi yo. De hecho, los celos están siempre en la raíz de la pasión y la amistad. Y, además, debe haber admiración.

Por el contrario, al prójimo no hay que admirarlo, sino amarlo. El amor al prójimo es amor de abnegación, que ahuyenta toda predilección y expulsa el amor de sí. Su único objeto es el prójimo, que somos todos los seres humanos sin excepción de ningún tipo. La abnegación extermina el amor de sí con la imposición del “has de” amar; supone la transformación por la que un ser humano se vuelve sobrio -frente al yo ebrio en el otro yo de la pasión por predilección-en el sentido de la eternidad.

Sólo en el amor al prójimo el sí mismo que ama está determinado como espíritu de una manera puramente espiritual; y el prójimo es una determinación puramente espiritual. En el amado, en el amigo o en el familiar no se ama al prójimo- sino al otro yo; o se ama, una vez más y en mayor grado todavía, al primer yo.

4. El “Amor de Dios” como fuente del amor al prójimo

Ahora bien, el amor al prójimo no debe ser entendido o interiorizado como una especie de obligación para ser “bueno” o para superar el examen cuando me juzguen y “ganar el Cielo”. Así planteado, el amor al prójimo no sería tal, sino otra variante del amor a uno mismo.

El amor al prójimo no emana del mí mismo, del ego, sino del Mí Mismo, el Yo verdadero, que es Espíritu y Amor y comparte la Esencia con el Creador&Creación. Esta Esencia divina, Amor Incondicional, es lo decisivo: de ella brota el amor al prójimo. En el amor de pareja, de amistad o familiar, la determinación intermedia es la predilección; en el amor al prójimo, la determinación intermedia es la Esencia compartida que nos unifica. La consciencia sobre nuestro auténtico Ser y el Amor de Dios que nos unifica con la Creación es la fuente del amor al prójimo.

El amor al prójimo es la equidad eterna en el amar, que es lo contrario de la predilección. La equidad consiste en que no se discrimine; y la equidad eterna consiste en que no se discrimine incondicionalmente en lo más mínimo. Por el contrario, la predilección consiste en discriminar; y la predilección apasionada, en discriminar ilimitadamente. Y con todo ello no se trata de aspirar a un nivel superior de amor. El amor al prójimo es demasiado grave y serio en sus movimientos como para mariposear danzando en la frivolidad de semejante discurso fácil y egóico acerca de lo altísimo. El camino que lleva al amor al prójimo pasa por el escándalo: cabalmente, es escándalo para la carne y la sangre y una locura para la racionalidad.

Y se equivoca de pleno quien cree que con la ayuda del conocimiento y la cultura se acercará más a lo supremo. La cultura no enseña a amar al prójimo; más bien desarrolla una nueva distinción -entre cultos y los que no lo son-, algo que a veces sucede a los buscadores. El prójimo es lo equitativo; no es el amado por quien tienes predilección apasionada; tampoco es el amigo, ni el familiar, ni el cultivado con el que te igualas en cultura. El prójimo es cada ser humano. Y es tu prójimo en la igualdad contigo en la Esencia divina y en la Unidad del Ser Uno.


26/1/10

Amor Incondicional (I): amor de pareja, de amistad y familiar y amor al prójimo

El próximo viernes 29 (ver Enero 2009: Conferencias, intervenciones y actividades públicas), el Círculo Sierpes celebra una Asamblea Temática (planteamiento por una o más personas del tema a tratar y posterior meditación conjunta, compartiendo reflexiones entre los asistentes) dedicada al Amor Incondicional. Se desarrollará desde las 19:00 a las 21:30 horas, en el Salón de Actos del Círculo Mercantil de Sevilla (C/ Sierpes 65) y Manolo Zapata y yo mismo nos responsabilizaremos de introducir el encuentro y presentar el tema.

Con este telón de fondo, voy a centrar en el amor, sus contenidos y variantes, una serie de entradas del Blog. El asunto lo merece y espero que resulten de vuestr@ interés.

0. Planteamiento

¿Cuál es el contenido exacto del Amor?. La realidad es que poco tiene que ver con lo que los seres humanos comúnmente llamamos amor -en muchas ocasiones no pasa de ser otro apego del ego-. Es crucial a este respecto comenzar diferenciando entre amor de pareja, de amistad y familiar, de un lado, y amor al prójimo, de otro.

1. Amor de pareja, de amistad y familiar y amor al prójimo

Muchísimas personas sienten o han conocido el amor de pareja. Tiene su más elevada expresión en que tan sólo hay un único amado: el amante se consume en su amor; no concibe otro amor distinto al que provoca la pasión que vive; y le es imposible tanto amar a ningún otro como dejar de amar, renunciar a su amado.

Análogo al amor de pareja es el amor de amistad y la semejanza es mayor cuanto más intensa es la amistad. En cualquier caso, tienen un mismo hilo conductor: el amor por predilección, esto es, el amor a una persona concreta (el amado, el amigo) a la que se le coloca en un nivel distinto de preferencia con relación a los demás.

En cuanto al amor familiar, tiene distintas variantes: el de los padres hacia los hijos, el de éstos hacia aquéllos, el de los hermanos entre sí,… . El primero de los citados -el amor que los progenitores sienten hacia sus descendientes- suele contar con un ingrediente que no se presenta, al menos no con la misma intensidad, en las demás variantes: la incondicionalidad. De hecho, que en la infancia notemos el amor incondicional de nuestros padres es considerado por la psicología moderna como un elemento clave en el proceso de madurez mental del niño y del adolescente; algo que marca decisivamente nuestros comportamientos, sentimientos y percepciones en la edad adulta. De ahí el enorme daño que los padres hacen a sus hijos cuando no los aman incondicionalmente (guapos o feos, simpáticos o huraños, niños prodigio o pésimos estudiantes, obedientes o indisciplinados,…) o cuando no lo demuestran suficientemente con palabras, contacto físico y actos (verbigracia, la absurda costumbre de regañar a los pequeños diciéndoles “como no hagas esto, no te quiero”). Con todo, aun cuando el amor familiar esté dotado de incondicionalidad, tiene una similitud radical con el amor de pareja y de amistad: la mencionada predilección, en este caso por el descendiente, el ascendiente, el hermano, etcétera.

Frente a ellos, en un plano bien diferente, se sitúa el amor al prójimo. Consiste en amar a todos los seres humanos y hacerlo de manera incondicional y a todos por igual, sin predilección de ningún tipo. Universalidad, incondicionalidad e igualdad (ausencia de predilección) identifican y definen al amor al prójimo y lo distingue de los otros tipos de amor que se acaban de referenciar.

Puede alegarse que, no obstante, el amor de pareja, de amistad y familiar cuentan con un importante punto en común con el amor al prójimo: la existencia de pasión. Y esto es verdad, pues amor sin pasión es un imposible. Ahora bien, más allá de esta coincidencia, la diferencia es enorme: en el amor de pareja, de amistad y familiar se sublima la inclinación, la predilección por el amado, el amigo o el familiar; mientras que el amor al prójimo carece de esa predilección y se extiende a todos los seres humanos (universalidad) por igual y sin preferencia alguna (equidad) y de manera incondicional.

2. Amor al prójimo y nueva visión

El amor al prójimo no necesita ser alabado por versos o canciones, como ocurre con el amor por el ser amado, por el amigo o por la madre o el hijo. Sólo necesita ser ejercido y puesto en práctica. El que ama al prójimo ha de comprender de una forma distinta, tener una nueva visión: debe reconocer su Mí Mismo. Ello exige de toda nuestra atención; y ha de compaginarse con la ayuda a los demás en todo cuanto sea posible. Aunque parezca una doble tarea (hacia uno mismo y hacia los demás), se trata de un único trabajo, que es de naturaleza interior. Un trabajo que no se hace de vez en cuando, sino constantemente. Para ello hay que evitar la identificación con el exterior y el apego, el engatusamiento y el aprisionamiento de la vida mundana, su pompa y sus distracciones.

El amor de pareja, de amistad y familiar son emociones y sentimientos humanos de gran valor. Y son estadios necesarios en el despertar de la consciencia para desplegar la imponente fuerza de Amor que constituye nuestro Espíritu, nuestro Ser. Pero la dimensión de esa fuerza es tan espectacular que acompañará a la elevación de nuestro grado de consciencia como la subida de la lava a la erupción del volcán. Y cuando nuestra consciencia se expanda, surgirá de nuestro Ser profundo un Amor incandescente e inconmensurable que, entre otras cosas, llenará nuestro entorno de amor al prójimo. No exceptuará a ni un solo ser humano. Y se extenderá a todas y cada una de las personas tan firmemente, por igual e incondicionalmente como la pasión amorosa de una madre por su hijo.

Y la madre, el hijo, la pareja o el amigo de un ser humano que haya explotado en amor al prójimo pueden dar por cierto que el amor que como prójimo les profesa no sólo no desmerece, sino que incrementa exponencialmente el que les tenía como hijo, padre o madre, pareja o amigo. Eso sí, le podrán echar en cara la universalidad y equidad de ese amor, pero tal reproche no será sino manifestación de lo vivo que en ellos se mantiene el ego.

El amor al prójimo muestra enseguida al ser humano el camino más corto. Cierra la puerta, guarda silencio interior y siente y aviva dentro de ti la presencia del Yo verdadero, tu Mí Mismo idéntico en Esencia al Creador y a la totalidad de la Creación. Utiliza para ello el tiempo mínimo imprescindible. Y, en cuanto lo consigas, abre la puerta y sal al exterior. Puedes tener seguro que la primera persona con quien te topes –la conozcas o no, mujer u hombre, joven o vieja, rica o pobre, de tu nacionalidad o extranjera,…- es tu prójimo a quien “has de” amar. Nunca podrás equivocarte ni tomarlo por ningún otro, pues el prójimo es, con absoluta seguridad, cualquier ser humano y todos al mismo tiempo.

El amor al prójimo destrona la predilección y pone en su lugar el “has de”. El amor de pareja, de amistad y familiar carecen de contenido moral. Se conciben como una suprema dicha -encontrar al ser amado, al amigo o, por ejemplo, tener un hijo- a la que se tiene la suerte de acceder sin realizar tarea alguna. A lo sumo, la única tarea consiste en estar agradecido por la dicha que se disfruta, lo que moralmente no representa labor alguna. En cambio, sí se “ha de” amar al prójimo; la acción moral está precisamente en ello y esta tarea constituye, a su vez, el origen de todas las tareas.

4/9/09

¿Qué hacer? (I) : Recapitulación


Durante la primera parte de agosto inserté en el Blog una serie de entradas dedicadas a la posible organización de la élite económica mundial en sociedades secretas –“Chuleta” para ver el telediario (día 14), Preguntas sobre la élite mundial secretamente organizada (16), ¿Quiénes son los Illuminati? (16), ¿Qué diferencia una sociedad secreta de las logias masónicas? (16)-, su papel en la generación artificial de conflictos bélicos y teóricas pandemias –Conflictos locales y enfermedades globales (15), Enfermedades globales: manual de uso (15), Apostillas a la entrada anterior (15)-, la verdadera entidad y causas de la crisis económica -¿Dónde está el dinero perdido por los bancos? (04), Es largo, pero aconsejo que lo leáis para entender muchas de las cosas que están pasando (07), ¿Ha provocado voluntariamente la élite mundial la actual crisis económica? (16)- y sus impactos directos en las personas –De subastas, ejecuciones de hipotecas y liquidaciones de empresas (04), “Al filo de lo imposible” (05), Ejecuciones de hipotecas: datos concretos sobre la magnitud del asunto (10), Soluciones ante la subasta de hogares familiares (10), Ciudadanos de categoría inferior (12)-.
Tras ellas, el último día antes de las vacaciones, deje abierta la pregunta sobre qué hacer -¿Qué hacemos con los Illuminati? (17)-. Y planteé, para abrir boca y colaborar con vuestra propia reflexión, unas breves aportaciones de Meli Iglesias, Jan Van Helsing y Gilliam Macbeth-Louthan.
Pues bien, concluido el paréntesis vacacional, es momento de volver al asunto. Lo voy a hacer con una aportación algo extensa que, por ello y para su mejor incardinación en el Blog, dividiré en seis partes, además de esta primera, en forma de entradas independientes, aunque totalmente interrelacionadas:
+¿Qué hacer? (II): Del “qué tenemos que hacer” al “qué hago yo ahora”.
+¿Qué hacer? (III): ¿Qué me lleva a plantearme hacer algo ante los “males” del mundo?
+¿Qué hacer? (IV): Sensibilidad ante el dolor ajeno.
+¿Qué hacer? (V): Ojos nuevos para un mundo nuevo.
+¿Qué hacer? (VI): Yo elijo.
+¿Qué hacer? (y VII): Vivir... ¡para vivir!.
Vamos a ello. Y ten en cuenta que las casualidades no existen. Si lees lo que continúa es porque llegó la hora de que lo hagas. Saborea tus propias intuiciones e inspiraciones a la luz de lo que leas. Hazlo despacio, que vienen curvas. Te conducirán, te lo aseguro, a un lugar donde nunca nadie pudo llegar usando la razón.

¿Qué hacer? (II): Del “qué tenemos que hacer” al “qué hago yo ahora”


Injusticias, abusos, pobreza, marginación, manipulación, miedo, sociedades secretas, Illuminati, ansia de poder omnímodo, crisis ficticias, enfermedades inventadas, destrucción del medio ambiente,… ¿Qué hacer?.
Es un interrogante de enorme calado. Especialmente, porque el modo de enfocarlo y contestarlo indica el grado de consciencia de cada persona; el mayor o menor protagonismo que en la vida de cada cual ostenta la dimensión profunda y espiritual de la que todo ser humano goza.
Seamos claros. Si la respuesta queda al arbitrio del ego, de nuestro pequeño e impulsivo yo, sucederá una de estas dos cosas: que se planteen actuaciones que intrínsecamente conllevan desatinos no muy distintos de los que se desean impedir, prevenir o eludir; o, lo más probable, que se caiga en la inacción, revestida, eso sí, de autojustificación a través del manido “tenemos que hacer” en lugar de “yo hago y lo hago ahora”.
De ahí que resulte imprescindible que, conscientes de nuestra dignidad divina, activemos nuestro Yo Verdadero para que intervenga como Guía interior -el Daímon de los antiguos filósofos- con todo el esplendor de su divinal linaje. No en balde, es de su mano como podemos recordar y asentar en nuestra cotidianeidad dos premisas siempre cruciales y que son claves para abordar el referido interrogante:
+La vida es el momento presente; el ahora es el único sitio donde la vida realmente existe.
+Y el momento presente ha de vivirse ocupados exclusivamente en realizarnos interiormente, en Ser lo que esencialmente Somos: Uno y, por ende, Amor.
Sobre ambos pilares, evitaremos los bailes y las florituras mentales con relación al qué hacer. Porque no se trata de elaborar teorías más o menos perspicaces o sugerentes; ni programas a corto, medio o largo plazo; ni propuestas o contrapropuestas, ni a favor ni “anti” algo. Nada de eso; no podemos perder el tiempo -el ahora- en requiebros intelectuales, declaraciones de intenciones, iniciativas programáticas, cronogramas de actuación y demás milongas. En coherencia con nuestro auténtico Ser, sólo una acción debe ocupar el momento presente: Amar Incondicionalmente. Lo restante, sea lo que sea, supone distraer la atención, evadirse de lo fundamental o dar rienda suelta a la vanidad del ego.
Olvídate, pues, del “qué tenemos que hacer”. Conjuga el “qué hacer” como “qué hago yo ahora” y respóndete: ¡Ser lo que Soy; Amar Incondicionalmente!. Examinemos a continuación sus implicaciones prácticas.