
A los nefilim o anunnakis se han hecho diversas referencias en el Blog (ver las entradas tituladas Nibiru, Viaje al Centro Galáctico y Anunnakis y sirianos, así como
-------------------------------------------------
Introducción
(Derribadores; Los que Hacen Caer [a Otros]).
Transliteración de la palabra hebrea nefi·lím, que está en plural las tres veces que aparece en
El relato de
Identidad
Los comentaristas bíblicos han ofrecido varias explicaciones sobre la identidad de los nefilim. Algunos creen que la etimología del nombre indica que los nefilim habían caído del cielo, es decir, que eran ‘ángeles caídos’ que mantuvieron relaciones con las mujeres, relaciones de las que nacerían “los poderosos [...] los hombres de fama”. Otros doctos han reparado particularmente en la expresión “y también después” (vs. 4), y han afirmado que los nefilim no eran los ‘ángeles caídos’ o “los poderosos”, puesto que los nefilim “se hallaban en la tierra en aquellos días”, antes de que los hijos de Dios tuviesen relaciones con mujeres. Sostienen la opinión de que los nefilim eran simplemente hombres malvados como Caín —ladrones, intimidadores y tiranos—, que vagaron por la tierra hasta que se les aniquiló en el Diluvio. Por último, también hay quienes han tomado en consideración el contexto del versículo 4 y han llegado a la conclusión de que los nefilim no eran ellos mismos ángeles, sino la prole híbrida que resultó de las relaciones que mantuvieron los ángeles materializados con las hijas de los hombres.
Lo mismo que los “guib·bo·rím”. Ciertas traducciones bíblicas ajustan el lugar donde aparece la frase “y también después”, y la colocan cerca del principio del versículo 4, de manera que identifican a los nefilim con “los poderosos”, los guib·bo·rím, mencionados en la última parte del versículo. Por ejemplo: “En aquel entonces había gigantes [heb. han·nefi·lím] en la tierra (y también después), cuando los hijos de Dios se unieron a las hijas de los hombres, y ellas les daban hijos. Estos son los héroes [heb. hag·guib·bo·rím] de antaño, hombres famosos”. (Gé 6:4, EMN, 1988; véanse también BJ, LT, PIB.)
Un repaso del relato permite ver que en los versículos del 1 al 3 se habla de que “los hijos del Dios verdadero” tomaron esposas y se registra la declaración de Jehová de que iba a poner fin a su paciencia con los hombres al cabo de ciento veinte años. Luego, el versículo 4 menciona que los nefilim se hallaban en la tierra “en aquellos días”, los días en que Jehová hizo la declaración. A continuación pasa a mostrar que esta situación continuó “después, cuando los hijos del Dios verdadero continuaron teniendo relaciones con las hijas de los hombres”, y explica con más detalle los resultados de la unión de “los hijos del Dios verdadero” con las mujeres.
¿Quiénes fueron los “hijos de Dios” que engendraron a los nefilim? ¿Quiénes fueron esos “hijos del Dios verdadero”? ¿Eran hombres que adoraban a Jehová (para distinguirlos de la humanidad inicua en general), como algunos afirman? Es obvio que no. De lo que dice
Por lo tanto, si esos “hijos del Dios verdadero” fueron tan solo hombres, surge la pregunta: ¿por qué sus descendientes llegaron a ser “hombres de fama”, aún más que la prole de los inicuos o del fiel Noé? También podría hacerse la pregunta: ¿por qué mencionar su matrimonio con las hijas de los hombres como algo especial?
Por lo tanto, los hijos de Dios mencionados en Génesis 6:2 deben haber sido ángeles, “hijos de Dios” celestiales. Esta misma expresión se aplica a los ángeles en Job 1:6 y 38:7. Pedro apoya este punto de vista cuando habla de “los espíritus en prisión, que en un tiempo habían sido desobedientes cuando la paciencia de Dios estaba esperando en los días de Noé”. (1Pe 3:19, 20.) También Judas escribe acerca de “los ángeles que no guardaron su posición original, sino que abandonaron su propio y debido lugar de habitación”. (Jud 6.) Los ángeles tenían el poder de materializarse en forma humana, y algunos lo hicieron para llevar mensajes procedentes de Dios. (Gé 18:1, 2, 8, 20-22; 19:1-11; Jos 5:13-15.) Pero la morada propia de los espíritus es el cielo, y los ángeles tienen allí posiciones de servicio bajo Jehová. (Da 7:9, 10.) El abandonar esta morada para habitar en la tierra y dejar su servicio asignado a fin de tener relaciones carnales, era una rebelión contra las leyes de Dios y una perversión.
En la mitología
La fama de los nefilim y el temor que inspiraron parece ser que constituyeron la base de muchas mitologías de los pueblos paganos que se esparcieron por toda la tierra después de la confusión de lenguas en Babel. Y aunque el contexto histórico del relato del Génesis quedó notablemente distorsionado y adornado, guarda una considerable semejanza con dichas mitologías antiguas (la de los griegos es solo un ejemplo), según las cuales los dioses y las diosas se emparejaron con los humanos para producir héroes sobrehumanos y temibles semidioses que tenían características humanas y divinas.
Por siglos, las personas han admirado y honrado a los hombres poderosos, los que tienen gran fuerza física y valor. Uno de estos fue Heracles, héroe mitológico de la antigua Grecia al que los romanos conocían por el nombre de Hércules.
Heracles fue un gran héroe muy famoso, el luchador más fuerte. Según la leyenda, era un semidiós; su padre era el dios griego Zeus, y su madre, Alcmena, una mortal. Sus hazañas comenzaron cuando aún era un niño y estaba en la cuna. Entonces, una diosa celosa envió dos enormes serpientes para que lo mataran, pero él las estranguló. De mayor libró batallas, derrotó a monstruos y combatió con la muerte para salvar a una amiga. También arrasó ciudades, violó a mujeres, arrojó a un muchacho de una torre y mató a su propia esposa e hijos.
Aunque el mítico Heracles no existió en la realidad, figura desde tiempos remotos en los relatos de los países antiguos que conocían los griegos. Los romanos lo adoraron como un dios; los comerciantes y los viajeros le rogaban que les diera prosperidad y los protegiera del peligro. Las historias de sus proezas han fascinado a la gente durante milenios.
El origen de la leyenda
¿Tienen base real las narraciones de Heracles y otros héroes mitológicos? En cierto sentido puede que sí.
Moisés escribió lo siguiente sobre esa época: “Ahora bien, aconteció que cuando los hombres comenzaron a crecer en número sobre la superficie del suelo y les nacieron hijas, entonces los hijos del Dios verdadero empezaron a fijarse en las hijas de los hombres, que ellas eran bien parecidas; y se pusieron a tomar esposas para sí, a saber, todas las que escogieron” (Génesis 6:1, 2).
Aquellos “hijos del Dios verdadero” no eran seres humanos, sino hijos angélicos de Dios (compárese con Job 1:6; 2:1; 38:4, 7). El escritor bíblico Judas dice que algunos ángeles “no guardaron su posición original, sino que abandonaron su propio y debido lugar de habitación” (Judas 6). En otras palabras: dejaron su lugar asignado en la organización celestial de Dios porque prefirieron vivir con mujeres hermosas en
Cuando llegó el diluvio universal, los ángeles rebeldes se desmaterializaron y regresaron, deshonrados, al ámbito espiritual. Dios los castigó prohibiéndoles materializarse de nuevo en cuerpos humanos. Los nefilim, la prole sobrehumana de los ángeles desobedientes, perecieron. Solo sobrevivieron al Diluvio Noé y su pequeña familia.
---------------------------------------------------------------------------------------