Agenda de actividades presenciales y online de Emilio Carrillo para el Curso 2026-2027

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2/9/10

Comparte con nosotr@s: “Un papel cuadriculado”, de Mirta Rodríguez Corderí

UN PAPEL CUADRICULADO

Joaquín miró a través de la ventana que quedaba a dos metros a su derecha, sobre los techos de París. Esos mismos de los que le habían hablado tantas novelas cuando ni siquiera podía fantasear con estar viéndolos en vivo y en directo. Bajo los techos de París, se dijo, un clásico del cine, un eslabón entre el mudo y el sonoro, René Claire, vaya! Qué tiempos! ¿Cómo sería París sin esos techos de pizarra? ¿Cómo sería su primavera sin los almendros en flor? - No sería - se respondió mientras una irreversible ola de pinchuda tristeza lo revolcaba y arrastraba hacia atrás…- papá - alcanzó a pensar.

- Si no estuvieras bajo este 3, es decir, bajo la U de tu nombre, podríamos conservar alguna esperanza - señaló ligeramente alterada Mercedes Alzaga, su amiga numeróloga, su Pitonisa, como acostumbraba llamarla.

- Para colmo hace sólo un año que entraste ahí, porque tenés 46, así que pebete, ¿qué querés que invente? El período de vigencia de cada letra es de 9 años,. Sos un sendero natal 3, naciste un 3/6/1965 y para colmo tu alma es 3 y tu personalidad 9, léase 3 de destino. Ni tu potencial 6 te salva…mmm. Ya sé que no entendiste nada, pero basta que yo lo haga. Decime, ¿qué estabas pensando cuando te dije que te cuidaras con ella? Que tomaras tus recaudos?…..ahí tenés, embarazada.

¿Estás seguro que no quiere abortar? -

No, dijo él, más mustio que cuando entró

- Si no fuera una total desconocida, si no fuera francesa, si no fuera tan joven y tan poco educada, me pondría contenta por vos, ser padre a esta edad, mal no te vendría, por cierto

¿De cuánto dice que está? -

- De 5 meses y ½. -

- ¡Cinco me…! pero vos ¿dónde tenés la cabeza? ¿Cómo puede ser que no lo hayas notado antes? -

- Es tan flaca, dijo Joaquín, pensé que andaba algo hinchada, vos sabés -

- ¿Pero no te percataste que no menstruaba? ¿Que los pechos se le ponían turgentes? ¿No tuvo vómitos, ni mareos, ni arcadas? ¿No notaste nada de nada de nada?- Terminó exclamando al borde del grito Mercedes, con cara de “no puedo creer esto”

- No, nada de eso, o quizás sí, mientras yo estaba en la Embajada, pero yo no lo ví o no me percaté………Merche mi trabajo es absorbente, es agotador, es esclavizante…tenés que comprender, no siempre ando con todas las neuronas metidas en la panza de mi compañera del momento. -

- A apechugar, Joaquín, seguro que vas a ser papá. Felicitaciones y que te sea leve. -

Se levantó de pronto, molesta, rabiosa, porque de alguna manera, allá, muy escondido muy in pectore siempre había pensado que él y ella terminarían juntando sus vidas y no habían sido pocas las veces que se veía del brazo de él recorriendo los lujosos salones de la diplomacia francesa.

- Te acompaño - dijo visiblemente ofuscada

- No es necesario, conozco la salida -dijo Joa- y dándole un beso en cada mejilla, salió como disparado. “Esta mujer, pensó, es demasiado histérica, hacer tanta bambolla por un asunto que en definitiva es mi problema y no le atañe para nada”

Mercedes aprovechó a cerrar las pesadas cortinas de los ventanales, prefería la oscuridad en momentos como éstos. Prendió la lámpara de escritorio. Se sirvió un bourbon y se desplomó nuevamente en su sillón, pensando, meditando, mirando sin ver los garabatos numéricos que había en su libreta, ahí, justo debajo de sus pestañas arqueadas “merci L´Oreal”

El nombre completo de Joaquín yacía sobre la hoja cuadriculada, las letras separadas por medio centímetro, los números colocados encima, las sumas debajo

Era un triángulo invertido

El alcohol se le iba subiendo a la cabeza - no tengo nada sólido en el estómago, es natural - se dijo

Insólitamente ciertos números comenzaron como a iluminarse con colores. - Parezco un autista -, pensó, recordando un par de películas donde se mostraba ese efecto de cortar y marcar, separar y destacar, de entre innumerables figuras.

1-8-1- circunstancias limitadas

2-9 engaño

18 sobre 9, destacándose el 5: dinero por muerte -repitió como autómata-

13 sobre 4, muerte

Un sopor impresionante vino a bloquearla sin pedir permiso. -Debo llamarlo inmediatamente- pensó , no sin sentir una preocupación que crecía desmesuradamente como granos de maíz en un silo al que le entró una lluvia inesperada, como el mismo grano cuando le agregás un chorrito de aceite y lo ponés al fuego en una olla o sartén tapada y ¡¡¡zas!!! salen las palomitas, gordas y rebosantes, blancas y crocantitas, azúcar o miel o caramelo derretido y ¡a ver pelis!

La vista se le nubló de golpe y no sólo ella sino que toda su mente era un urgente pedido de huelga, de paro, de cero actividad.

Se quedó dormida como lirón sobre su escritorio.

París es gris azulado a esa hora de la mañana. Rebosante de claroscuros. Plomo por aquí con vetitas de añil, aureolas bleu de Prusse rellenas con gris tiza, reflejos zarcos sobre árboles blanco sucio, barandales cerúleos envueltos en brisa agrisada. Sí, definitivamente, París es mezcla de azur, blanco y negro a las 6 de la mañana, en Noviembre.

El amplio ventanal del escritorio, con las cortinas descorridas, dejaba entrar ese mismo color, haciendo que la piel de Mercedes luciera aún más pálida, casi tan anodina como todo lo que se ve ceniciento, y sus cabellos tiznados de azul. Tenía los ojos abiertos con una expresión de sorpresa y las manos yacían crispadas sobre un papel cuadriculado increíblemente arrugado, que se metía entre sus dedos de vez en vez, como asomando extrañas cabezas alargadas y retorcidas.

El inspector Philip Renoir miró a la cincuentona entrada en carnes que lloraba sin consuelo sentada en la silla Luis XV capitoné turquesa, visiblemente estrecha para sus voluptuosas formas, que caían a ambos lados como almohadones displicentes. La tomó de los brazos y la ayudó a levantarse para llevarla al sillón enorme del hall de entrada, donde prácticamente la dejó caer mientras repreguntaba: - Entonces, Eloise, usted la encontró así, tal cual, ni bien entró al escritorio para abrir las ventanas y airear las habitaciones—el inspector leía sus apuntes- no había señales de nadie, sólo el vaso con restos de bourbon que hallamos sobre el escritorio … mmm -

- Hágame un favor, deje sus datos , domicilio y teléfono a mi asistente y no salga de la ciudad hasta que yo le indique que puede hacerlo. Aparentemente ha sido un ataque cardíaco pero la certeza la dará la autopsia. Me despido y en unos minutos un móvil la alcanzará hasta su casa. -

La mujer se limitó a asentir con la cabeza, era notorio que no podía salir de su asombro y dolor, no hacía más que llorar y rezar, en forma alternada o simultánea. La había servido por los últimos 4 años ininterrumpidos.

Philip retornó al escritorio ni bien el equipo forense concluyó la toma de pruebas y retiraron el cadáver.

Ya anochecía.

Prendió la lámpara, una de ésas que tanto le gustaban, estilo inglés de bronce de 2 luces con pantalla de metal color verde y revisó la agenda personal de la occisa

El nombre del Encargado de Relaciones Comerciales de la Embajada Argentina figuraba allí. Lo había citado y en cualquier momento arribaría.

Desarrugó cuidadosamente el papel cuadriculado que se encontró enganchado en las manos de Mercedes Alzaga….una palabra había estado allí escrita, sobre el borde superior, pero se había borrado de tal forma que ni con la luz azul especial de los “tomapruebas” como él llamaba a los encargados de estudiar la escena del crimen, había logrado darle forma a esos garabatos.

Inmediatamente debajo otro borrón, con forma de triángulo invertido

Seguidamente unos números y letras muy esfumados, pero legibles

1-8-1- circunstancias limitadas

2-9 engaño

18 sobre 9, destacándose el 5: otro borrón

Debajo otra mancha intensamente roja, con tinta que no se había podido identificar, una vez descartada la sangre, por supuesto.

La muerta era numeróloga de profesión, cabalista, además, bien conocida en la alta sociedad parisina.

El timbre sonó. Cruzó la puerta, el pasillo, otra puerta, el hall y abrió: Un Joaquín perturbado y nervioso saludó con la impecable técnica de un diplomático y entró hablando como si le hubieran dado cuerda: - pensar que ayer, a esta misma hora, me retiraba yo de aquí, la dejé en perfectas condiciones, sana y fuerte como siempre ha sido….no logro entender esto, ni siquiera sufría del corazón, yo lo habría sabido si fuera así, éramos muy compinches, muy amigotes, nos contábamos todo -

- No salgo de mi estupor -, deslizó ya sin aire y se dejó caer en el sillón medallón que enfrentaba el escritorio.

- Me he puesto en contacto con su notario,- dijo Philip- para verificar si había dejado algo arreglado. Estará por llegar, trae el testamento consigo. -

No acababa de decir eso que sonaba el timbre de calle.

El notario entró con esa cara de póker que tienen todos los de su profesión en momentos como esos. Se sentó en el otro sillón medallón, al lado de Joaquín, a quien presentó sus respetos con suma distinción y sacó el testamento de su maletín de mano.

- ¿Está bien que lo lea usted ahora, sin la presencia de los beneficiarios? - Preguntó el inspector

. El único beneficiario se encuentra aquí, dijo el escribano, señalando a Joaquín-

La cara de Renoir no pudo esconder una andanada de suspicacia que fue derrumbándose desde sus ojos, por las aletas de su nariz, la comisura de sus labios y que enrojeció levemente sus mejillas.

Esa misma duda lo seguiría acosando durante el resto de la semana, en la que recibió el dictamen forense. Causas de la muerte: desconocidas. Sustancias presentes en el cuerpo: ninguna, sólo rastros de alguna comida y bourbon (léase: no había sido envenenada). Cero lesiones. Ningún rastro de violencia ejercida sobre su cuerpo. No había tenido relaciones sexuales por lo menos las últimas 72 horas. Todos los órganos en perfecto estado. Un poco de dilatación en las pupilas nos transmitía una suerte de último agobio o extrañeza. El paro cardio - respiratorio era el lógico desenlace.

Renoir miró por enésima vez el papelito cuadriculado,

1-8-1- circunstancias limitadas

2-9 engaño

- aquí había algo más, a ver, ahora hay otro borrón, pero si esto lo tengo bien guardado, ¿cómo pudo borrarse esa tinta?, voy a guardarlo en la gaveta derecha de mi escritorio, y voy a echarle llave cada día, esto no debió ocurrir - … el inspector guardó celosamente el papel dentro de la libreta del caso Alzaga y llaveó el cajón.

Nadine había adelgazado en forma abrupta. El negro que religiosamente vestía desde que su bebé recién nacido falleció de muerte súbita, no ayudaba a disimular lo flaca que estaba sino todo lo contrario. Joaquín se quedó observando las largas piernas de la muchacha y por un momento sintió deseos. Se acercó y le acarició la cabeza. ¿cómo se lo pido? No creo que esté de humor para un revolcón.

La chica rompió en llanto, no hacía otra cosa que llorar y moquear últimamente.

-Debo confesarte algo- , dijo mirándolo con los ojos hinchados y rojos de tanta lágrima

El sintió un escalofrío que le recorría la espalda, la mirada de ella había mutado, lo miraba hasta con rabia, con un no sé qué de venganza “ el bebé no era tuyo” la oyó decir. - No sé quién pudo ser su padre, a ciencia cierta, esa orgía en la casa de los Chifflet, a la que no pudiste concurrir por otra de tus “ocupaciones imprevistas”, yo no había llevado mi diafragma pero tampoco pensaba arriesgarme….hubo éxtasis y demasiado alcohol. Al día siguiente, justo viajaste 1 mes a Estocolmo y de ahí te fuiste por 2 semanas a Bruselas y de regreso te detuviste a descansar en la casa de Pierre en Le Touquet por un par de días más

Cuando volviste yo ya sabía que estaba embarazada -

Joaquín no supo qué preguntar.

No preguntó nada.

Recordó la angustia de Mercedes la noche anterior a su muerte. Una dulzura apenas estrenada le subió por el pecho hasta la garganta - seguro que Merche llegó a presentir este engaño y no alcanzó a decírmelo o no lo creyó oportuno- . - La extraño. Hubiéramos hecho una linda pareja- pensó Joa, tal como había venido haciendo durante los últimos 10 años, tiempo en el cual sólo se dedicó a la conquista de chicas jóvenes, saludablemente casquivanas..postergando para una edad más tranquila esa pareja con su pitonisa.

El inspector Renoir se quitó el impermeable y pidió un café doble. ¡Qué lluvia ladina!, lo había tomado casi desapercibido cuando más arreciaba en plena calle Turennes, con viento en contra y lo empapó a pesar de todas las previsiones

Leía el libro de novedades cuando lo llamaron por el teléfono con los últimos detalles de un proceso judicial que seguía en persona. - Un momento, Su Señoría, enseguida le confirmo los domicilios requisados- dijo, mientras revolvía el cajón de la derecha buscando la libreta correspondiente. Usaba libretas para cada caso, donde detallaba puntillosamente todos los datos e impresiones que le parecieran importantes o relevantes. Era meticuloso el inspector, no cabía duda alguna. Un papel se deslizó hacia un costado del cajón, volando literalmente por el aire, planeando un poco como si de una cometa se tratara y cayendo unos metros más allá, al pie del armario principal. Mientras le daba los datos al juez, mantuvo su vista en el papel, como hipnotizado.

Colgó el teléfono y caminó hasta el papel, lo levantó y reconoció el triángulo invertido y los garabatos de la numeróloga muerta 5 meses atrás. ¿Cómo se llamaba? Ah, sí, Mercedes Alzaga, la argentina amiga del diplomático de igual nacionalidad.

Toda una intriga, se dijo y desarrugó el papel cuadriculado, que se encargaba de arrollarse casi siempre, Vaya, aquí falta algo, mmm, hay sólo un garabato, los demás números han quedado borrados, son meras manchas ilegibles.

En una noche lluviosa de abril, Philip Renoir, Inspector de la Surete, revisaba repetidamente un pedazo de papel cuadriculado, que debajo de un borroneado triángulo invertido, dejaba ver tan sólo unos cuantos manchones y la siguiente leyenda:

1-8-1- circunstancias limitadas.

Habían dado las doce campanadas y un nuevo año era recibido con gran algarabía. París estaba iluminada de cabeza a pies, mereciendo el viejo mote de La Ciudad Luz como nunca antes

Joaquín cerró el pequeño secreter donde montones de invitaciones dormirían el sueño de los mortales.

Sus últimas horas en la capital francesa eran las peores de toda su vida.

Totalmente encanecido, encorvado por la artrosis y la hernia de disco, portando 60 años que representaban una veintena más, juntaba su equipaje en la puerta de la mansión que había habitado por tres décadas.

La jubilación anticipada y forzosa venia a cubrir una serie de desventurados acontecimientos que se habían dado en su trabajo diplomático, pequeños desaciertos que todos juntos parecían convocar algún tipo de rectificación política y una serie de gastos que fueron considerados injustificados por arte de magia, lo hacían regresar de pronto a su país, con la cabeza gacha, como le toca al perdedor.

Para colmo, un tijeretazo increíble a su salario le dejaba una entrada apenas considerada pasable en su país de origen, sus cuentas bancarias habían sido congeladas hasta que se tomara una decisión definitiva sobre las cuestiones financieras puestas en el tapete y su estado de ánimo caminaba los oscuros túneles subterráneos de su consciencia.

Depresivo, enfermo e increíblemente debilitado, no hacía otra cosa que repetir imagen tras imagen los hechos trascendentes de su vida en París, la ciudad de los techos de pizarra y los grises y azules otoñales.

Ahora mismo tendría que estar sentado frente a la chimenea, sintiendo crepitar los leños, con Mercedes Alzaga sentada a su lado, saboreando un bourbon con una sola pizca de hielo.

La mujer destinada a disfrutar su madurez, que murió sin previo aviso, dejándolo solo frente a todas las luchas que le tocó afrontar en lo sucesivo. La muerte del bebé que creía hijo suyo, el engaño de Eloise, los desfalcos en la embajada, su victimización y su impotencia….el regreso a Buenos Aires sin pena ni gloria

El timbre sonó quitándolo abruptamente de sus pensamientos, el chofer acomodó el equipaje en el maletero y lo dejó en el Aeropuerto………..Joaquín llegaba al día siguiente a Buenos Aires.

Renoir era una gran jaqueca con patas.

Demasiada mezcla de alcohol, demasiada comida, demasiados años….

No había podido zafar del turno.

Tampoco se lo habría permitido.

- Mi regalo de Año Nuevo, Inspector - dijo el suboficial de turno acercándole un paquete más pequeño que la cinta roja que lo emperifollaba. -Puro adorno- pensó Philip, seguro que es una libreta nueva, como ocurre cada año.

- Gracias, Canau, muy amable -

Y abrió automáticamente su cajón derecho para acomodar la libreta recién regalada

No pudo dejar de sobresaltarse cuando el papel salió despedido como por una mano invisible y dando varios giros en el aire, se depositó suavemente a los pies del armario

Esta vez supo que se trataba del papel cuadriculado de Mercedes Alzaga.

No tuvo duda alguna.

Tampoco hesitó al abrirlo para verificar qué faltaba esta vez.

Era como si lo hubiera estado esperando desde la última vez, años atrás.

Lo desenrolló con sumo cuidado y lo desarrugó, en forma ritualística, como nunca antes o como siempre ahora.

Estaba en blanco

Ni siquiera se notaba el triángulo invertido

Mucho menos los manchones o borrones.

- Si llego a contar esto, me tomarán por loco -

Mejor lo dejaba así.

Encendió su cigarrillo y acercó el mismo fósforo a la esquina del papel, el que se envolvió en una llamarada amarilla con mucho azul. Lo dejó sobre el cenicero…hasta que el papel cuadriculado quedó convertido en cenizas.

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Otros textos de Mirta Rodríguez publicados en el Blog:

+Rototype under review (21 de mayo)

+Ecos Jovianos (27 de julio)

Fuente: http://dosmentesideaymedia.blogspot.com

27/7/10

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ECOS JOVIANOS

Se sintió debilitada de pronto, las rodillas comenzaron a doblarse, era evidente que el oxígeno escaseaba.

“Tanto ozono y para qué” exclamó.

Revisó el medidor y pudo comprobar que no se equivocaba. Empujó la tecla roja y el nivel comenzó a subir hasta equilibrarse en Full.

“Menos mal”, pensó, mientras volvía a sentirse rozagante y fuerte como un unicornio enamorado. Siempre le habían gustado los unicornios. Pero ahora ya no era tan niña sino que se había convertido en una de las mejores biólogas, su magna cum laude lo atestiguaba fehacientemente.

Dio dos pasos adelante –si a eso se le podía llamar pasos- en realidad, dos zancadas despatarradas de más de medio metro y fue literalmente sentada en el suelo de Ganímedes

¡ Qué vista impresionante…qué paisaje increíble!

Montañas, valles, cráteres y ríos de lava.

Hielo y silicatos por doquier, con agua congelada en la superficie.

Repitió como un loro para sí las lecciones recibidas: numerosos cráteres de impacto que mayormente muestran sistemas radiales brillantes, aquéllos que no los presentan son quizás los más viejos…bandas claras alternando con bandas oscuras,… deformación de la capa de hielo… eso convierte a Ganímedes en un territorio moteado.

Motas. Las lágrimas pueden parecer motas en un continente liso y claro como una camisa o un vestido… los seres humanos lloran por motivos variados… vida o muerte… emoción o tristeza… amor o desamor… aceptación o renuncia.

Allí estaba ella, en la más grande de las lunas de Júpiter y hasta donde se sabía la mayor de las pertenecientes a nuestro sistema solar, buscando encontrar la forma de hacer nacer vida vegetal en ese suelo tan precario o tan absurdamente desconocido para el hombre.

Estaba sola, algo que siempre le había apasionado.

Se acostó sobre el hielo y contempló el firmamento lleno de puntitos brillantes… wow!!!... todo silencio, soledad, negrura y brillos estelares… no podía pedir más. Se sintió arrastrada hacia su adolescencia cuando descansaba su espalda en su terraza grande, sobre baldosas color terracota para hurgar el cielo estrellado, preguntándose por la inmensidad del universo y por la creación.

Una suave inducción sensorial -¿motivada por qué?- la condujo a cerrar los ojos.

Sintió un ruido desconocido, como algo rasgando el hielo del suelo y pugnando por salir

A los cinco minutos, una caricia verde la rozaba con cuidado, con ternura, con delicadeza suma….

¿Cómo sabía que era verde si tenía los ojos cerrados y el traje espacial que impedía que una sola de sus células epidérmicas asomara al exterior?

Abrió los ojos. Una enorme planta trepadora crecía y crecía a su costado derecho en forma exponencial, a milésimas de segundo.

Su mente negaba lo que veía.

Inmediatamente su mano buscó, palpando, la bolsa de semillas seleccionadas.

Se habían desparramado, a través de un pequeño agujero, en la tela supuestamente irrompible.

Sonrió. Murphy hubiera dicho “lo que no debe romperse, se romperá en el momento que menos lo esperas”.

“Hola” le dijo y la planta se inclinó, genuflexa, aunque ella supo interpretar el gesto sin tanto sentido peyorativo.

“¿Eres mi Creadora?” –preguntó la planta que, obviamente, sabía hablar.

“Sí y no”, contestó ella, algo confundida. “Pero más bien digamos que sí”.

En la fría inmensidad de una de las lunas de Júpiter, una bióloga recibida con honores, se quedó cuestionando el motor inmóvil de Aristóteles y sus sucedáneos.

Algo le cosquilleaba sobre el labio superior… despertó de su largo sueño con la rara sensación que todo roce extraño nos provoca. Era de día. La planta había decuplicado su tamaño y cubría casi todo el espacio para ella visible desde esa posición decúbito dorsal.

Volvió a preguntarse cómo podía sentirla a través de una vestimenta especial tan aislante como la que llevaba puesta. Buscó inútilmente alguna rasgadura, algún pequeño resquicio, algo que justificara que la planta pudiera siquiera tocarla como lo hacía

Pero nada pudo descubrir.

“Otro misterio y van…”, pensó mientras se sorprendía constatando que todos sus lectores trabajaban a full, sin ningún tipo de desperfecto ni disfunción.

“Buenos días, dormilona“, exclamó el ejemplar vegetal que no lograba identificar.

Debiera tratarse de un liquen, esa asociación de alga y hongo que soporta temperaturas tan frías.

Además es lo único que traía en su “bolsa de niña explorador” como le llamaba al envoltorio herméticamente cerrado que la NASA le había encargado en esta misión.

Pero la científica surgía de entre las pobres neuronas de la ciudadana respetuosa de las normas y proba laburante que ella era, amén de sus otros roles… por lo cual no podía dejar de plantearse serias dudas… eso no era un liquen, sin lugar a suspicacia alguna… salvo que los líquenes en Ganímedes se transformaran en una trepadora gigante, al mejor estilo de una vicia faba, vulgarmente llamada haba, que alcanza una altura que supera apenas el metro y medio luciendo tan recta y erguida como ésta compañera que la consideraba su Diosa.

No pudo dejar de pensar en el hecho que la planta hablaba. Esa sola circunstancia tan extraordinaria hacía que todo lo demás perdiera consistencia, o, cuando menos, interés.

“¿Qué tengo hasta ahora?” –se preguntó la bióloga- “Un liquen que no es un liquen, una especie vegetal que tiene la facultad del habla y del discernimiento, que a mayor abundamiento me considera su Creador… y que sigue creciendo cubriendo toda superficie que encuentra disponible”, pensó mientras miraba azorada hacia todos los costados que habían sido alfombrados por este sujeto viviente de color verde.

Como era de suponer no halló respuesta satisfactoria alguna, no en su memoria, no entre los conocimientos científicos acumulados en su córtex parieto- temporal vaya uno a saber gracias a qué conexión sináptica.

Entró en un sueño profundo, viscoso como melaza, en el que fue cayendo en capas o por tramos, cada uno más tibio que el anterior

Se vio el primer día de trabajo en el Instituto de Biología Molecular, subiendo la escalinata de mármol blanco de la entrada… bajando las mismas escaleras con una felicidad que se le caía a cataratas cuando lograron hacer que germinaran porotos de soja en condiciones climáticas críticas y suelo congelado… besando al único hombre que había amado y con el que habría tenido hijos… viéndolo morir en el quirófano después del accidente… recuperó el dolor lacerante de renunciar a ser madre ese mismo día y para siempre… retornó vertiginosamente a su niñez, a los días de juegos con barbies y nintendos… se vio en brazos de su padre durante esos 40 días que tuvo el sueño invertido a los 3 meses de edad… volvió a mordisquear el pezón de su madre para saciar su hambre…

Se sentía tan bien, tan confortable, tan cálida, tan contenida. “Me quedaría aquí para siempre” pensó. “Quédate” exclamó la planta desde lejos.

La noticia dio vueltas a la Tierra por todos los medios conocidos. Ese jueves nadie habló de otra cosa, las redes sociales eran verdaderos hervideros, todo el mundo quería opinar, los círculos académicos habían salido de su habitual letargo y daban conferencias a cada instante… El Hubble lo atestiguaba, el Galileo había enviado imágenes impresionantes, la NASA enloquecía: Ganímedes, una de las lunas de Júpiter aparecía verde, de un verde clorofila inmensamente bello. Ganímedes tenía vida y la mostraba al universo con orgullo,

Se especulaban adelantos exitosos de la última misión.

Científicos alejados por diferencias insalvables volvían a juntarse para la ocasión, sonrientes para las fotos y excitados para el reportaje

Pocos días más tarde, un pequeño apartado de una revista electrónica de la NASA mencionaba la presunta desaparición de la bióloga varias veces premiada que formó parte de la expedición a la luna de Júpiter.

Nadie podía explicar la falta de noticias sobre su posible paradero. Se habían rastreado las nuevas praderas y sembradíos de la otrora desierta y congelada Ganímedes con todos los medios tecnológicos a mano. No se la había podido encontrar.

La hipótesis más aceptada fue que posiblemente cediera el suelo debajo de la científica y la arrastrara hacia adentro, en las profundidades de los denominados cráteres de impacto.

No dejaba familia detrás.

No se supo de amigo alguno.

Una decena de conocidos que habían investigado con ella balbucearon algunas palabras.

No alcanzaban para un obituario.

No lo hubo

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Otros textos de Mirta Rodríguez publicados en el Blog:

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28/5/10

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JUSTICIA POÉTICA

Leopoldo se encontraba parado, perfectamente planchado dentro de un ambo azul oscuro, la raya de los pantalones impecable, una camisa celeste claro con rayitas finitas del mismo azul que el traje y la corbata, que mostraba pequeñas diagonales color cielo. Olía a Antheus, su perfume favorito. Más se parecía a un modelo publicitario que a un procesado por delito doloso.

Al lado, su abogada, la famosa criminalista Cristina Gómez Villarino, de riguroso Chanel marfil, con blusa de seda negra, zapatos y cartera de ambos colores combinados, envuelta en la fragancia que hizo famosa a Marilyn Monroe, se acomodaba la ajustada pollera disimuladamente.

Ni bien entró la jueza, ambos se sentaron casi al unísono, con el mismo cansancio, la misma avidez de respuestas e idéntica esperanza en la mirada.

Era tiempo de sentencia.

La sala hervía entre periodistas y convidados de piedra. El juicio del año. Era de esperarse.

La magistrada se tomó todo su tiempo para retirar de su portafolios el dictamen final. Lucía extrañamente resplandeciente. Se notaba que había sido una hermosa mujer, rasgos finos, delicados, piel de porcelana que dejaba adivinar su suavidad. Después de un par de minutos de releer los papeles que tenía en sus manos, largas, blancas, dedos finos, sin anillo alguno, uñas pintadas sólo con brillo, sin color, levantó los ojos espectacularmente negros, enormes, custodiados por pestañas arqueadas, espesas, oscuras y fijándolos sobre Leo, comenzó a leer, con parsimonia, casi deleitándose por cada sílaba que pronunciaba-

- “Te condeno, porque me has invadido y me estoy vaciando sin poder frenar esta constante fluidez, sin poder recobrar mis sueños apáticos, mis alas tiesas, mi voz dormida, el aire manso y dulce aunque niebla, aunque invierno, de las tardes leves, de la lluvia que provoca versos, de la noche de mis sábanas. Ese aire ocioso, campestre, ese aire de mujer embelesada”-

En la sala se escuchó un murmullo compacto de tan homogéneo

Ella no hizo caso. Prosiguió leyendo:

-“Te condeno, porque se me ha ido no sé a dónde mi derecho a anquilostoma y ando ahora con la cara al viento y me ven éste, aquél, la vecina, y aunque disimulen –lo sé bien- me van gastando con cada buenos días”-

Cristina sabía a qué se refería su Señoría, Leo también. Y gran parte del público presumía saberlo.

El silencio fue haciéndose tan espeso que el aire de la sala parecía rancio, muy pronto la gran mayoría comenzaría a respirar despaciosamente, con temor a no poder hacerlo nuevamente.

La bella mujer sentada detrás del atril continuó leyendo, con rostro impasible, tan terso que sus arrugas parecían perderse, irse, huir, y casi se hubiera jurado que volvía a tener 23 años….

-“Te condeno porque la mirada hueca con que gastaba mundo se escapó por el iris almendra de tu ojo izquierdo

Y desde tú no hago más que preguntarme,

¿Por dónde se me habrá escapado la rutina? ¿Por qué poro la melancolía, la nostalgia del beso que me floreciera los labios? ¿Dónde están los manotazos al cielo para robarle su azul? ¿La sensación de incompletud al mirarme la palma de la mano vacía, al recontar, evitando, los huecos que sentía dentro?”-

La historia había corrido rápidamente por los pasillos de Tribunales ni bien se supo que Su Señoría Frida Marín Paz había salido sorteada para presidir el proceso de Leopoldo Polendo, famoso play boy imputado en el homicidio pasional de la hija del Ministro de la Corte Suprema de Justicia.

Se hablaba de un romance de juventud entre Leo y la jueza.

Se le atribuía al polista la culpa de la enfermedad que sumió a Frida en una postración de muchos años, causa de un franco y repentino envejecimiento, patentizado en los mechones de cabello blanco que veteaban su hermosa cabellera rojiza.

Todos especularon que ella renunciaría a presidir el tribunal, que por las mismas razones de antigua data se excusaría como la ley autoriza en casos como estos.

Frida no se excusó. Leo no la recusó.

Allí estaba, después de conducir todo el proceso, dictando su sentencia

Su voz, casi exangüe, se levantó ante tanto silencio viscoso, pegajoso, compacto…

-“Te condeno porque viniste y me saqueaste. Porque como a la rueda de mi bicicleta vieja me desinflaste, desenroscándome algún ventrículo y me inyectaste aire naranja, rojo, amarillo; burbujas de sol, de estrellas, de lluvia; olas panzonas, palomas de otoño; días acaramelados, estremecimientos, futuro

Por todo eso, cariño, te condeno a la cadena perpetua de mis brazos”-

Un ohhhhhhhh multiplicado se hizo sentir en toda la sala

Leo no podía dejar de mirar a Frida como hipnotizado. Sentimientos encontrados le llegaban desde lejos, desde treintena de años atrás.

La jueza sonrió, rompió el papel, lo tiró a su papelero.

Y elevando la voz en forma notoria, dijo

- “He cometido un error, acabo de leer un viejo poema mío.” -

Y continuó diciendo con tono uniforme y chato:

-“Ahora, con perdón y permiso de los aquí presentes, leeré la sentencia del sub-examine-

Y levantando un nuevo dictamen, leyó en forma metálica, androide, casi inhumana

“Leopoldo Polendo”….seguidamente leyó los datos personales, un breve resumen de los hechos, una concisa pero detallada memoria de las pruebas, las normas aplicables, y terminó suspirando hondamente primero _“ Por todo lo expuesto, lo condeno a la pena de muerte, por aplicación de inyección letal, en fecha y hora a estipular, en la Penitenciaría de Sausalito, a no más de dos meses a partir de la fecha. Leído que fue……Frida Marín Paz, Juez Interviniente. “ -

Leo se desmayó.

La Dra. Gómez Villarino tuvo un ataque de nervios

Frida salió como si nada hubiera sucedido.

Los que la vieron, juraban que parecía tener 23 años.

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+ Rototype under review (21 de mayo)

21/5/10

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PROTOTYPE UNDER REVIEW

El terapeuta se movió molesto en su asiento.

Algo parecía andar fuera de lugar.

Repitió con voz metálica: -Protundrevi, por favor, intenta ser precisa. ¿Qué recuerdas ahora mismo de ese cuento que te ha alterado tanto? Trata de repetir palabra por palabra, yo iré tomando nota y al final te daré mis indicaciones-.

La robot, una de las más bellamente dotadas del staff, la más humanizada, la más parecida a una mujer de carne y hueso, desvió sus ojos glaucos de Helpsoftwo, su consultor, y dijo en voz alta, sugestiva, bella, casi impostada:

-Marcada desde cerca por el custodio sempiterno de los días sin sino, mi melancolía se pasea por las calles sin sol-.

El terapeuta no pudo dejar de cuestionarse: “¿Melancolía? Ella no sabe lo que es esa emoción y no conoce de calles”.

-Ni pájaros- prosiguió la dulce voz robótica -ni charcos clandestinos, ni siquiera una maceta con geranios en algún balcón, en algún patio que se espía a través de una puerta abierta a medias-.

“Vaya, ¿de donde habrá sacado esos conceptos, esos sustantivos?”, se preguntó Helpsoftwo sumamente alterado, y se oyó decir:

-Sigue contándome el cuento que escribiste, muñeca-.

Ella prosiguió:

-El cielo es un grito gris y tajante limitando los techos, una impenetrable epidermis desteñida hasta para los más crédulos, hasta para las ilusiones menos concrecibles-.

Se detuvo y continuó:

-Rayana a la perfección que acusan los momentos habilitados a la metafísica, mi alma deriva en profundidades sensoriales ayer no conocidas, en incógnitas circulares que perdieron su solución al nacer, en un abecé de poeta entre semáforos y luz de mercurio, en tabúes perpendiculares a las buenas costumbres de la conciencia-

La voz de ella se sensualizaba, lo iba atrapando en una percepción erótica impresionantemente vívida _

-¿Alma?, ¿semáforos?, ¿Luz de mercurio?-

El consultor no salía de su sorpresa. A primera vista pensó en una falla en la base de datos históricos conectada de alguna manera al chip de la imaginación y la creatividad.

Ella agregó:

-Mutación de árbol por hoja de papel. De azul gabán por azul tinta. Obstinación que me lanza a la fidelidad resurrectiva del proscenio, que ahora es otro: una banqueta de cuero rojo repleta hasta lo inimaginable de libros y papeles y de nuevo libros. Dos cuadros de marco verde y autor desconocido. El acolchado de la cama de mi hermana. Mis zapatos de charol. La Lettera 22 abajo, a mi derecha-, calló de pronto.

Helpsoftwo sintió que algo se rompía en su interior. Algo extraordinario sucedía, ni él sabía qué era charol o Lettera o acolchado.

-Continúa, querida, hasta el final-, susurró

La robot reinició con un tono tan humanizado, tan perfectamente femenino, que la sensualidad parecía impregnar osmóticamente el aire a su alrededor

-Y después de envolver con mucho cuidado una tristeza para enviársela mañana por Expreso a alguien anónimo por completo, me concentro debidamente, invoco el instante preciso de mi pie saliendo del pan ganado sin el sudor de mi frente, y comienzo el retrato de este largo jueves largo así: A treinta días de mi décimo noveno aniversario. Marcada desde cerca por el custodio sempiterno de los días sin sino-.

“¿Qué se habrá descompuesto? ¿Qué tipo de desperfecto provoca esto? Ella no tiene acceso a esos datos, ella es un robot prototipo bajo revisión (Protundrevi)”

Por la cámara principal del circuito cerrado de vigilancia un guardia humano observaba y anotaba con detalle las reacciones de un robot de ayuda de software, tipo 2, “Helpsoftwo”, instruido para actuar como psicoterapeuta robótico, ante las respuestas insólitas de un ejemplar de ensayo.

“Parecen humanos” se dijo el vigilante.

Y apagó todos los circuitos, tenía sueño y quería dormir.

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