Agenda de actividades presenciales y online de Emilio Carrillo para el Curso 2026-2027

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26/11/10

Comparte con nosotr@s: “Las estrellas del mar”, de Magdalena Crosa

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LAS ESTRELLAS DE MAR

Había una vez... un escritor que vivía en una tranquila playa, cerca de una colonia de pescadores. Todas las mañanas iba a caminar por la orilla del mar para inspirarse. Y las tardes las concurría en su casa escribiendo.

Cierto día, mientras caminaba por la playa, vio una sombra que parecía bailar. Al acercarse a esa figura, se dio cuenta que se trataba de un joven que recogía estrellas de mar que estaban en la arena para tirarlas nuevamente al mar.

-¿Por qué está haciendo esto?-, preguntó el escritor.

-¿Usted no ve?-, explicó el joven. -La marea está baja y el sol está brillando. Ellas se secarán y morirán si permanecen aquí, en la arena-.

El escritor se quedó paralizado por lo que había dicho el joven y le dijo:

-Joven, existen millones de kilómetros de playa en este mundo y centenas de millones de estrellas de mar desparramadas por las playas. ¿Qué diferencia hay? Vos tiras sólo unas pocas estrellas al océano y la mayoría muere. ¿Qué diferencia hay?-.

-Para esa estrella, si hay una diferencia...-.

Aquella noche el escritor no pudo escribir, ni siquiera dormir. Por la mañana del siguiente día volvió a la orilla, buscó al joven y se unió a él, juntos comenzaron a arrojar las estrellas de mar al océano.

Ahora son dos los que quieren hacer un lugar mejor: esa es la diferencia.

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Otros relatos proporcionados por Magdalena Crosa (mreunion77@gmail.com) publicados en el Blog:

+Sábanas (14 de septiembre de 2010)

+Soy ciego… (23 de septiembre de 2010)

+Depende de la forma (7 de octubre de 2010)

+Lo que es divertido en el ser humano (5 de noviembre de 2010)

+1000 perritos (12 de noviembre de 2010)

+La rosa y el sapo (19 de noviembre de 2010)

25/11/10

Comparte con nosotros: “Vacío creador”, de Concha Redondo

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VACÍO CREADOR


Cuando sientas que el Vacío existe

y que de él brota la vibración más pura y amorosa,

entenderás la Creación como su expansión eterna, silenciosa,

como el crecer de los árboles.


Entonces se hará el Vacío en ti misma;

y vivirás la Paz y el Amor fecundo.

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Otras meditaciones de Concha Redondo publicadas en el Blog:

+Desde Las Escalonias (I) (23/03/2010)

+Desde Las Escalonias (II) (23/03/2010)

+Silencio, Ser (28/05/2010)

+Paz (10/06/2010)

+Desde Las Escalonias (III) (06/09/2010)

+Desde Las Escalonias (IV) (13/09/2010)

+Desde Las Escalonias (V) (20/09/2010)

+Simplemente (30/09/2010)

+Pérdida (08/10/2010)

+Gloria Universal (15/10/2010)

+Noches (28/10/2010)

+Alegría (11/11/2010)

+Tu mente no eres tú (18/11/2010)

24/11/10

Comparte con nosotr@s: “Molakay y su pequeña isla”, de Encarnación Castro

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MOLAKAY Y SU PEQUEÑA ISLA

Érase una vez, una pequeña isla, que flotaba en el mar, allí donde las estrellas, se ven más relucientes que en ningún lugar de la tierra, vivía Molakai, y su hermana kanaloa, con sus padres una joven pareja, del color de la papaya, bronceada por el sol.

La isla rodeada de gran vegetación, de robustos árboles,

Altas palmeras, de playas de arenas blancas y cremosas, como los polvos de talco, verdes y escarpados acantilados, un mar de un azul cristalino, de aguas serenas, sembradas de arrecifes de coral, y una gran cascada que caía de la cima de la montaña, donde tienen su morada los dioses que gobiernan el mundo, un paraíso perdido de volcanes humeantes.

Molokai y la pequeña Kanaloa, iban todas las mañanas a recoger el ámbar de los árboles, con el que hacían collares, pulseras y adornos para los hombres y mujeres de su aldea, que lucirían en las fiestas del hula hula.

De pronto un estruendo horrible, pareció partir la tierra en dos, el cielo se oscureció y del volcán salían gigantescas llamaradas de fuego, las piedras al rojo vivo eran arrojadas al mar formando grades nubes de vapor que se podían ver desde el otro extremo de la isla.

Los niños corrieron aterrorizados para alcanzar su poblado, y atónitos pudieron comprobar, que efectivamente la isla se había partido en dos, y ellos habían quedado en una porción de tierra separada por un mar, que hervía a borbotones.

Molokai abrazó a su hermana, de momento sería imposible nadar hacia la otra orilla, la distancia era grande y él muy pequeño, ya pensaría en cómo salir de allí cuando las aguas se enfriaran,

Con la ayuda de kanaloa construyó una cabaña de hojas de palmeras, que ató con lianas de los árboles, encendieron un fuego, como tantas veces habían visto hacer a sus padres, después de comer los frutos, que tan sabiamente les proporcionara la maravillosa naturaleza, dulces mangos, verdes aguacates, ricas bananas, y agua de coco, todo ello les serviría para no morir de hambre ni de sed, mientras tanto fuesen a rescatarlos.

Molokai no tenía miedo, estaba familiarizado con todos los ruidos de la isla, pero Kanaloa extrañaba mucho a su mamá y a su papá y cayó en una profunda tristeza que hasta le quitaba las ganas de comer, se aferró a la idea de que nunca más los vería y se quedarían allí solos para siempre.

Molokai pensaba en cómo ayudar a su hermana, y la solución le vino del cielo, nunca mejor dicho, le cayó encima una enorme hoja verde y lisa del árbol en donde estaba apoyado, ¡Mana ¡ el espíritu que vive dentro de todas las cosas que transforma en sagradas la tierra, el mar, las plantas, y cada criatura, venía en su ayuda, y lo vio claro.

Miró la hoja y después al fuego y al instante lo supo, cogió una pequeña ramita del suelo, la calentó hasta ponerla al rojo y fue quemando poco a poco la superficie de la hoja hasta hacer un dibujo, luego la echaría al mar, la corriente la llevaría hacia la otra mitad de la isla.

A poca distancia de allí, su madre esperaba alguna señal, y le regalaba flores al mar, pidiendo que les devolviera con vida a sus pequeños.

Se levantaba con el sol y caminaba hacia la playa, sin perder la esperanza de encontrarlos, así dia tras día, su tesón y perseverancia se vio premiada. Vio acercarse una gran hoja verde, el viento y las olas, la arrastraba a la orilla hasta depositarla en las blancas arenas.

La cogió para verla de cerca, un extraño dibujo le llenó el corazón, dos niños cogidos de la mano, sobre una pequeña porción de tierra, que estaba justo enfrente de la montaña sagrada.

¡Su isla, era su isla! sus hijos estaban vivos, cuando la tierra se partió en dos quedaron separados por el mar, y su pequeño Molokai se las había ingeniado una vez más, los dioses y su poderosa imaginación habían venido en su ayuda.

Y de esta manera tan creativa y singular, logró comunicar en qué lugar se encontraban.

Cuando el mar se enfrió, su padre cogió una canoa y remando llegó, donde estaba su querido Molokai, Y su adorada Kanaloa, llevándolos sanos y salvos, de nuevo a casa, donde les dieron la bienvenida colocándoles los leis, ese era nombre que le daban a los collares de lindas flores, y se los colgaron al cuello, como habían hecho desde siempre sus antepasados.

Molokai les obsequió con las pulseras y adornos que había confeccionado con el ámbar que habían ido a buscar.

Así fue, como ayudó a salir de su letargo a la pequeña Kanaloa, que contenta se puso crear hermosos collares para su mamá, segura de que algún día irían a buscarlos, y todo sería como antes de que la montaña escupiera fuego, con una diferencia ahora había dos maravillosas islas y la mas pequeña desde entonces le llaman Molokai, si quieres puedes buscarla en un mapa.

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Otros textos de Encarnación Castro publicados en el Blog:

+El gran engaño (9 de febrero de 2010)

+La música del alma (23 de febrero de 2010)

+Intuición (26 de marzo de 2010)

+El Árbol de Nube Blanca (12 de abril de 2010)

+Bibia, la hija del herrero (16 de abril de 2010)

+Renacer (2 de mayo de 2010)

+El tiempo del sueño (17 de mayo de 2010)

+El niño tejedor de alfombras (4 de junio de 2010)

+Sueños de cartón (9 de septiembre de 2010)

+Nube Blanca (20 de octubre de 2010)

+Darlac y el sauce llorón (27 de octubre de 2010)

+El hijo del mar (3 de noviembre de 2010)

+La pequeña molinera (10 de noviembre de 2010)

+La tejedora de sueños (17 de noviembre de 2010)

22/11/10

Comparte con nosotr@s: “La sonrisa de Witgenstain”, de Beatriz Soler

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LA SONRISA DE WITGENSTAIN


Ven que te mire una vez

sin que nadie nos vea

y te escuche con los ojos


Desliza esa

”verdad irrefutable”

como quien desvela,

al párpado insomne,

el color noche.

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Otros textos de Beatriz Soler publicados en el Blog:

+Somos (27 de septiembre de 2010)

+Preludio (4 de octubre de 2010)

+Encuentro (18 de octubre de 2010)

+Un punto de apoyo… (25 de octubre de 2010)

+37º C (1 de noviembre de 2010)

+Spring on time (8 de noviembre de 2010)

+El frío de Ariadna (15 de noviembre de 2010)

19/11/10

Comparte con nosotr@s: “La rosa y el sapo”, de Magdalena Crosa

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LA ROSA Y EL SAPO

Había una vez una rosa roja muy hermosa y bella. Se sentía de maravilla al saber que era la rosa más bella del jardín. Sin embargo, se daba cuenta de que la gente la veía de lejos. Un día se dio cuenta de que al lado de ella siempre había un sapo grande y oscuro y que era por eso que nadie se acercaba a verla de cerca. Indignada ante lo descubierto le ordenó al sapo que se fuera de inmediato. El sapo, muy obediente, dijo:

-Esta bien, si así lo quieres...-.

Poco tiempo después el sapo pasó por donde estaba la rosa y se sorprendió al ver la rosa totalmente marchita, sin hojas y sin pétalos. Le dijo entonces:

-Vaya que te ves muy mal. ¿Qué te pasó?-.

La rosa contestó

-Es que desde que te fuiste las hormigas me han comido día a día, y nunca pude volver a ser igual-.

El sapo sólo contesto

-Claro, cuando yo estaba aquí me comía a esas hormigas y por eso siempre eras la más bella del jardín-.

Muchas veces despreciamos a los demás por creer que somos mas que ellos, más bellos, mejores, simplemente que no nos "sirven" para nada. Nadie sobran en este mundo, todos tenemos algo especial, que hacer, algo que aprender de los demás o algo que enseñar. Y nadie debe despreciar a nadie. No vaya a ser que esa persona nos haga un bien del cual ni siquiera estemos conscientes.

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Otros relatos proporcionados por Magdalena Crosa (mreunion77@gmail.com) publicados en el Blog:

+Sábanas (14 de septiembre de 2010)

+Soy ciego… (23 de septiembre de 2010)

+Depende de la forma (7 de octubre de 2010)

+Lo que es divertido en el ser humano (5 de noviembre de 2010)

+1000 perritos (12 de noviembre de 2010)

18/11/10

Comparte con nosotros: “Tu mente no eres tú”, de Concha Redondo

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TU MENTE NO ERES TÚ


Tu mente te presentará cosas o personas

como necesarias para ser feliz.

No luches contra ella, obsérvala....


Tu mente no eres tú, aunque forme parte de ti.

Sabes que tu esencia es el Ser,

que solo necesita para ser feliz

vivir y amar en la unidad del Universo.


Pero cuando veas que otros buscan la felicidad

en bienes, poder, triunfo...

respétalos, compréndelos.

Están viviendo las mismas experiencias de libre albedrío

que tu viviste antes de buscar....

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Otras meditaciones de Concha Redondo publicadas en el Blog:

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+Paz (10/06/2010)

+Desde Las Escalonias (III) (06/09/2010)

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+Alegría (11/11/2010)

17/11/10

Comparte con nosotr@s: “La tejedora de sueños”, de Encarnación Castro

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LA TEJEDORA DE SUEÑOS

Hace muchísimos, muchísimos años, antes de que existiera el tiempo.

En el país de los cuentos.

Vivía un hada tan pequeña como una luciérnaga; traviesa y alegre, saltaba de flor en flor igual que una trapecista, mientras que el sol reinaba en el bosque.

Al atardecer, remontando el vuelo se posaba sobre los grandes árboles, y allí, contemplando el mundo de los humanos se ponía a soñar.

Viendo con tristeza como los niños y niñas, se iban olvidando de la magia y de la fantasía.

Su hada Madrina al nacer le otorgó el Don de poder ver en el alma de los niños y niñas y hablarle a través de los sueños.

Tejiendo un sutil hilo de plata, que une los dos mundos.

Cuando los niños y niñas cierran los ojos y sueñan.

El hada tejedora de sueños, les cuenta cuentos, sembrando la magia y la ilusión en sus corazones.

Y de esta forma cuando sean mayores, crearán un mundo mejor para todos.

Algunos de estos niños, aun no se han olvidado de ella, y conservan todavía ese recuerdo.

Por eso existen los cuentos y las leyendas, y quienes creen en ellas.

En nuestro tiempo las hadas siguen existiendo y viven entre nosotros...

Cada uno de los niños y niñas pueden ser tan mágicos como la tejedora de sueños.

Dejando volar su imaginación.

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Otros textos de Encarnación Castro publicados en el Blog:

+El gran engaño (9 de febrero de 2010)

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+Darlac y el sauce llorón (27 de octubre de 2010)

+El hijo del mar (3 de noviembre de 2010)

+La pequeña molinera (10 de noviembre de 2010)

15/11/10

Comparte con nosotr@s: “El frío de Ariadna”, de Beatriz Soler

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EL FRÍO DE ARIADNA

Aún sostengo el hilo

que a cada paso

me desnuda.


La fría tensión

frente a otro abismo

hace que salga el sol

para mi templanza.


Emprendo hilando

tu búsqueda

pues deseo regresarte

la madeja

con que tejiste

mi manto para el viaje.


Ofrecerte las fronteras resumidas

y las gracias a los ojos.


Pedirte nombres

para el mapa

iluminado de vida.

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+Spring on time (1 de noviembre de 2010)

12/11/10

Comparte con nosotr@s: “1000 perritos”, de Magdalena Crosa

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1000 PERRITOS

Se dice por ahí que hace tiempo, en un pequeño y lejano pueblo, había una casa abandonada. Cierto día, un perrito buscando refugio del Sol logró meterse por un agujero de una de las puertas de dicha casa. Subió lentamente las viejas escaleras de madera; al terminar de subir las escaleras se topó con una puerta semi-abierta.

Lentamente se adentró en el cuarto y, para su sorpresa, se dio cuenta que dentro de ese cuarto había 1000 perritos más observándolo tan fijamente como él los observaba a ellos. El perrito de nuestra historia comenzó a mover la cola y a levantar sus orejas poco a poco, los 1000 perritos hicieron lo mismo; posteriormente sonrió y le ladró alegremente a uno de ellos, el perrito se quedó sorprendido al ver que los 1000 perritos también le sonreían y ladraban alegremente con él. Cuando el perrito salió del cuarto se quedó pensando para si mismo:

"Qué lugar tan agradable, voy a venir más seguido a visitarlo".

Tiempo después, otro perrito callejero entró al mismo sitio y se encontró en el mismo cuarto, pero a diferencia del primero, este perrito al ver a los otros 1000 perritos del cuarto se sintió amenazado ya que, a su parecer, lo estaban viendo de una manera agresiva. Empezó a gruñir y obviamente vio como los 1000 perritos le gruñían a él. Comenzó a ladrarles ferozmente y los otros 1000 perritos le ladraron también a él; cuando este perrito salió del cuarto pensó:

"Qué lugar tan horrible es este, nunca mas volveré a entrar allí".

En frente de dicha casa se encontraba un viejo letrero que decía: "La casa de los 1000 espejos".

Hay veces que el mundo nos devuelve lo que damos, si decidís encarar las cosas con una sonrisa es probable que te devuelvan una sonrisa; si en cambio das tu peor cara, seguramente vas a ver lo mismo.

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Otros relatos proporcionados por Magdalena Crosa (mreunion77@gmail.com) publicados en el Blog:

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11/11/10

Comparte con nosotros: “Alegría”, de Concha Redondo

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ALEGRÍA


Alégrate de que los otros tengan lo que no tienes,

porque sólo necesitas el Ser que eres...


Mas... siente que lo tuyo es de todos;

y lo de todos, tuyo...


Habrás llegado a vivir la Unidad del Universo,

que es armonía, paz y Amor.

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10/11/10

Comparte con nosotr@s: “La pequeña molinera”, de Encarnación Castro

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LA PEQUEÑA MOLINERA

Había una vez una linda molinera, que vivía en un molino junto al río molía la harina que mas tarde vendía en el pueblo.

Al amanecer ya estaba muele que te muele, para salir temprano y la vuelta se pasaba por la fuente para llenar el cántaro de agua fresca.

Blanca era no tenía nada, pero poseía un don ,su risa que cuando se escuchaba alegraba todo el valle, los chiquillos y los animalitos del lugar se acercaban a ella , para contagiarse de su alegría y jugaban a su alrededor, acompañándola todas las mañanas en su camino hacia el pueblo.

Un día cuando estaba en estos menesteres, sintió un ruido, al caer a sus pies trocitos de de piedras, que provenían del muro donde estaba apoyada, descansando para emprender de nuevo el camino al molino.

¿Quién anda por ahí? dijo.

Me ha asustado.

¿Acaso eres mudo?

Chiss, chiss no grites, que te van a oír los soldados, acércate.

Blanca se acercó sigilosa.

¿Quién eres?

Una voz al otro lado le contestó: soy Sebastián, el hijo de la cocinera de palacio, no me está permitido salir de aquí, pues temen que empeore mi salud, y mi madre le ha pedido al rey que me vigilen los soldados.

Pero ella no sabe que esta soledad, para mí es cómo la más temible enfermedad.

Por eso te pido, que vengas a hacerme compañía y charlar conmigo, cuando vengas a la fuente, házmelo saber de algún modo.

¿Y cómo llego hasta vos?

Bastará con que oiga tu risa, igual que hoy, sabré que has llegado.

Así pasaron los años, y los jóvenes, fueron creciendo y con ellos creció un sentimiento profundo.

Ninguno de los dos se conocía, ni se habían visto en todo aquel tiempo.

Tan sólo la risa cantarina de ella era lo único, que el viento le traía cómo un regalo cada día.

Y Blanca solamente conocía su voz, su amada voz que podría reconocer en cualquier lugar.

Un día, vinieron a buscarla, unos soldados de palacio, y le ordenaron que llevara la harina de su molino, para que las cocineras pudieran ver su calidad y blancura.

Pues el rey preparaba los festejos, para que el joven príncipe eligiera esposa.

Blanca se puso muy contenta, si tuviera suerte, seria una oportunidad para conocer a Sebastián el hijo de la cocinera, el muchacho que le había robado el corazón.

Esperaba verlo deambulando entre la gente de palacio.

Cuando franqueó las enormes puertas del castillo, se esforzó por poner el oído, a ver si podía reconocer aquella voz que le acompañaba desde hacía tiempo en sueños.

Y Sebastián de la misma forma de pasaba las horas, en el balcón que daba a las cocinas.

Había tal bullicio, gente entrando y saliendo, bellas muchachas con los cantaros de harina para su pastel de bodas, ¿Cuál seria blanca, ella vivía en el pueblo, recodaba que su casa era el molino y que esta estaba a la horilla de un río.

En estos pensamientos, le rondaban la cabeza cuando una de aquellas jovencitas, resbaló y cayó al suelo, la vasija se rompió en mil pedazos cubriéndola de harina de los pies a la cabeza, todas comenzaron a reír y en aire se elevó aquella risa cantarina, que también conocía.

¡Era ella la molinera que le había brindado su amistad tanto tiempo, y que se le había colado poquito a poco en su corazón.

De un salto llegó al patio, y amorosamente le fue quitando la harina que la cubría, se la quedó mirando, la había imaginado mil noches. Se preguntaba ¿cómo sería la dueña de aquella risa?

Y de sus labios, salieron las palabras, y el viento se las hacía llegar a Blanca.

Tu risa pequeña molinera, ha sido la mejor medicina que ningún galeno me pudiera dar, has alimentado mi alma y has encendido mi corazón.

¡Ha eres tú!, pero mi señor dijo confundida: una sonrisa no cuesta nada y alegra al que la recibe.

La risa abre las puertas de la alegría y las cierra al dolor.

Su padre que los observaba, se dirigió a su hijo y le dijo: ¡ Supongo que ya pararás de pedir harina ya que has encontrado a tu molinera ¡

Y todos comenzaron a reír.

Cuentan que el pastel de bodas fue el más grande que nunca se viera en mucho mucho, tiempo y todos comieron y fueron felices.

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