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7/2/10

El 84% rechaza retrasar la edad de jubilación

El País. 07/02/2010

El Gobierno se mueve con indecisión en terreno minado. Sus propuestas sobre la modificación de las pensiones de jubilación, más allá de la indefinición y las rectificaciones, son rechazadas de forma abrumadora por los ciudadanos.

Un 84% de los encuestados rechaza alargar la vida laboral hasta los 67 años, tal y como puso sobre la mesa el Gobierno. Y el 76% está en contra de aumentar de 15 a 25 años la base de cotización para establecer la pensión de jubilación, tal y como barajó el Gobierno en el plan de estabilidad que remitió a Bruselas. Los porcentajes de rechazo son muy similares entre los votantes del PSOE: el 80% para el aumento de la vida laboral y el 72% para la base de cotización.

Es abrumador el porcentaje de encuestados que aseguran que, en todo caso, esa ampliación debe plantearse de forma voluntaria. Hasta un 94% asegura que debe ser una opción de cada trabajador, sin apenas variaciones de opinión entre las distintas edades y los distintos tramos de edad.

Sobre el final del túnel de la crisis, los encuestados ven más próxima la luz en el de la crisis mundial que en el de la española. El 23% ve cerca el final de la crisis mundial y sólo el 9% el de la española. Hace un mes, era el 11% el que veía próximo el final de la crisis en España. También ha empeorado en el último mes la impresión de los españoles sobre su propia situación económica. Ahora el 29% afirma que es mala o muy mala, frente al 17% que la veía así el pasado enero.

5/2/10

“En su día le darás su jornal... para que no clame contra ti”


No fue por designio de la Providencia, pero en verdad lo parece. Me refiero al pasaje bíblico que el presidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, leyó ayer en su participación en el tradicional Desayuno Nacional de Oración, evento organizado a título individual por congresistas norteamericanos y la organización religiosa de corte conservador The Followship Foundation con el que simbólicamente arranca el curso político estadounidense.

Así, ante 3.500 personas, entre ellas Barack Obama, Zapatero leyó en español el versículo 24,14-15 del Libro Quinto de Moisés o Deuteronomio. En total, 62 palabras entre las que, a la vista del contexto político y económico, relucen con luz propia estas 20: “No explotaras al jornalero pobre y necesitado (...) En su día le darás su jornal (..) para que no clame contra ti”.

Palabras que no se debería llevar el viento, sino hacerle reflexionar ante su iniciativa de retrasar el día en el que a los trabajadores corresponde darles su bien ganada pensión. Bastaría quizá con que el presidente se planteara a sí mismo una pregunta elemental: ¿por qué claman contra mi la mayor parte de los ciudadanos, movimientos sociales, sindicatos y organizaciones y asociaciones cívicas mientras, por el contario, recibo el apoyo entusiasta de la élite económico-financiera que, con su voracidad especuladora, ha provocado la crisis a escala internacional y, en el caso de nuestro país, llevado al desempleo 4,3 millones de personas?.

El último representante de tal élite en mostrar ese apoyo al alargamiento de la edad de jubilación ha sido Dominique Strauss-Kahn, director gerente del omnipotente Fondo Monetario Internacional (FMI), entidad que, por activa y por pasiva, ha sido y es una de las grandes responsables de la crisis bancaria y financiera. El cinismo del tal Dominique llega al punto de afirmar que ante la crisis “los españoles deben hacer un esfuerzo considerable” cuando él, precisamente, ha sido uno de los principales artífices de que la banca privada mundial, generadora directa de la crisis, haya recibido ayudas públicas -¡sacadas del dinero de nuestros impuestos, también del de los españoles!- por montante de 10 billones de euros (10.000.000.000.000 euros).

A fronte praecipitum, a tergo lupi (al frente, el precipicio; a la espalda, los lobos). Por tanto, no queda otra que volar movilizando nuestras consciencias.

4/2/10

El actual modelo de pensiones es viable

Tras las dos entradas que se han dedicado en el Blog a la propuesta de alargar la edad de jubilación (Nada justifica la prolongación de la edad de jubilación y El debate sobre la edad de jubilación no es “técnico”, sino de visión de la vida, de fecha 1 y 3 de febrero, respectivamente), se recoge seguidamente un artículo de Vicenc Navarro titulado Las pensiones son viables. Fue publicado en la revista El Viejo Topo en su número de Julio-Agosto de 2009 y se ha convertido en un texto de gran actualidad, aunque seguro que a Vicenc ni se le pasó por la cabeza cuando lo redactaba que el impulsor de la medida fuera a ser el Gobierno de Rodríguez Zapatero.

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Recientemente hemos visto una avalancha liberal que tiene como objetivo alarmar a la población haciéndole creer que las pensiones no son viables. La Comisión Europea, el Banco de España, el BBVA y el Partido Popular Europeo (del cual el PP español forma parte) han publicado informes y documentos que alertan a la población española de que hay que reducir las pensiones porque el sistema de Seguridad Social que las financia no es sostenible. En defensa de sus posturas presentan datos e información empírica que asumen que apoyan sus alarmas sobre las cuales basan sus recomendaciones. Todos estos documentos tienen errores graves que invalidan sus conclusiones, transformando tales documentos en manifiestos políticos en lugar de informes científicos. Veamos tales errores.

1. Asumir que la esperanza de vida mide los años que una persona vive

Tales documentos asumen erróneamente que el hecho de que la esperanza de vida promedio de España haya pasado de ser 76 años a 80 años en veinticinco años (1980-2005) quiere decir que el promedio español vive ahora cuatro años más. Ello no es cierto. Hay que saber qué quiere decir esperanza de vida y cómo se calcula. Supongamos que España tuviera sólo dos habitantes. Uno, Pepito, que muere al día siguiente de nacer, y el otro, la Sra. María que tiene 80 años. La esperanza de vida promedio de España sería 0 años más 80 años, dividido entre dos, es decir, cuarenta años. Pero supongamos que en un país imaginario vecino, hay también dos ciudadanos, uno, Juan, que en lugar de morir al día siguiente de nacer, como Pepito en España, vive veinte años, y la otra persona es la Sra. Victoria que tiene también 80 años como la Sra. María. En este país imaginario, la esperanza promedio de vida es de 20 más 80, dividido entre dos, es decir 50 años, diez años más que en España. Ello no quiere decir (como constantemente se malinterpreta este dato) que el ciudadano promedio de aquel país viva diez años más que en España: lo que el dato dice es que hay diez años de vida más en el promedio de aquel colectivo de dos personas sin clarificar que ello se deba a que la Sra. Victoria viva diez años más que la Sra. María (lo cual no es cierto), o que sea Juan el que vive veinte años más que Pepito. Todos los documentos que favorecen la reducción de las pensiones concluyen que la Sra. María vive diez años más, lo cual, repito, no es así.

Lo que ha estado ocurriendo en España (y en Europa) es que la mortalidad infantil ha ido disminuyendo de una manera muy marcada, con lo cual la esperanza de vida ha ido aumentando, pasando de 76 años a 80 años. Ello no quiere decir, como habitualmente se asume, que el ciudadano español medio viva cuatro años más ahora que hace veinticinco años. La mortalidad por cada grupo etario ha ido descendiendo (incluyendo entre los ancianos), pero los años de vida que el ciudadano medio vive ahora no es de cuatro años más que en 1980. Calcular las pensiones en base a esta lectura errónea de los datos penaliza a la población pues asume que la gente vive más años de lo que en realidad vive.

2. Los promedios no son sensibles a las diferencias por clases sociales

Otro gran error es malinterpretar el significado de promedio. Una persona se puede ahogar en un río que tiene como promedio sólo diez centímetros de profundidad. Tal río puede ir seco a lo largo de muchos kilómetros pero en algunas zonas éste puede tener tres metros de profundidad, y es ahí donde el lector se puede ahogar. Un promedio en sí no nos dice mucho si no sabemos también las variaciones del promedio. Lo dicho tiene especial importancia en el cálculo de la esperanza de vida y en la estimación de la longevidad (los años que una persona vive). Las diferencias en longevidad por clase social son enormes. Así, la diferencia en los años de vida existente entre una persona perteneciente a la decila de renta más baja del país (los más pobres) y la decila superior (los más ricos) en España es nada menos que de diez años (ha leído bien, diez años). En EE.UU. son quince y en el promedio de los países de la UE-15 son siete. Estas diferencias en longevidad se deben a que el nivel de salud de la población depende, sobre todo, de la clase social a la cual se pertenece. Un trabajador no cualificado (en paro frecuente durante más de cinco años) tiene, a los sesenta años, el nivel de salud que un banquero tiene a los setenta años. Este último sobrevivirá al primero diez años. Es profundamente injusto pedirle al primero que continúe trabajando dos (y algunos piden cinco) años más para pagar las pensiones del segundo que le sobrevivirá diez años. La insensibilidad hacia esta realidad mostrada por estos informes es abrumadora. Retrasar la edad de jubilación a toda la población trabajadora sin más, es una medida que perjudica a las clases populares para beneficiar a las clases de mayores rentas que viven más años.

3. El error del argumento alarmista: el crecimiento del porcentaje del PIB gastado en pensiones es excesivo

Este es uno de los errores metodológicos más importantes y frecuentes que aparece en el informe de la Comisión Europea, y que ha sido reproducido en gran número de artículos y editoriales. Tal argumento indica que el porcentaje del PIB en pensiones subirá de un 8,4% en el año 2007 a un 15,1% del PIB en el año 2060, un porcentaje que estos informes señalan como excesivo, pues la sociedad en el año 2060 no podrá absorber tales gastos pues restarán recursos necesarios para otras actividades, programas o servicios a la población no pensionista. El hecho de que el porcentaje de gasto en pensiones públicas alcanzará el 15,1% en el 2060 se considera una noticia alarmante que requiere una intervención ya ahora, disminuyendo los beneficios de los pensionistas.

En este argumento se ignora el impacto del crecimiento de la productividad sobre el PIB del año 2060. Supongamos que el crecimiento anual de la productividad es un 1,5%, un crecimiento que incluso el Banco de España admite como razonable. En este caso, el valor del PIB español será 2,23 veces mayor que el PIB del año 2007. Ello quiere decir que si consideramos el valor del PIB del año 2007 como 100, el del año 2060 será de 223. Pues bien, el número de recursos para los no pensionistas en el año 2007 fue de 100 menos 8,4 (8,4 es la cantidad que nos gastamos aquel año en pensionistas), es decir, 91,6. En el año 2060 los recursos a los pensionistas serán el 15,1% de 223, es decir 33, y para los no pensionistas será 223 menos 33, es decir, 192, una cantidad que es más del doble de la existente en el año 2007, 91,6. Debido al crecimiento de la productividad, en el año 2060 habrá más recursos para los no pensionistas que hoy, y ello a pesar de que el porcentaje del PIB dedicado a pensiones es superior en el año 2060 que en el 2007. Los que alarman innecesariamente a la población olvidan un hecho muy elemental. Hace cincuenta años, España dedicaba a las pensiones sólo un 3% del PIB. Hoy es un 8%, más del doble que cincuenta años atrás. Y la sociedad tiene muchos más fondos para los no pensionistas de los que había entonces, aún cuando el porcentaje del PIB en pensiones sea mucho mayor ahora que entonces. Por cierto, ya hace cincuenta años, cuando España se gastaba un 3% del PIB en pensiones, había voces liberales que decían que en cincuenta años se doblaría o triplicaría tal porcentaje, arruinando el país. Pues bien, estamos cincuenta años más tarde, y el país tiene más recursos para los no pensionistas que existían entonces, aún cuando el porcentaje del PIB dedicado a pensiones se ha doblado.

4. Se equivocan constantemente en sus proyecciones demográficas

Cualquier demógrafo que tenga un mínimo de rigor sabe las enormes dificultades en calcular cambios demográficos por periodos tan largos como cincuenta años. Y un buen ejemplo de ello es que los bancos y las cajas publican cada diez años informes anunciando el colapso de las pensiones en diez años. La Caixa (en 1998), el BBVA (en 2005 y en 2007), El Banco Santander (en 1992 y en 1999), el Banco de España (en 1995, en 1999, en 2002 y en 2009) y una larga lista, han predicho el colapso (utilizando un término menos contundente) de las pensiones para diez o al máximo veinte años más tarde. En defensa de sus proyecciones utilizan los mismos argumentos y los mismos datos (la Comisión Europea utiliza prácticamente los mismos datos que publicó el informe de la Fundación de las Cajas en 2007). Y una de las proyecciones más utilizadas es la de la evolución de la pirámide demográfica, indicando que el porcentaje de ancianos está creciendo muy rápidamente, y el de los jóvenes está bajando muy sustancialmente, ignorando que, en aquellos países que financian las pensiones a base de cotizaciones sociales como es el caso español, el punto clave no es el número de jóvenes y adultos por anciano, sino el número de cotizantes y la cantidad de cada cotización por beneficiario. Y tanto el uno como el otro están subiendo, el primero como consecuencia de la (inmigración y de la) integración de la mujer al mercado de trabajo (si España tuviera la tasa de participación de la mujer en el mercado de trabajo que tiene Suecia, habría tres millones más de cotizantes a la seguridad social), y el segundo como consecuencia del aumento de la productividad y de los salarios. Es más, toda la evidencia muestra que las familias españolas desearían tener más hijos (dos por familia) que los que tienen ahora. El desarrollo de la sociedad y de los servicios de ayuda a las familias, como escuelas de infancia y servicios domiciliarios, permitiría el incremento de la fecundidad, una de las más bajas del mundo. Hoy en Europa, los países nórdicos, con un amplio desarrollo del estado del bienestar, tienen una fecundidad mucho mayor que en el Sur de Europa.

Últimas observaciones

El hecho de que el rigor y credibilidad de tales documentos liberales sea muy escaso no quiere decir que no tuviera que haber cambios en las pensiones, cambios distintos al retraso de la jubilación o disminución de sus beneficios que proponen los liberales. Contrariamente a lo que se dice constantemente, las pensiones, incluyendo las contributivas, son demasiado bajas, y ello como consecuencia de que los salarios son demasiado bajos (ver el excelente capítulo sobre las pensiones escrito por la profesora Camila Arza en el libro La Situación Social en España. Vol. III. Biblioteca Nueva. 2009).

Otro cambio que debiera ocurrir es la flexibilización de la edad de jubilación permitiendo que aquellas personas (la mayoría profesionales) que desearan jubilarse más tarde pudieran hacerlo. La jubilación debiera ser un derecho, no una obligación.

Debiera también prohibirse, como se ha hecho en varios países, la prejubilación utilizada por el mundo empresarial para realizar cambios en sus plantillas, penalizando el sistema de seguridad social y al prejubilado, pues éste recibe una pensión menor. Tal prejubilación le supone a España un recorte de ingresos equivalente a un 6% del PIB

Una última observación es que el Estado debiera aumentar su aportación a las pensiones tal como lo hacen otros países (como Dinamarca), en que las aportaciones procedentes de los impuestos generales son mucho más intensas que en España. No hay nada sagrado en la Biblia económica que diga que las pensiones tienen que pagarse a base de cotizaciones sociales. La popularidad de las pensiones (entre todos los grupos etarios) es tal que puede justificarse tal medida que contaría con gran apoyo popular. España ya lo hizo con la sanidad (que estuvo financiada por la Seguridad Social) y puede expandirlo a otras áreas.

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3/2/10

El debate sobre la edad de jubilación no es “técnico”, sino de visión de la vida

Internet se ha movilizado de manera contundente y masiva contra la decisión del Gobierno de alargar la edad de jubilación. Sirva como botón de muestra la red social Facebook, donde la iniciativa Se va a jubilar a los 67 años tu “p” madre ha sumado en pocos días cerca de 300.000 adhesiones. Y son miles de blogs, webs y foros los que se han centrado en el asunto, subrayando argumentos similares a los aquí ya expuestos (ver entrada Nada justifica la prolongación de la edad de jubilación, inserta el lunes 1 de febrero).

En todo este movimiento en la Red se percibe que los ciudadanos se niegan a caer en la trampa de entender que el debate de la edad de jubilación es un debate técnico. Y hacen bien, pues tal debate no es “técnico”, sino “ideológico”: lo que está en juego es la propia concepción de la vida -vivir para trabajar o trabajar para vivir- y los fundamentos mismos del Estado del Bienestar.

Algunos defensores de la prolongación de la edad de jubilación arguyen predicciones sobre la demografía española y su edad media futura para justificar la propuesta del Gobierno. Pero claro, las estadísticas, especialmente cuando son de prognosis, se manejan a gusto del consumidor.

Me explico con un simple ejemplo. Las previsiones demográficas del Instituto Nacional de Estadística (INE) son estáticas, y no dinámicas. Con ellas en la mano, hay quien plantea que las mismas sitúan a España ante un futuro escenario de estancamiento demográfico y consiguiente envejecimiento. Sin embargo, hay que recordar que hace 15 años, cuando España contaba con 38 millones de habitantes, el INE vaticinaba para 2010 una población de 37 millones de personas (-1.000.000). Pero, realmente, en 2009 se ha situado en 46,5; y en 2010 rebasará los 47 millones (+9.000.000). Es incongruente y estrafalario sostener, como algunos hacen, que en 2049 la demografía española seguirá siendo de 47 millones.

Frente a predicciones que vienen siendo sistemáticamente desmentidas por la realidad, los hechos son los hechos. Entre 1996 y 2009 la población activa (en edad y con voluntad de trabajar) se ha rejuvenecido y su número ha subido en más de 7 millones de personas. Y el sistema de pensiones cierra año tras año con superávit (8.000 millones de euros en 2009) y acumula un Fondo de Reserva de 60.000 millones de euros. Por esto nadie en la Subcomisión del Pacto de Toledo está planteando prolongar la edad de jubilación de forma obligatoria.

En cualquier caso, como señalaba antes, el debate que realmente subyace en todo esto no es estadístico, ni económico, ni presupuestario, sino “ideológico”, de Política, con mayúscula, la que se basa en el interés general y se llena de vocación de servicio público.

El pensamiento de la élite económica y financiera expresa con claridad lo que quiere. Verbigracia, la OCDE enuncia bien clarito su idea de que la gente no debe cobrar sin trabajar; por lo que la edad de jubilación debe coincidir con la edad media de fallecimiento (esperanza de vida):

http://www.elpais.com/articulo/economia/OCDE/aboga/

Puede constatarse en esta información que el organismo plantea que se vincule la edad de jubilación a la esperanza de vida (80 años en la actualidad), aumentar de 35 a 40 años el periodo mínimo para obtener una pensión completa y relacionar el periodo de cómputo con la vida laboral total, lo que equivaldría, en casi todos los casos, a una pensión más baja. Y añade que a tales reformas debería sumarse una política dirigida a incrementar las contribuciones a las pensiones complementarias privadas, recriminando a España por el escaso desarrollo de los planes privados.

Estos posicionamientos hacen realidad la viñeta adjunta, publicada por El Roto en El País el pasado 30 de enero. Ese día nos pareció un chiste. Ahora se confirma que es el verdadero objetivo de algunos. Es la forma en la que la élite va las cosas: es su pensamiento, su ideología, su visión de la vida, su consciencia de ser.

Pero, ¿cuál es el pensamiento y la consciencia de ser de la mayoría social?. Por ejemplo, ¿cuál es el pensamiento del socialismo democrático?. Quizá mantener contentos a los mercados financieros; quizá rebuscar en las tablas estadísticas algo que sirva de excusa para hacer precisamente lo que la élite, desde postulados puramente ideológicos, quieren que se haga.

Pues nada, tomemos nota de que, según el FMI, hay también que bajar los salarios:

http://www.elpais.com/articulo/economia/FMI/advierte/

¿Tendrá algo que ver con esto que se esté estudiando en el Ministerio de Trabajo la posibilidad de plantear en la mesa de reforma laboral el incremento de jornada (ganar igual, pero trabajando más, es decir, reducir el coste salarial)?.

Tengo la sensación de que nos devora un pavoroso incendio consciencial promovido por los intereses y visiones más egóicos y mercantilistas de la sociedad, de la vida y del ser humano. Y que, frente a ello, incluso desde posiciones “progresistas”, hay quienes pretenden que, en lugar de movilizar y expandir nuestra consciencia de ser para extinguirlo, promoviendo una visión distinta, nos dediquemos a debatir sobre la altura de las llamas.

1/2/10

Nada justifica la prolongación de la edad jubilación


El plan aprobado por el Consejo de Ministros el viernes 29 de enero, en orden a alargar la edad de jubilación, carece de sentido, mírese por dónde se mire. Se trata de una decisión:

+políticamente incomprensible: por su contenido, por el momento en la que se plantea y por las formas con las que se lanza;

+objetivamente injustificada: no se corresponde con la realidad social, demográfica, laboral y económica del país;

+profundamente antidemocrática: siendo tanta su importancia y efectos, nada se adelantó al respecto, más bien todo lo contrario, en el programa electoral con el que José Luis Rodríguez Zapatero se presentó a las elecciones hace menos de dos años; y

+de hondo calado antisocial: recorta directamente una prestación social tan primaria como la percepción de una pensión y vulnera, incluso, derechos adquiridos por millones de trabajadores.

Merece la pena subrayar, en primer lugar, que la iniciativa gubernamental sitúa en la órbita de la arbitrariedad y la discrecionalidad política un derecho ciudadano tan básico como la seguridad jurídica acerca de la edad a la que se accede a la jubilación, tras décadas de trabajo y de contribuir a las arcas del Estado y de la Seguridad Social. Sin respetar el llamado Pacto de Toledo, haciendo caso omiso a los informes técnicos barajados en las comisiones parlamentarias creadas al efecto y sin diálogo social previo alguno, hoy es Zapatero el que propone subir la edad de jubilación a los 67 años; y mañana puede ser Rajoy el que diga, con los mismos sinsentidos, que se amplía a los 69. O, por qué no, a los 70 (por cierto, en Alemania, donde se ha abierto idéntico debate, la edad media de jubilación es de sólo 61 años).

Por otro lado, es curioso que el Gobierno centre su atención en la edad del trabajador y no en los años que lleve cotizando al sistema de pensiones. Máxime cuando las estadísticas ponen de manifiesto que un alto porcentaje de los asalariados que han rebasado ya los 50 años de edad, llegarán a los 65 con 40 o más años de cotización cumplidos.

Igualmente, resulta insólito que el Gobierno ignore que la esperanza de vida en España, según datos oficiales del Observatorio del Sistema Nacional de Salud, no es de 90 años, ni de 85, como implícitamente dejan caer algunas declaraciones “oficiales”, sino de 80 (exactamente, 80 años, dos meses y 24 días). Y esta cifra se reduce a 77 años (76 años y once meses) en el caso de los hombres, que conforman el mayor porcentaje de la población trabajadora, muy especialmente la que ha rebasado los 50 años. Lo que significa que los asalariados varones que tenían hasta ahora, con la jubilación a los 65, un horizonte de 12 años para disfrutar de la pensión antes del fallecimiento, ven, con el alargamiento a los 67, que tal horizonte de descanso vital se reduce a ¡sólo 10 años!, con independencia de que hayan estado aportando durante décadas a la financiación del sistema (para el global de los trabajadores, hombres y mujeres, el tiempo de disfrute medio de la pensión antes de la muerte se rebaja de 15 a 13 años).

En cuarto lugar, no es menos escandaloso que se hurte a la opinión pública una información crucial: la población activa española -personas en edad y en disposición de trabajar- ha crecido enormemente y se ha rejuvenecido –gracias, en buena medida, a la inmigración- a lo largo de los últimos tres lustros. En este orden, la denominada tasa de actividad (porcentaje de la población activa sobre la total) sufrió en España un descenso continuo entre 1976 y 1996: con datos de la Encuesta de Población Activa (EPA), en el segundo trimestre de 1996 dicha tasa fue del 49,97 por 100, frente al 51,40 del mismo periodo de 1976. Sin embargo, a partir del 30 de junio de 1996 la tendencia ha cambiado radicalmente: desde entonces y hasta el 31 de diciembre de 2009, la tasa de actividad ha subido hasta el 59,76%; y la población activa se ha incrementado ¡en 7.094.700 personas, un 44,68%!. Estos números garantizan objetivamente el vigente sistema de pensiones y explican que su Fondo de Reserva supere hoy los 60.000 millones de euros. Cosa distinta es que esa población activa no encuentre un puesto de trabajo y, contra su voluntad, nutra las cifras de paro. Pero esto no se soluciona modificando la edad de jubilación, sino creando empleo (en lugar de generar un parado más cada 28 segundos, como ha ocurrido a lo largo de todo el año 2009).

Por otra parte, el insulto a la inteligencia llega al límite cuando se argumenta el déficit público como razón de la ampliación de la edad de jubilación. ¿Tienen acaso las pensiones algo que ver con dicho déficit cuando cerraron 2009 con 8.000 millones de euros de superávit?. Los 120.000 millones de euros de déficit que durante el pasado ejercicio acumularon las arcas del Estado en absoluto obedecen a las pensiones. En cambio, sí han tenido mucho que ver en ello las voluminosas ayudas públicas –financiadas, obviamente, con el dinero de nuestros impuestos- canalizadas hacia la banca privada (avales, compras de activos, ayudas a la morosidad, inyecciones de capital,...). Tales ayudas representan no menos de la mitad del reiterado déficit. Y gracias a ellas, la banca puede seguir prejubilando a sus altos directivos con tres millones de euros de indemnización, concluyó el año con más de 17.000 millones de euros de beneficios e impulsó un subida del 27% de la Bolsa, cuyas ganancias en 2009 se elevaron a 128.000 millones de euros.

Por último, a semejante escenario hay que añadir otros dos hechos que terminan por dibujar un cuadro francamente inaudito: de un lado, las prejubilaciones para personas con poco más de 50 años de edad y menos de 25 cotizados que el Gobierno generosamente ha autorizado tanto a esa misma banca como a muchas empresas privadas; y que cientos de miles de jóvenes tengan cerradas las puertas del mercado laboral, mientras se quiere forzar a permanecer en él dos años más a la gente que les debería dar el relevo generacional.

En definitiva, nada justifica el plan aprobado por el Gobierno para alargar la edad de jubilación. Nada salvo la necesidad de congraciarse con los “mercados financieros”, eufemismo que oculta los intereses de la misma élite económica, bancaria y empresarial que, habiendo provocado la crisis y el desempleo masivo, está siendo su gran beneficiaria y que, como se ha demostrado en Davos, aspira a serlo todavía más.