Agenda de actividades presenciales y online de Emilio Carrillo para el Curso 2026-2027

Agenda completa de actividades presenciales y online de Emilio Carrillo para el Curso 2026-2027

Mostrando entradas con la etiqueta Física de la Deidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Física de la Deidad. Mostrar todas las entradas

25/1/10

Tiempo cuántico: de lo instantáneo a lo eterno, y viceversa

La visión y el sistema dominantes llevan a muchos seres humanos a considerarse los más inteligentes del Universo, el centro del mismo, o los poseedores de una razón cartesiana que se transforma en el único modo válido de entender e interpretar las cosas y sucesos. Sin embargo, la física cuántica diferencial nos lleva a una conclusión científica incuestionable: la existencia de una grandiosa y compleja inteligencia de la que formamos parte inexorable y de la que somos apenas un attosegundo de su tiempo cuántico.

Para que compendamos esto de la manera más directa y sencilla posible, los amig@s de StarViewer

http://starviewer.wordpress.com/

nos remiten la siguiente información, que muestra como las unidades de tiempo cubren desde los episodios más efímeros hasta duraciones interminables: de lo instantáneo a lo eterno, y viceversa.

1.-Un Attosegundo (10^-18 segundos. Una trillonésima de segundo): Los fenómenos más fugaces que la ciencia puede cronometrar, se miden en attosegundos. Con láseres de alta velocidad muy perfeccionados,, se han emitido destellos luminosos de tan solo 250 attosegundos. Aunque tal duración parezca inimaginablemente corta, es toda una eternidad si la comparamos con el tiempo de Planck (alrededor de 10^-43 segundos) que constituye, de momento, la más breve duración posible conocida: El instante Planck.

2.-Un Femtosegundo (10^-15 segundos) : Una milésima de billonésima de segundo. En las moléculas, los átomos realizan una oscilación individual completa en tiempos de 10 a 100 femtosegundos. Las recciones químicas más rápidas requieren, por lo general, centenares de femtosegundos. La interacción entre la luz y los pigmentos de la retina-El proceso que permitiría la visión-invierte alrededor de 200 femtosegundos.

3.-Un Picosegundo (10^-12 segundos, una billonésima de segundo): Por ejemplo, los transistores más rápidos, operan en picosegundos. El quark "fondo", partícula subatómica "rara", creada en aceleradores de partículas, tarda un picosegundo en desintegrarse. A temperatura ambiente, la vida media de un enlace de hidrógeno entre moléculas de agua es de tres picosegundos.

4.-Un Nanosegundo (10^-9, una millardésima de segundo): Un rayo de luz que viajase por el vacío avanzaría sólo 30 centímetros en este tiempo. El microprocesador de un ordenador personal tarda entre dos y cuatro nanosegundos en ejecutar una instrucción individual, como la apertura de un proceso. El mesón K, otra partícula subatómica rara, tiene una vida de 12 nanoegundos.

5.-Un Microsegundo (10^-6, una millonésima de segundo): En este tiempo, el rayo de luz habría recorrido 300 metros, mientras que a nivel del mar, un sonido se habría propagado un tercio de milímetro.

6.-Un Milisegundo (10^-3, una milésima de segundo): El tiempo de exposición más breve de una cámara fotográfica de alta definición Una mosca bate las alas una vez, cada 3 milisegundos, y una abeja cada 5.

7.-Una décima de segundo: Literalmente un "abrir y cerrar de ojos". El tiempo que necesita nuestro oído para discriminar entre el sonido natural y el eco. El tiempo en el que un aetherofacto, avanza 200 metros, cuando inicia su aceleración cuántica instantanea. En ese tiempo, un colibrí puede batir sus alas siete veces.

8.-Un segundo: La luz recorre 300.000Km en este tiempo: Es la duración de 9.192.631.770 ciclos de radiación producida por un átomo de cesio 133.

Si tomamos estas referencias, podemos darnos cuenta, que por ejemplo, percibimos las frecuencias del tribanda de nuestro diferencial K-G en un Nanosegundo, mientras que el sonido que lo envuelve, tarda en llegarnos una milésima de segundo. Ello implica necesariamente que nuestra mente, literalmente, genera una sensación de intemporalidad, de parada del tiempo, en el momento que nuestras emociones y recuerdos, de años, aparecen súbitamente como si fuera un sólo instante (por ejemplo, cuando una combinación de frecuencias nos evocan recuerdos superpuestos del presente, del pasado y del futuro).

Tiempo y edad del Universo

Si analizamos la antigüedad del Universo conocido, 13.700 millones de años, nuestra vida apenas supone un attosegundo, respecto al tiempo cósmico, y en ese contexto, para el observador inteligente "universo", tan solo seríamos apenas un imperceptible destello luminoso de un láser.

Nuestra civilización como seres inteligentes en la Tierra, apenas un femtosegundo respecto de tiempo cósmico (el tiempo que tarda un átomo en realizar una oscilación individual completa es de 10 a 100 femtosegundos).

La vida en la tierra, apenas una décima de segundo, respecto al tiempo cósmico. Un abrir y cerrar de ojos, respecto de la consciencia del Universo, como ente inteligente.

Si tomamos como referencia la teoría megaversal, nuestro Universo, igualmente podría estar contenido en otro megaverso (Omniverso), del que éste fuera una parte de otra parte e, incluso, en el conjunto de la realidad de otros multiversos, del que el nuestro únicamente constituiría una rodaja de pan de molde, respecto de un gigantesco almacén repleto de panes de molde, que a su vez sería parte integrante de otra realidad megaversal en la que se contiene.

De esta forma, nuestro Universo sería únicamente un attosegundo respecto del Gran Megaverso inteligente.

19/9/09

Concepciones racionalistas de la divinidad (I): el discernimiento sobre la divinidad

En este Blog son numerosas las referencias al Ser Uno (Todo, Dios,…), a la Unidad que Él engloba y explica y a la dimensión espiritual de los seres humanos. Esto plantea como telón de fondo un asunto central: la esencia de la divinidad.

A discernir acerca de ésta dedicará el Círculo Sierpes (su logotipo se muestra en la imagen anexa) su primera sesión de Trabajo Interior del Curso 2009-2010, que arranca en la tarde de hoy. Ignacio Darnaude será el encargado de llenar de conocimientos la reunión. Y a mi me corresponderá la labor de introducción (ver entrada Conferencias, intervenciones y actividades públicas, del 2 de septiembre) , que dividiré en dos grandes apartados:

+“Nada” versus “algo”: ciencia y espiritualidad, intelecto y fe.

+Matriz Cósmica Holográfica de complejidad infinita.

En las dos entradas siguientes se recogen sus contenidos, si bien es preciso advertir que la segunda, dedicada a la citada Matriz, puede resultar excesivamente compleja para las personas que no hayan tenido previamente un acercamiento a la denominada Física de la Deidad y a los saberes científicos que hoy describen la llamada “anatomía divina”.

Concepciones racionalistas de la divinidad (II): "nada" versus "algo", ciencia y espiritualidad, intelecto y fe

Cuando se trata de discernir sobre el Ser Uno, surge inmediatamente la pregunta que estremeció a Leibniz, Unamuno o Heidegger: ¿por qué hay “algo” y no más bien “nada”?. Lo cual abre una disyuntiva primigenia y radical que, como las nuevas tecnologías, es de base binaria (0/1): hubo un estadio o periodo previo en el que “nada” había ni existía (opción 0); o desde siempre y por siempre ha existido “algo” (opción 1). ¿Cuál de ambas opciones, 0 ó 1, es la cierta, ya que una, forzosamente, tiene que serlo y las dos a la vez no lo pueden ser?.

En mayo de 2008, Michael Heller -longevo sacerdote polaco, profesor en la Academia Pontificia de Teología de Cracovia- recibió el prestigioso Templeton Prize -galardón que desde 1973 otorga anualmente la Fundación del mismo nombre- por sus investigaciones dirigidas a elaborar una demostración matemática de la existencia de Dios (Ser Uno, Todo, Alá,... que no nos pierdan ni enfrenten los nombres). Según él, la ciencia no es sino un esfuerzo colectivo de la mente humana para leer la Mente divina. Sus indagaciones parten de la evidencia de que multitud de procesos del Universo pueden ser expuestos como una cadena de estados donde el precedente siempre sirve de causa para explicar el siguiente, de forma que en todo momento rige una ley que dicta cómo un estado sucede a otro. Sobre esta base, conectada con la noción de un Universo Inteligente, Heller despliega una serie de deducciones y argumentos para mostrar que cuanto existe ostenta una naturaleza matemática. Y concluye que la inteligibilidad de ésta por parte del ser humano constituye la prueba circunstancial de la existencia de Dios.

Eso sí, sus razonamientos arrancan de una toma inicial de partido por la aquí designada como opción 1, a partir de la cual se desarrolla y adquiere consistencia la demostración matemática. Y el sacerdote reconoce que su inclinación por esta alternativa no admite justificación científica, salvo -cabe apuntarle- la vía indirecta de la reducción al absurdo de la opción 0: de la “nada” no puede surgir nada (cero es igual a cero por más dígitos que contenga el número por el que lo multipliquemos) y, mucho menos, el grandioso y multifacético Omniverso del que somos parte. Expresado de otra manera, el infinito tiene que ser el productor de lo finito, aunque sea imposible determinar un momento en el tiempo en el que la producción no haya tenido ya lugar.

En cualquier caso, al hilo de lo reconocido por Heller, la decantación por la alternativa 1 no es tanto una elección racional en sentido estricto como fundamentalmente irracional, sensitiva, intuitiva e inspirativa. Fluye de nuestro interior cuando late la íntima convicción de que siempre existió “algo” y que ese algo es Dios. Lo que no significa ni que el intelecto humano no pueda acercarnos al conocimiento de la divinidad ni que espiritualidad y ciencia caminen por sendas antagónicas, como hoy se opina de manera tan mayoritaria como obtusa.

La mente humana, más allá de la utilización que cada usuario haga de ella, es una prodigiosa y armoniosa conjunción de biología, tecnología y arte, producto y resultado de miles de millones de años de evolución. Sería absurdo que una obra tan exquisita y un proceso tan prolongado y apasionante tuviesen como desenlace algo incapaz de discernir acerca de lo divinal y sus atributos; y sobre una Unidad en la que el propio ser humano se integra. Antes bien, parece del todo lógico que el intelecto esté en condiciones de acometer, aunque sea con humildad y modestia, tal discernimiento.

Así lo confirman las experiencias interiores y las aportaciones hacia el exterior que tantos hombres y mujeres han realizado a lo largo de la historia. Y también lo corrobora la interacción entre espiritualidad y ciencia: los saberes espirituales abren las puertas a innovaciones científicas y éstas confirman aquéllos y coadyuvan a su mejor interiorización. De este modo fue en culturas arcaicas; y se comprueba en la actualidad cuando una serie de avances científicos –física cuántica, ciencia de partículas, teoría de cuerdas, física de la vibración, astrofísica del big-bang,…- están evidenciando lo atinado de reflexiones trascendentes que pertenecen al acervo cultural y espiritual de la humanidad.

Un acervo que tiene como pilar -hay que volver a subrayarlo- el intelecto humano; y que por milenios se ha plasmado en una gran variedad de escuelas y corrientes filosóficas y teológicas que arrancan de una convicción atávica sobre la existencia de un Creador y una concepción primigenia acerca de sus potestades. De ello, probablemente, han bebido la globalidad de las religiones hoy vigentes, adaptando a lo largo de los siglos esa base común a cada realidad social, educativa y geográfica.

Todo esto, a su vez, lejos de estar reñido con la “fe”, se halla estrechamente asociado a ella. Porque, en el despliegue y desarrollo de la inteligencia humana, la racionalidad y la irracionalidad pueden y deben caminar de la mano y en equilibrio. Por lo que con rigor cabe refrendar la realidad de la fe como vivencia íntima, fuente de experiencia y de sabiduría: fe que busca la inteligencia (“fides quaerens intelectum”); fe para saber, o creer para entender (“credo ut intelligam“, en expresión de San Agustín). Porque, como indicó San Anselmo al hablar de la “operosa fides” y de la “otiosa fides“, la fe que no trata de entender es una fe ociosa.

Una fe que no sabe de iglesias ni de credos. Una fe inteligente, operante, viva, válida para comprender. Una fe que es el suplemento de conocimiento que nos proporciona la revelación interior a la que los seres humanos tenemos acceso. Revelación que no sucede aleatoriamente o por azar, sino que está ligada a nuestro Yo Verdadero y al aumento del grado consciencial. Por lo que la fe, para que dé sus frutos, debe ser perseverante y volcarse en una práctica cotidiana de la misma –estadio de conciencia y sus correspondientes experiencias- que confirmará en el día a día la veracidad de lo que anuncia y ayudará a profundizar en ella mediante la elevación del nivel de consciencia.

Planteamientos que ayudan a interiorizar el mensaje que un grupo de monjes contemplativos católicos remitió al Sínodo de los Obispos, en septiembre de 1967, sobre la posibilidad de que el ser humano entable un coloquio con Dios. En él, frente a la idea imperante incluso entre muchos creyentes de que no es posible llegar a Dios -desconocido e inaccesible, “completamente Otro”-, muestran su convencimiento de que Dios “concede al Espíritu atento y purificado el don de alcanzarlo más allá de palabras e ideas”, añadiendo que “la fe desemboca en la seguridad inamisible colocada en nuestros corazones por Dios mismo” y que “en el Espíritu hemos comprendido que en Él tenemos acceso a Dios", somos "por la fe reintegrados en nuestra dignidad de Hijos de Dios”. Y concluyen: “El conocimiento místico cristiano no es solamente el conocimiento oscuro del Dios invisible; es, en el encuentro de un amor personal, una experiencia de Dios”.

Experiencia que muestra lo erróneo del manido modelo de un Dios que está allí y nosotros aquí. Dios no está "allí" y tú "aquí". A quién esto cree, le ocurre lo que tan bellamente narró San Agustín en sus Confesiones: "Y he aquí que Vos estábais dentro de mí y yo de mí mismo estaba fuera; y por defuera yo os buscaba (...) Estabais conmigo y yo no estaba con Vos" (Libro X, 27). No busques fuera lo que tienes dentro.

Como comienza el hermoso Hinneni (¡Héme aquí!) que se inserta en la barra lateral izquierda de este Blog, el Poder y el Amor del Ser Uno -Fuente, Creador, Padre/Madre- son tan espléndidos y gigantescos que logran que lo Creado no sea un Hijo separado ni fragmentado, sino que esté radicalmente Unificado en Él y fusionado con Él, compartiendo enteramente su Poder creador e imbuido absolutamente de su Amor. Por esto, maravillados por su omnipotencia, humildes ante tu grandeza e incondicionalmente Enamorados de Él, podemos y debemos afirmar que somos Hijos de Dios no ya porque nos haya creado Él, sino porque somos Él.

Concepciones racionalistas de la divinidad (y III): Matriz Cósmica Holográfica de complejidad infinita

(Nota: esta entrada del Blog puede resultar excesivamente compleja para las personas que no hayan tenido previamente un acercamiento a la denominada Física de la Deidad y a los saberes científicos que hoy describen la llamada “anatomía divina”).

Enlazando con la entrada “Nada” versus “algo”, las características de la “anatomía divina” en la que Somos y a cuya Unidad pertenecemos ha sido revelada en las obras y experiencias de místicos de todos los tiempos y de la globalidad de tradiciones espirituales. Y en la época actual es eje de diversos escritos que escrutan en ello desde una óptica no sólo trascendente, sino también desde la vanguardia científica.

Acudiendo a estas fuentes, el Ser Uno -en el que somos y existimos- puede ser concebido aproximativamente como Hiperentidad Mental y Multidimensional. Su Esencia es el Amor –no cual sentimiento, sino como condición de la Unidad y energía que vivifica y fusiona la infinitud de sus componentes-; y su Cualidad, Consciencia Perfecta y, por ello, Concentración Absoluta: Quietud y Movimiento. Es por esto que, de modo innato, fluye la Emanación y expansión constante de su Esencia y del Verbo a ella asociado, lo que configura una Matriz Cósmica Holográfica de complejidad infinita, con su centro en cualquier parte y su superficie en ninguna.

Tal Matriz es Consciencia unificada y energía de Amor y vibratoria en estado puro que se despliegan piramidalmente. Se generan, así, infinidad de vórtices energéticos, más o menos complejos y con mayor o menor grado consciencial y vibratorio regidos por dos reglas cosmogónicas fundamentales: todo vórtice es suma de cuantiosos vórtices y forma parte de otro superior; y cada uno experimenta su propio desarrollo energético y consciencial en un contexto de libre albedrío y con base en la masa crítica que le proporcionan los distintos vórtices que lo conforman. Llegados a un punto de tal desarrollo, la gradación consciencial y la energía vibracional acumulada por el vórtice provoca su “big-bang”, explosionando y expandiéndose. Un “big-bang” que afecta energéticamente tanto a la globalidad de vórtices que lo conforman -impulsando una cadena de “big bangs”- como al vórtice superior al que pertenece -coadyuvando a su expansión y, por ende, a la expansión de la Unidad-. Así, cada vórtice, siendo Creación, actúa como Creador. El proceso es multidimensional e híper-interactivo -de arriba hacia abajo, de abajo hacia arriba y en el seno de cada componente-; y se reproduce en un momento presente continuo mediante “big-bangs” conscienciales de las partes, de las sumas y de la Unidad.

El Ser Uno se asimila, así, a un sistema ubicuo de ejes del que parten infinitas líneas de fuerza en todas las direcciones espaciales y dimensionales; un haz de ejes en el que los puntos de intersección entre las líneas se sitúan en todos lados simultáneamente. El “corazón” de este ensamblaje axial goza de omnipresencia y palpita hasta en los más remotos confines de la Realidad, por lo que el núcleo divinal ocupa toda la inmensidad, tanto de la esfera de lo Manifestado como de lo No Manifestado. Funciona como un holograma de complejidad infinita cuyas partes reproducen el conjunto inmanente en el Todo. Y se manifiesta como Esencia multidimensional del Omniverso o conglomerado de los inacabables niveles frecuenciales paralelos, coexistentes, habitados y mutuamente interpenetrados (ocupantes del mismo hiperespacio).

Los componentes energéticos desplegados participan también de la ubicuidad, por lo que se sitúan en todas partes al mismo tiempo y operan en el eterno presente. Como efecto de la vibración del centro, su emanación energética ejerce una irresistible presión sobre el Cosmos e impregna el espacio y las galaxias. La globalidad de las líneas de fuerza vibran en el seno del Ser Uno. La Hiperentidad es un punto polidimensional de vibración infinita cuyas repercusiones energéticas producen la constante deformación del espacio e impactan, igualmente, en Lo No Manifestado, ocasionando la emanación de energía primigenia, que se transmuta de forma descendente en entes vibratorios de menor orden gradacional y, al final de la escala, en materia sólida. La materia puede ser definida, así, cual espacio deformado.

Las corrientes energéticas vivifican tanto las infinitas dimensiones habitadas del Cosmos como los entes potenciales implícitos, ya concebidos, pero “aparcados” en el ámbito de Lo No Manifestado. La expansión del Omniverso conforma una pirámide psíquica de estados de conciencia, interrelacionada y en perenne crecimiento, que genera Universos y seres dotados de inteligencia. En este Omniverso en expansión, las galaxias huyen entre sí con movimiento acelerado como consecuencia de la generación continua de energía lumínica en el seno del Cosmos. Y cuando una nebulosa se aleja, el espacio deformado que en su día se transformó en materia estelar tiende a volver a su estado inicial de espacio primordial, de acuerdo con la ley de rotación de masas en un campo magnético. El resplandor del Sol es, en última instancia, materia en proceso de reconversión en espacio primigenio no deformado. Así se reconstituye la energía libre que previamente se había coagulado en átomos físicos. Semejante metamorfosis se plasma en forma de luz, cuyo poder ondulatorio decrece normalmente hasta diluirse en la situación de entropía máxima.

La luz repele los campos magnéticos, por lo que la energía fotónica de cientos de miles de millones de estrellas ocasiona un inmenso empuje de repulsión en los vastos campos magnéticos asociados a las espirales de los soles. Esta lumínica presión interna separa a las nebulosas unas de otras, dando lugar al eventual movimiento periódico de sístole y diástole en un Universo oscilante. La vida o principio animador de los seres posee un componente eléctrico aparejado a otro magnético, al igual que la materia. Lo que entendemos por Dios es este mismo campo primordial de fuerzas electromagnéticas que interpenetra inmanentemente cuanto existe, incluidos nosotros mismos, dotándonos de linaje divinal.

El omnipresente campo de fuerzas divino crea continuamente y jamás permanece estático. Si se pudiera conceptualizar el Ser Uno por sus actitudes, habría que definirlo como Amor ilimitado e incondicional que infunde a los elementos de la Creación, transformándola en Creadora. Y es el núcleo de los atributos implícitos que reside en el interior de todos los seres, por lo que estos, siendo Creación, también son Creador y pueden afirmar con rotundidad: somos Hijos de Dios no porque nos haya creado Él, sino porque somos Él.

1/8/09

Círculo Sierpes: Ignacio Darnaude y la Física de la Deidad

El Círculo Sierpes iniciará el próximo 19 de septiembre su Curso 2009-2010. Y no lo hará de una manera cualquiera, pues abordará un tema crucial, pero poco analizado: la denominada Física de la Deidad. Y de la mano de uno de los más insignes miembros del Círculo: Ignacio Darnaude, reconocido autor de prestigio mundial por su dilata experiencia como investigador de campo y sus numerosos trabajos teóricos sobre el fenómeno OVNI y lo que tras él se esconde, denominado por el propio Ignacio como Trans-Ufología. Para constatar la dimensión de su sabiduría y su obra basta con acercarse a su página web (http://ignaciodarnaude.galeon.com/) en la que se recopilan varios miles de trabajos versados en espiritualidad, avistamientos ovnis, contacto alienígena, revelación extraterrestre, filosofía exosférica, experiencias postmortem, apariciones marianas, bibliografía paracientífica y textos diversos.
Para la ocasión, Ignacio me ha hecho llegar 33 trabajos, solicitándome que los divulgue entre los interesados, pues en sus contenidos centrará su intervención en la citada reunión del Círculo Sierpes. Esta es la relación completa (si alguien tuviera problemas en su localización en la mencionada web, no dude en indicármelo y le facilitaré el material):
1.-Emilio Fiel: Sólo existe Dios (6p)
2.-Teología alienígena. El concepto de Dios según los reveladores extraterrestres (121p)
3.-Grandes libros revelados a los contactados en el siglo XX (45p)
4.-Obras reveladas y síndrome contacto E.T. (50p)
5.-Las eternas preguntas del hombre: quiénes somos, de dónde venimos, a dónde vamos (30p)
6.-Preguntas acerca de qué, quién, cómo y por qué de Dios, la vida y el universo (68p)
7.-¿Se avecina el Apocalipsis o una depuración planetaria? (6p)
8.-De la habitabilidad de otros reinos (19p)
9.-La física extraterrestre (92p)
10.-Desinformación y propaganda. Lavado de cerebros. Guerra psicológica. Manipulación ideológica. Cómo defenderse de los persuasores ocultos (53p)
11.-Los otros evangelios heterodoxos revelados (14p)
12.-Experiencias postmortem. La vida cotidiana en el más allá (29p)
13.-¿Eres de la Edad de Acuario?. Test de madurez espiritual (8p)
14.-¿Eres la mujer ideal del siglo XXI? (16p)
15.-Pedid y se os dará. Método McDonald para conseguirlo todo en la vida (15p)
16.-Illiana: Cómo enfrentar la crisis con éxito espiritual (8p)
17.-Consecuencias geopolíticas y socioeconómicas de un eventual contacto directo y pacífico con civilizaciones extraterrenas (69p)
18.-El desafío extraterrestre a la raza humana (24p)
19.-Gente de otros planetas (16p)
20.-La Tierra, ¿obra de un demente? (27p)
21.-Hipótesis explicativas de la presencia OVNI (26p)
22.-Contradicciones en los mensajes revelados por los alienígenas (20p)
23.-6 pretendidas cartas del planeta Ummo recibidas en Sevilla por Ignacio Darnaude (29p)
24.-Exopolítica: relaciones constructivas de intercambio y cooperación con culturas del espacio exterior. Estudios de ufología que hacen época (5p)
25.-Lugares más visitados por los objetos no identificados (2p)
26.-Detractores profesionales del fenómeno ufológico (2p)
27.-Aparición de la Virgen María en Jaén, 10 de junio de 1430 (30p)
28.-Freddie Mercury: “Too much love will kill you” (demasiado amor te matará) (6p)
29.-Rockefeller: Creo en los derechos humanos (3p)
30.-Rudolph Winters: Constitución planetaria (9p)
31.-Oración diaria espiritual (1p)
32.-Decálogo de nuestras relaciones con los animales (1p)
33.-Proyecto de un grupo de amor (2p)
Además, Ignacio me ha entregado su último libro, El Principio de Elusividad Cósmica (Editorial Nous; Córdoba, 2009), que junto a las publicaciones relacionadas será donado al fondo bibliográfico (Biblio-CF) de la Fundación Andaluza Nuevo Mundo (FANUM) (sobre su sistema de préstamo grautito se informa en la barra lateral de este blog).