Agenda completa de actividades presenciales y online de Emilio Carrillo para el Curso 2025-2026

Agenda completa de actividades presenciales y online de Emilio Carrillo para el Curso 2025-2026

Mostrando entradas con la etiqueta Cristo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cristo. Mostrar todas las entradas

31/5/10

La Sábana Santa: nuevos datos

En los últimos días se ha escrito en el Blog acerca del título de "Cristo" y su aplicación a Jesús de Nazaret (ver entradas Cristo y Jesús-Cristo: campos morfogenéticos y Campo Búdico y Cristo: nuevas reflexiones, de 26 y 27 de mayo, respectivamente). Causalmente, los amig@s de Starviewer nos remiten esta información acerca de la llamada Sábana Santa o posible sudario de Jesús, con nuevos datos relativos a su autenticidad.

----------------------------------------------------------

Radiación Instantánea

A pesar de las críticas vertidas sobre todos aquellos científicos que en el pasado analizaron la Sábana Santa, las evidencias científicas apoyan los últimos avances sobre Radiación y cuestionan la autenticidad del Análisis del Carbono 14 (que fechó el lienzo en una época muy posterior a la de la muerte física de Jesús).

La polémica de la Sábana Santa se ha cerrado, al menos desde el punto de vista científico. Las declaraciones de Jackson y Jumper son tajantes:

Cuando expusieron su descubrimiento en el Congreso Científico Internacional sobre La Sábana Santa en Turín, alegaron que era Radiación Instantánea “porque los hilos no están carbonizados, sino superficialmente chamuscados, y por la penetración de la quemadura podemos medir la fracción de segundo que duró la radiación”.

Una reacción instantánea en el lienzo generó la fotografía, justo en una fracción de segundo.Este hecho, unido a la circunstancia de haber encontrado muestras de polen procedentes de diferentes zonas, mayoritariamente de Galilea y Jerusalén, induce a pensar que hubo fraude en la Datación del Carbono 14.

La polémica datación del Carbono 14.

Cinco Congresos Científicos Internacionales consecutivos invalidaron la prueba del Carbono-14 en la Sábana Santa. Jorge Loring, explica las razones por las que la prueba del Carbono 14 ha sido invaidada para el análisis:

1º.-La alteración del Carbono 14 por la propia Radiación instantánea. Esta circunstancia se demostró por Congreso Científico Internacional de Roma por dos científicos: el Profesor Lindner, Catedrático de Química Técnica en la Universidad alemana de Karlsrue, y el Profesor Rinaudo, Catedrático de Medicina Nuclear en la Universidad francesa de Montpellier.

2º.-Por el incendio que sufrió en la iglesia de Chamberí estando guardada en
una urna de plata. Dimitri Kutnestov, Físico Teórico en Moscú y Premio Lenin.

3º.-Por la capa bioplástica, de hongos y bacterias, que cubre las fibras. Es una investigación del Dr. Leoncio Garza Valdés, microbiólogo de la Universidad de San Antonio en Texas (EE.UU.).

Respecto a la información tridimensional

El Dr. John Heller (Biofísico del New England Institute y miembro del STURP) cuenta que las investigaciones científicas han sido millares. Se tomaron más de cinco mil fotografías de la tela, visible normal, infrarrojos y ultravioleta. Utilizando el analizador de imagen VP8, se demostró que la imagen de la Sábana contenía información tridimensional; y además, entre otros, se hicieron imágenes topográficas, reflexión espectroscópica y más de 1,000 experimentos químicos para determinar la naturaleza de la imagen y de las manchas de sangre, así como la historia del lino, fibras varias, presencia de pigmentos orgánicos e inorgánicos, vehículos oxidantes y reductores, más todos los posibles caminos humanos para tratar de crear una imagen igual a la de la Sábana sin éxito.

Finalmente, El VP8 concluyó primeramente que hay sangre humana. Ésta fue identificada por el Dr. Baima Bollone, como del grupo sanguíneo AB, muy frecuente entre los hebreos y raro en los demás pueblos. Concluyó también que en el momento de producirse la impresión, el hombre envuelto en el lienzo se encontraba ingrávido y que las imágenes únicamente pudieron formarse como consecuencia de una Radiación Instantánea desconocida, lo que coincide exactamente con lo demostrado ya por Jackson y Jumper.

Bibliografía:

http://www.case.edu.au/images/uploads/03_pdfs/williams-shroud-turin.pdf

http://www.harpers.org/archive/1981/11/0024680

Studies on the radiocarbon sample from the shroud of turin

StarViewerInternational 2010.

27/5/10

Cristo: nuevas reflexiones

Ayer se insertó en el Blog la entrada Cristo y Jesús-Cristo: campos morfogenéticos y Campo Búdico. Al hilo de ella, se publican seguidamente unas reflexiones que nos ha remitido Manuel León, buen amigo y seguidor del Blog, acerca del nombre o título de Cristo.

----------------------------------

Cristo y Jesús-Cristo

El nombre o título Cristo procede del griego Kjri·stós, equivalente al hebreo Ma·schí·aj (Mesías; Ungido). Y no se trata de un apelativo que sirva para distinguir al Señor Jesús de otros que tengan el mismo nombre; más bien, es un título oficial.

La venida del Cristo, aquel a quien Jehová tenía que ungir con su espíritu para que fuera el Rey mesiánico, se había predicho siglos antes del nacimiento de Jesús. (Da 9:25,26.) Sin embargo, cuando Jesús nació, todavía no era el Ungido o Cristo. Al predecir su nacimiento, el ángel le dijo a José: “Tienes que ponerle por nombre Jesús” (Mt 1:21), pero a los pastores que estaban cerca de Belén, les anunció, refiriéndose al papel futuro de Jesús: “Les ha nacido hoy un Salvador, que es Cristo el Señor”, es decir, “que ha de ser Cristo el Señor”. (Lu 2:11, nota.)

El nombre personal de Jesús seguido del título Cristo dirige la atención a la persona de Jesús y a su calidad de Ungido de Jehová. Jesús llegó a ser Cristo cuando tenía alrededor de treinta años, fue bautizado en agua y ungido con el espíritu de Jehová, que se hizo visible en la forma de una paloma que descendió sobre él. (Mt 3:13-17.) Esto es lo que Pedro enseñó en el Pentecostés, cuando dijo: “Dios lo hizo Señor y también Cristo, a este Jesús”, puede que recordando la expresión que había oído de labios de Jesús, el primero que utilizó el nombre “Jesucristo”. (Hch 2:36-38; Jn 17:3.) Este nombre se usa también en las palabras de apertura y conclusión de las Escrituras Griegas Cristianas. (Mt 1:1; Rev 22:21.)

Por otro lado, cuando el título se coloca delante del nombre y se dice “Cristo Jesús”, en lugar de “Jesucristo”, se destaca el cargo que ocupa Jesús, más bien que aquel que lo desempeña, como cuando se dice ‘el rey David’ o ‘el gobernador Zorobabel’. Recuerda la posición oficial singular de Jesús como el Ungido de Jehová, una posición de honor que no comparte con sus seguidores ungidos. Solo el amado Hijo de Jehová recibe el título de “Cristo Jesús”. Pablo usó esta expresión en su primera carta inspirada. (1Te 2:14.). Lucas también la usó una vez, en Hechos 24:24 (NM, BJ), al referirse al testimonio que daba Pablo.

En ocasiones se llama la atención al cargo desempeñado por Jesús usando el artículo “el” con el título (“el Cristo”). (Mt 16:16; Mr 14:61.) Sin embargo, la estructura gramatical de la frase puede ser un factor determinante para la inclusión o exclusión del artículo, pues W. E. Vine dice: “También, hablando en general, cuando el título es el sujeto de la oración, tiene el artículo; cuando forma parte del predicado, el artículo no aparece”. (Diccionario Expositivo de Palabras del Nuevo Testamento, 1984, vol. 1, pág. 347.)

En las Escrituras, el nombre de Jesús nunca va precedido ni seguido de más de un título; cuando un título precede al nombre personal, cualquier otro se añade únicamente después del nombre. Nunca encontramos una combinación como el Señor Cristo Jesús o el Rey Cristo Jesús, pero sí encontramos el Señor Jesucristo. En el texto griego, la frase “nuestro Salvador, Cristo Jesús”, de 2 Timoteo 1:10, lleva intercalada la expresión “de nosotros” entre Salvador y Cristo para identificar de quién es el Salvador, en armonía con la expresión “Cristo Jesús nuestro Salvador [literalmente, ‘Cristo Jesús el Salvador de nosotros’]”. (Tit 1:4.) En el texto de 1 Timoteo 2:5 se hace mención de “un hombre, Cristo Jesús”, como el mediador, pero la expresión “un hombre” no es un título. Con ella solo se explica que Cristo Jesús había sido hombre en la Tierra.

Pablo hace un uso singular del título “Cristo” cuando escribe con referencia a Moisés, no a Jesús: “Estimaba [Moisés] el vituperio del Cristo [Kjri·stóu, “del Ungido”] como riqueza más grande que los tesoros de Egipto; porque miraba atentamente hacia el pago del galardón”. (Heb 11:26.) Moisés nunca fue ungido con aceite literal como los sumos sacerdotes y reyes de Israel. (Éx 30:22-30; Le 8:12; 1Sa 10:1; 16:13.) Pero tampoco lo fueron Jesús ni sus seguidores, y, no obstante, las Escrituras hablan de su ungimiento. (Hch 10:38; 2Co 1:21.) En estos últimos casos, si bien no se usó aceite de la unción literal, Dios los comisionó o nombró ungiéndolos con espíritu santo. Moisés también recibió un nombramiento especial. Por consiguiente, Pablo tenía razón para decir que Moisés era el ungido de Jehová o Cristo, el receptor de una comisión que se le dio en la zarza ardiente, un nombramiento que estimó como riqueza mayor que todos los tesoros de Egipto. (Éx 3:2–4:17.)

El término “Cristo” también se usa cuando se habla de la congregación cristiana y su relación con el Señor Jesucristo. “Pues bien, ustedes son el cuerpo de Cristo, y miembros individualmente”, en sentido espiritual. (1Co 12:27.) Aquellos “bautizados en Cristo Jesús [fueron] bautizados en su muerte”, con esperanza de ser “coherederos con Cristo” del reino celestial. (Ro 6:3-5; 8:17.) Ellos son partícipes de los “sufrimientos del Cristo”, siendo ‘vituperados por el nombre de Cristo’. (1Pe 4:13, 14; 5:1.) Varias veces se hace referencia a esta relación con las palabras “en unión con Cristo” o “en Cristo”, y también se usa la expresión inversa, “Cristo en unión con ustedes”, en distintos contextos. (Ro 8:1, 2; 16:10; 1Co 15:18; 1Te 4:16; Col 1:27.) A los cristianos débiles que deberían ser fuertes se les llama “pequeñuelos en Cristo”. (1Co 3:1.) Con el transcurso del tiempo, todas las cosas que están en el cielo y las que están en la Tierra serán reunidas de nuevo “en el Cristo”. (Ef 1:10.)

Falsos Cristos

En sus profecías sobre la conclusión del sistema de cosas, Cristo advirtió a sus seguidores: “Cuidado que nadie los extravíe; porque muchos vendrán sobre la base de mi nombre, diciendo: ‘Yo soy el Cristo’, y extraviarán a muchos”. “Porque se levantarán falsos Cristos [gr. pseu·dó·kjri·stoi] y falsos profetas y darán grandes señales y prodigios para extraviar, si fuera posible, hasta a los escogidos.” (Mt 24:4, 5, 24; Mr 13:21, 22.) Tales personas inicuas que reclaman falsamente el título y el cargo del Señor Jesucristo forman parte del an·tí·kjri·stos (griego para “anticristo”) que el apóstol Juan menciona cinco veces. (1Jn 2:18, 22; 4:3; 2Jn 7)

Otros usos del término Cristo

La Versión de los Setenta de las Escrituras Hebreas emplea la misma palabra griega kjri·stós más de cuarenta veces, con frecuencia como título de sacerdotes, reyes y profetas ungidos. El sumo sacerdote Aarón era “el ungido”, comisionado y “nombrado a favor de los hombres sobre las cosas que tienen que ver con Dios”. (Le 4:3, 5, 16; 8:12; Heb 5:1.) Cuando expresó juicio contra la casa de Elí, Jehová prometió levantar un sacerdote fiel que habría de andar delante del ungido de Dios (kjri·stós) para siempre. (1Sa 2:35.)

Los reyes compartían este mismo título de honor debido a su relación con Jehová en sus funciones reales. Por ello Samuel se refirió a Saúl como kjri·stós en 1 Samuel 12:3, según la Versión de los Setenta. David exclamó: “¡Es inconcebible, por mi parte, desde el punto de vista de Jehová, alargar la mano contra [Saúl] el ungido [LXX, kjri·stón] de Jehová!” (1Sa 26:11.) David tampoco permitió que su sobrino Abisai le hiciera daño a Saúl. (1Sa 26:8, 9.) Por otra parte, mandó dar muerte al amalequita por decir que había matado a Saúl, “al ungido [LXX, kjri·stón] de Jehová”. (2Sa 1:13-16.) A David también se le otorgó este título y la comisión de ser rey, y más tarde se refirió a sí mismo como el “ungido” [LXX, kjri·stói] de Jehová. (1Sa 16:12, 13; 2Sa 22:51.) Al rey Sedequías, que se sentaba sobre el trono como heredero de David, también se le llamó “el ungido [kjri·stós] de Jehová”. (Lam 4:20.)

Otros que recibieron el título de ungidos de Jehová fueron los profetas, como se desprende del paralelismo utilizado en el Salmo 105:15. Jehová le dio el siguiente mandato a su profeta Elías: “A Eliseo [...] debes ungir por profeta en lugar de ti”, aunque no se registran los detalles del ungimiento. (1Re 19:16.)

A veces la Versión de los Setenta usa kjri·stós de manera profética. Hay diez referencias a kjri·stós en el libro de Salmos, siendo particularmente digna de mención la del Salmo 2:1, 2: Las naciones han estado en tumulto y los reyes de la Tierra se han reunido en masa “contra Jehová y contra su ungido”. Los apóstoles citaron de esta profecía y aplicaron el título al ‘santo siervo Jesús, a quien Jehová había ungido’. (Hch 4:24-27.) Un ejemplo singular es la aplicación de dicho término al rey persa Ciro. Antes de su nacimiento, la profecía de Isaías (45:1-3) había declarado: “Esto es lo que ha dicho Jehová a su ungido [LXX, kjri·stói], a Ciro, a quien he asido de la diestra”. A Ciro nunca se le ungió literalmente con aceite santo como a los reyes de Israel, sino que, como sucede en otras ocasiones en la Biblia, se le concede el título “ungido” debido a que Dios lo comisionó y nombró.

-----------------------------------------------------------------------------------------

26/5/10

Cristo y Jesús-Cristo: campos morfogenéticos y Campo Búdico

Diversos seguidores del Blog han remitido consultas y preguntas relativas al significado del término Cristo y su aplicación específica a Jesús de Nazaret en la forma “Jesucristo. Para atender a las mismas, hay que retomar una seria de contenidos y conocimientos que ha ya han sido publicados aquí de la mano de las entradas dedicadas al Taller de Espiritualidad para Buscadores.

Concretamente, para entender adecuadamente lo que Cristo y Jesucristo conllevan hay que volver a referirse, aunque sea con brevedad, a los llamados campos morfogenéticos, al denominado “Campo Búdico” o “Campo Crístico” y a Jesús-Cristo. Vamos a ello.

Campos morfogenéticos

Con relación a los campos mórficos, pueden ser definidos como campos de forma, patrones o estructuras de orden inmateriales que se hallan en la naturaleza y las especies de seres vivos que la pueblan. Su existencia fue defendida por vez primera por el investigador Rupert Sheldrake al indagar acerca de las causas por las que un árbol de una determinada familia se estructura de manera idéntica en cualquier punto del planeta, a pesar de las enormes diferencias geográficas, climatológicas y ambientales; o por las que miembros de una misma especie animal reproducen cambios de conducta o procesos de aprendizaje aunque no haya contacto alguno entre ellos y los separen miles de kilómetros. Sus investigaciones lo llevaron a la conclusión de que la memoria es inherente a la naturaleza y a la hipótesis de causación formativa. A partir de lo cual, configuró un sistema teórico cimentando en la existencia de influencias no visibles que actúan sobre los seres y organismos a través del tiempo y el espacio y se localizan tanto en los sistemas que organizan como a su alrededor. Los campos mórficos o morfogenéticos contienen información y, una vez creados, son utilizables con independencia del tiempo y el espacio sin pérdida alguna de intensidad. Gracias a ello, permiten la transmisión de tal información entre organismos de la misma especie sin mediar ni proximidad física ni sincronicidad temporal. Es como si dentro de cada especie de las innumerables que pueblan nuestro planeta -o el Universo- existiese un vínculo que actuara instantáneamente en un nivel subcuántico, fuera del espacio/tiempo.

Sobre estos pilares, los investigadores han explorado la relación entre los campos mórficos y el ADN. Para ello se han fijado en el hecho de que el ADN codifica la secuencia de aminoácidos que forman las proteínas, pero que existe una gran diferencia entre codificar la estructura de una proteína y programar el desarrollo de un organismo entero. Es la misma diferencia que hay entre fabricar ladrillos y construir una casa con ellos. Los ladrillos son necesarios para edificar la vivienda; y la calidad de ésta dependerá de la de aquéllos. No obstante, el plano de la casa no está contenido en los ladrillos. Análogamente, el ADN codifica los materiales, pero no el plano, la forma, la morfología del cuerpo.

Es en este punto en donde los campos morfogenéticos juegan su papel. Definen la existencia de un patrón o estructura energética que organiza la vida de los miembros de todas y cada una de las especies existentes; y que se encarga de informar a las células sobre cómo deben disponerse para formar al individuo de cada especie, determinando de manera sutil los movimientos, comportamientos y tendencias de todos los ejemplares de la misma. Por tanto, el campo mórfico no se halla en los genes -en el ADN biológico-, sino en el exterior de cada individuo concreto, interactuando con su interior a través del ADN sutil -también llamado ADN chatarra-. Y es el depositario de la información esencial que permite que la vida se desarrolle.

En definitiva, el campo mórfico no pertenece al mundo físico, sino que es inmaterial; y conforma una especie de memoria colectiva. Y no sólo gobierna la estructura de los organismos vivos, sino también su conducta. Los hábitos y comportamientos de cualquier especie en el pasado se acumulan por obra de un proceso que se ha dado en denominar “resonancia mórfica”, la cual afecta a las conductas y prácticas de sus componentes actuales. La resonancia mórfica es, por tanto, una vía mediante la cual el conocimiento se transmite instantáneamente entre los miembros de una especie; y más allá del espacio y el tiempo.

Por lo enunciado, si un aprendizaje ocurre en un campo concreto en algún punto espacial, esta información queda disponible en cualquier manifestación de este campo en cualquier lugar. Y, a través de los hábitos, los campos morfogenéticos van variando su estructura dando pie, así, a los cambios estructurales de los sistemas a los que están asociados.

El campo actúa como una especie de radio emisora que siempre está emitiendo en una franja de frecuencias específicas que define precisamente a ese campo. Por un lado, la radio, sus ondas, está permanentemente en el aire, propagando y haciendo disponibles las informaciones; por otro, también está constantemente recibiendo y almacenando nuevas informaciones lanzadas por otras radios que funcionan en la misma franja. Se configura, así, una compleja red de informaciones, con constantes “inputs” y “outputs”. A medida que van siendo repetidas y guardadas, el campo se configura en patrón morfogenético: algo así como la memoria de la especie o del individuo, lo que algunas escuelas llaman “Akasha” o “archivos akásicos”.

“Campo Búdico” o “Campo Crístico”

Aplicando los campos mórficos y la resonancia mórfica al caso humano y a la esfera espiritual, cada escuela o corriente puede crear su propio campo, que se ve reforzado por cada una de las personas que emprenden esa senda iniciática. Y a medida que miembros de esa red avancen en grado consciencial, estadios de conciencia y experiencias y profundicen y descubran nuevas vías neuronales y novedosos recovecos psíquicos, irán abriendo camino para todos los que lleguen después.

Así aconteció cuando el primer humano se realizó como ser plenamente consciente: el primer Buda, usando terminología oriental. Con él se configuró el embrión de lo que suele calificarse como “Campo Búdico” o “Campo Crístico”. El paso siguiente fue la continuación por ese camino de otras personas y la conformación de la primera comunidad alrededor de aquel primer Buda, lo que reforzó el campo original. Posteriormente, el surgimiento de este Campo Búdico primigenio forjó la posibilidad de la aparición de otros seres conscientes dentro y fuera de la comunidad inicial. Lentamente, por el mundo fueron surgiendo más seres que alcanzaron su “Ser Crístico” o “Estado Crístico” y enriquecieron el Campo Búdico Planetario con nuevas “informaciones akásicas”. Cada Buda crea su propio campo específico, que incorpora las informaciones de los otros Campos Búdicos a las suyas propias. Y el campo es renovado si, con el paso del tiempo, un campo búdico concreto recibe nuevas informaciones generadas por la aparición de otros budas dentro del linaje del primero. Los campos búdicos creados por todos los Budas, a través de los tiempos, constituyen el Campo Búdico Planetario o Resonancia Mórfica Búdica.

En este orden, el Campo Búdico o Campo Crístico puede ser entendido en un doble sentido. Por un lado, como Ser Crístico o plano superior de cada ser humano -el ligado a su realidad como Espíritu, de carácter multidimensional- al que éste accede cuando el Yo Verdadero asume definitivamente las riendas de la existencia, quedando “fuera de servicio” el ego o piloto automático. Y, por otro, como puerta consciencial y energética que ha sido abierta para toda la humanidad por aquellos hombres y mujeres que han realizado su Ser Crístico y han situado al Yo Verdadero en el centro de sus vidas. La apertura y ensanchamiento de tal puerta facilita las experiencias espirituales de los demás seres humanos, con independencia del tiempo y del espacio, y que estos puedan acceder y traspasar la misma siguiendo el camino crísticamente ya trazado. Obviamente, cuantas más personas y con mayor intensidad contribuyan a abrir y engrandecer esa puerta, más se ayudará al resto de los seres humanos (la palabra “Cristo” procede del griego, pronunciándose originariamente como “Jristós”).

Jesús-Cristo

Con este telón de fondo, la figura histórica de Jesús de Nazaret merece por derecho propio la denominación de Jesucristo (“Jesús-Cristo”), pues realizó su Ser Crístico de manera espectacular y expandió con ello el Cuerpo Crístico de la humanidad de modo francamente excepcional. Con seguridad, su Yo profundo gozaba –goza- de un grado consciencial y espiritual enormemente elevado y de ninguna forma le correspondía encarnarse en el plano humano (valga el símil de quien calzando un número 45, introduce voluntariamente su pie en un zapato del 35). Si lo hizo fue para, desde su vivencia como hombre y sólo como hombre, plasmar pletóricamente su Ser Crístico y ampliar y dilatar enormemente la referida puerta.

Por lo expuesto, esto no podía efectuarse desde fuera de la dimensión –especie- humana: era imprescindible su encarnación en ella y experimentar como hombre la realización crística. Por ello convivió con nosotros, desarrolló una existencia plenamente humana y en ella cristalizó radicalmente su Ser Crístico, mostrando a los demás el camino a seguir y agrandando colosalmente el Cuerpo Crístico de la humanidad y el planeta (dado que en la expresión griega antes citada –Jristós-, sus dos primeras letras, “J” y “R”, se escriben “X” y “P”, respectivamente, los seguidores de Jesús adoptaron como primer signo para representarlo el llamado Crismón: la “X” y la “P” entrelazadas o superpuestas).

Gracias a él y a otros muchos seres humanos de menor grado consciencial y espiritual, hemos llegado a un momento de la historia en el que el Campo Crístico planetario ha alcanzado una estructura bastante desarrollada. Por ello, ya no se precisa la presencia física del Maestro Jesús para crear dicho campo; basta con que un grupo de personas conscientes y con el Ser Crístico despierto se reúnan para que la Presencia se manifieste: “porque allí donde dos o tres se reúnan en mi nombre, allí estaré yo” (Mateo, 18,19). Y esta manifestación puede traducirse en gozo, en éxtasis, en celebración de la vida, en sanaciones sorprendentes, en la sensación de estar estableciendo fuertes lazos de amistad o solidaridad, etcétera. En definitiva, en una gran expansión de la consciencia.
------------------------------------------------------------------------------------------