Agenda completa de actividades presenciales y online de Emilio Carrillo para el Curso 2024-2025

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3/2/20

Bases del pensamiento sistémico: Introducción (Visión sistémica del mundo: 3)


El pensamiento sistémico es en pocas palabras, una rama de la filosofía de la Ciencia, que está orientada a contemplar el mundo, la realidad que nos rodea, en su globalidad, de modo holístico. En el extremo es aprender a ver el bosque y sus características como bosque, aun renunciando a profundizar en los detalles de cada árbol, aspecto que se deja al estudio de los especialistas. Ciertamente por ello, el enfoque sistémico de la realidad requiere equipos multidisciplinares, basado en un conjunto de especialistas en cada materia, pero coordinado por generalistas que sepan comprender el conjunto del sistema bajo estudio. Estos sin aquellos podrán alcanzar una visión más o menos global, pero carente de profundidad. Aquellos sin estos, alcanzarán un alto conocimiento de cada elemento o subsistema, pero serán incapaces de comprender el conjunto.

Esto en ingeniería se sabe muy bien, razón por la que en cualquier proyecto hay al menos tres figuras, los ingenieros de detalle, los ingenieros de proceso y el jefe de proyecto, los cuales trabajarán en las estructuras, en la funcionalidad y en el ensamblaje y comprensión de las estructuras y funcionalidades.

Es decir, el pensamiento sistémico resulta esencial si los seres humanos tratamos de crear ingenios que puedan funcionar para el objetivo al que son diseñados. Pero es también esencial si pretendemos comprender mínimamente el porqué, para qué y cómo de los fenómenos naturales y sociales.

Y todo consiste en comprender la estructura, de qué están compuestos los seres inorgánicos, los organismos, los seres vivos, las estructuras sociales, es decir, los “sistemas” de los que se compone la realidad que captan nuestros sentidos y, una vez conociendo sus estructuras, saber y comprender sus interrelaciones, cómo interactúan los elementos entre sí, lo que hace posible la funcionalidad que observamos.

Los seres humanos, tanto individual como colectivamente tendemos a intentar forjarnos nuestra particular “visión del mundo”. Cada uno de nosotros, en nuestro fuero interno trata, yo así lo intento, de lograr hacerse una idea global de las cosas; esto es algo casi inconsciente. Necesitamos comprender, en la medida de lo posible el mundo que nos rodea; y así, a lo largo de nuestra vida, nos vamos construyendo nuestro particular “modelo” de la realidad que nos envuelve. A fin de cuentas, la única forma de comprender la realidad que vivimos es tratar de encajar las múltiples piezas del descomunal puzzle de esa realidad, que captamos a través de los sentidos, y en el interior de nuestra mente, reconstruir ese puzzle, de modo y forma que tenga coherencia, al menos para nosotros.

Como quiera que este proceso, que todos en mayor o menor parte desarrollamos, se basa fundamentalmente en la evidencia empírica fruto de nuestras particulares experiencias, en nuestra educacn, en nuestro legado cultural y familiar, y en nuestras creencias, de ahí surge que cada uno tengamos nuestra particular visión de las cosas. Forjamos nuestro “imaginario” personal, que luego, y por razones de convivencia, se convierte en imaginario popular o social. Está claro que los chinos no tienen la misma visión del mundo que nosotros, y la mía es diferente, casi con seguridad, de la que pueda tener mi compañero de trabajo.

Cuando vemos dos realidades que se parecen, inconscientemente tendemos a construir modelos similares. Hacemos símiles. Así, quién no encuentra parecido entre el equilibrio de un prestidigitador en la cuerda floja y el extremado cuidado que uno tiene que hacer en su economía doméstica o en su negocio para atravesar una época de apuros económicos. “Estamos en la cuerda floja”, decimos. La idea de equilibrio inestable, un concepto puramente sico, tiende a colarse de rondón en un proceso de gestión de recursos, que nada tienen en común – aparentemente-. Pero decimos y explicamos, “es como si…estuviéramos en una cuerda floja”, por el riesgo de que un mal paso, al traste con todo el negocio. O quien no encuentra similitud entre la muerte de un ser vivo y la quiebra de una empresa. Ambos mueren. O quien no encuentra parecido entre la propagación de una epidemia y la propagación de un rumor. En ambos casos hay quien contagia y quien se deja contagiar consciente o inconscientemente, hasta que la gente se vacuna en un caso con un medicamento y en otro mediante el conocimiento de la verdad.

Por aplicar esta reflexión a una disciplina como la Economía, son tantas las evidencias de que ésta tiene o presenta similitudes de comportamiento con otros campos de la Ciencia, que se vienen haciendo serios intentos de formalizar esas evidencias en demostraciones palmarias de que es así. Se ha tratado de acercar los principios físicos a la Economía. Se usa el concepto de entropía en las cuestiones económicas, como medida del caos interno. Se viene tratando de acercar los principios que rigen en la Biología para explicar comportamientos de nuestro entramado social y económico, “como si”. Es decir, de alguna forma se tiene el convencimiento, si no total, sí al menos parcial, de que algo de verdad hay cuando comparamos un modelo económico y otro biológico o físico, y pensamos que “algo tienen en común.

A lo largo del Siglo XX, se ha consolidado una escuela, ciertamente multidisciplinar que ha abordado estas cuestiones, no solo desde la Economía, sino en el conjunto de la Ciencia y de la tecnología. Es lo que ha fraguado en el desarrollo de la Teoría General de Sistemas, y sus múltiples aplicaciones.

Concebida y presentada en 1949 en su forma más desarrollada por Ludwig Von Bertalanffy, biólogo vienés (1901-1972), la Teoría General de Sistemas constituye la base metodológica de lo que en la actualidad denominamos “pensamiento sistémico”. Detrás de este concepto se esconde un cuerpo metodológico ciertamente complejo en herramientas matemáticas y de representación formal, que entre otras cosas han permitido en el campo de la ingeniería un avance espectacular, pues los actuales diseños tecnológicos emplean los conceptos sistémicos implícita o explícitamente.

Un sistema queda definido como un conjunto de elementos relacionados entre sí y que contribuyen a un fin concreto. Cada elemento en sí mismo puede ser a su vez un sistema de orden menor, pero que relacionado con otros elementos, de esa relación, surge una nueva entidad con propiedades que emergen de esa múltiple interacción. El motor de un automóvil es un sistema compuesto por múltiples elementos (piezas) relacionados entre sí que, puestas en una bancada, hacen girar un volante. Estamos ante un sistema.

Pero si ese motor se coloca en un chasis inerte, le aplicamos un sistema de tracción y una carrocería, tenemos entonces una nueva entidad con propiedades que no obedecen a la suma de propiedades que tenían los diferentes subsistemas que lo integran. Emerge una nueva entidad que denominamos “coche”. Este nuevo sistema es capaz de moverse y desplazarse a una respetable velocidad, sí se introduce en él algún sistema de mando y control programado con objetivo final, esto es, bien un ordenador autoguiado, un robot, o algo más sencillo, un ser humano que sepa conducir. Entonces, y sólo entonces, tenemos un sistema completo que denominamos “automóvil”. Ver las cosas de este modo es lo que se denomina “pensamiento sistémico.

Asociando esta explicación al conocido ejemplo que Emilio Carrillo pone al hablar del coche y conductor, en relación al ser humano, el coche es un sistema “preparado” para cumplir su función, a falta de que le sea incorporado un sistema de mando y control, con voluntad propia. Este es el conductor. Sin él, el coche es un sistema inerte, sin capacidad de realizar la función para la que está diseñado. Es decir, no solo hace falta la materia perfectamente estructurada. Hace falta información que proceda de un sistema de mando y de control.

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Autor: José Alfonso Delgado (Doctor en Medicina especializado en Gestión Sanitaria y
en Teoría de Sistemas) (joseadelgado54@gmail.com)
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La publicación de las diferentes entregas de Visión sistémica del mundo se realiza en
este blog, en el contexto del Proyecto Consciencia y Sociedad Distópica, todos los lunes
desde el 20 de enero de 2020.
Se puede tener información detallada sobre los objetivos y contenidos de tal Proyecto
por medio de su web: http://sociedaddistopica.com/
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