Agenda completa de actividades presenciales y online de Emilio Carrillo para el Curso 2024-2025

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29/6/20

Límites a la viabilidad (Visión sistémica del mundo: 24)


 Sobrepasamiento

Donella Meadows en su libro Más allá de los límites al crecimiento  introduce el término “sobrepasamiento” (overshoot) como expresión de ir más allá de los límites de viabilidad inadvertidamente, sin habérselo propuesto. Los accidentes de tráfico son un claro ejemplo de cómo una excesiva velocidad hace que inadvertidamente se cruce el umbral de velocidad más allá del cual el coche queda fuera de control ante un imprevisto, que de producirse (y se produce), conducen inevitablemente a la colisión.
Según Meadows el sobrepasamiento se produce en tres fases, primero hay un crecimiento rápido, después surge alguna barrera o límite, más allá del cual el movimiento debería cesar o ralentizarse. Pero en una tercera fase de acomodación a esta dinámica, bien por distracción o por subestima de los riesgos potenciales frente a los inmediatos beneficios, hace que se confíe en que “no pasa nada”. Y así es durante mucho tiempo, hasta que se cruza el umbral de viabilidad, y súbitamente se produce el colapso. La causa de este problema es la falta de vigilancia de las variables críticas que deberían estar bajo control.
Hemos analizado en entregas anteriores cómo cualquier ser se mantiene vivo gracias a que alcanza y mantiene el denominado estado estable (steady state), en biología “homeostasis”, por el cual, las variables vitales (inapropiadamente denominadas “constantes vitales”) se mantienen dentro de límites gracias a una estabilización del intercambio de materia, energía e información entre el sistema y su entorno. Las variables críticas se mantienen dentro de límites, más allá de los cuales, se produce la muerte.
Las variables en biología, y por extensión, en sociología, economía y organizaciones humanas, sólo se pueden comportar de tres formas compatibles con la vida:
1.- Estable, sin variación. (Muy raro en la naturaleza, dado que las funciones lineales prácticamente no existen, así como no suele darse el crecimiento lineal positivo o negativo)
2.- Con fluctuaciones periódicas y comportamiento básicamente sigmoidal. (Es la forma normal de estabilidad en la naturaleza, lo que implica la existencia de ciclos compensadores de feed back negativo y respuestas a estímulos con un cierto nivel de retardo)
3.- Incrementando su valor hasta alcanzar un nivel superior o inferior asintóticamente estable. (límites al crecimiento).
Cuando el comportamiento pasa a función exponencial, tanto positiva como negativa, el límite se cruzará más tarde o más temprano, en ausencia de acciones correctoras.
Mientras los límites en la Naturaleza no son negociables por el hombre, en las organizaciones humanas los límites son subjetivos, sujetos a normativa propia. Aunque hay situaciones que no son negociables como la situación de quiebra técnica en términos contables, al menos en el sector privado.
Estos ascensos exponenciales y estos descensos exponenciales necesariamente en algún momento cruzan el umbral de la viabilidad.
El gran problema que plantea el crecimiento exponencial es que los efectos del sobrepasamiento aparecen de repente, de forma rápida y además drástica. Cuando cruzamos el límite del overshoot, el sistema explota como un globo, se desploma sin más ante los atónitos ojos de las personas que pensaban que “no pasaba nada”.
Puede incluso existir una sensación de crecimiento ilimitado, en la medida que nuestro horizonte temporal no acierta a vislumbrar los límites. Es decir, si vemos la representación de una función exponencial, con coeficiente 0.05, en las primeras unidades de tiempo, apenas hay un crecimiento entre 1.8 y 2.0. Supongamos que este es un intervalo como de diez años. Nadie imaginaría que en t=60 el valor de la variable será, de seguir las cosas así, de 20. Ni que en t=100 llegue a 160.
Adrian Berri en su libro, “Los próximos diez mil años” ilustra este tema diciendo que, a principios de siglo, todo el presupuesto de Estados Unidos no alcanzaba a tener el dinero para comprar un solo avión Boeing 747. Que nuestro horizonte temporal sea tan corto (cinco a diez años) que no alcancemos a ver ni a imaginarnos un escenario a cien años (cien unidades de tiempo), no significa que la función no sea exponencial.
Podemos concluir que, como en todas las facetas de la vida, nada es blanco o negro, sino gris. A los efectos beneficiosos del crecimiento que inducen los bucles reforzadores (feed back positivos), nos enfrentamos a los peligros del disparo exponencial que realmente hacen que podamos “morir de éxito”. Si la explotación pesquera de los mares crece de modo indefinido, más tarde o más temprano la pesca quedará tan lesionada que será imposible el ciclo reproductor de los peces. Terminaremos quedándonos sin pesca.
Pero es que, casualmente, ahora, en los años 2015 en adelante hasta hoy, la opinión pública, “de repente”, está viendo asombrada, cómo actitudes de consumo “normales”, de toda la vida, están haciendo que salten “todas las alarmas” que advierten de, los microplásticos, de la sexta gran extinción de millones de especies, del calentamiento global, del consumo extremo de ropa contaminante del medio ambiente, de la necesidad urgente de energías renovables etc., con lo que, de súbito, todas nuestras costumbres de consumo de toda la vida, son nocivas para el medio ambiente. En la opinión pública, ayer (es decir, en 2015) eran “normales” y ahora, 2020, son nocivas. ¿Por qué este cambio “de repente”? Porque las funciones de consumo, que siempre han sido exponenciales, ahora muestran su cara más dramática y nos sitúan directamente en el “límite de nuestra propia viabilidad como especie
La solución al problema que provocan los bucles reforzadores puede venir por dos vías, la primera de modo consciente y la segunda de modo inconsciente.
Volvamos al ejemplo del llenado del vaso de agua.
En el primer caso, llenamos el vaso, controlando su nivel. La acción depende del nivel y del objetivo de llenado. Se alcanza el llenado (1000) en este caso en 81 segundos, al ritmo de llenado que nos hemos marcado.
En el segundo caso, si el proceso de llenado no estuviese controlado por nosotros, lógicamente el flujo sería constante, y el vaso se llenaría y rebosaría. Nadie cerraría el grifo. Pero lo peor sucede si se introduce un dispositivo de llenado que depende exclusivamente del nivel previo. Puede parecer inicialmente que el llenado es más lento, pues en el momento 130, el llenado está a nivel 410, pero veinte segundos más ya ha alcanzado el nivel 1043. Pero resulta que 10 segundos más, el nivel supera los 1600. Es decir, si no existe control, aparentemente puede que nos creamos que todo va bien, pero de repente, todo explosiona y el sistema rebosa, sobrepasa sus posibilidades de viabilidad.

Bucles compensadores

El bucle compensador se corresponde con la realimentación negativa. Lo que subyace en este caso es la existencia de un límite, de una meta; bien una meta implícita, inconsciente, bien una meta explícita (objetivo final).
En el ejemplo del crecimiento demográfico, todos sabemos que la población no puede crecer indefinidamente, porque más tarde o más temprano, los recursos alimentarios se agotarán, entonces comenzará la mortandad de la población, y comenzará la fase de declive. Esto significa que, si nadie hace nada, la Naturaleza tomará el mando, y regulará la población por la fuerza de los hechos, tal y como veremos cuando tratemos el comportamiento sistémico que subyació en la tragedia de la desaparición de la cultura maya.
Es decir, en el mundo real, los bucles reforzadores que tienden a impulsar el crecimiento, se ven de una forma o de otra frenados por elementos limitadores.
La representación gráfica del ciclo compensador aplicado a la población, es un bucle de segundo orden de este aspecto.
Podemos observar cómo, en caso de que estuviésemos ante una comunidad totalmente parásita, que sólo se dedica a comer, pero no a producir, la población crecería hasta llegar a agotar todos los recursos. A partir de entonces, descendería, bien por mortandad, bien por emigración hacia otras zonas, caso de los mayas.
Es decir, el crecimiento, inicialmente exponencial de la población (hasta la unidad de tiempo 15, la curva era exponencial “y = 95.743e0.08x “), comienza a suavizarse, hasta comenzar a decrecer por efecto del factor compensador del agotamiento de los recursos.
Si la población fuese algo más trabajadora, y tratara de producir alimentos, el panorama sería completamente diferente, estabilizándose tanto el crecimiento como la producción.
Los bucles compensadores se oponen al cambio, pero consiguen mantener el sistema en estado estable. La denominación de bucle de realimentación negativa no tiene un cariz “negativo” en el sentido de perjudicial, sino que representa todos los mecanismos compensadores que tratan de mantener al sistema dentro de límites, lo que es absolutamente necesario si el sistema pretende sobrevivir.
Se suele asemejar los bucles de realimentación positiva al efecto bola de nieve, y los bucles de realimentación negativa a una balanza,
Se puede decir que los bucles compensadores persiguen un objetivo, la estabilidad.
La Naturaleza es prolija en ejemplos sobre el uso de los bucles compensadores. Es el caso de la competencia entre especies descrita por Volterra en sus famosos modelos de simulación que vimos al tratar el tema de los comensales y depredadores. Zorros que se mantienen y se multiplican gracias a la población de conejos. Pero cuando hay muchos zorros, escasean los conejos, y los zorros comienzan a morirse de hambre.
Los ciclos compensadores provocan la resistencia al cambio y, por consiguiente, imprimen estabilidad al sistema. Marcan límites al crecimiento, que, según vimos, contrarrestan el peligro de un crecimiento o caída acelerada que daría al traste con la viabilidad del sistema. Pero en el otro extremo tienen un efecto en cierto modo paralizante, que lo veremos más evidente al tratar la cuestión de los límites al crecimiento.
Este dilema crecimiento – estabilidad se da siempre en la Naturaleza. Por ejemplo, el organismo humano, los mamíferos en general, dispone de dos sistemas nerviosos vegetativos, el sistema simpático que básicamente tiende a acelerar las funciones vitales y el sistema parasimpático que básicamente las frena (en realidad, según qué funciones, el simpático acelera unas y frena otras, y el parasimpático al revés). Esto demuestra que la estabilidad en los sistemas abiertos se consigue mediante un balance muy delicado entre las fuerzas aceleradoras que impulsan el crecimiento y las compensadoras que imponen un límite. Volvemos a la omnipresente ley de fuerzas antagónicas.
En las organizaciones humanas, los bucles compensadores tienen un efecto no deseable, la “proalimentación”. Cuando nos tememos que algo no va a salir bien, probablemente terminará no saliendo bien. Las esperanzas, miedos y convicciones respecto de nuestro futuro, hace que éste al final, de modo premonitorio termine siendo así.
Decía un empresario que conocí hace algunos años, que cuando él se enfrentaba ante un problema técnico francamente difícil, no se lo encomendaba a los expertos ingenieros seniors, sino a los jóvenes ingenieros recién salidos de la Escuela. Los ingenieros experimentados, justamente debido a su experiencia, antes de intentar resolver el problema, ya vaticinaban que sería casi imposible solucionarlo, y que no merecía la pena intentarlo, cuando ellos mismos ya lo habían hecho y fracasaron. Por contra, el ingeniero joven, que salía de la Escuela como un toro joven sale del toril, que además tiene que hacer méritos para progresar en la empresa, trataría de abordar el problema, incluso con abordajes imaginativos y poco ortodoxos. Si no lo consigue – me decía el empresario -, no importa, de sobra sé yo que es un problema difícil, pero ¿y si lo consigue? De ahí viene el refrán que dice: “¡Lo conseguimos, porque cuando comenzamos no sabíamos que era imposible!”
La proalimentación que genera la experiencia, la sabiduría sobre las cosas, tiene por tanto un doble efecto curioso, por una parte, da gran conocimiento para enfrentarse a los problemas, pero también frena y amortigua iniciativas audaces.
También la proalimentación tiene un interesante efecto social. Cuando se avisa que va a escasear un determinado producto de consumo de primera necesidad (pan, gasolina, carne...) se suele producir un efecto de alarma social que hace que todo el mundo, por si acaso acapare estos bienes en su despensa; lo vemos ahora con la pandemia de CoVid19. Al final, las tiendas se vacían, no porque haya escasez, sino por el pánico que la noticia provoca. Ningún banco, por ejemplo, tiene fondos para que todos sus clientes retiren su dinero a la vez. El fondo de garantía de depósito bancario, obliga a los bancos a tener un determinado porcentaje de liquidez de sus activos, un 17%, por ejemplo. Si ante la noticia de insolvencia de un banco la gente se asusta y trata de retirar sus fondos, descubriría con pavor que el banco es efectivamente insolvente, pero eso no le pasaría al banco bajo sospecha, sino a todos. Es decir, que las sospechas y el miedo hace que dichas sospechas sean reales por efecto del miedo.
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Autor: José Alfonso Delgado (Doctor en Medicina especializado en Gestión Sanitaria y
en Teoría de Sistemas) (joseadelgado54@gmail.com)
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La publicación de las diferentes entregas de Visión sistémica del mundo se realiza en
este blog, en el contexto del Proyecto Consciencia y Sociedad Distópica, todos los lunes
desde el 20 de enero de 2020.
Se puede tener información detallada sobre los objetivos y contenidos de tal Proyecto
por medio de su web: http://sociedaddistopica.com/
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