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12/4/20

Consciencia activa aquí y ahora (Enseñanzas Teosóficas: 165)


           Eduardo Weaber, Director de la revista Sophia y de la Editora Teosófica de Brasil, compartía lo siguiente en 2013:

“Vivimos en tiempos de transición. Varios místicos afirman que estamos presenciando el final de una era y el principio de otra”.

Estos momentos de cambio están siempre acompañados de mucha turbulencia.

La vieja civilización agonizante aún no murió, pero ya no refleja las aspiraciones de los seres humanos; en tanto que la nueva civilización está aún siendo concebida, aún se encuentra en estado embrionario.

En este cuadro, los seres humanos se sienten como si el suelo donde pisan se estuviese resquebrajando, dejamos de tener referencias y certezas.

La crisis ambiental, climática y existencial alcanza a todos.

Asistimos a un incremento de la violencia contra el ser humano, contra los animales y contra la naturaleza”.

En la misma tónica he seleccionado este pequeño espacio:

Una enorme batalla entre lo viejo y lo nuevo está teniendo lugar dentro de la consciencia del ser humano.

A medida que cada uno pasa por este inmenso purgatorio de enfrentar sus demonios internos y hacer espacio para lo nuevo, el cuerpo se ve afectado por los movimientos de la consciencia.

El ser humano ha sido hipnotizado por los sistemas de creencias colectivos y la energía esclavizante que rodea la Tierra.

Los viejos patrones del pensamiento están dando lugar y espacio a la transformación de lo nuevo.

Dejar de luchar, de resistirse al cambio, es simplemente liberar el pasado.

Soltar el esfuerzo.

Dejar fluir la sutil inspiración.

Al hilo de todo lo cual, Eckhart. Tolle, en Todos los Seres vivos somos uno, con un gran sentido práctico y de necesidad actual, nos dice:

“La acción despierta es la armonización de tu propósito exterior –lo que haces– con tu propósito interno: despertar y mantenerte despierto.

Mediante la acción despierta, te haces uno con el propósito de partida del universo.

La consciencia fluye a través de ti hacia este mundo. Fluye en tus pensamientos y los inspira.

Fluye en lo que haces, lo guía y le da poder”.

        A lo que se puede sumar lo compartido por Krishnamurti, el gran revolucionario del siglo XX en el campo de la consciencia, en una recopilación de sus charlas entre 1945 y 1946:

“Para comprender, la mente debe morar en lo profundo, pero también debe saber cuándo mantener una alerta pasiva. Sería insensato y desequilibrado quedarse en un agujero sin utilizar el poder recuperador y sanador de la pasividad.

Buscamos, analizamos, nos observamos, pero se trata de un proceso de conflicto y de dolor, no hay ninguna alegría en ello porque juzgamos, o justificamos, o comparamos.

No hay momentos de consciencia silenciosa, de neutralidad imparcial.

Es precisamente esta consciencia imparcial, esta neutralidad creativa, lo que resulta mucho más esencial que la auto-observación e investigación.

Al igual que los campos que se cultivan, siembran, cosechan y se les deja en barbecho, también nosotros debemos vivir las cuatro estaciones en un día.

Si cultiváis, sembráis y cosecháis sin dar descanso a la tierra, ésta no tardará en ser improductiva.

El periodo de barbecho es tan esencial como la labranza; cuando la tierra descansa, los vientos, las lluvias y el sol la nutren de productividad creativa y así se renueva a sí misma.

De igual manera, la mente - corazón debe permanecer silente, en una alerta pasiva tras el esfuerzo, a fin de renovarse a sí misma”.             

Y un gran Presidente de la Sociedad Teosófica, que fue Sri Ram, en su obra Pensamientos para Aspirantes, nos dice acerca de esa Verdad interna que tanto necesitamos conocer:

“Antes de que podamos percibir en nuestros corazones la Verdad que brota de la parte más profunda de nosotros mismos, hemos de estar preparados por una purificación, por un bautismo, no simplemente de agua, sino también de fuego.

¿Será esta la etapa o proceso que estamos atravesando?

La Verdad pertenece a la vida, como los hechos pertenecen a la forma.

Cuando la naturaleza esencial de la Vida está perfectamente expresada en la forma de la cual se reviste, la forma se convierte en la forma de la Verdad.

¿Será ese fluir profundo lo que estamos necesitando y hacia lo que estamos ineludiblemente abocados?

La Verdad es una “tierra sin senderos” porque la intuición no tiene senderos.

Verdad, bondad y belleza se sostienen o se derrumban juntas. Por lo tanto, una prueba de la Verdad es la bondad; otra es la belleza.

¿Pistas que nos llevan a esa verdad profunda en nosotros mismos?

Cuando la Verdad es el centro de la propia existencia y el Amor irradia desde allí, todas las cosas son comprendidas y alcanzadas, porque los rayos de la Verdad se extienden por todas partes.

La Verdad es infinita y a medida que profundicemos más en ella, encontraremos todavía mayores honduras, más amplias latitudes y dimensiones siempre nuevas.

La Verdad que buscamos debe llenar por completo nuestra existencia y debe filtrarse a través de cada expresión de nosotros mismos, en los pensamientos, en los sentimientos y en los actos.

Lo que te absorbe en tu interior es la Verdad de tu ser.

Lo que seas y lo que hagas debe brotar de esa Verdad y debe quedar patentizado por ella”.

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Autor: Miguel Martínez de Paz (Ha sido Presidente de la Rama Hesperia de
Madrid de la Sociedad Teosófica Española)
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Las Enseñanzas Teosóficas se publican en este blog cada domingo, desde el
19 de febrero de 2017
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