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Autor: Sergio
Marina y Marian Nomen
Fuente: https://sergiomarina.com/
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«De nada nos serviría haber nacido si no hubiéramos sido rescatados»
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Autor: Sergio
Marina y Marian Nomen
Fuente: https://sergiomarina.com/
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Requería un gran esfuerzo ser sincero consigo mismo; reconocer el problema destapado. Sabía que nada de lo que se le mostró desde la llegada a éste, ya, entrañable, mundo le había perjudicado. Es más, todo contribuyó, de sobremanera, en un evolucionar maravilloso donde encontró placer, satisfacción, alegría y grandes dosis de felicidad. Pero reconocer el tema del resentimiento le podía e imponía.
¿Sería ese el escollo
tan boceado? Saltó penetrando con estruendo en el interior de la cabaña. Su
actitud no sorprendía en modo alguno a la radiante y, cada vez más sugerente,
figura que le esperaba sentada en una silla junto a la mesa. Eso le gustó. Ella
podía contener las emociones derramando tranquilidad, silenciando el grito,
apaciguando el temperamento excitado.
- Dime una cosa Pal: ¿Es esto del
resentimiento mi escollo? – manifestó calculando que al fin podría soltarlo de
una vez.
- Si lo fuese, lo sabrías. Si lo fuese no
podrías volar o dejarías de hacerlo al instante. Cuando tropieces con él, lo
reconocerás inmediatamente – contestaba pausadamente, con temple, procurando
que cada una de sus frases quedase gravada al igual que la tinta indeleble.
Jano tomó asiento. Dar
la vuelta ante tan desilusionada respuesta no era una opción; sí, en cambio,
afrontar con rigor y valor lo que siguiera. Quería, cuanto antes, volver al
aire, y sabía que no podía hacerlo si antes no aplicaba correctamente la quinta
norma. Se dejaría conducir. Le dolería, pero mayor dolor albergaba la
imposibilidad de quedarse en tierra observando cómo los demás sí volaban.
- De acuerdo Pal. Dispara: ¿Qué tengo que
hacer?
- Antes de seguir, he de saber si realmente
entiendes lo que es tener resentimiento; de nada valdría continuar sobre una
base aceitosa.
- Entiendo por resentimiento… – respondía de
súbito, mascullando sin ganas, con el estómago retorcido – el sentimiento que
se posee y experimenta al verse agraviado, insultado, menospreciado... El odio
hacia las personas que te han herido, molestado, vejado o maltratado… El
malestar que tienes contra personas que no te aceptan como eres… El temor a que
la vida siga haciendo de las suyas, propinando patadas y coces donde más duele…
Resentimiento es también la gana de venganza…– concluyó dolorido.
Con ello, estaba
reconociendo todo el lastre almacenado durante muchos años. Darlo a conocer, a
su instructora, suponía un esfuerzo titánico. Estaba, como nunca lo había
hecho, desnudando toda su alma. Y lo hacia ante una mujer; eso, le irritaba y
molestaba. Esto era su mayor pesar: reconocer que ella era superior a él. De
hecho, cuestión que Pal adivinó desde que le conoció, que uno de sus mayores y
actuales pesares consistía en sentirse “humillado” al ser instruido por una
mujer. Era algo que todavía no había digerido al cien por cien.
- Lo has definido bien, muy bien. No obstante,
ahora has de proceder a resolver. Todo
ese resentimiento hay que evacuarlo, como se hace al drenar los
depósitos de combustible con el agua. Y
entiende bien esto: la única… repito, la única forma es perdonando.
Al ver cómo volvía a ocultar su cara tras sus manos, realizó una
pausa. Quería contemplar todas sus facciones antes de continuar.
- ¿Cómo quieres que perdones a quienes
tanto mal me han provocado? Es injusto lo que pides. Muy injusto – clamaba
sollozando. Triste.
- ¿Quieres poder, insisto y me reitero, poder para volver a volar?
- Es lo que más deseo – contestó Jano a cara
descubierta, con los ojos rojos, a punto de lagrimar – Tú eres piloto, y bien
lo sabes; ese es el deseo más ferviente que tenemos.
- Entonces no queda otro remedio. Has de perdonar todo aquello que te hayan
hecho. Cualquier circunstancia por la que sientas pesar y odio. Es la manera de
comenzar a liberarte del lastre. Para ello tienes aquí estos folios –
indicaba desplazándolos hasta su altura –. Escribe
relatando cada acontecimiento donde albergaste cualquiera de las siguientes
sensaciones: pesar, enojo, tristeza, odio y rencor; y aquellas heridas
procedentes del rechazo, el abandono, la traición, la injusticia y la
difamación. Has de hacerlo de la siguiente forma: enuncia brevemente, a modo de
título, el suceso; luego, describe qué es lo que realmente ocurrió con detalle,
pero sucintamente; no es necesario entrar a describir con todo lujo de
adjetivos y pormenores. Centra la acción: las causas originarias y los efectos
desparramados. Por último, has de mencionar que perdonas y olvidas con absoluta
sinceridad a quienes te infringieron tales circunstancias.
- ¿Cómo? ¿Olvidar? ¡Eso sí que no! Eso no se
puede hacer. Se puede perdonar, te lo admito, pero olvidar es imposible; eso
jamás – expuso con rabia.
- Ese
“jamás” encierra aún más odio que todo el resentimiento que le acontece.
Escucha Jano. ¡Mírame! – Tuvo que mencionar con fuerza reclamando su atención
perdida en alguna vendetta de su pasado –.
Si quieres, como te he dicho antes, poder volver a volar sólo tienes una
opción: perdonar, es la única alternativa; el único camino a la liberación. Y
para perdonar, es necesario tener en cuenta dos cuestiones principales:
primera, que no es posible perdonar sin olvidar, porque si no se olvida, se vuelve
a condensar con el tiempo el mismo caldo de cultivo; el agua aparece de nuevo
en tus depósitos; si no olvidas, seguirás siendo el efecto de los demás; si no
olvidas haciendo borrón y cuenta nueva, no perdonarás, tan sólo limpiarás sin
eliminar, sin purificar. Podrás recordarlo, pero el olvido es no volver a tener
los hechos en consideración, nunca más. Segundo: perdonar es comprender que
quien nos ofende, o molesta, o critica, o nos hace lo que sea, no tiene el
mismo grado de entendimiento y conciencia que nosotros, porque si lo tuviera no
lo haría, dado que, lo que haces a otros de alguna manera te lo haces a ti, al
Ser Todos Uno. ¿Acaso te vas a
ofender porque una hormiga cruce delante de ti? – Reclamaba sin esperar asentimiento
–. De igual modo, has de aplicar. ¿Captado?
Un semblante roto y
estupefacto contestó sin palabras. Parecía un dibujo desmembrado por el
conocimiento y la lógica. Los argumentos expuestos destrozaban cualquier otro
inconveniente que pudiera surgir para contrarrestar. Éste pensamiento, casi
vengativo, fue captado por la mente de Pal.
- Quiero que entiendas que no has de luchar
contra mí. No soy el objetivo. El
resentimiento está en ti. Todo ese odio y malestar que experimentas, a la única
persona a la que le hace daño es a ti. Tu dolor, tu pesar, tu odio, tu
venganza, sólo te incumben a ti, sólo enturbian a tu Ser, no a mí ni a otros. Entiéndelo. Libérate de él para que podamos irnos
a volar juntos. A mí tampoco me gusta estar en tierra mucho tiempo.
- ¿Qué es lo que pretendes que haga con
exactitud? – cuestionó Jano con tono pendenciero.
Ella captó lo poco que
faltaba para que perdiera el control. Eso sería contraproducente. Tendría que
calmarlo.
- ¡Mírame Jano! Cuando pasé por este
momento, puedo asegurarte que fue como pasar una y otra vez por el infierno que
vivencié. ¿Sabes lo que supone perdonar a quien abusó de mi cuando era una
niña? ¿Puedes imaginarte el esfuerzo que hice parar sacar de mi interior todo
el odio y las ansias de venganzas sembradas contra aquella persona? ¿Puedes
entender que ese hombre, mi progenitor, quien tenía que protegerme, sólo era un
pobre infeliz lleno de amargura y odio, un cobarde, un egocéntrico, un miedoso
y timorato, un ser maltratado, que no entendía el sentido de la vida si no era
procediendo de la misma forma en que actuaron contra él? Cuando pude entender
todo eso, perdonar y olvidar, se tornó en algo de fácil puesta en práctica.
Dejé de compadecerme, de sentirme mal conmigo misma, de sentir asco por mi
cuerpo, de sentirme la culpable. Me liberé, empecé a volar y a ser feliz. ¿Has
tenido que pasar por algo tan mezquino como esto, como para no ser capaz de
perdonar olvidando y comprendiendo? Libérate del producto de lo que te
hicieron. De seguir así, eres el efecto de esas acciones y no la causa de las
propias. ¿Lo captas ahora?
Y tanto que estaba
captado. Le acababan de dar una lección magistral. No podía decir nada.
Compungido y petrificado delante del montón de folios en blanco estaba decidido
a hacerlo; aunque preferiría quedarse a solas, cuestión solicitada con su
pensamiento, sabedor de ser leído por su interlocutora.
- Bien Jano. Llevaré el DC-
Fuera, la ignición de
los motores de pistones se manifestó como el crepitar rugiente de un fuego
fulgurante. Sintió el recorrer suave sobre la pista que él tan magníficamente
construyó sólo con el poder de su pensamiento durante la segunda noche que pasó
en Ís. El orgullo agradable de su creación invadía confortando su doliente
espíritu. Al menos pudo contribuir al desarrollo de algo bueno. Ahora, debería
continuar con el aprendizaje. Las ganas de volver a despegar con el 104 para
ser feliz volando, pilotando, impulsaron un frenético garabateo.
El reloj de cuco anunció
las doce. Llevaba unas dos horas escribiendo, relatando cada acontecimiento por
el que había sentido pesar, odio, venganza... Cierta ligereza se experimentaba
en su esencia. Un esbozo de aliento en sus labios, declaraban el recorrido por
un sendero que quería prorrumpir en una sonrisa. ¡Aquello funcionaba! Con cada
nuevo pormenor soltado, notaba más limpieza interior; paz y sosiego. Desconocía
cuantos folios había usado, pero presentía que los que quedaban no serían
suficientes. Continuó animado.
El cuco advirtió el paso
de otros sesenta minutos repletos de tinta esparcida con exabruptos y
pestilencias que habían corroído su pasado.
Quedaban exiguos
instantes para que el reloj avisara con su cántico. Ya no sabía qué espetar
sobre el último papel que quedaba sobre la mesa sin manchar. Esperó hasta que
el pájaro abriendo sus puertas indicara lo que para él suponía el final del
ejercicio. Había realizado un repaso de introspección muy sincero. No quedaba
nada dentro que perdonar, olvidar y comprender. Terminó de drenar sus
depósitos. Un sentir pleno y feliz invadía la habitación. Lo decidió. Sí,
podría hacerlo. Saltó de la silla lanzado por el bienestar que le contenía. El
Starfigther esperaba.
El motor inició la
combustión. Todos los indicadores del cuadro de mando reflejaban normalidad.
Supuso que era su propio reflejo interno, al menos eso fue lo que Pal mencionó.
Cerró la cúpula. Introdujo gases conduciendo el reactor hasta el comienzo de la
uno cuatro. Apuntó el morro al centro de la línea. Una última visualización
reiteró el perfecto funcionamiento de todo el aparato: El interruptor del
paracaídas de frenado abierto. Prudencia, ante todo. Podía fallar. Este avión
no podría dejarse caer en el vacío tras el final de la pista. Con sus cortas
alas y sin una buena velocidad, un picado en tan poco espacio no aumentaría la
sustentación que se requería. O despegaba a la primera o en el punto de no retorno
tendría que abortar. La confianza llenaba su ánimo. La seguridad en sus
posibilidades crecía por instantes.
La palanca de gases se
hundió hasta alcanzar el final de su recorrido quedando aprisionada con fuerza.
Esperó unos segundos. Quería provocar el efecto cohete al tener los frenos
bloqueados. Todo el 104 quejaba el empuje sin movimiento de avance. El morro
ligeramente bajado por el chorro de impulsión que el posquemador producía.
Contó hasta quince: – ¡frenos fuera! – se dijo en voz alta. La proa se elevó
ligeramente ante el patadón de los gases bramando en su salida por la popa. La
carrera empezaba. El anemómetro mostraba el incremento sustancioso de
velocidad. De igual forma, los metros usados iban quedando, desgraciadamente,
atrás. Tendría que haber diseñado una plataforma de despegue más larga; ello
hubiera contribuido a un incremento de seguridad. Los cien nudos quedaron
clavados en sus ojos. Tendría que subir más la velocidad.
- ¡Dame diez nudos más, ya! – gritó al
avión.
De pronto aparecieron reflejados. Lo
consiguió, pero demasiado tarde: el punto de no retorno acababa de ser
sobrepasado. No podría despegar, y si lo hacía, sería a duras penas. Sin
dilación ni dudar, retiró gases, frenó y soltó el paracaídas. Si la pista
hubiese seguido siendo de arena estaría derrapando como un todo terreno.
Gracias al asfalto las gomas bloqueadas por la fuerza aplicada apenas giraban;
iban deslizándose en un desgaste peligroso. Un reventón sería la debacle
indeseada. Evacuó presión en los frenos. La pista se acababa. El paracaídas ya
no era útil a esa velocidad sería peligroso llevarlo colgado en la cola al dar
la vuelta sobre sus pasos hasta el estacionamiento: Salió disparado por la
fuerza que aún mantenía el motor escupiéndolo hasta estamparse en la barandilla
del porche de su caseta. Por fin, y a escasos cincuenta metros del precipicio,
aquietó el potro salvaje que pretendía domar.
Lo inimaginable pasó por
su frontal. No podía, no quería creerlo. Un DC-3 raudo en un giro desafiante
dirigiendo su evolución al inicio de la uno cuatro anunciaba la evidentemente
llegada de Pal. Había sido descubierto en su fracaso. No podría ocultar su
error. Giró el 104 con suavidad: todo un vació allá abajo le esperaba si
equivocaba la maniobra. Lo sorprendente fue comprobar que el DC-3 iba camino de
tomar tierra. Estaban enfrentados, él al final de la pista, ella a punto de
posarse. Aquello constituía, bajo su sensato juicio, una temeridad. Aterrizar
sobre una pista que permanecía ocupada era todo un asalto a las normas más
elementales de seguridad y prudencia en vuelo, pese a que el bimotor pudiera
hacerlo en escasos doscientos metros.
Ella fue la primera en
abandonar su avión. Esperó con las manos en jarras hasta que su contrincante
puso un pie en tierra. Previamente él la provocó soltado un “¡¿Estás loca?!”,
mientras descendía a escasos metros de su posición. Pal sin inmutarse,
simulando enojo, ante la crítica y el recibido enjuiciamiento inapropiado,
impulsó un ataque con calculadas palabras. Incluso el momento de su aparición
fue premeditado. Este pilotillo debería concluir la lección antes del
anochecer, se propuso. No quería que pasara, como hizo ella, tres largas
jornadas descargando todo el pesar contenido, y la tremenda rabia que enmudeció
su Ser durante vidas repletas de tristeza y melancolía.
- ¿He oído bien? ¿Me has llamado loca? Eso
es una ofensa y un insulto; en definitiva una falta de respeto. Espero una
disculpa – indicó escabrosa.
- ¿Cómo? ¿Qué te pida perdón? Estás loca,
pero loca de verdad…
- ¡Otro vez insultando! – Cortó con rudeza –
¿Me vas a pedir perdón?
- Esto es el colmo. Estás a punto de provocar
una colisión entre dos aparatos y soy yo el que tiene que pedir perdón.
- Eres tú el que ha insultado. Me has
llamado loca.
- No, no. Pregunté si estabas loca, y eso no
es precisamente un insulto. Es una interrogante.
- Si quieres negar lo evidente, hazlo, pero
ha sido un insulto y espero una disculpa –
concluyó encaradamente; sopesándole.
El desafío manifiesto
con las poses gesticulares que adoptaron hizo enmudecer la enfervorizada
gresca. Sus miradas se disparaban. Ella aguantaba su risa: estaba conduciéndolo
por el jardín en el que su impetuosidad, vehemencia y el resentimiento aún
latente, le habían metido. Jano con los ojos algo desorbitados rozaba la
erupción del rencor, pero lo percibió al instante: recapacitó. Dio marcha atrás
a medio gas y cedió, sin conceder.
- Lo siento locuela – pronunció apesadumbrado
– ¿Me perdonas?
Pal, con la gracia y
soltura de un felino, saltó y se enganchó a sus hombros con las manos y a la
cintura con los pies, soltando un beso espléndido en la mejilla izquierda, acto
que aprovechó él para asirla por sus posaderas.
-
Pues claro que perdono. Eso es una de las cosas más maravillosas que
puedes otorgar. Perdonar es magnífico. Se encuentra paz y libertad en la
acción. Pero no es necesario que te aproveches sobándome – sugerencia que acató
con rapidez abriendo sus brazos, poniéndolos en alto –: Sé agarrarme solita,
pilotillo.
Apretó más sus piernas,
descolgando el resto del cuerpo hasta que sus manos atenazadas se apoyaron en
la nuca de Jano. Desde allí le miró sonriente.
- Siempre
te perdonaré. ¿Sabes por qué? – Negó él con la cabeza –. Muy sencillo
Cadete, porque no dejo que tus causas y/o
efectos o, los de los demás me afecten. Procuro ser la causa de mis
circunstancias, de mí Ser. Procuro Ser mi propio efecto estando en mí Ser.
Porque fundamentalmente eliminé todo el resentimiento, cosa que tú aún no has
hecho. – sentenció.
- ¿Cómo qué no? Me he pasado toda la mañana
haciéndolo.
Pal le estampó otro
sonoro beso a la vez que se soltaba dejándolo libre de su posesión.
- Efectivamente, es cierto. Pero sólo has
liberado una parte del resentimiento. Aún queda más… – dijo encaminándose a la cabaña.
- ¿Más… qué más?
Pal se volvió caminando
de espaldas, levantando su brazo derecho e indicando con el índice que le
siguiera.
- Vamos dentro, te lo explicaré.
Le invitó a sentarse
mientras ella sacaba algo del congelador y lo introducía en el microondas.
Entre los dos prepararon la mesa relatando el frustrado despegue y el
espectáculo observado desde el aire. Rieron forjando un ambiente relajado,
entrañable, amistoso, cálido y familiar, algo que él no recordaba disfrutar
desde hacía demasiado tiempo.
Tras la comida, siguió
el café humeante, negro y fuerte que tanto gustaba al alumno. Pal, instructora,
pero mujer en toda regla, sabía que, tras el almuerzo, con el estómago
satisfecho, podría obtener los mejores resultados. Sus expectativas eran altas.
Llego el momento una vez que recogieron los utensilios usados colocándolos en
el lavavajillas. Sólo el mantel, a cuadros azules y blancos, delataba el
reposar del almuerzo.
- Bien, Jano, ataquemos. Vamos a por otros restos del
resentimiento que quedan incrustados. Digamos que esta mañana has liberado una
gran parte, yo diría que la mayor pero no la más importante; la que peor
resultado aporta a priori. Has
perdonado todo aquello que fue hecho contra ti, las ofensas, los juicios, las
criticas… lo has olvidado y comprendido. Ahora hay que hacerlo desde el punto
de vista contrario. ¿Adivinas cuál
es?
- Con el lote de comida que me he regalado – dijo él –, no estoy para cavilar demasiado. Mi riego sanguíneo está inmerso
en la digestión, y mis neuronas andan algo caóticas, sin mucho oxígeno; así que
no me hagas forzar el intelecto. Dímelo tú, estoy seguro que estás deseando
hacerlo. Ya voy conociéndote – espetó resuelto y bromista.
Se equivocaba otra vez,
confirmó la esencia interna de Pal. Él siempre se creyó un experto en mujeres,
y evidentemente, así le iba su vida sentimental. Aún no había aprendido que a
una mujer nunca se le termina de conocer si no se accede a su Ser; pero eso no
formaba parte de la enseñanza del día.
- Te concedo el beneplácito. Pero no pienses
que es por algo que tú creas intuir, pilotillo. Ahora debes recorrer y examinar todas aquellas acciones que tú
provocaste con ofensas, calumnias, maltrato, vejaciones, juicios y condenas
realizadas a otros; todas las que recuerdes.
- ¿Cómo? ¿Qué? ¿Pero por quién me has
tomado? – Atacó vehemente.
- ¿Ves, Jano, acciones parecidas y similares a
ésta que acabas de tener…? – respondió ella contundentemente, sin dar lugar a
réplica. No se lo iba a consentir. Quería concluir, según su propósito, hoy, y
quedaba poco tiempo. – Por cierto, – continuó diciendo – no te he tomado por nada más que un Ser que está descubriendo las
reglas del juego, las normas del vuelo, las premisas para Ser feliz. No te
critico ni te juzgo, pero tú mismo has de reconocer que no has sido
precisamente un angelito. ¿O no es verdad? – concluyó levantándose.
Posdata:
En el artículo del día 1
de diciembre (Rojo octubre, peligroso noviembre y brillante diciembre.
III Parte) comuniqué que personalmente había recibido por psicografía una
serie de técnicas y procesos para aplicar en psicoterapia, que solucionaba el
80% de los problemas psicológicos del ser humano. La explicación resumida de
esta psicoterapia es que elimina el ego, te reconecta con tu alma (conecta la
Particularidad con la Singularidad) y tienes control emocional, siendo feliz en
tu vida actual; al mismo tiempo dije que lo había transferido a dos Almitas
maravillosas (psicólogas) que os los podía ofrecer mediante terapia, obvio que,
con remuneración, pues es su trabajo, y que además ellas lo harán, pues mis
tiempos están contados, para seguir en esa labor. No se trata de dar una
formación, sino de recibir terapia para quien lo necesite. Durante un tiempo os
habéis puesto en contacto conmigo para luego realizar el contacto con ellas
(Rosario y Yesenia), pero ahora ya podéis hacerlo de forma directa mediante su
correo profesional: terapia.psico2@gmail.com También podéis visitar su Web: http://www.psico2-internacional.es
Para las
actualizaciones de Todo Deéelij y preguntas sencillas: deeelij@gmail.com
Érase
una vez, Alfredo, un hombre normal y corriente. Murió, como mueren todas las
personas, y se vio delante De Dios, de Jesús en ese sublime acto de rendición
de cuentas que creemos es el juicio final. Y Jesús le hizo la suprema pregunta
que a todos nos pondrá en el filo de la navaja entre “dentro o fuera”. El
hombre en cuestión era muy tímido, y le imponía mucho el momento de verse ante
Su Majestad y ante ese decisivo trance de presentar las cuentas de la vida.
¿Alfredo, qué has hecho en la vida?
Ante
la pregunta, el pobre hombre no sabía qué contestar, porque tenía una pobre
imagen de sí mismo y, no era como esos grandes hombres que, realizan grandes obras
en favor de la humanidad, y son recordados como grandes benefactores o, como
Los Santos De la Iglesia, elevados a los altares por haber dado su vida a los
demás, muerto en el martirio, haber hecho milagros o haberse entregado a los
pobres y demás actos dignos del agrado de Dios. Él, en cambio, había sido una
simple persona de buen corazón que trató siempre de hacer el bien en las
pequeñas cosas de cada día, pero sin sacar los pies del plato. Jamás hizo nada
que mereciera la pena ser mencionado.
Yo,
Señor, humildemente me presento con las manos vacías, le susurró el hombre. No
sé qué te puedo decir, pues no he hecho otra cosa que trabajar para sacar a mi
familia adelante, tener mi casa con lo necesario, no he querido hacer mal a
nadie, pero tampoco soy consciente de haber hecho nada que merezca la pena, le
confesó el compungido señor, temiendo que su vida había sido un desperdicio,
que no había explotado sus talentos, que los había enterrado en tierra y tal
los había recibido, tal así se los daba.
Jesús
le miró emocionado, le sonrió y le dijo, mira, hijo mío, acompáñame a esta
sala, donde te voy a mostrar como ha sido tu vida, de verdad. Ambos, mientras
María les miraba preparando la comida, entraron en una estancia de la humilde
cada de Nazaret, y Jesús encendió algo parecido a una pantalla y comenzó
nuestro buen amigo a ver infinidad de escenas de su vida.
¿Te
acuerdas, cuando eras pequeño, de aquella tarde que ayudaste a Luis, tú
compañero de colegio, a repasar el examen de fin de curso? Gracias a esa tarde,
él aprobó el curso y pudo mantener la beca. Terminó sus estudios y logró
finalmente ser un buen técnico electricista. De no haber sido por ello, no
podría haber mantenido la beca, habría dejado de estudiar, tendría que haber
abandonado la casa de sus padres y se habría perdido en una vida arrastrada.
¿Te
acuerdas, cuando tenías quince años, que te diste cuenta de que un anciano iba
a cruzar esa calle y si no hubiera sido por ti, le habría atropellado ese coche
que apareció de repente? Pues ese anciano iba a acudir a un notario, para
firmar los papeles de su testamento, gracias a lo que la lucha que tenían los
hijos por esa finca se resolvió y no hubo mayor problema cuando el anciano
murió un mes después.
¿Te
acuerdas el favor que le hiciste a tu buen amigo Andrés al mirarle la presión
de los neumáticos del coche? Viste que estaban bajos y los inflaste. Eso evitó
un accidente que habría sido mortal.
¿Te
acuerdas, antes de morir, esa mirada de perdón que le acabas de echar a tu
hijo, al que no veías desde que os enfadasteis por aquel incidente hace siete
años y, por el que tú tanto has sufrido? Gracias a esa mirada, tú hijo ha
recapacitado y os ha pedido perdón a ambos y su madre, tú querida Ana, tú
esposa, va a poder dormir tranquila.
¿Te
acuerdas? ¿Te acuerdas? ¿Te acuerdas? Doscientos te acuerdas pasaron por la
película de su vida y, Alfredo, que recordó perfectamente todas y cada una de
las escenas que Jesús le puso ante sus ojos, no paraba de sorprenderse y,
llorando, ver cómo su vida no había sido tan inútil y simplona como él siempre
había pensado, porque sólo se había limitado a vivir el día a día, y le apenaba
mucho no haber participado en esas grandes obras, esos grandes proyectos de
vida que caracterizan a los grandes hombres y mujeres, por los que son
recordados como santos o benefactores de la humanidad. Si de algo se le podía
acusar a Alfredo, era de no haber visto más allá de sus narices y de no haber
sabido ser consciente de la trascendencia de sus actos, de haberlos considerado
actos indiferentes, sin consecuencias, que daba lo mismo hacer que no hacer,
porque eran fruto de la rutina de todos los días y, eso no es noticia, ni nadie
reparará en ellos.
¿Te
das cuenta de lo que ha sido tu vida? Le preguntó Jesús al terminar la
reproducción de la película de su vida. ¿Te das cuenta, hijo mío, de que tú
vida ha participado plenamente del Plan de mi Padre para vosotros? ¿Te das
cuenta de que tú has sido Luz del mundo y sal de la tierra?
Alfredo,
entre sorprendido y no dando crédito a lo que acababa de ver, se dio cuenta de
que gracias a su vida y a todos sus actos de buena voluntad, había colaborado,
sin saberlo, en hacer realidad las bifurcaciones De Dios, aquellos
momentos críticos de la historia de los hombres en los que la vida se puede
bifurcar en dos caminos, acaso diametralmente opuestos, donde los hombres
actuamos de guardagujas, para que el tren de la vida de las personas con las
que nos cruzamos en la vida, tome una dirección u otra.
Es
eso de dos vidas en un instante. Tomar un autobús o no tomarlo, estar en el
momento adecuado en el lugar adecuado, o no. Si nos damos cuenta, nuestra
propia vida es el resultado de aparentes casualidades que para que se
produzcan, muchas personas y circunstancias han tenido que converger para que
las cosas sucedan tal y como han sucedido, porque de no haber sido así, yo no
habría conocido a mi esposa, ni estaría trabajando en lo que ha sido mi medio
de vida, ni habría salido ileso de aquel accidente, ni, ni, ni…
La
cuestión es ver la vida como un inmenso plan De Dios, en el que todos
colaboramos como guardagujas del tren de la vida, aunque sea de un modo
infinitesimal, pero no por ello intrascendente. Es decir, cada acto de nuestra
vida es y puede ser un acontecimiento fundamental y de consecuencias
trascendentales en el devenir de la vida. Y sólo Dios es conocedor de esa trama
vital y puesto que nos ha concedido la libertad de elegir, esa trama es algo
que se va haciendo realidad con cada uno de nuestros actos, actos de los que no
somos conscientes de su trascendencia porque vivimos pensando en la
trascendencia que esos actos tienen para nosotros, para nuestros planes.
El
horizonte temporal de nuestros planes y su trascendencia para nosotros responde
al deseo de satisfacción inmediata, a corto plazo. Somos seres, habitualmente
instalados en la inmediatez, incapaces de saber esperar, de ver madurar
lentamente las ideas y los desarrollos. Dios piensa y responde al largo plazo,
hace que sucedan cosas ahora en base a las consecuencias que tendrán en el
futuro profundo, y eso, los humanos no logramos entenderlo, porque basamos la
felicidad en que el mundo y Dios nos haga felices ahora, que nuestros planes
salgan bien aquí y ahora. Quizás porque
vivimos el presente y tanto nuestro entendimiento, nuestra memoria y voluntad,
viven en el “carpe diem” del corto plazo, en el más vale el pájaro en mano.
Comprender,
entender, ser conscientes de este planteamiento es fundamental para saber
escuchar a Jesús.
El poder del ahora es el título del conocido libro de Eckhart Tole,
que se centra en darnos cuenta de que con lo único que contamos los humanos es
con el presente o, como diría (creo recordar) John Lenon, “el pasado ya no
existe, el futuro aún no es, sólo existe el ahora”. Y es verdad, vivimos en
el presente, pero también es verdad que tenemos memoria de lo pasado y
capacidad prospectiva para prever o imaginar el futuro. Pero nuestra memoria es
especial hábil para recordar los malos momentos, los desengaños, las mentiras y
el dolor, sobre todo ese “forgiven, but not forgotten” (perdono pero no
olvido). Pero todos sabemos que perdonar sin olvidar es bastante difícil. Y por
otro lado, tenemos imperiosa necesidad de proyectar el futuro, según nuestros
planes.
Y sin embargo, de siempre el “bástale a cada día su afán” ha
sido una sabia actitud en todas las grandes culturas, que en el extremo
desemboca en ese “no hagas nada para que nada quede sin hacer” del Tao
te King.
Con esto entramos en algo
que es capital en la Espiritualidad, el abandono a la Providencia. Ese, aún
teniendo planes, aceptar que la Providencia pueda desbaratarlos.
Dicen que los políticos son auténticos expertos en hacer las cosas
con segundas intenciones, en mover las fichas del ajedrez político con una
antelación de varios movimientos propios y del adversario. Y también nosotros
vivimos entre la rémora del recuerdo y la planificación enfocada al coste de
oportunidad, tanto cortoplacista como a largo plazo.
En el recuerdo, hemos de ser conscientes de que el perdón es, tal y
como refiere José Tolentino Mendoça, en su Teología de la lentitud, “una
decisión unilateral de esperanza”, tal y como hemos referido en la entrega
anterior sobre la confianza. Una decisión que nos libera de pesadas piedras que
nos metemos en el macuto y que, al llegar a la Cruz de Ferro, en el Alto de
Foncebadón (Camino de Santiago), deberíamos arrojar del macito y liberarnos de
ese peso inútil del rencor en el presente. Y en el futuro, si bien es lógico
una determinada previsión, estar siempre atentos a las bifurcaciones de Dios.
Cuando somos niños, no comprendemos en ocasiones el por qué del
comportamiento de nuestros padres. No alcanzamos a ver las repercusiones a
largo plazo de decisiones que a corto plazo van a fastidiar nuestros propios
planes. Recuerdo cómo nuestro hijo de un año y medio se desesperaba porque yo
no le asistí a socorrerle cuando inexplicablemente sus piernas y sus brazos se
habían enredado mientras jugaba, entre los palos de su silla y me pedía
auxilio. Yo no se lo presté y él lloraba, hasta que consiguió él solito
deshacerse de la silla, cosa que por supuesto, yo sabía que podía conseguir él
solito. Su expresión de victoria fue
clamorosa, seguido de un subidón de autoestima genial. Vaya este tierno ejemplo
para aquello de “quien bien te quiera, te hará llorar”, porque el
maestro sabe que sólo el discípulo adquirirá experiencia, vivenciando,
haciendo, luchando, pues sólo desde la experiencia logramos comprender el por
qué de las cosas. Es lo que diferencia al experto del principiante y por eso
aquellos son tan valorados por estos (se supone), aunque ahora vivimos en un
mundo plagados de principiantes sobradamente autoestimados, sobre todo en la
esfera política.
La vida nos enseña, a fuerza de enfrentarnos a muy diversos
problemas, que es compleja, que una de sus más inquietantes propiedades es su
“complejidad dinámica”, esa peculiaridad que hace que los acontecimientos no
suceden según nuestro corto entender, sino que las decisiones a corto plazo son
echadas por tierra con sucesos que sólo a largo plazo demuestran su complejo
devenir. La vida nos enseña que el suceder de los acontecimientos se fragua
mediante continuas decisiones, “bifurcaciones”, que sólo con una perspectiva a
largo plazo devienen en las correctas. Son los típicos movimientos de ajedrez de
los maestros, que sólo se entienden tras cinco o siete movimientos más allá.
Pues en el extremo, la vida humana, en su totalidad sólo es
comprensible desde la Divinidad, de modo que los miles o incluso millones de
pequeñas bifurcaciones que configuran la vida de cada cual, sólo se comprenden
echando la vista atrás y asombrándonos de cómo centenares de acontecimientos
absolutamente intrascendentes, fueron los resortes, los cambios de aguja del
tren de nuestra vida que se conjugaron para llevarnos a cada uno de nosotros al
“aquí y ahora” que somos.
El principio antrópico es un concepto cosmológico de Brandom
Carter, que dice que el Universo es como es gracias a que nosotros existimos o,
dicho de otra forma, si nosotros existimos y estamos aquí y ahora, es porque el
Universo es como es y ha evolucionado desde el Big Bang exactamente como lo ha
hecho.
Yo soy yo aquí y ahora, porque mi vida se ha desarrollado
exactamente de la forma como lo ha hecho; cualquier otro movimiento en mis
acontecimientos me habría llevado a un universo personal paralelo. Es más, los
hechos más trascendentales que determinan caminos absolutamente diferentes en
las personas son en esencia totalmente aleatorios. Por ejemplo, por qué me enamoré
de la chica que es ahora la madre de mis hijos. Ese encuentro fortuito, esa
casualidad es el origen, nada menos de mis tres hijos.
Es decir, esto nos conduce a dos actitudes ante la vida, a
reconocer que somos el producto de la ciega casualidad o que esas bifurcaciones
han estado providencialmente gestionadas por la divina Providencia. Esto en lo
relativo a nuestro pasado.
Pero en lo relativo a nuestro futuro, vemos que cada día, a cada
momento, sometidos como estamos a un permanente dilema “coste de oportunidad”,
hemos de elegir entre dos o a veces tres opciones de vida ¿qué carrera elijo?
o, de opciones inocentes como ¿qué me pongo hoy? Tanto opciones de gran calado
como la primera, como totalmente intrascendente como la segunda, pueden marcar
un antes y un después en nuestra vida.
Es aquí donde el ser humano se enfrenta a la opción de 1.- tomar
las riendas de su propia vida, en ese convencido “yo soy el dueño de mí
mismo y de mi propia vida”, en una reivindicativa actitud de defensa de
nuestra libertad y libre albedrío, o 2.- el abandono a la Divina Providencia.
Respecto a la opción 1, optar por nuestro libre albedrío, resulta
un curioso ejercicio de humildad pensar sobre cuántos actos y decisiones
tomamos a lo largo del día que realmente lo hagamos desde una total libertad,
esa que la expresamos con esa exclamación de “porque me sale de los…”. Porque
muchas veces las apetencias ocultan una adicción que nos esclavizan. Pero en
cualquier caso, muy pocos son los momentos en los que estamos libres de ataduras
y compromisos, tanto físicos (de nuestro cuerpo, como comer o beber o eliminar
emunciones) como sociales o laborales.
Respecto de la opción 2, ello no supone tener que obedecer a los
mandatos de un viejo de barba blanca que desde las alturas nos indica lo que
hacer. No es aquello que decía el doctor House, el de la serie de TV, “el
que habla con Dios es un creyente, pero el que oye a Dios es un psicópata”.
La opción 2 es simplemente amar, buscar la verdad del error, confiar, escuchar
al otro en sus necesidades, en una palabra, anteponer el bien común al nuestro
propio y hacer las cosas de modo tal que no sólo yo salga beneficiado. La voz
de Dios no es otra cosa que la voz de nuestra conciencia, la que ante una
bifurcación nos ayuda a ver más allá de los efectos inmediatos y más allá de
nuestro propio beneficio.
Creo que con lo expuesto hasta ahora, llegamos al eterno filosófico
y teológico del “discernimiento” o capacidad de discernir, de diferenciar, de
elegir entre el bien y el mal. El discernimiento o proceso de reflexión para
optar por la opción “correcta”, puede abordarse desde tres enfoques, el primero
es el filosófico, o criterio de una persona de buena voluntad, de natural moral
y ético, pero sin incluir a Dios en la ecuación; el segundo es teológico o
aquel basado en la “palabra de Dios” y el tercero es el integral, basado en la
propia conciencia.
El discernimiento filosófico elimina a Dios de la ecuación y
establece una forma arbitraria de conducta, unos principios de pensamiento, una
ética, una ideología, una filosofía por la que interpretar la vida y el mundo,
para distinguir lo bueno de lo malo. De esta forma, el discernimiento
filosófico lo establece el objetivo final que persigue el sistema de
pensamiento. Creo que en este tipo de discernimiento se basan las tendencias
políticas, correctamente aderezadas con el engaño y la mentira, donde el fin
puede (o no) justificar los medios. Y a ideologías opuestas, como las
izquierdas y las derechas, los criterios de bondad y maldad pueden ser casi
antagónicos. Lo vemos todos los días en las trifurcas políticas en los medios
informativos y en el Congreso.
El discernimiento teológico introduce a Dios en la ecuación
basado en principios religiosos plasmados en “el Libro Sagrado”, bien sea la
Biblia, el Corán, el Bagavad Ghita o el Tao te King. Es decir, desde una
perspectiva religiosa Dios se manifiesta a través de la palabra reflejada en
los textos sagrados, para cada religión tiene el suyo y, no precisamente
similar al de los demás libros de las otras religiones. Si la política ha
provocado interminables luchas y guerras, la religión, por básicamente lo
mismo, también ha provocado y provoca interminables luchas y guerras entre los
seguidores de las distintas “ideologías divinas”.
Por último está el discernimiento integral, basado en la consciencia
personal, que diría el propio Mark Plank. La consciencia es tanto filosófica
como teológica. Y además es científica, y por lo tanto, es Universal, rompe los
muros religiosos y políticos y filosóficos. Es básicamente espiritual, y acepta
“lo que de sagrado hay en todos los libros”, tanto sagrado, como
filosófico y científico.
El discernimiento integral es en esencia metafísico, va más allá de
las cosas. El discernimiento integral, creo que alcanza su esplendor en la
Escolástica de Santo Tomás de Aquino, que floreció entre los siglos XI y XVI,
donde se trató de unificar la filosofía griega de Aristóteles con el cristianismo
y con el conocimiento científico de entonces, de donde surge el concepto de Universidad
– Universal y catolicismo (de katoV: sobre y oloV: todo), sobre
todo, es decir, también “universal”. Con
el tiempo el catolicismo fue escorándose hacia el “eclesiasticismo:
adherencia o atención excesiva a los detalles de la práctica de la Iglesia”.
Esta definición es traducción del Inglés, porque como tal la palabra no la he
encontrado en español. Aunque el teólogo y filósofo Juan Martín Velasco,
recientemente fallecido es como define actualmente a la Iglesia católica, una
institución excesivamente eclesiastizada, lo que le ha hecho perder su esencia
universal.
En resumen, si al discernimiento integral, en esencia “católico”,
es decir universal, eliminamos el eclesiasticismo, obtenemos el discernimiento
espiritual que es, finalmente, el auténtico discernimiento en el que su base
radica en “saber escuchar a Dios” (sin efectos especiales ni voces
estentóreas), simplemente saber identificar qué nos quiere decir Dios en cada
momento, en cada bifurcación de nuestra vida.
Y hemos de ser conscientes de que Dios sabe hablarnos al corazón en
cualquier idioma de la Tierra, no sólo en latín.
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Autor: José Alfonso Delgado
Nota: La publicación de las diferentes entregas de La Física de la Espiritualidad
se realiza en este
blog, todos los lunes desde el 4 de enero de 2021.
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Autor: Josep Tarragó
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Las Enseñanzas Teosóficas se han venido publicando en este blog cada
domingo, desde el 19 de febrero de 2017 hasta el día de hoy, 25 de abril
de 2021, que concluyen las entregas.
================================================https://www.youtube.com/watch?v=UDcIlGoXqIY
Vídeo (duración: 00:40:58) de la entrevista compartida por Emilio Carrillo para Creada, el 10 de abril de 2021, sobre Reinvención Profesional, Propósito y Claves
para vivir la actual sociedad distópica.
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Querid@s amig@s,
buenos y mágicos días a tod@s desde este bendito lugar llamado Glastonbury,
para nosotros y nuestro corazón… Ávalon…
Somos Agustín y
Amparo, de Ávalon te Abre sus Puertas, y hoy queremos invitarte a
un taller gratuito de larga duración que comenzaremos el día 6 de mayo llamado: La Radio Mágica
del Maestro Bach.
En él haremos
un recorrido por su vida, filosofía y modo de entender la vida, además de
repasar todos y cada uno de los remedios que nos dejó, entendiendo que es
momento de poner sobre la mesa esa ayuda extra para poder equilibrar nuestras
emociones, ayudándonos a nivel físico, siendo algunas de ellas: el miedo, la
ira, la incomprensión, la soledad o la excesiva preocupación por los demás, esa
que a veces, no nos deja respirar…
Imaginaos que,
a través de las Ondas Energéticas del Tiempo, a través de una “Radio Mágica”,
el maestro nos traerá las enseñanzas simples y al alcance de todos, que nos
dejó para que fuésemos nuestros propios terapeutas y dónde podamos poner por
fin Paz a todas esas emociones que sobre todo debido al tiempo que vivimos,
parece tan difícil de alcanzar…
Estos encuentros tendrán una hora de duración cada uno de ellos, durante la primera media
hablaremos de uno de los remedios del Maestro. En el tiempo restante, podréis
realizar preguntas a través del chat que serán contestadas en línea, sobre el “remedio”
del día.
Serán dos encuentros al
mes, a las 18:00 hora inglesa, siendo los jueves que indicamos a continuación
los primeros:
Mayo: 6 y 20
Junio: 3 y 17
Julio: 8 y 22
Agosto: 5 y 19
Se realizarán mediante la
plataforma Zoom. Yy para acceder al enlace del encuentro, deberás rellenar este
cuestionario:
"La Radio Mágica del Maestro Bach" -
Formularios de Google
En caso de que no puedas acceder a él mediante el enlace
compartido, por favor solicítalo al siguiente mail:
escuelamagicadeavalon@gmail.com
Las cámaras de Zoom,
excepto la del o de los conferenciantes, estarán cerradas, por lo que habrá
total y absoluta intimidad en los encuentros, que una vez finalizados serán
colgados en YouTube.
IMPORTANTE: No
se necesitan conocimientos básicos ya que comenzaremos desde el inicio para que
comprendáis todo el proceso en su plenitud
Esperamos que disfrutéis
tanto de ello, cómo nosotros en ponerlo en marcha… ¡Sed tod@s Bienvenid@s!
Recibid un abracito
Mágico lleno de luz y bendiciones, con amor, A&A
BFRP
Bach Foundation Registered Practitioner
Glastonbury,
07 abril 2020
El ser humano, como muchas otras criaturas, tiene una dimensión
individual y una social. Todas las
demás criaturas tienen determinado, por el instinto
propio de su especie, hasta
qué grado se tienen que desenvolver de forma individual y aislada y en qué medida y en qué momentos
tienen que comportarse de forma gregaria, estando
determinados los comportamientos por patrones muy concretos
[Por mencionar sólo un caso curioso: el pinzón
común, que fuera de la época de apareamiento y cría de polluelos, a partir del
otoño, se reúne por bandadas separadas del mismo sexo, como en comunidades que
guardan celibato; de ahí el nombre científico de la especie: Fringilla coelebs]
Estos patrones de comportamiento son el objeto de estudio de la etología. A diferencia del resto de las criaturas, el ser humano
tiene la libertad de buscar en qué
grado, medida y momento se quiere comportar de forma individual o forma social,
y así buscar el equilibrio en el que se encuentre
cómodo o le resulte adecuado, conveniente o más o menos estimulante para crecer
y progresar. Por supuesto, esto supone una conquista progresiva. Muchos seres humanos se comportan todavía
de forma gregaria,
que no social, y de forma
egoísta, que no individual, todavía sujetos a los instintos atávicos de su parte animal. Estos aspectos son el objeto
de estudio de la etología humana. En cambio, la psicología y la sociología deben tener en cuenta inevitablemente esta capacidad de
libertad, característica, propia y exclusiva del ser humano, si no quieren
caer en el error de llegar a enunciar “leyes”
deterministas, como correspondería a cualquier otra especie,
pero que no serían compatibles con la ontología del ser humano.
El resto de las criaturas llevan inscrito en la corporalidad de su
organismo el instinto propio de su especie. El organismo humano,
en cambio, debe proporcionar
al ser humano la flexibilidad necesaria propia de su naturaleza, de su ontología, que le permita grados de
libertad creciente, a través de un proceso
de evolución en el que, a diferencia del resto de especies, la evolución cultural va ganando terreno a la evolución
natural. En la evolución natural, los organismos de cada especie
se van modificando como respuesta a la influencia de las condiciones ambientales, de modo que las modificaciones
que mejor se adapten serán las que
progresen, dejando más descendencia, y el resto se irá extinguiendo, en un proceso que Darwin acuñó como lucha de las
especies y supervivencia del más
fuerte.
"Con nuevos pensamientos" (https://www.beatrizrubio.com/)
El organismo humano ha mantenido la flexibilidad y la capacidad
necesaria para poder adaptarse a cualquier biotopo terrestre, con los climas
más extremos y las fuentes de alimentación más diversas. Esto es así porque en
realidad es la especie menos especializada de la creación; la especie con
caracteres menos diferenciados y más generalistas. En realidad, la especie
humana constituye una paradoja evolutiva, un caso único en el que las leyes
evolutivas ¡se han de ir “exceptuando” una y otra vez! Por un lado supone la
cima de la evolución por la complejidad y desarrollo de su organismo –especialmente
del sistema nervioso central – respecto del resto de especies; por otro, su
organismo se ha mantenido tan indiferenciado que en todos los diagramas
filogenéticos se puede situar siempre en el centro troncal, del que derivan el
resto de las ramas o taxones [Grupos emparentados por evolución
común; en este caso, el resto de los primates superiores, ya sean actuales o
extintos]. Todos ellos tomaron en
algún momento una senda evolutiva unilateral con una especialización
determinada, con la consiguiente pérdida de plasticidad, en la que ya no hay
vuelta atrás posible. Cada uno de estos caminos sin retorno reducen la gama de
posibilidades de esas especies para optar por nuevas vías, por lo que en
definitiva van perdiendo grados de libertad evolutiva como especie. El
organismo humano ha preservado esa potencialidad generalista que le permitiría eventualmente
tomar vías evolutivas hacia formas más especializadas, gracias a la plasticidad
mantenida, por lo que podemos decir que mantiene un alto grado de libertad en
cuanto a potencialidad evolutiva.
Por otro lado, los instintos de cada especie vienen determinados por
la constitución orgánica adquirida por la especialización concreta; de forma
que todos los ejemplares de una misma especie, en gran medida, no pueden
comportarse más que de una forma determinada y estandarizada ante estímulos
similares. Una abeja solo se puede comportar como abeja y no como una avispa o
un mosquito; ni ratón puede comportarse como un topo o un castor. Se pude decir
que la especialización implica la pérdida de grados de libertad en el
comportamiento. La falta de especialización del organismo humano y la
plasticidad mantenida, no condiciona los instintos de un modo tan determinista
como en el resto de las especies, permitiendo mantener un grado de libertad relativamente
alto en la respuesta; incluso la posibilidad de dominar los instintos hasta
cierto punto, e incluso ir conquistando grados de libertad superiores. Libertad
de comportamiento individual frente a la inclinación natural de la especie.
Esta renuncia hacia especializaciones que le permitirían más eficacia
en funciones concretas, pero que le robarían la plasticidad orgánica y
flexibilidad funcional que le caracteriza, la suple el ser humano con la cultura.
Los órganos especializados que desarrollan otras especies por evolución
natural, los suple el ser humano con el desarrollo de utensilios, herramientas
y tecnología –lo que en antropología se denomina cultura.
En la evolución del ser humano, por lo tanto, no sólo interviene la influencia del ambiente, sino también
el progreso cultural y moral que lleva, entre otras cosas, al soporte
social dispensado a los más “débiles”, y permite que estos también sobrevivan, progresen e incluso
que tengan tanta descendencia como los más
“fuertes”.
La evolución cultural puede modelar el organismo humano, tanto por la influencia cultural grupal como por
los hábitos higiénicos individuales (en el
sentido amplio, incluyendo hábitos de la vida anímica, o sea, hábitos ético- morales),
adquiridos de forma más o menos consciente por el crecimiento personal de cada
individuo. Es de suma importancia
comprender la naturaleza de un organismo tan singular y sería muy
conveniente atender a las necesidades propias
de su naturaleza. Así se entendía todavía en la Grecia clásica, incluso hasta tiempos de la Roma clásica, tal como
lo expresó Juvenal: Mens sana in corpore sano.
La plena experiencia del Yo la consigue el ser humano mediante la
encarnación en un cuerpo físico que le permite aislarse
del resto de la creación,
tanto física, anímica como
espiritualmente, siempre que quiera y en cierta medida. Por otro lado, este aislamiento no le impide
abrirse al resto del cosmos, también siempre
que quiera y en cierta medida, y así unirse al resto de la creación,
tanto física, anímica como espiritualmente. Una sana constitución e interrelación de los distintas corporalidades del ser humano
(cuerpo físico, cuerpo vital, cuerpo astral) entre sí, y una adecuada encarnación del Yo en estas corporalidades, permite la sana interrelación del individuo con el mundo exterior preservando su necesaria independencia, por un lado, y respetando
la necesaria interdependencia, por el otro.
Además, esa es la única forma de experimentar la libertad, mediante la progresiva ejercitación y
conquista de grados siempre superiores de esta, quedando
el ritmo y el tempo de esta progresión siempre
a voluntad individual. Cuando esto se entiende bien,
surge fácilmente la imagen del cuerpo humano
(los tres cuerpos en realidad) como Tabernáculo del Yo, como Templo del Espíritu. Esto no es simplemente una bella imagen poética o religiosa. Es
la expresión de una “ley” que se
cumple en todo el universo a todos los niveles, tal como en el antiguo
Egipto la expresaba Hermes Trismegisto: “como es arriba es abajo”; o como también la explica la teoría de los
fractales y la organogénesis goetheana. En
definitiva, la correspondencia entre macrocosmos y microcosmos, entre los niveles de organización superiores y los
inferiores, entre el todo y las partes.
Esta ley la aplicó Rudolf Steiner de forma magistral
para comprender la correspondencia
entre la constitución trinitaria del ser humano integral [Cuerpo, alma y espíritu] con la tri-membración del organismo humano [Cabeza, tronco y extremidades (polo neurosensorial;
sistema rítmico, respiratorio-circulatorio; polo metabólico-motor). Ver en
Rudolf Steiner GA 21 Von Seelenrätsel (De
los enigmas del alma)] y con la tri-articulación del
organismo social [Esfera económica; esfera jurídico-política; esfera
cultural-espiritual. Ver en Rudolf Steiner GA 23 Die Kernpunkte der Sozialen Fragen (Los puntos centrales de la
cuestión social)].
Y de ese modo se puede comprender cómo las
peculiaridades del cuerpo físico
del organismo humano tienen que estar en consonancia con la esencia del
ser humano como ser natural que se
distingue del resto de las criaturas. Tener esta comprensión, como la tenía sin duda Hipócrates, iniciado en la escuela de misterios
de Asclepios, hizo posible desarrollar un arte de la medicina capaz de ayudar al ser humano, no solo a sanar enfermedades
una vez contraídas, sino a prevenirlas
llevando una vida saludable a todos los niveles. Podríamos hablar de muchos aspectos singulares del ser humano
y su correspondencia entre niveles superiores
del ser y su reflejo en el cuerpo físico. Pero vamos a centrarnos aquí en el aspecto de la flexibilidad necesaria
para lograr un sano equilibrio entre la autonomía
individual y una interrelación con el entorno, social y natural, con otros seres humanos y en general
con el resto de la creación.
El cuerpo físico necesita por lo tanto aislarse del entorno exterior y
la principal barrera es la piel, que constituye uno de los órganos fundamentales del organismo humano.
Pero este organismo necesita una sana interrelación con su entorno para poder vivir. La piel misma no
es una barrera infranqueable, puesto que tiene poros a través de los cuales se produce un cierto intercambio de gases y líquidos con el exterior mediante la transpiración,
y puede sufrir heridas por donde entran sustancias nocivas
y patógenos. Los órganos de los sentidos
también facilitan la conexión con el mundo exterior a través estímulos
de energías más sutiles, como la luz, sonido, etc.
Por otro lado, tanto la piel, como las mucosas, y especialmente el
tubo digestivo, están “protegidas” por millones de células bacterianas, la llamada flora
bacteriana, o microbiota, que constituyen un ecosistema microbiano que, mientras se
mantenga en equilibrio con las células del ser humano, serán la mejor barrera de protección frente la invasión de otros microbios patógenos. Esta microbiota,
en la que no solo hay bacterias sino también hongos y virus, tiene un número mayor de células que las
del propio organismo humano. Esto ya nos
puede hacer reflexionar sobre la importancia determinante de los aspectos cualitativos en biología frente a los
cuantitativos. En cualquier caso, la primera
interrelación del organismo humano con el resto de la creación se
produce en el interior del mismo y en su propia piel, donde porta más células
de otros organismos que propias. O ¿tendríamos que decir que son parte de nuestro
propio organismo? En cuyo caso podríamos también
reflexionar sobre la flexibilidad necesaria para fijar los límites
entre el individuo y el mundo.
Pero el intercambio principal de sustancias físicas con el exterior se
produce a través del aparato digestivo
y el respiratorio. La mayoría
de las sustancias ingeridas son digeridas en el estómago
e intestino (y la microbiota ayuda también en gran medida
a una sana digestión de esas sustancias), reduciéndose a fracciones de tamaño molecular suficientemente pequeño como
para poder ser absorbidas por la
pared intestinal. Todo lo que no
logra pasar este primer filtro se elimina en la excreción. Las sustancias absorbidas se deben metabolizar ahora. El riñón logra excretar
en la orina la mayor parte de las sustancias absorbidas que no son necesarias, y las que son tóxicas o pueden
llegar a serlo si aumenta su concentración;
así mismo elimina los derivados
innecesarios del metabolismo que también pueden llegar a ser tóxicos
si aumenta su concentración. Sin embargo,
la mayor parte de las moléculas
absorbidas son comunes a la mayor parte de los organismos que comparten el
mundo con el ser humano, y por lo
tanto no necesitan una transformación específica ni menos aun individual, ya que los distintos organismos las reconocen fácilmente como “propias”. Es el
caso de los hidratos de carbono, las grasas, las sales minerales e incluso
las vitaminas. Todas ellas pueden entrar directamente en las rutas metabólicas, ya sea en el catabolismo, para producir
energía y facilitar
la funcionalidad de los distintos
órganos, o en el anabolismo, para almacenar reservas
de energía y “construir” el organismo.
Sin embargo las proteínas son caso aparte en el complejo sistema
metabólico, y requieren procesos
específicos e individualizados con un nivel de complejidad incomparable. Las proteínas juegan el
papel fundamental en la construcción del organismo,
son las estructuras arquitectónicas con las que se construye el edificio
físico, la casa donde se encarna el
Yo, el Templo donde habita el Espíritu. Estas estructuras, las proteínas, a diferencia del resto de las moléculas
que forman parte del metabolismo, sí que son específicas. Esto
es, cada especie tiene que fabricarse de nuevo
proteínas propias, estructuras específicas, diferentes a las proteínas de otras especies. En el caso del ser humano la
diferenciación alcanza el nivel individual. Aunque
todos los humanos comparten muchas proteínas comunes propias de la especie, hay otras que son propias y
exclusivas de distintas poblaciones humanas, como por ejemplo las de los grupos
sanguíneos; otras lo son de subgrupos humanos
más reducidos, como por ejemplo
las proteínas de los factores de coagulación sanguínea;
y así hasta llegar al nivel de consanguinidad familiar, y finalmente al nivel individual, en que cada ser humano tiene cierto numero de proteínas
que son exclusivas y determinan su identidad
biológica (esto es lo que hace, por ejemplo, que los transplantes de órganos, por lo general, presenten menos
riesgo de rechazo cuanto más estrecho sea el grado de consanguinidad).
Esta identidad biológica
es la expresión de su código genético, también
individual, exclusivo e irrepetible. El código genético es a
su vez parte de la expresión
de la identidad individual, exclusiva e irrepetible del Yo, y del karma planeado por este para cada encarnación.
Las investigaciones más modernas ven la
necesidad de ampliar el concepto del genoma humano, que es la información genética
heredada de los progenitores, ampliándolo al concepto de genoma del bioma humano, y epigenoma,
donde se incluye no sólo la información genética heredada, sino el conjunto de la información genética de los
microorganismos de la microbiota
humana, que están en simbiosis con el organismo humano. Así como el genoma humano es exclusivo, único y diferente
para cualquier ser humano,
incluso entre gemelos monocigóticos, el genoma
del bioma humano también es exclusivo, único y diferente
para cualquier ser humano. Más aun, esto podría ser la forma en que cada ser humano intenta “desarrollar” y transformar la herencia genética
recibida de sus progenitores, para personalizarla de un modo más adecuado a la morada que necesita
su Yo, más allá de la que sus progenitores
pudieron proporcionarle. Las enfermedades infantiles también contribuyen a este fin
como explicamos más adelante.
Los materiales, o “ladrillos”, para fabricar las proteínas, o
estructuras arquitectónicas, son los aminoácidos. El ser humanos obtiene estos
“ladrillos” en buena parte a partir de las proteínas de otros seres vivos
ingeridas en su dieta. Estas
proteínas tienen que ser primero desintegradas en la digestión y sólo
a partir de estos materiales primarios, los aminoácidos, podrá el ser humano formar sus propias
proteínas, tanto específicas como individuales. Hay una veintena
de diferentes aminoácidos que se enlazan
entre sí, en cantidad, proporción y secuencia determinada,
formando largas cadenas que finalmente se aglutinan dando lugar a las macromoléculas
de proteínas, cada una con una estructura espacial
propia y exclusiva
de cada proteína. El metabolismo (anabolismo) de la síntesis de proteínas se produce
en el interior de las células por los ribosomas, unos orgánulos celulares presentes en el citoplasma que logran encadenar los aminoácidos en la secuencia determinada de
cada proteína particular, que luego
dará lugar a la forma concreta.
"La Tierra se hará luz" (https://www.beatrizrubio.com/)
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Autor: Vicente Machí Gómez
Las tres entregas de este texto, concluido en Freiburg
el pasado 19 de febrero,
se publican en este blog los jueves 22 y 29 de abril
y 6 de mayo de 2021.
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