Agenda de actividades presenciales y online de Emilio Carrillo para el Curso 2026-2027

Agenda completa de actividades presenciales y online de Emilio Carrillo para el Curso 2026-2027

12/5/14

Charla de Emilio Carrillo en Madrid: viernes 16 de mayo de 2014


Viernes 16 de mayo de 2014, 20:00 horasMadrid:

Charla: “El Dios que es yo en la vida diaria”

Amarna Zenter Madrid (Paseo de la Castellana 219, entrada por C/ General Aranda)

Para más información e inscripciones: Amarna Zenter: Emilio@amarnazenter.com
http://www.amarnazenter.com/conferencia-emilio-carrillo---%22el-dios-que-es-yo-en-la-vida-diaria%22-69-ver_evento.html

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11/5/14

Presentación del libro "Cuentos con Alma": martes 13 de mayo, 19:30h


Martes 13 de mayo, 19:30 horasSevilla:

Presentación por Emilio Carrillo del libro "Cuentos con Alma: un viaje hacia el Corazón", de Encarnación Castro (La Tejedora de Sueños)

Sala B del Círculo Mercantil e Industrial (C/ Sierpes, 65)

Entrada libre hasta completar el aforo.

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8/5/14

Recopilación de vídeos de la charlas de Emilio Carrillo desde el año 2011 al 2014


Los amigos de Tertulia Espiritual han efectuado una recopilación de los vídeos de muchas de la charlas compartidas por Emilio Carrillo desde el año 2011 al 2014. En total, son 40 vídeos y se ofrecen catalogados en cuatro partes:

Vídeos 00 al 10 (2011-2012):

Vídeos 11 al 22 (2012-2013):

Vídeos 23 al 34 (2012-2013):

Vídeos 34 al 39 (2014):

Se recuerda igualmente, que en este enlace del blog se recogen los vídeos de las charlas, talleres y entrevistas compartidas por Emilio durante los últimos doce meses:


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Fuente: Tertulia Espiritual
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6/5/14

La conexión con nuestro verdadero ser: vivir sin elegir (Osho&E.Carrillo)


El olvido de nuestro verdadero ser y la mente como enfermedad

La idea de Dios (o como cada cual quiera denominarlo: Fuente, Energía Cósmica, Padre/Madre, Ala, Visnú,…) que aún comparte la mayoría de la Humanidad es la de algo o alguien “exterior” a nosotros. Esto nos sumerge en el olvido de nuestro “verdadero ser” y “naturaleza esencial”, que son absolutamente divinales.

Al concebir un Dios exterior –para afirmarlo (“creyente”) o para negarlo (“no creyente”), da igual-, el ser humano se desune mentalmente de la divinidad que constituye su genuino ser y naturaleza y se contempla a sí mismo como algo separado de ella.

La consecuencia inmediata e irremediable es la identificación con lo que es sólo el instrumento o “vehículo” que usamos para vivenciar la experiencia humana: el “yo” físico, mental y emocional (el cuerpo físico, los sentidos corpóreo-mentales, los pensamientos, las emociones, la personalidad y el ego y la naturaleza “egocéntrica” a todo ello asociados). De este modo, perdemos la consciencia de que se trata exclusivamente de un “vehículo”, nos aferramos a él desde la absurda creencia de que él es lo que somos y terminamos atados a un falso “yo” y a una “naturaleza egocéntrica” (como si un actor quedara abducido por el personaje de ficción que interpreta, olvidando quién es realmente).

También debido a ello, la mente del ser humano se halla enferma. La psicología occidental sostiene que la mente puede estar sana o enferma. Pero Oriente dice que la mente como tal es la enfermedad, que no puede estar sana, y que en relación a la mente existen dos tipos de enfermedades: normalmente enferma (esto es, que tienes la misma enfermedad que todos los demás) o anormalmente enferma, que quiere decir que además padeces lo que en occidente se tilda de enfermedad mental. O normalmente enferma o anormalmente enferma, pero la mente no puede estar sana cuando el ser humano se identifica exclusivamente con el “vehículo” -el yo físico, mental y emocional- y olvida y pierde la consciencia de que es el realmente el “conductor”.

Entonces la mente queda dividida. Y la división es consecuencia de la elección. Pero siempre que eliges lo haces en contra de algo. Cuando eliges, divides. Dices: “Esto está bien, esto está mal”. Sin embargo, la vida es una unidad. La existencia no puede dividirse, es un profundo “unísono”. Si dices: “esto es bonito y esto es feo”, la mente ha entrado en escena, porque la vida es las dos cosas juntas. No hay una línea divisoria. La vida va fluyendo de esto a aquello.

La naturaleza de la mente es la fijación, mientras que la fluidez es la naturaleza de la vida. La mente es obsesión, fija, sólida. Y la vida es fluida, flexible, se mueve hacia lo opuesto. Algo está vivo en este momento y al siguiente está muerto… y la muerte vuelve a nacer de nuevo.

Vive sin elegir. ¡No hagas distinciones! Desde el momento en que haces una sola, ya estás dividido, fragmentado; has enfermado, no estás entero. Lo cierto es que no hay opuestos. Tú eres el que dices que lo son, pero no lo son: son la misma energía. Lo opuesto no es lo contrario. Es un solo ritmo, el ritmo de lo mismo. 

El principio de polarización

El principio hermético de polarización pone de manifiesto que, en lo que llamamos “realidad”, todo tiene dos polos -todo, su par de opuestos- y que los semejantes y los antagónicos son lo mismo: los opuestos son idénticos en naturaleza, pero diferentes en grado; los extremos se tocan; todas las verdades son semiverdades; todas las paradojas pueden reconciliarse.

         Hay preguntas que, siendo elementales y relativas a conceptos que manejamos con absoluta soltura y rotundidad, resultan muy difíciles de responder. Por ejemplo, ¿dónde termina la oscuridad y dónde comienza la luz?; ¿dónde el frío y dónde el calor?; ¿dónde lo pequeño y dónde lo grande?; ¿dónde lo bajo y dónde lo alto?. Oscuridad y luz, frío y calor, pequeño y grande, bajo y alto son botones de muestra de nociones que utilizamos cotidianamente plenos de seguridad, pero que no resisten la prueba del nueve de preguntas como las anteriores, que las hacen tambalearse conceptualmente.

         Las enseñanzas herméticas resuelven semejantes paradojas a través del Principio de Polarización. Y, a partir de ahí, nos ayudan a poner de manifiesto la realidad del mundo que nos rodea, evidenciando que la distinción existente entre situaciones o fenómenos aparentemente opuestos es sólo cuestión de grado, más allá de lo cual no hay auténticas diferencias, tratándose, por tanto, de la misma cosa y compartiendo idéntica naturaleza.
La vida está viva. La lógica cree en un fenómeno lineal: se mueve en una línea. Mas la vida fluye en círculos: la misma línea sube, baja y se convierte en un círculo. El símbolo chino del yin y el yang lo sintetiza con precisión. El círculo del yin y el yang es mitad blanco y mitad negro. En la parte blanca hay un punto negro, y en la parte negra hay un punto blanco. El blanco se mueve hacia el negro, y el negro se mueve hacia el blanco; es un círculo. La vida es así: el encuentro de los opuestos. Y si lo observas minuciosamente, lo verás dentro de ti. Igualmente es lo que ocurre con relación al “malestar” y al “bienestar”, pues en la esencia de ambos subyace lo mismo: el sufrimiento.
  
Es así como se mueve la vida. Y si lo entiendes ya no te preocupas en absoluto, ya no estás en contra de nada. Entonces sabes que hasta la ira tiene su hermosura. Entonces aceptas; y cuando aceptas profundamente tienes paciencia. La vida no es lógica. 

La búsqueda del “bien-estar”

El aferramiento e identificación con el yo físico, mental y emocional hace que olvidemos e ignoremos lo que auténticamente Somos, genera la enfermedad de la mente y nos impide que sintamos la Felicidad que es el Estado Natural de nuestro verdadero ser. Es por esto que los seres humanos se lanzan hacia fuera de ellos mismos en busca del “bien-estar”, pobre sucedáneo de sea Felicidad (“Bien-Ser”).

         Por tanto, la búsqueda del bienestar en el exterior es la derivación lógica de la visión de un Dios externo que impide a tanta gente percibir y constatar su “verdadero ser” y “naturaleza esencial” y divinal. Y esta búsqueda exterior de lo que de forma sublime y esplendorosa ya atesoramos en nuestro interior, se halla presidida por la inclinación vital y mental hacia el placer, que se plasma en un sinfín de deseos, anhelos, ansias, aspiraciones, pasiones y apegos que la mente vive desde la necesidad de elegir, las preferencias, los juicios, las opiniones… Se pretende la satisfacción aquí y allá. Sin embargo, cuando no la conseguimos, nos frustramos y ofuscamos (“mal-estar”), lo que produce sufrimiento.

         Y cuando sí la alcanzamos, no nos percatamos de que esa satisfacción momentánea (“bien-estar”) es intrínsecamente origen y preámbulo de más sufrimiento: primero, porque en cuanto se logra el ansiado bien-estar, surge el miedo a la pérdida (del ser amado, del objeto materia,…); y segundo, porque al fundamentarse en una búsqueda externa derivada de la ignorancia de nuestro “verdadero ser”, tal satisfacción promueve y justifica precisamente el aferramiento a la “naturaleza egocéntrica”, lo que nos aparta de nuestra “naturaleza esencial” y de la Felicidad como Estado Natural y nos conduce inevitablemente a experienciar vivencias de aflicción.

El mal-estar y el bien-estar, aunque para la mente parezcan experiencias muy distintas, forman parte realmente de una misma experiencia y beben de idéntica fuente: la omisión de nuestro “verdadero ser” y “naturaleza esencial” y la identificación con un falso “yo” y una “naturaleza egocéntrica”. 

El sufrimiento humano

Por tanto, el sufrimiento humano es la consecuencia automática y lógica de las actitudes y las acciones que desarrollamos en libre albedrío cuando nos apartamos de lo que Somos y buscamos en lo que no somos nuestro contento, cuidado, protección, seguridad, conocimientos, reconocimiento, satisfacción, placer,... Y aunque tales actitudes y acciones, en su desenvolvimiento, parecen seguir caminos radicalmente distintos –malestar o bienestar-, realmente parten de un mismo punto de salida –el olvido de lo que Somos- y conducen inexorablemente a un mismo punto de llegada: el sufrimiento.

         Bajo todo ello subyace el aferramiento a lo físico y material, la consiguiente percepción de la “realidad” por la única vía de los sentidos corpóreo-mentales y, derivado de ambas cosas, el encumbramiento del ego y la ignorancia acerca de la impermanencia e interdependencia de cuanto nos rodea.

         Olvidamos nuestra “naturaleza esencial” y divinal, nos identificamos con una “naturaleza egocéntrica” y creemos ilusamente que algún acto, logro, objeto, persona o entorno propicio nos llevarán a la satisfacción permanente del “yo”, cuando el "yo" en sí no es más que una fabricación impermanente de la mente.

Es una pescadilla que se muerde la cola; una pesadilla que se enrosca sobre ella misma. Y responsabilizamos a los demás o a factores externos por el sufrimiento que hay en nuestras vidas, en vez de darnos cuenta y asumir que son nuestras actitudes y acciones personales las que generan ese sufrimiento y que la vida de cada uno es cien por cien responsabilidad de cada cual. Es más, el sufrimiento es un instrumento o herramienta elegido en libre albedrío para impulsar nuestro desarrollo consciencial y evolutivo dirigido al recuerdo de lo que realmente somos, de nuestro “verdadero ser”; el sufrimiento es una especie de bastón que utilizamos como punto apoyo para avanzar en el camino de nuestro devenir consciencial, en el impulso de nuestro estado de consciencia,

         Y lo que es aún más trascendente: tanto el bienestar como el malestar son vividos y sentidos sólo por el ego. Nuestro “verdadero ser” es totalmente ajeno a estas sensaciones y experiencias duales, que, desde nuestra “naturaleza esencial”, se desvelan como lo que son: pura ficción que concebimos como “real” debido exclusivamente a que, en libre albedrío, otorgamos visos de “realidad” al mundo imaginario creado consciencialmente desde la mente enferma por el aferramiento a una “naturaleza egocéntrica”. El sufrimiento es una ficción mental fruto de la identificación con el ego y que sólo para el ego existe y es real: el sufrimiento es una creación de la “insoportable levedad del ego” y, por tanto, pura imaginación.

Es como si, al aferrarnos al ego y la “naturaleza egocéntrica”, viviéramos dormidos en un mundo y una realidad que, realmente, son una especie de sueño o estado de ilusión (maia o maya). Mas el sueño puede ser experienciado de dos maneras muy distintas: “despierto”, es decir, siendo consciente de que de un sueño se trata; o “dormido”, esto es, sin esa consciencia e inmerso en la ensoñación. Y lo que diferencia un estado del otro es la toma de consciencia sobre nuestro “verdadero ser” y “naturaleza esencial”. Lo que la Humanidad llama sufrimiento y así siente es sólo una ficción, una pesadilla originada por la ensoñación del ser humano cuando se halla “dormido”, es decir, mientras pasa sus días en un estado que llama “vida”, pero que es en realidad un sueño del que no es consciente. 

La experiencia dual

El sufrimiento, como si de una moneda se tratara, cuenta con un anverso y un reverso. El anverso del sufrimiento son las aflicciones y pesares. El reverso, los placeres y alegrías. El anverso es el componente del sufrimiento que la gente identifica como tal. El reverso, en cambio, se mantiene oculto para la inmensa mayoría de las personas. Pero el reverso (bienestar) es tanta fuente de sufrimiento como el anverso (malestar).

La ruta que nos lleva al sufrimiento es una única ruta, pero cuenta con dos vías alternativas: el malestar y el bienestar. El malestar es la vía directa, sin parada, al sufrimiento. Y el bienestar es la vía que cuenta con una estación de tránsito: tal estación es precisamente la sensación pasajera de bienestar, que es sólo la antesala del sufrimiento

Y esta ruta única al sufrimiento, con las dos vías que mencionas, tiene un nombre: “experiencia dual”.

La experiencia dual se usa como herramienta en la búsqueda del bienestar en el exterior. Se basa en la no aceptación y en juzgar y etiquetar dicotómicamente (“positivo” y “negativo”, “bueno” y “malo”, “agradable” y “desagradable”,…) todo lo que ocurre en nuestra vida y a nuestro alrededor.

Pero las experiencias del día a día (hechos, situaciones, circunstancias,…), carecen de “color”. Simplemente, son experiencias, todas con su porqué y para qué en el proceso consciencial y evolutivo de cada cual. Y cada experiencia -la que sea- tiene su peculiar vibración. Las apariencias de las experiencias -es decir: lo que perciben de ellas nuestros sentidos corpóreos y mentales- no son reales. Lo real en las experiencias es su vibración. Y somos nosotros mismos –no los demás o circunstancias ajenas- los que creamos y atraemos las experiencias que aparecen en nuestra vida –cada una con su particular frecuencia vibracional- para que resuenen con la vibración de nuestro estado de consciencia –como vemos la vida, la muerte, la divinidad, las cosas, el mundo, a nosotros mismos, a los demás,…- y, al hacerlo, impulsen el desarrollo y evolución de ese estado consciencial.

         Sin embargo, cuando esas mismas experiencias son vividas desde el aferramiento a la “naturaleza egocéntrica”, la mente enferma las pinta de “blanco” o de “negro” en función de su interrelación con nuestro deseo de satisfacción y bienestar. El ego, desde la enfermedad de la mente, no pude evitarlo y clasifica inevitablemente todas las experiencias de la vida en dos grandes categorías: las que sí le gustan y satisfacen (le proporcionan bienestar: contento, placer, sensación de hallarse protegido, cuidado, alegría, conocimiento,…) y las que no (le originan malestar: dolor, tristeza, sentimientos de desprotección o soledad,…).

         De hecho, la “experiencia dual” es utilizada por los sentidos corpóreo-mentales para percibir esa sensación de satisfacción. Un buen ejemplo al respecto, por simple que sea, es el disfrute que puede vivenciar el espectador de la práctica deportiva, que no se basa tanto en la contemplación del ejercicio deportivo en sí, como en la competición que se establece entre personas o equipos. Verbigracia: en el fútbol, la gente no suele “pasárselo bien” viendo el partido como tal y sin más, sino con la emoción derivada de la identificación con uno de los dos equipos contrincantes. Sin tal identificación con uno de ambos y sus colores –“experiencia dual”-, el partido se convierte en algo insulso y aburrido. Pero esa misma identificación, que genera alegría si “nuestro” equipo gana, provoca tristeza en caso de que caiga derrotado.

Y la “experiencia dual” se desenvuelve en conexión con la polarización de las dicotomías antes aludida, por lo que la interpretación de cualquier experiencia en clave dual provoca impactos en los dos bandos dicotómicos, tal como opera el sistema de “partida doble” que se sigue en contabilidad: cualquier operación o movimiento se anota por su valor en ambos lados del balance (“debe” y “haber”).

Fuera de la experiencia dual, no hay ni “positivo” ni “negativo”, ni “bello” ni “feo”, ni “bueno” ni “malo”, ni “agradable” ni desagradable”... Fuera de la dualidad, las experiencias, sencillamente, son, acontecen, y están desprovistas de calificativos, valoración o juicio.  

Lo fácil es lo correcto

El Gran Camino no es difícil
para aquellos que no tienen preferencias.
Cuando ambos, amor y odio, están ausentes
todo se vuelve claro y diáfano.
Sin embargo, haz la más mínima distinción,
y el cielo y la tierra se distancian infinitamente.
Si quieres ver la verdad,
no mantengas ninguna opinión a favor o en contra.
La lucha entre lo que a uno le gusta
y lo que le disgusta
es la enfermedad de la mente.

El Gran Camino no es difícil. Si parece difícil, eres tú el que lo hace difícil. El Gran Camino es fácil. ¿Cómo va a ser difícil? Hasta los pájaros vuelan en él y los peces nadan en él. La mente lo vuelve difícil; y el truco para hacer de cualquier cosa fácil algo difícil es elegir, hacer una distinción, marcar una preferencia, verter una opinión, efectuar un juicio…

Por ejemplo, lo primero que hace un niño al nacer es inspirar; y lo último que un ser humano hace al morir es espirar: la vida comienza con la inspiración y la muerte comienza con la espiración; cada vez que inspiras renaces, cada vez que espiras mueres. Sobre estas bases, la lógica diría: “inspira y no espires”. Una persona lógica solamente inspiraría, nunca espiraría. De esta forma todo se vuelve difícil. Inspirar es fácil y espirar es fácil. Pero tú eliges… Lo cierto es que inspirar y espirar no son opuestos, sino lo mismo, la respiración, y sólo varían en el ritmo: hacia adentro, hacia fuera. Y esto es aplicable a muchas sensaciones, situaciones y circunstancias de la vida. Verbigracias, el amor es inspirar, el odio espirar. ¿Qué hacer entonces? La vida es fácil si no decides, porque entonces sabes que inspirar y espirar no son dos cosas opuestas; son dos partes de un mismo proceso, no puedes dividirlas.

Cuanto más espiras, más inspiras. Espira más para que puedas crear un vacío dentro y entre más aire. No pienses en inspirar. Simplemente espira tanto como puedas y todo tu ser inspirará. Ama más (amar es espirar) y tu cuerpo recogerá energía de todo el cosmos. Crea el vacío y la energía vendrá.

Y lo mismo pasa con todos los procesos de la vida. Comes, pero si retienes el alimento, te estriñes. La lógica te indicaría que no sueltes el alimento que has ingerido, pero entonces te estreñirías. El estreñimiento es similar a una elección a favor de coger aire y en contra de soltarlo. Casi todo ser civilizado está estreñido; puedes medir la civilización por el grado de estreñimiento. Cuanto más estreñido esté un país, más civilizado será, porque será más lógico.

Pero la vida es un equilibrio entre echar afuera e invitar adentro. ¡Comparte!, ¡da!, y te será dado más. Dar para que te sea dado más; sea lo que sea. Eso es lo que significa compartir, lo que significa dar. Dar tu energía es un regalo; y a cambio se te da más.

No prefieras; simplemente permítele a la vida moverse. No digas a la vida: “Muévete de esta forma”. Simplemente fluye con la vida. No luches contra la corriente, hazte uno con ella.

La mente dice: “Me gusta, no me gusta. Prefiero esto y no aquello”. Cuando ambos, amor y odio, están ausentes... Cuando todas las actitudes “a favor” y “en contra” están ausentes, ambos, amor y odio, están ausentes; a ti ni te gusta ni te disgusta algo, sencillamente permites que todo ocurra...

...todo se vuelve claro y diáfano.
Sin embargo, haz la mínima distinción,
y el cielo y la tierra se distancian infinitamente.
  
El árbol vive sin elección, inconscientemente; tú vivirás sin elección, conscientemente. Esto es lo que significa consciencia sin elección. Y la mayor diferencia es que serás consciente de que no estás eligiendo. Y esta consciencia te da una paz tan profunda... Serás absolutamente consciente de que no eliges. 

Vive sin opiniones

El silencio es un profundo entendimiento de que el fenómeno de elegir te causa tensión. Pero ojo, aunque lo que prefieras sea el silencio, te pondrás tenso. Cuando no prefieres, no hay tensión, estás relajado. Y cuando estás relajado, tus ojos poseen claridad. No se mueven pensamientos en la mente; puedes ver a través de ella. Pero si eliges, aunque sea el silencio, te tensaras.

Vive sin opiniones. Vive desnudo, sin ropa alguna. ¡Abandona todas tus filosofías, teorías, doctrinas, escrituras! Vive en silencio, sin elegir, con los ojos simplemente dispuestos a ver lo que hay, de ninguna manera esperando ver tus deseos realizados. No cargues con deseos. ¡Despréndete de todas las cargas! Al final, tendrás que dejarlo todo. Tendrás que ir completamente desnudo.

No digas: «Dios existe», ni: «Dios no existe», porque lo que sea que digas se convertirá en un deseo profundo. Vive sin opinión, sin ningún pensamiento a favor o en contra, sin filosofía. Simplemente ve lo que hay. No lleves contigo ninguna mente. Vive sin mente.

Un maestro está para ayudarte a dejar las opiniones, a dejar la mente. Y si el propio maestro se convierte en una elección entonces también se convertirá en una barrera. Y cuanto más usas la mente, más se refuerza, más fuerte se hace. No la uses. Libérate de las cargas y deja que ellas se liberen de ti.

La lucha entre lo que a uno le gusta y lo que le disgusta
es la enfermedad de la mente.

¿Cómo curarse? ¿Hay alguna manera de superar esta enfermedad? No, no hay manera. Simplemente, tienes que entenderlo; sencillamente, tienes que mirar el hecho en sí mismo. Sólo tienes que cerrar los ojos y mirar en tu propia vida; observarla. Y sentirás la verdad. Y cuando sientes la verdad, la enfermedad desaparece. No hay ningún remedio para ella, porque si se te da algún remedio, ese remedio te empezará a gustar. Entonces olvidarás la enfermedad, pero empezará a gustarte el remedio… y el mismo remedio se convertirá en la enfermedad.

Un verdadero maestro no te dará ningún remedio, no te dará ningún método. No te sugerirá qué hacer. Simplemente insistirá una y otra vez, una y mil veces, en que entiendas cómo has creado toda esta confusión a tu alrededor, cómo has generado todo este sufrimiento. Y nadie más que tú lo ha creado; es la enfermedad de tu mente: preferir, elegir.

No decidas. Acepta la vida en su totalidad. Tienes que ver la totalidad: la vida y la muerte juntas, el amor y el odio juntos, la felicidad y la desgracia juntas, la agonía y el éxtasis juntos. Si ves que son uno, entonces ¿por dónde va a entrar la elección? Entonces la elección desaparece.

No es que tú la dejes. Si eres tú el que dejas la elección, esto se convertirá en una elección. Esta es la paradoja. No supongas que tienes que dejarla, porque si la dejas, eso ya quiere decir que has elegido a favor y en contra. Ahora tu elección es la totalidad. Estás a favor de la totalidad y en contra de la división, pero la enfermedad ha entrado. Es algo muy sutil.

Sencillamente entiende, pues la propia comprensión hace que la elección desaparezca. Nunca la abandonas. Simplemente te ríes... y pides una taza de té.

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Fuente: Combinación de textos extraídos del capítulo 1 de “El Libro de la Nada, de Osho, y del capítulo 4 del libro “Dios” de Emilio Carrillo.
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4/5/14

Charla de Emilio Carrillo en el Puerto de Santa María: viernes 9 de mayo de 2014


Viernes 9 de mayo, 19:30 horasEl Puerto de Santa María (Cádiz):

Charla: “Prácticas cotidianas para la conexión con nuestra divinidad”

Hotel Los Jándalos Santa María (Avenida de la Bajamar, s/n)

Entrada libre hasta completar el aforo. Para más información: jsaboridogago@gmail.com

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2/5/14

Vídeo de la charla de Emilio Carrillo en Cartagena el pasado 20 de marzo



Se ofrece sobre estas líneas el vídeo (duración: 02:51:48) de la charla de Emilio Carrillo compartida el pasado 20 de marzo en el Cartagena, organizada por la Asociación Cáncer y Vida (CANVI) de la localidad.

También puede accederse al vídeo a través de este enlace de You Tube:

https://www.youtube.com/watch?feature=youtu.be&v=7sjFw5LVWNs&app=desktop

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30/4/14

Taller de Emilio Carrillo en Alozaina (Málaga): 2, 3 y 4 de mayo de 2014



+Viernes 2 de mayo (tarde), Sábado 3 (completo) y Domingo 4 (mañana)Alozaina (Málaga):

Taller-Retiro: “La práctica cotidiana de nuestra divinidad”

En Centro de Acogida de Pepe Bravo (C/ Sánchez Rivas, 36)
http://artedemismanosalandalus.blogspot.com.es/

Se requiere la inscripción previa enviando un email a: Centro de Acogida de Alozaina: actividades.artedemismanos@gmail.com

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29/4/14

Divino mono



En el zoo de la ciudad, una fina y simpática mona dio a luz a un pequeño mono.

Se crió alegremente, lo tenía todo.

Comía, bebía, jugaba con su familia y el resto de los monos,

incluso disfrutaba con los niños que le daban cacahuetes y palomitas.



Sin embargo, desde que se ha hecho mayor,

algo le ronda en su interior,

algo que no sabe explicar,

que se le escapa como arena entre los dedos

y que no acaba de entender.

La sensación de que la vida no es eso que él está viviendo.



Y es que a veces, cuando está ensimismado,

con su cabeza erguida, con sus grandes y brillantes ojos mirando a la nada,…

cree escuchar miles de sonidos desconocidos,

el aire huele a frutas y hojas que nunca ha comido,

cree ver una gran masa inabarcable de árboles,

un espacio lleno de una infinidad de formas de vida

donde poder sumergirse… abandonarse… fundirse en él.

Un mundo maravilloso que lo proveería

y que saciaría plenamente su inquietud.



De repente, un ruido lo trae a la realidad…

Un turista le ha tirado una mandarina

y nuestro mono vuelve a su cómoda rutina en el zoo,

no sin antes comprender que, aunque él nunca la haya visto,…

la selva existe.



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Autor: Juan Carlos Santos Delgado
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27/4/14

Soy sin Ser



Mis días son muy cortos,
Apenas son un instante
Apenas son
Soy porque soy
Soy lo que quieras que sea
Pero soy porque quieres

No preguntes por qué soy,
Pregúntate por qué quieres que sea en ti
Pero no me indagues, cuestiónate por qué me indagas

Si en el risco aparece un viento, soy tu brisa o tu tormento,
Pero es lo que quieras que soy
No soy más que lo que quieras que sea
Y si soy es porque quieres que sea

No me culpes, tú eres tú, y lo que acontece

Tú eres yo, aunque no me veas
Tú eres, yo soy, somos
¿Acaso te parece poco?

Te miro desde el Ser propio,
Eres mi Ser, lo Eres Todo,
¿Cuándo lo vas a comprender?

No importa, déjame Ser, y déjate Ser

Sé que hablo sin que comprendas,
Pero si comprendes, nos comprendemos

Es el leguaje de Quienes Somos
Es el escondite donde ocultamos lo que no somos
Porque si fuéramos Quienes Somos, Todos estallaría al unísono,
al instante.

Somos, sé. Sé tú, que te sigo, que te alcanzo sin querer suplantarte.

Sé que no me comprendes, quizás.
Quizá sí. Y si este quizá, no hace más explicar.

El Amor no se explica, se expande sin miramientos.
Si supieras  lo que sé te espantarías,
Pero sería un espantar sin tormento, en un abrazarnos, desde lo inmenso.

Y en ese momento todo quedó dicho, y hecho, en lo eterno.


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Autor: Deéelij
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25/4/14

Audio de la entrevista a Emilio Carrillo para el Canal Ondas y Radios 2000


Se ofrece seguidamente el enlace donde se puede descargar el audio de la entrevista efectuada a Emilio Carrillo, el pasado 8 de abril, por Antonio Salazar para el Canal Ondas y Radios 2000. Su duración es de 50 minutos:


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24/4/14

Sin miedo





Omar Torres, desde Barcelona, nos hace llegar esta hermosa canción de Rosana que vibra en su Corazón y sintoniza con la entrada La Libertad es la ausencia de miedos… ¡Venga, herman@s, que esto está hecho! publicada antes de ayer, 22 de abril, en el blog.

¡Omar, Muchas gracias!

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23/4/14

No eres Tú, soy Yo



¿Quién te hace sufrir? ¿Quién te rompe el corazón? ¿Quién te lastima? ¿Quién te roba la felicidad o te quita la tranquilidad? ¿Quién controla tu vida?...


¿Tus padres? ¿Tu pareja? ¿Un antiguo amor? ¿Tu suegra? ¿Tu jefe?


Podrías armar toda una lista de sospechosos o culpables. Probablemente sea lo más fácil. De hecho sólo es cuestión de pensar un poco e ir nombrando a todas aquellas personas que no te han dado lo que te mereces, te han tratado mal o simplemente se han ido de tu vida, dejándote un profundo dolor que hasta el día de hoy no entiendes.


Pero ¿sabes? No necesitas buscar nombres. La respuesta es más sencilla de lo que parece, y es que nadie te hace sufrir, te rompe el corazón, te daña o te quita la paz. Nadie tiene la capacidad al menos que tú le permitas, le abras la puerta y le entregues el control de tu vida.


Llegar a pensar con ese nivel de conciencia puede ser un gran reto, pero no es tan complicado como parece. Se vuelve mucho más sencillo cuando comprendemos que lo que está en juego es nuestra propia felicidad. Y definitivamente el peor lugar para colocarla es en la mente del otro, en sus pensamientos, comentarios o decisiones.


Cada día estoy más convencido de que el hombre sufre no por lo que le pasa, sino por lo que interpreta. Muchas veces sufrimos por tratar de darle respuesta a preguntas que taladran nuestra mente como: ¿Por qué no me llamó? ¿No piensa buscarme? ¿Por qué no me dijo lo que yo quería escuchar? ¿Por qué hizo lo que más me molesta? ¿Por qué se me quedó viendo feo? y muchas otras que por razones de espacio voy a omitir.


No se sufre por la acción de la otra persona, sino por lo que sentimos, pensamos e interpretamos de lo que hizo, por consecuencia directa de haberle dado el control a alguien ajeno a nosotros.


Si lo quisieras ver de forma más gráfica, es como si nos estuviéramos haciendo vudú voluntariamente, clavándonos las agujas cada vez que un tercero hace o deja de hacer algo que nos incomoda. Lo más curioso e injusto del asunto es que la gran mayoría de las personas que nos "lastimaron", siguen sus vidas como si nada hubiera pasado; algunas inclusive ni se llegan a enterar de todo el teatro que estás viviendo en tu mente.


Un claro ejemplo de la enorme dependencia que podemos llegar a tener con otra persona es cuando hace algunos años alguien me dijo: "Necesito que Enrique me diga que me quiere aunque yo sepa que es mentira. Sólo quiero escucharlo de su boca y que me visite de vez en cuando aunque yo sé que tiene otra familia; te lo prometo que ya con eso puedo ser feliz y me conformo, pero si no lo hace... siento que me muero".
 

¡Wow! Yo me quedé de a cuatro ¿Realmente ésa será la auténtica felicidad? ¿No será un martirio constante que alguien se la pase decidiendo nuestro estado de ánimo y bienestar? Querer obligar a otra persona a sentir lo que no siente... ¿no será un calvario voluntario para nosotros?


No podemos pasarnos la vida cediendo el poder a alguien más, porque terminamos dependiendo de elecciones de otros, convertidos en marionetas de sus pensamientos y acciones.


Las frases que normalmente se dicen los enamorados como: "Mi amor, me haces tan feliz", "Sin ti me muero", "No puedo pasar la vida sin ti", son completamente irreales y falsas. No porque esté en contra del amor, al contrario, me considero una persona bastante apasionada y romántica, sino porque realmente ninguna otra persona (hasta donde yo tengo entendido) tiene la capacidad de entrar en tu mente, modificar tus procesos bioquímicos y hacerte feliz o hacer que tu corazón deje de latir.


Definitivamente nadie puede decidir por nosotros. Nadie puede obligarnos a sentir o a hacer algo que no queremos, tenemos que vivir en libertad. No podemos estar donde no nos necesiten ni donde no quieran nuestra compañía. No podemos entregar el control de nuestra existencia, para que otros escriban nuestra historia. Tal vez tampoco podamos controlar lo que pasa, pero sí decidir cómo reaccionar e interpretar aquello que nos sucede.


La siguiente vez que pienses que alguien te lastima, te hace sufrir o controla tu vida, recuerda: No es él, no es ella, ERES TÚ quien lo permite y está en tus manos volver a recuperar el control.


Al ser humano se le puede arrebatar todo, salvo una cosa, la última de las libertades humanas: la elección de la actitud personal que debe adoptar frente al destino, para decidir su propio camino.



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Fuente: Ensayo de Viktor Frankl, neurólogo, psiquiatra, sobreviviente del holocausto y fundador de la disciplina que conocemos hoy como Logoterapia.

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