11/11/09

OFRENDADAS (Viaje a dentro de mí mismo)

La semilla de consciencia sembrada en la materia a través de la dimensión espiritual del ser humano está dando fruto en forma de aumento del grado de consciencia de cientos de millones de personas, de la humanidad en su conjunto y de la globalidad del planeta.
Cierto es que muchas semillas están quedando estériles, subsumidas y agotadas por el peso del ego y los dualismos. Pero no lo es menos que son también muy cuantiosas las que han germinado en el Amor y crecen consciencialmente con vigor. De hecho, está próxima a alcanzarse la masa crítica necesaria para que el planeta experimente un maravilloso salto dimensional en el que participarán activamente todos los seres humanos que han logrado que la semilla en ellos depositada luzca su fruto.
Tal fruto puede ser llamado con razón el “Hijo del Hombre”. Y su fulgor consciencial es ya evidente para todo aquel que tenga ojos nuevos para un mundo nuevo. Brilla por doquier, de manera semejante a como resplandece el rayo en el horizonte. Se expande sin límite adoptando la forma de una gran rejilla energética o red de consciencia.
En esta red existen numerosos nodos: puntos que permanecen fijos en el holograma interdimensional y vibrante que la rejilla conforma. Todos, sin excepción, contribuyen al incremento energético y de frecuencia vibratoria de la red, aunque ostentan muy variados grados de consciencia y se plasman en muy diferentes modalidades, desde las diversas creencias religiosas e iglesias y las comunidades y colectivos que en cada una se integran a las distintas escuelas y corrientes espirituales que se despliegan por los cinco continentes.
El trabajo que desarrolla cualquier persona en cualquiera de esos nodos es de gran valor para la potenciación energética de la rejilla. Pero, sobre todo, en el momento actual se precisan seres humanos que no se establezcan en un nodo concreto, sino que fluyan por la red cual partículas cuánticas dando Consciencia de Ser, Luz Vivificadora y Alegría Vital a los nodos y a los componentes de estos que encuentren en su camino.
A esta tarea están llamadas las personas consciencialmente más despiertas y activas. Todo el que sienta esta llamada en su interior ha de ponerse manos a la obra con decisión y entusiasmo y confiando en la Providencia. Su fluir por la red debe estar presidido por el objetivo de dar, nunca por el de recibir. Eso sí, será al dar con Amor y generosidad cuando reciban una fuerza que ni podían imaginar, que deberán poner al servicio exclusivo de su fluir por la red.

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