16/11/09

La Nube del No-Saber: Orientación Particular (LXX)

La Nube del No-Saber y El Libro de la Orientación Particular son obras escritas en inglés por un autor anónimo del siglo XIV. A medida que las leo y medito, escribo y cuelgo en el Blog estas Variaciones sobre las mismas, respetando sus respectivas estructuras, lo que supone un total de 99 breves capítulos (fecha de publicación del primero: 20/07/09)

Persevera, pues, penetrando en esta nada que no está en ninguna parte, y no trates de emplear los sentidos de tu cuerpo ni sus percepciones. Repito, no están adaptados a esta obra. Tus ojos están destinados a ver las cosas materiales de tamaño, forma, color y posición. Tus oídos funcionan ante el estímulo de las ondas sonoras. Tu nariz está modelada para distinguir entre los buenos y malos olores. Tu gusto, para distinguir lo dulce de lo agrio, lo salado de lo fresco, lo agradable de lo amargo. Y tu sentido del tacto te indica lo que es caliente o frío, duro o blando, suave o áspero.

Pero, como tú sabes, ni la cualidad ni la cantidad son propiedades que pertenezcan a Dios ni a nada espiritual. Por tanto, no trates de usar tus sentidos internos o externos para captar lo espiritual. Los que se disponen a trabajar en el espíritu pensando que pueden ver, oír, gustar y sentir lo espiritual, interior o exteriormente, se engañan grandemente y violan el orden natural de las cosas. La naturaleza destinó los sentidos a adquirir el conocimiento del mundo material, no a entender las realidades íntimas del espíritu. Lo que quiero decir es que el ser humano conoce las cosas del espíritu más por lo que no son que por lo que son.

Nuestras facultades espirituales, por otra parte, están igualmente limitadas en relación al conocimiento de Dios tal como es. Tal es la postura de san Dionisio, que dijo: “El conocimiento más divino de Dios es el que conoce por el no-conocer”. La divinidad se halla en la esfera de Ser, no de conocer, que es el ámbito del intelecto humano.

Quien lea el libro de Dionisio verá confirmado en él todo lo que vengo tratando de enseñar en este libro desde el principio hasta el final. A excepción de esta única frase no quiero citarle más a él ni a ningún otro maestro de la vida interior sobre esta materia. Hubo un tiempo en que era considerado como modestia el no decir nada de tu propia cosecha sin confirmarlo con textos de la Escritura o de otros maestros conocidos. Hoy en cambio, esta clase de cosas se considera una moda yana en los engreídos círculos intelectuales. Por mi parte, no quisiera molestarte con todo esto, ya que no lo necesitas para nada.

El que tenga oídos para oír, que me oiga, y el que se sienta movido a creerme, que acepte con sencillez lo que digo por el valor que en si tiene, pues en realidad no cabe otra posibilidad.

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