1/9/2014

Emilio Carrillo habla del “Proyecto Arturo” de Ávalon


En este enlace se puede acceder al vídeo (duración: 11 minutos y 11 segundos) donde Emilio Carrillo habla del “Proyecto Arturo” de Ávalon:


Mil gracias a Emilio y a aquellos que organizaron esa conferencia.

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Fuente: Vamos por Buen Camino (www.vamosporbuencamino.com)
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29/8/2014

Ni esto ni aquello


En este mundo de Esencialidad
no existe ni el yo ni nada que no sea yo.
Para entrar directamente en armonía con esta realidad,
cuando las dudas surjan simplemente di: «No dos».
En este «no dos» nada está separado,
nada está excluido.
No importa cuándo ni dónde:
iluminación significa entrar en esta verdad.
Y esta verdad está más allá del aumento o
la disminución en el tiempo o el espacio:
en ella, un solo pensamiento dura diez mil años.

Esencialidad: tal es la naturaleza de las cosas

Esencialidad (tathata) consiste en vivir en este mundo y con este mundo tan profundamente que el mundo desaparezca y tú te conviertas en la esencia. Y la actitud que la caracteriza e identifica es la aceptación: vivir sin conflictos ni quejas desde el discernimiento de la naturaleza de las cosas… Es viviendo así como, de pronto, acontece la transformación. Mientras estés luchando, tu energía se divide. Pero una vez que aceptas, se hace una en tu interior y la propia liberación de energía se convierte en una fuerza curativa que no viene de afuera. Es así como la esencialidad incide sobre la enfermedad física, la mental y, finalmente, la espiritual, aunque lo aconsejable es empezar por el cuerpo y, si tienes éxito con él, intentarlo en los otros niveles.

Cuando algo vaya mal en el cuerpo, relájate y acéptalo. Di para tu interior, sintiéndolo intensamente: “Tal es la naturaleza de las cosas”. Si las cosas que han nacido tienen que morir, algunas veces tendrán que enfermar. … Acéptalo, no te identifiques con ello. No hay de qué preocuparse: no te está ocurriendo a ti; está sucediendo en el mundo de las cosas… Cuando no luchas, transciendes. La aceptación es la transcendencia. Y esta transcendencia se convierte en una fuerza curativa. De repente, el cuerpo empieza a cambiar.

Lo mismo ocurre con las preocupaciones mentales, las tensiones, las ansiedades, la angustia… ¿A qué se debe que te preocupe algo? A que no puedes aceptar el hecho porque tienes algunas ideas que imponer a la naturaleza. Por ejemplo, te estás haciendo viejo y eso te preocupa. Te gustaría permanecer siempre joven; ahí está la preocupación… ¿Qué es lo que muestras con tus preocupaciones? Que no puedes aceptar lo que está ocurriendo.

El mundo de las cosas es un flujo y en él nada es permanente. Si esperas permanencia de un mundo donde todo es impermanente, te crearás preocupaciones. Por ejemplo, te gustaría que este amor fuera para siempre. Sin embargo, nada puede serlo en este mundo; todo es momentáneo. Esta es la naturaleza de las cosas, su esencia. Bien… Ahora sabes que ese amor ha acabado y ello te causa tristeza. Vale, acepta la tristeza. Si estás tembloroso, acepta el temblor; si te apetece llorar, llora. ¡Acéptalo! No lo reprimas, no disimules, no trates de fingir. No puedes luchar contra los hechos, acéptalos.

Y si lo haces gradualmente, estarás constantemente dolorido y sufriendo. Pero si los aceptas sin queja alguna, no desde la impotencia, sino desde la comprensión, se vuelven esencialidad. Entonces ya no estás preocupado, ya no hay problema, porque el problema no era causado por el hecho en sí, sino debido a que no podías aceptarlo de la forma en que estaba ocurriendo: querías que fuera a tu manera.

La vida no va a ser como tú quieras

La vida no va ser como tú quieras, sino como la propia vida quiera. Y ante este hecho cierto, tú mandas. Si lo rechazas, sufrirás. Si lo aceptas desde la consciencia, tu vida se convertirá en éxtasis… También Buda tuvo que morir, pero lo hizo feliz al ser consciente de que lo que ha nacido tiene que morir: el nacimiento implica la muerte; así son las cosas. Si mueres preocupado y sintiéndote desdichado, te perderás lo que la muerte puede ofrecerte, la gracia que se manifiesta en el último momento, la iluminación que sucede en el tránsito. Mueres; morirás muchas veces y seguirás perdiéndote lo mejor de ello.

Si puedes aceptar la muerte, abres la puerta del tránsito con una bienvenida en tu corazón. Y la calidad del fenómeno cambia inmediatamente. De repente eres inmortal: el cuerpo se está muriendo, pero tú no. Ahora puedes darte cuenta de que sólo se abandona la vestimenta, no el contenido; el coche en que has encarnado para vivir la experiencia humana, no el conductor, no la consciencia, que permanece en su iluminación; y más aún, porque en la vida muchas fundas la cubrían, pero en la muerte está desnuda y libre.

No obstante, para esto hay que embeber la actitud de la esencialidad, no un mero pensamiento mental o una filosofía: tu vida entera ha de transformarse en esencialidad. Ni siquiera hace falta que pienses en ello: sencillamente se vuelve algo natural… Comes en esencialidad, duermes en esencialidad, respiras en esencialidad, amas en esencialidad, lloras en esencialidad… Se convierte en un hábito y no necesitas preocuparte por ello… Es tu forma de ser… ¡Aceptas!

Es cierto que el término “aceptar” conlleva cierta carga -por ti, no por la palabra- porque sólo aceptas cuando te sientes impotente, cuando no puedes hacer nada… En el fondo todavía deseas; piensas que de haber sido de otra forma hubieras sido feliz, pero ¡qué le vas a hacer! Lloras desconsoladamente y pasas muchas noches preocupado, con pesadillas y sufrimientos... Finalmente, el tiempo es el que te cura, no la comprensión. Y el tiempo es necesario sólo porque no comprendes, sino te curarías inmediatamente.

Así que, poco a poco, las cosas se difuminan, se pierden en la memoria cubiertas por el polvo. Y todavía algunas veces duele la herida porque vas cargando con el pasado… Fuiste niño; el niño todavía está ahí. Luego un muchacho; el muchacho todavía está ahí con todas sus experiencias… Capa sobre capa, todo está ahí. Es por eso que en ocasiones retrocedes: si te ocurre algo y te sientes desamparado, empiezas a llorar como un niño. Has retrocedido en el tiempo, el niño ha salido a la superficie. ¿Por qué llevamos toda esa carga? Porque en realidad nunca aceptas nada. Si aceptas el fenómeno, la situación, la vivencia o el hecho no quedará nada con lo que  cargar. Pero si aceptas porque te sientes impotente, cargarás con él… Cualquier cosa que esté incompleta permanece para siempre como una carga; cualquier cosa que esté completa se abandona. Porque la mente tiene una tendencia a cargar con las cosas incompletas con la esperanza de que algún día surja la oportunidad de completarlas. Aún esperas que regresen los días que ya se han ido. No has transcendido el pasado. Y a causa de ese pasado tan pesado, no puedes vivir en el presente.

Cuando aceptas en esa actitud de esencialidad no hay rencor, no te sientes impotente. Sencillamente entiendes que así es la naturaleza de las cosas. Por ejemplo, si quiero salir de una habitación lo haré por la puerta, no atravesando la pared. Esta es la naturaleza de la pared: impedir el paso; esa es la naturaleza de la puerta, que pases a través de ella. Pues bien, acepta las cosas como a la pared y la puerta… Si puedes mirar con claridad no harás cosas como intentar traspasar la pared… Observa las cosas y si hay algo es natural no trates de forzar en ello algo que sea innatural.

¿Por qué no miras los hechos tal como son? Porque tus deseos están demasiado presentes. Por eso te has convertido en una persona tan impotente. Supera la impotencia: ante cualquier situación, no desees nada, pues el deseo te llevará por el camino equivocado. Mira los hechos con toda la consciencia de que dispongas y, de repente, se abre una puerta y ya no pasas a través de la pared, sino por la puerta, sin un rasguño. Y ya no cargas con nada.

Y la esencialidad es comprensión, no un destino sin esperanza. Así que esta es la diferencia. Hay gente que cree en el destino o que dicen “Dios ha querido que fuera así”, pero en el fondo mantienen un rechazo y utilizan esas tretas para maquillarlo y consolarse a sí mismos. Sin embargo, la actitud de la esencialidad no es fatalista ni conlleva ningún Dios o destino. Dice: mira las cosas tal como son, comprende, y comprobarás que hay una puerta… Siempre hay una puerta…

En la esencialidad desaparece el yo y, con ello, el otro

En este mundo de Esencialidad no existe ni el yo ni nada que no sea yo”… La mente siempre divide: el otro y yo. Y en ese mismo instante el otro se convierte en enemigo. Algunos son más hostiles, otros menos, pero el otro siempre es enemigo… Llamas amigo a aquel que es menos hostil contigo y enemigo a aquel que lo es más, pero con el otro forzosamente tiene que haber competición, celos, lucha… También peleas y compites contra tus amigos, aunque de una manera “amistosa”. Sin embargo, una vez que te has fundido en la esencialidad, en el discernimiento de la naturaleza de las cosas, no existe nada que sea tú, ni nada que no seas tú; no hay ni yo ni nada que no sea yo.

Cuando el otro desaparece, el yo también desaparece, porque son dos polos de un mismo fenómeno. Aquí adentro está el ego y ahí afuera está el otro: dos polos de un mismo fenómeno. Si desaparece un polo, si el “tú” se disuelve, el “yo” desaparece con él… Y ojo, no puedes hacer desaparecer al otro, sólo puedes hacerte desaparecer a ti mismo. Si tú desapareces no hay ningún otro; cuando se abandona el yo, no hay tú. Es la única manera. Pero intentamos justo lo contrario: matar al “tú”. Mas al “tú” no se le puede matar, ni poseer, ni dominar. El “tú” siempre seguirá en rebelión porque está esforzándose en matarte a ti. Ambos lucháis por el mismo ego; él por el suyo y tú por el tuyo. ¿Cómo vas a destruir al otro? El otro es inmenso… es todo el Universo. Céntrate en una dimensión diferente: abandona el yo.

Sin embargo, lo que haces es ayudarlo a permanecer. Por ejemplo, aferrándote a tus quejas, rencores, enfermedades… La gente se apega a todo lo que molesta. Se quejan, dicen que les gustaría curarse, pero en el fondo no es así porque si se curarán ellos no estarán ahí, el yo desaparece… Fíjate como la gente se aferra a sus heridas. Hablan acerca de sus enfermedades y defectos más que de ninguna otra cosa. Escúchalos y te darás cuenta de que lo están disfrutando… Su enfermedad, su ira, su odio, sus problemas, su egoísmo, su ambición… Es una locura: están pidiendo deshacerse de esas cosas, pero, observa sus caras, lo están disfrutando. Y si realmente desaparecieran, ¿con qué disfrutarían? Estarían tan ociosos que se suicidarían.

Indaga en tu interior y te darás cuenta de que todas tus desgracias existen porque tú las apoyas. Sin tu apoyo nada puede existir. Existen porque tú les das energía. ¿Quién te obliga a ello? Hasta para estar triste se necesita energía. Es por eso que después de la tristeza te sientes tan agotado… Durante tu depresión no estabas haciendo nada, estabas simplemente triste y tendrías que haber salido de ella pletórico de energía. Pero no, porque todas las emociones negativas necesitan energía y te agotan.

Si eres feliz, de repente, toda la existencia es feliz contigo y el mundo entero fluye hacia ti con energía y ríe contigo. Pero cuando estás alimentando tu tristeza y apatía, se abre un espacio entre tú y la vida. Entonces todo lo que hagas tendrá que depender de tu energía y la desperdiciarás, la agotarás… Pero lo haces porque cuando estás ofuscado y negativo sientes más ego… Cuando estás triste, enfadado, egoísta, disfrutando y jugando con tus heridas, intentando ser un mártir, entonces generas un espacio entre tú y la existencia. Te quedas solo y ahí te sientes yo. Y cuando te sientes yo, toda la existencia se vuelve hostil contigo. En cambio, cuando estás contento, feliz, extasiado, no hay yo, el otro desaparece; estás en contacto con la existencia, no separado.

Cuando aceptas la naturaleza de las cosas y te disuelves en ella, vas con ella. No das ningún paso propio, no tienes ninguna danza propia, ni siquiera una cancioncilla; la canción de la totalidad es tu canción, la danza del todo es tu danza,  tú ya no estás aparte. Simplemente sientes: “El todo es. Yo sólo soy una ola, que viene y se va, que llega y se marcha, siendo y no-siendo. Yo voy y vengo, el todo permanece. Yo existo a través del todo, el todo existe a través de mí”… Algunas veces toma forma y otras no. Algunas veces surge en el cuerpo y otras desaparece del cuerpo. Tiene que ser así, porque la vida tiene un ritmo. Algunas veces tienes que estar activo y en movimiento -una ola- y otras te vas a las profundidades y descansas, inmóvil.

La muerte es un cambio de ritmo moviéndose hacia lo otro. Pronto nacerás más vivo. La muerte es una necesidad: el polvo que se ha acumulado a tu alrededor tiene que lavarse; es la única manera de rejuvenecer. ¿Por qué crear un conflicto? Tú no mueres, sólo caen las hojas viejas para hacer espacio a las nuevas. Mueres aquí, naces allí: de la forma a la sin-forma, de la sin-forma a la forma; del cuerpo al no-cuerpo, del no-cuerpo al cuerpo; movimiento, quietud; quietud, movimiento… Este es el ritmo. Si te fijas en el ritmo no te preocupará nada: confía… Entonces tú no estás ahí, ni tampoco hay ningún otro. Los dos han desaparecido, ambos se han convertido en el ritmo del uno. Ese uno existe, ese uno es la realidad, la verdad.

“No dos”

Para entrar directamente en armonía con esta realidad, cuando las dudas surjan simplemente di: No dos”… Cuando surja la duda, cuando te sientas dividido, cuando veas que está apareciendo una dualidad, di para tu interior: “No dos”. Y hazlo con plena consciencia, inteligencia y comprensión… Siempre que sientas que el amor está surgiendo di “no dos”, de otra forma el odio estará esperando; y cuando veas que el odio está surgiendo di: “No dos”. Siempre que sientas un apego hacia la vida di “no dos”; y también cuando sientas miedo a la muerte… Si alguien te ha insultado y te ofendes di “no dos”, porque el que insulta y el que se ofende son uno. Ese hombre no te ha hecho nada a ti, se lo ha hecho a sí mismo… El asesino y el asesinado son uno, ¿por qué preocuparse?; ¿por qué adoptar puntos de vista?; ¿por qué no fundirse en el otro? Porque el otro también soy yo; y el otro y yo también son Eso. Sólo existe el uno.

Siempre que se te plantee una confusión, dudas, una división, un conflicto, siempre que vayas a escoger algo, recuerda: “No dos”. Tienes que hacerlo con comprensión, con consciencia. Si lo haces mecánicamente significa que en otro nivel permaneces en el yo, en el ego, luchando, violento, agresivo. Y las agresiones no están solamente en la guerra… La agresión es muy sutil, está en tus gestos. Fíjate: si estás dividido en yo y tú, tu mirada es violenta. Y cuando gritas, siempre que te enfadas, el motivo suele ser algo insignificante. Vas acumulando agresividad y de ahí, de pronto, desde esa ira acumulada, sale la agresión por algo sin demasiada importancia.

Di: “No dos” y entonces no hay nada que elegir, nada que te guste o te desagrade, puedes bendecir todo… Vas donde la vida te lleva; confías en la vida. Y la confianza no es una postura intelectual. Es una respuesta total al sentimiento de que sólo existe el uno, no dos… Repite silenciosamente: “No dos” y observa lo que ocurre. El conflicto desaparece. Aunque sólo desaparezca por un momento, será un gran fenómeno. Estás cómodo, de pronto no hay enemigo en el mundo, de repente todo es uno.

 “En este “no dos” nada está separado, nada está excluido. No importa cuándo ni dónde, iluminación significa entrar en esta verdad”… Iluminación significa entrar en esta verdad de “no dos”… Siempre que te sientas dividido, que estás a punto de elegir, que te gusta una cosa en contra de otra, que empieza a aparecer y acumularse la tensión… di “no dos”. La tensión se relajará y la energía será reabsorbida, transformándose en bienaventuranza.

Sexualidad: la energía acumulada y el tercer ojo

La vida te va llenado de energía. Y siempre que la energía acumulada es demasiada, el tercer ojo lo siente y empezarás a percibir que hay que hacer algo. A este tercer ojo los hindúes le han llamado el ajna chakra, el centro de mando, donde se dan las órdenes, la oficina desde donde el cuerpo recibe las órdenes… La Naturaleza ha construido un proceso: en cuanto acumulas demasiada energía, el tercer ojo presiona el centro del sexo, ambos se unen y empiezas a sentirte sexual. Se trata de un dispositivo automático creado por la Naturaleza en el cuerpo. Y a partir de ahí, existen dos caminos en la gestión de esa energía interior acumulada: descenderla o ascenderla.

Descenderla significa desahogarte. Así es como para la mayoría de la gente funciona el sexo: una medida de seguridad, porque se puede acumular tanta energía que puedes estallar. El sentimiento de sexualidad no es más que un dispositivo para evidenciar la acumulación de energía. Y una de las maneras de usar tu energía es sintiendo placer a través del desahogo.

La otra forma es decir: “No dos”. Yo soy uno con el Universo. ¿Dónde desahogarla?; ¿con quién hacer el amor?; ¿dónde echarla? No hay ningún lugar distinto a mí, yo soy uno con el Universo. Entonces, al no hacerla descender del tercer ojo, al no desahogarte, empieza a ascender. Y llega así al último chakra, el séptimo centro, situado en la cabeza por encima del tercer ojo y al que los hindúes llaman sahasrara: el loto de los mil pétalos.

Estos son los dos caminos posibles para usar tu energía interior acumulada. Cuando la haces descender, hay placer. Cuando no te desahogas y permites que ascienda desde la compresión consciente del “no dos”, la energía alcanza el sahasrara y hay bienaventuranza. Y ten en cuenta que el placer y el sentimiento de bienestar que el descender la energía provoca sólo puede ser momentáneos, pues el desahogo es pasajero y genera una sensación efímera. Sin embargo, la bienaventuranza puede ser eterna, porque la energía no se descarga sino que se reabsorbe. El centro de la descarga es el sexo, el primer centro o chakra; y el centro de la reabsorción es el séptimo, el último. Ambos son los extremos de un mismo fenómeno energético. Desde un extremo, al desahogarte, la energía se descarga; te sientes relajado porque ahora no hay energía para hacer nada y te duermes. Es por eso que el sexo ayuda a dormir. Y si te vas al otro extremo, en el que la energía se reabsorbe, el loto de los mil pétalos se abre y sigue abriéndose y abriéndose. No tiene fin, porque la energía vuelve hacia el interior, es reabsorbida.

Puedes llegar desde el sexo a la superconsciencia. Este loto de mil pétalos es el centro de la superconsciencia. Así que cuando vuelvas a sentirte sexual di “no dos” con comprensión, consciente, en alerta. Y de pronto sentirás que algo está pasando en la cabeza: la energía que solía caer hacia abajo se está moviendo hacia arriba. Y una vez que alcance el séptimo centro, será reabsorbida. Entonces te vas convirtiendo en más y más en energía; y la energía es deleite, éxtasis. Ya no hay necesidad de descargarla porque ahora eres el ser infinito... Puedes absorber el infinito, el todo, y aún quedará espacio… Este cuerpo es estrecho; tu consciencia, inmensa. Este cuerpo es una taza pequeña; un poco más de energía y se desborda. Tu práctica sexual es el desbordamiento de la taza, del cuerpo estrecho. Pero cuando el sahasrara se abre, un loto de mil pétalos se abre en tu cabeza; y va abriéndose y abriéndose sin fin. Aunque el todo se derrame sobre ti, todavía quedará un espacio infinito.

Se dice que un buda es más grande que el Universo. No su cuerpo físico, por supuesto, pero el Buda sí lo es porque el loto se ha abierto. Ahora este Universo no es nada; millones de Universos pueden caer en él y ser reabsorbidos. Puede seguir creciendo. Es perfecto y todavía sigue creciendo. Esta es la paradoja; porque nosotros pensamos que una perfección no puede crecer. La perfección también crece; crece hacia ser más perfecta y más perfecta. Sigue creciendo porque es infinita… Este es el vacío del que habla Buda: shunyata. Cuando tú estás vacío, todo el Universo puede caber en tu interior y todavía queda un espacio infinito, más Universos pueden caber en ti.

Tú eres el todo

Y esta verdad está más allá del aumento o la disminución en el tiempo o el espacio”... Para esta verdad el tiempo y el espacio no existen. Ha ido más allá, nada la limita. Es más grande que el espacio y el tiempo… “En ella, un solo pensamiento dura diez mil años”; y un simple movimiento, eternidad… Puedes ver el cuerpo tuyo o de alguien, pero el cuerpo no es tú ni él: somos la consciencia que no podemos ver. El cuerpo nace y muere; la consciencia no ha nacido nunca y nunca morirá. Esta consciencia iluminada es la mismísima raíz de toda la existencia; y también su florecimiento. No se puede decir dónde se halla esta consciencia porque ¡está en todas partes! Mejor aún: “todas partes” están en ella.

Ambos, el tiempo y el espacio existen en la consciencia y esta consciencia no existe en el tiempo y el espacio. No podemos decir en qué momento del tiempo existe esta consciencia iluminada. Sólo podemos decir que todo el tiempo existe en esta consciencia. Esta consciencia es más grande; y tiene que ser así. ¿Por qué?... Puedes observar el tiempo y decir: “Es por la mañana, o es mediodía o ahora es por la tarde. Ha pasado un minuto, un año o una era”. Este observador, esta consciencia, tiene que ser más grande que el tiempo, sino ¿cómo podría observarlo? El observador tiene que ser más grande que lo observado. Tú puedes ver el espacio, puedes ver el tiempo; por lo tanto, ese que ve dentro de ti debe ser más grande que ambos.

Una vez que ocurre la iluminación, todo está en ti. Todo empieza a moverse en ti… Los mundos surgen de ti y se disuelven en ti porque tú eres el todo.

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Fuente: Extracto del capítulo 9 de “El Libro de la Nada”, de Osho, realizado por Emilio Carrillo.
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27/8/2014

La reencarnacion (la experiencia de Emilio Carrillo)




Sobre estas líneas se ofrece el vídeo (duración: 00:02:41) de la canción La reencarnación (la experiencia de Emilio Carrillo) que ha compuesto y canta José Luís Corcoles y Emmanuel me ha hecho llegar desde México.

También puede accederse a él a través de este enlace:

https://www.youtube.com/watch?v=M38XG60MlOI


LA REENCARNACIÓN
ES SÓLO UNA CREENCIA,
PERO CUANDO LA VIVES
PASA A SER UNA EXPERIENCIA.

ALGUIEN ESA EXPERIENCIA HA VIVIDO:

ESE ALGUIEN SE LLAMA EMILIO CARRILLO.


HA PODIDO COMPROBAR
QUE VIVIÓ EN OTROS MUNDOS,
QUE CONOCIÓ OTROS SITIOS,
QUE CONOCIÓ OTRO Y OTRA GENTES...


Y ES QUE EXISTE UN PLANO

DESDE EL CUAL NOS DESPLAZAMOS
Y QUE, POSIBLEMENTE,
HEMOS LLEGADO MUCHAS VECES
DESDE OTRO PLANO A ESTE PLANO;


QUE CADA VEZ ELEGIMOS NUESTROS PADRES,
NUEVOS DONES Y TALENTOS
QUE SON LA EXPRESION DE NUESTRA DIVINIDAD.


EL TALENTO SE DEBE EXPRESAR Y COMPARTIR,
QUE ES LO QUE HAGO YO
CON MI POBRE TALENTO


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25/8/2014

La coherencia del corazón



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Vídeo producido y enviado por: Óscar Castaño
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22/8/2014

Vivir en la fe verdadera


Considera inmóvil el movimiento
y en movimiento lo inmóvil,
y ambos, estado de movimiento
y estado de reposo, desaparecen.
Cuando tales dualidades dejan de existir
la propia Unidad no puede existir.
Ninguna ley o descripción
es aplicable a esta finalidad suprema.
Para la mente unificada, en armonía con el Camino,
cesan todos los esfuerzos enfocados hacia uno mismo.
Las dudas y las vacilaciones se desvanecen,
y vivir en la fe verdadera se vuelve posible.
De un solo golpe somos liberados del cautiverio;
nada se aferra a nosotros y
nosotros no nos aferramos a nada.
Todo está vacío, claro, autoiluminado,
sin el empleo del poder de la mente.
Aquí, el pensamiento, el sentimiento,
el conocimiento y la imaginación no tienen ningún valor.


La verdad sólo puede ser el todo

La mente sólo percibe un extremo, sólo puede ver un polo, mientras que la realidad es bipolar. Lo cierto es que en ese extremo se esconde el otro, pero la mente no puede penetrar en él. Y a no ser que veas ambos opuestos juntos, nunca te será posible ver lo que es. Lo que sea que veas será falso, pues será la mitad. La verdad sólo puede ser el todo. Conocer la verdad es conocer la totalidad en todas las cosas.

El movimiento es imposible sin algo inmóvil dentro de él. Siempre que amas, el odio, el polo opuesto, está presente, porque el amor no puede existir sin el odio. No depende de tu gusto: ¡es así. Pero la mente puede ver sólo uno de los polos: cuando ve el amor, deja de ver el odio; cuando se aferra al odio, deja de ver el amor. Y si quieres ir más allá de la mente, tienes que ver ambos extremos, los dos opuestos. Es exactamente igual que el péndulo de un reloj: mientras va hacia la derecha está ganando ya impulso para ir hacia la izquierda.

Mientras estás vivo, almacenas energía para morir; y cuando estés muerto, energía para renacer. Si sólo ves la vida, te estarás equivocando. ¡Ve la muerte oculta en la vida por todas partes! Y si lo ves, también podrás ver su reverso: que en la muerte se esconde la vida. Entonces ambas polaridades desaparecerán. Y cuando las ves en su unidad, la mente desaparece.

En el momento en que has elegido el amor, has elegido el odio. Y si te aferras a la vida, te estás aferrando a la muerte… La mente existe en una parte de la polaridad y trata de hacer que esa parte sea el todo. La mente dice: “¿Cómo voy a odiar a esta mujer? Cuando yo amo, amo; el odio es imposible”. La mente parece lógica, pero está equivocada. No se puede odiar a una persona sin amarla. Van juntos, son dos aspectos de la misma moneda. Tú miras una cara, la otra está oculta detrás (pero esta ahí, siempre esperando).

¿Qué ocurriría si la mente pudiera ver a ambas juntas? Todo se volvería absurdo, ilógico. La mente sólo puede vivir en un marco lógico, sencillo, negando lo opuesto. Si permites que entren en concurso cosas ilógicas, la mente desaparece… Cuando miras la forma en que la vida se mueve y vive, que es a través de los opuestos, tienes que abandonar la mente. La mente necesita demarcaciones claras, cosa que la vida no tiene. No puedes encontrar nada más absurdo que la vida, que la existencia… Si te reúnes, tan sólo te reúnes para separarte; si te gusta una persona, te gusta tan sólo para que te disguste; si eres feliz, tan sólo eres feliz para plantar la semilla de la infelicidad.

¿Qué hacer? A la mente no le queda nada que hacer. La mente simplemente desaparece. Y se constata que la vida no es absurda –lo parece por la excesiva lógica de la mente-, sino un Misterio y un Milagro… La vida siempre envuelve al opuesto... Disfruta el momento e inmediatamente llorarás; ríe y justo tras la risa están las lágrimas esperando brotar. No queda nada por hacer, así es como son las cosas.

Considera inmóvil el movimiento y en movimiento lo inmóvil

 “Considera inmóvil el movimiento...” Cuando veas algo que se está moviendo, recuerda, hay algo dentro de ello que es inmóvil. Y todos los movimientos conducirán a lo inmóvil. Estás corriendo, sencillamente, para descansar en alguna parte. Así que correr lleva a descansar, el movimiento lleva al estado de inmovilidad.

Y esa inmovilidad ya está ahí. Cuando estés corriendo, algo dentro de ti no está corriendo. Tu consciencia permanece inmóvil. Puedes moverte por el mundo entero, pero algo dentro de ti nunca se mueve, no puede moverse, y todo movimiento depende de ese centro inamovible. Te involucras en toda clase de situaciones y emociones, pero algo en ti permanece sin comprometerse, sin involucrarse. Y toda esa vida de compromisos tan sólo es posible por ese elemento que no se involucra.

Y “Considera inmóvil el movimiento y en movimiento lo inmóvil”… Y cuando veas algo estacionario, no te dejes engañar: es estacionario, pero ya se está moviendo. Nada es estático y nada está en movimiento absoluto. Todo es ambas cosas: en parte está en movimiento y en parte está estático. Y lo estático es la base de todo movimiento.

Cuando veas algo estático, busca en su interior y verás que, en alguna parte, el movimiento ya está ocurriendo. Si ves algo que se mueve, busca lo estacionario en ello. Lo encontrarás siempre, con absoluta certeza, porque un extremo no puede existir solo… Por ejemplo, un bastón tiene obligatoriamente dos extremos. Si tiene un extremo entonces el otro tiene que estar ahí; puede que esté oculto, pero es imposible que un bastón tenga sólo un extremo.

Todo lo que ha nacido ha de morir, todo lo que ha sido hecho tiene que ser deshecho, todo lo que se ha juntado tiene que separarse, toda reunión es una separación, toda llegada es una salida… Mira a ambos simultáneamente e, inmediatamente, la mente desaparecerá. Puede que te sientas un poco mareado, porque la mente ha vivido con demarcaciones lógicas. Admite ese mareo, deja que ocurra. Pronto desaparecerá y te afianzarás en una nueva sabiduría, en una nueva visión de la realidad que es la totalidad. Y en esa totalidad tú estás vacío. No hay opiniones acerca de esto; ahora sabes que todas las opiniones son falsas.

La mente no puede ver la totalidad, sólo aspectos de ella

Mahavira vislumbró siete posturas sobre todas las cosas. Primero dice sí, que no es la verdad, sino un aspecto. Luego dice no, que no es la verdad, sino otro aspecto. En tercer lugar dice sí y no, sí a ambos -si y no-, otro aspecto. Seguidamente dice sí y no, no a ambos; cuarto aspecto. En quinto lugar dice sí más sí y no, ambos sí; otro aspecto. A continuación, no más sí y no, ambos si, sexto aspecto. Y, finalmente, no más sí y más ambos no; séptimo aspecto.

Siempre que dices sí, es la mitad. En cierto sentido una cosa es, pero en otro ya está en camino de ser no-existencial… “¿Este niño está vivo o muerto?”. En cierto sentido este niño sí está vivo (primera postura) y en cierto sentido no (segunda), porque este niño va a morir. Es más, no sólo va a morir, de hecho, por estar vivo, ya está muerto (tercera postura: ambos, vivo y muerto, sí). La muerte está ahí oculta, es parte de él… ¿Pero cómo puede un niño estar de ambas formas, vivo y muerto?; porque la muerte niega la vida y la vida niega la muerte. Por eso hay también una cuarta postura: él no está de ambas maneras, ambos no.

La mente no puede ver la totalidad, sólo aspectos de ella. Si yo te doy una piedrecita, sólo ves una cara, la otra está oculta; si miras a la otra, entonces la primera, de nuevo, estará oculta. Ni siquiera puedes ver en su totalidad una piedrecita que puedes poner en la palma de tu mano… La mente no puede ver nada completo, sólo la mitad; la otra mitad es una suposición.

Esta lógica de siete pliegues es para la mente como una danza derviche: le produce mareo. La danza derviche es un método físico para marear a la mente, mientras que este es un método mental para provocar lo mismo. Si continúas haciéndolo, el mareo seguirá apareciendo durante unos días; luego se calmará. En el momento en que el mareo haya desaparecido te darás cuenta de que la mente ha desaparecido, porque ya no hay nadie que se maree. Entonces llega una claridad, miras a las cosas sin la mente. Sin la mente se revela el todo; y con el todo viene la transformación.

La palabra “unidad” es parte de la dualidad

Cuando tales dualidades dejan de existir, la propia Unidad no puede existir”… Usar la palabra “unidad” es también parte de la dualidad. Si no hay dualidad, ¿cómo va a haber unidad? La naturaleza de la existencia es no-dual, advaita, no dos. Nunca se puede decir “uno”, como mucho “no dos”. Puedo decir lo que la realidad no es: no es dos.

Cuando no puedes ver el amor separado del odio, ¿qué significado darás al amor? Si alguien me pidiera que escriba un diccionario, ¿qué significado le daría a amar? Los diccionarios sólo son posibles si el amor y el odio son diferentes, opuestos… ¿Cómo podría definir el amor? (porque el amor también es odio); ¿cómo la vida? (porque la vida también es muerte); ¿cómo a un niño? (porque un niño también es un viejo); ¿cómo la beldad? (porque la beldad también es fealdad)… Las fronteras desaparecen y entonces no puedes definir ninguna cosa porque todas las definiciones dependen de los opuestos.

Todo hombre es una mujer, toda mujer es un hombre. En esta existencia no puede existir nada sin su opuesto. Tú has nacido de dos personas: una era hombre y la otra mujer. Llevas a ambos en tu interior. Si una mujer se vuelve feroz, es más feroz que cualquier hombre; si está enfadada, ningún hombre puede competir con ella. ¿Por qué? Porque su mujer, en la superficie, está cansada y su hombre está siempre descansando y más lleno de energía. Y cuando un hombre se entrega o se vuelve muy amoroso es más femenino que cualquier mujer, porque surge la mujer que está siempre descansando oculta…

Todo se funde en lo opuesto. Cuando lo percibes, toda lógica parece inútil y la mente se marea. Y cuando ves a través de todas las dualidades, dejan de existir; porque el amor es odio. La palabra correcta sería “amorodio”; no dos palabras, sino una. Lo correcto sería “vidamuerte”, “hombremujer” o “mujerhombre,…; no dos palabras, sino una, juntas.

Pero entonces también la unidad deja de existir. El dos desaparece; como consecuencia el uno también. Es por esto que, cuando llegas a realizar la verdad, no es ni uno ni dos: es vacío… Cuando el dos desaparece, también el uno se diluye y sólo queda nada. Esta nada es la cima suprema de la iluminación, cuando lo ves todo vacío… cuando todo se vuelve vacío.

Todos los esfuerzos cesan

¿Qué vas a tratar de conseguir en este vacío? No hay ninguna meta a la que llegar, nadie para poder alcanzarla… Todos los esfuerzos cesan. “Ninguna ley o descripción  es aplicable a esta finalidad suprema. Para la mente unificada, en armonía con el Camino, cesan todos los esfuerzos centrados hacia uno mismo”… Esta es la paz de Buda, el silencio total; porque no hay nada que alcanzar, nadie para alcanzarlo, ningún lugar donde ir, nadie que vaya. Todo es vacío. De repente, todos los esfuerzos desaparecen. No vas a ninguna parte. Empiezas a reír, empiezas a disfrutar de este vacío. Entonces no hay ningún límite para tu gozo, van cayendo sobre ti bendiciones.

Si la existencia es sentida como vacío, nadie puede perturbar tu felicidad, porque no hay nadie para perturbarla. Eres tú; es tu dualidad lo que te perturba. Si puedes ver que lo opuesto está oculto, de pronto no pides nada, no buscas nada, porque sabes que pidas lo que pidas, vendrá lo opuesto, te será dado lo opuesto. Entonces ¿para qué pedir nada?

Cesan todos los esfuerzos enfocados hacia uno mismo” cuando este vacío es visto como tal. La mente que quiere lograr cae, desaparece entre el polvo… “Las dudas y las vacilaciones se desvanecen y vivir en la fe verdadera es posible”… Normalmente lo que se enseña en las iglesias y templos no es fe, sino credo: “¡Cree en Dios!”. ¿Pero cómo vas a creer? Porque cada creencia alberga en sí su propia duda. Por eso insistes en decir: “¡Yo creo plenamente!”. ¿Por qué este énfasis? Muestra es que en algún lugar hay una duda oculta y la estás escondiendo con la palabra “plenamente”. Por eso los creyentes no quieren oír nada que vaya en contra de sus creencias: siempre tienen miedo de que pueda tocar la duda oculta y esa duda se desarrolle.

Creyentes que se vuelven incrédulos, incrédulos que se vuelven creyentes... ¡cuántos cambios! ¿Por qué? Porque lo otro está ahí oculto. La creencia alberga en sí la duda, al igual que el amor alberga en sí el odio y la vida alberga en sí la muerte. Entonces, ¿qué es la fe?

La fe ocurre sólo cuando la dualidad ha caído; no es una creencia en contra de la duda. Cuando ambas, creencia y duda, han desaparecido, ocurre algo que es fe, que es confianza. No confianza en un Dios, porque no existe la dualidad, tú y Dios. No se trata de que confíes, porque tú ya no estás; porque si tú estás entonces habrá otros. Cuando todo es vacío, la confianza florece; el vacío se convierte en el verdadero florecimiento de la confianza. La palabra budista shraddha (fe, confianza) es muy diferente al de la palabra “creer”. No hay nadie para creer, nadie en quien creer; todas las dualidades han caído. ¿Qué puedes hacer entonces? Simplemente confías y fluyes con la corriente. Te mueves con la vida, reposas con la vida… flotas en el Río de la Vida.

Si la vida trae nacimiento, confías en el nacimiento; no te quejas. Si trae muerte, confías en la muerte; no dices que eso no está bien. Si trae flores, de acuerdo; si trae espinas, de acuerdo. Si la vida da, así es; si la vida quita, así es. Esto es confianza. No hacer una elección por tu cuenta y dejarlo todo a la vida, lo que sea... No desear ni hacer demandas e ir donde la vida te lleve, pues ahora sabes que, en el momento que exijas, el resultado será lo opuesto.

Intenta entender esto: todo lo que desees irá hacia su opuesto. Entendiendo esto, los deseos desaparecen. ¡Cuando el desear desaparece llega la confianza! Confiar significa ir por la vida sin ninguna expectativa, sin ningún deseo o demanda por tu parte. No pedir, no quejarse. Aceptando lo que sea que ocurra. Y esto no es algo que tú hagas. Si lo estás haciendo tú, entonces hay rechazo. Si dices: “Sí, aceptaré”, has rechazado. Dices: “Aceptaré lo que sea que ocurra”, pero detrás de esto hay un profundo rechazo.

La confianza ocurre viendo la realidad de que lo opuesto está implicado en todas las cosas. No es que digas: “Acepto”; no es que aceptes por impotencia. Es simplemente que lo opuesto está implicado en la naturaleza de las cosas. Mirar los hechos, la verdad, en el fondo de tu ser, te da confianza… Si me doy cuenta de que he nacido, entonces es un hecho que voy a morir. Esto es sencillamente un hecho. No lo acepto porque no hay rechazo; simplemente confío. Cuando confié en nacer, la vida me dio el nacimiento; y yo confié. La vida me traerá la muerte; y yo confío.

Lo desconocido está siempre ahí. Confiar significa entrar en lo desconocido, sin hacer ninguna demanda. Entonces no puedes ser desgraciado y la felicidad incausada va inundándote. ¿Cómo puedes ser desgraciado si no demandas nada?; ¿quién te va a hacer desgraciado si no demandas nada? La vida parece tan desgraciada porque, pidas lo que pidas, la vida parece ir exactamente en el sentido contrario. Si no demandas nada, la vida se convertirá en una bendición; cualquier cosa que ocurra es divina.

Y cuando te adaptas tan profundamente a la vida, las dudas, la incredulidad, desaparecen. Surge una fe que no es una creencia, que no necesita de ningún Dios en el que creer. ¿Para qué un Dios?; ¿no es suficiente con la existencia?; ¿para qué personificarla?... ¿Qué son tus dioses? Tus proyecciones. Y ¿por qué proyectas? Porque quieres estar protegido. Sin un Dios te siente desamparado; sólo quieres que alguien te ayude. Al pedir ayuda, tú mismo te estás creando sufrimiento, pues ocurrirá lo contrario. Sentirás que Dios no te escucha a pesar de que has hecho todo por tu parte.

Desconfianza significa que tienes que imponer algunas ideas. Te crees más listo que la propia vida. Eso es incredulidad. Quieres imponerte a ti mismo. Y confianza significa: “Yo no soy nadie, voy donde la vida me lleve, donde sea (hacia lo desconocido, luz o oscuridad, muerte o vida). Donde me lleve, estoy preparado. Estoy siempre listo, me adapto”. ¿Pero cuándo te adaptas? Sólo cuando cesa la dualidad; cuando puedes ver y el propio ver se convierte en el final… el final de los deseos, de las demandas.

De un solo golpe

De un solo golpe somos liberados del cautiverio”… No se trata de un asunto gradual, no es poco a poco. Cuando ves la verdad, de un solo golpe eres liberado.

Y no es cuestión de hacer esfuerzos, pues cualquier cosa que hagas lo harás con la mente y la mente es la causa de todas las desgracias. De hecho, todo lo que hagas con la mente supondrá un esfuerzo, la reforzará aún más y será una elección desde dos polos opuestos. Así te irás liando cada vez más. Por tanto, no es cuestión de qué hacer, sino de cómo ver sin mente, sin elegir. La cuestión no tiene que ver con el hacer ni con la acción, sino con la cualidad de la consciencia. Cómo estar más alerta y consciente, esta es la única cuestión. Cómo ser tan consciente que puedas ver más allá de la mente, de modo que los opuestos se conviertan en uno y las dualidades cesen.

En una aguda penetración de consciencia desaparecen tanto los pecadores como los santos, porque ambos pertenecen a la dualidad. Y Dios muere y el Diablo también, porque ellos pertenecen igualmente a la dualidad, los ha creado la mente. Dices que Dios es amor y el Diablo odio, que Dios es compasión y el Diablo violencia y que Dios es luz y el Diablo oscuridad. ¡Qué idiotez!, porque la oscuridad y la luz son dos aspectos de la misma energía. Al igual que bien y mal, correcto e incorrecto, moral e inmoral… son polaridades de un solo fenómeno. Y ese fenómeno es la existencia… Dios, Diablo… la existencia es ambos… El día y la noche, el cielo y el infierno… todo, está junto. Y cuando ves esto, ¿dónde está la elección?, ¿qué sentido tiene elegir algo o pedir algo? Todas las demandas cesan. Surge la fe, aparece la confianza. En el vacío de la verdad, donde la dualidad cesa y ni siquiera puedes ver que uno es, florece un fenómeno desconocido: la confianza.

Observa, estate más alerta

Nada se aferra a nosotros y nosotros no nos aferramos a nada. Todo está vacío, claro, autoiluminado, sin el empleo del poder de la mente. Aquí, el pensamiento, el sentimiento, el conocimiento y la imaginación no tienen ningún valor”… Entonces uno vive… Uno, solamente, ¡vive! Uno respira, solamente respira. Sin imaginación, sin pensamiento, sin mente. Confías en la existencia y entonces la existencia confía en ti. Este encuentro de confianzas es la bienaventuranza suprema, el éxtasis, el samadhi.

Tienes que ver, tienes que observar la vida; hazte un observador, mira en todas las cosas. Cuando estás en tal equilibrio y tranquilidad, cuando no demandas amor, cuando no quieres estar lejos del odio, cuando no te aferras a nada y nada se aferra a ti, de repente ni amas ni odias; de golpe, se acaba la dualidad… Estarás vacío… No habrá ni amor ni odio, pues sólo puede haber uno cada vez. Ambos juntos, se niegan entre sí. De repente, ninguno de los dos está ahí; solamente quedas tú, en total soledad. No hay nada, ni rastro de nada. Este es el vacío, shunyata.

Y si puedes verlo en una dualidad -por ejemplo, en vida-muerte o en amor-odio-, lo has visto en todas las cosas, entrando en una cualidad completamente diferente de la existencia y llenándote de Confianza. No es algo en lo que tengas que creer, una doctrina; no tiene nada que ver con ningún Dios. Tiene que ver con tu consciencia. Plenamente alerta, viendo a través, te vuelves libre; y de un solo golpe.

No pienses en ello, intenta verlo en la vida. Será doloroso porque cuando estás sintiendo amor no quieres pensar en absoluto en el odio. En realidad tienes miedo de que, si piensas en el odio, todo este éxtasis de amor desaparezca. Cuando estás vivo no quieres pensar en absoluto en la muerte, pues tienes miedo de que, si piensas demasiado en ella, no te sea posible disfrutar la vida… Sin embargo, en algún sentido, el miedo es conveniente. Ciertamente, si te vuelves consciente de la muerte no te será posible disfrutar de la vida en la forma en la que hasta la viniste disfrutando. Pero, sé sincero, ¿esta forma ha sido realmente dichosa?, ¿no es verdad que ha estado llena de sufrimiento?

Si piensas en el odio mientras haces el amor no te será posible disfrutarlo de la forma que lo has estado disfrutando hasta ahora. Pero en realidad, ¿es un gozo o una obsesión?, ¿has disfrutado realmente del amor? Si lo hubieras disfrutado hubieras florecido, tendrías una fragancia diferente y no la tienes; tendrías una diferente iluminación del ser y no la tienes. Entonces ¿qué clase de gozo ha sido este amor, esta vida y todo lo demás? No, simplemente has estado engañándote.

Tu amor no es otra cosa que un tóxico, una droga. Caes en él por unos momentos y lo olvidas. Luego llega el odio y caes en la desdicha. Y de nuevo, porque estás infeliz, buscas amor. Pero tu amor no es otra cosa que caer en un sueño profundo. Este ha sido tu patrón. Todo lo que llamas felicidad no es otra cosa que caer en el sueño… De nuevo vuelve el odio, de nuevo entra el mundo y las preocupaciones y de nuevo vuelves a la rueda. Esto es lo que has estado haciendo durante innumerables vidas.

Ahora, mientras experimentas el amor, observa, no tengas miedo, cómo se va convirtiendo en odio. Mientras estás vivo, observa cómo vas yendo hacia la muerte; observa cómo tu juventud se va convirtiendo en vejez. ¡Mira lo opuesto!... Se necesita valor, porque no reforzarás los viejos patrones. Por el contrario, los destruirás… Y alcanzarás una tranquilidad que transciende los dos opuestos y de un solo golpe: por primera vez serás un alma libre; tú eres la propia libertad. Por esto a este estado supremo se le llama moksha, libertad.

No hay que hacer nada. Sólo tienes que darte más cuenta de tus quehaceres, hacerte más consciente. Esta es la única meditación: estate más alerta. En un momento de aguda consciencia, la consciencia se convierte en un arma y de un solo golpe se rompen todas las cadenas.

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Fuente: Extracto del capítulo 8 de “El Libro de la Nada”, de Osho, realizado por Emilio Carrillo.
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20/8/2014

Vi, viste y no viniste


Sin un caminar ni ir a parar a lugar concreto, sin tan siquiera tener propósito alguno lo vi. Vi llegar en vorágine abrumadora torbellinos de vientos arrastrando multitudes de exabruptos bramado en ímpetus incandescentes, que pese a su luz impactante sólo acontecía una sombra de quejidos que se evaporaban en su avance a ninguna parte.

Aquello seguía persistiendo en el instante pese a que ya no era, porque simplemente fue un ardor de aquel momento que aún much@s viven en una desesperanza repleta de una esperanza baldía ya acontecida que quiere seguir teniendo lugar sin cabida. Ese viento tormentoso permanecía deslizándose por mis lados sin que pudiera ni por un asomo escoltar un solo segundo de cada uno de mis momentos perdurables, inaccesibles, propios, inigualables. No había comparativo, ni siquiera era posible darle una mención a su resoplar, pues tan sólo describo lo que pasa y pasó, lo que vi y se fue, lo que es y ya dejó de ser. Pese a ello la vorágine insistía pesadamente, aconteciéndose, mareándose sin poder embriagarme en su borrachera tormentosa. Tan solo apuntó a decir:

..- ¡Ei! ¿Acaso nada de esto va contigo?

Pero no obtuvo una respuesta, si así lo esperaba. Exclusivamente le dejé decir, pasar y ser lo que no es en su deambular extinguido, ya ido en sí sin mí para nada en particular. Sin embargo, le vi. Y sin sentirlo, le sentí. Le dejé y me dejó sin que me abrazara en modo alguno. No obstante, en su partida, donde le vi tal como al ojo del huracán, consiguió exclamar algo más:

..- ¿Por qué tal desapego a tu vida?

Cuánta razón tenía. Razón en lo que preguntó, pues en nada importaba mi vida... ni mi existencia más allá de esta vida. Razón en que no le acompasaba en su declinar. Razón no le faltaba y en su razón se perdía, queriendo tener una razón en su bailar perdido y finalizado. Y es que ese viento no podía verse en su fin, en su decadencia perfecta, dejando paso a un nuevo viento de radiante paz que le empujaba ahogándole en la nada. Una paz que todo lo cubría y mantenía... Incluso a ese viento ya olvidado y pasado le mantuvo hasta que llegó su permanencia inmediata, inacabada, dejándose en su paso la abertura y apertura a un golpe de mar tocando a estrellas en bemol incrementada, en solfa imantada y en silencio acallado.

Al poco, o casi al unísono, un acantilado de roca espumosa abrazaba, engullía sin permitir ahogo, impacto o aniquilación posible. Y, sin caminar, no ir a parar a lugar concreto, en una concreción me manifesté a un ladito.

Entonces te vi. Te vi perdida, hermana mía. Te vi perdido, hermano mío. Os vi perdidos en pérdidas; y perdidas en lo perdido. Vi. Pero no me viste. Grité a ti, pero no escuchaste debido a que aquel viento aullador te había taponado los sentidos de tu esencia sin forma.

Toqué el acorde de piano pactado, el timbal acrisolado, el tambor sin combate y el saxo sin final. Pruebas hice con el chelo, clamé con flauta armoniosa, caricias con el flautín realicé… hasta llegar a componerte una sinfonía que no te colmaba ni despertaba. Te vi pero no viste, ni oíste, ni sentiste al estar perdid@. Lloré sin llorar; y eso que te avisé.

¡Qué difícil es dejar de interpretar el papel estelar de tu vida cuando no sabes a ciencia cierta que no tienes vida, sino que eres esa vida... la misma vida que se ha perdido en una vida!

Vi, viste y no viniste, aunque, cuando lo hiciste, pasaste como sombra ya ida, no recogida.

Te vi, te veo... y no hay forma de que veas ni me veas.

P.D.: Cuando te apegas, no pegas; y cuando pegas, te apegas apestando a apego. En este hacer de apegos a una vida que no tiene tránsito ni permanencia, te pierdes en el huracán del no gozo. Pero cuando te desapegas a todo, entonces, sólo entonces, puedes ser lo que viniste a no hacer. Y es ahí cuando me ves. Te vi en su instante; y te veo en tu instante... y, sin embargo, aún no me ves... ni te ves.

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Autor: Deéelij
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