18/1/21

El Muro (Proyecto “La Física de la Espiritualidad”: 3)

El Muro de Pink Floyd, o la Caverna de Platón. El significado es el mismo, algo que divide dos escenarios, uno es en el que vivimos y el otro es el que no vivimos y “algo” nos dice que está más allá.

Decíamos, que la Teoría de Sistemas se basa en un principio que es casi un axioma. La realidad está ahí, fuera de nosotros, inaccesible y lo único que podemos hacer para comprenderla, para movernos y manejarnos dentro de ella es captar las señales, la información que penetra por nuestros sentidos y elaborar cada uno de nosotros, nuestros particulares “modelos mentales” con los que llegamos a la conclusión de que el mundo, la realidad, “es como…” un conjunto de variables, unas pocas, que hemos seleccionado de entre las miles o millones que la conforman, que parecen estar relacionadas entre sí, y parece que se comportan de una determinada manera.

Si ese fuera el proceso que desarrolláramos para comprender la realidad, pues está bien, pero sabemos que no es así, que los modelos mentales sobre la realidad nos son impuestos, inyectados, por la educación. Así que como los niños del Muro, salimos de la escuela de la infancia “programados”, constituyendo al final, también nosotros, “another brick in the Wall” (otro ladrillo en el muro), para la siguiente generación.

No hemos tenido que esperar a Pink Floyd para comprender esta triste realidad de esa programación neurolingüística que nos levanta una frontera entre aparentemente dos mundos, el nuestro y el otro, nosotros y los otros, este mundo y el otro, yo y lo que me rodea. Y etc., etc.

El espíritu de la colina

Es aquel impulso surgido de las tripas que impulsó al ser humano a preguntarse qué hay más allá de “esa colina” que me parece tan alta que me impide ver lo que está detrás. Así que ese impulso, esa pregunta, le movió a caminar, explorar, superar la colina para descubrir un nuevo valle, un nuevo horizonte. Y así, poco a poco, tras miles de años, el hombre conquistó la Tierra.

Este impulso lo tenemos todos en nuestro ADN. Es nuestro afán de conocer, de comprender, acaso de sentirnos unidos a lo que ven nuestros ojos y ello nos impulsa a movernos en ese afán de descubrir lo que se oculta a la vista.

La cuestión es preguntarnos quién ha colocado ese muro ante nuestros ojos. Porque el Muro es una inmensa obra de ingeniería psicológica que de alguna forma se contradice con la idea de Creación, de Universo (uno y lo que gira en rededor, todo es uno). Así que, partiendo de lo físico, nos encontramos que el mundo físico está lleno de barreras, de muro que separa unos mundos de otros, unas realidades de otras, lo conocido de lo desconocido. Y ese “espíritu de la colina” ante el Muro, nos surge la nausea de sentirnos aislados de lo que está más allá, nos incita a tratar de superarlo.

Desde nuestros orígenes naturales, también llevamos impreso en nuestro ADN ese instinto de ataque – defensa, que nos incita a atacar para adquirir bienes para vivir y defendernos de los que quieren vivir a nuestra costa. Es un instinto animal de ataque y de huida o de protección “detrás de un Muro que nos proteja”.

Así que el Muro, la muralla de la ciudad, del castillo, es un sistema de defensa ante un peligro que nos amenaza. O un obstáculo que nos impide avanzar hacia algo que no conocemos y que nos interroga qué habrá detrás de la colina, del muro, de la valla.

Muros cóncavos o convexos; o lineales

El Muro puede ser cóncavo, es decir, un muro que nos encierra dentro de un confinador como para defendernos de “algo”; o convexo, que nos separa de una fortaleza, de “algo” por conquistar, por conocer. O también puede ser o, podemos verlo como lineal, es decir como una separación entre dos escenarios ilimitados, que tanto a derecha como a izquierda no se le ve el fin.  El muro cóncavo nos induce un sentimiento de seguridad o de prisión y de temor ante lo que pudiera haber fuera, una actitud de vida “a la defensiva”. El muro convexo nos induce un sentimiento de deseo de conquista, de adquirir y poseer lo que pudiera haber dentro, los impulsa a vivir “a la ofensiva”. El muro lineal nos interroga sobre el infinito, lo ilimitado situado tanto a este lado como al otro.

Cada cual tiene que meditar sobre cómo ve el muro que tiene delante de él o ella. Si es cóncavo, cosa que está subvencionada por la “Organización”, que diría mi buen amigo Fidel Delgado, probablemente lo verá como los límites de su casa, de lo que últimamente viene a denominarse “zona de confort”, donde, aunque vivamos una vida cutre, al menos la conocemos (la zona) y nos sentimos “como en casa”, mientras nos dicen que no nos aventuremos a la zona de aprendizaje y mucho menos a la zona de pánico como explica aquel video de “Inknowation”. En este escenario, perfectamente programado desde nuestra infancia es en el que solemos movernos y por el que las personas se dividen en resignadas, inquietas o “inconfortmistas”.

Si el muro es convexo, nuestra visión de la vida es opuesta a la del muro cóncavo. Vivimos en un amplio escenario por donde nos sentimos seguros de movernos por aquí y por allá pero este amplio escenario, resulta que tiene colinas o fortalezas que nos gustaría conocer qué esconden dentro o más allá. Y la curiosidad nos mueve a perforar el muro y entrar dentro. En ambos casos, esa visión, tanto cóncava como convexa se produce porque o bien nos sentimos encerrados en un mundo limitado, del que queremos salir, aunque nos de miedo y vivimos a la defensiva, es más, el Muro es un sistema subjetivo de defensa ante las amenazas exteriores a nosotros; o bien sintiéndonos dueños de nuestro territorio, nos fastidia no poder acceder, conocer y dominar esas fortalezas amuralladas que “nos tocan las narices”, lo que nos hace vivir a la ofensiva, prevaleciendo la actitud de ataque, de conquista.

En nuestra vida, el muro varía de forma muchas veces; para unas cuestiones el muro lo vemos cóncavo y para otras convexo, depende de nuestro dominio del entorno.

Pero la visión más objetiva, menos dependiente de nuestro estado de ánimo es la visión del muro lineal, un muro que es “como si…” separara dos mundos infinitos o al menos ilimitados. Y acaso hasta puede que veamos dos muros lineales, como le sucede a la Física moderna, que ha levantado dos muros ante una misma realidad. Por un lado está nuestro mundo, gobernado por la Física de Newton, por la mecánica celeste, por la Física que gobierna nuestra vida diaria, la que aprendemos en el colegio (o se aprendía al menos, que ahora, con las nuevas leyes educativas, no sé yo). Einstein viene y nos describe el macrocosmos con la teoría de la Relatividad de lo infinitamente grande. Y viene Planck también y simultáneamente a Einstein nos describe el microcosmos con la Teoría cuántica, con la mecánica cuántica de lo infinitamente pequeño. Y no son capaces de ponerse de acuerdo. Cada cual levanta su muro lineal y ambos nos dejan en medio con nuestra física de “velocidad igual a espacio partido por tiempo”, que para andar por casa, nos sirve.

Rayas, coordenadas y sistemas de referencia

En el fondo, vivimos en un sistema humano que a lo largo de miles de años ha evolucionado sobre la base del establecimiento de códigos de conducta, la Ley, y de creencias, las religiones. Según estos códigos, un papel firmado por alguien certifica que estamos muertos (certificado de defunción), o que hemos nacido (certificado de nacimiento). Nuestra vida es un papel. Sin papeles no somos nadie, ni siquiera existimos (diplomas, certificados, contratos, títulos, pasaportes, DNI, etc). Papeles que dicen que vivimos, que lo hacemos en un sitio, que creemos en tal o cual religión, que estamos enfermos, o sanos, que sabemos, que estamos capacitados. Y la cosa es de tal modo que en nuestro sano juicio a nadie se le ocurre transgredir esas rayas (esos muros) que separan a aquellos que tienen de los que no tienen tal o cual papel que les acreditan para tener tal o cual atributo.

Pero estas reglas las establecen los hombres sobre la base de la creencia de conocer la realidad que tratan de reglamentar. Mi buen amigo Fidel, que he mencionado antes, nos contó en un seminario que vivimos con él, la parábola del elefante.

En un país de ciegos, donde todos eran ciegos, y todos estaban perfectamente organizados en medio de su ceguera, llega a las inmediaciones de la ciudad reino, amurallada con una empalizada (con su muro), un mercader que viajaba con un elefante. Como quiera que estuviera cansado, decidió descansar durante un rato. El elefante al caer y tumbarse provocó un espantoso estruendo que hizo temblar toda la ciudad. Los ciegos se asustaron tanto que decidieron enviar una patrulla de reconocimiento para ver qué era lo que había provocado el temblor de tierra. Un comando de ciegos llegó a las cercanías del animal, y con mucho temor, uno tocó la pezuña. Se retiró en seguida e informó que lo que había causado el temblor era un ser duro como una piedra, que impresionaba de muy poderoso, por lo que la ciudad corría un gran peligro. No seguros del dictamen de la primera patrulla, mandan a una segunda, y el explorador se topa con una oreja, que impresionaba de peluda y blanda. El diagnóstico era justamente el contrario. No parecía que lo que fuera pudiera ser peligroso. Una tercera patrulla se topó con la trompa y recibió el consabido trompazo. Salieron huyendo despavoridos y se enrocaron en la ciudad (dentro del muro). Se organizó entonces un gran batallón para salir a combatir el monstruoso ser. Pero cuando salieron, el mercader, tras su siesta, ya se había ido con su elefante, no sin antes dejar este los obligados excrementos y emunciones, de proporciones jamás imaginadas por aquellos habitantes. El comando de exploración no podía encontrar una explicación racional a todo aquello, por lo que se convocaron múltiples concursos de ideas para embarcar a las mentes más preclaras en investigar las posibles causas, efectos y consecuencias a largo plazo de aquel fenómeno provocado por tan quimérica criatura, y convertida finalmente en descomunal cantidad de excrementos. A raíz de aquello se crearon una serie de mitos y leyendas, todas, por supuesto falsas, que atemorizaron a toda la ciudad, de generación en generación, lo que por cierto, la casta sacerdotal, siempre solícita en eso de proteger a los indefensos fieles de los malos espíritus, aprovechó para convertir aquello en infundado temor que sólo ellos, los sacerdotes podían exorcizar, y en ningún caso desmontar, a lo que los fieles estaban totalmente volcados en apoyar con numerosos y generosos donativos.

En general, el conocimiento humano ha evolucionado desde el pensamiento mágico al pensamiento científico. En la medida en que ello ha sido posible, el hombre ha logrado comprender muchos misterios de la Naturaleza, inicialmente atribuido a dioses y fuerzas sobrenaturales, para pasar a ser comprendidas a través de modelos deterministas o estocásticos de comportamiento de las fuerzas físicas y de los seres vivos. Pero, no todo ha podido pasar al terreno de lo físico, de lo positivo. Ya supuso para las religiones, sobre todo la católica, muy serios reveses a la soberbia de los doctores de la Iglesia, aceptar a Galileo (que por cierto, tras 400 años, sólo hace veinticinco que tras diez años de sesuda deliberación, han reconocido los muy doctos príncipes de la Iglesia, que Galileo ¡¡tenía razón!!, que la Tierra gira alrededor del Sol y le han sacado del infierno de los herejes), o a Kepler, o a Newton, o a Darwin o a Einstein, o en general a cualquier científico heliocéntrico y no creacionista de los que en el mundo han sido.

Pero lo que no ha podido pasar al terreno de las ciencias positivas ha sido el mundo de lo sutil, de lo trascendente, de lo eterno. Ahí ha habido teorías para todos los gustos, y ahí ha sido donde las religiones se han forjado todo un imaginarium dogmático y popular que ha encorsetado mentes y conciencias entre límites infranqueables a riesgo de tormentos eternos, es decir, han creado “EL MURO” o los muros.

Es decir, se nos educa para estructurar unos sistemas de referencia, con unos límites, más allá de los cuales, si nos atrevemos a cruzarlos, “la cosa se pone muy chunga”.

El falso Muro de la mentira

Decimos de las religiones, pero nuestros poderes sociales y políticos, todos ellos, ya se encargan, cada cual en su ámbito de mantenernos a buen recaudo, porque tanto la Libertad como el conocimiento de la Verdad suponen un serio peligro para ellos; para las religiones, porque el conocimiento de la Verdad y la Libertad de pensamiento puede alterar el rebaño, con riesgo de que se escape del corral y se pierda más allá de los límites de la diócesis. Para los gobiernos, porque ese mismo conocimiento de la Verdad y la Libertad de pensamiento puede convertir a la sociedad en ingobernable, rebelión en la granja.

Así que en ambos casos, lo mejor es “construir un imaginario”, una “mátrix” en la que todos nos movemos entre rayas, coordenadas y sistemas de referencias inventados, elaborados, diseñados para que cada cual camine y viva; algo así como las “narrativas” de la serie “Westworld”, donde los actores (anfitriones) son androides programados para desarrollar todos los días el mismo papel, porque mirad lo que pasó cuando Dolores despertó.  

Y este modelo de realidad virtual nos lo han inyectado tan profundamente, que “es más fácil engañar a la gente que convencerla de que ha sido engañada”, otra memorable frase del genial Mark Twain. Y así funciona el mundo, cosa que, supongo, a nadie le cogerá de sorpresa.

Así que la conclusión de todo esto es que “los muros no existen en realidad”, son una mentira basada en mentiras; un diseño social y religioso que nos obliga a separarnos los unos de los otros, de modo coercitivo, a riesgo de penas infernales o legales, según el dictador sea religioso o civil. Así, por ejemplo, en la actual crisis sanitaria, se ha realizado un experimento social a propósito del virus, para obligarnos a obedecer y llevar en todo momento mascarilla y mantener la distancia de seguridad; cosa recomendable, en el caso de que haya un virus por medio, pero seguro que cuando ya no haya, se nos habrá inyectado el miedo a quitarnos la mascarilla y a darnos besos y abrazos, es decir, se nos ha incitado a levantar nuevos muros invisibles, a convertirnos en individuos individualizados y aislados, institucionalizados en el aislamiento de todo lo que nos rodea. Un muro individual, una cápsula del tamaño de un sarcófago, casi de un féretro, donde ¿sentirnos protegidos?

Si nos damos cuenta, la distopía que relata nuestro libro “Consciencia y sociedad distópica” es una genial narrativa típica de un parque temático altamente tecnológico 4.0, como el de la serie Westworld, que nos sumerge en un mundo enloquecido donde la vía de escape es el confinamiento individual dentro de un muro cóncavo, cilíndrico que nos envuelve y separa de nuestros seres queridos (ni siquiera es un muro donde encerrar a una colectividad, que está dejando de existir). Y eso sí, no hay que preocuparse que, para eso está la realidad virtual, para simularnos un “mundo feliz”, con el que nuestros hijos y nietos, nativos o cretinos digitales, llegan a este mundo con un cociente intelectual cada vez menor que el de nosotros sus padres o abuelos, como ha descubierto el neurobiólogo Michael Desmurget y explica en su libro “La fábrica de cretinos digitales”.

La Física de la Espiritualidad

Y llegamos, tras esta meditación, al muro de los muros, al que nos ha convertido desde que habitamos en este planeta, en seres esquizoides obligados a vivir “entre Pinto y Valdemoro”, en tierra de nadie, más cerca de la orilla del mundo físico que del espiritual, haciéndonos creer que no hay margen espiritual, que somos materia, aunque “algo” dentro de nosotros, que no acertamos a saber qué es, nos dice que hay algo más allá tras el río de aguas turbulentas donde se nos obliga a vivir. Que los mundos físico y espiritual son incompatibles. Los frikis del mundo físico nos dicen que lo espiritual es pura fantasía. Los frikis de lo espiritual nos dicen que los enemigos del alma son el mundo físico, la carne y, por supuesto el demonio.

En ambos casos, tanto por unos frikis como por otros, se nos obliga a confinarnos bien en el mundo físico donde “esto es lo que hay” y no hay más, salvo ideas fantasiosas de mundos irreales, bien en el mundo espiritual, a buen recaudo de los terrores del infierno físico.

Ambos frikis nos han diseñado una realidad absolutamente falsa, escandalosamente falsa. Porque el espíritu humano es físico y la biología humana es espiritual, son inseparables, en especial en nuestra realidad de quinta raza raíz, donde procediendo del mundo natural, estamos en tránsito hacia lo espiritual.

En el Siglo XVI, en España, una excepcional mujer se dio cuenta de esta realidad, de que las autoridades espirituales de la época habían olvidado el aspecto carnal y humano de la espiritualidad; un aspecto que dejó clarísimo Jesús de Nazaret a quien la Iglesia se había encargado de colocarlo en la almendra del Pantócrator inaccesible, en la cumbre de la divinidad, a la derecha del Padre.

La referida mujer se llamaba Teresa de Jesús, que se dio cuenta de que los doctores de la Iglesia nos habían robado la humanidad de Jesús. Qué sentido tenía su encarnación, si luego los curas le situaban allí, en las inaccesibles alturas del cielo, obligándonos a relacionarnos con Él a base de ritos adoratrices.

Ella se dio cuenta del error, que al manifestarlo en sus obras, casi le supuso la condena de la Inquisición. Así que, no obstante la oposición de la curia católica, ella desplegó definitivamente las bases y fundamentos de la Mística (en compañía de su inseparable compañero de aventuras, Juan de la Cruz), de esa relación con Dios a través de la relación de “dos enamorados”, de una chica (el alma) que siendo consciente de que ha permanecido (le han obligado a permanecer) dormida durante mucho tiempo, sueña con ser despertada con un beso de su Amado, Jesús de Nazaret. Al final, a Teresa le pasó como a Galileo, que la Iglesia la reconoció y la hizo santa y doctora de la Iglesia.

El cristianismo es la única fe que se basa, no en la relación del hombre con Dios (dicho esto con sumo cuidado para que se me entienda), sino del alma humana con su Amado, Dios hecho hombre de carne y hueso, encarnado con el objetivo de caminar a nuestro lado, de ser ese puente sobre las aguas turbulentas de nuestra vida. Un hombre que se dejó de zarandajas filosóficas y se centró en el famoso dicho de que a trabajar se aprende trabajando, a capar se aprende capando y a vivir se aprende viviendo. A amar se aprende amando… como Él nos amó y nos ama.

El cristianismo NO ES una filosofía de vida, (dicho esto también con sumo cuidado para que se me entienda) que necesite años de sesudo estudio, de acumular conocimientos, sino de despojarnos de todo lo que nos impide entrar por el pequeño agujero de una puerta muy estrecha, por donde sólo cabe un niño. Esa dificultad que supone atravesar esa puerta estrecha que separa falsamente el mundo físico del espiritual es la que tenemos que superar, no aprendiendo sino “desaprendiendo” todas las gilipolleces que nos han metido en la cabeza.

Dicen que los niños nacen con todos los chacras abiertos y que poco a poco nos loS van cerrando a base de la educación, de meternos con calzador “el sueño del Planeta” que diría Miguel Ruiz en “Los cuatro acuerdos”, esa síntesis de la filosofía de los indios toltecas.

Así que la cuestión es volver a abrir nuestros chacras y despertar o, esperar que el beso de nuestro Amado nos despierte a una realidad donde “el lobo y el cordero pacerán juntos, y el león, como el buey, comerá paja, y para la serpiente el polvo será su alimento” y donde ``todo valle será rellenado, y todo monte y collado rebajado; lo torcido se hará recto, y las sendas ásperas se volverán caminos llanos”.

“Nosotros no tenemos ningún mensaje, nuestro mensaje es nuestra forma de vivir” 
M. Gandhi

“Amaos los unos a los otros <simplemente> como yo os he amado”. Jesús de Nazareth

https://youtu.be/YR5ApYxkU-U (The Wall; Pink Floyd)

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Autor: José Alfonso Delgado

Nota: La publicación de las diferentes entregas de La Física de la Espiritualidad

se realiza en este blog, todos los lunes desde el 4 de enero de 2021.

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17/1/21

La práctica de la auténtica Meditación (Enseñanzas Teosóficas: 205)


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Autor: Emilio Carrillo

Vídeo (duración total: 03:57:18) del Encuentro Mensual compartido por

Emilio Carrillo, los días 10 y 17 de septiembre de 2020, titulado

La práctica de la auténtica Meditación:

1ª Parte: Exposición (01:55:16):

https://www.youtube.com/watch?v=KvtRj0vtMBE&feature=youtu.be

2ª Parte: Exposición (02:02:02):

https://www.youtube.com/watch?v=5ZUhBaKISZw&feature=youtu.be

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Las Enseñanzas Teosóficas se publican en este blog cada domingo, desde el

19 de febrero de 2017

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16/1/21

Encuentro mensual online con Emilio Carrillo (4 y 18 de febrero de 2021): ““Lo que en términos de consciencia se puede prever para 2021: salud, vacuna, economía, política, sociedad, tecnologías, medio ambiente…”

  

ENCUENTRO MENSUAL ONLINE CON EMILIO CARRILLO:

FEBRERO 2021


“Lo que en términos de consciencia se puede prever para 2021:

salud, vacuna, economía, política, sociedad, tecnologías, medio ambiente…”

 

Jueves 4 de febrero: Exposición

Jueves 18 de febrero: Respuestas a preguntas

Ambos días: Inicio: 19:00 h. Cierre: 21:00 h. (hora de España)

Tras la sesión de Exposición, a todos los participantes se les enviará un completo texto con los contenidos principales de la misma.

Resumen de contenidos:

¿Cómo evolucionará la crisis del coronavirus a lo largo de 2021? Y la vacuna, ¿es segura?, ¿cuál es su nivel de eficacia?, ¿y su grado real de efectividad?, ¿será obligatoria, por vías directas o indirectas?, ¿qué hacer?

Y con el telón de las previsiones sobre el Covid y la vacuna, ¿qué cabe prever que suceda en 2021 en ámbitos como la economía, la política, la sociedad, las tecnologías, el medio ambiente…?

Todo ello en un contexto en el que muy probablemente continuará, pero acentuado, el gran ensayo de ingeniería social iniciado en 2020 con el enfriamiento del espíritu humano como principal objetivo.


Para obtener el enlace de acceso al Encuentro, en sus dos sesiones, solicitarlo por email al siguiente correo electrónico:

rincondekiko@gmail.com


Aportación: 5 euros para sufragar el alquiler de la plataforma online y otros gastos de gestión y organización de las dos sesiones del Encuentro. 

Esta cantidad se podrá abonar:

+Mediante transferencia bancaria a la "Asociación El Rincón de Kiko", a esta cuenta de Caixa Bank: ES96 2100 7123 01 0200066766

+Por Paypal (acepta tarjetas): paypal.me/elrincondekiko

Ante cualquier duda o para mayor información, escribir al correo electrónico indicado.


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15/1/21

"La Nueva Humanidad", por Emilio Carrillo


https://youtu.be/Dsv5hACGYt4

Vídeo (duración: 01:11:25) de la entrevista compartida por Emilio Carrillo para La Ventana Alternativa, el 23 de diciembre de 2020, titulada La Nueva Humanidad.

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14/1/21

El mueble que delató un abuso

La ilusión por crear un nuevo hogar siempre debería ir acompañada de la ilusión de sentirse bien dentro de él, pero no siempre es así…

Este es el caso de un hombre que, tras superar un divorcio y en pleno proceso de construir una nueva vida y un nuevo hogar, conoció a una nueva mujer con la que sintió el deseo de compartirlo.

Cada uno de los procesos creativos e ideas que se le planteaba desde el estudio de diseño, el hombre los compartía con la que deseaba que fuese su nueva compañera.

Entre las diferentes opciones a elegir, la tendencia de él era siempre dejar a un lado su propio gusto y darle más relevancia y prioridad al de la mujer ya que su deseo era que ella se sintiese acogida y a gusto en el nuevo hogar.

El proceso creativo estuvo lleno de lagunas y pausas. En muchas ocasiones, las elecciones que realizaban cada uno eran muy opuestas a nivel estético, pero el aspecto que más preocupaba era el vital.

Las elecciones del mobiliario que realizaba de forma natural el hombre, reforzaban siempre la vitalidad de la vivienda y de la pareja, pero las que realizaba la mujer, reflejaba una tendencia a debilitar la energía de aquel hombre.

Ante un caso como este, siempre se busca la sutilidad y la delicadeza para transmitir la realidad que refleja.

Tras buscar el momento adecuado y a solas con él, se le preguntó sobre la fluidez de la relación, sobre su consciencia del uso o abuso que la nueva mujer hacía de su amabilidad y cortesía.

La sorpresa ante tales preguntas le llevó a exigir una explicación bien fundamentada. Para ello, se le explicó lo que desde el estudio se observaba con tanta claridad y se le expusieron ejemplos claros de elecciones suyas que mejorarían su vida y cómo, al ceder el poder a la mujer, ella aprovechaba esa ocasión para elegir, de forma inconsciente, mobiliario que debilitaba la energía del hombre. A los pocos minutos en señor se derrumbó emocionalmente y confesó su desgaste. Estaba el hombre a punto de una depresión. Cada cesión que él realizaba para el bien de la pareja, la mujer lo manejaba para su único beneficio.

En ese mismo instante se le recomendó centrarse por si solo en construir su nueva vida y su nuevo hogar al margen de la evolución de la nueva relación. Se le orientó en decisiones que le fortalecieran a nivel vital y personal de forma que renovara su lucidez y su hogar fuese un lugar de encuentro con él mismo para, posteriormente, acoger a una nueva persona si es que esto coincidiese con el orden natural.

Fue muy esclarecedor observar como, conforme él ganaba autonomía, ella se fue distanciando hasta desaparecer.

También fue revelador cómo, conforme el hombre se sintió cómodo con él mismo y con su nuevo entorno, apareció en su vida una persona que lo valoró todo tal cuál es.

Tu hogar siempre debe nutrir a todos sus integrantes por igual. Si en algún momento sientes alguna desproporción, levanta la mirada y observa si eres quien cedes o quien abusas. La armonía solo se da cuando existe la equidad.

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Autor: Andrés Tarazona (andres@andrestarazona.com)

https://andrestarazona.com/

Todos los jueves, desde el 7 de noviembre de 2019, Andrés comparte en este blog una serie de publicaciones centradas en

el Diseño Sentidointeriorismo y diseño consciente de viviendas, comercios y empresas que mejoran la calidad de vida.

Todas están a tu disposición de manera gratuita a traves del e-book Habitar, al que puedes acceder a través de este enlace:

https://bit.ly/Habitar-PDF

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No somos antivacunas

Estamos a favor de la legalidad: 1) Libertad de vacunación y 2) las personas que quieran vacunarse rellenen previamente el: Consentimiento Informado y el Cuestionario Prevacunal, como es preceptivo cumplir según la Ley 41/2002: “Reguladora de la autonomía del paciente y de derechos y obligaciones en materia de información y documentación clínica”

Sobre Libertad de vacunación, la ley en su punto 4 dice: “Todo paciente o usuario tiene derecho a negarse al tratamiento excepto en los casos determinados en la Ley (*). Su negativa al tratamiento constará por escrito”.

El primer documento a rellenar debe ser el Consentimiento Informado, ya que sin haberlo firmado el paciente, no ha lugar el segundo. Sobre el mismo, el artículo 8 punto 1 de la ley dice: “Toda actuación en el ámbito de la salud de un paciente necesita el consentimiento libre y voluntario del afectado”.

La Cumplimentación del Cuestionario Prevacunal, es obligatorio. En su artículo 2-2 la ley dice: “Toda actuación en el ámbito de la sanidad requiere, con carácter general, el previo consentimiento de los pacientes o usuarios”.

Lo hacemos saber a la ciudadanía para que conozca sus derechos. También a la “Autoridad Sanitaria” (en España solo está reconocida la policial y judicial) para recordarle sus deberes y falta de autoridad legal para obligar a medicarnos.

Recordarle más aún, que por el “Juramento hipocrático” se obliguen a atendernos de manera presencial, asesorar e informarnos, ¡NADA MÁS!...En su defecto, se atenga al Artículo 542 del Código Penal: “Incurrirá en la pena de inhabilitación especial para empleo o cargo público por tiempo de 1 a 4 años la autoridad o el funcionario público que a sabiendas, impidiera a una persona el ejercicio de otros derechos cívicos reconocidos por la Constitución y las Leyes.”

Tampoco somos negacionistas. Por ello, no negamos que las vacunaciones masivas, se van  a dar de por vida. No negamos las reacciones adversas habidas desde que las vacunas existen.

Las mejoras higiénico-sanitarias domiciliaria y de saneamiento urbano (agua corriente en casa y conducción de fecales), logradas con la Segunda República, consiguió erradicar también el sarampión en un 99,9% y sin vacunas. Ese año murieron solo 19 personas; pero sorprendentemente tras dos años vacunando masivamente, en 1983 y 1986 se dieron miles de rebrotes.

En 2.021 la “Autoridad Sanitaria” nos quiere “inmunizar” contra el Covid-19 de manera artificial inyectándonos un medicamento. La hagan obligatoria o no, es preceptivo por ley que se lleve a cabo con garantías suficientes, para que si se dan reacciones adversas (RAV) y el paciente quiera emprender acciones de reclamación administrativa y-o judicial, cuente con soportes documentales que le acrediten que previo a la vacunación no constaban en su historial.

Como documento de refuerzo para este supuesto, es fundamental, que, así como a aquellas personas que se niegan a vacunar, la “Autoridad Sanitaria”  les exige un escrito argumentado y firmado, por la recíproca, también a ésta, se le puede exigir, que si nos convoca a vacunarnos, lo haga por escrito firmado con nombre y apellidos de la persona responsable, pues de otra manera no nos daremos por convocados.

Tomar medidas propias de un estado de excepción, “justificadas” por una declaración política de alarma sanitaria, sin que se de ningún exceso de muertes respecto a la media de los últimos 10 años (según el Registro MoMo, a final de 2020 del Instituto Carlos III menos muertes que en 2.019), demuestra tal abuso legislativo y judicial, que además de atentar contra el Artículo 55 punto 1 de la Constitución Española, desempodera aún más a la ciudadanía.

La deformación lingüística-mediática, el abandono institucional, desasistencia presencial en servicios públicos y sentimiento de soledad y vulnerabilidad, psicomatizan el miedo en enfermedad. No registrarlo como consecuencia clínica, les permite minimizar y soterrar la verdadera causa de alarma médica, como es la creciente iatrogenia hospitalaria...y que excepcionalmente podría impedirnos por Ley ejercer el derecho a rechazar la vacuna obligatoria. (*)

Que a nadie le lleve a sospecha, las verdadera razón de este acercamiento a la ciudadanía: cuestión humanitaria-reivindicativa: “Sí a la libertad de vacunación sin coerción” “Sí a vacunarse previo Consentimiento Informado y garantías médico-protocolarias sin excepción” “Sí a la objeción de conciencia para no vacunar en centros privados no médico a personas mayores” “Sí al derecho a inmunizarnos sin vacunas”Sí al debate científico-médico entre diferentes”.

Una exigencia de mínimos, en previsión de que el posible daño derivado del medicamento, pudiera superar a los daños que se pretende prevenir o evitar.

Un punto de optimismo envuelto de gotitas de ánimo, inspiró la respuesta a la fotografía de la realidad en la pantalla de Scabelum televisión: “Vivimos un mundo al revés, en el que las mentiras se aceptan, y la verdad se rechaza. En el que la ignorancia abunda y el pensamiento crítico escasea. En el que el bien se sojuzga y el mal se celebra. En el que el ansia de libertad se criminaliza y la esclavitud inconsciente ni se analiza. En un mundo, en el que lo “normal” de esta locura se naturaliza, y lo completamente “loco” de ahora, se sataniza, censura, persigue.... y los silencian”.

Con la empatía y templanza habituales, “contestó” Mario Benedetti: “Cuando la tormenta pase y se amansen los caminos; y seamos sobrevivientes de un naufragio colectivo, con el corazón lloroso y el destino bendecido, nos sentiremos dichosos, tan solo por estar vivos. Y  le daremos un abrazo al primer desconocido, y alabaremos la suerte de conservar un amigo; entonces recordaremos todo aquello que perdimos, y de una vez aprenderemos, todo lo que no aprendimos. Y todo será un milagro, y todo será un legado, y se respetará la vida, la vida que hemos ganado. Cuando la tormenta pase, Te pido a Dios apenado, que Nos devuelva mejores... como Nos habías soñado”.

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Autor: Iulen Lizaso (iulenlizaso@gmail.com)

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13/1/21

Encuentro mensual online con Emilio Carrillo (14 y 28 de enero de 2021): “Enseñanzas del 2020: Lecciones para 2021"

  

ENCUENTRO MENSUAL ONLINE CON EMILIO CARRILLO:

ENERO 2021

"Enseñanzas del 2020: Lecciones para 2021"

 

Jueves 14 de enero: Exposición

Jueves 28 de enero: Respuestas a preguntas

Ambos días: Inicio: 19:00 h. Cierre: 21:00 h. (hora de España)

Tras la sesión de Exposición, a todos los participantes se les enviará un completo texto (30 páginas) con los contenidos principales de la misma.

Resumen de contenidos:

Recién concluido un 2020 tan anómalo y convulso, ¿cuáles son las principales conclusiones que podemos extraer del mismo en términos de consciencia? Y oteando el nuevo año que se acaba de inaugurar, ¿qué se puede espera del 2021 en ámbitos como la vida cotidiana, la economía, la salud y las vacunas, la sociedad, la cultura, las tecnologías, el medio ambiente, etcétera? Por tanto, ¿qué enseñanzas podemos sacar del 2020 y que lecciones aplicar al 2021?

El presente Encuentro planteará una amplia serie de reflexiones como respuesta a estos interrogantes, que serán formuladas no de manera cerrada, ni queriendo convencer a nadie de nada, sino cual hipótesis fundamentadas que se someten a la consideración y al discernimiento de aquellos que estén interesados en conocer mejor el momento que vivimos y, a partir de ahí, a ellos mismos.

Todo lo cual servirá también para darnos cuenta de la gran oportunidad que los actuales acontecimientos representan para la evolución en consciencia, personal y colectiva, y para acometer una nueva práctica de vida más coherente y consistente con nuestro verdadero ser y nuestra genuina naturaleza.


Para obtener el enlace de acceso al Encuentro, en sus dos sesiones, solicitarlo por email al siguiente correo electrónico:

rincondekiko@gmail.com


Aportación: 5 euros para sufragar el alquiler de la plataforma online y otros gastos de gestión y organización de las dos sesiones del Encuentro. 

Esta cantidad se podrá abonar:

+Mediante transferencia bancaria a la "Asociación El Rincón de Kiko", a esta cuenta de Caixa Bank: ES96 2100 7123 01 0200066766

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Ante cualquier duda o para mayor información, escribir al correo electrónico indicado.

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12/1/21

Solo deseo calma mental

¿Qué por qué sólo deseo calma mental, para mí, para ti, para toda la humanidad?, porque es desde ese estado, donde el EGO se disuelve, y con él, el miedo y todas sus características: rencor, enfado, ira, lucha, odio, competición, acumulación, tristeza, desánimo, manipulación…sufrimiento.

Desde la calma mental, surge el opuesto al miedo: el AMOR, y en ese momento comienzan a plasmarse en la vida cotidiana, todas las cualidades del AMOR que soy, que eres, que somos.

Desde la voluntad de ESTAR, desde la pre-ESENCIA en el AHORA, mi mente se calma, mi ego se aparta, y brotan las cualidades que tanto nos deseamos todos los días, y más en estas fiestas Navideñas, es como si en Navidad, el AMOR estuviera en el aire, no obstante, siento que debo, debemos mantener estas buenas intenciones ahora y siempre, ¿cómo? Calmando la mente, es una práctica de vida, que debo realizar a cada instante, con voluntad: paro, respiro conscientemente, observo mi cuerpo, mi mente, mis emociones… despierta el observador que soy, el AMOR que soy.

Las cualidades del AMOR, son muchas, así que las enumeraré alfabéticamente.

A: alegría, armonía, abundancia, atención plena, alivio.

B: bondad

C: compasión, confianza, comprensión, compartir, compromiso.

D: desapego, discernimiento, disfrute.

E: entusiasmo, equilibrio, empoderamiento, esperanza.

F: Felicidad incausada, facilidad, fuerza de voluntad.

G: gratitud, generosidad.

H: humildad, hábitos armoniosos.

I: intención clara, intuición.

O: oportunidad.

P: paz, perdón, perseverancia, paciencia, prosperidad, plenitud, puntualidad.

Q: quietud.

R: risa, respeto, rendición.

S: salud, soltar, sabiduría, sentido del humor, sensatez, sosiego, serenidad, silencio.

T: totalidad, ternura.

V: valentía, vitalidad, veracidad.

Todas estas cualidades y muchas más, son el YO SOY, el AMOR que soy, que eres, que somos, y con plena atención en el AHORA, puedo desarrollarlas en mi vida cotidiana, ya que son parte de mi naturaleza, lo que ocurre es que están veladas por mi mente analítica y dualista, en ello ando…”amando contra resistencia”

Paro, respiro conscientemente, observo…

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Autora: Luz Robles (luzrobles10@gmail.com)

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Sobre Ís (Memorias de un descarnado: 3 de29). Por Deéelij

“Querer ser libre, es ser libre”

Ludwig Börne. Escritor alemán (1786-1837)

 

 “No creáis en nada simplemente porque lo diga la tradición, ni siquiera, aunque muchas generaciones de personas nacidas en muchos lugares hayan creído en ello durante muchos siglos. No creáis en nada por el simple hecho de que muchos lo crean o finjan que lo creen. No creáis en nada sólo porque así lo hayan creído los sabios en otras épocas. No creáis en lo que vuestra propia imaginación os propone cayendo en la trampa de pensar que Dios os inspira. No creáis en lo que dicen las sagradas escrituras sólo porque ellas lo digan. No creáis a los sacerdotes ni a ningún otro ser humano. Creed únicamente en lo que vosotros mismos habéis experimentado, verificado y aceptado después de someterlo al dictamen de la razón y a la voz de la consciencia”

Buda. Fundador del budismo. (563 AC-386 AC)

 

 

     Treinta minutos después estaban a bordo de una Bücker; un biplano de doble cabina, hélice de doble pala, y motor de setecientos veinte caballos de potencia rugiendo a dos mil revoluciones por minutos. Juntos, permanecían en la cabecera de la pista uno seis izquierda.

     Pal realizó el chequeo final antes de que partieran hacia rumbo, aún, desconocido. El Cadete-alumno que ocupaba, como mandan los cánones, el receptáculo delantero, se conformaba con la inoperancia esbozada de su desaliento; aburrido y casi aletargado, mostraba una aptitud indolente e inoperante.

     A su edad y experiencia, había que añadir la humillación de tener que cabalgar en un trasto como ése: una antiquísima avioneta diseñada para la enseñanza. La situación enunciaba algo grotesco, torpe, banal, ridículo y absurdo. Lo cruel era que no podía salir del maldito sueño, en el que parecía estar atrapado. Volver a los inicios del vuelo constituía una bofetada muy dura que no encajaba con aplomo.

     Absorto, sin atender a los procedimientos pre-vuelo, perpetuaba una mirada ida en el interior de la cabina, que exquisitamente limpia, sólo era adornada por cinco ridículos instrumentos: un manómetro de temperaturas para el motor y el aceite, un rudimentario indicador de giros, una brújula, un altímetro, y algo que parecía acoplado a ultima hora: una miniatura de aguja que mostraba las revoluciones del motor de forma muy oscilatoria. Un equipamiento demasiado elemental.

     La voz de Pal interrumpió cortando la visualización.

     -      ¿Listo para el despegue?

     ¿Qué si estoy listo? Volaría mejor solo que con esta instructora, pensó, aunque no se atrevió a decirlo. Esto no va a ser un despegue, sólo parecerá que estamos jugando con aviones de papel.

     Él estaba acostumbrado a tener delante pantallas digitales y ordenadores de navegación que mostraban multitud de datos con secuenciadores para el establecimiento de parámetros que coordinaran el vuelo, así como GPS, orbitales inerciales, fluctuadores lumínicos, aparatos, en definitiva, donde latitudes, magnitudes y longitudes se manifestaban con sólo tocar algunos botones o rozar las pantallas táctiles. Estaba acostumbrado a volar alto y rápido. Estaba acostumbrado a ser un cohete con un reactor de combate. Sin embargo, ahora, permanecía introducido en un obsoleto cacharro de doble ala que no podía escalar mucha altura con una velocidad máxima de crucero que no superaba los trescientos kilómetros por hora. Supuso que el vuelo iba a ser mortecino.

     -       Sí, lo estoy  – proclamó con desprecio y pesar.

     -     No seas deprimente. Pronuncia con ánimo – Dijo Pal . Disfruta del vuelo.

     -      Eso será si éste trasto despega.

     La risa contagiosa de Pal llegaba a través del hilo conductor del interfono, provocando un leve movimiento de labios en su estudiante, quien terminó por adoptar una actitud algo benévola.

     -      Te agradecería que procedieras con las comunicaciones, Jano, el avión es todo tuyo ¿Entendido? Todo, y, solo tuyo.

     -      Torrecita de Nairda – solicitó con descaro y desprecio  –, aquí “súper-súper” Bücker tres cero tres, listo para despegue.

     -   Tres cero tres, viento en calma. Proceda. Autorizado despegue. Pruebe a volar sin alas – contestó la controladora echando candela al exabrupto emocional incalificativo.

     -    Entendido. Comprobemos si este cacharro no necesita un bastón para remontar y tienen que venir a recogernos en mitad de la pista  – despotricó con descaro desafiante.

     Aun mofándose sarcásticamente, Jano impulsó la palanca de gases hasta el fondo soltando los frenos al mismo tiempo. La avioneta se encaminó con suavidad hasta el inicio de la uno seis izquierda, y se enderezó con elegancia, enfilando su cuerpo gris plateado hacia un vacío desconocido que la vista, aún, no percibía. La velocidad, para su sorpresa, se incrementaba gratamente con rapidez. Sin duda el motor debía estar trucado o rectificado proveyéndole de alguna impulsión especial.

     La cola empezó a subir permitiendo que la total extensión de la pista pudiera divisarse con claridad. Se mantenía derecho, rodando a más de ochenta nudos sobre la línea amarilla discontinua que marcaba el centro. Jano comenzó a experimentar una sensación olvidada: el viento golpeando la cara era un aliciente de excitación que no podía disfrutarse dentro de una cabina cerrada. El zumbido producido al penetrar el elemento gaseoso, por los resquicios del copit, y el que perciben los oídos, pese a estar protegidos por los cascos, era algo también agradable, fascinante, embriagador.

     De golpe un ruido dejó de ser percibido. Las ruedas habían desechado el contacto con el cemento negro por el que corrían extenuadas. Estaba en el aire, subiendo con un ángulo de más de treinta grados. Jano calculó, con independencia del registro del altímetro, que habían escalado, en pocos segundos, dos mil pies de altura; todo un record para éste antediluviano con alas.

     La velocidad disminuía lentamente. Era lógico tras el esfuerzo considerable. En breve habría que enderezar el morro y estabilizar la nave. El motor, pese a parecer fresco y nuevo, no se merecía un rendimiento excesivo sin necesidad.

     Dos minutos más tarde toda la potencia estaba siendo exprimida al máximo. La velocidad seguía decreciendo. En cualquier instante podrían entrar en pérdida. Pese a ello, era algo sin importancia pues la altura conseguida otorgaba un margen de maniobra excelente para cualquier recuperación. En poco tiempo había alcanzado una cota superior a los ocho mil pies.

    Miró de reojo a la derecha y hacia atrás. Podía ver a lo lejos el aeródromo. Realmente era inmenso. No sabía que tuviera tres pistas de aterrizaje. Dos en paralelo y una cruzada casi en perpendicular. La multitud de los hangares era un hecho incuestionable. Y lo más sorprendente, es que, pese a la distancia que le separaba, podía distinguir en tierra la silueta de muchísimos aviones. ¿Para qué tantos?... Otra cuestión a resolver, pues en las escasas horas que llevaba instalado no había visto un alma, aparte de la de Pal y Pitt, si es que ellos la poseían… ¿Y dónde estarían el resto de los alumnos, si es que existían?

     El ruido del motor estaba cesando, se hacía algo más sordo. Era la señal evidente del máximo rendimiento al que podía seguir rugiendo aquellos increíbles caballos de poder con ese ángulo de ascenso. O Pal disminuía, o llegaría lo inevitable, se dijo. ¿Qué pretendía? Esto no es una clase elemental de vuelo; es sólo el regodeo de una niñata, con galones de Coronel, intentando machacar un obsoleto aparato al límite. Tendría que poner fin a esta historia sin sentido antes de que desmembrara toda la estructura de la Bücker.

     -    Pal, ¿hasta cuándo piensas continuar? ¿No te das cuenta del peligro en el que nos estás colocando? Puedes destrozar el avión.

     No hubo respuesta. El silencio en sus auriculares se confundía con el ya apagado murmullo que del motor rezumaba rozando lo exhausto.

     -    Pal, contesta, dime algo. ¿Acaso pretendes matarme otra vez? – De pronto se dio cuenta del sentido del humor que estaba desarrollando, y que en realidad aquella excitación le estaba divirtiendo –. Pal, o paras el ascenso o lo haré yo.

     De nuevo la respuesta fue idéntica. Tan sólo se le ocurrió mirar hacia atrás; quizá no hubiese comunicación interna. Podían estar fallando los auriculares de ella o el micro de él. La vista fue aún más sorprendente que la anterior. El aeródromo seguía a lo lejos, desdibujándose. Pero lo peor fue no encontrar a su instructora en el asiento de mando. ¿Dónde estaría? ¿Qué había pasado? Esto no podía estar ocurriéndole. No, no a él. ¿Y si se hubiese agachado? ¿Le estaría gastando una broma? Sería mejor mantener la compostura e intentar de nuevo la comunicación.

     -     Pal, ¿me recibes?  – el silencio se repetía como respuesta, pero insistió –. Pal, contesta –  de nuevo era ignorado.

     Volvió a mirar hacia la cabina trasera. No había nadie. De pronto el avisador de perdida empezó a sonar. El avión iba a desplomarse. Asió la palanca de mando con rapidez. No quería perder el control de la nave. Pero no pudo evitarlo. Era tarde. La Bücker se desmoronaba entrando en barrera. Había perdido el gobierno total del vuelo. Retiró gases, tiró de la palanca hacia sí, y metió todo el pedal en el sentido del giro en que se había iniciado el avión. Era la única forma de recuperarlo. Tardaría más o menos, pero terminaría dominando el aparato.

     -     ¿Me recibe tres cero tres?

     Por si faltaba algo, ahora Pal incordiaba con su tardía respuesta. Con todo aquel bailoteo no encontraba el botón del intercomunicador. Estaba girando y girando. Aquello no parecía terminar. Además, no llevaba paracaídas. Eso le puso aún más frenético, pero alcanzó a pulsar la tecla de audio.

     -      ¡Maldita seas! ¿Dónde estás instructoras de pacotilla? – gritó con ira.

     -  En tierra. Concretamente en la Torrecita de Nairda como tú, grotescamente, la llamas. Vigilando tu vuelo, observando que con alas tampoco sabes volar – respondía Pal sin inmutarse, mofándose con denuedo.

     -     ¿Qué haces en la torre? O mejor ¿Cómo narices has llegado hasta ahí? ¡No te he visto saltar!

     -    Ventajas de ser instructora – manifestó con sorna –. Bien, Jano, ya he escuchado tus llamadas ¿Quieres respuestas o soluciones?

     No podía creerlo. En medio de una emergencia sólo se le ocurría plantear un jueguecito filosófico.

     -    ¿Cómo? ¿Acaso no es lo mismo? – exhaló empapado en sudor. Asombrado de entrar al quite.

     Él sólo quería salir del embrollo en el que ella le había metido. El altímetro había dejado de indicar, no podía saber a qué altitud se encontraba, ni cuántos metros descendía por minutos; aún menos, calcular cuánto tiempo le quedaba para estamparse contra el suelo. Estrellarse dos veces el mismo día era el colmo, y un lujo que no iba a permitirse.

     -     Repito, ¿Quieres respuestas o soluciones?

     -     Lo que sea con tal de terminar esto que está durando demasiado. Creo que estoy metido en una barrena plana de la que no pueda salir.

     -      Entonces querrás una solución ¿No?

     -      Sí, ¡maldita sea! – Gritaba ordenando, suplicando –, ¡dame la solución de una vez!

     -     Bien. Primero no pienses en matarte; ya no vives, por tanto, olvida eso que, ya, no es un problema – esto le produjo a Jano un momentáneo shock –.  Segundo, estás pisando el pedal equivocado, el avión gira en ese sentido. Y tercero: inclina la palanca hacia delante, e introduce gases a fondo.

     Esto último le asombró más. Había hecho justo lo contrario a los procedimientos. Erró en lo más básico que se enseña a cualquier principiante. Ejecutó las acciones exactamente al revés.

     La Bücker, con suavidad, reaccionó. Recuperaba su compostura girando por última vez a babor. Luego, se mantuvo en un curso fijo elevándose hasta nivelar. Y cuando estuvo a una buena distancia del suelo redujo los gases a la mitad. De nuevo el control estaba en sus manos. Llegó el momento de mirar a ambos lados buscando alguna referencia que le indicara dónde se encontraba Nairda.

     -      Tres cero tres. ¿Me recibe?

     -     Sí. Alto y claro. ¿Puedes indicarme cuál es mi posición? No encuentro el aeródromo, ni referencias para poder regresar – indagó recuperando cierta parcela de serenidad.

     -   Vire a uno siete cero y mantenga rumbo durante diez minutos, aproximadamente. Tiene viento cruzado de veinte nudos desde el Este. Corrija la deriva, no sea que se pierda.

     -     Recibido. Lo haré. Pero… ¿podrías decirme por qué has permitido que ocurra todo esto?

     -    Tres cero tres, es su forma de volar, a lo que usted llama pilotar, cosas obviamente distintas.

     No podía dar crédito a lo que acababa de escuchar. Encima tendría que cargar con la culpa. No, por ahí no podía ni iba a tragar. Ella había provocado ese ascenso hasta el límite, lanzándose en paracaídas, dejándole sólo; estaba seguro de que ésa fue la jugada.

     -     Mira Pal, estés donde estés, has sido tú quien me has conducido a la pérdida, y luego me has abandonado.

     -     Tres cero tres, crea lo que le digo, y entienda que lleva un día algo duro, y especial; con muchas vivencias y sensaciones extremas. Le dejé en cabecera de pista cuando le pregunté si estaba listo y que el avión era todo, y, solo suyo. El resto lo ha hecho usted, aunque no lo recuerde. Ha despegado y subido hasta provocar la barrena. Ésa, es su forma de volar.

     -     Eso es imposible. Tú estabas en la cabina, yo lo vi.

     -    Tres cero tres, créalo, todo lo ha hecho usted. Tranquilícese. Mantenga el rumbo dado, procure calmarse y disfrutar del vuelo. Serénese. Y cuando vuelva a contactar, hágalo en la frecuencia 122.0. Deme enterado, por favor.

     ¿Qué contestar? Pensó. Me está tomando el pelo una y otra vez. Será mejor que aterrices, se convencía, y duermas un buen rato. De seguir así vas a terminar desquiciado, además de muerto.

     -     Entendido. Corto – afirmó secamente.

 

     Durante el tiempo indicado para la finalización del vuelo restringió la mezcla del carburante de acuerdo a la altitud que mantenía según su estimado cálculo visual. Realizó la corrección con respecto a la velocidad y dirección del viento. No quería, bajo ningún motivo, perderse; eso sería hacer un completo ridículo.

   Lo que no podía comprender es cómo había podido alejarse tanto de Nairda. Si había estado ascendiendo durante no más de quince minutos, con un ángulo tan ceñido, lo lógico sería encontrarse en las inmediaciones. Y con la excelente visibilidad reinante debería localizarse perfectamente algún rastro, aunque lo único que se percibía era un manto verde de campos en cultivo, algún que otro riachuelo, y varios caminos de tierra.

 

    Los teóricos diez minutos previstos, para visualizar Nairda, se concluyeron hacía media hora. No quería ni pensar que había vuelto a errar. ¿Dónde estaría? ¿Había introducido las correcciones oportunas? ¿Tendrían razón en que debería tomar clases de vuelo?

   El cielo persistía despejado, pero pudo contemplar como la luz iba disminuyendo. El ocaso estaba pronto a caer y aquel nuevo día, de ésa… no sabía aún si denominar “nueva vida”, iba a concluir, por fin, con acierto o desventura.

 

   Sumido en mantener la Bücker recta y nivelada, seguía explorando el terreno; aunque nada halagüeño percibía. Fue entonces cuando Pal se interpuso entre sus pensamientos.

     -      Tres cero tres. ¿Me recibe?

     -    Aquí tres cero tres – contestó sin atreverse a transmitir su estado de desesperación con respecto a su posición –, alto y claro, espero instrucciones.

     -     Tres cero tres, en breve deberá ver, al oeste, lo que es el cráter de Ís. Es una inmensa extensión de terreno hundida que forma un círculo casi perfecto. En concreto, es una grandísima corona circular. En su centro hay una altiplanicie de igual forma con una pista de tierra en el centro. Será como aterrizar en un portaaviones. Diviso su aparato desde mi posición. Aterrice. La cena está preparada.

     Buscó en esa dirección, pero apenas podía divisar tal descripción. El sol, despidiendo lo que de día quedaba con sus rayos aletargados teñidos de rojo sangre, provocaba un efecto neblina con la notoria disminución de visibilidad.

     -     Entendido. Corto hasta estar en las inmediaciones.

 

     Imaginó que ella tendría la posibilidad de divisarlo desde tierra, dado que tal resultado solar no afecta desde el suelo. No obstante, corrigió el rumbo diez grados apuntando el morro hacia la posición indicada. Era evidente que su instructora le había guiado a otro destino sin advertencia previa, algo que le producía una gran irritación en su ser. Se sentía engañado, vilipendiado. Recibió instrucciones, según entendió, para regresar, no para emprender un viaje a otro lugar desconocido; además, lo había hecho sin atender a la cuestión de que le era inhóspito el lugar y que no portaba cartas aeronáuticas.

 

     -     Tres cero tres. Debe ver la pista. Está muy cerca. Acabo de encender las luces de la misma.

     -    Aquí tres cero tres. Desde mi posición todo parece similar. ¿Puede darme alguna indicación?

   Estaba confundiendo los colores con las sombras que, desde el fondo, algunos picachos proyectaban al ocultar el astro solar.

     -     Descienda y podrá visualizarlo.

    Lo hizo entrando a formar parte de la penumbra, y, justo entonces, percibió la doble hilera de luces azules que marcaban la pista.

     -   Tres cero tres ¡Lo distingo! Viro para entrar en final y procedo al aterrizaje.

     -      Entendido tres cero tres.

 

     La descripción que le había sido perfilada no se podía definir con la escasa luminosidad. Sólo acertaba a distinguir un gran contorno circular, muy oscuro, y, en su centro, otra parte algo más clara donde tendría que posarse lo antes posible si no quería hacerlo totalmente a ciegas.

    Estaba deseoso de llegar. La jornada había resultado ser un conjunto de incidentes que prefería no calificar. Sólo quería llegar, tomar una buena ducha caliente, cenar, y dormir.

     Calculó unos doscientos metros para tocar tierra. Bajó los flaps para no aumentar la velocidad y mantuvo el motor en revoluciones. No quería arriesgar. Prefería entrar con una velocidad alta, a quedarse sin potencia.  Tampoco conocía la pista, y su sentido común aconsejaba prudencia; más si era de tierra, superficies a las que no estaba acostumbrado.

     -   Tres cero tres. Proceda al descenso con cuidado. Tanto el inicio como el final de la pista empieza y termina en un pronunciado acantilado de más de setecientos metros de profundidad.

     ¡A buenas horas comunica eso! se dijo. Esa chica le encrespaba los nervios.

     El sol se había despedido por completo, la visibilidad era casi nula. ¡Ahora! se ordenó, procediendo con sus intenciones. Las luces pasaban demasiado rápido, se estaba quedando sin pista. Era algo que no había calculado. Entraba con exceso de velocidad. Si impulsaba la palanca hacia delante podría tocar de golpe, estampar la hélice contra la tierra y capotar. Debía evitar cualquier fallo. No más accidentes. Era algo que no se podía permitir, mucho menos delante de su nueva instructora, eso sería una humillación difícil de olvidar.

     -   ¡Aborte! ¡Aborte! Aborte la maniobra tres cero tres, se ha quedado sin pista – la voz de Pal era apremiante a la vez que autoritaria –. ¡Al aire, al aire, al aire! Vuelva al aire e inténtelo de nuevo. ¡Aborte! ¡Aborte!

     Jano no contestó. Apenas quedaban un par de luces por rebasar y las ruedas rozaron con suavidad lo que debía ser el final. Lo curioso es que no rebotó. Siguió en un descenso débil y ligero. Miró atrás. Las azules luces habían desaparecido. Entonces entendió que estaba descendiendo en aquel anunciado acantilado de más de setecientos metros. Lo que no sabía, e importunaba, era el desconocimiento de la distancia hasta el otro extremo de la depresión.

     -    Tres cero tres ¡Suba, suba! Se ha hundido en el cráter, debe subir o se estrellará. ¡Suba, suba!

     No se tomó la molestia en responder. Ya tenía suficientes preocupaciones como para inmiscuirse en fórmulas de cortesía. Bien sabía lo que le estaba ocurriendo. Tiró de la palanca hacia sí, hasta el tope. Ahora, sólo quedaba esperar. O los setecientos caballos de potencia lo emergían de aquel oscuro pozo, o se vería de nuevo con el escarmiento de un nuevo desastre aéreo. ¿Sería una nueva muerte? ¿Pasaría a otro plano donde tendría que aprender a montar en patinete o volar con aviones de papel? Si fuera así sólo esperaba que allí no estuviera la rubita de Pal.

     El avión reaccionó con prontitud e inició un giro suave a derecha. De nuevo podía divisar las salvadoras franjas azules atrás; eran su única referencia visual ostensible. Respiró con tranquilidad, recuperando el aliento. Esta vez no cometería el mismo error. Enfilaría con la mínima velocidad de sustentación. No quería volver a correr el mismo riesgo. Y aunque nadie pudiera contemplar aquello en medio de la oscuridad reinante, se sentía tremendamente defraudado consigo mismo.

     -    Bien tres cero tres; esta vez realice la aproximación final a menos velocidad o se volverá a tragar la pista. Puede hacerlo, ánimo.

     Una vez más no quiso darle pábulo en réplica. Sólo quería verla para estrujar su cuello hasta dejarla sin respiración. No, no señor, eso no se le hacía a él. Esas no eran maneras de enseñar nada. Sin cartas de navegación, sin plan de vuelo, sin instrucciones precisas. Se sentía un guiñapo en manos de una rubia caprichosa; de una estúpida con galones. Estaba defraudado, cansado, angustiado y hastiado.

     Giró de nuevo para enfilar su destino, si es que lo tenía. De nuevo flaps abajo, potencia al mínimo, ciento ochenta de altitud… Esta vez entraría rozando o se estamparía definitivamente, pero no volvería a realizar ningún intento de aterrizaje. Su orgullo decidió acabar con lo que fuera que fuese esa nueva forma de vida estrellándose o empezaría a hacer las cosas a su manera. Se acabaron las órdenes insultantes e inoperantes de la rubia mocosa.

     Las primeras luces acababan de pasar. Retiró toda la palanca de gases. La Bücker reaccionó obedeciendo, dejándose caer sin impulso, con suavidad, hasta tocar con energía placentera lo que esa noche iba a ser, sin ser advertido nuevamente, su albergue y descanso. Finalmente aplicó con fuerza los frenos que pronta y eficazmente reaccionaron.

     -     Tres cero tres, de la vuelta y reconduzca el aparato. Encontrará una casa de madera a mitad de pista. Dentro tiene su cena. Puede poner la estufa si la necesita. Le veré al amanecer, he de regresar y traer combustible. Que pase una buena noche.

     -      ¿Cómo dices? No pretenderás dejarme aquí tirado, ¿verdad?

     -   Tres cero tres. Léase la primera página del libro antes de dormir. Mañana le será muy útil.

     ¡Esto suponía el súmmum de la irracionalidad y la incoherencia! Le hacían navegar hasta el final de ninguna parte dejándolo abandonado como a una vulgar colilla.

     -     Pal – espetó con acritud y rabia, mientras giraba el aparato a la izquierda metiendo gases y pisando el pedal del mismo lado, al instante que podía verificar cómo las luces de los faros de un vehículo desaparecían de golpe por lo que debería ser un camino –, esto no quedará así. Vas a tener que darme muchas explicaciones cuando regreses.

     -   De acuerdo tres cero tres – contestaba con sorna –. Lo dejaremos hasta ese momento. Ahora reponga fuerzas, descanse y prepárese. Mañana puede ser un día muy excitante.

     ¿Para qué contestarle? Parecía absurdo dialogar con ella. Se resignó. Paró el motor, y descendió exhausto.   


Posdata:

En el artículo del día 1 de diciembre (Rojo octubre, peligroso noviembre y brillante diciembre. III Parte) comuniqué que personalmente había recibido por psicografía una serie de técnicas y procesos para aplicar en psicoterapia, que solucionaba el 80% de los problemas psicológicos del ser humano. La explicación resumida de esta psicoterapia es que elimina el ego, te reconecta con tu alma (conecta la Particularidad con la Singularidad) y tienes control emocional, siendo feliz en tu vida actual; al mismo tiempo dije que lo había transferido a dos Almitas maravillosas (psicólogas) que os los podía ofrecer mediante terapia, obvio que, con remuneración, pues es su trabajo, y que además ellas lo harán, pues mis tiempos están contados, para seguir en esa labor. No se trata de dar una formación, sino de recibir terapia para quien lo necesite. Durante un tiempo os habéis puesto en contacto conmigo para luego realizar el contacto con ellas (Rosario y Yesenia), pero ahora ya podéis hacerlo de forma directa mediante su correo profesional:  terapia.psico2@gmail.com También podéis visitar su Web: http://www.psico2-internacional.es

 

Para las actualizaciones de Todo Deéelij y preguntas sencillas: deeelij@gmail.com

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