10/4/10

Taller de Espiritualidad para Buscadores: Módulo 6 (continuación)

PARA TODOS LOS QUE DESEEN SEGUIR POR ESTE BLOG EL

TALLER DE ESPIRITUALIDAD PARA BUSCADORES

(Se publican en el Blog las entradas correspondientes a los distintos Módulos que configuran el Taller conforme éste se va desarrollando para l@s que lo siguen de manera presencial, comenzando el sábado 6 febrero y concluyendo el domingo 16 de mayo de 2010)

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Taller de Espiritualidad para Buscadores:

+ Módulo 1: Ver entradas del sábado 6 y domingo 7 de febrero.

+ Módulo 2: Ver entradas del sábado 13 y domingo 14 de febrero.

+ Módulo 3: Ver entradas del sábado 20 y domingo 21 de febrero.

+ Módulo 4: Ver entradas del sábado 6 y domingo 7 de marzo.

+ Módulo 5: Ver entradas de los sábados 13 y 20 y domingos 14 y 21 de marzo.

+ Módulo 6: Ver entradas del sábado 27 y domingo 28 de marzo.

+ Módulo 6: Creación&Creador (continuación)

Sábado 10 de abril:

48. Las tres partes de un acto único: la Creación

49. Concentración (“big”)

50. Expansión (“bang”)

51. Absorción y Unidad

Domingo 11 de abril:

52. Principio Único (Padre) y Espíritu o Amor (Hijo)

53. Verbo, condensación vibracional y materia

54. Lo No Manifestado y lo Manifestado

55. La Unidad Divina

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48. Las tres partes de un acto único: la Creación

Planteada la aproximación al Ser Uno como Mente infinita y eterna, con todo lo que conlleva, la siguiente cuestión a abordar debe ser cómo crea el Ser Uno y cuáles son las características y contenidos de su Creación. ¿Está el entendimiento humano en condiciones de acercarse a tamaño conocimiento?. Sí. Y lo está, nuevamente, mediante la aplicación de la humildad y del principio de analogía.

Para empezar, sabemos que la mente humana crea de manera natural, en razón de su constitución íntima. Pues bien, en su fenomenal escala de infinitud y eternidad, el Ser Uno crea de forma innata, por su propia Esencia; no por necesidad o requerimiento alguno, sino porque su Esencia es creadora (porque es Amor, como se verá inmediatamente). ¿Cómo exactamente?. Repasemos cómo crea mentalmente, en su modesto nivel, el ser humano. Sirva el caso del que escribe una obra literaria (verbigracia, Miguel de Cervantes y su celebérrimo Don Quijote de la Mancha). Desde Aristóteles y su teoría de la trama unificada –la trama consta de distintas partes con funciones independientes, pero que contribuyen, a la par, al todo narrativo-, la elaboración y composición de la trama suele ser divida en tres grandes partes: planteamiento, nudo y desenlace.

El planteamiento deriva de la concentración primigenia del autor de la que nacen los perfiles y características esenciales de los principales protagonistas, ambientes y situaciones. En cuanto al nudo, consiste en la expansión y desenvolvimiento del núcleo temático inicial, con el desarrollo del argumento y sus detalles y la aparición y despliegue de nuevos personajes, escenas y paisajes. Y, por fin, el desenlace, con el que se pone colofón a la trama y, a la vez, la obra se convierte en un todo narrativo, absorbido como unidad en la mente del autor y unitariamente plasmado en el libro que posteriormente se imprime y publica.

Extrapolando analógicamente al Ser Uno este esquema de base aristotélica, cabe sostener que en su Creación, aún siendo un acto único al estar fuera del tiempo, también pueden distinguirse tres acciones primordiales: Concentración (planteamiento), Expansión (nudo) y Absorción (configuración unitaria del todo narrativo tras el desenlace).

49. Concentración (“big”)

En lo relativo a la Concentración, su dimensión es colosal. No en balde, es la manifestación del estado de Consciencia Perfecta –“Soy el que Soy”- que caracteriza a la divinidad: absolutamente Consciente, completamente Concentrado en lo que Es, radicalmente en el Ahora e incondicionalmente Ocupado en Ser.

La Concentración es Quietud. El Ser Uno no “piensa”, ni “medita” o “acalla” la Mente. Simplemente, “Es”. Plenamente Consciente, permanece inalterable en “Contemplación” del Ser; sin otras referencias, ni criterios, ni parámetros que Él mismo, lo Único que Existe y Es.

Y la Concentración es Movimiento. Como se reflejó en la parte final del Capítulo 4, la Quietud no es estatismo, ni aislamiento, ni indiferencia, ni resignación. En Concentración y Contemplación consciencial, el Ser Uno es el Movimiento mismo. Lo que se plasma en la “Emanación” de modo innato de “algo” que no puede ser conceptualizado, ni etiquetado, porque se trata de su “Esencia”. Y la Emanación de esta Esencia lleva asociada una gigantesca fuerza vibratoria que diversas tradiciones religiosas denominan “Verbo”.

Por tanto, “Soy el que Soy” es estado de Consciencia Perfecta. Por ello, Concentración absoluta, Quietud y Movimiento. Y el Movimiento es Emanación de la Esencia del Ser Uno, que lleva asociado el Verbo. Esta Emanación de la Esencia, a la que acompaña el Verbo, configura el Principio Único de la Creación, de cuanto es y existe. Es lo que la astrofísica moderna denomina “big” en el contexto del famoso “big-bang”. E incluye, en términos que serán analizados más adelante, tanto el plano de lo “No Manifestado” (que escapa a nuestros sentidos corporales) como el de lo “Manifestado” (del que parcialmente sí se percatan nuestros sentidos), también denominados “Omega” y “Alfa”, respectivamente, en diferentes escuelas espirituales.

Con relación a la Esencia divina, las distintas culturas y tradiciones espirituales la han cualificado con atributos como bondad, ternura, dulzura, misericordia, clemencia, magnificencia, benignidad, santidad, etcétera. Todo ello y mucho más, en dimensión inagotable e inconmensurable, es la Esencia del Ser Uno. Y la Esencia emana del Ser Uno como lo que Es: Amor integral, abnegado, sin predilección ni limitación de ninguna clase; Energía y Vibración infinitas; Espíritu divinal Puro.

En el plano humano, este Amor es el que emana, en nuestra escala, en las personas que elevan su grado de consciencia lo suficiente como para que la mente apague al piloto automático del ego y el Yo profundo asuma la dirección consciente, logrando la concentración –quietud y movimiento- en el verdadero Ser. Cuando esto ocurre, como se concluyó en el capítulo anterior, no damos otra cosa que lo que esencialmente somos: Amor. Concentrados en Ser, emanamos Amor y conectamos conscientemente la tridimensión en la que vivimos nuestra experiencia física con nuestra dimensión profunda y multidimensional, la que no tiene forma: Ser, Amor.

En cuanto al Verbo, está constituido por la fuerza vibratoria que la Emanación de la Esencia lleva asociada. El Movimiento es Emanación y a ésta le acompaña el Verbo, por lo que el Verbo está consustancialmente en el Principio Único de la Creación. Así se señala en el arranque del Evangelio de San Juan: “al principio era el Verbo; y el Verbo estaba en Dios, y el Verbo era Dios” (1,1). Hay que repetir que el Verbo no es la Esencia del Ser Uno, ni su Emanación, sino la vibración anexa a la Emanación de la Esencia. Por esto, su frecuencia vibratoria no es infinita, como el Amor o Espíritu emanado, sino finita (Para facilitar la comprensión, en el resto del texto se utilizará esta diferenciación entre vibración infinita y finita, aunque científicamente hay que referirse a “modos de vibración”: así, el Amor tiene todos los modos de vibración y en todas sus amplitudes, mientras que el Verbo es la expresión concreta de un modo de vibración que se corresponderá -como se analizará después- a su mayor o menor condensación y, por ende, inferior o superior frecuencia vibracional).

También las personas que logran concentrarse en Ser y emanan Amor generan en paralelo una fuerza vibratoria de menor frecuencia que el Amor emanado. Incluso en el acto humano de pensar sucede lo mismo: como confirman los experimentos científicos, el acto de pensar se ve acompañado de la emisión de pequeñas vibraciones cuya frecuencia es muy inferior a la del pensamiento generado.

En resumen, el Ser Uno es estado de Consciencia Perfecta y Concentración Absoluta, Quietud y Movimiento. El Movimiento es Emanación de la Esencia del Ser Uno –Amor o Espíritu de Vibración Pura e infinita-, que lleva asociada el Verbo, una gigantesca fuerza vibratoria, pero de frecuencia finita. Y la Emanación de la Esencia, acompañada del Verbo, configura el Principio Único de la Creación.

50. Expansión (“bang”)

En el caso del ser humano, la concentración del autor literario (Miguel de Cervantes, en nuestro ejemplo) está indisolublemente unida a la expansión de la idea: la concentración deviene en explosión del pensamiento (el nudo de la trama, el desarrollo del argumento de la novela y sus detalles). Pues bien, en la escala divinal, el Amor o Espíritu emanado y el Verbo asociado se despliegan y expanden de manera natural en el Ser Uno y exclusivamente en su Ser, Mente infinita y eterna, pues es lo único que Existe y Es. Se trata del “bang” que completa el binomio formulado por la astrofísica contemporánea.

¿Cómo tiene lugar exactamente tal expansión?. Concretamente, el Verbo se despliega en la Mente como energía vibratoria de gradación finita. En cuanto al Amor o Espíritu, se expande también en la Mente como energía de frecuencia vibratoria pura e infinita; y en un momento presente continuo en lo que lo eterno se desenvuelve.

El despliegue del Amor en la Mente divinal es lo que distintas escuelas espirituales refieren como Pensamiento Divino. Pero no es pensamiento; es mucho más. Es el Espíritu o Amor Incondicional, la Esencia del Ser Uno emanada y expandida (se podría sintetizar indicando que la Esencia funde y el pensamiento con-funde). En nuestro plano, es lo que acontece en el caso de las personas en las que el Yo verdadero ha tomado el mando: el Amor que despliegan no es pensamiento u objeto mental, sino una energía mucho más honda, intensa, esencial. Algunas investigaciones científicas se acercan a este hecho cuando hablan de “energía de ondas de torsión”, porque la Esencia emanada, Espíritu o Amor, se expande en la Mente del Ser Uno, donde Todo existe y se sostiene, distorsionando precisamente ondas de energía.

En cuanto a la expansión del Amor o Espíritu en un momento presente continuo, recuérdense los contenidos del capítulo precedente. El momento presente sólo cambia su forma, su dimensión superficial, pero no su esencia subyacente, que es inmutable; por lo que hablar de algún momento o de ningún momento, es meramente una ficción mental. Esto enlaza con la conclusión que Stephen Hawking recoge en su Historia del tiempo (Crítica; Barcelona, 1988) -en la página 156 relata cómo renunció a exponérsela a Juan Pablo II, cuando éste le solicitó que no indagara sobre el “big-bang”-: “la posibilidad de que el espacio/tiempo fuese finito, pero no tuviese ninguna frontera, lo que significaría que no hubo ningún principio, ningún momento de Creación”. El momento presente en su forma superficial es espacio-tiempo finito, pero en su esencia subyacente es el ahora y el espacio sin frontera, en expresión del físico inglés. Realmente, como señala Hawking, la Creación no ocurrió en ningún momento. Lo que no la refuta, sino que explica su espectacular dimensión: la Creación es Consciencia, Concentración, Momento, Ser en el Ahora eterno.

En definitiva, el Espíritu o Amor que emana el Ser Uno se despliega de manera natural por todo su Ser, Mente infinita y eterna, y exclusivamente por su Ser. Por lo mismo, se configura y expande como energía mental de frecuencia infinita, aunque le acompañan enormes corrientes vibracionales de frecuencia finita: el Verbo. Y el despliegue se produce en un momento presente continuo cuya esencia subyacente es el ahora eterno y el espacio infinito y sin frontera, aunque en su forma o dimensión superficial se perciba como espacio/tiempo finito.

Ahora bien, los planos que acaban de ser referidos son una Unidad y no hay separación, división ni fragmentación alguna entre ellos. Ciertamente, el Amor emana del Ser Uno y se despliega como energía vibratoria (ondas de torsión) de frecuencia infinita y en un momento presente continuo, intemporal, eterno. En cambio, el Verbo es frecuencia finita y se expande en espacio/tiempo finito, configurando la forma o dimensión superficial del momento presente. Pero estos planos son una Unidad indisoluble en el Ser Uno, lo único que Es y Existe, y su Creación.

51. Absorción y Unidad

Retomando la teoría aristotélica de la trama, en el caso humano, tras el planteamiento y el nudo, deviene el desenlace y, con él, la conformación unitaria del todo narrativo. Aplicándolo analógicamente al nivel divinal, puede afirmarse que, aún siendo un acto único al estar fuera del tiempo, el estado de Consciencia y Concentración que actúa de Principio Único (planteamiento; “big”) y el Despliegue o Expansión del Amor Incondicional que emana de la Esencia del Ser Uno y del Verbo que lo acompaña (nudo; “bang”) configuran una “Unidad” que todo capta y en la que todo se encuentra -de ahí que también se le denomine “Absorción”- y en la que está incluida el propio “Desenlace” creador.

En este orden, con relación a la Unidad o Absorción ocurre lo mismo, en su dimensión, que en la obra literaria humana, donde el todo narrativo surge de la mente del autor y es una unidad en su mente, en la que se ha generado y se mantiene. Del mismo modo, Todo permanece y se sostiene en la Mente infinita y eterna, en el Ser Uno, y es una Unidad con la Mente misma.

En cuanto al Desenlace, la dimensión infinita y eterna del Ser Uno hace que no exista tal en términos de conclusión de la trama, sino como una constante Expansión sin principio ni fin. En páginas próximas se explicará con detalle tan maravilloso hecho y algo se ha adelantado ya en capítulos anteriores. Valga ahora con remarcar que la Consciencia y Concentración (“big”) y el Despliegue o Expansión del Espíritu o Amor y del Verbo que configuran la Creación (“bang”) se desenvuelven de manera tal que la Creación actúa también de Creador a través de la expansión de la consciencia de lo Creado. Es un símil bastante tosco, pero sucede como si de la cabeza del autor literario (Miguel de Cervantes) surgieran personajes (Don Quijote) que compartieran su esencia (capacidad mental, en este caso) y, al adquirir consciencia de ello, elaboraran real y fehacientemente otras obras literarias, expandiendo la original (una especie de juego de rol, donde sobre la marcha, viviendo el presente, todos y ninguno establecen el guión y, a su vez, generan nuevos personajes, humanos o no).

En la escala divinal, no hay división entre Creador y Creación, que se fusionan en el Ser Uno. Como se examinará con más detalle en el próximo capítulo a propósito del alma, la dinámica divinal es tanto “de arriba hacia abajo” como “de abajo hacia arriba”. La Consciencia (Perfecta en el caso del Ser Uno) desencadena, a través de la Concentración Absoluta, la Emanación de su Esencia, que se ve acompañada del Verbo; y el Espíritu o Amor (Esencia divina, vibración pura) y Verbo (vibración finita) se expanden configurando la Creación en todo su esplendor. Y, como se verá, también la consciencia (la toma de consciencia) en las esferas vibratorias finitas dimanadas del Verbo provoca el aumento de su rango vibracional hacia las escalas propias del Espíritu, con lo que energética y vibracionalmente se elevan y tienden a ser absorbidas en la Vibración Pura de la Esencia.

Esta indisoluble identidad entre Creador y Creación, por lo que la Creación es, a la vez, Creador, explica otra posible traducción del ya mencionado versículo 3,14 del Libro del Éxodo -”Yo soy el que soy”- que, sobre la base de que “Eh-yéh” deriva del verbo hebreo “ha-yáh” (llegar a ser, resultar ser), significaría “Yo resultaré ser lo que resultaré ser”. Y el pasaje seguiría ordenando Dios a Moisés lo que ha de decir a los hijos de Israel: “Yo Resultaré Ser me ha enviado a ustedes”. El “Yo Soy” y el “Resultaré Ser” se funden en el Ser Uno, Creador y Creación; y esta fusión hace que la Creación sea Creador: Creador&Creación.

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Continúa mañana domingo:

52. Principio Único (Padre) y Espíritu o Amor (Hijo)

53. Verbo, condensación vibracional y materia

54. Lo No Manifestado y lo Manifestado

55. La Unidad Divina

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