9/4/10

Hsin Sin Ming: Meditaciones (compendio: XXIX a XXXXII)

Seng Tsan es el autor de un antiguo y espléndido poema titulado Hsin Sin Ming. De su vida y obra no se conoce casi nada. Sí sabemos, de acuerdo con los relatos tradicionales, que el Zen (Chan) llegó a China, en torno a la primera mitad del siglo VI, de la mano de un monje hindú llamado Bodhidharma. Era el 28º sucesor en una línea de transmisión de la enseñanza que se remontaba hasta Kasyapa, discípulo del propio Buda. A partir ahí, el Zen fue echando raíces en China, abriéndose un linaje espiritual de seis patriarcas o maestros, siendo precisamente Seng Tsan el tercero de ellos. En esos primeros tiempos, se produjo un bello encuentro entre el Zen y el taoísmo chino, surgiendo una de las tradiciones antiguas más ricas de significados en la que inscribe el poema Hsin Sin Ming, claramente impregnado del aroma taoísta.

Tomado como base su lectura, vengo realizando unas Meditaciones personales que extienden y desarrollan los contenidos del poema como tal, aunque respetando su hilo conductor y sus pilares espirituales. Tales Meditaciones están siendo publicadas en el Blog, de lunes a viernes, desde el pasado 23 de febrero. El pasado 20 de marzo se publico un compendio general de las 28 primeras. Ahora se hace lo mismo con las numeradas de la XXIX a la XXXXII.

Espero que disfrutéis con su lectura como yo lo he hecho al escribirlas.

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XXIX

Ser Uno, Ser.

Vibración sin palabras.

Siéntelo, porque eres Tú.

Es tu Ser y tu No Ser;

es el Ser y No Ser de Todo.


En Él, sujeto y objeto se identifican.

Cada uno, sujeto y objeto,

contiene en sí todos los opuestos,

las totalidad absoluta de las cosas.

Y en la Unidad del Ser los dos son uno,

pues Todo es el Ser Uno.


XXX

No distingas entre lo sutil y lo grosero;

¿cómo tomar partido por éste contra aquel?.

¡Qué perdida de energía escoger entre vasto y fino!.

Todas las cosas nacen del Uno y en el Uno son una.


Cuando no se discrimina entre esto y aquello,

desaparecen las visiones parciales y preconcebidas;

y la paz y la libertad emanan del Ser,

brotan de quien es la Paz y la Libertad radicales e intrínsecas.


XXXI

Tu Esencia es infinita;

en ella nada es fácil, ni difícil.

Tu Esencia abarca todas las cosas

y no sabe de prejuicios.

A ella conducen todos los caminos

porque ninguno a ella lleva.


XXXII

Las opiniones son inventos de la mente:

cuanto menos tardan en adoptarse,

más se demoran en desaparecer.


Cuanto más deprisa creas ir,

más lenta será tu inmersión en la Consciencia Perfecta

que canta y baila dentro de ti.


XXXIII

Tampoco te apegues a la Unidad

pues perderás toda mesura

y emprenderás un camino sin salida.

Nada prefieras, ¡nada!:

ni siquiera el placer interior

que la sensación de Unidad proporciona.


XXXIV

Deja a tu Esencia ser lo que Es:

en ella nada se mueve, ni está quieto;

si intentas cogerla, agarrarás aire

y te precipitarás al vacío.


XXXV

Ser es Ser y No Ser.

No le des más vueltas;

no elijas, ni selecciones, ni discrimines.

Sólo así serás libre

y estarás libre de todo tormento.


XXXVI

Sigue la naturaleza de las cosas,

sin que tus pensamientos se aferren a ella,

sin juicios ni preferencias.

En caso contrario,

te desviarás de la verdad

y te sumirás en el malestar interior

derivado de negar tu propia Esencia.


XXXVII


¿Dónde está el Ser?;

¿lo puedes acaso guardar?;

¿permanecerá o se irá?.


El Ser en ninguna parte está

y todas Es.


En todos lados y en ninguno te espera

para unir Su naturaleza a la tuya,

desencadenarte de los problemas

y proporcionarte la libertad que Él Es.


XXXVIII


No canses tu mente

agotándola con disquisiciones vanas

acerca de qué es real y qué no lo es,

sobre qué significa aceptar y qué rechazar.


Las conjeturas y ficciones desgastan la mente

y su malestar fatiga el alma,

alejando su vibración de la del Espíritu.

¿Para qué huir de esto y acoger aquello?.


XXXIX

Si quieres conocer al Ser Uno,

tu propio Ser,

no detengas tu experiencia sensorial,

ni albergues ningún prejuicio

contra los objetos de los sentidos,

sea cual sea su condición o clase.


Cuando no los detestes más,

ni los enjuicies, ni los etiquetes,

alcanzarás la iluminación

y la proyectarás en tu cotidianeidad

sin acordarte siquiera que disfrutas de la misma.


XXXX

El ignorante se pone trabas a sí mismo

y se encarcela en un grado de consciencia

que defiende con vehemencia,

blandiendo opuestos y dualismos

para sostener sus tesis y antitesis.


El ignorante se implica emocionalmente,

ve diferencias en todas partes

y divide el mundo en función de su particular grado de consciencia.

Se encadena a sí mismo en tal grado

y rechaza aquella parte de la Vida que no considera suya,

pues no agrada a sus juicios, criterios y opiniones.


El ignorante llama bueno y bien a lo que considera adecuado;

y a lo que no, malo y mal.

Denomina amor a sus afectos y predilecciones;

a lo que carece de estos, su amor no llega ni pertenece.


XXXXI

El sabio ve todas las cosas como parte del Uno

y disfruta la Consciencia Perfecta:

no se identifica con grado alguno de consciencia

y es la Consciencia misma, en todos sus grados y en ninguno.


El sabio conoce que la Consciencia Perfecta

no es el grado más elevado de consciencia,

sino ser al unísono y sin fisuras todos los grados posibles.

No se encarcela en un grado del termómetro, por alto que sea,

sino que se sabe la Temperatura.


El sabio actúa y parece que no lo hace,

ya que en es en la no-acción como se produce su acción.

Aparenta estar en quietud, pero es movimiento;

aparenta estar en movimiento, pero es quietud.

Práctica el arte de no hacer nada;

y así es como hace Todo.


El sabio actúa sin emoción,

pero se Conmueve en Compasión,

desbordado de Amor Incondicional.

Lo que es su Ser: Amor


XXXXII

Las cosas no conocen distinciones.

Las valoraciones y opiniones

nacen de nuestro apego;

y éste de nuestro ego, nuestro pequeño yo,

que es sólo una creación mental.


Todas las cosas son iguales en su Esencia,

y en ella se unen con nuestro Yo Verdadero,

creación divina y base de nuestra divinidad.

Aferrarse a unas y abandonar otras es vivir en el engaño.


Si discriminas, te pones en manos del ego

y, por tanto, de los juegos de la mente.

Si unificas, tu vida es impulsada por el Yo Verdadero

y, por tanto, por tu divinidad.

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