30/4/10

Cómo entiendo las comunidades cristianas

El cristianismo es mucho más que la Iglesia de Roma. Y la propia noción primigenia de Ecclesia (del griego ekklesía, asamblea del pueblo) no engarza ni con claves de poder ni con estructuras jerarquizadas, sino con comunidades abiertas y organizadas a modo de red, como fueron la primitivas comunidades cristianas.

Con este telón de fondo, se trae al Blog un artículo de Manolo González a propósito de las comunidades cristianas de base y su papel en el mundo actual.

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Entiendo las CCPP (o Comunidades de Base) como pequeños grupos de cristianos que nos reunimos periódicamente con un referente único: Jesús de Nazaret. O mejor: Jesús novedad radical de ayer y hoy. Y a la luz de su mensaje (vida en la historia y palabras) juzgamos y decidimos ante problemas, acontecimientos y vida nuestra. Acudimos hombres, mujeres, curas casados, curas célibes. Todos nos sentimos laicos, en igualdad plena. Nadie es más importante. Todos somos docentes y discentes.

No nos consideramos mejor ni peor que otros. No queremos ser alternativa alguna dentro de la Iglesia. Sencillamente somos cristianos que optamos por una forma de vivir nuestra fe que nos parece más en consonancia con el Evangelio y las primeras comunidades. No juzgamos a nadie. Tampoco a la jerarquía. No queremos juzgarles, pero tampoco someternos a ella. Creemos que ellos están en una onda de poder y nosotros preferimos el servicio, no el poder, como distintivo esencial de Jesús y sus discípulos. No obstante aplaudimos a muchos obispos y curas. Algunos están con nosotros y nos animan por sus hechos y palabras, no por su rango eclesiástico.

Nos singulariza el modo de entender y celebrar la Cena del Señor. Sabemos que las comidas ocuparon un lugar importante en la vida de Jesús. Hasta lo acusaron de bebedor y comilón. Con talante abierto y acogedor comía con todos, incluso con pecadores, parias y proscritos. Y fue su última voluntad que recordáramos su persona y su mensaje precisamente en una comida. Por eso en las comidas, en un clima fraternal, los suyos se reunían y “recordaban” al maestro. No inventaron nada. La fusión entre comida, celebración y recuerdo del Señor fue costumbre y mandamiento del Maestro.

Hoy tratamos de regresar a esta forma primitiva y original de entender la Eucaristía. Más ágape fraterno, que acto ritual de culto. No aceptamos un ministro ordenado, como mediador entre Dios y los hombres (Jesús es el único mediador). Ni ritos y pàlabras mágicas que hoy nos dicen poco y que tratan de cambiar la esencia de las cosas

Este cambio radical de entender la eucaristía nos impide utilizarla como ingrediente de “todas las salsas”: bautismos, matrimonios, defunciones, concentraciones, fiestas. Tampoco como algo que ofrecemos a Dios para que nos lo contabilice en nuestro provecho. La eucaristía o fracción del pan la hacemos en torno a una mesa compartida por un grupo fraternal de creyentes, que se sienten convocados por el Señor, que participan de lo aportado por cada uno y que con lecturas, cantos, signos, plegarias y libres aportaciones de cada uno recordamos la Última Cena, tratan de de que produzca entre nosotros esa carga vivencial que producía en las primeras comunidades.

Comer el pan es asimilarse a la persona de Jesús y a su actividad histórica como norma de vida. Comer el pan es alimento para hacer el camino. Y “Beber de la copa” es identificarse con “su sangre derramada por todos”. Es, por tanto “partirnos por los demás”. Entrega-servicio a los demás. . Tenemos que unir el comer el pan con el “Lavaos los pies los unos a los otros” y otras frases evangélicas que invitan al amor-servicio como mandamiento nuevo y testamento de Jesús. La eucaristía la celebramos en un grupo de iguales, en el que nadie habla en posesión de la verdad, ni manda, ni impone, ni censura, ni juzga, ni condena. Tras las lecturas expresamos públicamente el mensaje que nos envían, lo que pensamos, lo que sentimos, nuestros deseos, inquietudes, preocupaciones, utopías.

Alguien de la comunidad, hombre o mujer, es elegido para coordinar o animar la celebración. Marcará su ritmo y es símbolo de unión con otras comunidades. No lo hace todo, los diversos carismas recuperan su valor. El celebrante es toda la comunidad. Toda eucaristía es una concelebración de todos los miembros de la comunidad.

Los terceros domingos de mes nos encontramos en Antequera en una reunión más masiva representantes de las comunidades de Málaga. Y anualmente tenemos dos encuentro de comunidades, uno a nivel andaluz y otro a nivel nacional.

Saludos a todos.

Fuente: Foro Diamantino

http://www.somosiglesiaandalucia.net/spip/index.php

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