19/4/10

Crónicas de Ávalon: Fanum

En la entrada Crónicas de Ávalon: Llegada a la isla de Cristal, del 16 de noviembre, se informó del nacimiento de la revista Ávalon:

http://www.revistadigitalavalon.es/

Su carácter es mensual y acaba de ver la luz el número 6, que puede descargarse de manera gratuita en el referido sitio web.

Como ocurrió en los números anteriores, mi aportación consiste en una sección fija denominada Crónicas de Ávalon. En esta ocasión tiene como título Fanum.


1. Llegada a la Isla de Cristal (entrada del 16 de noviembre)

2. Ritmo de Vida (9 de diciembre)

3. Merlín (20 de enero)

4. Iapetus y Nibiru (22 de febrero)

5. Viaje al centro Galáctico y a mi interior (22 de marzo)

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6. FANUM

Tras la excursión con Merlín relatada en la Crónica precedente, los Dywrnad se sucedieron velozmente. Puse en común con Nimue todo lo que aconteció durante la misma. Y en varias ocasiones noté como el Gran Mago, aprovechando algún encuentro casual o nuestras citas habituales a las horas de las comidas, que solemos compartir en compañía de la Reina de las Tempestades, me escrutaba con discreción, queriendo atisbar cómo había asimilado aquellas vivencias al borde de los acantilados. Sin embargo, ni me preguntaba ni hablaba al respecto. Yo tampoco, pues andaba atando cabos conmigo mismo.

Por fin, el asunto surgió durante una de las charlas que mantenemos con ocasión de los desayunos. El que disfruto cada mañana es sencillo: una taza mediana de café con poca leche y un par de tostadas del exquisito pan de pueblo que se amasa en Ávalon, bien regadas con abundante aceite –aunque no hay muchos olivos, el que aquí se produce es de gran calidad- y algo de azúcar. Merlín, por su parte, se prepara personalmente una especie de huevos con migas de maíz: bate dos huevos en un tazón, añadiéndoles algo de sal; en paralelo, en una sartén con poco aceite, sofríe dos tortitas de maíz en trocitos, sin dejar que se doren, y media cebolla picada fina; finalmente, incorpora los huevos batidos a la sartén y revuelve todo hasta cuajarse. Y la Reina de las Tempestades, en el arranque de cada jornada sólo ingiere líquidos: primero, un jarrito de barro lleno de café con canela, que elabora calentando una olla con agua y agregando, cuando está hirviendo, café soluble y dos palitos de canela en rama; y, después, un vaso grande de zumo de naranja en el que ha licuado dos trazos de papaya. En pleno disfrute de este sustento matinal, Merlín fue directo al grano:

-Hasta hora no he creído oportuno sacar a colación la conversación que hilamos en nuestro paseo al Templo de la Roca. He supuesto que necesitarías tiempo para reposar tanto sus contenidos como la experiencia de meditación que disfrutaste en tan magnífico recinto energético-, dijo en un determinado momento sin que nada de lo que los tres veníamos hablando le ofreciera pie para ello y, lo que aún me sorprendió más, dando por hecho que nuestra anfitriona no era ajena al asunto. –No obstante-, continuó, -ya han transcurrido un puñado de Dywrnad y, en la confianza que tenemos, me gustaría saber como lo has interiorizado y cuáles son tus actuales sensaciones-. Y adivinando lo que podía ser una actitud de reserva por mi parte al no estar solos, se apresuró a añadir: -En cuanto a la reina de las Tempestades, está al tanto de todo. Y no porque se lo haya contado, sino porque, de manera innata y espontánea, nada escapa a sus facultades telepáticas, psíquicas, intuitivas e inspirativas-. Ante lo que ella se limitó a mirarme con afecto, a la par que desplegaba una suave sonrisa en la que leí que también estaba interesada en mis reflexiones al respecto.

-No tengo inconveniente alguno en contaros detalles-, respondí con sinceridad, -pero se pueden resumir en una sencilla frase: ¡todo encaja!. Os confieso que sentí un cierto desconcierto inicial, cargado de emociones contradictorias, pero pronto le siguió el hondo sentimiento de que lo que afloró aquella mañana era ya para mi perfectamente conocido, aunque se mantenía escondido en una dimensión de mi ser más profundo que el plano racional-.

Bebí unos sorbos de café con leche y guardé unos instantes de reflexión antes de continuar:

-Gracias a ello, ahora entiendo cosas que antes me aparecían veladas; y me explico hechos y circunstancias de mi presente vida física que siempre presentí que echaban sus raíces en otro tiempo y lugar. Y he logrado sistematizar determinadas meditaciones y percepciones que se venían acumulando en mi interior de manera inconexa, con lo que se han transformado en diáfanas y transparentes, llenando de luz lo que antes permanecía en nebulosa-.

Las palabras salían de mi boca a borbotones, sin titubeos y sin ningún pensamiento previo que marcara su hilo conductor, como un acuífero que de golpe hubiera roto la superficie de la tierra y fluyera cual manantial. Observé a la Reina de las Tempestades y a Merlín. Era obvio que mis comentarios les habían llenado de satisfacción. Y fue el Gran Mago quien tomó la iniciativa:

-No dudaba de que así sería, pero no tenía claro el tiempo que tardarían en germinar el sentimiento y el convencimiento íntimo que acabas de compartir con nosotros. Me alegro de que el proceso haya sido rápido y nada traumático. Y, por esto, te pido dos cosas-.

-Dime Merlín-, le expresé en un tono que manifestaba mi absoluta disposición a dar cumplimiento a sus deseos.

-Primero, que rindas el homenaje que se merece al punto energético en el que estalló tu interior.-

-Te refieres al Templo de la Roca…-.

-Su origen remoto radica en un arcaico enclave dedicado a Astarté, apelativo griego coincidente con la Ashtart fenicia, la Inanna sumeria, la Ishtar acadia y un amplio etcétera. Más allá del nombre otorgado en cada época, se trata de una deidad femenina que simboliza el culto a la Vida y a la Madre Naturaleza y que todas las culturas han asociado invariablemente al planeta Venus. Por ello, en tiempos antiguos, al Templo de la Roca se le denominó Luciferi Fanum-.

-¿Qué significa?-, pregunté con los ojos puestos en Merlín, que se disponía a apurar los huevos con migas de maíz, aunque fue la Reina de las Tempestades, que ya había dado buena cuenta del café con canela, quien cogió el testigo:

-En latín, “lucifer -era –erum” puede ser traducido como “luminoso” o “brillante”; y “lucifer –eri” como “estrella matutina”, “lucero” o, más exactamente, el planeta Venus. Y “fanum, i” remite a un “lugar sagrado” o “Santuario de la Divinidad”. En tu idioma, aunque poco utilizado, pervive el término “fano”, sinónimo de templo. Por tanto, la interpretación más correcta de Luciferi Fanum es Santuario de Venus; y de Fanum, sin otros aditivos, Santuario de la Divinidad-.

-Pues fijaros-, moví la cabeza alternativamente en dirección a ambos, -mientras os escuchaba he recordado que el geógrafo e historiador griego Estrabón cita en su obra Geografía el topónimo Luciferi Fanum cual apelativo de un lugar ubicado en la provincia Bética romana, la Andalucía de hoy. Puede tratarse de la actual Sanlúcar de Barrameda, ciudad gaditana próxima a donde resido, que como Luciferi Fanum fue nombrada en alguna bula papal y que tal lema exhibe en su escudo. En su término municipal se descubrió, en unas excavaciones arqueológicas realizadas hace varias décadas, las ruinas de un arcaico templo dedicado precisamente a Astarté-.

-Curioso,…-, ahora fue Merlín quien terció en la plática. -Quizá se trató de una denominación común hace dos milenios. Por ejemplo, también el genial arquitecto e ingeniero romano Marco Vitruvio, que vivió en el siglo I a.c. y es famoso por el célebre Hombre de Vitruvio de Leonardo da Vinci, describió en su libro De Architectura la Basílica de Fanum, asegurando que la construyó en la colonia Julia Fanestris. Distintos expertos la han relacionado con la basílica de Ordona, en Italia, cuyas medidas, aunque se halla prácticamente destruida, coinciden con las descritas por el arquitecto latino-.

-Pero bueno, Merlín-, le interrumpí en tono amable temiendo que tantas divagaciones terminarán por alejarnos del norte de la conversación, -¿qué deseas exactamente que haga para dar al Templo de la Roca el homenaje que mencionabas?-.

-Muy sencillo: que el día que abandones Ávalon y regreses a tu hogar, crees allí algún tipo de entidad, asociación o figura similar a la que llames “Fanum” y que, como “Santuario de la Divinidad”, centre su actividad en promover y difundir los saberes que adquieras en la Isla de Cristal y poner un grano de arena en la expansión consciencial de tus congéneres.-

Sentí como, si de pronto, el Gran Mago hubiera echado sobre mis espaldas una pesada carga. Pero también que no podía replicar con una negativa:

-La propuesta me pilla totalmente de improviso y no tengo ni idea de cómo podré plasmarla en la realidad, pero basta que tú me lo solicites para que me comprometa a llevarla a cabo en cuanto retorne a mi tierra. La Providencia me ayudará-.

-Muchas gracias, Emilio. Seguro que lo harás muy bien-, concluyó Merlín, a la par que se levantaba de la mesa dando por finiquitado el desayuno y con evidente intención de cerrar nuestra charla.

-Pero…-, reclamé su atención antes de que saliera de la pequeña sala anexa a la cocina donde acostumbrábamos a compartir la primera ingesta del día, -… me hablaste de dos peticiones y sólo has formulado una-.

-Tienes razón. La segunda te la planteará nuestra querida anfitriona-, exclamó en voz alta mientras se alejaba de nosotros-.

Sin permitir la más leve pausa, la Reina de las Tempestades acercó su silla a la mía asiendo su parte superior con la mano derecha, mientras con la izquierda sostenía el vaso, aún medio lleno, de zumo de naranja con papaya, y prosiguió como si tal cosa la conversación.

-Es algo más simple e inmediato que lo de “Fanum”. Y está motivado por el cariño que has sabido granjearte entre todos los que conformamos la pequeña comunidad de Ávalon-.

-El que yo siento por vosotros no es menor…-.

-Aunque lo hayas asimilado adecuadamente, lo que descubriste junto a Merlín en la ruta de los acantilados forzosamente ha tenido que romper muchos de tus esquemas vitales, externos e internos. Ya en sí, la reencarnación de las almas resulta un dislate en la visión de numerosas personas. Y tildarían de auténtica locura la hipótesis de que haya algunas que, previamente a su encarnación en el plano humano, lo estuvieran en seres de Sirio que, hace 200.000 años, “aterrizaron” en la Tierra en el marco de una misión dirigida a aportar energía consciencial a la Humanidad y al planeta-.

-Sí, efectivamente. Yo sé, siento y experimento íntimamente que es la verdad, pero reconozco la imposibilidad de su aceptación para la mayoría de las personas-.

-Y tú mismo-, la Reina de las Tempestades hizo su entonación especialmente incisiva, -corres el riesgo de dejarte arrastrar por esa verdad, en el sentido de anclarte en tan singular pasado que ahora conoces, obsesionándote con él y gastando muchas fuerzas en el intento de poner orden a lo acontecido desde entonces y la cadena de vidas que te ha traído hasta ser hoy quien eres-.

Lo que me advertía la Reina de las Tempestades no distaba demasiado de algunos temores e inclinaciones que ya habían brotado en mí, por lo que dejé que continuara con un leve gesto de asentimiento:

-Es algo que debes evitar, pues la vida no es el ayer, por intenso que haya sido, por atractivo o enigmático que te parezca, sino el ahora. Todo lo que has sido, está en ti y lo eres ahora, no tienes porque mirar hacía atrás. Es crucial que lo tengas muy en cuenta. Y para apoyarte en ello, lo que te pido es que nos acompañes al encuentro que próximamente mantendré con un nutrido grupo de hadas jóvenes en el que procuraré ilustrarlas acerca de la importancia de vivir el presente y no caer en las falacias derivadas de esas ilusiones mentales que llamamos pasado y futuro. No quiero obligarte, ven con nosotras sólo si te apetece, pero de verdad considero que te vendría muy bien-.

La Reina de las Tempestades me pareció un ser muy profundo cuando la conocí. Desde entonces, de múltiples formas, me había venido confirmando tal impresión. Sin embargo, es bastante callada, desde luego mucho menos abierta que Nimue, Merlín o Morgana. Por ello, la posibilidad de acceder a algunos de los saberes que atesora constituía un valor añadido a sumar al interés que el tema a abordar, atendiendo a las circunstancias, ostentaba para mí. Debido a todo lo cual, le contesté casi sin pensarlo:

-Dalo por hecho. Te agradezco la invitación y la acepto encantado-.

-Magnífico,… Eso sí, te pido que hasta la fecha del evento desempolves tus conocimientos acerca del funcionamiento de la mente, pues es la base para entender e interiorizar lo que en él desarrollaremos. ¿Qué sabes al respecto?-.

-Hace años leí bastante sobre la mente, su poder y su actividad. Como todo el mundo, sé que se sitúa orgánicamente en el cerebro y que es un maravilloso producto de la evolución de la vida orgánica en la Tierra. Constituye una avanzadísima computadora biológica con unas prestaciones tan extensas, diversas y especializadas que, como la ciencia reconoce, aún no han podido ser suficientemente analizadas ni comprendidas. Para hacer factible esta amplia gama de funcionalidades, el cerebro se estructura en dos hemisferios, izquierdo y derecho, que se ocupan de cosas diferentes debido a una división del trabajo resultado de la citada evolución. Están separados, uniéndose sólo por medio de un cuerpo calloso compuesto por 300 millones de fibras-.

-Recuerdas cómo se articula exactamente esa división del trabajo-.

-En el hemisferio izquierdo radican las prestaciones fundamentales para el adecuado discurrir de la esfera material de las personas y su quehacer cotidiano en el mundo tridimensional al que el cuerpo físico pertenece. Este hemisferio piensa lineal y metódicamente y se centra en el pasado y el futuro. Registra el colosal collage de cuanto ocurre y acontece; analiza detalles y más detalles de los mismos detalles; clasifica y organiza toda esa información; la asocia con todo lo que aprendimos en el pasado; y la proyecta hacia el futuro con sus posibilidades y alternativas. Para ello, utiliza los datos facilitados por nuestros sentidos, es decir, los que derivan de ver, palpar, oír, oler y degustar; procesa la experiencia adquirida y los instintos básicos, como el de conservación, que cual mamíferos poseemos; y, como herramienta de supervivencia en el medio tridimensional, posibilita que cada uno se considere un ser individual y fabrique mentalmente la noción de un yo y una personalidad. Es el ego con el que, olvidando otras dimensiones de su ser, muchos humanos transitan por un mundo hacia el que vuelcan sus deseos, apegos miedos y frustraciones, pero que contemplan, a la par, como ajeno y hostil-.

-Y, en consonancia con ello, el hemisferio izquierdo piensa en clave de lenguaje- afirmó taxativamente la Reina de las Tempestades.

-Se trata del diálogo interno que continuamente pone en conexión el yo con el mundo exterior. Esto hace posible que nuestras ideas y sueños estén conectados a una realidad compartida, evitando que se conviertan en delirios (esquizofrenia, trastorno bipolar,...). También es la vocecilla que me indica “no olvides pasarte por el supermercado y comprar esto y aquello para la comida de mañana”; la inteligencia que me recuerda cuándo tengo que ir a una cita o planchar la ropa. Y es la voz que me dice que existo como yo. Bajo su influjo, me contemplo como una sola persona sólida, fragmentada del flujo de energía que me rodea, separada del otro y de lo otro y con sentido de sus límites corporales, dónde empiezan y dónde terminan, dejando de ser átomos y moléculas que se mezclan con los de los objetos y cosas que me rodean-.

-¿Y qué me dices, Emilio, del hemisferio derecho?-.

-Pues que si bien es menos conocido, sólo en la actualidad algunas investigaciones empiezan a mostrarlo, la mente proporciona igualmente utilidades de excelencia al servicio de la dimensión no estrictamente física del ser humano; esto es, para lo que en términos trascendentes se denomina Espíritu, Ser o Yo verdadero. De ello se ocupa precisamente el hemisferio derecho, que se centra en el aquí y ahora y mantiene abierto los conductos y canales que permiten que el ser humano y su cuerpo interactúen con la unidad material y no material a la que pertenece y en la que se integra. En este orden, aporta funciones y mecanismos que se mueven en el campo de lo irracional, intuitivo, inspirativo y sensitivo; vive plenamente el presente más allá del tiempo y el espacio; y percibe y trata información que los sentidos físicos no pueden aportar-.

-Y ahí el lenguaje pierde significación-, me apuntó.

-¡Y tanto!. No en balde, el hemisferio derecho piensa en imágenes. La información le llega en forma de flujos de energía de manera simultánea desde todos nuestros sistemas sensoriales, hasta conformar el cuadro completo de la apariencia del momento presente: cómo se ve, a qué huele, a qué sabe, qué se siente y cómo suena el presente. Permite que nos contemplemos como seres de energía, conectados a la de nuestro entorno y a la familia humana y al planeta, que estamos aquí para hacer del mundo un lugar mejor. Y, con esta percepción, nos vemos perfectos y hermosos-.

-Bien, bien,…-, la Reina de las Tempestades apuró su zumo. –Y recuerda que a los hemisferios izquierdo y derecho se le suma la glándula pineal, que según Descartes conecta el cuerpo con el alma. Está situada entre los tubérculos craneales y con sus 5 milímetros es una espléndida antena de radiofrecuencia. Y vía ganglio cervical, se une a la retina, con lo que convierte la información lumínica en secreción hormonal. La conjugación de estas funciones la convierten en el célebre “Tercer Ojo” del que nos hablan tantas tradiciones. Todo lo cual conduce de nuevo la conclusión fundamental que tú antes señalaste: la mente no sólo está al servicio de nuestra dimensión física, sino también de la energética y espiritual. En el encuentro con las hadas explicaré hasta que punto esto es así-.

-No me has dicho cuándo y dónde tendrá lugar…-.

-Dentro de cinco Dywrnad, tras el desayuno, en el Tor. Ya sabes, la edificación que hay en la colina que colmata el Laberinto de las Diosa-.

-¡Allí estaré!-, le aseguré besándola en la mejilla y despidiéndome de ella.

-¡Estupendo!-, dijo devolviéndome el beso, tras lo que me guiñó su ojo izquierdo y me apostilló: -Por cierto, varias hadas “mayores” colaborarán conmigo para que la reunión sea lo más fructífera posible. Nimue será una de ellas-.

El llamado Laberinto de la Diosa es una serpenteante y empinada senda de kilómetro y medio, aproximadamente, que hunde sus raíces en un camino iniciático diseñado por druidas y druidesas hace miles de años. Arriba se localiza el Tor, una estilizada torre anclada en medio de una construcción de un solo cuerpo, a medias entre fortín, palacete y monasterio medieval, que los habitantes de Ávalon estiman ligado históricamente a la energía femenina y al mundo de la Diosa-Madre. En la actualidad se usa como escuela-residencia de hadas.

Según me contó Morgana al poco de mi llegada a la Isla de Cristal, el Tor se ubica encima de una gran falla telúrica a la que denominan Línea del Dragón. Arranca en la India, cerca del Himalaya y de ella recibe el Tor una energía muy especial que lo ha convertido en el sitio predilecto para la formación de hadas. La edificación está rodeada de un extenso bosque repleto de árboles de origen celta, destacando los frondosos robles que jalonan el Laberinto de la Diosa. Los más emblemáticos reciben del nombre de Dog y Madog, a los que se considera guardianes de la Torre del Tor.

Sobre el encuentro con las hadas jóvenes que disfrutaré en tan excepcional lugar os informaré pormenorizadamente en la próxima Crónica.

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