27/4/10

Creer es crear: cómo se curan las heridas

El convencimiento de que creer es crear impregna este Blog. José Antonio Suárez (www.mncom.blogspot.com), buen amigo que reside en la localidad hispalense de Marchena, nos remite un texto que tiene precisamente como título Creer es crear: cómo se curan las heridas. Vamos a disfrutarlo.

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Un labrador se acercó un día en su huerta a un árbol frutal que no producía nada, mientras los demás estaban cargados de frutas. ¡Si el año que viene no das buenos frutos, te cortaré y te haré leña para el fuego!. Al año siguiente, llegó la primavera y el árbol frutal, como si hubiera oído lo que se le decía como una orden, estaba cargado de frutas, tantas como no se recordaba, tantas que la mayoría se echaron a perder y se pudrieron. Entonces el labrador le dijo al árbol: gracias, árbol por haber escuchado mi petición, pero te pido que el próximo año no produzcas tantas frutas todas a la vez, sino que produzcas de forma escalonada, para que no se echen a peder.

Decir lo que queremos de forma clara, concreta y comprensible es el primer paso para conseguir lo que queremos, y muchas veces los grandes líderes no lo son porque tengan una capacidad de pensamiento especialmente compleja, sino porque son capaces de ejecutar con precisión las acciones necesarias para solucionar un problema. Por definición, el hombre percibe la realidad como algo epifánico, algo que se revela, que de repente aparece, y de lo que se retira el velo de la ignorancia. Para provocar esa reacción epifánica, debemos iniciar previamente una acción en primer lugar.

Esa acción es la comunicación. La comunicación es adquirir un conocimiento del otro pero también es compresión mutua, es superación de las diferencias, compresión, convivencia e interacción mutuas.

Si yo digo que el ejemplo del leñador con el árbol es un ejemplo de comunicación, muchos me dirán que no, que el árbol no puede reaccionar libremente a la petición del leñador, sin embargo la actitud es más importante que el hecho en sí. Todavía no le he hablado a ningún árbol, cuando lo haga les diré los resultados.

Cuando uno da muestras de cariño, afecto, amor, lo que percibe el otro es que está siendo amado, que está siendo reconocido, percibido y apreciado, que en el otro hay una muestra de voluntad de convivencia, comprensión. El otro habitualmente responde igualmente con afecto, amor, cariño, porque todos necesitamos cariño, y el cariño hace crecer a las personas y a las plantas. Las palabras que elijas son lo de menos, lo importante es la actitud. Tengo una amiga hortelana que me lo confirma: está demostrado que cuando los pepinos son pisados -aunque sea accidentalmente- por el hortelano segregan una sustancia que hace amargar sus frutos. Si no se pisan, los pepinos son dulces.

De la misma manera, creer es crear. Cuando uno siembra cariño recoge afecto, amor y más cariño, cuando uno siembre odios recoge tempestades. Uno siembra en los demás aquello que lleva dentro según su sistema de creencias personal. Para mí el líder natural es aquel que es capaz de iniciar una oleada interactiva de cariño, a pesar de que reciba odio, rompiendo así una inercia que no ha iniciado. Cuando llegue a tí una oleada de odio, párate a pensar si conduce a algo que tu sigas fomentando ese odio, si es justo que tú juzgues que alguien se merece el amor el odio o la indiferencia, o si eso lo deben juzgar otros.

Recuerda que no hay ideología, causa o bandera que merezca que tú odies al que piensa distinto a ti, y que cuando estás odiando te estás odiando y cuando estás amando te estás amando. Cuando decimos buenos días a aquel que no nos saluda o nos mira mal, estamos diciendo con una sonrisa que no queremos seguir una oleada de odio que muchas veces ni siquiera recordamos cuando empezó ni porqué ni adonde nos lleva.

Decir lo que queremos con claridad es lo más importante, y a veces para decirlo, una sonrisa basta, porque no importan las palabras, sino las actitudes.

Cuantas batallas estériles cuantas peleas se evitarían si todo el mundo dijera lo que quiere de forma clara, desde lo más profundo, y sin ofender, cuántos malentendidos y cuántas ofensas. Dentro de la pareja, cuantas discusiones ahorraríamos si dijéramos, abrázame porque me encuentro mal y no tengo ganas de discutir. Para eso lo primero es pararse a pensar, qué queremos o necesitamos realmente. Lo segundo, decirlo.

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