19/2/10

Un desahogo de La Patro

La Patro es un singular, divertido y erudito personaje creado por una buena amiga personal y del Blog. Ya se han insertado tres entradas firmadas por ella (Carta de La Patro a propósito de algunas entradas recientes, La Patro se explica y La Patro aclara algunas cosas, del 26 y 28 de enero y 8 de febrero, respectivamente). He aquí una nueva entrega en la que La Patro se desahoga de un incidente sufrido con su “señora”.

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Buenas, aquí La Patro: Pues nada, que una servidora -y con permiso de Don Emilio- desea entrá en su Blog esta vé namá que pa desaogarse de un insidente mu desagradable que me pasó antié miércole con mi señora (eso sí: sin dá esta vé nombre ni señalá, que aluego vienen los disgustos y los poblemas), y es por si arguien me pué de esplicá la siguiente paradoja, porque yo no me porté malamente con ella. Y es que, sin una queré -ya que me asusté al verla de entrá por las puertas con tóa la frente mancha de senisa- me se cayó de las manos un jarrón chino de mucha antigüedá, y no vean cómo me se puso la gachí cuando, recogiendo una tan tranquila los troso que ya no servían pa ná porque el florero ya habia cumplío su misión, y lo iba de arrojá a la basura, me se vino pa mí tóa enloquesía y gritándome con mucho aspavamiento en el cuerpo y una cara de seniso que no se podía aguantá, que qué tenía yo en estas manos tan esaborías, que tó lo que tientan lo tién que rompé, y que me lo iba a descontá del sueldo.

Yo le dije mu serena, que se carmara y no tuviera tanta irritasión, quel jarrón era mu viejo y ya tenía edá pa desaparesé del planeta, que ya bía cumplío su misión; que si no sabía enterao quen la vida ná es eterno, que tó tié un ritmo y un vaivén, y con las mismas, tó lo que nase, ante o dispué ha de morí, y lo mismo que semos porvo y en porvo mus vamos a convertí -como la cababan de desí a ella en la iglesia- siguiendo esta misma ley, yo le juré por mi Anselmo el loro, pa que encontrara consuelo, que no había perdío ná, que eso en realidá no era namá que tierra o barro en si ínfima condisión, enque ella se figurara que era un jarrón mu bonito y de való, que eso era namá que ilusione de su selebro y que lo que más való tenía no era el continente, sino lo que guardaba en su interió, y eso no se podría nunca de rompé ni desaparesé, porque era el vasío, era la nada, era la leche... Ná meno que ese espasio sagrao que le llamaban los chinos "El Seleste Imperio" y que nadie te pué de arrebatá porque no estaba ahí fuera, que está e las entrañas de una... Y que sa legrara, porque ahora tenía esparsía tóa esa magia y grandesa, lo mismo en su alma, que por tó el salón y la casa...

Ella dejó de gritá -que en el fondo, mi señora no tié mala condisión-, le pudo más la curiosidá, y me preguntó tóa alarmá: "Patrosinio, pero, ¿tú con quién te junta? ¿Ánde has aprendío tú esas cosas tan estrañas que te salen por la boca, si tú eres más simple que una papa frita?" Yo le dije: "Señora, po tó me la enseñao mi Anselmo el loro, que ante de entrá yo aquí a trabajá, me echaron den cá de un profesó inglé, de siensias mu avansá, ande yo mabía colocao pa aprendé inglé y de camino enterarse una de la última novedá sientífica -y así matá dos pájaros de un tiro-, y en lugá de hasé las faenas, una pegaba la oreja pa escuchá tó lo que él hablaba al otro lao de la puerta de su estudio cuando él resibía gente de mucha altura y un elenco mu profesioná que era la quintasensia de la sabiduría, o miraba por el ojo de la cerraúra pa vé el esperimento quel inglés hasía en su laboritorio pa vé qué pasaba con esos joíos fotones de lú cuando él proyertaba su propia consensia pa influí en la acsión. Él venía sospechando de mí, hasta que al finá me despidió el mu cobalde la noche que me pilló recogía en mi habitasión tumbá en mi catre ojeando un ejemplá de la revista Nature que una misma colesionaba con su propio jorná, y me se puso a gritá el Míster en inglé como un poseso arrancándome la revista de las manos: "Oh, it guos yú! It guos yú! In dis momen, yú mast go aut of dis jaus!"

Y yo sé que me echó a la calle namá que por celos, por envidia y por maldá ende que se enteró de que fuí yo quien le pisó la primisia informativa que yo ma cababa de enterá por escuchásela a él a travé de su puerta y yo ma delanté y vendí la esclusiva a la revista. El hijo de la Gran Bretaña no me dió lugá ni a quitarme el camisón. Mi Anselmo fue testigo y, pa que no le viera de abandoná la casa, me se metió mu triste en la maleta con el pico torsío y se vino cormigo porque era la única que a esta criatura le daba su mijo pa susistí, en aquella casa. Y era un loro mu sabio y estoico, porque ante de mi señorito inglé, lo crió y le enseñó a hablá en españó un amo que le resitaba en alto el Tao de Lao-Sé, al Marco Urelio ése, el Manual de Epicteto, a otros Cuánticos, y un catesismo que se llamaba El Kybalión. Él lo recogía tó en su memoria, y por tal de que yo le echara el grano, primero él me abría ese pico de oro y repetía como una letanía tó esa sabiduría enlatá, y aluego yo le daba su meresía rasión de pitansa".

A mi señora paresía quel disgusto del jarrón se le iba poquito a poco de pasando -hasta de vé en cuando y tó, me echaba una sonrisa-, pero al día siguiente me quería de comé viva otra vé cuando le quise dá una sorpresa y sencontró, en el sitio del jarrón -bajo unas cornucopias enmarcás con pan de oro que heredó de su tatarabuela Manola- otro jarrón paresío que una le acababa de comprá en una tienda de chinos.

...Y una se sigue preguntando qué fue lo que Patrosinio jiso mal pa que mi señora siga con esa jeta que ende entonse se la quedao puesta. ...Y es que a hora viene lo peó, lo más fuerte y lo más difísi de digerí, pa una servidora que obró con tóa su buena fe, inosensia y voluntá: ¡A la mañana siguiente mencontré el jarrón tó entero tirao a la basura! ...Y la mu asquerosa y desagradesía ma retirao la palabra, la escucho namá que de suspirá por tós los rincones de la casa por el jarrón perdío, y se lo cuenta a las amigas cuando habla con ellas por teléfono tó er santo día. Pero a mí nadie me sigue sin esplicá qué jase esta joía mujé, tres días dispués, con esa marca de senisa -quel padrecura le puso pa desirle en tóa su cara, que ella misma era mentira y sólo era porvo- toavía esparsía por su frente.

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