19/2/10

Arpas Eternas: una profecía del Maestro Jesús

Arpas Eternas (9 volúmenes) se encuentra entre los llamados “Libros Revelados”. Y es uno de los más importantes de los últimos tiempos. Fue recibido por Josefa Rosalía Luque Álvarez, que, en conexión con los Archivos Akhásicos, canalizó información de las entidades Hilarión de Monte Nebo (esenio que vivió en torno al 1500 a.c.) y Sisedón de Trohade (kobda del 9.000 a.c.). El libro fue editado 20 años antes de lo publicado sobre los Manuscritos de Qumram y el contenido de ambos es, en lo esencial, coincidente, aunque Arpas Eternas es mucho más rico en detalles y datos.

De su amplio contenido, Pepe Navajas, editor de Ituci Siglo XXI y amigo del Blog, ha seleccionado una serie de pasajes que pone a disposición de todo@s nostr@s. En este caso, con el telón de fondo del momento que vive la Humanidad y la Madre Tierra, ha escogido una parte del diálogo mantenido entre el Maestro Jesús y Juan el Bautista, cuando el primero es bautizado por el segundo en el río Jordán, y en el que Juan cuenta amargamente a Jesús sus preocupaciones y estado de ánimo.

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Una Profecía del Maestro Jesús referida a estos tiempos.

Juan:

Yo sé que ella acecha mis pasos para quitarme la vida, porque el rey Herodes Antipas pone débiles frenos a sus audacias inconcebibles, debido a que me respeta y oye en parte mis consejos. Le curé de úlceras cancerosas, herencia de toda esa familia, cuya sangre es veneno de muerte, y me guarda mucha consideración. Pero te aseguro Jhasua que ésta lucha feroz con las fuerzas del mal, me resta energías de tal manera, que en la soledad de éste desierto en que vivo, lloro amargamente clamando al Señor para que ponga término a mi martirio.

Entre las gentes que llegan a mí pidiendo la ablución del Jordán, para ser purificados en su cuerpo y en su espíritu, han venido asesinos pagados por Herodías para acabar non mi vida; pero como aún no es mi hora, sus ardides han sido descubiertos a tiempo, y fueron destrozados por los numerosos peregrinos que habiendo recibido tantos bienes, defendieron la vida amenazada del Solitario, como todos me llaman.

Mas en mis horas de meditación y de acercamiento a la Divinidad en busca de socorro, me veo asaltado por turbas negras de espíritus inmundos, que vienen en los perversos y bajos pensamientos de esa mujer y de quienes la escuchan y la siguen.

Tú lo sabes mejor que yo, Jhasua, hermano mío, hasta qué punto se ensañan las fuerzas del mal, en contra de todos los que eligen para desenvolver su vida, el camino de apóstoles de la verdad, de la justicia y del amor; y que sólo una heroica fuerza de voluntad puede vencer en la tremenda lucha!

Como te avisé a ti cuando salí al apostolado, avisé a todos los Santuarios Esenios, pidiéndoles la cooperación espiritual para cumplir debidamente mis pactos contigo y con las Inteligencias Superiores que han marcado nuestros caminos. ¡Y con todo eso, ya lo ves hermano mío!..., llegan momentos en que me creo vencido; y tirado como un harapo de humanidad entre los peñascos que me cobijan, lloro en silencio!... exhalo ayees que nadie escucha, sino el viento que pasa silbando por la montaña!...

¿Por qué Jhasua. . . por qué el bien ha de ser avasallado por el mal, si Dios, Señor de todo lo creado, es el bien por excelencia?. ¿Por qué esta raza de víboras, de la dinastía de Herodes, ha de venir envenenando a todo el país desde hace más de cuarenta años?.

Jesús:

¡Juan!, ¡Juan!. Has olvidado que faltan aun dos milenios de años, o sea veinte centurias, para que las razas de víboras como la de Herodes, desaparezcan de entre la humanidad?. ¡Cuántos mártires serán necesarios para luchar con ellas, vencerlas, transformarlas y redimirlas!."¡Cuántas jóvenes vidas serán segadas por el hacha de los verdugos, cuántas se consumirán como hojarasca seca en las hogueras, cuántas colgarán de las horcas de donde les arrancaran a pedazos los buitres voraces!... ¡cuántos los crucificados como los esclavos de Espartaco! ...¡cuántos devorados por las, fieras de los circos, para divertir a otras fieras humanas que corearán con carcajadas los ayees de las víctimas!...

¡Oh Juan hermano mío!... Sólo ante ti puedo hablar en esta forma, porque tú eres fuerte como la montaña de granito, ante la cual se estrellan rugiendo las olas agitadas por la tempestad!. ¿Puedo decir a ninguno de los que se apretan a mi lado para seguirme, "tú serás una víctima de la inconsciencia humana?. ¿Puedo contestar a los que me llaman Maestro que se verán cubiertos de baldón y de oprobio lo mismo que su Maestro?. A ninguno puedo decírselo y estoy cierto de que así sucederá!.

Dios es el bien, y el mal triunfa. Dios es el amor, y el odio se impone. Dios tolera y perdona por largas edades, y la venganza y el crimen se levantan con fuerza de ley!. "Dios es el Dueño y Señor de cuanto existe, y las multitudes hambrientas y desposeídas ambulan por las ciudades y los campos, recogiendo mendrugos arrojados a los perros, o espigas olvidadas en los rastrojos...

¿Qué significa todo esto Juan, qué significa?... Que la mayor parte de la humanidad se entrega vencida a las razas de víboras como los Herodes de la Palestina; y que su liberación es lenta y penosa como el andar de una caravana en los caminos fangosos.

Tú y yo iniciamos una marcha nueva, en esta hora solemne de la evolución humana en éste planeta. ¡Detrás de nosotros vendrán centenares y miles, que irán cayendo a lo largo del camino como frutos maduros, en los senderos del huerto, para saciar el hambre y la sed de las turbas inconscientes!... Nosotros caeremos desgarrados, pero no vencidos en el camino oscuro y sombrío; porque la muerte por un ideal de redención humana no es la derrota, sino la consagración suprema del Amor Eterno.

Para luchar tres años frente por frente a la maldad y la ignorancia humanas, has pasado treinta en la austera santidad de los Santuarios Esenios, donde has bebido a raudales la luz, el divino conocimiento, la energía y el poder sobre todo mal!. . . Treinta años acumulando fuerza sobre fuerza para vencer la raza de víboras que envenena a nuestro país!...

Juan:

¿Habré conseguido algo, Jhasua, en esta ruda jornada?...

Jesús:

El apóstol de la verdad y del bien no fracasa nunca, Juan, hermano mío, aunque no recoja con sus propias manos el fruto de lo que ha sembrado!. Es el tiempo…, son los siglos que van recogiendo los laureles que coronarán un día la frente de los escogidos, sin que una sola hoja se pierda, ni se marchite, ni se seque...Las fuerzas benéficas y salvadoras que acumulan hora tras hora los servidores de Dios, atrayendo con sus grandes anhelos, el amor, la luz, la bondad infinita sobre la humanidad delincuente, no so pierde en el vacío, sino que caen en las almas de los hombres, como cae la lluvia sobre los campos resecos; como entran los rayos solares por la escasa lucera de un calabozo.

Si no fuera por ésta estrecha comunión espiritual entre las almas purificadas de la tierra con sus hermanas gemelas de los cielos infinitos, en favor de las humanidades atrasadas, ¿cómo se encenderían luces entre sus tinieblas y quien sembraría la simiente divina de la verdad?. ¿Quién repetiría a los hombres la palabra fundamental de la ley: “Ama a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo”, si no los labios purificados a fuego, como los de Isaías, de los apóstoles de Dios?. Ellos pasan por la vida desposeídos de todos los goces materiales, y ricos solo de los dones divinos que derraman sin mezquindad, como los astros su luz y las flores sus perfumes, y el manantial sus corrientes, sin esperar compensación alguna.

Las palabras del Maestro iban cayendo en, el alma de Juan, extenuada por la espantosa lucha espiritual sostenida, como una suave llovizna que la vigoriza de nuevo... como una túnica blanca transparente que aligeraba sus vuelos hacia la Divinidad, única compensación deseada por él, que lo había renunciado todo para ser digno cooperador del Cristo en la redención de la humanidad.

Los ángeles de Dios debieron contemplar ebrios de gozo divino, la unión de aquellas dos grandes almas en la soledad del desierto de Judea, cercados de áridos peñascales, menos duros quizá que los corazones de los hombres que buscaban redimir y salvar!.

Juan:

Fortalecido por tu visita, alimentado con el pan divino de tu palabra, Jhasua, hermano mío, el Solitario del Jordán tendrá fuerza para anunciar al Dios vivo, que si es Amor para los humildes y doloridos, es Justicia para los tiranos y los déspotas, que hacen de éste mundo un lupanar y de las almas escoria que se pierde entre el vicio y el crimen.

El sol del amanecer se levantaba como un fanal de oro detrás de las montañas y los discípulos de Juan comenzaron a llegar para recibir de su maestro la instrucción matutina.

Eran catorce jóvenes de los pueblos vecinos del Jordán, que vivían en las grutas de las orillas del Mar Negro, y que acudían diariamente al Solitario para seguir sus mismos caminos, de salvadores de los hombres.

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