9/9/10

¡Tranquilos… Sólo es un poco de humedad!

La forma en la que estamos afrontando el proceso de cambio consciencial que vive la Madre-Tierra y la Humanidad pueden ser vivido desde dos posibles modalidades o planos experienciales alternativos.

Hay un plano en el que valientemente cierras una vieja puerta en tu camino de la Vida y te abres a una nueva puerta, a nuevos conocimientos, nuevas experiencias; construyes un nuevo “saber”, que te hace sentir más fuerte, con más habilidades para enfrentarte a los retos diarios; construyes un nuevo edificio de creencias y deconstruyes el anterior, quedándote solo con lo que crees que aún te sirve; y sales de un sueño y despiertas a otro, sales del sueño actual y entras en otro… Es como un círculo infinito que nunca termina, como la serpiente que se muerde la cola, es como el juego metafórico de las muñecas rusas: abres una y encuentras otra, vuelves abrirla y dentro… encuentras otra. Así, como la rueda de la Vida, la rueda tibetana del Samsara, giras y giras y cada vez lo haces en una espiral mayor, en una octava de frecuencia vibracional superior, giras como los Derviches Sufíes, tratando de conectar con tu parte Interna Divina. El trabajo interior en este plano te conduce a la Grandeza de Tú Ser y a los conocimientos verdaderos.

El otro posible plano experiencial es el que te impulsa a seguir a otros, a practicar “su verdad”, a realizar cursos y más cursos, seminarios tras seminarios, a seguir a gurús y maestros, tratando de asimilar sus enseñanzas, practicando muy poco de lo aprendido, apenas conociendo y colocando fichas del “Gran Puzzle de la autentica Verdad”, anhelando conseguir el “despertar”, la “iluminación”, la “sabiduría”. Y nos pasamos la vida buscando y buscando, como mariposas de flor en flor, como las muñecas rusas, una y otra vez… y se pasa la vida y vivimos la vida de otros y nos olvidamos de vivir nuestra propia Vida.

Ahora están ocurriendo hechos importantes en nuestro planeta, que nos afectan a todos los seres que vivimos en él, se están dando circunstancias que los antiguos Maestros nos adelantaron que ocurrirían, momentos especiales y esperanzadores para los más despiertos, para los auténticos buscadores de la Verdad, señales de Cambios para la Humanidad y hay que saber interpretarlas. Pero, además, otros hechos alarmantes son ocultados o comunicados como verdades a medias por los políticos, líderes y medios de “confu-Sión” periodísticos, a través de la “televi-Sión”, prensa escrita e Internet.

Respecto a todo esto, quiero contar una anécdota. Sucedió en 1997, cuando le otorgaron el premio Nobel de literatura a Darío Fo. Siendo como es, era de esperar algo fuera de lo común en la ceremonia de entrega de premios y vaya que si lo hubo. En la ceremonia, en lugar de presentarse con el discurso de rigor, apareció con más de veinte páginas completamente llenas de dibujos y tan sólo algunas anotaciones en su lengua materna, el italiano y este breve cuento que narró en dicho momento. Léanlo despacio y verán como parece que Darío Fo estuviera pensando en la situación actual. No se lo pierdan, es el cuento de La Roca de Caldé:

Nos contaban que hacía muchos años había un pueblo enrocado en una cresta, hermoso, con su campanario, torres, casas, campos y jardines. Era el pueblo de Caldé. Se reflejaba en el lago, que en ese lugar mide 300 metros de profundidad, como un mar. Era idílico, pero tenía un gran defecto: día a día, se deslizaba lentamente hacia el abismo, pues la roca donde se asentaba se hundía inexorablemente en el lago.

Y abajo, en el valle, los campesinos y los pescadores gritaban a los habitantes de la localidad: '¡Cuidado, que os vais a hundir! ¡Salid de vuestras casas, marchaos de ahí!'. Pero los que vivían arriba gritaban: '¡Qué listos que sois, queréis que nos vayamos para quedaros con nuestras casas, con nuestros campos!' Y se quedaban siempre en sus casas, sembraban, recolectaban, hacían el amor, tenían hijos, iban a misa, no les importaba nada, aunque de noche se notaban unos terribles temblores, producidos por la vibración de la roca al bajar hundiéndose en el lago. En lugar de asustarse, muy al contrario, decían: 'Tranquilos, son temblores de asentamiento'. Mientras, la roca, bajaba, bajaba y seguía bajando hacia el abismo.

'¡Marchaos, que ya tenéis los pies en el agua!' 'No, qué va, es un poco de humedad, no es nada...' y poco a poco se hundían, ya estaban bajo el agua, hombres y mujeres y los caballos, y los asnos, 'glub glub', y el cura seguía confesando, y una monja cantaba, 'glub, glub', las campanas tocaban al bajar, 'ding dong, glub, glub, ding dong, glub, glub'. Silencio inmenso. El pueblo dejó de existir.

Pero los narradores nos contaban que en los días de tormenta cuando brillaba un relámpago y todo se iluminaba de blanco, en el fondo del lago se veían casas, campanarios, torres, hombres y mujeres que caminaban, como un belén bajo el agua. Charlaban, y pasaban peces ante sus ojos, se les metían en los oídos, y decían: 'No es nada, son peces que han aprendido a volar'.
Uno estornudaba: "Hoy hay mucha humedad, más que ayer, pero todo va bien, no ha pasado nada".

Tras el cuento Darío Fo, hizo al auditorio esta reflexión:

“Aún hoy hay mujeres y hombres que prefieren hundirse en el abismo, ahogarse, antes que aceptar la verdad”.

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Autores: Emilio y Tina

Fuente: Radio Tierra Viva (http://radiotierraviva.blogspot.com/)

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