12/9/10

Taller de Espiritualidad para Buscadores: Módulo 1

PARA TODOS LOS QUE DESEEN SEGUIR POR ESTE BLOG EL

TALLER DE ESPIRITUALIDAD PARA BUSCADORES

(Se publican en el Blog las entradas correspondientes a los distintos Módulos que configuran el Taller conforme éste se va desarrollando para l@s que lo siguen de manera presencial, , comenzando el sábado 11 de septiembre y concluyendo el domingo 19 de diciembre de 2010)

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Taller de Espiritualidad para Buscadores

Módulo 1: Conócete a ti mismo

Sábado11 de septiembre:

1. Planteamiento

2. El Laberinto de la felicidad

3. Los cuatro acuerdos

Domingo 12 de septiembre:

5. Programa versus visión

6. Conócete a ti mismo

7. El diamante está en tu bolsillo

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5. Programa versus visión

Se habrá podido observar que, si bien desde percepciones muy distintas, El laberinto de la felicidad y Los cuatro acuerdos presentan no pocas similitudes en lo que a consejos y criterios prácticos para la vida diaria se refiere. Lo mismo podríamos concluir si acudimos a otros textos sean de autoayuda o de carácter más espiritual fundamentados en la recuperación de arcaicas culturas. De hecho, la mayoría contienen un núcleo programático común sintetizable en unos pocos puntos claves que se recopilan a continuación, utilizando ideas de los dos textos comentados (las entresacadas de El laberinto de la felicidad se señalan con las iniciales ELF y con LCA las correspondientes a Los cuatro acuerdos):

+La vida de cada cual es lo que uno quiere que sea: la vida es la proyección de nuestros sueños (ELF); la vida es una película en la que uno mismo es guionista, director, cámara y protagonista (LCA).

+Disfrutar de la vida es sencillo, consiste en ser lo que somos: basta con hacer lo que hemos soñado, la felicidad siempre está más cerca de lo que imaginamos (ELF); eres lo que eres, es suficiente con ajustarnos al guión que nosotros mismos escribimos, transformarnos en lo que realmente somos (LCA).

+Hay que tener confianza en uno mismo: lo que crees es lo que creas, tú eres tu propio camino (ELF); ya somos perfectos de maneras muy individuales, para tomar decisiones la persona debe confiar en sí misma (LCA).

+No colocarnos impedimentos imaginados desde nuestros miedos: creamos nuestros propios obstáculos porque tememos llegar a los lugares que hemos soñado (ELF); no hagas suposiciones, suponemos porque tenemos miedo a hacer preguntas (LCA).

+No nos han de afectar ni las opiniones de los demás ni nuestros propios prejuicios: es conveniente hacer limpieza de opiniones -las que tenemos de los demás, las que pensamos que los demás tienen de nosotros y las que poseemos de nosotros mismos- (ELF); no te tomes nada personalmente, nos toca encontrar el camino a través de la niebla que nos confunde con opiniones antes que con hechos (LCA).

+El secreto está en vivir y amar: volver a ser el niño que fuimos -reír, jugar cantar, bailar,...-, cada persona es un Banco de Amor (ELF); aprender a volver a nuestra propia naturaleza y el amor es la clave (LCA).

+Haciendo todo de la mejor manera posible: la felicidad es el perfume de las cosas bien hechas (ELF); haz siempre lo máximo que puedas (LCA).

+Y aportando felicidad a cuantos nos rodean: el reto es conseguir que la vida del otro sea mejor después de estar con nosotros (ELF); habla con integridad y sé impecable con tus palabras, evita hablar contra ti mismo y chismorrear sobre los demás (LCA).

Estos consejos y máximas conforman una auténtica propuesta programática para nuestra existencia: un “programa” para guiarnos en la búsqueda de la felicidad y ayudarnos a vivir mejor, con más paz interior y mayor capacidad de hacer dichosos a los demás. Es sencillo de entender y recordar; y, en principio, no excesivamente difícil de aplicar. Muchas personas, cuando se acercan a textos como los tomados de ejemplo, se maravillan de haber encontrado por fin algo tan esclarecedor para pilotar adecuadamente su vida cotidiana.

Sin embargo, no siendo mi intención decepcionar a nadie y sin poner en duda el impacto que en principio provoca esa lectura, la realidad es que la existencia de la inmensa mayoría no varía un ápice tras ella. Pasados unos días o, a lo más, unas pocas semanas, se mantiene por idénticos derroteros que antes. ¿Por qué tamaña contradicción entre el aparente efecto inicial de la lectura y el que realmente tiene tras un corto tiempo?. Obedece, simplemente, a que en la búsqueda no precisamos de un “programa”, sino de una “visión” nueva. Necesitamos un cambio de visión, no un programa, para ser lo que somos y que nuestra vida sea la que queremos que sea; para tener confianza en nosotros mismos; para no colocarnos impedimentos imaginados desde nuestros miedos ni hacer suposiciones; para que no nos afecten las opiniones de los demás ni nuestros propios prejuicios; para ser impecables con las palabras y hacer todo de la mejor manera posible; para vivir y amar y aportar felicidad a los que nos rodean. Para todo ello no requerimos un programa, sino otra visión. Nacer de nuevo exige una visión nueva.

¿Y que significa el término visión?. Pues la contemplación inmediata y directa sin percepción sensible. Para comprender con exactitud lo que esto expresa resulta sumamente ilustrativa la genial novela de Daniel Quinn titulada La historia de B (Emecé Editores; Barcelona, 1997), por más que aborde un tema diferente al que aquí ocupa: haciendo gala de una colosal erudición, abre las entrañas de nuestra actual civilización para demostrar la necesidad de que la humanidad acometa una radical transformación cultural.

A propósito de lo que la visión representa, Quinn indica que toda cultura tiene un lugar definitorio en el esquema de las cosas, una percepción acerca de dónde encaja en el Universo. No hace falta que la gente comunique esta visión con palabras (por ejemplo, a sus hijos), porque está expresada en su vida, historia, leyendas, costumbres, leyes, rituales, artes, danzas, anécdotas,... . Si alguien les pide que expliquen esta visión, no sabrán cómo empezar y hasta puede que no sepan de qué se le está hablando. Podría decirse que es una especie de canción queda y susurrante que está en sus oídos desde que nacieron, que han oído tan constantemente durante toda su vida que nunca la escuchan conscientemente.

Nuestra cultura, extendida hoy por la práctica globalidad del planeta, no escapa a lo anterior. También ella -y todos los individuos que la integramos- está inexorablemente unida a una determinada visión. Y es precisamente esta visión la que dificulta la búsqueda: la que impide que muchos seres humanos se reconozcan como buscadores; y la que complica y entorpece la búsqueda y el encuentro de los que sí son conscientes de serlo.

La visión vigente pretende, entre otras muchas falacias, que las cosas -el mundo, la sociedad, la comunidad de vecinos, la familia, el bienestar de cada uno,..., desde lo accesorio a lo importante- pueden mejorar mediante programas. Pero esto no es verdad; la historia y nuestra experiencia cotidiana muestran que esto no es verdad. Porque para alcanzar un mundo nuevo se necesitan ojos nuevos para mirar el mundo. Y, desde luego, nuestra vida, la de cada cual, no puede mejorar con programas. La consciencia sobre nuestra condición de buscadores y el avance en la propia búsqueda no se logra con programas. Hace falta un cambio de la realidad aceptada, una nueva visión.

Imaginemos un río. El cauce que sigue en su discurrir hacia el mar no cambiará sustancialmente porque clavemos unas estacas, pocas o muchas, en el fondo de sus aguas, pues éstas se limitarán a bordearlas y continuarán su normal fluir en idéntica dirección. Las estancas son los programas; y se requiere mucho más para modificar el lecho por el que fluye la corriente. Se exige un cambio de visión -ojos nuevos, volver a nacer-. Hace tiempo, a esta nueva visión se le denominó “Iluminación”.

6. Conócete a ti mismo

La nueva visión no es elitista; ni difícil de alcanzar. Ni siquiera es nueva, en sentido estricto. Lo es, sin duda, para la inmensa mayoría de los hombres y mujeres de hoy, pero siempre ha estado presente en la historia de la humanidad: antes de la civilización actual; y también en ésta, aunque ahogada por el materialismo y el fariseísmo espiritual. No en balde, procede del interior de cada uno y sólo de nuestro propio interior.

Sus contenidos y dimensiones pueden ser enunciados de muy diversos modos. Los Siete Sabios de la Grecia clásica, recogiendo una sabiduría que se remonta al antiguo Egipto y a culturas mesopotámicas, supieron plasmarlos en el frontispicio del Templo de Delfos con una frase tan breve y sencilla como profunda y compleja: “conócete a ti mismo” (“gnothi s'auton”).

Realmente, en esto consiste todo. Mas, desgraciadamente, como Scheler y Heidegger han subrayado, nunca hemos sabido tantas cosas sobre el ser humano como ahora y, contradictoriamente, nunca hemos sabido menos de él. Bajo la fina capa de falsa realidad que atrae a nuestros sentidos físicos subyace otra realidad. Lo que separa la una de la otra es el conocimiento propio. Conocerse a sí mismo conlleva la consciencia, la iluminación interior: es el acto milagroso que permite penetrar en esa otra realidad, la verdadera, tan próxima como desconocida. Al conocernos a nosotros mismos entramos en otra dimensión de sensaciones y percepciones con la misma facilidad y asombro que la Alicia de Lewis Carroll llega al País de las Maravillas al introducirse en la madriguera y caer por ella.

El conocimiento de sí mismo –la consciencia de ser, la gnosis por excelencia- es el núcleo central tanto del Corpus Hermeticum promovido desde el antiguo Egipto por el gran Trismegisto como del gnosticismo griego y cristiano. Su presencia es, igualmente, notable en otras culturas arcaicas: Veda y Avesta, Confucio, Lao-Tsé, Tirthankara, Buda,... . Como ha escrito Enrique Cases en Persona y personalidad (http://perso.wanadoo.es/enriquecases), antes de su colocación en Delfos el adagio ya estaba en la obra de Heraclio, Esquilo, Herodoto y Píndaro. Su influencia es evidente en pensadores como Homero, Eurípides, Sófocles y Aristóteles. Sócrates lo elevó a nivel filosófico como examen moral de uno mismo ante Dios. Y fue Platón quien lo orientó hacia la verdadera sabiduría en un fenomenal sistema de pensamiento.

Como ha reflejado magistralmente Ouspensky en Fragmentos de una enseñanza desconocida (RCR Ediciones; Madrid, 1995) -crónica de su aprendizaje con Gurdjieff, el genial místico armenio-, el ser humano que no se conoce a sí mismo realmente “no es”. Y no es ni lo que puede ni lo que debería ser. Ese desconocimiento de sí mismo, esa carencia de consciencia, ese no ser, convierten a la persona en un muñeco mecánico; y a la humanidad, en un torbellino de juguetes mecánicos. Cuando se habla tanto de las amenazas de la mecanización, de la deshumanización derivada del impacto de las tecnologías y del riesgo de convertirnos en autómatas, se está eludiendo el tema fundamental. Porque el ser humano puede utilizar las tecnologías y rodearse de máquinas y, sin embargo, no desmerecer un ápice de su condición humana. Ahora bien, existe otro tipo de mecanización bastante más peligrosa: ser máquina uno mismo. Como le pregunta Gurdjieff a Ouspensky: ¿alguna vez ha pensado en el hecho de que todas las personas, ellas mismas, son máquinas?.

Se es máquina cuando uno no se conoce a sí mismo. Ese desconocimiento nos sitúa a merced de las influencias externas, ante las que reaccionamos mecánicamente. Sin conocimiento interior no hay pensamientos ni actos propios. El Cantar de los Cantares lo señala de manera harto expresiva: si no te conoces, seguirás el camino del rebaño. Las máquinas se programan y reprograman y continúan trabajando automáticamente. El ser humano no necesita programa alguno para ser, para buscar y encontrar, sino un cambio de visión que pasa ineludiblemente por la consciencia y el conocimiento de uno mismo. Por tanto, como indica el Libro del Deuteronomio, “estate atento a ti mismo” (“attende tibi”).

Por ejemplo, se puede aprender mucho leyendo... ¡si se supiese leer!. Hasta de estas modestas páginas se podría aprender algo... ¡si se supiese leer!. Como recuerda la reseñada obra de Ouspensky, si hubiésemos entendido todo cuanto hemos leído a lo largo de nuestras vidas ya sabríamos qué estamos buscando ahora. Pero, realmente, no comprendemos lo que leemos; ni siquiera lo que escribimos. Para entender es preciso conocer; y no hay conocimiento si uno no se conoce a sí mismo y adquiere consciencia de ser. Y el conocimiento propio no se halla en los libros, sino en nosotros. Así de elemental; así de peliagudo.

Al no conocernos a nosotros mismos hacemos dejación flagrante de nuestra condición de guionistas, directores, cámaras y protagonistas de nuestra vida. Deja de ser tal, nuestra vida, para convertirse en una cadena de sucesos ante los que reaccionamos mecánicamente, cual mero animal intelectual. Al no conocernos, renunciamos a hacer nuestra vida, rechazamos llevar el timón de la misma. Como enfatiza Gurdjieff, todas las personas creen que pueden hacer, todas desean hacer y la primera pregunta que todo el mundo se formula es qué tienen que hacer. Pero, en realidad, al no conocerse a sí mismas, nadie hace nada ni nadie puede hacer nada: todo, llanamente, sucede. Todo lo que nos acontece y creemos que hacemos, simplemente, sucede: igual que cae la lluvia como resultado de un cambio de temperatura en las regiones más elevadas de la atmósfera o en las nubes circundantes; igual que la nieve se derrite bajos los rayos del sol; igual que se levanta polvo cuando hace viento. Nadie hace, todo sucede.

Volviendo al programa enunciado páginas atrás para, teóricamente, guiarnos en la búsqueda de la felicidad y ayudarnos a vivir mejor, ¿alguien puede creer de verdad que esas propuestas programáticas pueden servir de algo si no nos conocemos a nosotros mismos?. Sin conocerse a sí mismo, ¿cómo diantre vamos a ser lo que somos y lograr que nuestra vida sea la que queremos que sea?, ¿cómo vamos a tener confianza en nosotros mismos?. ¡Imposible!. Al no conocernos, acaecerá lo inevitable: nos colocaremos impedimentos imaginados desde nuestros miedos y haremos suposiciones; nos afectarán las opiniones de los demás y nuestros propios prejuicios; no podremos hacer las cosas de la mejor manera posible ni aportar felicidad a los que nos rodean, pues ni siquiera somos capaces de hacer nuestra propia vida. Vivir y amar será una ficción, una ilusión vana que se diluye entre nuestros dedos cual agua de lluvia.

Al no conocernos, somos máquinas. Los hechos, acciones, palabras, pensamientos, sentimientos, convicciones, opiniones y hábitos son resultado de influencias y sensaciones externas; todo cuanto digamos, pensemos o sintamos, simplemente sucederá. Por tanto, ¡conócete a ti mismo!. ¿Cómo conseguirlo?.

7. El diamante está en tu bolsillo

Primero, deseándolo de verdad. Los que han alcanzado el conocimiento de sí mismos enseñan que no es una tarea tan ardua como parece, pero que sí exige la voluntad firme de lograrlo. Éste es el punto de partida: la voluntad de adquirir consciencia, de conocerse íntimamente.

A partir de ahí, tal como se reseñó en el arranque de estas páginas, reconocer abiertamente nuestra condición de buscadores; asumir, entender, interiorizar y comprender que el ser humano es un ser en búsqueda; abrir la puerta y ser sensible a esa fuerza interior -anhelo, agitación, deseo, ansia, zozobra, necesidad de algo más- que tiene mucho de irracional -intuitiva, emotiva y sensitiva- y que nos empuja existencialmente desde nuestro fuero interno. Para ello hace falta modestia, humildad. Y una franca disposición a ver qué causa tu sufrimiento; a formularte grandes y pequeñas preguntas que despierten tu consciencia y creen en ti novedosas formas de estar en el mundo; y a deshacerte de multitud de ideas y conceptos falsos, especialmente sobre ti mismo, impuestos por la falaz visión predominante. La búsqueda pronto nos aportará nuevos conocimientos, reales y verdaderos, pero exigirá también que reverenciemos la verdad y nos deshagamos de nociones tan erróneas como arraigadas en nosotros. Lo nuevo ni puede ni debe ser construido sobre bases falsas o equivocadas.

En tercer lugar, el deseo de despertar nos proporcionará libertad y dicha. Hay que disfrutar de la búsqueda y con la búsqueda. Se trata de una hermosísima aventura -la aventura de la Vida- en la que hay que regocijarse y con la que nos debemos alegrar. En palabras de Fred Alan Wolf, el verdadero secreto en la vida no es alcanzar el conocimiento, sino adentrarse en el misterio. Y tener muy presente que al buscar ya hemos logrado el “encuentro”; nos parecerá imposible antes de empezar la búsqueda o aún dentro de ella, pero ¡al buscar ya hemos logrado el encuentro!. Es como si al empezar a buscar de forma inmediata se colocara ante nosotros el espejo a cuyo otro lado el encuentro nos espera.

Por tanto, no hay que obsesionarse con hallar lo buscado. De nada sirven las prisas; la búsqueda no es una carrera. Al comienzo, la visión imperante nos llevará a pensar en ella como una competición en la que hay que llegar al final cuanto antes, ser los primeros o estar entre ellos. Pero esto es una estupidez en el contexto de la verdadera realidad que la nueva visión irá poniendo de manifiesto, de manera natural y sencilla, dentro de nosotros; las cosas no funcionan así en la nueva realidad y en el grado de consciencia en el que nos estaremos introduciendo. Una vez que sintamos la auténtica realidad de las cosas, nos reiremos a carcajadas, literalmente, de cuando pensábamos que era importante ser los primeros o superiores en algo.

Y en la búsqueda, iremos pasando por sucesivos grados de consciencia y estadios de conciencia (en Módulos posteriores se entrará en detalle) que afrontaremos con entusiasmo en el convencimiento de que en cada uno se halla lo buscado. Mas no serán sino la puerta a uno nuevo con mayor capacidad de conocimiento y de hacernos vibrar interiormente. Y un buen día, por expresarlo de algún modo, se plasmará el gran encuentro. Hay que insistir en que al buscar ya se ha producido el encuentro y que la adquisición de consciencia plena siempre está a nuestra disposición. La única diferencia es que en algún momento “tomamos consciencia” y cruzamos al otro lado del espejo que hace tiempo teníamos delante. Vemos entonces nuestro genuino ser y la verdadera faz y sustancia de todas las cosas. El velo que los cubría cae ante la iluminación interior.

Es una experiencia tan maravillosa que no puede ser descrita con palabras, sino con Amor. Y lo mejor es que con ella nada acaba. Al contrario, será entonces cuando todo comience. Ya no será preciso programa alguno. Propuestas programáticas como las que se reflejaron páginas atrás formarán parte de nuestra vida a modo de visión, de forma espontánea y sencilla, sin necesidad de que nos propongamos llevarlas a cabo o de que nos esforcemos en recordarlas, de manera tan natural como respirar.

Como ha escrito Gangaji: El diamante está en tu bolsillo (Gaia Ediciones, Madrid, 2006). Comprobaremos que la felicidad no se encuentra en “alguna parte”, sino en nosotros mismos, pues ¡la felicidad es nuestra verdadera naturaleza!. Aprenderemos que abrir la mente al silencio significa abrirnos a nuestro verdadero yo y cesaremos de cargarla con tantas responsabilidades absurdas, permitiendo que deje de reaccionar ante todo y por todo, acumular información, imaginarse el futuro, elaborar estrategias de supervivencia. Experimentaremos que cualquier cosa con la que estuviéramos luchando ya no está allí; que el problema, la disputa, la herida o la confusión, cualquiera que fuera, realmente no existe. Mantendremos a nuestro ser libre de todo e inmune a los conceptos sobre quiénes somos -débiles o fuertes, inferiores o superiores, ignorantes o iluminados,...-, que nunca nos impidieron ser lo que de hecho somos y éramos, aunque sí que tomáramos consciencia de ello. Y diremos siempre la verdad y accederemos a verdades cada vez más profundas que nos revelarán que nuestra historia personal no tiene una realidad definitiva: al conocerme me expando y al expandirme me conozco; sin pretender justificarme personalmente ni mi existencia; rompiendo las ataduras de la individualidad y dejando de ser “yo” para ser “Todo”.

Más adelante, en otros Módulos del Taller, se mostrará de manera precisa lo que se acaba de dibujar como esbozo y con rápidas pinceladas. No obstante, previamente, en el Módulo 2 que será examinado el sábado y domingo próximos, nos acercaremos a la nueva visión y se delimitarán algunos contornos de la misma usando instrumentos tan comunes y queridos para todos nosotros como el cine o la música.

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FIN MÓDULO 1 (Próximo Módulo: Módulo 2. Sábado 18 y domingo 19 de septiembre de 2010)

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