12/1/10

Soy apache


Gracias a un artículo de Raúl Calvo Trenado en Webislam, he conocido un libro breve con las memorias de Gerónimo (1823-1909), que la editorial Mono Azul publicó, por primera vez en castellano, en 2008, casi coincidiendo con el centésimo aniversario del fallecimiento del célebre jefe apache. El texto recopila la autobiografía que Gerónimo, siendo ya anciano y estando preso en la reserva de Fort Sill (Oklahoma), dictó al inspector escolar S.M. Barret en 1906. En concreto, el libro se titula Soy apache, expresión que saltó a la fama porque fue pronunciada por la mujer que, en nombre de Marlon Brando, habló en la ceremonia de entrega de los Premios Óscar, cuando éste rechazó el premio al mejor actor en 1973 por El Padrino.

La autobiografía no contiene los chismes, intrigas y grandes declaraciones tan típicas en estos casos. Se trata, por el contrario, de un relato único de un pueblo nómada que apenas dejó testimonios y que es la “otra versión” de lo que se ha venido en llamar la “conquista del salvaje oeste”. El Gerónimo real no es simplemente el jefe indio bandolero y sanguinario que nos han traslado tantas películas, aunque la lectura de la obra también nos sirve para no caer en el otro extremo e imaginar que los pueblos nativos de América vivían en una Arcadia paradisiaca. Pero, lejos de ser esos criminales sádicos de la historiografía oficial, los apaches tenían sus propios códigos de honor, incluso en el combate.

El nombre de Gerónimo, que tanto miedo daba a sus enemigos cuando lo escuchaban, se lo pusieron los mexicanos durante una de las muchas guerras que el apache lideró para defender a su pueblo de la invasión. En realidad, su nombre original no era muy fiero: Goyaałé, que significa “el que bosteza” (así le llamó su padre porque de niño se cansaba fácilmente). Pero este bostezador ha pasado merecidamente a la historia como un símbolo de la resistencia y de la lucha por la libertad de su pueblo- sería correcto hablar de nación apache-.

Como curiosidad, Gerónimo pertenecía a la tribu chiricahua y ésta era su lengua nativa, pero también se comunicaba bien en castellano, que fue precisamente el idioma en el que dictó sus memorias al inspector Barret.

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