6/1/10

Simbología y mitos de la Navidad (y XI): Los Reyes Magos


1. Santa Claus (ver entrada del 23 de diciembre)

2. El árbol de Navidad (ver entrada del 23 de diciembre)

3. El belén (ver entrada del 24 de diciembre)

4. La estrella (ver entrada del 24 de diciembre)

5. Los villancicos (ver entrada del 24 de diciembre)

6. El nacimiento de Jesús: ¿el 25 de diciembre? (ver entrada del 25 de diciembre)

7. El linaje davídico de Jesús(ver entrada del 26 de diciembre)

8. María Magdalena y la descendencia de Jesús (ver entrada del 27 de diciembre)

9. El Día de los Santos Inocentes (ver entrada del 28 de diciembre)

10. El “pueblo elegido” (ver entrada del 29 de diciembre)

11. El pavo de Navidad (ver entrada del 30 de diciembre)

12. Las piñas (ver entrada del 30 de diciembre)

13. El cava o champagne (ver entrada del 30 de diciembre)

14. Las velas (ver entrada del 31 de diciembre)

15. Las campanas (ver entrada del 31 de diciembre)

16. El Muérdago (ver entrada del 31 de diciembre)

17. El tronco de Navidad (ver entrada del 31 de diciembre)

18. La Lotería de Navidad (ver entrada del 31 de diciembre)

19. Año Nuevo (ver entrada del 1 de enero)

20. Los Reyes Magos

La ilusión con la que los niños aguardan la llegada de los Reyes Magos, cargados de juguetes y regalos, no tiene parangón. La madrugada del 6 de enero es la noche de la magia, de la inocencia y de la infancia. Pero ¿quiénes fueron estos personajes?, ¿acaso existieron?.

A los “magos de Oriente” o “astrólogos de las partes orientales”, según las traducciones, que viajaron para rendir homenaje al Niño Jesús, hace mención el Evangelio de Mateo, (2, 1-12). Pero indica tan poco, ni siquiera especifica su número concreto, que las tradiciones posteriores tuvieron que inventarlo casi todo.

Fue en el siglo III cuando Tertuliano los transformó en Reyes de Oriente, al objeto de evitar la mala fama de los magos persas, si bien originariamente se les representaba con el gorro frigio de mago. Y en el primer cuarto de la misma centuria, Orígenes afirmó taxativamente que habían sido tres, aunque hasta ese momento, según la fuente, su cuantificación exacta había oscilado entre dos y sesenta. En cuanto a la celebración del evento, no fue hasta el siglo V cuando empezó a festejarse “la adoración de los magos”.

En un mosaico bizantino de mediados del siglo VI, en San Apollinare Nuovo de Rávena (Italia), aparecen por primera vez sus nombres actuales. Y Baltasar fue blanco hasta el siglo XVI, época a partir de la cual se le representó de raza negra por necesidades estratégicas de la Iglesia. En la centuria anterior, la XV, incluso se les puso edad. Se encargó de ello Pedtus de Natalibus, quien haciendo caso omiso de las descripciones físicas de las narraciones existentes hasta la época, fijó 60 años para Melchor, 40 para Gaspar y 20 para Baltasar. Por lo demás, los Reyes Magos no empezaron a traer juguetes a los niños hasta mediados del siglo XIX, coincidiendo con la popularización de la hoy imprescindible Carta a los Reyes.

Hay una bella simbología en los presentes que le llevan al Niño al “portal de Belén”: oro, incienso y mirra. A los profanos les parece la bella historia de la adoración y sin embargo tiene un significado disfrazado. La mirra es el regalo que se hace a un hombre; el oro, el que se efectúa a un rey; y el incienso es propio de un Dios. Aunados los tres en la figura de Jesús lo significan cual hombre, rey de Israel, por su linaje davídico, e Hijo de Dios y Ser de Luz.

A la figura de los Tres Magos se ha unido con el paso del tiempo un popular dulce llamado “Roscón de Reyes”, que se degusta preferentemente el mismo 6 de enero. Es signo de la corona de los Reyes y a quién le toca el regalo que contiene en su interior se convierte en Rey Mago por un día. Históricamente, en una tradición que data de la Edad Media, fue denominado “Rosco del Haba” y, al contrario que hoy, a quien le tocaba esta legumbre debía abonar el valor del dulce como manifestación de generosidad y en perdón de sus faltas. Por eso, son numerosos los Roscones actuales que contienen ambos presentes, pudiéndose leer en sus envases lo siguiente: "He aquí el Roscón de Reyes, tradición de un gran Banquete, en el cual se esconden dos sopresas para los que tengan suerte. En él hay, muy bien ocultas, un haba y una figura: el que lo vaya a cortar, hágalo sin travesura. Quien en la boca se encuentre una cosa un tanto dura, a lo peor es el haba o a lo mejor la figura. Si es el haba lo encontrado, éste postre pagarás; más si ello es la figura, corónate y rey serás".

Hasta aquí la tradición navideña. Pero tras ella se encierra otra realidad que, como en otros muchos de los símbolos y mitos de la Navidad que se han venido analizado, engarza con prácticas muy anteriores al nacimiento de Jesús. En este caso, se trata de una conmemoración que se hunde en la noche de os tiempo: la de Hermes Trismegisto, esto es, el “tres veces grande” o “tres veces maestro o mago”, que con distintas denominaciones está presente en numerosas culturas, siendo el Mercurio latino o el Idris árabe. Por lo que referirse a la triada de Reyes Magos es hacerlo a una única figura, la de Hermes Trismegisto, y a él en realidad está dedicado, aunque no se sea consciente, el 6 de enero.

Su nombre es un sincretismo entre el Hermes heleno y el dios egipcio Dyehuty, al que los griegos llamaron Thot. Dyehuty simbolizaba la sabiduría y se le relaciona con un personaje, que se mueve en épocas muy remotas, considerado autor y recopilador de la mayor parte de los textos y papiros acumulados en el Templo de la diosa Neit, en Sais, cuyas salas, según narra Platón en Timeo y Critias, contenían registros históricos secretos que se había mantenido 9000 años. Para algunos, Hermes, Dyehuty o Thot, que tanto da, fue el inventor de la escritura, redactando por primera vez, para que no se perdieran, conocimientos y saberes provenientes del mundo atlante, en el que la escritura no se utilizaba, pues sus habitantes disfrutaban de memoria holográfica y transpersonal y la facultad de la telepatia.

Clemente de Alejandría estimaba que los egipcios poseían cuarenta y dos escritos sagrados de Hermes, que encerraban toda la información atesorada durante milenios por los sacerdotes y que hoy podemos encontrar volcada en textos como El Kybalión. En la actualidad, son muchos los textos impresos que reclaman tener a Hermes Trismegisto como autor remoto. Hay que destacar entre ellas sus Obras Completas o Corpus Hermeticum (Ediciones Índigo; Barcelona, 1998).

(Finaliza con esta entrada la serie que se ha dedicado a la Simbología y mitos de la Navidad. En total, han sido 11 entradas -la primera se publicó con fecha 23 de diciembre pasado-, en las que se han abordado 20 temas relacionados con estas fechas tan entrañables y su carga de signos y leyendas)

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