22/1/10

OFRENDADAS (Viaje a dentro de mí mismo)

(Meditación surgida del intercambio epistolar con una amiga del Blog)

Los dos sabemos bien que todos, sin excepción, somos Gigantes en Sabiduría y Amor. Lo atesoramos intrínsecamente en nuestra Esencia, Espíritu o como le queramos llamar.

Todo fluye maravillosamente cuando entendemos y sentimos que cuerpo (válido para una única vida física) y alma (válida para transitar por una cadena de vida y modalidades de existencia) son los cauces naturales con los que el Espíritu (nuestro Yo Verdadero) opera y expande la Creación. En tal estado de consciencia, no hay olvido de lo que realmente Somos. Y se siente, más allá de las palabras, la Paz infinita, el Silencio profundo y la Perfección de Todo.

En cambio, cuando cuerpo, alma o ambos a la vez se consideran “autónomos” o independientes de la Realidad y la Unidad en la que son y existen, acontece el Gran Olvido: la falta de consciencia sobre nuestro auténtico Ser. Nada hay que objetar, pues prevalece el libre albedrío. Pero, entonces, la perfección queda solapada y escondida por una apariencia de desconcierto y falta de armonía que, inevitablemente, produce dolor.

Ciertamente, es sólo apariencia, pues el Espíritu, en su inmutabilidad, inalterabilidad, potencia y pureza, se halla muy por encima de ese desconcierto, pero genera dolor en el cuerpo y alma “autónomos”, “amnésicos”, que buscan alocadamente fuera de sí lo que ya en sí poseen plenamente, aunque no lo recuerden (bellamente lo describió San Agustín en el famoso “Sero te amavi” de sus Confesiones -Libro X, 27-: “Y he aquí que Vos estabais dentro de mí y yo de mí mismo estaba fuera; y por defuera yo os buscaba”).

Ahora bien, experimentar el Gran Olvido, acumular vivencias en una irrealidad “autónoma”, buscar fuera y encontrar por fin dentro (el Gran Recuerdo) configuran la aventura humana.

Tú, yo y otra mucha gente, cada vez más, hemos superado la amnesia. El Amor Incondicional y la Compasión ante el dolor de los que continúan en el Gran Olvido son ahora nuestra experiencia. Ya veremos, en el presente continuo en lo que lo eterno se desenvuelve, que nos depara el devenir. Pero no nos pre-ocupemos. En el ahora, el único sitio donde la vida existe, el Amor y la Compasión configuran nuestra existencia. Como si escenificáramos el brindis final de La Traviata, cantemos y bebamos en las alegres copas hasta el último sorbo de ambos. Es lo que quiere el Espíritu; por lo que está encarnado en este plano dimensional. A lo mejor está preparándose para encarnarse como un nuevo Sol, o como una Galaxia,... o como una flor. ¡Qué más da, si todo es Unidad!.

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