12/1/10

“Capitalismo: una historia de amor”: Michael Moore vuelve a la carga


Michael Moore, el controvertido y, en bastantes ocasiones, genial cineasta estadounidense, anda promocionado su nueva película, titulada Capitalismo: una historia de amor. Si en sus cintas precedentes arremetió contra la fascinación de los norteamericanos por las armas, las extrañas coincidencias del 11 de septiembre y la grave crisis que afecta a la salud pública del país, en su nuevo film denuncia sin anestesia que en los últimos días del gobierno de Bush los grandes bancos norteamericanos dieron un auténtico golpe de estado para robarse los setecientos mil millones de dólares que les fueron otorgados en una inusual medida parlamentaria. Pero Moore, además, habla de los míseros sueldos que cobran los pilotos norteamericanos, de extrañas pólizas de seguro de vida que las grandes compañías sacan en nombre de sus empleados, por lo que un trabajador muerto es mucho más rendidor que uno vivo, y muchas otras cosas que parecen obra de un sarcástico guionista de ciencia-ficción, pero que pertenecen a la más pura realidad y que tienen lugar a diario en Estados Unidos. Esta es la entrevista que Gabriel Lerman le ha realizado en Los Ángeles y que ha publicado el diario La Vanguardia.

¿De todas las cosas que descubriste a lo largo de la investigación para esta película, ¿qué fue lo que más te impactó?

Creo que ya no hay mucho que me sorprenda. Me enoja mucho que la economía de Estados Unidos siga estando en manos de Geithner, Summers y Rubin, por eso he estado tratando de convencerme de una teoría muy interesante. Para la película filmé una escena, que al final no incluí, en la que entrevistaba a un asaltante de bancos a quien todos los grandes bancos contrataron como consejero para que les explicara cómo prevenir los robos. Se me ocurrió que quizás el motivo por el cual Obama se está codeando con esta gente podía responder a esta misma lógica donde esta gente sería una nueva versión del asaltante de bancos: los principales responsables de este desastre le estarían dando consejos a Obama sobre cómo solucionar las cosas. Tengo la esperanza de estar en lo cierto, pero me doy cuenta de que es más probable que Obama tampoco entendiera bien qué es un instrumento derivado y, entonces, le hayan dicho: "Estos son los que si saben de que se trata, traigámoslos que ellos van a saber qué es lo que tienen que hacer". Es descorazonador ver que son estos tres hombres los que están llevando las riendas de nuestra economía.

Otras cosas que me impactaron fueron los bajos sueldos de los pilotos de aerolíneas, el tema de los seguros de vida que las grandes empresas les sacan a sus empleados con la compañía como única beneficiaria... pero creo que todo es parte de un mismo proceso que se viene dando de manera gradual desde hace treinta años. Haciendo la película, un día me puse a pensar que cuando yo era niño las cosas no eran así, no existían, por ejemplo, las tarjetas de crédito. Es cierto que los padres de algunos niños tenían una tarjeta Shell para cargar combustible y mi mamá también tenía la tarjeta de la tienda J.C. Penney y otras cosas por el estilo, pero eso era todo: no existían las deudas de tarjeta de crédito. Después fue como si la bestia comenzara a preguntarse: "¿Cómo puedo hacer para que la gente suelte el dinero? Necesito más, así que démosles financiación a todos. Y luego, podemos apoderarnos de los muchachos que comienzan la universidad, démosles préstamos a veinte años". Cuando nosotros comenzamos a estudiar en la universidad, no existía esto de ir a los bancos privados a pedir un préstamo para estudiantes. Había, dentro de la universidad, un departamento de asistencia financiera donde te ayudaban a pagar los estudios.

Muchas veces, la asistencia financiera era a cambio de trabajo en el campus —en la cafetería o en la biblioteca— y, otras, te daban un préstamo a una tasa de interés muy baja, de un 1% o un 2%, que podías pagar cuando dispusieras del dinero. También había subsidios y becas, pero no había posibilidad de que quedaras atado a un banco privado por los siguientes veinte años. Antes uno tenía un plan de jubilación claro, no existían los planes suplementarios privados. De repente, después de que Reagan asumió la presidencia, empezamos a tener la posibilidad de poner nuestra futura jubilación en la bolsa, lo cual, por supuesto, implica que ya no tendremos una jubilación garantizada. Es impresionante, es increíble cómo todo esto fue avanzando de a poco con el correr de los años, tan minuciosamente que ni siquiera yo me había puesto a pensar en todas estas cosas.

Has dicho en varias oportunidades que esta película, en realidad, está destinada a un público de una sola persona…

Es cierto. Una vez que se hizo evidente que Obama iba a ganar, todas las compañías de Wall Street y los bancos comenzaron a entregarle enormes sumas de dinero. Cuando incluí la escena en la que Obama recibe todo ese dinero, donde queda en claro que su principal financista privado es Goldman-Sachs, pensé que no lo estaba haciendo para el público general, sino para que lo viera el propio Obama. Me dije: "Esta escena la estoy haciendo para un público unipersonal porque quiero que Obama sepa que nosotros sabemos, y quiero que sepa que se lo voy a decir a todo el mundo". Por mucho que lo quiera y que lo admire, quiero que se dé cuenta de que tiene que trabajar a favor de nosotros; no ponerse del lado de Wall Street, esa familia de bancos y compañías de inversión pertenecientes al crimen organizado… y no estoy bromeando, lo digo muy en serio, la única diferencia es que ellos operan legalmente. Se han llevado preso a Madoff y mucha gente como él, pero los bancos funcionan con el mismo sistema de la pirámide, ese sistema donde la zanahoria que todos perseguimos eternamente es la posibilidad de llegar a la cima, allí donde están ellos… pero la realidad es que en la cima hay muy pero muy pocas personas, que son las que concentran toda la riqueza. En cualquier caso, si Obama no se pone de nuestro lado y sigue estando del lado de ellos, haré una película sobre él que dejará a la que hice sobre Bush como una película de Disney… De todos modos yo sigo respaldando a Obama. Me hubiera gustado que se jugara por un sistema único de salud, pero no lo hizo… bueno, no me voy a enojar con él por eso. Obama es todo lo que tenemos, de veras, y yo no quiero volver a lo de antes de aquí a cuatro años…

¿Qué tan grande es, para ti, la brecha que hay entre el entusiasmo y el deseo de que se produzca un cambio y la realidad de ese cambio?, ¿qué se puede hacer para reducir esa brecha?

Es una muy buena pregunta de la que ya he hablado alguna vez porque uno se pregunta si hacer todo esto realmente vale la pena. Y, en definitiva, creo que no hay una verdadera desconexión entre las dos cosas. "Farenheit 9/11", por ejemplo, no podía hacer que la gente cambiara de opinión en sólo cuatro meses, pero fue una de las primeras salvas que se dispararon al gobierno mentiroso de Bush y el puntapié inicial que permitió que muchas otras personas también se animaran. Creo que la gente se olvida de que, durante el primer año de la guerra, hacer algo como "Farenheit 9/11" no estaba exactamente bien visto: en la entrega de los Oscar me abuchearon hasta que me bajé del escenario porque dije algo que, para mí, era bastante simple. La gente me empezó a abuchear y yo estaba muy solo. Ya nadie se acuerda de lo solitaria que era esta lucha. Al principio, en Estados Unidos, si estabas en contra de la guerra, te quedabas muy solo en el trabajo, en el barrio, en la familia… había algo antipatriótico en oponerse.

De todos modos, la buena noticia es que cuando a los norteamericanos se les muestra la verdad, casi siempre hacen lo correcto. En el fondo somos buena gente, es sólo que a veces aprendemos más lento. Por eso era obvio que "Farenheit 9/11" no iba a generar ningún cambio. Fue el momento de mayor popularidad de Bush, nunca más recibió tanto apoyo como en ese momento. Después de "Farenheit 9/11" y de la elección todo fue en picada. No hay que olvidarse de que ganó sólo con un estado y cien mil votos en Ohio, el margen más estrecho con el que un presidente de turno haya ganado una reelección en la historia. Así que creo que, eventualmente, las cosas terminan sucediendo. Hice "Sicko" hace dos años y tenía la esperanza de que el debate sobre el sistema de salud se diera en ese momento, pero está sucediendo ahora. Por eso no me desanimo aunque hay un defasaje entre lo que sucede cuando vamos a ver una película como esta al cine, que está lleno de gente, y lo que sucede después cuando nos vamos a casa.

¿Te consideras un director de cine, un periodista o un militante?

Me considero un director de cine. No me considero un militante, porque cuando vives en un sistema democrático, lo de militante es una palabra redundante. La democracia no es un deporte que uno se sienta a ver, es un sistema en el que uno participa. Y yo como ciudadano hago mi parte. Mi trabajo es el de guionista y director de cine. Y siempre empiezo a trabajar en mis películas sobre cual va a ser el criterio artístico, no cual va a ser el mensaje político. Los directores de cine que ponen el mensaje político primero por lo general terminan haciendo películas muy aburridas que no contribuyen a la causa. Yo quiero llegarle a la gente como director de cine. Si quisiera hacerlo como político, me presentaría en las elecciones.

¿Crees que en Estados Unidos hace falta un tercer partido político?

Claro que sí, aunque eso es algo que no puede ocurrir dentro de nuestro sistema actual de gobierno. Tendríamos que tener un sistema de representación parlamentaria proporcional, que no existe en mi país. Este sistema está hecho para que el que gana se lleve todo. Lo cual es incorrecto, porque no representa la verdadera voluntad de la gente. Dos partidos no pueden representar los sentimientos de trescientos millones de personas. Necesitamos un tercero, un cuarto, un quinto y un sexto partido, como ocurre en casi todos los países del mundo.

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