23/1/10

Dolor por Haití y nueva consciencia

Cristina Vega, gran persona y buena amiga del Blog, me remite estas reflexiones en torno a lo acontencido en Haití y su interrelación con la nueva consciencia:

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Llevo días pensando escribir algo sobre Haití, intentando ordenar multitud de sensaciones de rabia, dolor, desconcierto y Amor en todo el innombrable suceso. Hoy, sábado, por fin puedo ordenar el fenómeno dentro de mí.

Lo de Haití, lo sucedido a tant@s y tant@s herman@s, nos ha levantado a todos un sinfín de sentimientos que, considerados en su conjunto, no son más que un reflejo, un espejo, esa gran "Sala de los Espejos” maya de la que es escribe en el Blog, en la que una vez más podemos vernos, si sabemos mirar. Y para tener esa mirada nueva limpia es imprescindible conectarse con nuestro interior, con lo interno de cada un@ de nosotr@s, con cada una de nuestras capas, como si de una cebolla se tratara.

Probemos, pues, a mirar desde las primeras. ¿Qué apreciamos?: dolor físico, ruido, desequilibrio, pérdida de control, desconcierto.

Sigamos unas capas más abajo: aturdimiento, nuestros sentidos de vista, olfato y oído están a tope, miramos sin ver, escuchamos sin oír, olemos sin saber qué.

Sigamos desnudándonos de nuestras capas de cebolla y sentiremos desolación y miedo, un gran miedo ante nuestra propia muerte. Nuestro yo se ha quedado perdido, sin sus referentes materiales, al albur de fuerzas y fenómenos que no controla, ausente de referentes que le hacen sentir la ilusión de vivir.

Luego vienen las preguntas: ¿por qué a mí o a nosotros?, ¿qué sentido tiene todo esto?. Es esa sensación semejante a la que tenemos cuando alguien muy, muy cercano fallece, en el que todo se nos da vuelta. Todo el pasado y futuro carece de sentido; y percibimos algo, no sabemos muy bien qué, que nos advierte y apunta que el camino elegido sólo arroja sombras y que no es Real. Nos percatamos que nuestra esencia está en otra parte, que el único sentimiento válido es el Amor, que mi yo insignificante y material no es más que un falso sueño. Y que la compasión que yo pido para mí únicamente ha de ser el reflejo de la que proyecte en los otros, que lo verdaderamente importante es todo aquello que me lleve a experimentar la Unidad con el otro y con todo lo que nos rodea, incluso con lo que nuestros sentidos no perciban, pero que esta ahí.

Conservemos esta visión, llevémosla a nuestro día a día.

Sé que la realidad aparente es tozuda, que muchas veces hemos de transar, que tampoco debemos ir sin ninguna capa que nos proteja,..., pero, al menos, seamos conscientes de ello, de nuestros pactos y renuncias. Sólo así y poco a poco, conservando lo que estas grandes lecciones nos enseñan de nosotros mismos y de las consecuencias de las estructuras sociales que creamos o permitimos crear, sólo así, repito, ¡la nueva consciencia se impondrá!

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