15/6/10

El Lamento de la Flauta de Caña

En la entrada El cuerpo místico publicada ayer, se citó a ese gran nombre de la historia de la espiritualidad que es Jelaluddin Mevlana Rumi. Tras su lectura, Anabel Ríos, desde Colombia, nos remite uno de los poemas más afamados y bellos del extraordinario maestro sufí, el titulado El Lamento de la Flauta de Caña, que encierra en sí la esencia del Ser Profundo y del Trabajo Interior.

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EL LAMENTO DE LA FLAUTA DE CAÑA


Escucha la flauta de caña, cómo se queja,

Lamentando su destierro del hogar:

“Desde que me arrancaron de mi casa de mimbre,

Mis lastimeras notas han hecho llorar a hombres y mujeres.

Reventé mi pecho, esforzándome por desahogar los suspiros,

Y expresar los dolores súbitos de mi anhelo por mi hogar.


Quien mora lejos de su hogar

Anhela siempre el día de su regreso.

Mi lamento se oye en todas las multitudes,

A coro con aquellos que se regocijan y aquellos que lloran.

Cada uno interpreta mis notas en armonía con sus propios sentimientos,

Pero ninguno desentraña los secretos de mi corazón.

Mis secretos no son ajenos a mis notas lastimeras,

Sin embargo no se manifiestan al ojo y al oído sensual.


El cuerpo no está velado del alma, tampoco el alma del cuerpo,

Sin embargo ningún hombre ha visto nunca un alma”.

El lamento de la flauta es fuego, no mero aire.

¡Dejad que quien carezca de este fuego se considerado muerto!

Es el fuego del amor lo que inspira a la flauta,

Es el fermento del amor lo que posee el vino.

La flauta es confidente de los amantes desdichados;

Sí, sus compases ponen al descubierto mis más íntimos secretos.

¿Quién ha visto un veneno y un antídoto como la flauta?

¿Quién ha visto un confortador compasivo como la flauta?


La flauta cuenta la historia del sendero ensangrentado del amor,

Cuenta la historia de las penas del amor de Majnu (Loco de Amor).

Nadie está privado de estos secretos salvo el demente,

Mientras la oreja se inclina a los susurros de la lengua.

A través del dolor mis días son trabajo y tristeza,

Mis días pasan, mano a mano con la angustia.


Sin embargo, aunque mis días así se desvanezcan, no importa,

¡Tú permaneces, Oh Incomparable y Puro!

Pero aquellos que no son peces pronto se cansan del agua;

Y quienes no tienen el pan diario encuentran el día muy largo;

Así pues el “Crudo” no comprende el estado del “Maduro”;


Por ello me incumbe acortar mi discurso.

¡Levántate, Oh hijo! ¡Rompe las cadenas y sé libre!

¿Hasta cuándo estarás cautivo de la plata y el oro?

Aunque viertas el océano en tu cántaro,

Este no puede contener más que la reserva de un día.

El cántaro de deseo de los codiciosos nunca se llena,

La concha de ostra no se llena con perlas hasta que está contenta;


Solo aquél cuyas ropas han sido desgarradas por la violencia del Amor

Está completamente puro de la codicia y el pecado.

¡Hola a ti, pues, Oh Amor, dulce locura!

¡Tú que curas todas nuestras enfermedades!

¡Qué eres el médico de nuestro orgullo y vanidad!

¡Qué eres nuestro Platón y nuestro Galeno!

¡El amor exalta a nuestros cuerpos terrenales hasta el paraíso.

Y hace que las mismas colinas salten de alegría!

¡Oh amante!, fue el amor lo que dio vida al Monte Sinaí,

Cuando “tembló y se puso a danzar”, y Moisés cayó desmayado.”

Sólo que el Amado me tocara con sus labios,

Yo también, como la flauta, estallaría en melodía.

Pero el que se aparta de aquellos que hablan su lengua,

Aunque posea un centenar de voces, está forzosamente mudo.

Cuando la rosa se ha marchitado y el jardín está seco,

La canción del ruiseñor ya no se oye.


El Amado es todo en todo, el amante sólo Le vela;

El Amado es todo lo que vive, el amante una cosa muerta.

Cuando el amante ya no siente la viveza del Amor,

Se vuelve como un pájaro que ha perdido sus alas. ¡Ay!

¿Cómo puedo conservar mi juicio

Cuando el Amado no muestra la luz de Su rostro?

El Amor desea que este secreto sea revelado,

Porque si un espejo no refleja, ¿de qué sirve?

¿Sabes tú por qué no refleja tu espejo?


Porque no ha sido limpiado el hollín de su superficie.

Si estuviera purificado de todo hollín y suciedad,

Reflejaría el brillo del Sol de Dios.

¡Oh amigos!, ahora ya habéis oído este cuento,

Que expone la misma esencia de mi caso.

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