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15/9/10

Ibn Arabi: breve ensayo

A la vida y obra de Ibn Arabi (1165-1240) se han dedicado en el Blog diversas entradas y referencias (ver especialmente Ibn Arabí, “padre del sufismo”, publicada con fecha 30 de diciembre de 2009). Como complemento a las mismas, se inserta a continuación un ensayo sobre tan insigne figura de la espiritualidad y la mística universal, del que es autora Beatriz García Quesada y ha sido divulgado en WebIslam (http://www.webislam.com).

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El presente trabajo versa sobre la experiencia mística que Ibn ‘Arabi vivió con Allâh y cómo este sufí andalusí expresó dicha vivencia a través de su obra poética, especialmente a través de dos conceptos: belleza y unidad. Así mismo, intentaré exponer cómo influyó de manera decisiva en la mística islámica. El análisis de dichos textos se realizará desde una perspectiva de contenido, ya que carezco de conocimientos de árabe para utilizar documentos escritos en lengua original, y desde un punto de vista que pretende esbozar unas pinceladas teosóficas, disculpándome de antemano por las faltas a la Verdad que aquí cometa. Consciente de mis limitaciones, abordo pues este ensayo desde la humildad como observadora, la curiosidad y la necesidad tanto de Conocimiento, como de encuentro íntimo con la Esencia divina, que para mí se traduce en la búsqueda de las estructuras de la Realidad.

Espiritualidad y mística

Religión y espiritualidad son dos estadios diferentes donde la persona es y actúa, es decir, se realiza. Una persona puede ser religiosa y no ser espiritual, o viceversa. Es cierto que existen prácticas religiosas que realizadas con intención y de forma constante potencian la espiritualidad del creyente, pero muy pocas personas consiguen fortalecer esta conexión para encontrarse en esta vía espiritual si no es deseándolo desde su corazón. Aunque encontrarse en el camino espiritual no es estar en su búsqueda, ya que lo primero, en última instancia, sólo depende de la voluntad de Allâh.

A lo largo de la historia de la Humanidad, Allâh no ha cesado de entablar comunicación y ofrecer alternativas para realizarse espiritualmente que, al final, se encuentra estrechamente relacionado con el camino del autoconocimiento, de modo que existen varias vías místicas o espirituales que llevan a esta conexión íntima con Él, manifestado en Su esencia divina. Esta conexión íntima con lo real, con Allâh, no puede más que perfeccionar la naturaleza humana , porque entregarse a Su Voluntad es dejarse perfeccionar, es dejarse hacer, abandonarse, someterse a Allâh.

Las vías místicas que cada persona elije para relacionarse con Allâh dependen del esquema de la estructura de la personalidad que cada uno desarrolla. Allâh nos dice que hay que adorarlo, aunque nos da libertad en cómo hay que adorarlo. Esto es así porque antes ya nos ha dado el conocimiento necesario para poder elegir adecuadamente. Nos dice que si le adoramos en lo externo, en la expresión en las diversas formas de sus atributos, solo obtendremos dolor y sufrimiento. Porque lo externo es ilusorio, no es real, es cambiante, transitorio, casual. Pero si adoramos su intimidad, que es lo único que permanece, lo único que es real, obtendremos todas las recompensas porque estaremos vibrando en y desde su misma sintonía. Así, nuestros deseos y nuestra intención estarían en total consonancia con los deseos de Allâh, dejándole fluir a través de nosotros.

Según el plano dimensional en el que nos movamos, hay ciertas cualidades que deben tomar protagonismo en cuanto a la forma de relacionarse con el «medio», lo «externo», lo mal llamado «ajeno» a nosotros. El plano de la moral y la ética requeriría astucia, el de la religión requeriría obediencia y el de la espiritualidad, inteligencia. En este sentido, Ibn al-‘Arabi se desarrolló tanto religiosa (la heterodoxia de sus ideas no le impidió ser obediente y ortodoxo en su religión) como, y en especial, espiritualmente en la vía mística del Islam, a la que se conoce como sufismo o tasawwuf, en árabe. Con respecto a esta vía me remito a la definición de sufi que se ha dado tradicionalmente, siendo el sufí «aquel que nada posee y que no es poseído por nada». Aunque también resulta interesante la que aporta Idries Sahl, cuando dice que «el sufí es aquel que se desprende de lo superfluo, y que se llena de reflexión en su dirección hacia Allâh; para él tienen el mismo valor el oro y el barro».

Contexto teosófico y teosofía de Ibn Arabi

La biografía de Ibn Arabi (1165-1240) resulta muy interesante. No voy recopilar aquí toda la información acerca de su persona ya que sería demasiado extenso, pero sí me gustaría recalcar a modo de conclusión lo que para mí es la clave del éxito y actualidad de sus escritos: En el plano social, tuvo la gran bendición de nacer en al-Andalus, con toda la riqueza que suponía a todos los niveles beber de una sociedad multirracial, multirreligiosa y multicultural; en el plano familiar, se crió en un ambiente culto y propio para el misticismo; y en el plano personal, Ibn Arabi viajó, trabajó y perseveró en el encuentro con Allâh a través de las prácticas religiosas y espirituales además de formarse intelectualmente en el estudio de las ciencias coránicas así como yendo al el encuentro de los grandes sabios tanto de al-Andalus como de Oriente, y es que desde joven se relacionó con círculos cultos sufíes, siempre movido por su naturaleza inquieta y su gran personalidad mística e intelectual. Ibn Arabi procesó todas estas vivencias con una inteligencia sutil que era reflexionada desde el corazón. No es por nada que el maestro Suhrawardi le calificara de «océano de ciencia intuitiva».

Antes de comentar cómo influyó en el sufismo, creo apropiado tratar de esbozar, aún esquemáticamente, el panorama filosófico y teológico del al-Andalus medieval y es que en el mismo tiempo y lugar se estaban dando tres importantes culturas que eran Judaísmo, Cristianismo e Islam. También hay que mencionar las influencias de la filosofía griega y la gran influencia de Oriente. La ciencia, las letras, las matemáticas, la filosofía, la música, las artes se desarrollaron con mucha fuerza en un ámbito tan fértil como el de al-Andalus. Así mismo se reflejó también en «las cosas del espíritu», concretándose en diferentes movimientos de pensadores. Frente a la corriente puramente espiritual sufí (tasawwuf) encontramos otras tendencias que se engloban en la corriente «racional», como los mu’tazilíes, racionalistas musulmanes al tanto de los elementos filosóficos del pensamiento griego y neoplatónico; losas’aríes, establecieron una doctrina teológica a medio camino entre el espiritualismo puro y el racionalismo integral; los falasifa, pensadores racionalistas plenamente imbuidos de las teorías de Aristóteles.

En el sufismo, son importantes las ideas y reflexiones aportadas por al-Gazali o al-Faradi, así como las de otros grandes sufíes de la época. Algunas figuras destacadas de la espiritualidad islámica de al-Andalus son Ibn Masarra, Ibn Hazm de Córdoba (teoría del amor racional) o Averroes (más conocido por sus aportaciones a la ciencia).

Concretamente, la filosofía neoplatónica ejerció una influencia profunda y decisiva en Ibn Arabi. Los datos que avalan esta afirmación son dos: por un lado, el escolasticismo propio del neoplatonismo clásico que rezuman sus escritos; por otro, la ascendencia plotiniana que revelan los principales conceptos filosóficos sobre los que edifica su argumentación metafísica. En cuanto al primero, la filosofía se identifica con la religión y deriva en teología racional (escolástica) y precisamente lo que hace Ibn Arabi es apoyarse de la filosofía para racionalizar la verdad iluminada por Allah en la unión extática, la unión en el éxtasis. Esto lo hace no sólo para darle consistencia racional, sino también para explicar su realidad mística. En cuanto al segundo, encontramos conceptos plotinianos como «el principio de la necesidad» o el de la trascendencia «más allá del ser», «más allá de la sustancia», «más allá de la mente». Igualmente, encontramos doctrinas como la «del Uno», «pensamiento del pensamiento» que da origen al «intelecto» en cuanto que primera manifestación del Uno, del que es proyección o imagen; o como las «de las supremas categorías del mundo» y «del tránsito de la unidad o la multiplicidad». No es capricho que Ibn Arabi se ganase, entre, otros, el sobrenombre de «Ibn Alfatun» (Hijo de Platón).

Concepto de belleza y concepto de unidad

Comenzaré por el concepto de «belleza», para lo que me remito a un pasaje del último libro Juan José Tamayo donde afirma que «uno de los campos en los que se manifestó la oposición a Ibn Arabi de manera más severa fue el de la poesía amorosa, en la que establecía una estrecha conexión entre la belleza humana y la realidad divina». Tamayo se refiere a Taryumán al-Aswaq , obra que efectivamente produjo escándalos y críticas como viene siendo habitual cuando se asocia mística con amor o erotismo, asociación que suele llevar a vaguedades poco fundadas si su estudio, independientemente del enfoque o del método, no se aborda con la seriedad que merece. A priori, hablar de poesía amorosa en Ibn Arabi no me parece acertado ya que no puede compararse con la poesía amorosa tradicional. El matiz es diferente. A pesar de que el mismo Ibn Arabi en el prólogo, dedica esta obra a la joven persa Nizam, –hija de un sabio imam residente en La Meca y encargado de la macama de Abraham– y describe los sentimientos que la muchacha le despertaba, hay que entender esta contemplación desde el punto de vista de una persona que consagra su vida a la mística y al ascetismo. Por tanto, aunque era humano y no estaba libre de deseos o equivocaciones, sí había llegado a un grado de control mayor que el de una persona con una trayectoria de vida diferente y alejada de la búsqueda de Dios. Esta admiración de la belleza interna y externa de Nizam debe entenderse como la contemplación de la belleza divina, manifestada en una de sus formas. Esta sería a grandes rasgos la explicación misma de uno de los 99 nombres de Allâh, «Al-Yamil» («El Bello»), calificativo que, como todos los demás, responde a formas que participan de Su esencia.

He elegido el poema «El rastro del perfume» porque sus versos tratan acerca de la difícil y paradójica existencia de los gnósticos, por su vivencia en el espíritu siendo aún cuerpo. Asimismo, trata sobre la unión de los contrarios, es decir, obre la corporeización de los seres sutiles y la sublimación de los materiales. Por último, trata igualmente sobre la dialéctica y el simbolismo de las sombras y las luces, siendo la divinidad la más radiante y origen último de todas.

¡Qué no ofrecería mi alma por (volver con las vírgenes) blancas y

risueñas, que al besar la columna y la piedra conmigo jugaban!

Es el perfume quien te guía,

al perderte tras de ellas.

Nunca se cerró para mí la noche,

pues como bajo el brillo de la luna llena me hace marchar su recuerdo

Viajando junto a sus cabalgaduras,

la noche se me hace (clara) como el sol al alba.

Con amor cortejo una de ellas:

¡una belleza en el género humano sin par!

(Tanto, que) al descubrir su rostro te muestra la grandeza de un sol

naciente que en su brillo no cesa.

El sol (mismo) es la blancura de su rostro, y la( negrura) de la

noche su cabello. ¡Qué prodigio es que así se junten el día y la noche!

Aun siendo noche, estamos junto a ella a la luz del día,

y tras sus cabellos noche se hace el día.

Como podemos apreciar, el poema está lleno de metáforas que distan mucho de ser superficiales y que una y otra vez remiten a la divinidad. Las vírgenes son las Ciencias divinas, que se muestran al gnóstico de forma substancial en el mundo de las formas bajo la epifanía. El perfume que guía es un tópico de la poesía árabe clásica y un tema recurrente del Taryumán: las Ciencias sublimes dejan su rastro en el corazón de los buscadores de la vía, que las siguen errantes. La noche nunca se cierra porque junto a ella siempre hay luz, que espanta las tinieblas y la ignorancia, iluminando el camino. Con la primera parte del verso 5 indica que el amor es un atributo intrínseco para el gnóstico, que es quien habla en este poema. La expresión «sin par» de la segunda parte del verso hace referencia a la consecución de la unidad (tawhid). El pelo negro hace alusión a las Ciencias ocultas, de las que «ella» es portadora que son las ciencias del símbolo y las del discernimiento intuitivo. El sol y la noche reunidos en una imagen paradójica muy propia de Ibn Arabi y de la literatura mística en general. Esto es el principio último de integración de los contrarios, como expresión de la totalidad, es decir, Allâh. Ya dice el Corán (57,3): «Él es el principio y el Fin, el Visible y el Escondido. Y es omnisciente». Finalmente, el poema termina continuando la lógica de los versos anteriores, que desafía la razón: la esencia divina es testimonio de su Unicidad (tawhid) y falta de analogía con ningún ser creado. Estando por la contemplación cercanos a la presencia divina, por la intermediación de uno de sus Nombre divinos, se contravienen las leyes naturales, haciéndose la noche día y el día noche.

Personalmente, y retomando más directamente la idea de «belleza», su conexión con la idea de «esencia divina» me parece lógica. Ni que decir tiene que el hecho de defender esta idea, excluiría la idea de que una persona poco agraciada se encuentra lejos de la realidad divina. Si abordamos esta reflexión con mentalidad occidental protocolaria y políticamente correcta, nos quedaremos en simples formas que no llevan a nada. Más bien me refiero a la idea que refleja el conocido hadiz «Dios es bello y ama la belleza», como ya he introducido anteriormente.

Aquella persona cuya alma se encuentra en un estadio de consciencia de la realidad divina, esto es, liberada de la influencia limitadora de la mente –que no sin ella–, se encuentra alineada directamente con la misma esencia divina, lo que no puede más que producir la dulce armonía espiritual de saberse en el centro de su ser, o dicho de otra manera, de encontrarse en equilibrio real, esto es, que emana de lo profundo. Si se me permite utilizar conceptos matemáticos –también parte del carácter de estas ciencias es esotérico– añadiré que equilibrio y simetría van de la mano. Y es que equilibro se traduce necesariamente en el plano físico.

La belleza humana, como belleza física, se relaciona con la simetría del propio cuerpo humano, con su equilibrio físico (equilibrio en plano). La belleza humana, como belleza espiritual, supone el equilibrio externo (cuerpo) con lo interno (alma, mente) (equilibrio en profundidad). Por tanto, cuando el equilibrio se produce en su totalidad, la belleza humana alcanzaría su grado máximo, abandonando también el carácter efímero del concepto de belleza que no se encuentra ligado necesariamente a la juventud.

En cuanto al concepto de «unidad» hay que decir que Ibn Arabi matiza esta idea hasta tal punto que marcará profundamente la propia concepción del conocimiento de Allâh, siendo el Amor la vía de conocimiento, rechazando totalmente la razón natural. En esta línea de matizaciones, se me hace obligado hacer un comentario sobre los términos «Dios» y «Allâh». En Occidente, el concepto de Allâh se traduce directamente como «Dios». Esta traducción me parece, en sentido estricto, deficiente y, por tanto, engañosa, ya que entre otros motivos, no se ve reflejado el verdadero sentido teosófico que encierra el vocablo en árabe, impregnado de la filosofía oriental, muy marcada por Ibn Arabi. No podemos olvidar que no estamos traduciendo palabras sino conceptos y realidades, así como no podemos obviar la influencia del hinduismo sobre el sufismo. Por tanto, al vocablo occidental habría que añadirle el sentido de Realidad, el sentido de Totalidad. Para el místico, el concepto Allâh es una extrapolación al universo sufí del concepto neoplatónico de lo Uno, esto es, fundamento de todo ser, realidad absoluta, absoluta perfección. Dios es, pues, Absoluta Realidad, Principio Único Esencial, Trascendentalidad Metafísica, no condicionado por ningún otro ser, y cuya única esencia es su radical y unitaria necesidad de ser. Esta es la razón por la que a lo largo del ensayo me he decantado por el término «Allâh» en detrimento del de «Dios».

En lo Absoluto, todo se necesita,

todo es interdependiente, y necesario;

nada es suficiente en sí mismo.

Esto es el Verdadero,

lo decimos sin metáfora.

Cuando recuerdo al Uno

libre de dependencias,

ya sabes a Quien con mis palabras me refiero.

El Todo al Todo está unido,

ahí no cabe distinción alguna.

Tomad de mí lo que os digo.

Ibn Arabi contempla la Unidad divina desde una doble perspectiva: como Unidad estricta (al-ahadiyya) y como Unicidad (al-wahidiyya). La Unidad estricta no podría determinarse ni cuantificarse dentro de unos parámetros racionalistas, mientras que la Unicidad sería fuente de unidad y determinación de todo cuanto es y existe.

Me permito hacer una segunda matización, en sintonía con la idea expuesta, entre los sustantivos –especialmente en su aplicación como adjetivos– «diferencia» y «diversidad». Si todo lo existente y lo no existente emana de una misma fuente que alberga infinitas posibilidades de manifestación –incluso la no-manifestación–, y que conforman la esencia de nuestro ser, es decir, lo que nos define completamente, lo que es perdurable y eterno, lo que es real; entonces, no puede existir nada fuera de esta esencia, fuera de Allâh. Esto sería un sentido profundo de la ilaha illa Allah. Por tanto, decir que existen dos esencias, equivaldría a decir que existen dos divinidades, que lo que existe, existe separado y, aunque en un primer momento todo emanase del mismo punto, al manifestarse y tomar forma, tendría una esencia propia y diferente de la que surgió, por lo que, si esto es así, ya no podríamos hablar de la maravillosa diversidad que apreciamos en la Creación, donde todo se mantiene unido por ese hilo conductor que es la esencia divina. Es más, en tanto que somos, participamos de la esencia divina, y en tanto que participamos, la poseemos para existir y para ser. Es por ello que es posible llegar a la Verdad a través de este tipo de vías centradas en el autoconocimiento, porque todo es reflejo de todo y no somos más que espejos donde más importante que saber qué se refleja sería saber cuánto se refleja. Claro que las respuestas solo pueden obtenerse si el cristal de nuestro espejo se encuentra limpio y en perfecto estado, para que este pueda así realizar su función.

Ejemplificaré la exposición de estos conceptos con el poema «No te asombres», cuyo tema central es la paradójica relación entre lo Uno y lo múltiple:

Dijo Ella: “¡Cómo me maravilla el amante, qué (orgulloso) de sus venturas,

por entre las flores y el jardín camina!”

“¡No te asombres por cuanto veas!”, dije,

pues en el espejo el hombre es a ti a quien contemplas.

Las flores y el jardín simbolizan los seres creados. En todas las tradiciones, el jardín representa tanto el paraíso condensado como el lugar o estancia de la unión locus amoenus («lugar placentero»). En este caso Dios es el amante que se pasea por su Creación. Se refleja así, por tanto, el contraste entre el Creador, el Uno absoluto y la infinidad de lo creado.

Interreligiosidad y espiritualidad en Ibn Arabi

El ámbito espiritual que nos ocupa, pone especialmente en evidencia las carencias y limitaciones del lenguaje, por lo que es especialmente importante diferenciar los conceptos y advertir la manipulación para evitar prostituir las ideas y conceptos originales. Seguimos, pues, con matizaciones lingüísticas, esta vez entre «Islam» e «islamismo » los cuales, y sin entrar en juicios de valor sobre si hay intenciones o no, son utilizados indistintamente como sinónimos por muchos periodistas generando graves confusiones.

Aclaremos esta idea: Desarrollarse en el estadio espiritual (a través del Islam real y no oficial) supone crecer y supone alejarse de imposiciones religiosas que, en la mayoría de las ocasiones, obedecen a intereses personales de quienes, en un momento concreto, están asociados a la institución y a la influencia que ésta ejerce social y políticamente, normalmente debido a que dichas instituciones religiosas aparecen ligadas al poder político, transfiriendo los principios religiosos a la esfera política (islamismo). La esencia de lo que es Islam supera las delimitaciones formales que supone la religión como fenómeno de masas. Esta idea quedaría reflejada en el concepto de «interespiritualidad», donde no cabe más que respetar todas las vías o manifestaciones diversas de unión con Allâh. El mismo Ibn Arabi pone esta idea de manifiesto en algunos de sus poemas como en «La religión del amor»:

Capaz de acoger cualquiera

de entre las diversas formas

mi corazón se ha tornado:

Es prado para gacelas

y convento para el monje,

para los ídolos templo,

Kaaba para el peregrino.

Es las tablas de la Torá

y es el libro del Corán.

La religión del amor

sigo adonde se encamine

su caravana, que amor

es mi doctrina y mi fe.

Otro poema donde transmite esta misma idea sería:

Las creencias más diversas

tienen de Dios las personas,

mas yo las profeso todas:

creo en todas las creencias.

Y es que las tres grandes religiones monoteístas son caras espirituales de un mismo prisma, es decir, tramos ascendentes de un único camino, que es el de la verdad revelada en el origen primero. El Islam sería entonces tanto el último tramo del camino, con el cierre y la perfección de la profecía como el propio camino entero. Ibn Arabi afirma sin duda que el Islam es el último estadio espiritual de una tradición milenaria, que se perfecciona con la revelación del Corán y la práctica musulmana del Profeta Muhammad. Esta idea de evolución islámica es la que abona el místico.

Influencia de Ibn Arabi en la filosofía sufí

Podemos deducir que el sistema teosófico de Ibn Arabi se fundamenta y corona en su doctrina ascético/ mística. Toda su vida discurre dispuesto y orientado a justificar el estadio supremo de la vida espiritual: la unión extática con Allâh.
Con respecto a la caracterización del sufismo de Ibn Arabi, también en su último libro, Tamayo recoge la afirmación de Miguel Cruz Hernández quien supuestamente dice que lo que caracteriza su sufismo es el monismo de tendencia panteísta. Esto podría no ser exactamente así, ya que, por otro lado, Serrano Ramírez afirma que Ibn Arabi «parece estar continuamente bordeando el panteísmo a lo largo del Fusus», y defiende que «Idries Shah y Cruz Hernández insisten, en contra de la opinión sostenida por Asín Palacios, que no cabe ver en Ibn Arabi un panteísmo monista», sino más bien «un uso frecuente de imágenes y simbolismos que encierran frases de sabor panteísta», especialmente para la mentalidad occidental. Cruz Hernández continúa diciendo que «si de sólo esto hubiera que suponer el panteísmo, pocos místicos y poetas escaparían a este calificativo, tan frecuente en las historias de la filosofía como poco meditado».

Tamayo recoge, esta vez más afinadamente, los siete puntos en los que Cruz Hernández sintetiza la influencia de Ibn al-Arabi: 1) La negación de toda analogía entre el Creador y los seres creados; 2) la procesión o procedencia de los seres creados; 3) la alusión esotérica como vocación divina (la alusión esotérica es un llamamiento divino desde la cumbre de la lejanía y la revelación de una enfermedad concreta.); 4) la aptitud de la naturaleza humana para recibir la profecía y lograr la perfección, la santidad. 5) la gnosis es la morada más alta en el camino de la unión con Allâh. 6) la unificación mística con Allâh; 7) Esta es causa de los milagros que hacen los místicos.

Conclusión

Ni la filosofía ni la espiritualidad se desarrollan con prisas, prejuicios, intereses económicos o cualquier otro tipo de limitación impuesta. A mi parecer, entender a Ibn Arabi resulta muy complicado no por las ideas en sí mismas, sino debido a que no estamos ni entrenados ni acostumbrados a enfocar la realidad desde unas estructuras de base tan diferentes a las habituales o incluso, a enfocar la realidad siendo conscientes de la poca solidez de dichas estructuras. Este hecho se acentúa especialmente en la cultura de Occidente, donde se ha cultivado una actitud a priori de infravalorar la intuición y todo lo que no sea demostrable por lo que la visión racionalista y la inteligencia discursiva imperantes, desde las cuales nos empeñamos en enfocar nuestras vivencias, no nos llevan más que a absurdas espirales de mentalismo que nos consumen y de las que a veces somos incapaces de salir. Este cambio necesario de estructuras mentales y enfoques lleva asociado, evidentemente, un cambio del propio lenguaje. En definitiva, para entender en profundidad los entresijos a los que se refiere nuestro autor, se hace necesario por parte de la persona que se acerca a su estudio, una iniciación espiritual guiada que conlleve una iniciación intelectual, puesto que los caminos que Ibn Arabi explica y trata de exponer en sus escritos son accesibles solo para el corazón. Es por ello que sus poemas son íntimos, y dedicados a la intimidad de otros corazones que buscan recordar a Allâh. Sus escritos, por tanto, no buscan entretener, ni alegrar, sino exponer métodos para prepararse y llegar a conectar con la esencia divina.

Esta vía de búsqueda de Dios y de unión en su esencia depende totalmente del grado de recuerdo que habita en lo más íntimo de nuestros corazones, porque todo vuelve a Allâh, pero es un camino precioso para disfrutarlo con calma, amor y conciencia, porque conocerse y amarse es empezar a vibrar en Su misma sintonía, y vibrar en su misma sintonía es empezar a fluir, y empezar a fluir es realizarse desde la esencia primera, que no es otra que la divina. Y cuando esto ocurre, la existencia es un gozo, porque nos reconocemos como canales sublimes de la expresión de Allâh.

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6/8/10

El sufismo y la mística del Islam (2/2)

Continuación de la entrada publicada ayer en el Blog

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Confluencia del misticismo y la filosofía

El pensamiento filosófico islámico, en una primera etapa, estuvo muy influido por el estudio de los griegos. Los peripatéticos tuvieron la primacía en una primera etapa (Al-Kindi, Al-Farabi, Averroes), pero luego la cedieron a los neoplatónicos, que fueron retornando al espíritu de la enseñanza profética paulatinamente, creando una filosofía vigorosa y propia del Islam, en donde se confunden el filósofo y el místico (Avicena, Suhrawardi, Mulla Sadra). Desarrollar estos conceptos queda desde luego fuera de los límites de esta breve exposición. Al interesado recomendamos las obras del orientalista francés Henri Corbin, que tradujo material inédito de Suhrawardi y otros filósofos de la iluminación. Digamos solamente que esta corriente filosófica se ha desarrollado sobre todo en Irán y que recibe, por su profundidad y alcances, el nombre de ‘Irfán, "Gran sabiduría".

La mística islámica: superación de las diferencias doctrinarias

Un mérito importante del misticismo, llámese Irfan o Tasawuf, ha sido el de servir de punto de encuentro a las distintas corrientes doctrinarias del Islam. Los sabios de las distintas escuelas se unen en la experiencia de las realidades divinas, y acercan sus posiciones superando diferencias.

Ha sido estudiado que varias ideas del shiísmo (duodecimano e ismaelita) han influido en las ideas del sufismo sunnita, como es el caso de la idea de "polo espiritual" de la época, cuya categoría metafísica se corresponde con la del "Imam" shiíta. Grandes gnósticos, de adscripción sunnita, como Ibn ‘Arabi y Suhrawardi, tuvieron una importante influencia en la filosofía del shiísmo. Grandes sabios shiíes como ‘Allamah al-Hilli (1250-1326 d.C.), uno de sus grandes juristas, manifestaron su adscripción al sufismo. Al-Hilli da la silsila de sus maestros hasta Abu Yazid al-Bistami en una de sus obras, genealogía que lo vincula con maestros y tariqahs sunnitas.

Por su parte varios sabios sunnitas, por su vinculación con el sufismo, afirmaron pertenecer a "la shi‘ah de ‘Alí", definiéndose como shiíes. A este tema se dedicaron importantes trabajos cuya lectura recomendamos. Por ejemplo: Tasawuf: the Meeting Point of Tasahuyyu‘ and Tasannum (Sufismo: el punto de encuentro de shiísmo y sunnismo), artículo del Dr. Wahid Ajtar, catedrático de filosofía de la Universidad Islámica de Aligarh, India, y miembro del consejo editorial de la revista At-Tawhid (inglés), en cuyo vol. V, Nº 3 y 4, se publicó este trabajo.

Sufismo y movimientos islámicos

Es importante recordar lo que dijimos al principio de esta exposición: el sufismo (salvo algunas expresiones aisladas), no propone un modelo de hombre quietista y aislado del mundo. Su ideal es el del Profeta y el Imam ‘Alí, hombres que pese a revistar en la más alta categoría espiritual sirvieron en el mundo para beneficio de sus semejantes.

Teniendo presente esto se comprende que muchas órdenes sufíes se involucraran en el curso de los acontecimientos mundanos, no por ambición de poder, sino para restablecer la justicia y revivir el espíritu de la religión, como testigos y evidencias de Dios sobre la tierra.

En la historia de la España musulmana dos movimientos importantes tuvieron su origen en movimientos sufíes de distinta extracción, como el caso de los almorávides, originalmente una cofradía de murábit, verdaderos "monjes guerreros" apostados en las fortalezas de frontera o ribats. Análogamente los Almohades eran en su origen un grupo sufí, y se sabe que su fundador Ibn Tumart fue discípulo de Al-Gazzali.

Estos movimientos islámicos surgidos del sufismo se extienden hasta la época moderna, en la lucha de los musulmanes contra el colonialismo. Un caso es el de la rebelión mahdista del Sudán a fines del siglo pasado, que puso en jaque a los ingleses. O la heroica resistencia de los libios contra la dominación italiana, retratada admirablemente en la película "El león del desierto" (con A. Quinn) dirigida por el egipcio Mustafa Akkad.

Otro ejemplo contemporáneo es el líder de la revolución islámica en Irán, el Imam Jomeini. Este sabio iraní tuvo muy mala prensa en occidente por razones políticas, lo que eclipsó su verdadera dimensión espiritual. Estudió muchos años el ‘Irfán, particularmente con el Ayatullah Shahábadi entre 1931 y 1935, y es conocido que era un especialista en la mística de Ibn ‘Arabi y que la enseñaba a sus estudiantes. Escribió profundas obras de ética e ‘Irfán, incluso en el campo de la poesía.

Sufismo y difusión del Islam en Occidente

Ya dijimos más arriba que el Sufismo ha entrado en occidente, al principio como una "filosofía oriental" más, del tipo del Yoga o el Zen, y que normalmente se lo presentó en esta primera etapa, como algo desgajado del Islam. Esta actitud se ha ido revirtiendo en las últimas décadas y se asiste al fenómeno de que la enorme mayoría de los occidentales que acceden al Islam desde otras religiones lo hacen a través del sufismo y su mensaje místico. Un estudio publicado hace cinco años en la revista pakistaní Islamic Studies estima en más de 10.000 los europeos que se convirtieron al Islam a través del Sufismo, lo cual teniendo en cuenta el tradicional prejuicio occidental hacia esta religión es un número significativo.

La taríqah darqawiyyah, de origen marroquí y derivada del tronco de grandes corrientes espirituales como los shadilíes, hizo su entrada en Europa a través de España. Otras taríqahs, como la Naqshbandiiah tienen muchos adherentes en Gran Bretaña. En Francia han prendido las de origen argelino, como la ‘Alawiiyyah, del famoso sheij de este siglo al-‘Alawi muerto en 1930. Las taríqas de origen turco/persa están también presentes en toda Europa y América.

Esta influencia del Islam en occidente, en especial a través del Sufismo, es importante por lo selectiva. Es muy elevado el número de intelectuales y artistas que se han convertido al Islam y que defienden su cultura. Basta citar dos ejemplos notables: el de Roger Garaudy, intelectual francés del partido Comunista, senador de Francia y destacado filósofo, que ya lleva escritas varias obras notables sobre el Islam. Y el de Cat Stevens, famoso cantante pop de los ‘70, que ahora lleva el nombre de Yusuf Islam y que dirige una importante fundación islámica en Londres, Muslim Aid, que brinda ayuda humanitaria a los musulmanes de zonas en conflicto o empobrecidas. En muchos sentidos estos nuevos musulmanes de occidente, como antaño los de al-Andalus, son un ejemplo para toda la comunidad islámica.

Tasawuf y arte islámico

El misticismo está muy unido en el Islam a las expresiones más acabadas del arte y las artesanías. Muchas disciplinas artísticas estaban (y están todavía) organizadas según el método del sufismo.

Por ejemplo la caligrafía, el arte de la decoración por excelencia ante el menosprecio de otras artes plásticas más realistas (como la pintura o la escultura), se aprendía tradicionalmente de maestros que enseñaban el profundo significado del cálamo (la Pluma, mencionada en el Corán, sura 68), de la tinta y el papel. Luego el sentido esotérico de las letras y sus proporciones en los distintos estilos. El aspirante se sometía también a la disciplina de copiar y copiar acompañado por la remembranza de Dios. Todo esto formaba parte de su entrenamiento espiritual a la vez que artístico, hasta que era capaz de componer una obra de caligrafía haciendo resaltar el significado profundo de una Tradición o un versículo coránico.

Las artes decorativas, fundamentalmente abstractas en el Islam, se valen de una cuidadosa utilización del simbolismo geométrico para representar el orden y la armonía subyacente en toda la realidad, pese a la diversidad de las formas.

Una técnica propia del sufismo son los cuentos, por lo general brevísimas historias que ilustran una enseñanza. Estos cuentos sufíes circulan entre el pueblo y son parte del acervo cultural de las sociedades islámicas. Se han realizado diversas recopilaciones de ellos. Algunos son largas narraciones, como el de Maÿnún y Laila (lit.: el loco y la noche), una historia de amor imposible que ilustra el anhelo insaciable del místico, el dolor que embarga su alma ante la separación del Amado.

Y por último mencionemos la poesía, que ha sido muy cultiva en el Islam. Sus expresiones más significativas y que más han superado la prueba del tiempo son, sin lugar a dudas, las vinculadas a la experiencia mística. Vaste citar las obras de Rumi, como el Maznavi, las de Omar Jaiam, Hafiz, Sa‘di y otros tantos.

Los grandes sufíes

Una lista de los grandes sufíes a insertar en un Blog debe ser necesariamente limitada y por lo tanto injusta. Mencionaremos sólo algunos personalidades fundamentales en lo referente a la doctrina.

+Abu Yazíd al-Bistami (m. 234 H /874 d.C.): El más destacado de los primeros místicos, exceptuando desde luego a algunos compañeros del Profeta. Dejó una colección de máximas famosas en el sufismo por su contenido paradojal y chocante, destinado a quebrar las rutinas racionales e ilusorias del ego. Su nombre está en la silsila (genealogía espiritual) de casi todas las grandes cofradías.

+Al-Ÿunaid (al-Bagdadí): Llamado "el Imam al-Yunaid" por los sufíes, ejerció una profunda influencia por su énfasis en la doctrina del Tauhíd (Unidad divina, unidad con lo Divino). Criticó los extremismos de algunos místicos, destacando la importancia del soporte y límite de la sharí‘ah contra la tendencia de algunos a considerarse por encima de la ley. Se conservan varios tratados de su obra. Habiendo residido casi toda su vida en Bagdad, Irak, se lo considera representante de la escuela sufí de esa ciudad, de allí el apelativo "al-Bagdadí".

+Al-Hallaÿ: Nacido 244 H / 876 d.C. Merece destacarse por su carácter de rebelde y como mártir de sus ideas. Fue discípulo de al-Ÿunaid, quien le inició y consagró como Sheij, mas luego se separó de él. Tuvo una actitud dura con los literalistas y con los místicos moderados a este respecto como su propio maestro, y se dedicó a enseñar al pueblo las verdades de la religión y a viajar por regiones lejanas. Su experiencia de la unión mística lo lleva a pronunciar su famosa frase "Yo soy el Real" (es decir: Dios). Esto da excusas a sus enemigos entre los juristas de Bagdad para pergeñar una fatua (sentencia) en su contra. Permanece en prisión durante ocho años, y finalmente es ejecutado en el 309 H. Los místicos están divididos a su respecto, algunos lo condenan y otros lo aceptan. Casi todos no obstante reprueban que se haya excedido al proclamar abiertamente ciertas realidades de la experiencia mística que son incomprensibles para el vulgo.

+Al-Gazzali: Este jursaní (del Jorasán, Irán) nacido en el 450 H./1059 d.C. es uno de los grandes sabios del Islam, tanto entre la gente de la ley como entre los místicos, y su nombre trascendió hacia Occidente en la época clásica como Algazel por sus trabajos sobre filosofía (que no obstante se conocieron parcialmente, pues en realidad su objetivo era refutar a los filósofos). En la primera etapa de su vida Al-Gazzali era un gran mutakallimita, discípulo de Al-‘Ash‘ari. A los treinta y seis años sufre una profunda crisis espiritual y abandona todo (era rector de la Universidad Nizamiiah, el más grande intelectual de su época) para dedicarse a la búsqueda interior de la certeza intelectual. Viaja por los principales centros del mundo islámico, visitando a los grandes sufíes de su época, para volver, resueltas sus dudas, nuevamente a su comarca natal donde enseña hasta su muerte, acaecida a los 52 años en el 1111 d.C. Su obra más notable es "La revivificación de las ciencias de la fe" por la influencia que ejerció durante siglos; y la más controvertida "La destrucción de los filósofos", que fue refutada y analizada por grandes místicos y gnósticos posteriores.

+Ibn ‘Arabi: Este gran sufí nació en Murcia, el 17 de Ramadán del 560 H (1165 d.C., y se crió, educó y casó en Sevilla, España musulmana. Terminó sus días en Damasco hacia el 1240 d.C. Representa la culminación del pensamiento gnóstico del sufismo. Se le aplican varios epítetos que dan testimonio de su importancia: Muhiuddín (Vivificador de la fe), al-Sheij al-Akbar (el más grande maestro), Játim al-auliiá (el Sello de los Santos), Qutb al-‘arifín (el Polo de los gnósticos), etc. Sus obras trascienden el lenguaje de la psicología espiritual, de la ética y el desapego para internarse en temas metafísicos muy profundos. De esta forma Ibn ‘Arabi es el punto donde confluyen la mística y la filosofía islámica, proceso que se profundiza con la obra de un contemporáneo suyo de oriente: Suhrawardi al-Maqtúl, fundador de la escuela gnóstica de los Ishraqiiún (filósofos de la Iluminación). Entre las obras de Ibn ‘Arabi las más importantes son Revelaciones de La Meca (voluminoso tratado en varios tomos sobre gnosticismo) y Engarces de la Sabiduría (sobre el significado espiritual de todos los Profetas mencionados en el Corán), y han ejercido una influencia importantísima hasta nuestros días. Hay otras obras menores aunque muy interesantes, como Epístola de la Santidad (Traducida por el arabista español Asín Palacios con el nombre de Vida de santones andaluces), en la cual habla de numerosos sufíes andalusíes y sus milagros (para mostrar la pujanza del sufismo "occidental" ante el oriental).

+Al-Suhrawardi (Sihab Al-Din Yahia): Nació en Suhrawar, noroeste de Irán, en el 549 H/1155 d.C. Vivió sólo 36 años (murió en Alepo hacia 1191) (12[12]), y se dice que murió ajusticiado, perseguido por sus enemigos entre los literalistas que lo condenaron por sus ideas gnósticas. Se lo llama Sheij Al-Ishráq (el maestro de la iluminación o del despertar; ishráq significa literalmente "la salida del sol", el "oriente de las luces"), por haber fundado una corriente filosófico-mística en donde convergen la filosofía profética, la filosofía platónica y la sabiduría de la antigua Persia. Dejó numerosas obras, de las cuales merece destacarse El libro de la sabiduría de la iluminación (kitáb al-hikmah al-ishráq). Escribió también una serie de pequeños cuentos simbólicos, a semejanza de los "recitales" de Avicena, que transcurren muchas veces en las khanaqas (lugares de reunión) de los sufíes y que están cargados de simbolismo cosmológico y angelológico.

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5/8/10

El sufismo y la mística del Islam (1/2)

Son numerosas las entradas de este Blog versadas en el sufismo. Sin ir más lejos, ayer mismo se publicó la titulada Sufismo y consciencia de unidad. Con el telón de fondo de todas ellas y respondiendo a lo solicitado por bastante lectores del Blog, se inserta a continuación un texto dedicado a examinar el papel y el protagonismo del sufismo en la mística del Islán y, a través de ello, en la espiritualidad de la Humanidad. Dada su extensión, se divide en dos partes, de modo que a la que se publica hoy le seguirá la que se insertará mañana.

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Uno de los temas más interesantes del estudio del Islam es indudablemente el de su mística. Máxime considerando la importante influencia que ella ha tenido, tanto en la evolución del pensamiento islámico, como sobre otras culturas y tradiciones religiosas, vivificando en muchos casos corrientes místicas ajenas (1).

En occidente se ha denominado al misticismo islámico como "Sufismo" y ha merecido siempre el interés de los orientalistas e islamólogos. La obra poética de algunos grandes sufíes es conocida desde hace tiempo en traducciones a lenguas occidentales, como el caso de Rumi (Yalaluddín), Hafiz, Omar Khaiam, Sa‘adi, ‘Attar. No obstante, no pocas veces el simbolismo de las obras de estos poetas místicos fue mal interpretada, y no es raro encontrar hasta la fecha quienes interpretan las alusiones al vino de Omar Khayam o el erotismo de otros autores como una muestra del sensualismo o epicureísmo de árabes y musulmanes (2).

En las obras islámicas se hace referencia al sufismo con distintos términos, siendo el más difundido el de Tasawuf. En el ámbito de la escuela shiíta se prefiere llamarlo ‘Irfán (3). A los que han alcanzado la meta de este camino espiritual se los denomina sufíes, y también ualí, los maestros reciben distintas denominaciones: Sheij, Murshid, Pir (turco y persa), ‘Arif, Muhsin, etcétera (4). A los aspirantes y miembros de las cofradías sufíes se los designa también, según las zonas del mundo islámico, con distintos nombres: faqir ("pobre", en el sentido de la persona consciente de su necesidad absoluta de Dios), derwish ("derviche", en persa y turco), muríd (es decir: "aspirante", "anhelante").

La palabra Tasawuf no existía en los orígenes del Islam, pero puede decirse, parafraseando a un sabio sufí, que en los primeros días era una realidad sin nombre, y luego, con el paso del tiempo, se convirtió muchas veces en un nombre sin contenido o realidad. Es decir: el estado espiritual a que aspira el sufismo era moneda corriente entre muchos de los compañeros del Profeta, aunque no tuviera ello una denominación específica; mas luego tomó un nombre y no siempre los que lo esgrimían detentaban en realidad esa sabiduría.

Se han propuesto diversas etimologías para el término sufi y Tasawuf. Se ha dicho que deriva de suf (lana), por el manto de lana que vestían los primeros sufíes. Se lo ha hecho también derivar de ahl al-suffah (lit.: "los del sitial [sofá]"), que designa a un grupo de compañeros del Profeta que solían parar en una banca en las afueras de la Mezquita de Medina. Eran hombres completamente dedicados a la devoción. El Profeta les dedicaba una especial atención. La opinión de los más grandes gnósticos es que deriva de la raíz verbal árabe safá (purificarse, clarificarse), pues precisamente de eso se trata: de una purificación del alma. Y hay otras opiniones, hasta hubo quien sugirió que derivaba del griego sofía (sabiduría).

El hecho de que el sufismo no existiera en los orígenes del Islam en la forma que adoptó posteriormente (con una terminología propia, sus cofradías y métodos), llevó a que los primeros orientalistas vieran en él simplemente un resultado de influencias externas a la religión islámica, provenientes del budismo, el hinduismo y hasta el cristianismo. Finalmente los trabajos de grandes especialistas (Massignon, R. Nicholson, Henri Corbin, entre otros) ha terminado por demostrar que el sufismo es una expresión puramente islámica, aunque desde luego no cabe descartar por completo la influencia de otras tradiciones religiosas genuinas. La doctrina del sufismo, tal cual la exponen sus principales mentores, es siempre una interpretación profunda del Corán y la Tradición. Y más aún: ha quedado probado que el sufismo ejerció una poderosa influencia en la espiritualidad de otras religiones con las que tuvo intercambio, particularmente el judaísmo y el cristianismo.

En este siglo, de la mano de vulgarizaciones pseudo espirituales la mayoría de las veces, el sufismo comenzó a ser conocido en Occidente. Ha sido presentado por algunos como una doctrina esotérica anterior al Islam e independiente de éste, lo cual contradice toda la evidencia histórica. El motivo de esto ha sido a veces lograr su aceptación por los occidentales, lo cual no se habría logrado de la mano del Islam, hacia el cual existen prejuicios seculares. Este "sufismo sin Islam" es de todas formas una rareza que aún subsiste, aunque cada vez menos, en los países occidentales. La traducción cada vez mayor de obras de maestros sufíes no permite ignorar que fueron musulmanes, ni las continuas alusiones que hacen al Corán, a la Tradición o a las prácticas devocionales propias de esa religión.

Otros autores han sugerido que el sufismo surge cuando se hace evidente el desvío de las clases gobernantes, luego del reinado de los primeros cuatro califas y cuando se instaura en el poder la dinastía omeya. Habría aparecido —sostienen— como una reacción de rechazo al mundo, de ascetismo y desapego, contrario al afán mundano y de lujo de las clases dominantes, y con el deseo de dar un ejemplo al pueblo de la verdadera religión. Esto puede ser cierto en parte, pero la realidad muestra que el sufismo asumió muchas formas, no pregonando en absoluto el apartamiento del mundo como doctrina fundamental. Por el contrario, lo más auténtico del sufismo propone un modelo de hombre comprometido con su sociedad y su tiempo, como un instrumento de Dios para el triunfo de la religión y la verdad. El Islam rechaza el monacato y el celibato, insta al hombre a vivir en sociedad y realizarse como buen esposo, padre de familia y ciudadano (5). Varias cofradías sufíes tomaron la forma de órdenes guerreras, y otras jugaron un papel fundamental en diversos movimientos y revoluciones islámicas.

Organización: cofradías y genealogía espiritual

El Tasawuf adquirió con el paso del tiempo una organización peculiar y característica en la forma de cofradías llamadas en árabe tariqah (plural: turuq), palabra que significa sendero o camino. Estas tariqas toman generalmente el nombre del fundador de la misma. A menudo del tronco de tariqas importantes se desprenden "ramas", nuevas cofradías que llevan el nombre de algún santo importante (6). Según se cuenten los troncos fundamentales o las ramas hay quienes estiman entre 40 y 400 el número de estas cofradías (aunque el número en estos casos tiene también mucho de simbólico) (7).

Estas tariqas exhiben siempre una "genealogía espiritual" o silsisa (cadena), en la forma de la cadena de maestros o Sheijs que se fueron sucediendo uno a otro con el paso de los siglos. Esta genealogía espiritual se remonta siempre, en todas las tariqas, al yerno y primo del Profeta, ‘Alí ibn Abi Talib. ‘Alí es considerado en el Islam la "puerta de la sabiduría" (8) y el origen de la wilaiah (santidad) (9), por su cercanía al Profeta y lo que éste afirmó a su respecto. Sólo una tariqah de las que existen actualmente hace remontar su genealogía al primer califa, Abu Bakr (Alí fue el cuarto).

Algunas "ramas" de estas tariqas han desaparecido, o se han "apagado" en el sentido espiritual por no contar ya con un ualí, un santo realizado, que esté al frente de ellas. Otras se han extraviado cayendo en prácticas y usos contrarios, sea a una vía espiritual verdadera, sea a la religión misma.

En términos generales siempre ha existido en el Islam una suerte de tensión entre los seguidores del sufismo y los "partidarios de lasharí‘ah", entendiendo por estos últimos a quienes se refugian en la ley revelada y el cumplimiento estricto de los deberes religiosos, sin pretender ir más allá. El argumento de los sufíes es que la mera ley exterior, sin sabiduría y confirmación del corazón, es letra vacía; por su parte el alegato de los legalistas, es que el misticismo lleva muchas veces al extravío y la corrupción. Unos y otros han tenido razón a su manera. No han faltado los pseudo sufíes que, por orgullo espiritual, han despreciado el cumplimiento de las obligaciones religiosas básicas, creyéndose por encima de ellas, y han tenido el peor destino. Y tampoco han sido raros los casos de alfaquíes y jueces que procedieron con total hipocresía, negando con sus actos lo que afirmaban con sus lenguas. El punto medio entre estos dos extremos son muchos grandes sufíes que aunaron entre la sharí‘ah(la ley) y la haqíqah (la realidad interior), siendo al mismo tiempo juristas y hombres de sabiduría. Un caso, que citamos por ser un autor conocido en occidente, es el del Imam Al-Gazzali, que se destacó en todas las ciencias islámicas a la par que en el terreno del sufismo.

Doctrina y métodos del sufismo

Hacer sólo una mera reseña de las doctrinas particulares del Tasawuf es desde luego imposible por el poco espacio de que disponemos. Vamos solamente a dar algunas ideas centrales que son comunes a todas las escuelas y maestros.

Etapas del camino espiritual

El misticismo islámico es en principio una profundización en busca de la verdad de la religión. Este proceso suelen representarlo los sufíes en tres etapas, que son como sucesivos grados de profundidad y al mismo tiempo de jerarquía espiritual. Las equivalencias y analogías entre esos tres niveles son muchas. En el cuadro siguiente se dan los tres niveles en orden de profundidad y sus equivalencias:

+Sometimiento a Dios:

1. ISLAM: Sometimiento a Dios / IMAN: Fe / IHSAN.

2. SHARI‘AH: La ley exterior a la que es preciso someterse / TARIQAH: El "sendero espiritual" que conduce a la Realidad.

3. MUSLIM: El "musulmán", es decir el "sometido" / MU’MIN. El "creyente", en quien la fe se ha afirmado en su corazón.

4. MAJÁFAH: Temor/conveniencia: el hombre obedece la ley porque teme /MAHABBAH: "Amor": El comienzo del camino hacia la Unidad.

5. ILM AL-IAQIN: "Certidumbre" por la información y el conocimiento / ‘AIN AL-IAQIN: "Certidumbre" por la visión directa de las cosas.

6. UNIDAD DE LAS ACCIONES: "Unificación de los actos cumpliendo con la ley revelada / UNIDAD DE LOS ATRIBUTOS

+Perfección. Estar atento a que Dios nos contempla:

HAQIQAH

+La "Realidad" que todo lo sostiene

MUHSIN

MA‘RIFAH

"Sabiduría", el fruto del amor.

HAQQ AL-IAQIN

"Certidumbre" por haberse unido a la Realidad (Dios).

UNIDAD DE LA ESENCIA

En las exposiciones elementales de su ciencia espiritual, el sufismo recalca siempre estos tres aspectos o etapas de la vida espiritual. Esta distinción, por lo demás, se encuentra tanto en el Corán (10) como en la Tradición (11). En la columna 5ª se dan las equivalencias con el conocimiento: primero está el conocimiento que proviene de la mera información (se lo compara con alguien que, viendo elevarse una columna de humo en el medio del bosque, sabe que allí debe haber un fuego); luego viene el conocimiento que se testimonia por visión directa (como quien llegando al lugar de donde parte el humo, ve el fuego, y está ya seguro de que existe). Por último está el conocimiento completo y perfecto (que, siguiendo con el ejemplo, es como el de quien penetra en el fuego y se quema en él: ya no hay distinción entre el conocedor y lo conocido). El fruto del camino espiritual es la Unidad, pero esta tiene, en la doctrina del Tasauuf, varios grados. Primero está la unidad de las acciones, que se obtiene obedeciendo la ley revelada escrupulosamente. Pero esto no basta, pues la observancia de la ley puede hacernos creer de que somos mejores que otros, cayendo en el orgullo espiritual. Es preciso purificar el alma para que reluzcan en ella los atributos de la perfección. A esto se llama Unidad de los Atributos. La última etapa es la Unidad suprema, la Unidad con el Amado, sobre la cual los sufíes no hacen comentarios por no poder expresarse en palabras.

Esquemáticamente el método del Tasawuf podría representarse esquemáticamente con un círculo y un radio que conecta la circunferencia externa con el punto central: El círculo exterior representa la ley (Sharí‘ah), el radio hacia el centro es el camino espiritual (Taríqah), y por último el centro inamovible y sin dimensión es la Realidad (Haqíqah). Si pensamos en este esquema como una rueda que gira, el mundo en movimiento, a medida que se acerca al centro, el aspirante espiritual alcanza cada vez mayor "quietud", sosiego (sakínah), paz interior. El amor lo atrae hacia el centro, a la Unidad con su Señor.

El combate interior

Lo anterior nos conduce al tema del Yihad, la guerra santa, en el sentido de la lucha contra el ego, que personifica el velo mayor que nos oculta la realidad. El ego, con sus tendencias, deseos, pasiones, etc., es el gran enemigo, el aliado de Satanás en el alma humana. Para domeñarlo es preciso una lucha sin cuartel. Las armas de este combate son la oración, la súplica, el ayuno, por una parte, y la práctica de la cortesía espiritual dentro de la hermandad de la cofradía: ver al hermano como un espejo de uno mismo, y tratarlo con la mayor deferencia, prefiriéndolo a uno mismo, en el sentido del famoso hadiz: "No alcanzará ninguno de vosotros la dulzura de la fe hasta que quiera para su hermano lo que quiere para sí mismo".

La remembranza de Dios

Un método común a todas las cofradías del sufismo es "el recuerdo de Dios", que consiste exteriormente en la repetición incesante de ciertos Nombre Divinos. Esta repetición procura que el corazón reaccione por simpatía, como un diapasón, ante el sonido sagrado de los Atributos de Dios. Esto se emplea acompañado de un uso dirigido de la imaginación y la concentración. Es de dos tipos: individual, en solitario, según las indicaciones del maestro, y colectiva, con los integrantes de la cofradía. Este recuerdo (dhikr) es a menudo acompañado de la recitación de poesías y canciones de los grandes místicos. Se suele también marcar los ritmos con instrumentos de percusión y otros cuyo sonido semeja la voz humana. En cuanto a la profundidad de este "recuerdo", los maestros hablan de muchos grados: está el mero recuerdo de la lengua, que repite y repite sin que ello vaya más allá; está el recuerdo interior, del corazón, cuando la remembranza se instala en el alma y la lengua enmudece. Y se dice también que en el ualí, el hombre perfecto (al-insán al-kámil), todos sus actos son recuerdo, pues él no olvida a Dios ni un instante.

Desapego y recuerdo de la muerte

Una de las condiciones impuestas al aspirante es el desapego del mundo, lo cual no significa pobreza externa o desprecio de los bienes del mundo, sino ser conciente de su transitoriedad y contingencia. A este respecto cabe el famoso dicho de ‘Alí ibn Abi Talib, corona de todos los linajes espirituales: "No es desapegado quien no posee nada, sino aquél que no es poseído por nada". A esto contribuye el recuerdo de la muerte, final inevitable de todo lo nacido y creado. El despertar espiritual es la muerte a la ilusión (dijo el Profeta: "Morid antes de morir", y dijo también: "La gente está dormida, cuando muere, despierta").

El maestro (sheij) y la hermandad (suhbah)

Otro punto a destacar es la dirección espiritual. El aspirante sigue a un maestro (sheij) que lo conduce en este difícil camino, y que es como un padre para él. Debe obedecerle y respetarle, e incluso servirle, como parte de su educación espiritual. Tomar un maestro es unirse a un linaje espiritual y compartir el camino con otros hombres y mujeres.

Estados (hal), estaciones (maqam) y aniquilación (faná)

El Tasawuf posee una profunda psicología espiritual que describe (y enseña a tratar) las distintas etapas por las que pasa el aspirante. Primeros están los estados pasajeros del alma, de diversos tipo. Luego las estaciones, que son como la consolidación de ciertos atributos. Por último la aniquilación, que es cuando desaparece todo velo, toda separación con el Amado.

Definición del sufismo

Para los sufíes todo lo dicho no son más que palabras, alusiones. La realidad del Tasawuf es la experiencia, la vivencia, que no puede ensuciarse ni rebajarse con palabras. Como dijo el poeta:

Nuestro mar es un océano profundo

Que ni el más diestro puede escanciar.

No contradigas con parloteos

Ni disputes con vanidad!

No obstante el afán de categorías de la razón humana los ha hecho condescender a intentar definiciones y símiles para dar cuenta del Tasawuf y de la condición del sufi. Alguno ha dicho, por ejemplo, que "El Tasawuf es una realidad sin forma" (Ibn Yalla). Y en cuanto al sufi, se dice que "Es el hijo del momento", destacando su condición de hombre despierto.

Una sintética definición del camino del sufismo es la que escuché cierta vez de un maestro. En ella se alude al Tasawuf explicando el significado de las letras que forman su nombre (t-s-u-f, pues en árabe no se escriben las vocales breves). La "T" es taubah, el arrepentimiento. El aspirante debe empezar por volverse hacia Dios arrepintiéndose de sus faltas. La "S" representa safá’, la purificación; es preciso eliminar lo que enturbia el alma con los ejercicios espirituales y la remembranza de Dios. La "U" es uilaiah, la intimidad y amistad con Dios, que El concede a Sus siervos sinceros y purificados. La "F" es faná’, la aniquilación en el Amado, ya no hay dos, solo Uno.

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Notas:

(1) Un ejemplo es el caso de los místicos españoles, vgr. San Juan de la Cruz, de quien se sabe descendía de moriscos conversos y en quien se rastrean importantes influencias del sufismo. Ver por ejemplo de López-Baralt, Luce: San Juan de la Cruz y el Islam. Hiperión, Madrid, 1985. Son interesantes también las obras del arabista español Asín Palacios (La Escatología musulmana en la Divina Comedia; Huellas del Islam; etc, publicadas por Hiperión), que pese a ser sacerdote jesuita y a las obligaciones de su fe, reconoce la enorme dimensión de la espiritualidad islámica; ver por ejemplo: Tres estudios sobre pensamiento y mística hispanomusulmana, Hiperión, Madrid, 1989.

(2) El "vino", prohibido en el Islam, alude en la poesía mística a la embriaguez de los estados místicos del sufi. La "taberna" y los "bebedores" son las cofradías de hombres hermanados en la búsqueda espiritual. Las alusiones eróticas, a veces subidas de tono, buscan simbolizar el amor divino, que atrae al amante místico con un poder equivalente al del amor físico y sensual. La "eterna amada" de los poemas orientales, Laila (lit.: la noche), simboliza a la sabiduría. Por lo demás el Corán menciona ese "vino" que no embriaga con la pérdida de la conciencia y que es "delicia de bebedores" (Cfr.: 47:15).

(3) También aparece con frecuencia el término sufíah entre los autores más inclinados hacia el legalismo, para representarlo como una escuela aparte de las conocidas, y a veces con un sentido despectivo.

(4) Sheij significa literalmente "anciano" y se usa en general para designar a los maestros de religión en el Islam. Murshid significa "el que guía por el buen camino". Pir equivale a "santo", lo mismo que ualí, teniendo este último el sentido de "intimidad con Dios". ‘Arif equivale a "gnóstico" y "sabio". Muhsin significa "perfecto" y es un término coránico.

(5) En este sentido Rumi, uno de los más grandes sufíes, decía que lo difícil era el camino de Muhammad: casarse, tener hijos, involucrarse en el mundo, y aún así actuar por amor a Dios; y que en cambio más fácil es la decisión de celibato que adoptan los monjes cristianos.

(6) Por ejemplo la tariqah "shadilíiah" cuyo iniciador fue el Sheij Al-Shadili, o la taríqah mevlevíah, cuyo fundador fue el gran sufi y poeta persa Yalaluddín Al-Rumi (m. 1273) (llamado Molaví por persas y turcos, de donde viene mevlevíah); los que se interesan en este tema probablemente habrán oído hablar (o habrán visto algún documetal) de esos "derviches danzantes" mevlevis de Turquía.

(7) El "cuarenta" es un número simbólico en todo el misticismo y la tradición islámica: A los cuarenta años el hombre alcanza la madurez completa, y de allí que fue la edad en que se le encargó al Profeta su misión. Cuarenta es el número mínimo de una cofradía, como número completo, y de allí el famoso cuento simbólico de "Alí Baba y los cuarenta ladrones". Alí Baba es el maestro o Sheij, y sus seguidores con "ladrones de corazones" como se definen a veces los sufíes.

(8) El Profeta dijo: "Yo soy la ciudad de la sabiduría y ‘Alí es su puerta. Quien pretenda la sabiduría que entre por su puerta".

(9) Durante el retorno de la "peregrinación de la despedida" el Profeta reunió a los peregrinos de toda Arabia y les dijo: "De quien yo sea su maula (maestro, protector, gobernante), ‘Alí es su maula". Muchas son las tradiciones referidas a ‘Alí, que se encuentran en todas las fuentes islámicas, y que lo convierten en el compañero más destacado del Profeta. Este lo educó desde pequeño, pues el Profeta se encargó de su crianza desde antes de la misión profética.

(10) El Corán distingue entre Islam (sometimiento) e Imán (fe) cuando dice: Los beduinos (te) dicen: "¡Creemos!" Respóndeles (Profeta): "¡No créeis! Decid más bien: ‘Nos hemos islamizado’, pues la fe aún no ha entrado en vuestros corazones". (49:14) Es decir: aceptar el Islam, cumplir con sus leyes y obligaciones, no significa haber llegado a la fe (Imán). La palabra iman en lengua árabe significa firmeza y seguridad, certidumbre, y no mera opinión o creencia variable.

(11) En una tradición muy famosa en el Islam, presente en todas las colecciones, se dice que cierto día se presentó un hombre al Profeta mientras éste estaba con sus compañeros. El hombre venía del desierto, vestido de blanco, y sin señales manifiestas de venir viajando. Se sentó frente al Profeta y le pidió: "Infórmame sobre el Islam". A lo que aquél respondió: "El Islam consiste en que testimonios que no hay divino sino Dios Único y que Muhammad es Su Profeta, que realices la oración, pagues la Zakat, ayunes en Ramadán y peregrines al Templo de Dios si te es posible". Luego el hombre le preguntó por el Imán, y respondió: "El Imán consiste en que creas en Dios Único, Sus ángeles, Sus Libros, Sus Mensajeros y en el Día del Juicio Final". Y por último le interrogó sobre el Ihsán, y recibió como respuesta: "Consiste en adorar a Dios como si Le vieras, pues aunque tú no le ves, El te ve". Véase cómo aquí se vincula al Islam con la acción, los actos devocionales, el Imán con la fe cierta, y al Ihsan con la perfección de la fe, su grado más elevado.

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La segunda y última parte de este texto será publicada en el Blog mañana viernes 6 de agosto.