21/6/10

Crónicas de Ávalon: Práctica del ahora (1/2)

En la entrada Crónicas de Ávalon: Llegada a la isla de Cristal, del 16 de noviembre, se informó del nacimiento de la revista Ávalon:

http://www.revistadigitalavalon.es/

Su carácter es mensual y acaba de ver la luz el número 8, que puede ser descargarse de manera gratuita en el referido sitio web.

Como ocurrió en los números anteriores, mi aportación consiste en una sección fija denominada Crónicas de Ávalon. En esta ocasión tiene como título Práctica del ahora y se ofrece en el Blog divida en dos entradas, una hoy, lunes 21 de junio, y otra mañana martes.

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1. Llegada a la Isla de Cristal (entrada del 16 de noviembre)

2. Ritmo de Vida (9 de diciembre)

3. Merlín (20 de enero)

4. Iapetus y Nibiru (22 de febrero)

5. Viaje al centro Galáctico y a mi interior (22 de marzo)

6. Fanum (19 de abril)

7. Vamos a contar mentiras (17 de mayo)

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8. PRÁCTICA DEL AHORA (1/2)

El tiempo pasó con inusitada rapidez. Casi sin darme cuenta, de nuevo me hallaba en el salón del Tor, sentado en la misma silla e inmerso en idéntico contexto multicolor, dispuesto a disfrutar la segunda jornada de aquel muy singular encuentro de hadas jóvenes en el que me había colado gracias a la invitación de mi anfitriona en Ávalon, la Reina de las Tempestades. Fue precisamente ella, al igual que en la sesión anterior, la encargada con sus palabras de romper el fuego.

-Os recuerdo que terminamos ayer planteando la necesidad de activar la conexión con nuestra dimensión más profunda, nuestro verdadero Yo, incrementando nuestro nivel de consciencia. Y que, para esto, es muy útil examinar tal dimensión a través de su relación con el único sitio donde la vida realmente existe: el ahora. La vida llena y abundante es la eterna. No está sujeta al tiempo; es el momento presente continuo en el que lo eterno se desenvuelve. Nuestra dimensión profunda se encuentra donde el ego nunca la buscaría: en el aquí y ahora-.

Vestía la misma veste negra que el Dywrnad precedente. Observé que Elaine, Nimue e Igraine tampoco habían mudado sus ropajes. Me agradó este hecho, pues nunca he llegado a comprender la necesidad, aparentemente femenina, realmente egóica, de no repetir ropaje ante un mismo público. Ahora bien, más allá de esta similitud formal, se les notaba mucho más concentradas, incluso con cierto aire de preocupación. Deduje que barruntaban interiormente que los contenidos de la sesión de hoy resultarían más difíciles de interiorizar por parte del auditorio.

-No obstante-, continuó la Maestra de Hadas, -el momento presente cuenta también con dos dimensiones: la superficial y cambiante; y la subyacente y fija. La primera es la forma del momento presente, sus contenidos percibidos por nuestros sentidos. Y es cambiante. De un momento a otro varían los sonidos, silencios y ruidos; las luces y las sombras; la respiración y otras facetas corporales; las circunstancias personales y del entorno; las situaciones, lugares y paisajes; los estados de ánimo; la temperatura y la climatología; los olores y lo que el tacto toca; los pensamientos que transitan por la mente; los sentimientos y emociones; etcétera. La segunda, la esencia subyacente por debajo de las formas, es la existencia, la vida misma, que siempre es ahora y nunca será no ahora. La existencia es “ser” y “ser” es ahora; no cuando fue, ni cuando será; no es un pensamiento o un objeto mental. Es el ahora; es “Ser”; es lo “Real”.

El ego, en su pilotaje automático, transitando entre creaciones mentales, ni sabe en qué consiste la esencia subyacente del momento presente. Sólo reconoce su aspecto superficial, la forma del ahora, que muta permanentemente. Por ello, el pequeño yo cree que es el propio momento presente el que se transforma de momento en momento. Casi ni existe, llega a pensar, dada su volatilidad, oscilando entre el momento que ya ha pasado y el que después vendrá.

Pero hay una esfera no superficial del momento presente que escapa a la comprensión del ego. Valga el ejemplo de un río, verbigracia el muy milenario Danubio, cantado en tantas piezas musicales, que fluye desde tiempos remotos por tierras europeas. El falso yo, sentado a su orilla, sólo atiende a las formas y observa el curso de sus aguas, que en un punto concreto varía a cada momento o baja más o menos caudaloso. Es incapaz de entender que el río, por encima de tales cambios, es el río; que el Danubio existe y es con independencia de las formas que adopte, más allá del discurrir de sus aguas, de las modificaciones de su caudal y del transcurrir del tiempo-.

Elaine se incorporó y comenzó a hablar a la par que la Reina de las Tempestades tomaba asiento. Era obvio que se mantendría el turno de intervenciones de la primera jornada.

-Lo mismo ocurre con el ser humano, que, como el momento presente, cuenta con una dimensión superficial, su forma percibida por los sentidos, y otra subyacente. La primera es la persona temporal, cuya fisonomía y circunstancias mutan a cada momento y cuyo fin, al cabo de unas pocas décadas, se halla en el cementerio. Allí serán enterrados o quemados todos sus anhelos, dramas, temores, ambiciones, éxitos y fracasos; allí quedará su forma reducida a polvo o ceniza. Por el contrario, la esencia subyacente no sabe de variaciones ni de muertes. Es inalterable, es la existencia, es el ser; el verdadero Yo, no el falso y pequeño yo; lo único real.

Contemplar lo transitorio y efímero del momento presente, sea de un río o de un ser humano, es una buena manera no sólo de percibir la forma, sino, igualmente, de percatarse de la esencia subyacente: el ser; el ahora ajeno a las formas y sus modificaciones. Se “es” en el ahora, en el momento presente. La forma de éste sí se transforma continuamente, pero sólo la forma. Por debajo del cambio hay algo que no tiene forma. Y ese algo no es “algo”; es sólo algo cuando pensamos en él y pretendemos llevarlo al mundo del ego. Pero, realmente, carece de forma, no es un objeto mental: es Existir, este momento, ahora, Ser-.

La musicalidad de su voz, subrayando de manera cíclica las sílabas últimas de las palabras, era hoy aún más notoria que ayer. Jugó un segundo con un mechón de su abundante y hermosa cabellera negra y continuó la exposición.

-No se puede ir más allá de este punto con el entendimiento. De hecho, ni hace falta ni es conveniente. Paramos el ajetreo incesante de los pensamientos, nos contemplamos a nosotros mismos y sentimos internamente que ser es existir y existir es ser. ¡Ya está!. Ni más, ni menos. No necesitamos pensar en que existimos y somos. Se trata, sencillamente, de tomar consciencia de ser, de existir. La mente está a nuestro servicio, no al revés; la mente está al servicio del ser, no a la inversa. Y ser conlleva atributos y potestades que pierden su esencia -se desnaturalizan- si son mentalmente tratados. Ser, existir, no precisa de racionalización alguna. Cuando intentamos situarlo al nivel del entendimiento lo convertimos mentalmente en “algo”, lo empaquetamos en un objeto mental; y desvirtuamos de modo lamentable su esencia y entidad. Si lo nombramos, clasificamos y etiquetamos, ya no es real, sino una interpretación mental que nada tiene que ver con lo real-.

Aún vibraba en la sala el “al…” con el que Elaine había cerrado su último vocablo cuando ya Nimue le había dado el relevo en el uso de la palabra. Y como el Dywrnad anterior, me guiñó un ojo con desparpajo antes de comenzar. Ella sabía que me incomodaba; y yo sabía que lo hacía precisamente por esto.

-Por todo lo visto, hay una estrecha ligazón entre el momento presente, su forma y su dimensión subyacente, y la esencia subyacente del ser humano. Es obvio que si el momento presente existe, con sus dos dimensiones, es porque Yo existo. Si Yo no existiera, no habría momento presente ni en su forma ni en su fondo. Verbigracia, si estás aquí y ahora, oyendo estas palabras en un determinado contexto de luz, temperatura, atención,…, es porque tu “eres” (ser), porque existes. Si no existieras (ser, lo subyacente) no habría este momento en ninguna de sus posibles y cambiantes circunstancias (la forma). Y cuando terminemos la exposición y salgamos al exterior, la forma del ahora será distinta a la del momento en el que inició este encuentro o la del momento actual. Sin embargo, “algo” no habrá cambiado: el hecho de que tú eres y existes-.

Nimue guardó silencio por unos instantes, logrando que ese “existes” resonara con fuerza en el interior de todos los oyentes. Me sentía francamente bien, feliz. Parecía que cada nueva palabra pronunciada en aquella estancia fuera una llamada a mi despertar interior.

-Por tanto-, prosiguió Nimue, -el momento presente está absorbido en el Ser. Es en el Ser en donde existe la dimensión profunda del momento presente, su esencia subyacente y fija, la existencia, la vida. Y también es en el Ser donde existe la dimensión superficial y cambiante del ahora, su forma, sus contenidos. Por ello se puede afirmar que el Ser es el “espacio” en el que emanan las formas del momento presente.

Para que exista el momento presente en sus dos dimensiones es imprescindible que Yo exista. Y este hecho tan obvio nos acerca espectacularmente al Yo verdadero, al que es y existe más allá de las formas cambiantes del continuo momento presente. Más allá de lo variable y mutable que hay en nuestra vida actual o, incluso, en la cadena de vidas que podemos transitar en nuestra encarnación en este plano, hay “algo” que no cambia: el hecho de que Yo existo; y de que si no existiera, todo lo demás tampoco existiría, pues mi Ser es la referencia obligada para que exista todo lo demás que muta y se transforma de un momento a otro. Mi dimensión subyacente, ser, existir, es la esencia de la dimensión subyacente del ahora, del momento presente. Y conforma el espacio en el que el momento presente se desenvuelve-.

Igraine se levantó de su silla con extraordinaria agilidad y movió con desenvoltura la proporcionada envergadura de su cuerpo. Fijando su mirada al fondo de la sala, como si buscará algo o a alguien, arrancó su intervención.

-El que la dimensión subyacente conforme el espacio en el que el momento presente se desenvuelve es un hecho de enorme trascendencia para la vida cotidiana de cualquiera de nosotros; y son muchas y muy notables sus implicaciones en nuestra existencia, en el ahora. Al ego le parece una locura, pero hay que volver a subrayar que la única demencia es la suya cuando intenta filtrar todo por el único plano que él conoce, el mental. Pero lo real es el Ser, el Yo verdadero. Y su existir explica el momento presente en sus dos dimensiones. El Ser es el espacio en el que surgen las formas del ahora.

El Ser es la consciencia misma que permite afirmar “soy el que soy”. Todo lo demás es consciencia de objetos. La consciencia del Ser significa estar concentrado en Ser; existir en alerta y en el único sitio en donde la vida es posible: el ahora. El ahora es el Ser y en su espacio surgen las formas del momento presente, aunque el Yo verdadero esté más allá de las formas y no se llene de sus contenidos-.

De golpe, Igraine vibró de los pies a la cabeza, desplegando una extraña combinación de colores que oscilaban entre el rojo de sus cabellos y el azul turquesa de sus ojos. Impasible antes estas manifestaciones de esencia, siguió profundizando en su disertación.

-Para vislumbrar lo que significa Ser sirve un sencillo ejercicio. Basta con dejar un lapso entre dos pensamientos de los que bullen en nuestra mente. Concentrémonos e intentemos que haya un instante, uno sólo, por pequeño que sea, entre ambos. Cada uno de estos pensamientos es un objeto mental. El lapso que conscientemente dejamos entre ellos es la presencia del Ser, el Yo verdadero. Los pensamientos van y vienen incluso cuando dormimos. En el lapso en el que los interrumpimos radica la consciencia: estar muy despierto sin nombrar o interpretar el momento. Simplemente, quietud en alerta. Una quietud que está presente, igualmente, en el movimiento, en la acción. Para el Yo verdadero, la quietud es movimiento y el movimiento es quietud.

Y estamos en condiciones de lograr que en nuestra vida la consciencia que percibimos durante el referido lapso sea no sólo un corto instante entre dos pensamientos, sino que florezca e impregne toda ella, de modo que el Yo verdadero coja las riendas, en lugar del ego, y que la mente esté a nuestro servicio, no al revés. En realidad todo consiste en ser consciente de que Yo soy, de que existo, y de que mi ser y existencia es tanto la dimensión subyacente del ahora –inmutable, inalterable- como el espacio en el que surge y se despliega la forma del momento presente, mutable, variable. Y con esta toma permanente de consciencia se produce la conexión entre nuestro Yo profundo –interior, eterno y situado más allá de la mente- y el mundo y circunstancias que nos rodean (exterior, efímero y mental), que quedan así bajo el mando del Yo verdadero-.

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Mañana martes 22 de junio se publicará la segunda y última parte.

3 comentarios:

  1. Porfavor Necesito Contactar Con Usted.. No Paran de llegarme Señales y Recuerdos de Avalon.. Hago Viajes Astrales y Me Encuentro Con Seres de Ese Lugar y El Sabado me Desperte Con Un Nombre en La Mente.. Nimué.. y no sabia quien era y buscando por internet, investigando veo q tiene relacion con Avalon.. Creo Que Son Recuerdos de Otra Vida.. Porfavor Contacte Conmigo.. Las Señales Son Clarisimas y No Creo q Sean Casualidades.. Gracias <3 mi correo es laritrivial@hotmail.com

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  2. Porfavor Necesito Contactar Con Usted.. No Paran de llegarme Señales y Recuerdos de Avalon.. Hago Viajes Astrales y Me Encuentro Con Seres de Ese Lugar y El Sabado me Desperte Con Un Nombre en La Mente.. Nimué.. y no sabia quien era y buscando por internet, investigando veo q tiene relacion con Avalon.. Creo Que Son Recuerdos de Otra Vida.. Porfavor Contacte Conmigo.. Las Señales Son Clarisimas y No Creo q Sean Casualidades.. Gracias <3 mi correo es laritrivial@hotmail.com

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    1. Te acabo de escribir al correo indicado.
      Abrazos

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