15/6/10

La reencarnación en el cristianismo (2/5): Evolución, redención y reencarnación

Evolución y redención se complementan en la reencarnación

Cristo: "Id y propagad el Evangelio por todo el mundo hasta el último confín de la tierra"

[Y: "Nadie va al Padre sino por mi"]

'Todo el mundo' es todo el género humano, incluyendo a los que murieron antes de Cristo. Difícil de encajar sin la Reencarnación.

"Y levantado en lo alto atraeré hacia mí a todos los hombres" (Juan, 12,32) ['todos los hombres': TODOS]

Según la teoría Teilherdiana de la evolución, es el espíritu el que evoluciona a y en la materia. Y esta evolución se entiende a través de una serie de ciclos.

Toda materia tiene su componente astral (sustancia espiritual menos sutil). "El espíritu de Dios se cernía sobre las aguas" (Gen.,1,2). El agua es el símbolo de la materia, o sea, que el espíritu de Dios estaba en todas las cosas.

En el hombre, el espíritu ya ha alcanzado el grado de individualidad. A partir de este momento es adquiere la semejanza con el Creador; no obstante caracterizarse los primeros ciclos de vida por un lentísimo ascenso en su propia toma de consciencia, se distingue de los demás animales por su conocimiento consciente. El sabe que sabe. Su ascenso evolutivo es hereditario en el sentido que las experiencias obtenidas en sus vidas pasadas se acumulan en la memoria espiritual o subconsciente. Esta es a grosso modo la teoría Teilherdiana de la evolución, y que pretendemos demostrar a la luz del Evangelio.

Jesucristo llega a la plenitud de los tiempos, esto es, cuando el estadio evolutivo del hombre empieza a adquirir plena consciencia (o sea, su repercusión en los demás como un mismo yo). Pero son muy pocos los que han alcanzado este comienzo de madurez. No obstante, estos pocos tienen que ser con Cristo levadura que haga germinar la masa. Y la masa se ha de entender como un todo en el pasado, presente y futuro. De no ser así no podrían complementarse evolución y redención.

El hombre, cuando consiga por su conocimiento el propio dominio de sí mismo, no vivirá más a merced de las leyes de la naturaleza (o cosmos)(causa-efecto), sino consciente y responsablemente dirigirá su propio destino en colaboración con Dios.

He aquí la vida llevada a su verdadera esencia. Las sustancia de la existencia, la estructura más íntima del ser es de naturaleza psíquica; la vida es pensamiento cubierto de morfología; la espiritualidad, base de las religiones, está colocada en el ápice de la evolución. Cristo es un super ego hoy trascendente, pero mañana punto de llegada para la raza humana. Punto en que el egoísmo separatista, vigente en la lucha por la supervivencia, será sustituido por la solidaridad colectiva unitaria del Amor Evangélico universal.

La Ley de la Causalidad

La libertad del hombre se obtiene en relación directa al conocimiento de las leyes de la dinámica universal, la Ley de la Causalidad (causa­efecto) o ley Kármica.

La ley de causa-efecto es la mano sabia de Dios que enseña al hombre y le guía al buen camino. El dolor que antropológicamente hemos llamado castigo de Dios es el efecto de un mal proceder; y la dicha o felicidad que experimentamos es el premio a nuestras buenas acciones. Por lo tanto somos nosotros los causantes de nuestro bien o de nuestro mal.

Si pongo la mano en el fuego sentiré dolor, pero no puedo culpar a Dios por haberme dado el sentir dolor. A la causa de poner la mano en el fuego a sucedido el efecto del dolor. En adelante sabré que el fuego quema, y el dolor es bueno porque avisa; si no fuera por él nos destruiríamos irremisiblemente. Así es como el ser evoluciona hacia la perfección.

Si los hombres viniesen a la Tierra por una sola vez con un destino predeterminado, el destino de los desgraciados no sería tal sino fatalismo.

"No se mueve una sola hoja del árbol sin el permiso de Dios", decía Cristo. Para conciliar esta premisa con la de que el hombre es libre de hacer el bien y el mal, tendremos que admitir que el destino del hombre está marcado por él mismo, según el buen o mal uso de su libertad en vidas anteriores.

Cristo es la luz que nos guía por el camino de la evolución espiritual del hombre. La meta final de su evolución es su transformación en Cristo. Transformación que empieza cuando la madurez del hombre esté a punto de conocer el mensaje Evangélico.

El Cosmos más que una obra magna, es un gran pensamiento práctico. Es un Idea proyectada en muchas más de tres dimensiones , que se interpenetran entre sí.

Llamaríamos ignorante a aquel que se atreviese a admitir la posibilidad física de seres de una sola dimensión, pues esto contradeciría la existencia de otras más dimensiones. Sin embargo, para unos hipotéticos seres bidimensionales, en su mundo de superficie solamente conocerían una sola dimensión. Pues, vistas sus figuras desde un plano, solamente podría conocerse de ellas una sola dimensión, bien fueran cuadros, triángulos, círculos o tuviesen siluetas más irregulares. Para ellos, desde su mundo, estas formas se limitarían a rectas más o menos largas, pues sin poder salir del plano (mundo bidimensional) sólo pueden conocer una dimensión. Sacándoles de su mundo de superficie, y elevándoles a una tercera dimensión, podrían descubrir su descabellado error y su ignorancia.

Pero a pesar de descubrir la infinita variedad de su mundo de dos dimensiones, no podrían sospechar la existencia de una tercera dimensión; y para ellos la explicación de lo que es una esfera les resultaría imposible de digerir, y verían como milagroso el hecho de que partiendo en nuestro mundo desde un punto, y siguiendo siempre la misma dirección, se podría llegar al mismo punto de partida.

La "mecánica" en el funcionamiento del Cosmos, debe partir de un mundo invisible desde la tercera dimensión. El pensamiento en sí tiene una consistencia y una autonomía propias, mucho más real que las formas visibles. Para Teilhard, el pensamiento es sustancia moldeadora de la materia. Por lo tanto, ésta queda supeditada al pensamiento. Lo que no pueden tener claro los materialistas es que el cerebro, órgano material, tenga que ser creador de pensamiento, sustancia inmaterial, por ser ésta inherente del espíritu. Por lo tanto la recibe de éste y la proyecta a su vez. De aquí que sea fácilmente deducible que si la forma no crea el pensamiento tendrá que ser a la inversa: El pensamiento crea la forma. Cuando un pensamiento no está dando consistencia a la forma, ésta se desintegra por si misma. Este es uno de los pensamientos de Teilhard de donde parte su teoría de la evolución del espíritu a través de ciclos.

La redención se consuma a través de la reencarnación

"Cuando sea levantado en lo alto sobre la Tierra, atraeré hacia mí a todos los hombres" (Juan, 12,32)

"Yo me voy; vosotros me buscaréis, pero moriréis en vuestro pecado" (Juan, 8,21). "Si no creéis que soy yo, cierto que la muerte os sorprenderá envuelta en vuestros pecados. Moriréis en vuestros pecados. Cuando levantéis en lo alto al Hijo del Hombre, conoceréis que soy yo y que nada hago por mi propia cuenta" (Juan, 8,28).

¿Cómo después de morir rechazando a Cristo, en sus pecados, iban a levantarle y elevarle hacia lo alto?. Sólo volviendo a nacer podrían cambiar su postura de rechazo. Para aceptar cualquier verdad, más que conocimientos hace falta humildad y sencillez de corazón, virtudes éstas que no son fáciles de alcanzar en una sola existencia.

Algunas personas no quieren admitir la reencarnación por creer que hace innecesaria la redención de Cristo, cuando realmente es todo lo contrario: la redención de Cristo se hace posible gracias a la reencarnación. Si no fuera así, los hombres que mueren sin haber visto a Cristo, o lo que es peor, sin haberlo conocido, no tendrían oportunidad de redención. Y es claro que la gente muere en pecado sin haber reconocido a Cristo.

Es Cristo quien imprime a la evolución del hombre el despertar hacia una nueva dimensión; la transformación en nuevo hombre. Cristo resucitado es el ejemplo de ese hombre transformado que seremos "todos" al tercer milenio (Cristo resucitó al tercer día). Unos seres de una dimensión tan enorme y desconocida por el hombre medio actual, como lo pueda ser el abismo que separa a este hombre de hoy, con nuestros antepasados de ayer (reino animal).

En la medida que este cambio vaya tomando incremento en el hombre (masa) iremos siendo atraídos como un imán hacia Cristo, como si él tirase de nosotros. Esto no puede comprenderse sometiéndose a un riguroso análisis de frió raciocinio, se trata más bien de que nuestro espíritu sea el crisol en el cual se experimente como sensación íntima las reacciones más puras de ese "ascesis" del hombre. Este es realmente el proceso de redención. Algo que sólo puede conseguirse a través de una metamorfosis del hombre-humanidad; vida a vida, generación tras generación.

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+La reencarnación en el cristianismo (1/5): Introducción y condicionamientos (14 de junio)

+La reencarnación en el cristianismo (2/5): Evolución, redención y reencarnación (15 de junio)

+La reencarnación en el cristianismo (3/5): Esenios y Juan el Bautista. Infierno y Purgatorio (16 de junio)

+La reencarnación en el cristianismo (4/5): El Sermón de la Montaña (17 de junio)

+La reencarnación en el cristianismo (5/5): Reino de los Cielos, resurrección de los muertos y noosfera teilherdiana (18 de junio)

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Aunque no tenemos la completa seguridad, pues el texto en el que se basan estas entradas carece de referencia bibliográfica, José Antonio Mairena, indagando en Internet, ha localizado como posible fuente del mismo el libro La verdad de la reencarnación a la luz del Evangelio (Ed. 7 1/2 S. A.; Barcelona, 1980), de Tomás J. Valencia.

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