14/6/10

Comparte con nostr@s: “Pregunta y reflexiones de un día en el convento”, de José Manuel Piñero

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PREGUNTAS Y REFLEXIONES DE UN DÍA EN EL CONVENTO

El día se iba diluyendo en la noche, y la paz franciscana, que reinaba en el claustro, se había convertido en profundo silencio. Ya no borbotaba el agua en la pequeña fuente, y la afasia embargaba el aire, la piel, y los huesos, llegando hasta las más hondas profundidades del alma, impregnándola de sosiego. Pese a la aparente tranquilidad, el monasterio había tenido un día agitado, se estaba preparando el sínodo Diocesano; el Arzobispo ha convocado para principio del próximo año del Señor, al deán don Alonso de Rebenga, a los representantes del cabildo catedralicio, al Abad Mayor, a los beneficiados de la Universidad de Sevilla y a todo el clero del Arzobispado. Este concilio, construirá nuevas normas para la Colecturia General, y todos los estamentos de la jerarquía, están preocupados y nerviosos, porque desconocen, la manera en que les afectaran; la economía, pensaba el hermano Tomas, ya fuese de las parroquias, de los conventos o de las demás dependencias de la Iglesia, no era un asunto menor; la carmelita Teresa de Jesús, hubo de irse de la ciudad, molesta, por no haber encontrado apoyo económico para fundar casa en Sevilla, no quería que este acontecimiento, pudiese repetirse en nuestro convento. A la Iglesia nunca le han bastado los Evangelios. Nuestro fundador Francisco de Asís, el santo más parecido al profeta de Nazareth, no quería al principio, para nosotros sus discípulos, más reglas que las que están escritas en los Evangelios; la Curia Pontificia le obligó adscribirse a la Iglesia oficial de Roma. Tuvo que redactar una Constitución, para su ilusionada y recién creada Orden.

No me considero un experto en economía – ni en nada, si a eso vamos – solo me dedico a la educación de los hermanos legos de la orden, y me siento satisfecho y orgulloso de mi labor, observando como mis alumnos, cada nuevo día conquistan otro pequeño trozo de sabiduría que sacan de los conocimientos de la naturaleza y de los libros. El instructor de legos, el buen instructor, es tanto más necesario a nuestra pequeña sociedad conventual, cuanto mayores peligros y atractivos, habiten en las tentaciones del mundo exterior, cuanto más les resulten inútiles y se desmigajen nuestras enseñanzas tradicionales, que nos han conducido hasta el día de hoy. Pienso que más que de ninguna otra cosa, necesitamos de maestros, que infundan en la juventud la capacidad de medir y juzgar, y sus modelos están en el respeto de la verdad, la obediencia al espíritu de la Orden, y el servicio de la palabra divina. Y esto no vale solamente ni en primer término para nuestros conventos religiosos, sino para las escuelas del mundo, que realizan sus vivencias, afuera de los muros, donde los ciudadanos y los campesinos, los obreros y soldados, los políticos, los oficiales y los jefes son educados y formados, mientras son niños aún y maleables. Todo lo descuidado o equivocado en la educación de los niños y de los jóvenes, se cobrará venganza, en las generaciones futura, resultando difícil o probablemente imposible, aplicarle algún remedio.

Si se comparaba el nivel de nuestra espiritualidad interior, de nuestros sentimientos íntimos, de nuestras enseñazas, con el discurrir cotidiano de los trabajos y ocupaciones de la ciudad, se veía que no se acercaban en absoluto, sino que se separaban alejándose en forma fatal: cuanto más cuidada, diferenciada y culta se tornaba la espiritualidad, tanto más tendía el mundo a dejarla fuera, y en lugar de considerarla una necesidad, un pan cotidiano, llevaba a creerla casi un cuerpo extraño del cual se sienten orgulloso, pero dicho orgullo es parecido al que se tiene por una reliquia antiquísima, que por el momento se quiere conservar como indispensable, y de la cual se prefiere mantenerse alejado. El interés de los conciudadanos por la vida espiritual, y la participación en sus instituciones van perdiendo terreno. Porque nuestro pequeño universo conventual, a pesar del pensamiento de muchos dirigentes, sirve al otro grande, le da maestros, libros, métodos, y vela por la pureza constante de las funciones espirituales y de la moral, pero no son aceptadas sus normas, ni por todos, ni en todos los sitios, ni en toda su plenitud. Es justo poner en razón, y por ello debo de explicar: que este alejamiento, no es unilateral sino que es mutuo, aunque se respetan; a la Iglesia también le da miedo, todo lo que no se encuadre en el orden por ella trazado, ambas sociedades caminan paralelo y resulta difícil pensar en el día de hoy, que alguna vez vuelvan a cruzarse.

Lo que más colmaba, mi cometido de instructor, en el trato con los hermanos legos, era lo desinhibidas y frescas, que resultaban sus preguntas, ajenas a cualquier complejo, carente de toda experiencia que la vida va cargando como sacos sobre nuestras espaldas. Se acercaban sus inquietas mentes a todos los temas, cuestionándolo todo, veladamente desde la existencia del mismo Dios, hasta la cotización predominante que se le debe a la verdad. Sus mentes aun no maleada por el paso del tiempo, y sin los aditamentos de la educación, los intereses, y las propias vivencias, aparecían cristalinas, ante cualquier inteligente y experimentado instructor.

El hermano Benjamín, era un joven de familia noble, rica en posesiones, caudales e historia, de tradición antigua, educado desde la cuna con los mejores instructores, su familia, como era preceptivo en cualquier estamento de la alta nobleza, entregaba uno de sus miembros a la Iglesia, y sus donativos son cuantiosos, esto le daba cierto poder y orgullo, que pese a su posición de lego, no disimulaba; su inteligencia era despierta, y le gustaba poner en aprieto a los profesores con los interrogantes mas atrevidos. Más que un cristiano devoto, sus conocimientos lo encaminaban hacia las inquietudes de un intelectual, deseoso de encontrar todas las respuestas, si esto era posible. Por ello a veces, provocaba encuentros de opiniones distintas, que amenizaban las clases, pero que a la vez, abría grandes interrogantes tanto a sus compañeros, como al mismo instructor. Ágil camaleón en todos los aspectos de su vida, no dejaba que olvidasen su posición de favorecido en el convento; cuanto más fuerte son los privilegios y la personalidad, tanto más vedado está la objetividad en las opiniones, ya sea en cualquier alumno o inclusive en el mismo profesor.

Su preceptor, el hermano Tomas, se sentía en muchas de las veces, incomodado por su altanería, su trabajo para infundirle la humildad que se le debe al hábito de franciscano, se estrellaba una y otra vez, con la inconsciente soberbia del hermano lego Benjamín:

-¿Qué es la verdad? – le preguntó en su ultima clase.

Su despierta intuición de la realidad, le empujaba a interrogarse sobre todas las cosas, exigiendo respuestas acertadas, como si su posición fuera la de un instructor, en lugar de la que ocupaba como alumno. La nobleza actúa de esta forma soberbia, aun cuando se sientan ignorantes.

El hermano Tomas, nunca se había planteado esta pregunta en sus más de veinte años en el convento. Se veía obligado a investigar sobre dudas, que no había tenido, le abría puertas nuevas, desconocidas para él, y siempre tuvo bien asentado que la verdad, estaba en las escrituras y las enseñanzas de la Santa Madre Iglesia, pero sabia que esta respuesta no saciaría la sed de saber del muchacho. Ha pospuesto la respuesta, para meditar sobre este interrogante, que ya no solo era de su alumno, sino que al entrar en su mente, lo había asumido como suyo. Pues las preguntas, que no podemos contestar, y hacen dudar a nuestro cerebro, crean inestabilidad dentro del mismo y cuestiona todos los fundamentos, sobre los que están basado nuestra vida, nuestra forma de ser, en definitiva sobre lo que somos. La pregunta ya no era de lego Benjamín, era del hermano Tomas: ¿qué es la verdad?

El hermano Tomas, hurgando en su cabeza, empezó a buscar, y el interrogante tenia una dificultad mayor en encontrar respuesta, de lo que en principio creía; no podría decirle que era la palabra inspirada en la Biblia, puesto que ya partía de una verdad, y por tanto no era una respuesta, había que profundizar mas en dicha interpelación. Además todos los seres vivientes no creen en la Biblia como palabra divina, estaba claro que para buscar la verdad, tendría que ser una definición valida para todos los hombres, ya fueran creyentes o no, cristianos, musulmanes, judíos, o de otra de las muchas y variadas religiones existentes en el mundo. De principio solo encontraba, que los científicos con sus demostraciones fehacientes y comprobadas, conexionando unos descubrimientos con otros, interrelacionándolos con el universo, parecen que son los únicos habilitados, para poder escarbar con cierto éxito, dentro de esas profundidades.

En los terrenos religiosos, místicos, o espirituales, todo está basado en la fe, que pese a su indudable fuerza creadora, y mitológica motora de movimientos de montañas, no era fácil, por no decir imposible de demostrar; su fuerza estriba en su inconsistencia e indemostrabilidad, pero a la vez llena vacíos del alma, que empuja a los hombres a la irracionalidad y la valentía ciega, dándose casos, muchos casos, que la afirmación de la propia fe, incluye dar la vida por ella, por algo que nunca han visto, que nunca han comprendido del todo, y desconocen lo que el mismo Dios, a quien voluntariamente veneran, piensa de ellos.

Entonces el hermano Tomas, elucubró que si todas las religiones ya partían de una verdad indemostrable, no seria mas obra del pensamiento, de los conceptos, de las ansias de conocer de los hombres, de su infinita curiosidad, la que ha llevado a crear las necesarias religiones y los espíritus, es decir, a humanizar todo lo existente, muchos son los que creen que las estrellas, los planetas y los astros, están en conexión con su felicidad y sus desgracias; tratamos todo lo que creemos como verdad, como asunto puesto al servicio de los hombres, y solo nos sentimos satisfecho, cuando logramos hacer girar sobre el hombre, todo lo que encontramos a nuestro alrededor, y asimilado a nuestros sentimientos; todo siempre bajo la disciplina de los hombres; en realidad somos el centro sobre el que revolotean todos nuestros pensamientos, ya sean divinos, espirituales o materiales. Tenemos una invencible inclinación a dejarnos engañar, a construir castillos en el aire, y hechizados por la felicidad, tratamos de encontrarla de la manera mas imaginativa de la que somos capaces, y empleando en su búsqueda los métodos más extraños y a veces disparatados. ¿Quizás sea esta, la única y posible verdad a nuestro alcance?

El hermano Tomas se retiró pensativo a sus aposentos, el inquietante hermano Benjamín dormía satisfecho en su ignorancia, y el convento se cubrió con la sombra de la noche…pero observó por la ventana, que las flores del jardín donde la luz del sol no llegaba, se habían marchitado, pensó para si, que todo ser viviente lleva la muerte oculta en su interior, y las estrellas, las impasibles y poderosísimas estrellas seguían brillando, sin preguntarse nada, no había intersticios de felicidad o pesar en ellas, solo existían.

Las preocupaciones económicas que habían agobiado su pensamiento, estos días atrás sobre el Concilio y sus disposiciones han desaparecidos, se tendió sobre la yacija de su celda, y dio un descanso a su aturdida y agotada mente. Cerró sus ojos y pensó… mañana amanecerá de nuevo, y el nuevo día traerá sus propios interrogantes y sus propias ilusiones.

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Otros textos de José Manuel Piñero publicados en el Blog:

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