Agenda completa de actividades presenciales y online de Emilio Carrillo para el Curso 2024-2025

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9/2/21

Ser la causa, no el efecto. Continuación (Memorias de un descarnado: 7 de 29). Por Deéelij

Ya en tierra, echó mano del manual, buscando ávidamente el nuevo contenido que, como mensaje en clave, supuso, llegaría al igual que los anteriores. Lo que le embargaba era su falta de curiosidad por leer algo más del manual distinto a lo que debía aprender en cada momento. Pero eso fue un relámpago que pasó por la mente sin más análisis, al encontrar lo indagado. El texto era algo más extenso en esta ocasión, pero igual de enigmático que los anteriores: “Ser la causa, no el efecto”. Otra vez un jeroglífico era palpable. ¿Cuándo iban a entender estos que él era un piloto, no un filósofo? Pensó que tendría que volver a recurrir a su instructora para solventar el galimatías, que para más pesar no terminaba ahí, dado que acompañaba una coletilla en letra más pequeña. ¡La temible letra pequeña! Imaginó que la trampa estaría en ella. Pero al igual que la primera, ésta parecía aún más enigmática: “La impaciencia es un efecto producido o derivado de los efectos de no estar en tu Ser”.

     -    ¡Tómate esa! – se dijo –. Por si fuera poco, ahora tengo, no un acertijo, sino todo un puzle que montar sin que sepa, tan siquiera, por dónde empezar.

     -     Ya te dije – mencionó Pal riendo camino de la terminal principal y sacando a Jano de su cavilación –, que todo es fácil, sólo depende de cómo lo consideres.

     Jano le devolvió la sonrisa. Estaba contento, y a la par hambriento. Deseaba disfrutar de un buen almuerzo caliente, incluso disfrutar de la compañía del General, de quién, en principio, no guardaba un recuerdo muy halagador.

     Soltaron todo el material de vuelo en la oficina de equipo personal. Luego tomaron un de los pequeños jeeps que, aparcados en la puerta norte, estaban a disposición del personal para recorrer los dos kilómetros que les separaban del comedor.

     Durante el trayecto, él quedo extrañado de la gran actividad que reinaba en el aeródromo. Nairda poseía el aspecto de una gran base aérea, y ese no era el recuerdo que poseía del mismo, dos jornadas antes. ¿Qué había cambiado?... Creyó, en su momento, que todo aquello estaba instalado para su uso personal exclusivo. Por unos momentos pensó que la intimidad, que se reflejó a su llegada, había desaparecido.

     -      ¿Qué es lo que ocurre? ¿Qué ha pasado aquí?

     -     ¿A qué te refieres exactamente? Respondía Pal girando velozmente en una curva.

     -     Bueno, cuando nos conocimos, Nairda estaba vacío. Ahora parece que hubiese cobrado una inusitada actividad. ¿Acaso era un día festivo cuando llegué?

    -    Aquí siempre estamos de fiesta. Esto es el evidente resultado de tu cambio existencial. De tu nueva realidad. Sencillamente estás percibiendo las cosas desde otra nueva dimensión. Has adquirido una perspectiva diametralmente distinta a la que poseías. ¿No recuerdas las dos primeras reglas del vuelo que has dominado?

    La miró con sorpresa. No comprendía. Una cosa era haber aceptado que, si pensaba en algo y creía en ello, la manifestación material de eso se palparía como un reflejo exacto de su querer al empezar a realmente Ser. Pero nunca pensó que Nairda estuviese poblado de tanta cantidad de personas. Eso no formaba parte de su imaginación.

     -      Sigo sin acertar a vislumbrar lo que pretendes decirme. Yo pensé que estaba sólo aquí. No consigo…

     -      Efectivamente. Lo pensaste. Y eso es pasado. En estos instantes estás de vuelta porque simplemente sabías, en tu interior, que no lo estabas. ¿Por qué si no pensaste en que fuese a Ís con un Phantom? Repásalo.

     Lo hizo; ¡vaya que si lo hizo! El poco tiempo que tardaron en llegar a su destino fue suficiente para que Jano se percatarse de ello. Quiso aquello porque estaba seguro de regresar con un triunfo que poder mostrar a todos. Y ese “todos o todo”, era aquello que podía ver y contemplar desde su nueva dimensión de Ser.

     -     Tienes razón Pal. En el fondo de mi conciencia he querido esto, aunque casi no fui consciente de la trascendencia que iba a suponer en ésta, tan particular, vivencia personal.

     -     Ten en consideración que todo eso es sólo el efecto que tú has causado – dijo ella.

    De nuevo su perplejidad quedó reflejada en su rostro, justo en el instante en que aparcaba.

     -   Lo entiendo, lo entiendo. Entiendo lo que es “ser la causa, no el efecto”.  ¡Claro! – se dijo propinando una palmada en su frente –. Dime si no es verdad la deducción que acabo de tener. Verás – Pal, aún sentada fijó su atención expectante –: Mi pensamiento es el motor de todo lo que ocurre en mi vida, en mí Ser, al Hacer y Tener. Con tan sólo creer en mí, y mis posibilidades, todo lo que piense es creado en mí Ser, como de la nada; ello me lleva a encajar que soy la causa de los efectos que experimento. ¿Es correcto?

     -    Tanto como que la comida que deseas tomar está esperando a ser servida.

     -    ¿Tortilla de patatas con cebolla y pechugas de pollo a la plancha con abundante mayonesa?

     -   ¿Por qué no compruebas los efectos que has causado? – concluyó Pal invitándole a bajar del jeep.

     El comedor estaba repleto. El ruido efervescente. Caras animadas. Felicidad, buen ambiente y un olor enriquecedor componían un conjunto excitante y muy agradable. Los recuerdos de los primeros años de Cadete afloraron inmediatamente.

     Una vez en la cola del autoservicio, pudo cerciorarse de la tangibilidad de su pensamiento manifestado; lo que supuso un crecimiento mayor del poder que estaba desarrollando: mayor fe en él. Como nunca, su creencia en sí suponía un escalar en su autoestima, confianza y creencia como Ser. Se hallaba en un estado de plenitud y gozo sin paliativos. La palabra que acontecía a través de la mente y desde su conciencia sólo tenía un posible contenido y explicación: felicidad. Era feliz. Un sentimiento, ¿o una emoción?, tantas veces implorado, anhelado y explorado que no había alcanzado antes.

     Jano seguía a Pal camino de un lugar para sentarse. Al pasar cerca de una mesa donde un nutrido grupo formado por seis hombres y una mujer reían con jovialidad, pudo reconocer cada una de las caras. Quedó de golpe petrificado. Los miró. Ellos le devolvieron el mismo gesto quedando, todos, en silencio. La tensión aumentó considerablemente. Eran antiguos alumnos suyos. Tragó saliva queriendo que, por un momento, la tierra se abriera y lo hiciera desaparecer. Supo que su antigua categoría de Capitán no podría ejercerse en ese momento; algo que temía iba a ocurrir sin su consentimiento.

     -     Mirad quién es. El que lo sabía todo sobre el arte de volar – requería levantándose el de mayor envergadura en una muestra mitad desafío, mitad agresividad, tirando la servilleta sobre la mesa con desprecio –. El que tuvo la osadía de expulsarme de la Escuela Naval por no tener aptitudes para el vuelo. Menudo instructor que estabas hecho. ¿Qué, estás reciclándote, no? ¡¡Instructor de pacotilla!!

     Jano quería encontrar un lugar donde depositar su bandeja sin tirarla al suelo. Estaba a punto de zanjar la situación a puñetazos limpios tal y como era su costumbre ante un incidente similar. Pal le asió de su brazo atrayendo su cuerpo en la dirección contraria. Quería evitar un lamentable espectáculo.

     -      Vamos, no te dejes llevar por tus instintos, demuestra que no eres así. Ya empiezas a estar en tu Ser sin identificarte con el exterior, con lo que te envuelve.

     -     Déjame que arregle esto a mi manera – contestó mirando hacia atrás, contemplando cómo era mofa de todo tipo de insultos y gestos considerados obscenos y reprobables –; sólo son unos cuantos antiguos alumnos a los que puedo resolver con facilidad.

     -    De eso estoy segura, pero ¿Vas a ser tú la causa o el efecto de los demás? ¿No recuerdas la tercera norma?

 

     Esa frase le extrajo de la ofuscación. La miró fijamente. La felicidad que había experimentado hacía unos instantes estaba perdida, desgraciadamente. Encontró cómo el dolor, de un fuerte golpe, proveniente del pasado, parecía perseguirle allí donde fuera; y eso era una cuestión que suponía estaba olvidada y sepultada. Aunque los hechos manifestaban justo lo contrario. Todo éste conjunto de sentimientos le hacía parecer estúpido. Creyó por un momento que lo aprendido no serviría para nada si su calamitoso pasado se empeñaba en aferrarse a sí sin separarse del momento actual. Por otro lado, lo que Pal acababa de exponer le había conducido a la reflexión. Su enajenación mental transitoria, su estancia fuera de su Ser y conciencia, se extinguió con esa pauta de pensamiento.

     -    Perdona ¿Puedes repetir eso que acabas de decir? – Indagaba colocando su bandeja sobre una mesa alejada del lugar del incidente, lo que no quitaba que ciertos silbidos y abucheos llegase con cierto tormento a sus tímpanos –. Eso de “no ser el efecto de los demás”.

     -      ¿Sabes, Jano? A veces pareces no atender o prestar la atención pertinente. Me sorprendes agradablemente por un lado con tus rápidos avances, pero me dejas perpleja ante actitudes que creía estaban resueltas. En primer lugar, y antes de que conteste a tu pregunta, permíteme una: ¿Por qué crees que existe todo lo que ves?

     Jano quedó dubitativo mientras con ansias entregaba a su boca un excesivo trozo de tortilla. Tenía que llevar algo el estómago antes de poder contestar. Bebió un buen sorbo de agua, y, sin apenas masticar el alimento lo ingirió de un trago. Tuvo el tiempo justo para poder formular una respuesta coherente, sin salirse por la tangente, procurando que la actual experiencia no le afectara en su análisis.

     -    Imagino que es el fruto de mi pensamiento – Dijo con la cabeza inclinada; algo humillada –. Aunque me cuesta reconocer que es así, pues no es lo que realmente quería.

     -      Exacto – Acompañó la dulce voz limpiando su boca con la servilleta –. Todo esto, a lo que se podría denominar tu mundo particular y personal; tu universo, lo has creado tú. Tú eres la causa de ello. Has de entender que cada cual vive en el universo que decide crearse. Este es el tuyo. Y has de aceptarlo. Y aquéllos efectos que no te gusten, puedes cambiarlos, de tal forma que esos efectos no se vuelvan contra ti. Porque si así fuese, dejarías de ser la causa para pasar a ser el efecto de los efectos y/o causas provocadas por los demás. ¿Lo entiendes?

     -     Creo que sí. Aunque le falta un poco para comprenderlo y asumirlo – Dijo, con asombro para Jano, la voz recién llegada de Pitt, quien se sentó a su derecha depositando su bandeja con el propósito de acompañarles en el almuerzo.

     Los de la mesa conflictiva, al ver la actuación del Jefe de Instrucción, dejaron sus proclamas e improperios. Pitt marcaba un respeto al que todos obedecían sin rechistar. Fue algo que el aventajado alumno supo apreciar con claridad.

     -      Verás Jano. Tienes la facultad de adquirir los conocimientos con rapidez. Pero este tercer paso puede parecer complicado. También has de procurar intuir que cada uno de los pasos, están íntimamente ligados el uno al otro, y que uno sin el otro, nada son. Cuando los asumas todos, entrarás en una dinámica absolutoria que clarificará cualquier circunstancia que pueda acontecer, pues comprenderás, con gran entendimiento, que sólo tú eres el causante de tus efectos – Bebió algo que contenía una jarra de barro azul, y prosiguió –. En la medida en que tú sepas que eres la única causa de los efectos que percibes en tu vida, podrás controlar tus momentos, tu vida y tu existencia. Podrás volar donde quieras, y tan alto como imagines, aunque eso es algo que terminarás de complementar con las restantes normas de vuelo que tienes que aprender…

     -      ¡Pitt! – cortó radical Pal –. ¿No te das cuenta de la cantidad de información que acabas de soltar? ¡¡Siempre me has dicho que han de aprender poco a poco, como si comieran degustando, no como lo hacen lo pavos: todo de un trago!!

     -        Perdonadme los dos – Inquirió Jano zanjando la cuestión –. Gracias por pelearos por mí; pero creo que puedo resolverlo yo solito.

     Terminó de engullir el resto de comida que permanecía en su cavidad bucal con algo de agua, y prosiguió mientras, con una mano en alto, solicitaba esperar en silencio.

     -      Bien, “si todo es fácil”, proclama favorita de Pal, yo he causado todo lo que soy, tengo, percibo, veo, huelo, siento, experimento, etc. Incluso el altercado de antes, aunque me cueste reconocerlo; lo admito, yo soy la causa de los efectos que recibo. Incluso mi propia muerte. Además, de alguna manera, os he creado a vosotros para que me mostréis cuál es la esencia del vuelo; o lo que es lo mismo, la realidad del sentido de la vida. ¿Es eso así?; porque si no lo es, realmente estoy muy confuso – Concluyó mirando a sus interlocutores, a la espera de una respuesta definitiva.

     -        ¿Ves Pal? Ya te dije que con este alumno tendrías pocos problemas, es realmente inteligente. Lo capta todo al vuelo.

     Jano rio agradecido. De nuevo la serenidad había anidado en su mente, algo enturbiada, por tener que especificar en tan pocas palabras tanto contenido.

     -     No es para tanto. A veces es obstinado y testarudo. Pero sí, he de reconocer que no es difícil hacerle entrar en razón con un poco de lógica y paciencia

     -    Gracias Pal. Eso es todo un halago. Quizá el mejor que he podido recibir en mucho tiempo. Pero dejadme que pregunte algo que aún no alcanzo a descifrar. ¿Por qué ese montón de gañanes desaforados están en mi personal universo cuando en realidad no los quiero ni ver ni recordar? Sólo son un montón de estúpidos que se creen pilotos – Concluyó, algo despectivamente.

     -     Están ahí porque en verdad tú quieres que no estén – respondía Pitt solicitando, con sus dos manos abiertas, tranquilidad antes la “contradicción” proclamada –. Sé que te parecerá una estupidez en sí la frase, pero intenta seguir el juego de palabras. Ellos han sido y son parte de tu existencia. Ellos han estado ahí y están ahí, para que de una vez termines de entender que sólo tú eres la causa de tus efectos, y no para ser el efecto de las causas de ellos, y las que provocaste en el pasado. Cuando comprendas esto, ellos dejarán de estar ahí siendo un efecto que te afecte. Si te pones en causa, puedes causar que dejen de ser un efecto para ti.

     -   ¿Cómo? ¿Sólo con pensar y creer que ya no están ahí dejarán de formar parte de mi pasado y de afectarme? ¿Algo así como si los hiciera desaparecer?

     -  Sí y no – clamó lacónicamente Pitt, mientras Pal, sonriente, seguía degustando su almuerzo dejando que los dos hombres resolvieran lo que tendría que haber hecho ella como instructora –. No es necesario que los borres de la faz de éste, tú universo. De hecho, no lo lograrías porque son parte del mismo. Sólo es necesario que los efectos que ellos producen no tengan impacto sobre ti. De esa manera tú podrás causar lo que quieras, sin que interfieran los efectos externos de los demás, que de alguna manera también quieren participar en tu universo. ¿Lo captas?

     Jano estaba concluyendo con sus filetes de pollo untados en mayonesa. Otro buen trago de agua ayudó a bajar el bolo alimenticio mientras su dilucidar procuraba resumir, en una breve exégesis, todo aquél formato explicatorio. Además, quería manifestar otra vez más, que era un tipo, o mejor expresado ya, un Ser, inteligente, sagaz y concreto. Se sentía orgulloso, como nunca, de sí.

     -    Bien, veamos, queridos instructores – proclamó con autoridad –, queréis, entiendo, transmitir que cuando vuele no permita que el viento, venga de donde venga y posea la fuerza que tenga, me desvíe de mi rumbo, porque el viento estará ahí, siempre. Que cuando vuele, el sol en toda su intensidad y plenitud, no consiga cegar la visión de los objetivos, porque estará ahí, siempre. Que cuando vuele, la lluvia, las tempestades o cualquier otro agente atmosférico impida culminar el curso que tenga previsto. Queréis inculcar que cuando vuele, mantenga claridad en mis planteamientos, independientemente de cualquier efecto que se interponga en mi deriva; pues entiendo, que para poder volar, todas esas circunstancias y eventos son “necesarios” para culminar mi vuelo hacia donde me plazca. Porque, en definitiva, mi universo, mi mundo, es parte por igual del de los demás, ya que todos estamos en el mismo universo siendo parte esencia del mismo, además, de eliminar definitivamente los efectos desagradables producidos por mi causa ¿Es así de fácil lo que queréis explicar?

     Ambos quedaron mirándose y sonriendo. Nunca, antes, nadie lo había resumido con tanta sencillez plástica.

     -     Creo, querida, que éste muchacho está listo para pasar a la siguiente lección. Y creo que en poco tiempo habrá culminado su formación si sigue tan lúcido y cuerdo en sus conclusiones.

     -     No tan rápido, querido Pitt anunció Pal con sorna –; aún está la letra pequeña. Me gustaría saber qué opina nuestro alumno al respecto. Además, quiero apuntillar que, para saber volar, o ser feliz, lo que realmente importa es Ser la causa de los efectos, Ser la causa de los pensamientos, Ser quien crea en lo que quiere, y no sea por el contrario el efecto de los pensamientos externos, pues sería de esa forma la manifestación real de que el poder no está en su Ser sino en el efecto de lo exterior.

     -    Es verdad, querida – replicó Pitt –. Marginé la letra pequeña; pero estoy seguro que también albergará una explicación sencilla para ello. Aunque ése apéndice, supongo, lo habrá archivado en la mente para no olvidarlo nunca jamás.

     Jano estaba empezando a hincar el diente al postre. El resumen último que pronunció Pal le resultó clarificador, muy clarificador. Por otro lado, recordó la existencia de la letra menuda, ya olvidada. Y tuvo que hacer uso del manual, sin vergüenza.

    -   Os referís a esto de: “La impaciencia es un efecto producido o derivado de los efectos de no estar en tu Ser”.

     Ambos asintieron con un sí gestual, expectantes ante una explicación lógica, fundamentada.

     -     Creo que también es fácil de explicar. Más bien sencillo. Bien… podría decirse que la impaciencia es la falta de paciencia. Lógico ¿Verdad? – el asentimiento fue unísono –. Otra conclusión puede ser que ser paciente es estar en paz ¿No? – La conformidad de su auditorio se repetía –. Por tanto, haciendo una deducción matemática, se puede concluir que cuando tenga falta de paz, de armonía o, serenidad, existiría impaciencia, dudas, inseguridades, problemas, y, por tanto, esas son señales evidentes de estar siendo, entonces, el efecto de causas ajenas; no la causa de los efectos provocados por uno mismo al no estar en mi Ser ¿He vuelto a acertar?

     -     Te lo dije, Pal, con, Jano, tenemos poco trabajo. Es realmente bueno. Aunque estoy seguro que terminará resolviendo el conflicto que se le ha planteado al entrar en ésta sala para que no sea un efecto contra él nunca más. Y eso es algo que estoy deseando contemplar. Pero no quiero que te quedes corto en tu deducción al igualar el estar en paz con ser paciente. Verás. Jano, ser paciente es estar en paz en el Ser. Y que siempre que estés en tu Ser siendo la Causa del mismo, creyendo en ti, crearas el efecto pensado en tu Ser. 

     -     Gracias, Pitt, no lo olvidaré. Tengo que admitir que es una extracción excelente la que has aportado.

     -      Eso espero, pilotillo, porque de ti se puede esperar cualquier cosa, en cualquier instante; y si no al tiempo, que no me suelo equivocar – apuntilló su instructora con una sonrisa malévola.

     Esa última agudeza le hizo intranquilizarse; aunque no le otorgó mayor importancia. Pensó que ella era de las que siempre quieren pronunciar la última palabra; cuestión en la que no erraba; pero no le entró a la réplica y resolvió dar tiempo al tiempo, como ella amartilló. No quería ser el efecto de su andanada.

     Evidentemente, Jano estaba en causa de sus efectos. Sabía muy bien qué es lo que tenía que hacer en breves instantes. La seguridad en su arrojo florecía en la mente con expectación. Su sentimiento era reconciliador, e iba a resolver con causa aquellos desagradables efectos.

     La conversación transcurrió por otros derroteros ajenos a la instrucción del vuelo, y a la espera de que Pitt diera cuenta final al contenido de su almuerzo. Luego, determinaron ir al barracón número catorce; allí Pitt quería ofrecerle algo nuevo al piloto. Era una sorpresa. Jano, por un instante, quedó desconcertado pues no tenía previsto nada al respecto en su pensamiento. No obstante, se dejaría arrastrar hasta donde fuese con la certeza de procurar Ser, él, la causa de sus efectos, y no el efecto de los demás. Tenía bien aprendida la lección. O al menos, eso pensaba.

     Recogieron las bandejas vacías para disponerlas en el carro de lavado. Jano inició el camino dirigiéndose hacia la mesa de sus ex alumnos. Llegando a su altura y percibiendo la escolta de sus instructores en la distancia, se dirigió ante el público que le esperaba; otra vez en un silencio desafiante. En esta ocasión el grandullón no se levantó.

     -     Quisiera… bueno, en primer lugar, espero que hayan tenido buen provecho. Quisiera decirles que pese a todo lo pasado, todos, sin exclusión, estamos aquí para aprender. Pero para aprender de verdad lo que no supimos enseñar, en su momento, ni asimilar en los instantes posteriores; es mi único pensamiento, desearles una feliz estancia con una próspera instrucción. Señores, espero verles allí arriba muy pronto; en ese cielo que pacientemente albergará cada uno de nuestros vuelos. Por cierto, gracias por enseñarme una buena lección – hizo el ademán de marcharse, pero reaccionó apuntando una última frase con un tono conciliador –. Y si de algo les puede servir mi presencia, no duden en recurrir. Lo que pueda hacer por ustedes, no tengan dudas, si en mi mano está, lo haré. Les puedo asegurar que aquí se aprende, de verdad, a volar. Buenas tardes.

     Dio un cuarto de giro a babor concluyendo. Eso fue todo. Con esas palabras se había liberado del posible efecto anterior y de los posibles que llegasen. Ahora, era la causa de sí y de sus instantes. La claridad afloraba como un manantial fresco y limpio a su entendimiento. Su capacidad para percibir las pautas que podrían guiar con la adecuada soltura, valor y eficiencia, cualquier evento, se resolvían con un exquisito esplendor.

     Parecía renacer a cada instante. Su satisfacción le otorgaba poder. Su poder le incrementaba el grado de felicidad, y la felicidad era su causa, sin que él aún fuera la Causa real de su causa.

 

     Durante el recorrido en el jeep, Pitt, alabó su resolución con brevedad; no esperaba otra cosa de él. Concluyó que ésa fue una excelente forma de no dejarse llevar por las acciones de otros, estando seguro de que había conseguido adquirir la destreza para proclamarse la causa real de sus efectos.

     El resto del trayecto transcurrió en silencio, dejando que la agradable brisa, que penetraba en el descapotable, inundara sus pulmones y esencias. Disfrutaron del paseo hasta llegar al hangar indicado.

      Al entrar, pudo percibir la presencia de lo que seguramente sería la sorpresa que Pitt tenía preparada: un esbelto motovelero ultraligero biplaza VZ con motor retráctil. Permanecía, incólume, apoyado sobre dos ruedas paralelas bajo la panza, y que podía recogerse, y otra pequeña en la cola que permitía el giro. Blanco y reluciente. Parecía nuevo; a estrenar. Era perfecto. Una amplia cabina adivinaba la gran capacidad de visión exterior que podría ofrecer desde las alturas. La envergadura de sus alas, seguramente, sobrepasaría los treinta metros. Un motor reducido, pero esbelto, con una hélice, a su antojo, pequeña, estaba anclado justo en la parte trasera donde concluía la cabina. Realmente era majestuoso; de líneas limpias y sencillas. Estaba seguro que volar en él sería un contagio continuo de placer; un auténtico deleite.

     -     ¿Qué te parece? – indagó Pitt.

     -   No lo esperaba – respondió algo confuso aún –. Me podía haber imaginado cualquier otra cosa, menos esto. Tiene muy buena pinta. Seguro que es una de esas joyas que tenéis guardada por aquí. ¿Cuándo puedo probarlo?

     -      Está a tu disposición. Cuando quieras.

 

Posdata:

En el artículo del día 1 de diciembre (Rojo octubre, peligroso noviembre y brillante diciembre. III Parte) comuniqué que personalmente había recibido por psicografía una serie de técnicas y procesos para aplicar en psicoterapia, que solucionaba el 80% de los problemas psicológicos del ser humano. La explicación resumida de esta psicoterapia es que elimina el ego, te reconecta con tu alma (conecta la Particularidad con la Singularidad) y tienes control emocional, siendo feliz en tu vida actual; al mismo tiempo dije que lo había transferido a dos Almitas maravillosas (psicólogas) que os los podía ofrecer mediante terapia, obvio que, con remuneración, pues es su trabajo, y que además ellas lo harán, pues mis tiempos están contados, para seguir en esa labor. No se trata de dar una formación, sino de recibir terapia para quien lo necesite. Durante un tiempo os habéis puesto en contacto conmigo para luego realizar el contacto con ellas (Rosario y Yesenia), pero ahora ya podéis hacerlo de forma directa mediante su correo profesional:  terapia.psico2@gmail.com También podéis visitar su Web: http://www.psico2-internacional.es

 

Para las actualizaciones de Todo Deéelij y preguntas sencillas: deeelij@gmail.com


Notificación: La semana próxima añadiré a la siguiente parte de "Memorias de un descarnado" un resumen de cómo está el follón del lío mundial y la confusión que se ha establecido con el proceso de ascensión.

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