Agenda completa de actividades presenciales y online de Emilio Carrillo para el Curso 2024-2025

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14/12/20

El octavo principio (Visión sistémica del mundo: 48)

A veces los individuos, “motu proprio” actúan solidariamente y no guiados exclusivamente por sus intereses personales. Sólo hay que ver la movilización social que se produce ante las emergencias que periódicamente azotan determinados rincones del mundo afectados por terremotos, hambrunas, guerras o demás infortunios masivos.

La actividad bioeconómica del Tercer Camino sobrepasa la actividad comercial estrictamente capitalista. El sentido comunitario y humanista de la Bioeconomía es “postcapitalista”. Es una Economía en Red, un espacio de cooperación y no de rivalidad. Es un espacio donde no sólo impere el objetivo de maximizar beneficios. A esta actitud Mohammadian la denomina “Racionalidad bioeconómica”, basada en los siguientes principios.

1.- Bases de la racionalidad bioeconómica

El primer principio es el enfoque biológico de la realidad humana, planteamiento sistémico, holístico, termodinámico, regido por las leyes que gobiernan el mundo natural, que querámoslo o no, también nos gobiernan a nosotros.

El segundo  principio es la importancia de la Cognición, o la facultad de los seres humanos de procesar información a partir de la percepción, el conocimiento adquirido y características subjetivas que permiten valorar y considerar ciertos aspectos en detrimento de otros. Ambos principios son fundamentales para superar el planteamiento lineal y simple de la vida. La vida es un inmenso sistema de comportamiento no lineal y complejo, que muestra un atributo inquietante, que es la ya conocida “complejidad dinámica”, por la que el comportamiento a corto plazo es diferente al comportamiento a medio y largo plazo. Esto confunde y arrasa planteamientos cortoplacistas como soluciones a los problemas, a lo que estamos tan habitualmente acostumbrados con el nefasto arquetipo del “desplazamiento de la carga” o, el que venga atrás, que arree.

El tercer principio es atribuir la importancia que merece los valores ambientales, culturales y éticos cara a alcanzar la tan ansiada sostenibilidad. Ser conscientes de que no vivimos en una burbuja tecnológica, sino en plena Naturaleza, aunque vivamos en el centro de Manhattan, en Nueva York.

El cuarto principio es la importancia capital de los factores no económicos, véase la motivación, la ilusión de la gente por el trabajo, el afecto, la solidaridad, el respeto por los demás, la cortesía. Recuerdo que una vez, en una clase del máster de Economía de la Salud, salió a colación cuál era el motor, la energía de una empresa. La respuesta general fue, lógicamente, el dinero, el capital. La mía fue “la motivación de la gente”, las razones que te impulsan a levantarte cada mañana para ir a trabajar. Esa es la auténtica energía de una empresa, por cierto, la Primera y más fundamental de las cinco disciplinas de las organizaciones inteligentes que vimos en la entrega 32, “¿yo, por qué y para qué me levanto por las mañanas”?

Es de importancia capital el quinto principio, el diálogo, la comunicación de las personas, la ética comunicativa, la Segunda de las cinco disciplinas “la construcción de una visión compartida entre todos”, ese caminar alineados hacia objetivos comunes, hacia nuestro particular “Straw model”, hacia nuestros ideales de sociedad y de mundo compartidos. Y con ello, la Cuarta disciplina, el aprendizaje en equipo, que lo que yo descubro beneficie y lo descubran también los demás.

El sexto principio es volver a recuperar de alguna forma “el valor intrínseco” de los bienes y servicios frente al “valor de cambio”. No puede ser que el valor de las acciones de una empresa se revalorice de la noche a la mañana un 40% o caigan un 40% por un mero movimiento especulativo; o un terreno que hoy es rústico y vale diez, mañana por la firma de un alcalde pase a valer mil. El valor de cambio es importante, pero no se puede olvidar el valor intrínseco, el valor de uso, la utilidad personal o social de un bien o un servicio, más allá de la puja que se quiera hacer por él. Lógicamente es mucho más fácil hacer una evaluación económica por coste beneficio, donde numerador y denominador son unidades monetarias, que un análisis por coste utilidad, donde hay que devanarse los sesos para cuantificar el grado de utilidad de un bien. Pero es la utilidad la que da sentido a la oferta de un determinado bien, y no el beneficio económico conseguido gracias a las ventas conseguidas por una astuta campaña publicitaria, de las que consiguen venderte el aire que respiras. Este es el principio de la Banca ética, invertir en economía real, productiva y no en economía especulativa.

El séptimo principio es el reforzamiento del sentido de pertenencia al grupo o a la organización, sentir que lo que te une a la empresa es algo más que el sueldo que recibes a fin de mes. Esto es esencial para desmontar la nefasta creencia de que “yo soy mi puesto”, que veíamos en la entrega “28.-No nacemos sabiendo” al hablar de las barreras al aprendizaje. Esa creencia de que en mi organización yo soy yo y lo demás no me importa. Este séptimo principio de Mohammadian, es el germen de la Quinta disciplina de las organizaciones, la visión sistémica, que alcanza su plenitud en…

El octavo principio, el reconocimiento de la falsedad de la racionalidad de la teoría neoclásica, y descartar que las gentes no se mueven exclusivamente por motivos estrictamente egoístas y personales; que existe un sentimiento comunitario que ciertamente está aletargado porque se nos obliga a luchar con uñas y dientes para conseguir un puñado de dólares para sobrevivir.

2.- Buscando un nuevo modelo mental

La Economía ha desarrollado modelos muy elaborados de elección racional. Hay toda una teoría de la demanda, qué motiva a la gente a comprar; se ha elaborado curvas de indiferencia, la teoría de la utilidad marginal, la curva de demanda, modelos de frontera no paramétrica y todo esto en relación con la teoría de la oferta, de la elasticidad de la renta, y muchas otras formas de medir la demanda y escudriñar las motivaciones del consumidor, el coste de oportunidad, etc. Y todo esto dentro de un ilusorio “mercado perfecto” que ni ha existido, ni existe, ni existirá; pero parece como si toda la teoría económica se basada en esta quimera.

Con todo este arsenal teórico, al ser humano se le ha catalogado de racional si actúa de modo egoísta, en su propio beneficio, y de irracional si actúa de modo solidario y altruista. El mercado entiende el comportamiento egoísta, se ajusta a él y establece sus leyes según esta tendencia “racional”, pero ni entiende ni acepta un comportamiento solidario ¿estamos locos o qué?

La base de la racionalidad bioeconómica es la teoría de juegos de Von Newman orientada a la racionalidad colectiva y estratégica que favorece el bienestar colectivo, que es el conjunto de la sociedad.

Aquí Mohammadian formula una verdad absoluta. Si la racionalidad neoclásica fuera cierta, y toda actuación requiere una condición previa, un “yo aporto si algo gano”, entonces, cómo es posible que haya tanta gente que se entrega sin condiciones a trabajos de voluntariado como Médicos Sin fronteras, Cruz Roja, Madre Teresa, Cáritas y tantas ONG’s y tantas actividades donde la gente aporta tiempo, trabajo, dinero, esfuerzo y hasta la propia vida para colaborar en un bien social sin recibir nada crematístico a cambio. Según el modelo neoclásico, este es un comportamiento ridículo, absurdo, de locos; o como dijo Keynes, “lo justo no es útil”. Pero gracias a Dios, este comportamiento existe, se da y cada vez con más intensidad.

Se está generando lenta pero constantemente una red de relaciones humanas que se mueve y actúa por el octavo principio, porque la gente, si se la deja expresarse con libertad, resulta que está harta de ser esclava de un mundo economicista que se mueve exclusivamente por el interés egoísta y con total desconfianza entre unos y otros.

¡Ay, si las personas pudieran liberarse de la esclavitud del dinero! ¡Si los jóvenes ricos pudiéramos vender nuestras riquezas!

Tenemos que empezar a dudar en el poder absoluto del mercado como única forma de resolver los problemas de la Sociedad. No es cuestión de demonizarlo, porque si bien es verdad que ha actuado bien en la generación de riqueza, no es menos cierto que ha fracasado estrepitosamente en el reparto de esa riqueza.

Tenemos que desterrar definitivamente esa “mano invisible” que se supone autorregula el mercado. No existe tal quimera. Lo que sí existe es el empeño individual y colectivo de mejorar las cosas. Y hemos de tener fe en ese empeño para encontrar soluciones.

Tenemos que reorientar la revolución cultural que ha sido manipulada y empujada por factores nocivos y destructivos del sentimiento humano.

Hablábamos de cómo todo este abanico de buenos deseos han de ser progresivamente difundidos a través de iniciativas bidireccionales, de abajo hacia arriba, partiendo de la iniciativa colectiva de la sociedad civil, y de arriba hacia abajo, partiendo de las instituciones del Estado. Es importante la Paz, la Ley y el Crédito para que todo esto sea posible, para proteger a los consumidores sencillos e ingenuos de los caprichos de los especuladores y manipuladores de los “mass media”.

Que este planteamiento sea posible, no requiere que absolutamente toda la sociedad lo vea claro y aposte por este cambio trascendental y vital de paradigma. Los grandes árboles, como las sequoias nacen de una simple semilla, que eso sí, tiene que morir para que prenda en tierra buena, hinque sus raíces y comience a crecer y a fructificar. Trasladada esta conocida parábola a la sociedad, la semilla hay que traducirla por “número crítico” de personas que crean, apuesten y estén decididas a trabajar para difundir la idea, el modelo y comenzar el cambio de paradigma. La buena noticia es que este número es tan sólo el uno por ciento de la población. Y la otra buena noticia es que la Sociedad está repleta de gente formidable que, porque vive atemorizada por no llegar a fin de mes, no puede o no sabe cómo expresar estos ideales.

3.- El Quince eme

Pero existe un riesgo casi mortal.

Guiados por el octavo principio, mucha gente puede ser conducida hacia el abismo, de un modo tan sincero como ingenuo. Me refiero a las revoluciones sociales, las REVOLUCIONES EXTERIORES.

“In illo tempore” hubo un líder de un pueblo oprimido por el Imperio, que trató de lanzar un mensaje de liberación a la gente, y de restauración del Reino que el Imperio había sometido con crueldad extrema. La gente oprimida le seguía allá por donde iba y hasta le recibía con vítores y palmas a la entrada de las ciudades. ¡El libertador del pueblo!, proclamaba la gente entusiasmada, aunque su mensaje no se entendía del todo bien porque no incluía el levantamiento en armas contra el régimen opresor. Finalmente, los suyos le abandonaron cuando uno de ellos, desencantado y desengañado de lo que para él sólo eran paños calientes, le traicionó y lo entregó a las autoridades. Finalmente le mataron colgándole de una cruz. Se llamaba Jesús de Nazareth.

La razón del desencanto de ese pueblo que terminó gritando “¡crucifícalo!”, era que, por norma general, la gente oprimida no ve otra vía de salida que las armas y la lucha contra el opresor. Y así ha ocurrido siempre, la vía natural del pueblo ahogado en el océano de la pobreza es asaltar las islas de riqueza para repartirse el botín. Y en esto consiste el péndulo económico de la filosofía bipartidista. Los unos, capaces de generar riqueza mediante el liberalismo económico y los otros deseosos de repartirla entre todos; filosofía a la que llaman “progresismo”. Pero como quiera que la gran cantidad de gente hambrienta puede y suele comportarse caóticamente, es necesario imponer un severo orden a la jauría, de modo que es necesario un régimen dictatorial para mantenerla a raya. La gente hambrienta lucha entre sí por un pedazo de pan.

Es decir, si en el extremo de la Derecha, nos encontramos con el capitalismo salvaje que genera extremos sangrantes de desigualdad, en el extremo de la Izquierda, nos encontramos con regímenes dictatoriales severos a los que sus promotores acceden ensoñando y sofronizando a las gentes sencillas con los cantos de sirena de un mundo igualitario, tal y como soñaba Marx. El choque brutal con la realidad ha supuesto decenas de millones de muertos y las dictaduras más violentas jamás conocidas, en los múltiples intentos de implantar los regímenes comunistas.

Es por eso por lo que la Bioeconomía NO ES una alternativa basada en el MODELO 1, en el que se mueve el espectro político y económico derecha-centro-izquierda, capitalismo-socialdemocracia-comunismo, porque ambos extremos son un completo fracaso; porque ambos extremos han construido el MODELO 1 de Mundo que conocemos y que, huelga ya, explicar más por qué no funcionan.

Y es por eso, que soflamas populares exclamando en el Quince M que el “nosotros, el pueblo, podemos arreglar esto” conduce inexorablemente al enfrentamiento civil y a mucho más dolor si la gente no es capaz de ver en estos mensajes al mismísimo Lucifer jaleando a las masas para “desmontar el sistema” a cambio de una idílica Arcadia feliz, que no se puede alcanzar mediante el enfrentamiento social.

El por qué el líder popular despierta a las masas y las conduce al abismo, como el flautista de Hamelín conduce a las ratas al mismo sitio, es porque tanto el líder popular como el flautista utiliza y manipula la buena fe de la gente, que es su creencia en las palabras talismanes, que todo político utiliza en campaña electoral: igualdad, feminismo, solidaridad, cooperación, esfuerzo, trabajo, cohesión, ecologismo, cambio, lucha contra la pobreza y la marginación y etc., etc., etc.

¿Quién puede negarse a seguir consignas en defensa de la patria, la madre y la bandera? Bueno, ahora hasta la patria y la bandera están en cuestión, y, la madre, no sé yo; pero es o siempre ha sido una tríada ante la que cualquiera daría la vida en su defensa. Pues eso, quién se resiste a un ideal talismán.

Estos cantos de sirena, que utilizan rastreramente la buena voluntad y el sincero corazón de las gentes sencillas, es lo que ha convertido a la Política en la principal causa de los problemas que aquejan a la Humanidad y, ahora, en lo que todo está politizado y donde se ha perdido la lealtad y el respeto por el adversario, ahora más que nunca.

4.- La Red

El principio del MODELO 1 se basa en que todos los seres humanos tienen como bien supremo la tenencia del dinero, los ricos por acumularlo y los pobres por repartirse el dinero de los ricos, pero todos luchan por el dinero, así que priorizan los factores económicos, dejando en un lejano segundo plano a los factores no económicos.

El MODELO 2, la Bioceconomía vivida como el Tercer camino de la Economía, se basa en el Octavo principio, usar el dinero para regular la actividad humana y dar prioridad a los factores no económicos frente a los económicos. No es una nueva ideología política, ni surgirá por un nuevo movimiento de masas jaleada por líderes populistas, ni por sorprendentes acuerdos tomados en el G-8 en beneficio del conjunto de la Humanidad, ni por nuevas estrategias macroeconómicas.

Todo esto ya se ha ensayado hasta la saciedad y siempre han llego al mismo punto, el conflicto de intereses, el desencuentro, la fractura política y, como siempre, el callado trabajo de una inmensa mayoría silenciosa, gente de buena voluntad y sincero corazón que consigue, con el sudor de su frente, que la descomunal maquinaria social y económica sigua en funcionamiento, porque, como diría el genial D. Manuel Martín Ferrán, “vivimos en una sociedad de gente formidable, inmersa en una sociedad mediocre, gobernada por políticos nefastos”.

Dicen los sabios japoneses que cualquier persona está separada de cualquier otra del resto del Planeta por tan sólo seis contactos. Si yo quisiera hablar con el presidente Trump, necesitaría, en el peor de los casos generar una cadena de contactos de seis personas hasta llegar a él. Esto significa que la red de relaciones humanas es en realidad más tupida, más densa de lo que nos imaginamos. Facebook y las demás redes sociales son un ejemplo.

Es lo que Mohammadian trata de explicar, que vivimos en una red de pequeño mundo, por muchos millones de amigos que tengamos en Facebook. La Naturaleza dispone por otro lado de su propia red de comunicaciones que mantiene interrelacionados todos los elementos vivos y físicos del Planeta, provocando en ocasiones el famoso efecto mariposa.

Lo que importa ahora es la sincronización entre ambos sistemas, el biológico (natural) y el humano (artificial).

¿Pueden los humanos generar una red económica a semejanza de la red económica natural? Se plantea Mohammadian.

La síntesis, la integración de ambas redes puede hacer que, gracias a la cognición, el segundo principio, el componente biológico se mantenga por la red de relaciones entre el hombre y la Naturaleza y la parte social, gracias a las relaciones afectivas no económicas por la red de competitividad y cooperación colectivas. Esto supone un fluido intercambio de los tres elementos básicos de la vida por la Red, la materia, la energía y la información.

Los productos de intercambio por la Red tienen tres atributos de valor. Uno es el valor intrínseco (utilidad); otro es el instrumental (por el consumo) y el tercero es el de sincronización (depende del número de personas al que llega). Al no conocerse los productores y los consumidores, la importancia de la Red es capital.

El soporte de información de la Red está ya establecido y disponible. Se llama Internet. No tiene un centro de control, es por tanto complejo y difícil de controlar. Sin embargo, grandes poderes mediáticos son capaces actualmente de mover de modo especulativo más del 95% de las transacciones bursátiles que suponen mucho más de mil billones de dólares diarios; y ello, sabiendo manejar con astucia los rumores. Los especuladores saben que la guerra psicológica no se usa sólo en el campo de batalla militar. La difusión de mensajes de decepción, a los que lamentablemente ya estamos acostumbrados, porque los recibimos a diario, que atemoricen al enemigo (a nosotros) pueden provocarles efectos demoledores, con lo que las acciones de bolsa pueden bajar o subir al capricho de determinados agentes demoníacamente preparados para fagocitar, destruir, partir y fusionar empresas. A fin de cuenta, en el extremo, la Economía se mueve por estados de ánimo.

La teoría de redes se basa en la topología y patrón de relaciones de sus elementos. La topología habla de nodos, las distancias entre ellos y el número de conexiones primarias y secundarias. Una de las topologías más efectivas son las redes en clusters (racimos) o concentraciones geográficas de subredes. Los patrones hablan de número de mensajes y su distribución en el tiempo. Uno muy conocido es el patrón de llegada de Erlang, sobre el que se diseñaron las centralitas telefónicas a comienzos del Siglo XX. Aparte están los contenidos.

La Red bioeconómica de comercio, para contrarrestar las perversidades que la red actual muestra, tiene dos objetivos básicos. El primero por el motivo, el segundo está relacionado con sus funciones.

Por una parte, está como motivo la inclusión en la red de factores de motivación “no económicos” (cooperación, confianza y reciprocidad), lo que aproximaría a productores y consumidores. Sería como cambiar la relación basada en el contrato mercantil de provisión y pago, por el de “alianza” entre dos o más para lograr un objetivo común. Los objetivos entre ambos, productor y consumidor deben aproximarse, ser más afines y favorecer “comunidades de práctica” donde el intercambio de materia, energía e información va más allá de la compra y venta.

Podrían productores de un país del Sur, solidarizarse con otro de otro país de su entorno y a su vez estos con otros más. Por otro lado, una conexión más directa entre ellos disminuiría la cadena de contactos y eslabones intermedios, lo que repercute directamente en el precio inicial, al disminuir proporcionalmente el valor añadido de cada paso intermedio. Y por último está la repercusión en el consumidor. Al principio podría ser alto, pero en la medida en que la red de comercio creciera, se irían creando economías de escala.

El resultado de todo esto es convertir la “mano invisible” (y realmente inexistente) encargada de practicar la virtud pública del bienestar comunitario, en una mano visible que promueva una actividad socioeconómica igualitaria y justa. Sería la “tercera entidad” añadida a la entidad productor y consumidor, que materializaría la estructura de la Economía del Tercer Camino.

Por la red, además de materia y energía circulan datos que se convierten en información, y esta puede transformarse, si se quiere, en “conocimiento”. Es esta energía inagotable, la que configurará las naciones de este Siglo XXI.

Teniendo en cuenta que la información transformada en conocimiento permite aplicar “inteligencia” a la toma de decisiones, reduce la incertidumbre, en que medimos la entropía social. Ahora, el nivel de entropía, medida en niveles de incertidumbre en todos los ámbitos de nuestra vida, es tan elevada, que el hecho de no saber qué va a pasar mañana, el día después (24 horas) del día de hoy, genera una sensación de caos tan descomunal, que tenemos la sensación de que todo, de repente va a colapsar.

Pero la transmisión de información requiere dos condiciones, la primera confiar. El que transmite tiene que arriesgarse a compartir lo que sabe. La segunda es escuchar. El que recibe tiene que saber interpretar los mensajes y obrar dentro de ese clima de confianza mutua. Sin este clima las comunicaciones se convierten en un arma protegida por todo tipo de medidas de seguridad.

5.- El amor no es un sentimiento

En el núcleo del corazón humano, fluyen constantemente un inabarcable cúmulo de sentimientos, como reacción visceral, desde las tripas; sentimientos que se pueden agrupar en cuatro grupos, los sentimientos positivos en torno a alegría, y los tres grupos de sentimientos negativos en torno a la tristeza, al temor y al enfado.

Los sentimientos responden a las necesidades humanas de tipo físico y afectivo, que, expuestas en la ya famosa Pirámide de Maslow, que ya referimos en la entrega 27 al hablar del motor de nuestro comportamiento se resumen en cuatro, 1.-sentirse amado, 2.-sentirse en pertenencia al grupo, 3.-sentirse valorado y válido por los demás y 4.-sentirse autónomo, con libre capacidad para decidir nuestro destino. En realidad, se pueden resumir en dos, sentirse amado por los demás y autónomo, poder ser uno mismo.

Si estas necesidades no son satisfechas adecuadamente, se generan en nosotros cualquiera de los tres grupos de sentimientos negativos, que nos llevan inexorablemente a un comportamiento en respuesta a esos sentimientos.

Si entre los sentimientos provocados por el nivel de satisfacción de nuestras necesidades y nuestra reacción, nuestro comportamiento, NO SE PRODUCE una adecuada meditación sobre la respuesta que hemos de dar, lo más probable es que ante sentimientos negativos provocados por cualesquiera de causas que generen insatisfacción de nuestras necesidades, lo más probable será una respuesta visceral de ataque o de defensa que trate de compensar las carencias afectivas que padecemos. Es más, como las respuestas viscerales no solucionan el problema básico que es la satisfacción de nuestras necesidades, entraremos en un círculo vicioso que desemboca en todo tipo de conflictos humanos, sin solución final, hasta el propio escenario de la guerra abierta.

Las personas que asocian el amor al sentimiento positivo generado hacia los que nos hacen el bien y les correspondemos con nuestro amor y nuestra amistad, están condenadas a terminar siendo esclavizadas por sentimientos negativos de todo tipo que terminarán arrojándolas al infierno de una relación odiosa, intolerante y rencorosa con los demás.

Así que hablar de amor en este contexto de “visión sistémica”, donde hasta las leyes de la Termodinámica vemos que rigen nuestra vida, no es un pegote romántico fuera de lugar, sino la clave, justamente de conseguir la negentropía necesaria para recuperar esa energía que derrochamos en el propio hecho de vivir. Pero para eso, hemos de tomas consciencia, ser plenamente conscientes de que:

“AMAR ES UNA DECISIÓN”

Una decisión que hemos de tomar, a pesar de experimentar sentimientos negativos por todos los problemas y tragedias que podamos vivir y nuestra visceralidad justifique actitudes violentas de revancha y de venganza ante toda esa gente que ha convertido nuestro tranquilo vivir en un infierno, donde tenemos la sensación de que nuestra vida pende de un hilo.

Algo así, más o menos, dijo una vez Jesús de Nazareth, “amad a vuestros enemigos y bendecid a los que os maldicen” …

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Autor: José Alfonso Delgado (Doctor en Medicina especializado en Gestión Sanitaria y

en Teoría de Sistemas) (joseadelgado54@gmail.com)

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La publicación de las diferentes entregas de Visión sistémica del mundo se realiza en

este blog, en el contexto del Proyecto Consciencia y Sociedad Distópica, todos los lunes

desde el 20 de enero de 2020.

Se puede tener información detallada sobre los objetivos y contenidos de tal Proyecto

por medio de su web: http://sociedaddistopica.com/

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