21/11/10

Taller de Espiritualidad para Buscadores: Módulo 8

PARA TODOS LOS QUE DESEEN SEGUIR POR ESTE BLOG EL

TALLER DE ESPIRITUALIDAD PARA BUSCADORES

(Se publican en el Blog las entradas correspondientes a los distintos Módulos que configuran el Taller conforme éste se va desarrollando para l@s que lo siguen de manera presencial, comenzando el sábado 11 de septiembre y concluyendo el domingo 19 de diciembre de 2010)

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Taller de Espiritualidad para Buscadores:

+Módulo 1: Ver entradas del sábado 11 y domingo 12 de septiembre

+Módulo 2: Ver entradas del sábado 18 y domingo 19 de septiembre

+Módulo 3: Ver entradas del sábado 25 y domingo 26 de septiembre

+Módulo 4: Ver entradas del sábado 2 y domingo 3 de octubre

+ Módulo 5: Ver entradas de los sábados 16 y 23 y domingos 17 y 24 de octubre

+ Módulo 6: Ver entradas de los sábados 30 y 6 y domingos 31 y 7 de octubre y noviembre, respectivamente

+ Módulo 7: Ver entradas del sábado 13 y domingo 14 de noviembre

+Módulo 8: Cristo y Plan Crístico

Sábado 20 de noviembre:

62. Cristo: Hijo de Dios

63. Cristo-Jesús

64. El Plan Crístico

Domingo 21 de noviembre:

65. Dimensiones

66. Almas y Dimensiones

Sábado 27 de noviembre:

67. La oposición al Plan Crístico: Satanás

Domingo 28 de noviembre:

68. Bien y Mal: acercamiento desde la objetividad

69. Ahora sí, el Bien y el Mal

70. El pecado no existe

71. Hipótesis e imposibilidad del Mal Absoluto

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65. Dimensiones

Para seguir profundizando con relación a las almas, hay que detenerse en una cuestión que ha aparecido hasta ahora en varias ocasiones y que es preciso explicar adecuadamente antes de continuar. Se trata de las llamadas Dimensiones.

Es un hecho casi inabarcable para la mente humana, pero en la Creación proliferan los Multiversos, configurado cada uno por cuantiosos Universos. Los Multiversos se distinguen entre sí por el grado de complejidad vibracional y dimensional: en los más simples, conviven unas pocas Dimensiones y los distintos Universos que los componen se diferencian tan sólo por las condiciones iniciales; en los más complejos, coexisten muchas Dimensiones y varían la naturaleza intrínseca y las leyes físicas de cada Universo. Además, en los Multiversos, los Universos nacen a cada instante: no hubo un solo “big-bang”, los hay continuamente. Y la experiencia humana se despliega en una Dimensión de una de las distintas Dimensiones existentes en uno de los muchos Universos que se integran en uno de los numerosos Multiversos que constituyen el Omniverso y la Creación.

La organización subyacente en todo ello es cuántica y subcuántica, de modo que no hay nada superior o inferior, sino interior y exterior. Desde la óptica del plano humano, lo interior sería homologable a lo superior; y lo exterior, a lo inferior. La Realidad, lo que realmente Es fuera de la Matriz Holográfica citada al comienzo del texto, es que lo interior absorbe a lo exterior en la Unidad, lo superior absorbe a lo inferior en la Unidad, la Luz absorbe a la oscuridad en la Unidad, el Amor absorbe al No-Amor en la Unidad y todo es absorbido en la Unidad por el Amor.

Y, como se apuntado, existen distintas Dimensiones, de manera que los Multiversos, los Universos y las Dimensiones interaccionan hasta conformar una Hiper-Matriz de complejidad infinita. Por ella fluye Consciencia unificada y Amor en estado puro, que como energía vibratoria se despliegan piramidalmente desde dentro (interior, superior) hacia fuera (exterior, inferior). Pero, ¿qué son las Dimensiones?. Aunque la ciencia está lejos de conocer sus implicaciones, ha sabido proporcionar un concepto de Dimensión que se ajusta bastante bien a la realidad: “grado de libertad para realizar un movimiento en el espacio”.

Efectivamente, una Dimensión superior (más interior) supone una mayor toma de Consciencia y, por ende, una “mayor” capacidad para Crear, esto es, para cristalizar (decretar) efectivamente (vibracional y materialmente) la Voluntad, que es la Intención plasmada en Acción consciente. Por lo que no le faltaba razón a Cristo-Jesús cuando repetía a cuantos les rodeaban que “nada nos es imposible”. Así lo expresa en el pasaje narrado por Mateo (17:14-19) donde Jesús apela a la dimensión crística que atesora el ser humano y a la necesidad de que las personas interioricen su divinidad no cual reflexión intelectiva, sino como convicción profunda e íntima que llena la existencia. Y lo hace mostrando su cansancio ante la pereza y parsimonia que al respecto muestra la Humanidad: “¡Generación perversa e infiel!. ¿Hasta cuándo tendré que estar con vosotros?. ¿Hasta cuándo os tendré que soportar?”. Palabras duras que no evitan que, de inmediato, exprese con un hermoso y sencillo ejemplo lo que está a nuestro alcance: “Si vuestra fe fuera como un grano de mostaza, le diríais a aquella montaña que viniera aquí, y vendría. Nada os sería imposible”.
En este orden, las Dimensiones son los diferentes estados de activación y expansión de la consciencia que se experimentan en el proceso de crecimiento y evolución del alma a través de las tipologías o fases que han sido descritas en apartados precedentes, lo que la lleva a encarnarse en distintos planos dimensionales.

¿Cuántas Dimensiones hay?. Según la perspectiva que se adopte, pueden distinguirse unas pocas Dimensiones o varias decenas. Por ejemplo, la moderna Teoría de Cuerdas contempla entre 10 y 26. Lo cierto es que postular cualquier clasificación supondría encerrarse en las categorizaciones lineales, parciales y engañosas que abundan en Tercera Dimensión. Con todo, aún sabiendo lo precedente y dado que las diferencias interdimensionales son de carácter vibratorio, es factible acudir al lenguaje musical apara acometer su tabulación. Concretamente, aunque sea de manera aproximativa, cabe considerar alegóricamente que todas las Dimensiones configuran una octava.

En la notación musical occidental, una octava es la distancia que recorre la escala después de siete pasos desiguales de tono y semitono. Como los intervalos se cuantifican por una cifra que expresa el número de notas que comprende, incluidas las dos de los extremos, este intervalo se denomina octava (como el archiconocido do-re-mi-fa-sol-la-si-do). Con este telón de fondo, cabe referirse a ocho Dimensiones, asociada cada una simbólicamente a una nota musical, por más que realmente haya otras muchas dentro de cada una y la totalidad -desde la primera a la última que se pueda considerar, sin exclusión alguna- se encuentran interconectadas y en constante intercambio dinámico y vibracional:

+Primera Dimensión (Dimensión “Do” o “D-Do”) o Consciencia Funcional: Es la esfera vibracional donde el Verbo se condensa y la energía se transforma en materia, por lo que se le conoce, igualmente, como Microcosmos. Los niveles conscienciales son en ella elementales y prácticamente in-conscienciales o mecánicos, estando ligados al cumplimiento automático y espontáneo de funciones y tareas. Los minerales y el agua vibran en estas frecuencias, siendo los primeros su aspecto cristalino y el agua su aspecto liquido. En el seno del cuerpo humano, está Dimensión se halla presente en los fluidos y las corrientes eléctricas, activa el código genético e impulsa energéticamente el sistema celular. Tomando al ser humano como ejemplo, “D-Do” equivaldría metafóricamente a la etapa pre-fetal, donde se es, por encima de cualquier otra cosa, un conjunto de potencialidades con un programa de división celular y mantenimiento de funciones.

+Segunda Dimensión (“D-Re”) o Consciencia Grupal: Se desenvuelven en ella las experiencias vivenciales de la mayoría de plantas, animales y formas animadas semejantes. Las vibraciones de esta Dimensión propician las fuerzas primarias de la Naturaleza e impulsan la variedad y la identidad biológica en todos los Universos, aunque en cada uno según sus propias pautas y modalidades de vida, manteniendo la unión entre las especies, fijando los campos que interconexionan a los miembros de cada una y permitiendo que sus componentes se reconozcan para vivir en común y cumplir funciones reproductoras. Aquí la consciencia carece de referencias temporales y espaciales y continúa rayando en la inconsciencia, en cuanto a que la pertenencia al grupo se asume de manera innata, no como consecuencia de un acto de voluntad consciente, y hay ausencia de diferenciación individual o auto-reconocimiento. Siguiendo con el ejemplo del ser humano, “D-Re” es comparable con la etapa fetal, en la que se flota en el seno materno siendo uno con el entorno en un estado no egóico y sin noción temporal ni espacial.

+Tercera Dimensión (“D-Mi”) o Dimensión Uniconsciencial: En ella se inserta, entre otras muchas, la experiencia humana y el planeta Tierra, que, no obstante, se halla ya en pleno proceso de salto dimensional. En “D-Mi” se desarrolla la identidad individual y el auto-reconocimiento, pasando el sentido grupal a un plano secundario. Se crean así las condiciones propicias para que surja la consciencia, en sentido estricto, que faltaba en las dos primeras Dimensiones, si bien es de perfil uniconsciencial y, por tanto, muy menguada y constreñida. Es como percatarse de la existencia de uno mismo y de la Creación, pero contemplando y filtrando todo por el pequeño agujero de la propia identidad física, en la que la mente ocupa un lugar destacado. La consecuencia es que se llama realidad a la interpretación subjetiva y mental de lo Real, cuya auténtica naturaleza y envergadura queda fuera de la capacidad de percepción. La Tercera Dimensión se configura, así, como un ámbito de intersección e interactividad entre las Dimensiones esencialmente físicas (Primera y Segunda) y las puramente no físicas (Quinta y sucesivas), lo que es la razón de ser, como se recogió al inicio de estas páginas, de que “D-Mi” sea una gigantesca Matriz Holográfica en las que modalidades de existencia como los seres humanos despliegan experiencias vitales y espirituales que posibilitan la toma de consciencia a cerca de uno mismo como individuo (ego, personalidad) en la suposición de “vivir” singularmente, particularmente, fragmentadamente, ajeno a la íntima Unidad de lo que Es. De hecho, esta es la Dimensión donde la idea ficticia de separación de la Unidad alcanza su máxima expresión, si bien esto es, a la par, lo que permite la aparición de la consciencia, aunque se encuentre atada a los dualismos y dicotomías derivados de la afirmación egóica del “yo”, que conlleva la confrontación con lo que es “no-yo” u “otro”, y a una percepción lineal del tiempo (pasado-presente-futuro) y el espacio. En el ejemplo de los seres humanos, empiezan a vivenciar esta Dimensión a los pocos meses del nacimiento -cuando el bebe se concibe como “yo” (por tanto, frente al “otro”), comenzando a expresar deseos y a forjar su ego y su personalidad- y, en bastante casos, se mantienen en este nivel consciencial el resto de su vida física.

+Cuarta Dimensión (“D-Fa”) o Consciencia Arquetipal: Presenta analogías con la Tercera, en cuanto continúa rigiendo la experiencia uniconsciencial. Sin embargo, aquí ya no es egóica y ahonda en la consciencia de unidad. Para ello, “D-Fa” se conforma en lo que la ciencia contemporánea tildaría como “escenario cuántico”, pues la perspectiva uniconsciencial puede experimentar simultáneamente en él diferentes alternativas y posibilidades vivenciales, lo que fomenta la paulatina expansión de la consciencia hacia modalidades pluriconscienciales que abren las puertas, como se verá de inmediato, a otras Dimensiones. Esto significa que en la Cuarta conviven las nociones de pertenencia grupal, por un lado, y de individualidad, por otro, existentes en la Dimensiones Segunda y Tercera, aunque con características distintas. Específicamente, en lo que a la pertenencia grupal respecta, ya no es inconsciente, sino que trasciende de lo grupal de especie para alcanzar un estadio en el que se constata como las acciones de cada cual afectan a la Totalidad. En cuanto a la individualidad, se mantiene la experiencia de vivir en un cuerpo (la Cuarta es la última Dimensión en la que esto sucede), pero el yo no se liga a lo físico, sino a lo arquetípico -emociones, sentimientos, sueños,…-, desarrollándose la empatía, la telepatía, la sincronicidad (constatación del papel de las causalidades, del principio de causa-efecto y de la Providencia), la capacidad de afectar y hasta moldear la realidad física y una visión del tiempo no lineal, sino en oleadas cíclicas o en forma de espiral.

+Quinta Dimensión (“D-Sol”) o Dimensión Pluriconsciencial: Es la primera Dimensión estrictamente energética, no física, y escapa a cualquier planteamiento que haya podido esbozar la ciencia actual. En ella se empieza a vivir la experiencia de conexión íntima y existencial con el Todo, con la Fuente y su Sabiduría, lo que permite acercarse a lo Real. Tal experiencia ostenta tres importantes consecuencias. Por un lado, se diluye cualquier noción de individualidad, sea física (Tercera Dimensión) o arquetípica (Cuarta). Por otro, se transita de una visión uniconsciencial (el agujero de la puerta) a otra donde la consciencia individual propia de las Dimensiones precedentes se contempla integrada en un Ente energético y vibracional pluriconsciencial (como si la puerta pasara a tener múltiples agujeros), de modo que la existencia que en las Dimensiones anteriores se hubiera calificado de individual, se contempla aquí como una manifestación consciencial más de las múltiples que ese Ente despliega, por mas que las diversas manifestaciones conscienciales no mantengan entre sí una conexión consciente y esté limitada su capacidad de movimiento interdimensional. Y, por fin, el tiempo se percibe como un continuo en el que sólo existe el ahora eterno.

+Sexta Dimensión (“D-La”) o Consciencia Multidimensional: Al igual que la Cuarta y Tercera Dimensión, no siendo homólogas, sí ofrecen analogías debido al juego en ambas de la perspectiva uniconsciencial, la Sexta y Quinta, no siendo semejantes, si presentan analogías dado que en las dos se despliega la experiencia pluriconsciencial, que en “D-La” adquiere connotaciones multidimensionales. En concreto, con el devenir en esta Dimensión culmina la conexión con el Todo y su Sabiduría, provocando la desaparición de cualquier concepto o noción de identidad, sea personal (individualidad física, arquetípica o existencial) u ontológica (idea de ser en cualquiera de sus posibles variantes), y la expansión de la consciencia pluriconsciencial, que se hace más compleja y completa y adquiere libertad y poder para moverse y fluir multidimensionalmente. Por ello, por vez primera en el discurrir por las Dimensiones, Ser equivale a No-Ser, contemplándose la existencia cual manifestación consciencial de un Campo o Macro-Vórtice energético, integrado absolutamente, a su vez, en el Hiper-Campo Crístico o Espíritu divino, que se desenvuelve de manera multidimensional y más allá de cualquier limitación temporal, espacial o existencial, en numerosas manifestaciones conscienciales. La conexión entre éstas sí logra aquí, a diferencia de en “D-Sol”, una interconexión plenamente consciente e interdimensional, por distintos que sean los planos en los que desenvuelven sus experiencias.

+Séptima Dimensión (“D-Si”) o Consciencia Unificada: Es la frecuencia Crística o Búdica. El Espíritu, que siempre ha sido tal en cualquiera de las Dimensiones y modalidades de vida y existencia, “regresa al Hogar”. Aquí no hay Entes, ni Campos energéticos, por pluriconscienciales o multidimensionales que sean, sino única y exclusivamente el Espíritu emanado del Ser Uno, Cristo mismo, sin división o fraccionamiento consciencial alguno y con toda su potencia creadora. El proceso de evolución del Ser y el Todo se experimentan como Uno hasta un nivel que no puede ser descrito con palabras. Amor, Paz Absoluta, Silencio Profundo, Consciencia Perfecta, Concentración Completa, Quietud y Movimiento, Todo y Vacío y Ser y No-Ser son atributos de esta Dimensión, en la que todo es Creación Creadora. Sobre la triada Unidad – Consciencia – Amor, se crean y generan aquí los patrones y matrices de luz y creadores de vida que en otras Dimensiones, como la Tercera, se manifiestan y materializan en las formas geométricas y energéticas y las redes que conforman la Geometría Sagrada.

+Octava dimensión (“D-DO”) o Absorción: La integración es total y el Espíritu es absorbido en el Ser Uno. Todo es Él: Él es todas las Dimensiones y subdimensiones y cada una en particular (retomando el ejemplo, Él es la octava musical, en su conjunto, y, por ende, cada nota musical y todas a la vez); y Él es la experiencia consciencial que se expresa y desenvuelve en infinitas experiencias y manifestaciones conscienciales que por fluyen por las Dimensiones, los Multiveroso y la Creación.”D-Do” es la Fuente, en toda su Pureza. No hay formas, sólo Amor; no hay “estar”, sino “Ser”, que indisolublemente es también “No-Ser”. Es lo Absoluto y lo Indeterminado: Todo y Vacío, Ser Uno. Concluye así el proceso descrito en la parábola del sembrador: el fruto de la semilla, tras una colosal recorrido experiencial, consciencial y multidimensional que acontece en un momento presente continuo en lo que lo eterno se desenvuelve, es el propio sembrador, sin separación ni disociación posible. No hay vuelta al Hogar, pues Todo, sin excepción, es el Hogar.

66. Almas y Dimensiones

Tras este sintético recorrido por las Dimensiones, hay que volver al alma para constatar como su evolución vibracional y consciencial es coherente con su encarnación sucesiva en las Dimensiones esquemáticamente descritas. Específicamente, y reiterando que en cada tipología tanto de almas como de Dimensiones existen numerosísimos niveles y subniveles, fases y subfases, esta es la interrelación básica entre almas y Dimensiones:

+Almas preconscienciales: Primera y Segunda Dimensión.

+Almas uniconscienciales o almas-personalidad simples: Tercera Dimensión.

+Almas uniconscienciales o almas-personalidad complejas: Cuarta Dimensión.

+Almas pluriconscienciales simples: Quinta Dimensión.

+Almas pluriconscienciales complejas: Sexta Dimensión.

+Almas-Espíritu: Séptima Dimensión.

+Las almas dejan de existir: Octava Dimensión

+Almas-personalidad pluriconscienciales: Tercera Dimensión.

Con base en este esquema de interrelaciones, hay que efectuar una serie de precisiones y aclaraciones.

Para comenzar, insistir en que son las experiencias conscienciales desplegadas en una Dimensión cualquiera las que posibilitan el crecimiento vibracional y consciencial del alma para pasar a encarnarse en una Dimensión superior (más interior). Ahora bien, esta ascensión (interiorización) dimensional no acontece en el momento que cada alma está lista para ello, sino en el contexto del salto dimensional de la suma a la que modalidad de vida en la que el alma esté encarnada pertenece. En el Cosmos y en la Creación todo esta interconectado y todo es suma de partes y forma parte de una suma superior, aunque cada parte sea a su vez el Todo. De esto deriva que los ascensos dimensionales respondan a un modelo interactivo entre sumas y partes.

Por ejemplo, las almas encarnadas en Tercera Dimensión –uniconscienciales simples o almas personalidad egóicas- están llamadas a crecer por sus experiencias conscienciales hacia almas uniconscienciales complejas. Pero las que lo consiguen no pasan inmediatamente a Cuarta Dimensión, sino que continuarán encarnándose en la Tercera hasta que se produzca el salto dimensional de la suma a la que modalidad de vida –es el caso, verbigracia, del ser humano- en la que el alma esté encarnada pertenece. ¿Cuál es el esa suma?. El ser humano, que es suma de partes, forma parte de una suma superior que es la Humanidad; y la Humanidad, de la Tierra; y la Tierra, del sistema solar de Oort u Ors; y este sistema, de un paquete o cluster de sistemas solares que conjuntamente circulan por la Vía Láctea. Pues bien, este cluster es la suma con coherencia vibracional y energética que tendrá que experimentar el salto dimensional para que en su marco transiten a Cuarta Dimensión las almas que , encarnadas en Tercera, hayan pasado de ser uniconscienciales simples a uniconscienciales complejas. Y el salto dimensional de la suma –cluster sistémico- no tendrá lugar de modo casual, sino precisamente cuando en su seno exista la masa crítica suficiente de almas que hayan experimentado tal transformación íntima (en posteriores epígrafes se analizará detenidamente este proceso).

Por otra parte, hay que tener en cuenta que las almas pluriconscienciales simples y complejas, estando encarnadas en Quinta y Sexta Dimensión, respectivamente, pueden manifestarse consciencialmente al unísono en distintas modalidades de vida pertenecientes a otras Dimensiones más exteriores (inferiores). Les motiva a ello contribuir al Plan Crístico, por lo que su manifestación en Dimensiones inferiores (exteriores) se dirige a aportar energía vibracional y consciencial que, sin interferir ni predeterminar la evolución de cada alma, sí apoye el proceso de despertar, avance y crecimiento.

Es por esto que en Tercera Dimensión, donde se desarrolla la experiencia humana, haya también encarnadas almas que son realmente manifestaciones al servicio del Plan Crístico de almas pluriconscienciales simples y complejas de Quinta y Sexta Dimensión, respectivamente.

Concretamente, seres humanos que están en conexión y reciben mensajes e influencias energéticas de Maestros Ascendidos, Guías Espirituales, Arcángeles, Seres Canalizados, Entidades Alienígenas de Nivel Superior,… o del propio Cristo, al que visualizan como el Maestro Jesús y bajo algún tipo de forma antropomórfica o individualizada, son, en verdad, personas en las que están encarnadas almas pluriconscienciales simples de Quinta Dimensión que insuflan energía consciencial en la Matriz Holográfica en la que se despliegan las experiencias tridimensionales. Igualmente, hay seres humanos cuyas almas son manifestaciones conscienciales de almas pluriconscienciales complejas de Sexta Dimensión. En su vida cotidiana superan la idea tanto de una identidad personal o como de ser. Y despliegan Amor incondicional como plasmación directa de la energía crística, llegando a la célebre Iluminación. Además, tienen capacidad para adquirir consciencia de su cualidad pluriconsciencial y multidimensional, vivenciando su interconexión con otras manifestaciones conscienciales del mismo Campo o Macro-Vórtice energético al que pertenecen y que desarrollan sus experiencias en modalidades de existencia tanto de Tercera Dimensión como de otras esferas dimensionales. Y todo ello en sintonía con la fuerza crística, que no se visualiza de modo antropomórfico o individualizado, sino como energía y Espíritu puros. No en balde, estas almas tiene ya cerca en su evolución el estadio de almas-espíritu de Séptima Dimensión.

Y, por último, en Tercera Dimensión no sólo despliegan sus experiencias almas uniconscienciales simples y complejas y manifestaciones conscienciales de almas pluriconscienciales simples y complejas al servicio del Plan Crístico, sino, igualmente, almas-personalidad pluriconscienciales.

Como se indicó páginas atrás, estas almas suponen una excepción y un retroceso en el camino evolutivo. Conforman una especie de hibrido: son pluriconscienciales, con capacidad para plasmarse cual manifestaciones conscienciales en distintas modalidades de vida; y, a la par, almas-personalidad, pues quieren seguir siendo almas y rechazan la transición al estadio de almas-Espíritu. Por esto, a pesar de su condición pluriconsciencial, no evolucionan a la Séptima Dimensión para unificarse en Cristo como estadio previo a la Absorción en el Ser Uno, sino que caen dimensionalmente desde la Sexta o Quinta Dimensión a la Tercera, pues es en ésta donde se encarnan y tienen su “hábitat vibracional” las almas-personalidad egóicas.

En distintas escuelas y corrientes espirituales, a estas almas-personalidad pluriconscienciales y egóicas se las identifica con nombres como Satanás, Diablo, Maligno,… . Y al contrario que las almas pluriconscienciales simples y complejas que se encarnan en “D-Mi” para apoyar el Plan Cristico, su actuación consciencial en Tercera Dimensión está cargada de resentimiento y dirigida a oponerse al Plan Crístico.

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Continúa el próximo fin de semana:

Sábado 27 de noviembre:

67. La oposición al Plan Crístico: Satanás

Domingo 28 de noviembre:

68. Bien y Mal: acercamiento desde la objetividad

69. Ahora sí, el Bien y el Mal

70. El pecado no existe

71. Hipótesis e imposibilidad del Mal Absoluto

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