6/11/10

Taller de Espiritualidad para Buscadores: Módulo 6 (continuación)

PARA TODOS LOS QUE DESEEN SEGUIR POR ESTE BLOG EL

TALLER DE ESPIRITUALIDAD PARA BUSCADORES

(Se publican en el Blog las entradas correspondientes a los distintos Módulos que configuran el Taller conforme éste se va desarrollando para l@s que lo siguen de manera presencial, comenzando el sábado 11 de septiembre y concluyendo el domingo 19 de diciembre de 2010)

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Taller de Espiritualidad para Buscadores:

+Módulo 1: Ver entradas del sábado 11 y domingo 12 de septiembre.

+Módulo 2: Ver entradas del sábado 18 y domingo 19 de septiembre.

+Módulo 3: Ver entradas del sábado 25 y domingo 26 de septiembre.

+Módulo 4: Ver entradas del sábado 2 y domingo 3 de octubre

+ Módulo 5: Ver entradas de los sábados 16 y 23 y domingos 17 y 24 de octubre.

+ Módulo 6: Creación&Creador

Sábado 30 de octubre:

45. El replanteamiento de la “nada”: regreso al futuro

46. El replanteamiento de la “fe”: retorno al origen

Domingo 31 de octubre:

47. El Todo es Mente; la Creación es vibración

Sábado 6 de noviembre:

48. Ser Uno y Manifestación Consciencial

49. Espíritu y Verbo

50. Diseño Inteligente y Convergencia Cosmogónica

51. Lo No Manifestado y lo Manifestado

52. La Unidad Divina

Domingo 7 de noviembre:

53. La convivencia vibracional

54. El alma

55. La “mawjuda illa Llah”

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48. Ser Uno y Manifestación Consciencial

El Ser Uno es lo Absoluto. No tiene consciencia, Es la Consciencia: Consciencia Perfecta. No está concentrado, Es la Concentración: Concentración Completa. Y lo Absoluto (Consciencia y Concentración) es Quietud y Movimiento, que son intrínsecamente la Experiencia Integral de Ser y No-ser. El Ser Uno no vivencia experiencias, Es la Experiencia Integral de Ser y No-Ser en lo Absoluto: Quietud y Movimiento.

La Quietud es Absorción de Todo en el Todo, Unidad de Todo en el Ser Uno y Vibración Pura. La ciencia del siglo XX se acercó a ella con el apelativo de “big”. El Movimiento es Emanación-Expansión de la Esencia (Espíritu, Amor) del Ser Uno desde Él, hacia Él y en Él. La ciencia le ha dado el nombre de “bang”. Y Quietud y Movimiento (“big-bang”) es la Experiencia Integral de Ser y No-Ser, que se despliega en un momento presente continuo en lo que lo eterno se desenvuelve como Manifestación Consciencial.

Y la Manifestación Consciencial es Una, Infinita y Eterna. La Humanidad la llama Creación y, aún siendo Una, la percibe plural como manifestaciones pluriconscienciales y multidimensionales que conforman los Multiversos, la Dimensiones, los Universos, los mundos y todas y cada una de las modalidades de existencia materiales y trascendentes, incluida la Madre Tierra y el propio ser humano es sus planos físico y espiritual. Cada modalidad de vida, cada cosa y cada persona no es sino una de esas manifestaciones conscienciales que, realmente, se hallan radicalmente integradas en la Manifestación Consciencial, desenvolvimiento de la Experiencia Integral de Ser y No-Ser, Quietud y Movimiento (“big-bang”).

49. Espíritu y Verbo

Con relación a éste último, el Movimiento (“bang”), es Emanación-Expansión de la Esencia (Espíritu, Amor) del Ser Uno desde Él, hacia Él y en Él. Por tanto, el Espíritu o Amor emanado y expandido, siendo creación (el “Hijo” o Cristo mismo, en acepción cristiana) del Ser Uno (el “Padre”), no es Increado como Él, aunque comparte su Esencia y, por ende, su cualidad de vibración infinita. Y como vibración pura e infinita en emanación y expansión, el Espíritu llena la Creación como, valga el ejemplo, el gas hincha un globo. Y el globo es la Creación misma, si bien carece de centro y fronteras y fluye fuera del tiempo y el espacio, sin “localización” alguna.

Y el Espíritu en emanación y expansión genera corrientes y flujos vibracionales de frecuencia finita como en su escala, analógicamente, el pensamiento en desarrollo de un ser humano provoca pequeñas ondas vibratorias que no son el pensamiento como tal, sino que van asociadas a él y presentan frecuencias vibracionales más bajas y densas que las ideas o pensamientos. Tales corrientes vibratorias finitas creadas por el Espíritu conforman el Verbo al que se refieren tantas tradiciones espirituales.

Aún siendo su gradación finita, la envergadura de los flujos vibracionales que constituyen el Verbo es colosal. Y forman y despliegan enormes ámbitos ondulatorios que se interconexionan entre sí de múltiples maneras, provocando portentosos impactos gravitacionales y procesos interelacionados entre la gravedad (realmente, las ondas gravitatorias se propagan a velocidad muy superior a la de luz) y la radiofrecuencia gravitacional. Como consecuencia de todo lo cual, El Verbo se condensa (densificación de la vibración) en una gigantesca cantidad y variedad de combinaciones frecuenciales: Campos Vibracionales (Campos, Subcampos, Hipocampos, Hipercampos,…) y, en su seno, Nodos Espectrales de Frecuencia, todos ellos de muy distintos niveles vibratorios y densidades.

Tales Campos y Nodos engloban, entre otras cosas, la llamada materia, aunque gran parte de ella no es perceptible para los sentidos humanos dada su gradación vibracional (el cuerpo humano sólo capta la materia plasmada en una determinada franja frecuencial, no percibiendo la que ostenta rangos vibratorios situados fuera de ella, por arriba o por debajo). Y configuran el Omniverso y sus Multiversos y, dentro de uno de ellos, el Universo conocido por la Humanidad, siguiendo siempre un patrón de tipo fractal y escalar.

Por esto, la materia, realmente, carece de materialidad, valga el juego de palabras, en el sentido de que está conformada por partículas de esencia vibratoria. En última instancia, la masa de las partículas está compuesta y determinada por armónicos, dependientes de ondas vibracionales, que actúan como osciladores cuánticos. Los patrones de armónicos son el origen cuántico de la materia y, al unísono, condicionan la masa de las partículas. Y las partículas son estados de resonancia en sistemas dinámicos de armónicos encadenados actuando cual osciladores cuánticos; y mantienen entre ellas una comunicación permanente, a velocidad muy por encima de la de la luz, y una interacción y conexión de naturaleza espectral definida por exponente escalares o fractales que varían en función de la Dimensión en la que operen.

50. Diseño Inteligente y Convergencia Cosmogónica

En el desenvolvimiento tanto de los Campos y Nodos como de las partículas, las frecuencias son distribuidas de manera natural del modo más eficiente posible. La Física moderna define la energía como la capacidad de realizar un trabajo y reconoce que la mínima expresión de trabajo es el movimiento, que es, por tanto, la forma más eficiente de efectuar el trabajo. Pues bien, el Verbo en su despliegue y todas sus condensaciones, de los Campos y Nodos a las partículas, plasma esta íntima conexión entre movimiento y energía: los armónicos, actuando de osciladores cuánticos, son la expresión de la eficiencia energética natural. Los Nodos y Campos alcanzan su máximo local de densidad espectral conforme a esta distribución natural y eficiente de las frecuencias. Y las partículas logran su máximo nivel de eficiencia cuando se corresponden con los nodos espectrales principales.

En el Diseño Inteligente del Universo brilla con luz propia esta monumental y apoteósica Convergencia Cosmogónica. La Creación en su globalidad y el Universo conocido en su totalidad responden a esta forma natural de alcanzar siempre máxima eficiencia en la distribución lógica de la energía (se podrá alegar que es una tendencia a largo plazo, pero ello es una ficción en un contexto donde el tiempo no existe), manteniendo de manera subyacente una red de relaciones naturales de tipo fractal, escalar y logarítmica.

Cabe hablar, por tanto, de un modelo físico integral convergente para todos los eventos cosmogónicos. Algo que están comenzando a hacer suyo los nuevos paradigmas científicos promovidos por una nueva física con un planteamiento holístico, pues rige en ella la citada Convergencia bajo la forma del principio de Convergencia Global: las partes no pueden aislarse del todo al ser convergentes con el Universo Inteligente y comprender éste diferentes escalas que envuelven tramos de las realidades supersimétricas -coherentes, convergentes y lógicas- que lo conforman. Se trata de una especie de sinfonía de armónicos que siempre tiende al equilibrio cósmico y en la que existe una onda biofísica convergente que es permanente y está presente a nivel escalar en todos los eventos del Universo, desde las microestructuras hasta las mayores estructuras conocidas.

Por otra parte, todas las partículas interaccionan entre sí a nivel local y universal, de manera que “a priori” ninguna tiene una masa predeterminada, sino que la materia es una consecuencia de la energía. Dentro de este modelo, el principio de Convergencia Global supone que todos los objetos físicos en el Universo constantemente cambian su masa, debido a crecimiento, decaimiento o fusión, produciendo oscilaciones permanentes en el éter gravitacional (sobre la física de este fluido están avanzando científicos como Niayesh Afshordi, del Departamento de Física y Astronomía de la Universidad de Waterloo (Canadá), obligando a replantear la teoría de la relatividad de Einstein mediante la formulación de la teoría cuántica diferencial de la gravedad del aether: la presencia de este fluido en el Universo explicaría como cualquier perturbación implicada en un contexto de densidad uniforme sería no-dinámicas, permitiendo la curvatura del espacio-tiempo).

Con el curso de los procesos, las oscilaciones causan la formación de tendencias permanentes de ondas gravitacionales en el Universo, que son lo suficientemente fuertes para permitir sólo aquellos objetos cuyos valores de masa sean convergentes con la onda gravitacional. Y determinadas combinaciones de frecuencias interactúan a nivel biofísico en los seres vivos, en la percepción consciente de las ondas gravitacionales, lo que, en ele caso de los seres humanos, permite hablar de la una relación ionogenomática, entre la ionosfera terrestre y el ADN, en la que éste una maqueta a escala de las mismas partículas, interactuando plenamente en el escenario descrito de cambios y oscilaciones permanentes.

51. Lo No Manifestado y lo Manifestado

Por todo lo expuesto, cabe señalar que la Creación, siendo Una en el Ser Uno, ostenta una doble dimensión o plano: el plano de lo “No Manifestado” (Omega) y el plano de lo “Manifestado” (Alfa). Con relación al primero, está situado más allá del espacio/tiempo y es imperceptible para nuestros sentidos físicos. Lo configura la expansión de la Esencia emanada, que es fruto de la actividad creadora innata del Principio Único, comparte sus cualidades y elevadísimo rango vibratorio y se despliega como Espíritu o Amor. En cuanto al plano de lo Manifestado, se debe al Verbo y su condensación. Hay que insistir en que el Verbo, aunque también sea generado por el Principio Único, no es Esencia, sino que surge asociado a su Emanación. Y cuando el Verbo se despliega, las ondas vibracionales que lo constituyen se condensan (valga el símil del agua que se condensa como hielo) en muy distintos y cuantiosos niveles vibratorios, de menor frecuencia cuanto mayor sea la condensación, que conforman el plano de lo Manifestado.

Es tal la variedad de niveles vibratorios generados por el desenvolvimiento del Verbo que, para su mejor entendimiento por la mente humana, es conveniente subdividir el plano de lo Manifestado en “manifestaciones intangibles” y “manifestaciones tangibles”. Las primeras, dimanan de condensaciones débiles, por lo que gozan de alta gradación vibratoria y se mantienen en la esfera de lo inmaterial (al menos desde la perspectiva de nuestros cinco sentidos). Por el contrario, las manifestaciones tangibles derivan de condensaciones fuertes, por lo que tienen una reducida frecuencia vibracional y conforman la materia que nuestros sentidos son capaces de percibir. Es en estos últimos niveles en donde tiempo y espacio ganan protagonismo.

52. La Unidad Divina

Hay que insistir en que todo existe y se sostiene en el Ser Uno: todo es Él y permanece en Él; nada hay fuera ni distinto de Él. Es la Unidad Divina (Todo, Identidad Suprema). En coherencia con ello, el plano de lo No Manifestado u Omega (Espíritu o Amor, vibración infinita) y el de lo Manifestado o Alfa (Verbo, vibración finita) están plena y radicalmente inmersos en la Unidad Divina. A ello hace mención San Juan en el Apocalipsis cuando recoge esta afirmación de Dios: “yo soy el Alfa y la Omega” (1,8), esto es, lo Manifestado y lo No Manifestado.

Además, dentro de la Unidad, cada uno de estos planos configura, a su vez, una unidad. Específicamente, uno es el Espíritu o Amor que emana y se expande (lo No Manifestado). Y uno es con el Principio Único que lo engendra, ya que el Hijo es uno con el Padre -”Yo (Hijo) y el Padre somos uno” (Juan, 10, 30)- y comparte sus cualidades de eternidad, inalterabilidad, infinitud y vibración pura. En cuanto al plano de lo Manifestado, también conforma una unidad, pues todas las manifestaciones -las intangibles y las tangibles- son fruto de la condensación de las ondas vibracionales asociadas a la Emanación divina, distinguiéndose entre sí sólo por el nivel de condensación y, en consecuencia, la frecuencia vibratoria.

Nuestros sentidos corporales carecen de capacidad para notar la existencia del plano de lo No Manifestado. En cuanto al de lo Manifestado, sólo perciben las manifestaciones tangibles, pero no las intangibles. Y lo hacen sin percatarse de que todas estas manifestaciones (incluida la materia y nuestra realidad física como seres humanos) pertenecen y se integran en la unidad energética y vibracional del Verbo, sostenido y existente, a su vez, en la Unidad Divina del Ser Uno.

Esto tiene importantes implicaciones en nuestra vida cotidiana. En otros epígrafes del texto se profundizará en ellas. Baste aquí con subrayar que, por lo que se acaba de señalar, cuando el ser humano pasa sus días en piloto automático (ego) y no abre otras puertas (intuición, inspiración, meditación, sensibilidad,…) de acceso al conocimiento, confiando exclusivamente en lo que sus cinco sentidos le enseñan, se condena a vivir ajeno a su verdadero ser, que, como después se verá, pertenece al plano de lo No Manifestado. Igualmente, limita su visión del Universo a sólo una parte del plano de lo Manifestado, las manifestaciones tangibles, ignorando las de carácter inmaterial. Y, finalmente, cae en el error de creer que las manifestaciones materiales, en general, y su propia entidad física, en particular, son realidades separadas, individuales e, incluso, dotadas de una identidad singular o personalidad. Tamaña falacia introduce a hombres y mujeres en un mundo ilusorio (“maya”) de muy reducido grado de consciencia y que en nada coincide con lo Real, convirtiendo su existencia en una estéril búsqueda sin objeto entre apegos materiales y con la muerte como amenaza constante y aciago final.

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Continúa mañana domingo:

53. La convivencia vibracional

54. El alma

55. La “mawjuda illa Llah”

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