10/11/10

Seguimos compitiendo o escogemos colaborar

La palabra Competencia tiene dos acepciones; la primera mas amplia y, a la que nos referimos en el presente editorial, es disputa, contienda, oposición o, rivalidad entre dos o más personas, empresas, entidades, países, … que aspiran a obtener la misma cosa. Colaboración o cooperación se entiende por trabajar, ayudar o actuar juntamente con otra u otras personas, organizaciones, …. con el objetivo de alcanzar un mismo fin. En el primer caso hay dos o mas partes que se consideran rivales y compiten por conseguir algo. En el segundo las partes sienten, entienden o, comprenden, que persiguen el mismo objetivo y que es mejor hacerlo juntos que enfrentados o separados.

Desde muy pequeños se nos ha enseñado a competir, comparándonos siempre con el que lo hacía mejor y, en todos los ambientes; en la familia, entre amigos, compañeros, extraños. Daba igual con quien nos compararan, de lo que se trataba es de ponernos un ejemplo que fuera un modelo a imitar pero, no en cuanto a valores, sino a la consecución de determinados logros materiales, ser el más rápido, obtener las mejores notas, ganar más dinero, seguridad, mejor posición, poder, etc.. Por esa creencia, nos esforzamos en ser los mejores, ganar siempre en todo lo que hacemos, en cualquier lugar y circunstancia, hasta jugando a los chinos.

Lo creímos, sin que nadie nos explicara las consecuencias de tanta competencia y, sin pararnos a pensar en los demás, que se puedan sentir mal, humillados, que no sirven para nada …., ni lo que ocurre en nosotros mismos tras tanta tensión, siempre habrá alguien “mejor” que nosotos, nunca seremos lo bastante buenos…. Al ganar en algo y, creernos mejores, aumenta nuestro ego con todo lo que ello conlleva o, hundiéndonos cuando perdemos, sintiéndonos fracasados al no dar el resultado que se esperaba de nosotros…..

La colaboración se quedaba para resolver conflictos o, para cuando no había más remedio, pero siempre pensando en el mejor bien para uno, nuestro equipo, los que son como nosotros.

Los que hemos sido educados en esta creencia, nos sentimos separados de ese otro u otros, sin darnos cuenta que tiene las mismas necesidades que nosotros, también quiere lo mejor para él y los suyos, ganar, no sentir dolor, ser feliz…

Esa separación nos hace actuar-competir de determinada forma para conseguir lo que creemos es felicidad para nosotros o, los nuestros. Y, ¿ donde nos lleva esta antigua forma de actuar o de entender la vida?. No tenemos mas que mirar, con una mente abierta, cualquier evento donde “haya algo que ganar” para darnos cuenta donde estamos; desde un reparto familiar, una junta de comunidad, un evento deportivo, un ascenso en la empresa, un debate político, etc. y, hacia donde nos dirigimos si no logramos cambiar.

Normalmente, esa creencia de intentar ser los mejores, nos arrastra a una actividad frenética, que nos impide dedicarnos tiempo a nosotros, a reflexionar, querernos, cuidarnos, relajarnos …. aferrándonos a lo que es material o, impermanente, como si fuera a durar siempre y a lo que nos da satisfacción a corto plazo como si fuera la felicidad verdadera/duradera. Con esta visión parcial de la realidad, la que nos han enseñado, solemos actuar …. A pesar de que todos buscamos la felicidad, nuestras acciones nos apartan de ella. Aunque todos deseamos escapar del sufrimiento, somos empujados continuamente a las mismas causas que lo producen …..

Si nos vamos haciendo cada vez más conscientes de esta “nueva realidad”, podremos empezar a transformar nuestras actitudes egoístas que hacen que nos valoremos mas que los demás, en sentimientos de bondad, amabilidad y estimación por todos los seres, no solo con los más cercanos. Si hasta ahora hemos mantenido a nuestro yo o, los que son como yo, en primer lugar ….. de lo que ahora se trata es de poner a esos terceros, en el lugar que ocupaba el yo o el nosotros ….. es decir nos cambiamos por los demás ….

Es fundamental darse cuenta que es imposible dejar la insatisfacción y obtener felicidad permanente utilizando solo métodos materiales, externos a nosotros mismos ….. Las posesiones de bienes materiales no solo no sirven para obtener lo que realmente deseamos sino que con frecuencia nos atraen problemas mayores ….

Buscando alternativas nos damos cuenta que cuando nuestra mente esta en Paz, porque no depende de acontecimientos externos, es una mente feliz. Es decir, encontramos un estado de felicidad que sentimos como una inmensa Paz interior .

Si deseamos ser felices de forma permanente, debemos lograr encontrar la Paz que habita en nuestro interior y que da sentido a nuestra vida. Y eso pasa por desarrollar nuestras cualidades humanas que están ocultas bajo nuestros pensamientos confusos, producto de nuestras antiguas creencias que, una vez nos fueron útiles pero ahora. que somos más conscientes, debemos dejar atrás y cambiarlas por unas nuevas que nos hagan no volver a considerarnos nunca superior a nadie, tratando a los demás, no importa quienes sean, como hermanos, como iguales a nosotros…

En los últimos tres mil años hemos tenido unas 5000 guerras. ¿ No son ya suficientes ?.

Y, que hemos hecho con la naturaleza, con nuestra amada Madre Tierra, que nos ha dado la vida. La estamos envenenado hasta niveles que ni siquiera alcanzamos a comprender y, todo ello porqué.

La razón principal que se nos ocurre es por sentirnos separados, también de la naturaleza, sin entender que entre todos formamos el UNO, que todo es energía que, tal como les vaya a los demás y a la naturaleza, así nos irá a nosotros ……

Debemos comprender que el verdadero Amor es “solamente” un cambio de conciencia, desde la que nos separa a la que nos mantiene unidos a TODO y, esa tremenda fuerza, poder, energía que une e integra, llamada Amor, vive y espera en silencio en nuestro interior, deseando manifestarse. El auténtico Amor no es una emoción ni un sentimiento, es un estado de nuestro Ser.

¿Nos gustaría que cambiaran las cosas?

Que tal si en vez de seguir compitiendo-combatiendo, empezamos a colaborar-confraternizar con la naturaleza y, con los hasta ahora “rivales”. Que tal si en vez de enseñar a nuestros hijos a competir, a que deben ser los mejores, les enseñamos que todos somos hermanos que debemos cuidar los unos de los otros, que la única competencia razonable es la de con nosotros mismos tratando de ser mejor persona cada día, aprendiendo a cooperar entre todos y con todos, en cualquier situación, y a preguntar siempre ¿cómo puedo ayudar? en lugar de preguntarnos ¿qué gano yo con eso?.

Gracias por vuestra atención. Que la Paz sea siempre con todos.

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Autor: Enrique Álvarez

Fuente: www.noticiasdepaz.com

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