16/11/10

La comprensión amorosa

Roberto Assagioli (1888-1974) fue médico psiquiatra pionero del psicoanálisis y de la psicología humanista en Italia. A lo anterior agregó un profundo conocimiento de la filosofía hindú y del budismo, que estudió con el Maestro Djwhal Khul, lo que derivó en la psicosíntesis.

Bajos estas líneas, se recoge el extractado de apuntes del curso por correspondencia que impartió para la Escuela Arcana de Buenos Aires publicado por la Revista Mundo Nuevo:

http://www.mundonuevo.cl

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Si tratamos de descubrir la causa de la rivalidad y del antagonismo que originan tantas dificultades a los individuos y a los grupos, hallamos que una de las principales es la falta de comprensión. La mayoría de las palabras y acciones que hieren comúnmente, atribuidas a la maldad y al deseo de dañar, se debe en especial a la incomprensión. Lo que no comprendemos lo menospreciamos y condenamos. De esta actitud negativa de censura surge fácilmente el prejuicio, el antagonismo y el odio. Esto ocurre entre individuos, naciones, razas, y en quienes, pretendiendo ser religiosos y espirituales por ser sacerdotes o instructores, tendrían que dar ejemplo de amor y fraternidad.

Un ejemplo típico de esta actitud está representado en la palabra rusa “neimetz” empleada para designar a los alemanes. El significado real de esta palabra es “estúpido”, demostrando que los rusos consideraban estúpido al extranjero que no hablaba su idioma. Esto resulta muy primitivo, pero ¿no somos realmente primitivos al considerar absurdo todo aquello que no está de acuerdo con nuestros propios puntos de vista, dejando de reconocer la Verdad Una cuando está expresada en una terminología o lenguaje mental diferente al nuestro?

La falta de comprensión no sólo perjudica sino que despierta un antagonismo muy amargo y un violento resentimiento en el incomprendido. Como dice Keyserling: “Nada hiere más que la incomprensión, porque significa negar nuestra identidad”. Así se crea una larga cadena de incomprensiones, resentimientos y luchas. Pero la incomprensión no está siempre asociada con el antagonismo y la antipatía. En forma curiosa puede coexistir con un gran amor, o lo que se considera generalmente como tal. Un ejemplo común es la relación que existe entre padres e hijos. Hay padres que quieren entrañablemente a sus hijos, trabajan afanosamente para ellos, realizan los más grandes y nobles sacrificios, y con todo eso no llegan a comprender lo que piensan esos seres amados, ni cuáles son sus necesidades vitales y verdaderas.

Este amor ciego tiene a veces tan malas y terribles consecuencias que quienes las originaron inconscientemente se aterrarían si se dieran cuenta de ello. Me refiero a las vidas truncas y a los caracteres reprimidos y consentidos. Sin embargo, la realidad hay que enfrentarla y cuanto antes mejor. Debemos tener el valor de abandonar la noción sentimental de que sólo el amor es suficiente, y reconocer que el amor ciego, por sacrificado y bien intencionado que sea, no evita errores ni daño. Debemos saber, si queremos que el amor ayude y satisfaga al amado, que ha de estar unido a la visión interna, compenetrado y aunado con la sabiduría. Sin comprensión no puede haber inofensividad.

Comprender Cabalmente al Ser Humano

Con todo, no debemos ser demasiado severos con los que no comprenden: debemos aprender a comprenderlos. Comprender cabalmente a un ser humano está muy lejos de ser fácil, realmente es muy difícil. Cada individuo es una combinación complicada de elementos diversos e innumerables, que emanan de muy distintas fuentes. Existen en diferentes niveles, actúan y reaccionan mutuamente, hasta constituir una nueva y excepcional combinación. Todos los elementos que constituyen el individuo que tratamos de comprender, no son visibles en la superficie; la mayoría está oculta en los profundos niveles del subconsciente y sólo podemos deducir su existencia por las manifestaciones ocasionales o indirectas. Esto no es todo; la combinación no es estática, pues continuamente entran nuevos elementos a medida que los otros desaparecen, y aún otros cambian por medio de su propio proceso orgánico de desarrollo y transmutación, de modo que el ser que tratamos de comprender cambia como Proteo ante nuestra atónita mirada.

Así como el problema que presenta cada individuo es único, también cada solución es única. Podemos decir que para cada individuo debe buscarse un nuevo método, un nuevo camino. La fórmula psico-algebraica individual requiere en cada caso una nueva integración. Evidentemente la rutina y los consejos al por mayor que la gente siempre está dispuesta a dar, aunque no se les solicite, a menudo son inapropiados y, a pesar de la buena intención, sólo sirven para confundir y desviar.

Esta dificultad para comprender y ayudar a los demás, se acrecienta en los casos en que el individuo en observación está a “prueba” y se sumerge en un estado de ofuscación. En esta situación surgen del subconsciente elementos inferiores e indeseables. En muchos casos pueden haber sido acumulados en esta vida, en otros es la revivificación de viejas tendencias e impresiones que surgen de vidas anteriores como fantasmas de un oscuro y misterioso pasado, y son evocadas para disolverlas y aniquilarlas. Este es un hecho necesario y benéfico, pero muy penoso y molesto mientras persiste, produciendo manifestaciones inesperadas e interesantes. Por lo tanto, tenemos que capacitarnos para reconocer tales hechos absteniéndonos más que nunca de juzgar y condenar.

Debemos comprender que además de estas condiciones especiales, cada persona generalmente presenta en las circunstancias comunes de la vida su peor aspecto. La personalidad se evidencia y destaca, y no el hombre interno que lucha por controlarla y hasta puede permitirle hacer su voluntad en las pequeñas cuestiones de la vida diaria.

En la mayoría, sólo en raros y excepcionales momentos de tensión, de necesidades o peligro, de aspiración y servicio, el ser interno sale a la superficie y se manifiesta temporariamente.

Autocomprensión

Lo dicho respecto a los demás, es aplicable en gran medida a uno mismo, pues existe gran necesidad de verdadera autocomprensión, lo cual es también muy difícil de alcanzar. En nuestro propio caso tenemos más elementos y factores a disposición, pero estaremos más propensos a juzgarnos en forma favorable o parcial. Juzgamos demasiado desfavorable o duramente a nuestros semejantes, y tendemos a ser excesivamente indulgentes con nosotros mismos y a justificar ingeniosamente nuestros propios defectos y debilidades.

Existe una minoría que yerra en dirección opuesta, estando atormentada por un sentido excesivo de inferioridad y autodesprecio, que se juzga severamente y se condena a sí misma. Aún otros oscilan esporádicamente entre ambos extremos.

La ciencia de la psicología atraviesa una crisis, pero es una crisis constructiva que indica crecimiento y vencimiento de limitaciones. La existencia de cualidades psíquicas superiores, de poderes espirituales, de un Yo superior, empieza a ser reconocida por los científicos de mente amplia y sin prejuicios y por los pensadores y estudiantes de todo el mundo.

La intuición es reconocida como una realidad genuina y un medio para adquirir conocimiento. Se está reconociendo la iluminación no como algo anormal, sino supernormal, no como exaltación emocional, sino como verdadera revelación de realidades ocultas.

Cuando insistentemente consideremos que nosotros y los demás somos realmente almas, que procuran manifestarse a través de las personalidades más o menos imperfectas, ciegas y rebeldes y que constituye el propósito inmediato más importante para el que estamos aquí, y si percibimos que las almas no son entidades separadas y aisladas, y tratamos de comprender esta unidad a través de la consciencia y actividad grupales, entonces nuestra actitud y conducta hacia nuestros semejantes cambiará radicalmente.

Así presentiremos detrás de cada individuo el alma aprisionada, afluyendo hacia él nuestro reconocimiento y amor; comprenderemos cuán inútiles y fundamentalmente erróneos son la crítica, el menosprecio, la envidia y el antagonismo, y que lo único acertado y racional es colaborar amorosamente con esa alma, derramando nuestro amor y comprendiendo sus problemas y luchas.

Pero la unidad esencial de todas las almas no excluye las diferencias de cualidad entre ellas, además de las obvias diferencias que existen en la apariencia personal. Por eso debe hacerse un serio estudio de las distintas cualidades, estudio que debe formar parte de la nueva psicología. Debemos esforzarnos por comprender la verdadera naturaleza, propósito y función subyacente, problemas específicos, virtudes y vicios, tal como se manifiestan en el ser humano y a través de él.

Comprensión y Propósito

Aquí podemos señalar la íntima relación que existe entre comprensión y propósito. No puede haber propósito espiritual, inteligente y consciente, sin comprensión profunda y perfecta sabiduría. Por otra parte, el propósito produce natural e inevitablemente un plan, por el cual puede ser llevado a cabo gradual e inteligentemente.

Las facultades humanas que debemos utilizar y desarrollar para alcanzar la comprensión son, ante todo, la mente en su aspecto superior dirigida hacia el Ser. Ella puede percibir su luz y ver a cada uno y a todas las cosas en esa luz. El empleo adecuado de la imaginación puede ayudar en esto. Entonces podemos poner en juego las facultades superiores de la intuición y de la identificación espiritual consciente. Esta última es muy diferente a la identificación pasiva, emocional y ciega, que a menudo se verifica entre las personalidades. La diferencia consiste principalmente en el hecho de que la identificación espiritual está libre de absorción y apego, afluye, pero no es restrictiva ni limitadora.

Los efectos de la comprensión amorosa son inmensamente benéficos, pues es directamente creadora. Como rayo de sol vital y cálido, fomenta el crecimiento y la expansión de esas vidas humanas hacia las cuales se dirige y las compenetra con su sutil y poderosa influencia, evocando directamente al ser interno, el alma.

El individuo que se siente comprendido en tal forma, se abre y florece y hasta se transforma casi mágicamente. Desaparecen las actitudes restringidas, tensas y defensivas. Lo mejor que hay en él aflora natural y fácilmente a la superficie, y al mismo tiempo se da cuenta de sus posibilidades insospechadas y de la pequeñez y falsedad de sus pretensiones comunes.

Muchas veces sucede que ante una comprensión amorosa un hombre confiesa libremente sus errores y pecados y se juzga a sí mismo drásticamente, cosa que hubiera negado y resentido si otra persona lo expresara como crítica o acusación. Esto no es sorprendente, pues la comprensión amorosa penetra profundamente hasta el núcleo y evoca al ser interno, el alma, el cual surge e inunda de luz al individuo.

Este inmenso poder de la buena, innata y amorosa comprensión, debería despertar en nosotros la fuerte determinación de lograrlo. Para alcanzar esta realización, tenemos, ante todo, que cultivar directamente esa cualidad y, luego, eliminar los obstáculos que impiden o dificultan su desarrollo.

Por lo tanto, debemos esforzarnos en desarrollar, por un lado, amor y visión interna y, por otro, desinterés, olvido de nosotros mismos y desapego emocional. En esta forma quizás logremos realizar el propósito principal de nuestra evolución, un inteligente amor sin apegos que nos proporciona liberación.

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