Agenda completa de actividades presenciales y online de Emilio Carrillo para el Curso 2024-2025

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28/7/10

Swedenborg: Infancia, formación y primeros viajes

+Emanuel Swedenborg: Introducción (26 de julio)

+Borges y el misterio de Swedenborg (27 de julio)

+Swedenborg: Infancia, formación y primeros viajes (28 de julio)

+Swedenborg: Actividad pública y política (29 de julio)

+Swedenborg: Actividad científica (30 de julio)

+Swedenborg: Obra filosófica (2 de agosto)

+Swedenborg: Sueños, clarividencia y quehacer teológico (3 de agosto)

+Swedenborg: Reacciones entre sus contemporáneos (4 de agosto)

+Swedenborg: Muerte y seguidores (5 de agosto)

+Un ensayo de Borges acerca de Swedenborg (6 de agosto)

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Un nuevo profeta de Dios en la Tierra

Los visitantes de la catedral de Upsala, en Suecia, donde yacen enterrados los ciudadanos de mayor renombre de esa nación, pueden ver un magnífico sarcófago de granito rojo sobre el cual se lee el nombre de Emanuel Swedenborg. El sarcófago contiene los restos de uno de los hijos más notables de Suecia. En fecha tan reciente como fuera el año 1910, cuando tardíamente se reconoció el carácter extraordinario de su intelecto, fue el Rey Gustavo V de Suecia quien presidió el tributo nacional con que se decidió honrar su memoria. La inhumación en lugares públicos es una distinción que Suecia reserva a sus reyes, arzobispos, generales o figuras prominentes del mundo intelectual. Muy pocos suecos han ganado el derecho a tal privilegio.

¿Cuál fue el papel que le tocó desempeñar en la historia para que se le concedieran tal atención y honra? La mayoría de quienes visiten la catedral tendrán muy poca idea de quién es ese hombre y cuál puede ser la respuesta a estas preguntas. Pero entre quienes desfilan delante de esa tumba quizá haya algunos intelectuales que recuerden el aporte de Swedenborg a la ciencia y la filosofía de Europa durante el siglo XVIII. Y unos que otros dispersos serán seguidores de aquel hombre para quienes la contemplación de tal santuario será un gesto de reverencia, pues para ellos Swedenborg fue un nuevo profeta de Dios en la tierra.

Nacimiento e infancia

Sus antepasados le legaron, a este eminente ciudadano sueco, múltiples talentos que en parte fueron los que determinaron el curso y tenor de su existencia. Por el lado de su madre los parientes de Swedenborg durante muchos años fueron dirigentes destacados de la industria minera. Su padre, por otro lado, fue un devoto clérigo, de gran inteligencia y celo. En tal hogar, señalado por la combinación armoniosa de lo religioso y lo secular, nació Emanuel, el 29 de enero de 1688, en la ciudad de Estocolmo. Sara Behm, su madre, murió cuando el niño tenía ocho años, pero su espíritu benévolo y manso dio forma al carácter del que había sido su tercer hijo, el segundo varón. Antes de la prematura muerte de Sara en 1696, los Swedberg llegaron a tener seis hijos más.

El padre de Emanuel, Jesper Swedberg, era profesor de teología en la Universidad de Upsala y deán de la catedral. Más tarde llegaría a ser nombrado obispo de Skara. Este cargo incluyó la elevación del rango social de los Swedberg, que ingresaron en la nobleza por gracia de la reina Ulrika Eleonora. Uno de los resultados de este cambio de estado social fue la modificación del apellido familiar, de Swedberg a Swedenborg. El obispo también sirvió como capellán de la familia real, gozando de ese modo de acceso a los círculos sociales y políticos más elevados de Suecia.

Desde su tierna infancia, Swedenborg conoció una atmósfera familiar caracterizada por la reverencia y el fervor religioso. Los hijos del obispo recibieron casi todos nombres bíblicos, para que recordaran siempre su deber hacia Dios y la Iglesia. Emanuel significa "Dios con nosotros" y los primeros años de la vida de Swedenborg son adecuados a tal epígrafe. La familia conversaba frecuentemente sobre temas religiosos, durante las comidas o en otras ocasiones sociales, y el joven Emanuel tuvo frecuentes oportunidades de intercambiar ideas sobre la fe y la vida cristiana con muchos clérigos. Años más tarde, cuando Swedenborg recuerda la influencia de estos primeros contactos con la preocupación teológica, escribe: "Durante todo el tiempo pensaba en Dios, en la salvación y en las enfermedades espirituales del hombre".

Pero la teología, aun cuando ocupaba un lugar de central importancia en el hogar de los Swedberg, no eliminaba otros temas de conversación. La política, la guerra, la filosofía y las tecnologías formaban parte, sin lugar a dudas, de las conversaciones familiares.

Formación y primeros viajes

En junio de 1699, el estímulo intelectual que recibiera en su hogar condujo al joven Emanuel a inscribirse en la Universidad de Upsala, pese a lo prematuro de su edad. El estudiante mostró desde muy temprano un alto nivel de rendimiento intelectual y una visión universal que lo llevó a apasionarse por todas las cosas. En aquella época la universidad ofrecía cuatro áreas principales de estudio: teología, leyes, medicina y filosofía. Aun cuando Swedenborg se concentró en esta última disciplina, su mente inquisitiva lo llevó a profundizar conocimientos en otros campos. La Facultad de Filosofía incluía estudios científicos y matemáticos, pero también tomó cursos en leyes. Siendo que la mayoría de los cursos en la universidad se dictaban aún en latín, también aprendió esta lengua altamente estructurada, a la que agregaría, al año siguiente, el griego y el hebreo. Los viajes que realizaría más tarde, y sus estudios subsecuentes lo capacitarían para el manejo dúctil del inglés, el holandés, el francés y el italiano, además de su idioma natal, el sueco, y las lenguas bíblicas. Como distracción, solía escribir poemas en latín y estudiar música. En este último campo llegó a ser lo bastante bueno como para poder acompañar los cánticos litúrgicos de la iglesia ejecutando el órgano cuando el organista titular faltaba. Una gran ductilidad e imaginación fundadas en la minuciosidad y el espíritu práctico caracterizaron su carrera académica.

Cuando concluyó sus estudios formales en la Universidad, en 1709, hizo planes para un extenso período de viajes y estudios adicionales en el exterior.

En 1710, con veinte años de edad, visitó Inglaterra por primera vez. Gracias a la ayuda de su cuñado, Eric Benzelius, se vio en condiciones económicas de poder estudiar, bajo la dirección de individuos especializados o por su propia cuenta, física, astronomía y la mayor parte de otras ciencias naturales de su época. También se interesó intensamente en la mecánica, y aprendió relojería, encuadernación, ebanistería, litografía y la construcción de instrumentos de bronce, recibiendo instrucción de capacitados artesanos ingleses.

En su visita a Holanda se dedicó al estudio de la óptica, que en aquella época apenas si estaba en sus inicios. Sus investigaciones ulteriores lo introdujeron en los campos de la cosmología, la matemática, la anatomía, la fisiología, la política, la economía, la metalurgia, la mineralogía, la geología, la ingeniería de minas y la química. Por añadidura adquirió una profunda versación bíblica. Como ávido estudioso científico que era logró de manera fructífera mantener largas entrevistas con personalidades destacadas en los más diversos campos del conocimiento científico. En una época cuando muy pocos hombres alcanzaban un conocimiento tan vasto del mundo natural y espiritual, Swedenborg empleó los primeros treinta y cinco años de su vida en un programa intensivo de educación formal y de autodidacta.

Aun cuando se sumergió en el estudio de las ciencias y otros intereses seculares, Swedenborg no abandonó su inicial religiosidad. Retuvo su aceptación de Dios como la fuerza causal del universo y siguió afirmando su presencia universal. Toda la evidencia atestigua que obedeció fielmente el consejo que le había dado su padre cuando debió abandonar Upsala y aceptar un nombramiento en otra diócesis: "Te ruego con todas mis fuerzas que Dios sea siempre para ti lo más importante entre todas las cosas —dijo el obispo—, porque sin el temor de Dios toda la ciencia que adquirirás al educarte, todo el estudio y los conocimientos, no te servirán para nada y pueden llegar a ser ciertamente muy dañinos".

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