Agenda completa de actividades presenciales y online de Emilio Carrillo para el Curso 2024-2025

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22/8/19

El ganso de oro (Los cuentos de Noor Inavat Khan. Alias: Madeline) (19)


    Introducción: ver el primer post en este Blog, con fecha 18/04/2019


EL GANSO DE ORO

Están pasando nubes doradas sobre nuestra ciudad, gritaron un día la gente de Benares, porque el cielo estaba cubierto de oro. No era una nube ni tampoco el oro que una estrella puede dejar a su paso; el oro fluía de las alas de un ganso, un hermoso ganso, volando lenta y majestuosamente en el aire.
El rey miró arriba desde la torre de su palacio. Gran pájaro, exclamo asombrado. Eres verdaderamente el rey de aquellos que surcan el espacio.
Y llamó a sus cortesanos, tocaron música, trajeron guirnaldas  de flores y perfumes y así el rey honoraba a su hermoso visitante. El ganso miró hacia abajo y viendo el rey y a sus cortesanos, las guirnaldas de flores y escuchando una dulce música, se volvió hacia la bandada de gansos que le seguían... ¿Por qué me honra el rey de esta manera? preguntó.
Señor, seguramente el desea ser su amigo, le contestaron los gansos.  Entonces el pájaro dorado descendió al suelo y saludó al rey, retornando luego con sus compañeros en el cielo.
El siguiente día el rey caminaba por los jardines cerca del lago Anokkatta, cuando el gran pájaro vino de nuevo a él, trayendo agua en un ala y polvo de madera de sándalo en la otra. Su visita no fue más larga que la anterior, porque después de rociar al rey con el agua y espolvear el polvo de sándalo sobre él, se reunió de nuevo con sus compañeros y voló hacia su reino de Cittakutta.
A medida que pasaba el tiempo, el rey de Benarés. Añoraba más y más volver a ver el pájaro dorado. Cada día paseaba cerca del lago Anokkatta y cada día mirando al lejano horizonte, suspiraba diciendo: ¿vendrá mi amigo otra vez?
Pero el dorado ser estaba lejos en las montañas de Cittakutta con su manada de noventa mil gansos. Todos ellos amaban a su rey y eran muy, muy felices.
Pero un día, los dos más jóvenes de la manada fueron al rey y tras una profunda reverencia le dijeron: venimos a despedirnos ¡oh rey! No vamos a correr una carrera con el sol.
Pequeños míos, dijo el rey, vuestras pequeñas alas son demasiado débiles para volar con el sol, podríais perecer en el camino, así que sed sabios y no os vayáis.
Pero los jóvenes gansos persistieron y lo pidieron una segunda y tercera vez,  escuchando siempre la misma respuesta de su rey,  por lo que decidieron irse sin su permiso.
Así que, antes del amanecer, se fueron al monte Yughandara y esperaron allí  la salida del sol.
Pero el rey sabía que los pequeños locuelos gansos habían partido y que estaban esperando en Yughandara. Voló rápidamente a la montaña y cuando el rojo sol apareció en el cielo y los dos pequeños gansos extendieron sus alas, los siguió.
Cuando el más pequeño había volado unas pocas horas, sus alas batían débilmente sin ya poder seguir llevándole más lejos. Pero el rey volaba a su lado, y cuando vio que el joven estaba a punto de caerse al suelo, se le acercó, lo tranquilizó y le llevó sobre sus alas a Cittakutta.
Entonces, el dorado ser voló de vuelta junto al otro pequeño ganso, y volando más rápido que el sol, le alcanzó y voló a su lado.
Señor, gritó el joven ganso, no puedo volar más. El gran pájaro le tomó entonces cuidadosamente sobre sus alas y a él también le llevó de vuelta a Cittakutta.
¿Y si hiciera yo una carrera al sol que ahora mismo se encuentra en su cenit?, pensó el gran pájaro. Y traspasando las nubes y taladrando el espacio, sobrepasó el sol mil veces.
Pero después de un rato pensó; ¿qué es el sol para mí, por qué tendría que competir con él? Una misión más grande me espera. Iré junto a mi amigo el rey de Benares y le hablaré sabiamente y el y su pueblo se sentirán felices.
Entonces voló atravesando el mundo entero, de una punta a la otra, hasta que finalmente llegó a Benares.
De nuevo la ciudad se iluminó de un color dorado y descendiendo despacio se posó al suelo.
Mi amigo ha venido, gritó el rey lleno de alegría. Y resonaron aclamaciones de júbilo en todo el palacio. El mismo rey trajo un trono de oro para el pájaro y le rogó: Ven y siéntate conmigo.
Y tras refrescar sus alas con perfumes y darle a beber agua dulce, el rey se sentó a su lado para que pudiesen conversar juntos.
¿De dónde vienes, hermoso pájaro? Desde que sobrevolaste Benares, he anhelado verte de nuevo, de dijo el rey. Vengo de Cittakutta, del silencio de las montañas, contestó el gran ganso. Y le explicó entonces al rey, la historia de su carrera con el sol. Los ojos del rey brillaban, ¿sería posible que pudiera ver tu carrera con el sol? pidió humildemente al pájaro.
No, respondió el ganso, eso nunca se puede ver. Pero es posible que te  pueda mostrar de otra manera la velocidad de mi vuelo. ¿De qué manera, hermoso pájaro? preguntó el rey.
Llama a tus arqueros, dijo el pájaro, y ordénales que disparen todos a la vez,  sus flechas a la pared, y antes de que ellas la toquen yo las cogeré con mi pico. ¡Maravilloso!, exclamó el rey. ¿Puede tu velocidad ser comparada con alguna otra en el mundo, oh milagroso ser? Si, contestó el pájaro, hay una velocidad más grande que la mía. Cien veces más rápida, miles de veces, cientos de miles de veces más rápida; es la velocidad del tiempo. ¡Placeres, ricos palacios!... ¡El tiempo se los lleva más rápido que mi veloz vuelo!
Al escuchar estas palabras, el rey tembló de miedo. Pero el ganso le consoló  diciéndole amablemente: Oh rey, no temas. Si amas a tu pueblo y tratas de hacerlo feliz, ¿qué importancia tiene que el tiempo pase?
De los ojos del rey brotaron lágrimas. Gran ser, dijo, no me dejes mandar sólo. Permanece a mi lado en el palacio y háblame de que yo puedo ser feliz y hacer feliz a mi gente. No, contestó el dorado ser, no me quedaré. Puede que un día, después de que hayas bebido vino, ordenes: matad al pájaro y haremos un festejo con él.
Nunca probaré el vino mientras tú permanezcas aquí, exclamó el rey.
Las voces de los leones y de los pájaros son claras y verdaderas, dijo el ganso, pero las palabras de los hombres no son tan verdaderas. No, regresaré a mi reino y si me quieres seremos amigos en la distancia.
¿Nunca volveré a verte? exclamó el rey. Quizás un día vuelva, dijo el ganso,  y podamos vernos de nuevo
Con estas palabras, desplegó sus alas y se elevó hacia el cielo que se tornó nuevamente dorado y el reino vivió feliz para siempre.


Ya sabéis, os puedo ir mandando estos cuentos de Noor Inavat Khan en PDF, escribir a deeeli@gmail.com

Finalmente aprovecho por si alguien quiere lo publicado, anteriormente, por Deéelij en este Blog sólo ha de decirlo en el mail antes indicado

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