Agenda completa de actividades presenciales y online de Emilio Carrillo para el Curso 2024-2025

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14/9/20

El colapso de los imperios (Visión sistémica del mundo: 35)


Gared Mason Diamond (Boston 1937) es un polifacético científico (biólogo y geógrafo) e investigador norteamericano, conocido mundialmente por dos libros, “Armas, gérmenes y acero” y “Colapso”, dos obras absolutamente imprescindibles para aquellos que deseen comprender un poco de “qué va esto”. En el primero responde a la pregunta de por qué unas civilizaciones perduran y otras desaparecen (por qué Carlos V venció a Moctezuma y no al revés, siendo ambos imperios continentales), siendo la respuesta el propio título del libro “armas, gérmenes y acero”, es decir la capacidad militar, la guerra biológica y la capacidad fabril. El segundo responde a la maldición de que al final, la vida no admite campeones vitalicios y finalmente todos los imperios caen “por su propio peso” (esto del peso es importante).
Estamos ante una maldición que, a lo largo de los siglos no ha tenido clemencia de los imperios, pero sí de las comunidades humanas que se han sabido adaptar a sus necesidades y han respetado el medio ambiente. La humanidad en su conjunto sí ha sobrevivido y sí ha evolucionado. Lo que no lo han hecho han sido los reinos que han querido sacar los pies del plato e ir más allá de sus límites al crecimiento impuestos por la propia Naturaleza. En realidad, siempre ocurre lo mismo, tras el esplendor y, habiendo  anochecido el último día de máxima riqueza y poder, comienza lenta, imperceptible e inexorablemente, el descenso por la pendiente de la degeneración en todos los sentidos, primero de los valores humanos, después de la economía, después las propias leyes comienzan a perder el valor social, son sustituidas por dictaduras y finalmente se produce el gran desastre final, la cata-estrofa (la catástrofe o estrofa final de la tragedia) donde los enemigos que esperaban la degradación del imperio, le ven suficientemente desintegrado como para conquistar el poder e iniciar un nuevo ciclo. Y se da siempre el proverbio de que “un imperio es invencible si antes no se ha destruido por dentro a sí mismo”.
Os traigo a colación un ejemplo que es paradigmático de todo esto.

El colapso maya


Hacia el año 800 dC, la cultura Maya estaba en todo su esplendor, con una población de varios millones de personas. Destacó durante 18 siglos en muchos aspectos culturales tales como su escritura, uno de los pocos plenamente desarrollados en el periodo precolombino; su arte y arquitectura, su sistema de numeración, sus conocimientos en astronomía y su comprensión del medio ambiente. El periodo llamado Clásico, comprende más o menos desde el año 250 al 900 dC. Este periodo se considera como el que los mayas de las tierras bajas levantaron monumentos impresionantes. Este período marcó el apogeo de la construcción a gran escala y del urbanismo, la realización de inscripciones monumentales, y mostró un desarrollo intelectual y artístico significativo, sobre todo en las tierras bajas del sur. El panorama político del período Clásico maya, caracterizado por múltiples ciudades- Estado involucradas en una compleja red de alianzas y enemistades, ha sido comparado con el de Italia durante el Renacimiento o Grecia clásica.
Las ciudades mayores llegaron a tener entre 50.000 y 150.000 habitantes. Pero tras el esplendor sobrevino la decadencia y el significativamente rápido abandono de estas ciudades, durante los siglos VIII y IX. Para la arqueología ha supuesto siempre un gran misterio sobre el que planean varias teorías, ninguna sin confirmar, sobre lo que provocó tal   extinción de sus grandes ciudades.
Para unos, la causa estuvo en la intrusión de los toltecas en Yucatán. Otros opinan que estas invasiones lo fueron por culturas que no pertenecían a la cultura Maya. Sin embargo, la mayoría de científicos no creen que esta fuera la causa.
Se postula sobre la influencia de una ciudad denominada Teotihuacán (el lugar donde los hombres se convierten en dioses), al noreste y cerca de Ciudad de México, cuya influencia en la región pudo provocar algún tipo de invasión militar. Y como estas hay otras tantas hipótesis sobre lo que pudo suceder.
Pero de todas, la que puede ser la más probable fue la derivada del crecimiento exponencial de la población, de la consiguiente y necesaria deforestación para abastecer de recursos agrícolas a dicha población y el consiguiente deterioro del ecosistema selvático.
Esta hipótesis se ha demostrado de una forma muy curiosa, con un modelo de simulación dinámica que demuestra cómo el crecimiento exponencial de la población supuso una presión descomunal sobre el medio ambiente selvático, convirtiendo la jungla en terreno de cultivo (lo mismo que están haciendo en Brasil sobre la selva); un terreno, tan frágil como el selvático que no soportó la deforestación y no pudo soportar el crecimiento de la población. El modelo dinámico demuestra sin género de dudas cómo súbitamente, toda la infraestructura agrícola simplemente colapsó y obligó a la población a huir de allí, a riesgo de morir literalmente de hambre.
La descripción del modelo dinámico está en mi colaboración al Proyecto Sociedad Distópica en: https://sociedaddistopica.com/wp-content/uploads/2019/03/Delgado-Jose-Alfonso.-Li%CC%81mites-al-crecimiento-el-ejemplo-del-colapso-Maya.pdf.
Por si alguno tiene interés en abundar en el tema.
La conclusión es clara, la superpoblación y la sobreexplotación de los recursos naturales, siempre tiene un límite, superado el cual, el colapso más temprano que tarde es literalmente una “certeza matemática”. El libro de Gared Diamond tiene ejemplos para aburrir, desde la Isla de Pascua, los vikingos, varias civilizaciones del Pacífico, el Imperio Romano, el genocidio malthusiano en Ruanda, una severa advertencia a la expansión de China y a los nuevos imperios supranacionales, las grandes corporaciones multinacionales.

De nuevo los dinosaurios


Hemos dicho antes que los grandes imperios caen “por su propio peso”. Y no es una frase hecha, sino que responden a principios sistémicos básicos que son, el tamaño y la complejidad intrínseca.
El tamaño se comporta igual que como afectó a los dinosaurios y la complejidad de igual forma, al tener que desarrollar estos una serie de dispositivos homeostáticos cada vez más complejos para tener un estado estable cada vez más difícil de mantener. Los sistemas ligeros consumen mucha menos materia, energía e información que uno pesado. Un Boeing 747 requiere cuatro reactores con un empuje de 282 kilonewtons cada uno y un depósito de 200.000 litros, mientras que para un reactor privado de negocios bastan con dos reactores de 40 kN cada uno y un depósito de 10.000 litros. No tienen nada que ver, como tampoco lo tienen ciertamente, sus prestaciones. Es decir, a más complejidad, más necesidad de consumo y, no sólo de materia y energía, sino también de información. Sólo hace falta ver la cabina de ambos de los aviones referidos. Y ambos respecto de una avioneta Cessna 172, nada que ver.
En la entrega 22, en la que presenté el Modelo UNO del Mundo, hacía una comparación entre el proceso de extinción de los dinosaurios con el de los grandes imperios. Algo tan descomunal como un animal de veinte metros y veinte toneladas de peso es casi incapaz de adaptarse a situaciones climáticas que cambien súbita y drásticamente.
Nuestro mundo y nuestras organizaciones han alcanzado un incremento de masa y complejidad tal, que casi es un milagro que puedan seguir funcionando. De hecho, si el desarrollo informático no hubiese pasado de la versión 1 o 2.0, posiblemente el mundo actual no sería el que es. Pero sorprendentemente, la Ley de Moore, según la cual, desde 1965, el número de procesadores por unidad de superficie se duplica cada dos años, hace que la capacidad de cálculo y procesamiento de la información crezca de modo exponencial. Y esto hace que nuestra vida, tal y como la conocemos, sea posible y aún no haya colapsado.
Pero esta tendencia no crecerá indefinidamente. Aun así, el salto a los ordenadores cuánticos garantiza en pocos años un salto de escala. Y sí, los sistemas de control garantizan la supervivencia de la civilización. Pero lo hacen casi a expensa de que el ser humano “ceda el control” a las máquinas, a la Inteligencia Artificial hasta que sobrepasemos el “Punto de singularidad”, término acuñado por John von Newman, y que designa el momento en el que el control de las máquinas supere al control del ser humano sobre la sociedad. En ese momento, un escenario como el de Skynet (Terminator) podría ser posible, si las máquinas nos consideraran una amenaza.
Es decir, aquí ya no hablamos casi del futuro de la civilización, sino del futuro del hombre en la civilización. En este sentido, el futuro se nos antoja con un descomunal cúmulo de bifurcaciones que a saber a dónde nos pueden conducir. Si nos ajustamos a las leyes que extinguieron a los dinosaurios, es probable que el ser humano pierda el control de este invento actual que es la civilización, incluso dentro de un Nuevo Orden Mundial, en el que el control de la riqueza esté en poder del Poder mundial y una inmensidad de “epsilones” nos veamos reducidos a esclavos felices (un mundo feliz). ¿Pero cuánto tiempo resistiremos antes de que la IA asuma el control?
Estas preguntas no son baladíes. La trilogía distópica (Un mundo feliz, Fahrenheit 451 y 1984) estamos viendo que no son ya ficción, sino realidad. La cuestión es hasta cuando el dinosaurio que las tres distopías describen resistirá antes del colapso.

Malthus y el problema de la población


Thomas Robert Malthus afirmó que el crecimiento de la población, si no se controla, aumenta como una progresión geométrica. La subsistencia aumenta sólo en progresión aritmética. Con ello, y las descripciones analíticas planteadas en su libro An essay on the principle of population, publicado originalmente en inglés en 1798, se expuso lo que pasó a denominarse la catástrofe malthusiana, consistente en las consecuencias derivadas de la afirmación que el crecimiento de la población humana, libre de contenciones, consistía en un crecimiento exponencial puro, de carácter geométrico, mientras que la producción de alimentos según su argumento, no podría superar nunca un crecimiento de tipo lineal o a lo sumo potencial. De esta forma, puesto que la tasa de crecimiento de la población era más acelerada que la de alimentos, a partir de un cierto umbral de población, Malthus pronosticó que habría indefectiblemente una escasez de alimentos a gran escala lo que conllevaría a una gran hambruna, la cual calculó se sucedería a finales del siglo XIX, específicamente, para la década de 1880. Ved este enlace:
Evidentemente, la catástrofe malthusiana no se produjo, lo que evidenció que su planteamiento, sin dejar de ser correcto, era quizás demasiado simplista, no teniendo en cuenta otros factores que podían tanto amortiguar el crecimiento de la población como potenciar más allá de sus predicciones el rendimiento agrícola y ganadero, como para alimentar a mucha más población de la que él había predicho.
Malthus consideraba que el crecimiento de la población era sí o sí exponencial y el de la producción de alimentos era sí o sí aritmético o a lo sumo geométrico, con lo que el punto de cruce de ambas funciones suponía la crisis por el predicha.
Pierre-François Verhulst fue un matemático belga, que publicó en 1838 (40 años después de la publicación del ensayo de Malthus) una obra que, basada en las estadísticas disponibles de aquel entonces, complementaba la teoría del crecimiento exponencial, o de la progresión geométrica, colocando un factor correctivo en la ecuación diferencial que anteriormente se estaba planteando. Hoy en día se le reconoce principalmente a Verhulst como el descubridor de la función logística, o curva sigmoidea, es decir, en forma de la letra “S”. Su modelo matemático del crecimiento de la población incorpora, básicamente, un elemento que contiene y expresa los factores que frenan el crecimiento sin límite.
Desde los años 1970, y la teoría ha vuelto a recibir gran atención como un ejemplo importante de la teoría del caos, el determinismo y la dinámica de los sistemas complejos, posteriormente como una metodología estadística para la inferencia sobre sistemas sociales basados en datos discretos, especialmente útil en la nueva ciencia de datos, a través de la denominada regresión logística.
La idea fundamental del modelo logístico es colocar un factor que hace que la población se encuentre limitada por elementos o recursos determinados por el ambiente, que impiden que las poblaciones puedan seguir creciendo sin límite, colocando una cota superior para este crecimiento. Por ello se habla de un crecimiento acotado, es decir, limitado. En las ecuaciones puede observarse que la tasa de crecimiento “r” es común a ambos modelos, pero en el crecimiento sin límite esta tasa o razón de crecimiento afecta a la actual población P(t), mientras que en el modelo propuesto por Verhulst, el logístico, la tasa o razón afectará al producto de P(t) y a otro factor, constituido como [ K ─ P(t) ], lo que implica que cuando P(t) crezca, la tasa efectiva de crecimiento disminuirá, a tal punto que la población P(t) nunca podrá superar el valor K, al que efectivamente se le denominará capacidad de carga y representará un valor asintótico que el sistema (o el ambiente) impone a la dinámica poblacional.
La aplicación directa de los principios de crecimiento logístico, se han hecho ya en el crecimiento de la población mundial, viéndose que, en un horizonte temporal suficientemente alejado del presente, como es 2100, la población mundial habrá alcanzado en esa fecha más de once mil millones de habitantes, siendo Asia y a partir de ahora África, los dos continentes más poblados del mundo.
Si bien, estos ensayos pueden suponer los inicios del pensamiento a largo plazo sobre el desarrollo humano, no fue hasta la década de los años sesenta, que se comenzó, por un muy reducido número de expertos a ver que la Humanidad, tras el espléndido resultado de las medidas de crecimiento y expansión económica experimentados en el mundo Occidental al calor de Estados Unidos y en Europa, los efectos del Plan Marshall, podía empezar a creerse el mito del crecimiento económico ilimitado.
Tras la Segunda Guerra Mundial, el mundo experimentó un espectacular incremento del desarrollo económico, valorado en renta per cápita, y una sensación de que la Sociedad estaba a un paso de alcanzar la cima del bienestar, se apoderó de las conciencias de la gente, con un ritmo de crecimiento en todos los aspectos absolutamente espectacular. De modo que poco a poco, en la Sociedad, una vez olvidados los horrores y penurias de la Guerra, sintió esa agradable sensación de absoluto dominio de todo y la de capacidad de poder obtener todo lo que quisiera. Y se construyó su propio becerro de oro, basado en el dinero y en la Tecnología. Con ambas cosas, el hombre comenzó a sentirse todo poderoso. Se relajaron las costumbres, comenzó a propagarse tendencias de relajación moral, el amor libre, el movimiento hippie y, mientras la máquina del dinero y la producción funcionaba a pleno rendimiento, surgió, al hilo de estos movimientos liberadores de toda cortapisa moral, en el eje Europa-Estados Unidos, una cierta tendencia digamos izquierdosa, con un cierto aroma “antisistema” promovida por una juventud que vivió el contrasentido de ser “rebeldes sin causa”, chavales que protestaban por “a saber qué” (quizás en protesta por la guerra del Vietnam), cuando tenían todas las necesidades materiales cubiertas. Y esto desembocó en las protestas del mayo francés del 68.
Mientras tanto, no olvidemos que la élite mundial se veía con fuerza y tecnología suficiente como para iniciar la Guerra tranquila, de la que hemos hablado en el capítulo anterior “Armas silenciosas”.
Como pasmados por todo lo que sucedía, un conjunto de intelectuales se hicieron la pregunta de por qué sucedía todo aquello. Atacaron el problema con objetividad e intuyeron como signo premonitorio, que algo se estaba dejando de tener en cuenta. Frente a una sensación de crecimiento sin límite, sectores de la juventud se manifestaban en contra de todo aquello, amén de que no todo era de color de rosa, había conflictos manifiestos, como las guerras de extremo Oriente, el conflicto de Oriente Medio con la reciente Guerra de los seis días, las hambrunas africanas, como siempre, la Primavera de Praga, el asesinato de Robert Kennedy, múltiples pruebas atómicas en Nevada, la matanza de Tlatelolco, en México. En fin, un año como otro cualquiera, pero, más allá de los acontecimientos, este grupo de intelectuales comenzaron a ver algo que se estaba comenzando a gestar y les inquietaba.
Era como ver en una función aparentemente lineal, los indicios de un futuro crecimiento exponencial que, como bien sabían, en algún momento podría (casi con seguridad) llevar al Mundo a un escenario francamente desagradable.
Este grupo de intelectuales, coordinados por Aurelio Peccei (empresario italiano) y por Alexander King (científico escocés), fundaron el Club de Roma, como lo que ahora se conoce como “think tank”, para investigar con visión a largo plazo, el devenir de un Mundo que parecía haber “sacado los pies del plato”. https://www.clubderoma.net/
Por entonces, en el MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts), trabajaban dos investigadores, Jay Forrester y Donella Meadows, que habían desarrollado con gran éxito una herramienta de análisis prospectivo a nivel industrial y social, denominada “Dinámica de Sistemas” (DS). Fueron contratados por el Club de Roma para elaborar por primera vez en la Historia el primer estudio prospectivo del Mundo.
El resultado fue el Primer Informe al Club de Roma, titulado, “Los límites del crecimiento”, donde se mostraba la evidencia matemática de que el Mundo, de seguir la tendencia que había establecido de crecimiento económico y social, en una proyección a muy largo plazo (más allá de un horizonte de cincuenta años), estaba abocado a sufrir un colapso económico y social en algún momento de la primera mitad del Siglo XXI.

Un colapso global en algún momento de la primera mitad del Siglo XXI

El informe se publicó en 1972, año en el que los problemas causados por el DDT, el plomo añadido a las gasolinas y la contaminación de los ríos llevaron a la celebración de la primera conferencia internacional sobre el medioambiente, la Conferencia de Estocolmo, que de forma un tanto retorcida se denominó oficialmente Conferencia de Naciones Unidas sobre Medio Humano. Las conclusiones del informe y el libro son sencillas: no es posible el crecimiento infinito de los flujos de materiales, energía y residuos que produce la economía humana en un planeta finito. Y por ello tampoco lo es el crecimiento económico. Algo muy parecido han dicho recientemente 15.364 científicos de 184 países.
Aquel estudio se basó en un modelo DS (usando la técnica “Dinámica de Sistemas”) del Mundo (World2) que efectuó la simulación del comportamiento básicamente de cinco variables, 1.-la población, 2.- el capital invertido, 3.- los recursos naturales (en genérico), 4.- la fracción de capital dedicado a la agricultura y 5.- los niveles de contaminación. Recursos y contaminación, orientan el modelo a averiguar cuáles serían los niveles máximos de sobrecarga soportables por la Tierra y por la Humanidad, haciendo entender que ni los recursos son fuentes inagotables ni los residuos, sumideros también inagotables.
Fue el primer intento de demostrar la validez del crecimiento logístico de la humanidad.
La simulación de este modelo, con ser muy simple, y el primero que se diseñó hace cincuenta años, muestra claramente dos tipos de comportamientos que fueron los que pusieron en guardia a los analistas, y de donde surgió el concepto de los límites del crecimiento mundial, y el riesgo que podía encerrar a largo plazo.
Construido el modelo, las simulaciones pudieron mostrar muchísimos escenarios, dependiendo del horizonte cero del que se partiera. Pero de todos los escenarios posibles, dos son los más importantes. El primero muestra un enfoque maltushiano, cuyo resultado final es tal que, una vez disminuidos los recursos naturales por debajo de un cierto umbral, la población disminuye por hambruna, respondiendo a la inercia natural del sistema. El segundo muestra un enfoque denominado de “optimismo tecnológico”, en el que el agotamiento de los recursos se ralentiza a base de aportaciones tecnológicas que conseguirían una mayor eficiencia de estos. Pero, el resultado es un incremento inusitado de la contaminación por la sobre explotación de los recursos, que provoca al final un colapso considerablemente más dramático que el primero.
Con este modelo, se podía ya intuir con una evidencia matemática que, posteriores ensayos confirmarían, que el destino del mundo corría un serio peligro, si se dejaba sin control, algo que parecía no tener límite, la ambición humana por alcanzar cada vez más mayores cotas de bienestar y de nivel de vida, en otras palabras, el denominado “estado del bienestar” no era un futuro deseable, sin tener en cuenta sus consecuencias.
Sólo eran viables dos escenarios, el primero, aquel en el que se mantuviera el nivel de consumo y población en las cotas de 1970; el segundo en el que el consumo de recursos y crecimiento de población fuera suficientemente lento y con apoyo tecnológico suficiente como para evitar el disparo exponencial de ambas variables. Cualquier otro escenario era demoledor, siendo una variable absolutamente necesaria de mantener bajo control, la población.

Conclusión


La respuesta del Gobierno USA a tales vaticinios fue la elaboración del NSSM200 (National Security Study Memorandum 200), en la que Henry Kissinger recomienda literalmente “mantener a determinados países en vías de desarrollo de Asia, África y América latina en niveles bajos de desarrollo (una forma suave de pobreza) y de población, porque sus recursos serán necesarios en Estados Unidos en el Siglo XXI”.
Ver el documento ya desclasificado en:
Que cada cual saque sus propias conclusiones.

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Autor: José Alfonso Delgado (Doctor en Medicina especializado en Gestión Sanitaria y
en Teoría de Sistemas) (joseadelgado54@gmail.com)
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La publicación de las diferentes entregas de Visión sistémica del mundo se realiza en
este blog, en el contexto del Proyecto Consciencia y Sociedad Distópica, todos los lunes
desde el 20 de enero de 2020.
Se puede tener información detallada sobre los objetivos y contenidos de tal Proyecto
por medio de su web: http://sociedaddistopica.com/
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