Agenda completa de actividades presenciales y online de Emilio Carrillo para el Curso 2024-2025

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27/6/19

Los dos cerdos (Los cuentos de Noor Inavat Khan. Alias: Madeline) (11)


Introducción: ver el primer post en el blog (18/04/2019)


    LOS DOS CERDOS

Tic tac... ¿quién esta pasado por el camino?, pensaron dos pequeños cerditos  en el borde de la carretera de su pueblo. Era una pequeña mujer anciana, tan redonda como el sauce que se arqueaba en el lago.
Tic tac, crack crack, crujía su bastón mientras caminaba y cuatro pequeños y atemorizados ojos, asomaron entre la hierba.
¿Quiénes sois vosotros pequeños? Gritó la anciana. ¿Os ha dejado solos vuestra madre? Venid a mi cesto; os llevaré a mi pequeña casa cerca de Benares y seré vuestra madre.
Y ella cogió a los dos pequeños cerditos y los puso en su cesta que estaba llena de algodón que había traído de los cotonales. Luego siguió su camino, tic tac, crack crack... hasta llegar a su pequeña casa, allí sacó a los cerditos de la cesta y los puso sobre sus rodillas y se rió y sonrío y se sintió enormemente tan feliz. Llamó al mayor Mahantundila y al más pequeño Cullantundila.
Pasaron días y años, y la pequeña anciana alimentó a sus dos cerdos y los amó como a sus propios hijos.
Pero un día una gran fiesta tuvo lugar en el pueblo de al lado. Y los hombres del pueblo bebieron todo el día hasta que estuvieron muy borrachos, y habiendo comido toda la carne que había en el pueblo, y estando aún insatisfechos querían comer más. Así que fueron a la pequeña anciana y le dijeron: Madre, aquí tienes dinero, danos tus cerdos a cambio.
No, ella contestó, no os los daré. ¿Se dan los hijos por dinero?
Ellos no son niños, madre, son cerdos, dijeron los hombres. ¿Qué harás tú con ellos más adelante? Dánoslos a nosotros ahora, y todas esas monedas de oro serán tuyas. Pero la pequeña mujer sacudió su astuta cabecita.
Entonces los hombres la hicieron beber y cuando estuvo borracha, le dijeron de nuevo: madre toma este dinero y danos los cerdos.
No te puedo dar a Mahatundila, pero toma a Cullatundila, dijo ella, y poniéndole arroz en un pequeño bol en la puerta, llamó: Cullatundila, ...Cullatundila...
Y Manhatundila, oyendo la llamada, pensó: madre nunca ha llamado a Cullantundila primero que a mí. ¿Qué peligro se cierne hoy sobre nosotros?
Mientras, Cullantundila fue hacia la anciana, pero viendo el bol en la puerta y a tantos hombres de pié a su alrededor, con cuerdas en sus manos, volvió hacia Manhatundila con su corazón temblando de miedo. Hermano, dijo Manhatundila: ¿por qué estas temblando así?  Madre ha puesto un bol en la puerta y hay hombres con cuerdas parados alrededor. Tengo miedo hermano, algún peligro se cierne sobre nosotros.
Los apacibles ojos de Manhatundila se posaron tiernamente en su hermano, y en dulce voz baja le dijo: tu cabeza está en peligro, hermano no te aflijas. Que sepas que para ese día hemos sido criados y alimentados. ¡Ay! es nuestra carne lo que los hombres quieren. Ve Cullantundila; contesta a la llamada de madre.
Luego, conmovido por las lágrimas en los ojos de su hermano, dijo estas palabras: báñate en la piscina de agua, como en el día de la brillante fiesta                                                             y encontrarás un perfume que nunca se desvanece.
Y mientras hablaba el mundo cambió. Las pequeñas flores del césped abrieron sus corazones para escuchar, los árboles inclinados por el viento guardaron silencio, y los pájaros detuvieron su vuelo. Los hombres y la anciana dejaron de estar borrachos y las cuerdas se cayeron de sus manos. La dulce voz penetró en la ciudad de Benarés y fue escuchada por miles de ciudadanos, ricos y pobres. Todos se emocionaron hasta las lágrimas y todos a una se apresuraron a ir en la dirección de la que provenía la voz,  hasta que llegaron a la pequeña casa, dónde rompiendo la valla y se apiñaron alrededor.
Cullatundila estaba perplejo, ¿por qué dice estas palabras mi hermano? Nosotros nunca nos hemos bañado en una piscina con agua ni hemos encontrado un perfume.  Dime hermano, ¿qué es eso de la piscina con agua y qué es el perfume que nunca se desvanece?
Mahatundila contestó, y la multitud guardó silencio. La piscina de agua es amor, y el amor es la fragancia que nunca se desvanece. No estés triste hermano, no estés triste de dejar este mundo. Muchos se quedan y son infelices, muchos se van y la alegría está en ellos.
La dulce voz alcanzó incluso, la cúpula de mármol del palacio y el rey de Benares se emocionó hasta las lágrimas.
En cuanto a la multitud, los miles de ciudadanos agitaban sus manos y emitían fuertes gritos de júbilos. Llevaron a Mahatundila y a Cullatundila al palacio, dónde el rey dio órdenes de que los hermanos fueran bañados con los perfumes más dulces y vestidos con trajes de seda. Les fueron regaladas joyas para colgar alrededor de sus cuellos y a partir de entonces, mientras vivió el rey, habitaron con él en el palacio y todas las disputas le fueron presentadas a  Mahatundila y resultas por él.
Finalmente, en la plenitud de sus años el rey murió y Mahatundila y su hermano, abandonaron la ciudad para vivir en el bosque, con gran dolor por parte de la gente de Benares, que lloraron su partida.
Pero el reinado de la justicia no terminó en esta tierra. La gente continuó viviendo juntos en amistad, y todos vivieron felices para siempre.


Ya sabéis, os puedo ir mandando estos cuentos de Noor Inavat Khan en PDF, escribir a deeelij@gmail.com

Finalmente aprovecho por si alguien quiere lo publicado, anteriormente, por Deéelij en este Blog sólo ha de decirlo en el mail antes indicado

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