Agenda completa de actividades presenciales y online de Emilio Carrillo para el Curso 2024-2025

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13/12/21

Místicos del siglo XXI (Proyecto “La Física de la Espiritualidad”: 50)


Como coda final a esta serie de capítulos sobre la vida espiritual integrada en la vida física, sobre lo somático y lo sutil del ser humano; en la distopía interior y exterior que supone haber erigido a lo largo de la Historia de la Humanidad un muro de separación entre “yo” y lo demás e internamente entre “yo” y mi más profunda realidad, resumida en el conflicto entre la mente y el alma, entre lo físico y espiritual de nosotros mismos, quisiera dedicar estos dos últimos capítulos y la conclusión a proyectar todo lo expuesto referido a la vida interior, para proyectarlo a la vida exterior a cada uno de nosotros.

La historia de Marta y de María, su camino ascético hacia Compostela y la travesía mística hacia el divino Océano de Dios, no sólo es algo que sucede en lo más profundo de cada uno de nosotros, sino en relación con nuestro exterior, al mundo en el que nos relacionamos con los demás.

Cuando Jesús de Nazareth les dice a sus discípulos instantes antes de salir para el Huerto de los Olivos en la noche de su Pasión, “amaos los unos a los otros como yo os he amado”, como el mandamiento nuevo que resume todo su mensaje, significa que tal y como Él nos ha amado, es decir, hasta el extremo, también así hemos de amarnos los unos a los otros, hasta el extremo.

Sólo es posible llegar a este extremo de amor oblativo e incondicional, si vemos a Dios en el otro, en otras palabras, si “todo lo que vemos es Dios” y Dios está en todo lo que vemos. Pero ya creo que hemos podido ver que, la mera práctica religiosa convencional, ayuda en el camino hacia ese final, pero no es el final, porque con sólo la práctica religiosa, todo nuestro ser está inundado y adulterado de nosotros mismos y nuestro “yo” mental constituye la base de nuestra vida y, para satisfacer las aspiraciones de nuestro “yo” mental enfocamos nuestros proyectos de vida.

No experimentamos a Dios cuando hacemos ritos litúrgicos o rezos prefabricados, si antes, en nuestra celda, a oscuras y en lo escondido no hemos vivido la presencia de Dios en lo más profundo de nuestro ser, que de eso, justamente de eso, va todo este asunto de la espiritualidad. Podemos, si acaso, emocionarnos con el cántico de una salve o el paso de una procesión en Semana Santa, pero esto no va más allá de la pura emotividad.

Por eso es condición sinequanon experienciar a Dios dentro de nosotros para acercarnos tímidamente a ese desiderátum de Jesús, “como yo os he amado”.

“El cristiano del Siglo XXI será un místico, alguien que ha experimentado a Dios en su vida, o ya no será nada”. Karl Rhanner

Es por ello que Rhanner sentenció esta frase en los albores del Concilio, porque era evidente cómo la Iglesia católica, a base de paños calientes y de una religiosidad trentina, cuatro siglos obsoleta respecto de las necesidades del Mundo de hace sesenta años, advierte de que era hora de ser conscientes de que la Religión, o elimina la inmensa hojarasca de hojas muertas que durante siglos estaba ocultando el tronco vivo que la mantiene, como diría Karlos Bliekast en su libro de también aquella época “ser cristiano, esa gran osadía” o, terminará por derrumbarse como castillo de naipes, como organización humana que no ha sabido responder al mandato de Jesús.

Místicos a pie de calle

En otras palabras, la figura del místico cristiano, sufí, vedanta o taoísta, ha de perder el arquetipo estereotipado del levitante monje de clausura, para saltar a la calle, para mezclarse con la gente y compartir con ella la vida corriente, los trabajos y las tareas doméstica y laborales normales. Bendito sean los monjes de clausura de los monasterios cristianos y sufíes, de los lamasterios tibetanos y demás centros de espiritualidad profunda, porque ellos, con su oración, sostienen la vida activa de sus almas hermanas que viven en el mundo.

Pero el mundo necesita místicos callejeros, con los que nos crucemos en la calle, viajemos en el metro y compartamos despacho en el trabajo; a los que veamos en las clases de yoga o en las sesiones de reiky, de quien recibamos el consuelo en los hospitales y a quienes se los demos en una cafetería tomando café o mediante una videoconferencia.

Por otra parte, la mística ha de pasar de ser objeto de los expertos en alta teología, para ser el modo de vida normal y corriente de cada vez mayor porcentaje de personas. La especialización termina poniendo orejas de burro a los expertos y les impide ver más allá de su ámbito de especialidad.

En los años ochenta, cuando la Informática aplicada a la Medicina empezó su gran desarrollo, los ingenieros en biotecnología e informática, llegaban a decir que la Medicina era lo suficientemente importante como para que no estuviera en manos exclusivamente de médicos, que debía ser una ciencia multidisciplinar. Esto mismo se puede decir del Derecho, o de la Economía, porque la especialización y con ello el derecho de exclusividad de palabra por parte de los expertos especialistas, hace de las diferentes disciplinas científicas y humanas, reinos de taifas que levantan muros de intrusismo profesional. Esto también sucede con la religión y con la teología, que son suficientemente importantes para la vida de la gente, como para que esté exclusivamente en manos de curas y de teólogos.

Acaso me refugio en este hecho para atreverme a hablar y escribir de espiritualidad sin ser ni cura ni doctor en Teología. Porque la espiritualidad es lo más íntimo y personal de un ser humano y, si bien se agradece que hombres y mujeres doctos y santos nos puedan indicar el camino y ayudar en nuestra búsqueda de la Verdad, también es de agradecer que personas normales y corrientes que han experimentado a Dios, sin ser doctos en la materia teológica, también cuenten sus relatos y sirvan para que otros puedan decir “cuando sea mayor, quiero ser como tú”. Es la diferencia de poner como ejemplo de delgadez a una top model o a una señora que con esfuerzo consiguió bajar diez kilitos.

Avanzadilla de la Sexta Raza

Antes de emocionarnos sobre cómo será la Humanidad de la Era de Acuario o la Sexta Raza Raíz o la Gloria bendita, hemos de ser conscientes de que hemos de vivir tiempos recios, tal y como Jesús nos anticipa en Mateo 24.

Los actuales místicos del Siglo XXI, que van poblando cada vez más las calles de la ciudad y las aldeas de los campos, podemos decir sin temor a equivocarnos, que somos la avanzadilla de la Sexta Raza Raíz.

Tal y como hemos podido evidenciar en los últimos tiempos y con las diversas voces de alarma que la Sociedad está recibiendo de diferentes sectores de vigilancia social que están arrojando señales sobre la delicada situación de nuestro Planeta y de nuestra Sociedad, señales que hemos tratado de resumir los autores del libro “Consciencia y Sociedad distópica”, no es ya exagerado que estamos viviendo el “Dominus flevit” de Cristo, cuando Jesús, delante de las murallas de Jerusalén, lloró y se lamento “¡Jerusalén, Jerusalén!, que matas a los profetas y apedreas a quienes te han sido enviados Y empezó a describir el final de esta generación, la abominación de la desolación anunciada por el profeta Daniel, como jamás ha sucedido desde el inicio de los días ni volverá a haber. Habrá falsos mesías, signos portentosos que harán dudar hasta a los elegidos.

El Apocalipsis concluye este relato de Jesús con el triunfo de la gran meretriz y de la bestia. Tal será la calamidad que si se alargase demasiado, nadie podría salvarse. Y el Sol se oscurecerá, la Luna no alumbrará y las estrellas del cielo caerán. Y lo que ahora denominamos “la élite mundial”, materialización de la bestia o la gran meretriz del Apocalipsis, como Emilio Carrillo expuso en sus charlas en el Rincón de Kiko, allá por abril de 2021, ya está preparando el terreno para llevar a cabo el “Gran Reinicio 2030” a propósito del Covid, con la llegada de un falso mundo feliz de amor, paz y seguridad, basado en unos regímenes “capital-comunistas” al estilo chino, cada vez más totalitarios, en falsa democracias y en esa frase que se viene oyendo insistentemente, “no tendrás nada, pero serás feliz”, pues viviremos del dinero de helicóptero que esa élite, poseedora de toda la riqueza mundial, nos esparcirá desde el aire.

Ved este video de Emilio Carrillo: https://youtu.be/pB84bTmAn38 merece la pena.

En tiempos recios como los que se describe en Mateo 24, el Apocalipsis y explica brillantemente Emilio en su videoconferencia, es cuando los místicos del Siglo XXI de Karl Rhanner, comenzarán (o están comenzando) a hacer su aparición en medio de nosotros. Los pioneros de la próxima Raza Raíz ya están en medio de nosotros. Simplemente hemos de saber buscarlos entre la gente. No están entre los grandes de las redes sociales o de la fama publicitaria (o acaso alguno sí). Son como los pájaros que pian en el silencio de la noche y a los que es imposible escuchar en medio del ruido ambiente, como refiere Soren Kierkegaard en su diario íntimo:

Al místico se le oye como se perciben ciertos gritos de pájaros, sólo en el silencio de la noche; por eso, con suma frecuencia un místico no adquiere importancia en medio del bullicio de su ambiente, sino mucho tiempo después, en el silencio de la Historia, para las almas afines a la suya, y que le escuchan.”

Pero en estos momentos, no sé si tenemos “mucho tiempo después”, razón por la que tanto nuestros oídos como nuestra voz han de estar preparadas para escuchar y para transmitir.

Para escuchar

Para escuchar las manifestaciones de Dios en todos los momentos de nuestra vida, por la que los místicos del Siglo XXI se están manifestando a nosotros sin palabras, pero con gestos, actitudes, a veces sorprendentes y que puede que no estén al frente de las revueltas callejeras, sino en la intimidad de sus hogares y en sus humildes puestos de trabajo. Es lo que decía Jesús sobre los frutos de la higuera, como anuncio del verano y forma de intuir la cercanía de los hechos que relata en Mateo 24.

En nuestro caso, los brotes verdes de la higuera están siendo esas manifestaciones de Dios a través de los místicos del Siglo XXI. Pero para escuchar, debemos no juzgar y saber perdonar, porque también los místicos cometen errores, como todo el mundo. No son seres angelicales candidatos en vida a la canonización. Son seres normales, personas de carne y hueso que saben vivir la Divina Realidad y “todo lo que ven es Dios”.

Puede que no tengan grandes dotes expositivas ni sepan dar grandes discursos ni conferencias, pero su sola mirada calma el desasosiego e infunde la paz de espíritu que llevan dentro.

Y puede que ni ellos mismos sean conscientes de que son seres de luz, niños índigos, el parénquima social del bien capaz de neutralizar el mal que difunden “los hijos de la Gran meretriz” del Apocalipsis.

Para transmitir

Para transmitir la luz divina que todos nosotros llevamos dentro de nuestro corazón. Nosotros somos la luz del mundo, la sal de la Tierra. Hemos de ser conscientes de ello, porque si no, si aún teniendo dentro de nosotros a Dios manifestado, no sabemos evidenciarlo ante los demás, y no precisamente con sermones ni discursos inspirados, sino simplemente con nuestro buen saber hacer, seremos como aquel al que Dios le dio un talento y por miedo lo guardó en la tierra por temor a perderlo.

Remito lo que dije al hablar de los Santos de Dios, “somos hacedores de santos”, sabiendo perdonar y renunciando a hacer juicios de valor.

Cuando uno lee a los místicos renacentistas y piensa lo difícil que debe ser llegar a esas cumbres de espiritualidad sublime, se desilusiona, porque para él es imposible. Somos demasiado frágiles y torpes para alcanzar esas cumbres… Como si dependiera de nuestro esfuerzo y trabajo conseguirla.

Si nos he dado y regalado. Sólo tenemos que decir sí, “fíat”, hágase, y dejar que las cosas sucedan poco a poco.

Hologramas de la Humanidad

La evolución espiritual que hemos visto a lo largo de toda esta serie de capítulos, con ser la que experimentamos los seres humanos que optamos por tomarnos en serio la Presencia de Dios en nuestras vidas y darle a Él la oportunidad de que se manifieste en lo más profundo de nuestro ser, la está experimentando también la Humanidad a lo largo de la Historia. La evolución cíclica de las referidas razas raíces de la Teosofía desde la densidad extrema de lo somático en la Primera Raza protoplasmática, pasando por la Hiperborea, la Lemúrica, la Atlante y la nuestra, la Aria, hasta la próxima y futura Sexta Raza, no es más que esa evolución desde lo eminentemente físico y somático, hasta lo eminentemente espiritual o álmico, donde se fusionan en un todo con la Divina Realidad.

Así que los ciclos humanos son ciclos de evolución mística de la Humanidad en su conjunto. Es un Camino de Santiago y una navegación oceánica desde los arcanos tiempos primarios hasta nosotros, que puede ser que estemos en el tránsito entre Compostela y Finisterre, a punto de descubrir, con el advenimiento de la Sexta Raza, en Acuario, el inmenso Océano de Dios, donde Él no será ya una intuición religiosa, sino la evidente realidad de la Consciencia en estado puro.

Cada uno de los habitantes de este Planeta, cada uno de nosotros, resultamos ser algo así como un holograma de la Humanidad, un reflejo fiel de la especie humana en un momento de su evolución. Si calculáramos los valores estadísticos de la evolución espiritual de cada ser humano, para la Humanidad el resultado sería la media aritmética de todos nosotros y, por supuesto, la desviación típica y la varianza, darían fe de la dispersión de esos valores entre los humanos que en la actualidad podría decirse que aún siguen en el estado evolutivo de los lémures o atlantes, entre los que estarían las personas más primarias, viscerales y materialistas y, los humanos altamente evolucionados, que serían los santos de Dios, los grandes místicos de todas las religiones.


Puede que este símil, que me acabo de inventar pueda extrañar al personal, pero creo que es muy gráfico a la hora de explicar de qué estoy hablando. Las curvas, denominadas “curvas de Gauss”, representan el modo en el que se agrupan los datos relativos a una población, en este caso, la evolución espiritual de la Humanidad. Las curvas centradas con colas simétricas representan a poblaciones que tienen medias y dispersiones normales, algo así como un 50/50 que están por encima o por debajo de la media aritmética. Las curvas desplazadas a izquierda o derecha suponen un sesgo o desplazamiento de la media a un lado o a otro, lo que significa que la mayoría de la población muestra una media, pero sus variaciones se agolpan en un extremo de la curva o en otro.

Tomando el sector izquierdo como el área que representa estadios evolutivos bajos y el derecho estadios evolutivos espiritualmente elevados, la pregunta es saber cómo se encuentra en la actualidad la Humanidad, centrada en torno a una media poblacional razonablemente evolucionada, agolpada hacia el extremo altamente evolutivo o hacia el contrario. Según Mahatma Gandhi, que afirma que el bien sobreabunda ampliamente respecto del mal, la situación de la Humanidad, a las puertas de la Sexta Raza o del Paraíso cristiano, todo haría pensar que estamos la mayoría agolpados en la rama derecha con una larga cola de seres humanos materialistas, pérfidos y malvados, hijos de la gran meretriz, que han convertido este mundo en un infierno.

No lo sé. Nadie lo puede saber, sólo Dios.

Lo que sí sabemos y hemos de ser conscientes es de que cada uno de nosotros somos responsables de colocarnos, bien aleatoriamente en las curvas centrales o de tratar de contribuir a que el conjunto de la Humanidad tienda hacia la zona derecha y luminosa de la curva.

Cada uno de nosotros somos responsables del devenir de la Humanidad, como si cada uno de nosotros fuera la propia Humanidad, su holograma más representativo.

A esto es a lo que conduce ser conscientes de que todos somos Uno, de que somos “uno sin segundo”, que existe una relación directa entre mí y la Humanidad entera; que no soy un individuo aparte, egóico y libre de pretender lo que se me ocurra para mi propio beneficio; que cada cual lleva a toda la Humanidad a sus espaldas, como Jesús llevó y continúa llevando a sus espaldas la cruz de toda la Humanidad.

Por eso es por lo que es absolutamente imprescindible que las religiones sean las primeras que consigan derribar los muros doctrinales que las separan, que sean las avanzadas en este proceso “no dual” que necesita la Humanidad para evolucionar hacia la Era de Acuario o hacia estadios más evolucionados de espiritualidad. De no ser así, las propias religiones, sus estructuras, dogmas y organizaciones formarán parte de la Bestia del Apocalipsis, cosa que se está pensando que puede ser así, si ellas, con sus rigideces doctrinales insisten en separar al mundo con un mismo Dios.

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Autor: José Alfonso Delgado

Nota: La publicación de las diferentes entregas de La Física de la Espiritualidad

se realiza en este blog, todos los lunes desde el 4 de enero de 2021.

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