Escrito por Nakaiet. Versionado por Deéelij.
Nakaiet, no parecía haber concluido en nuestro encuentro
cuando a la mañana siguiente, tras dormir al raso, desperté al olor de algo que
se estaba haciendo en una especie de cazuela, que no adivinaba cómo había
“fabricado” sobre el fuego de una pequeña candela.
-
Buenos días – dijo al advertir que mis ojos
habían vuelto a ver la
luz del día - ¿Quieres probar
unas patatas cocidas con algo de hierba buena?
-
Va a ser un desayuno distinto, pero sí, lo
quiero probar.
¿Iba a
desayunar eso? Sería la primera vez en mi vida para ser la primera vianda en
llevarme a la boca. Tenía pensado comer las galletas que llevaba en la mochila
acompañadas de un buen trago de agua. Era lo previsto, y luego bajaría al
pueblo donde aprovisionarme para los dos siguientes días que tenía previsto en
esa escapada campestre.
La verdad es
que había hecho un plato rico consiguiendo una textura en la patata que no
sabría describir, no era crujiente en modo alguno, aunque la parte externa estaba
algo más dura que el interior que se deshacía como gelatina acariciando el
paladar a modo de caricia… sorprendente, ese bocado matinal. Lo curioso es que
Nakaiet no se alimentó.
-
Por cierto, ¿de dónde has sacado estas patatas
y en
especial, por
qué no desayunas?
-
Este cuerpo que observas – decía con una mirada chisposa – es una
proyección física de mi cuerpo
real en este mundo que habitas, por ello no necesita de alimento; y las patatas
las he cogido de un sembrado que existe a unos momentos más al norte.
Si bien me había más que sorprendido, asombrado, por lo de
su proyección física que parecía un cuerpo material y sólido, la pregunta que
me salió fue bien distinta.
-
¿Has robado las patatas?
-
¿Aquí lo llamáis así?
-
Sí, evidentemente, si te hubieran visto te habrían
denunciado.
-
¿Crees que me han podido ver? Espetó a
carcajada limpia.
Una vez más
me asombró. ¿Acaso es que nadie la ve más que yo? Iba a preguntárselo, obstante
ella se pronunció antes que yo hiera algo al respecto.
-
Anda, andemos un poco y te amplío lo que
solicitaste anoche.
Recogí la
mochila. Ella se recogió a sí misma; y empezamos a andar, hacia el norte,
alejándonos del pueblo inmediato al que había llegado el día antes en un bus
desde la ciudad. El Sol iba amaneciéndose, amaneciéndonos, dejando una sombra
alargada a nuestra izquierda; no obstante, me di cuenta que sólo había una
sombra, la mía; eso me asombró de golpe; pese al asombro más me inquietaba
resolver algunas otras cuestiones que ésta de la única sombra; pese a ello, la
dejé florecer en su verbo; lo que quería que me contara tenía mucho más interés
que el resolver el asombro de la sombra, pues mi entendimiento ronroneaba
acertando qué podía ser eso que me asombró; así que dejé esa cuestión aparcada; y la cuestión, central,
es que por el momento no quería comprender lo excelso de lo que me acontecía.
Me dejaría llevar.
-
Has de
considerar que cuando se produce el
rechazo a alguien, e
incluso a una opinión e idea,
sea del índole que sea, al mismo instante, se está produciendo una acusación a
la persona, a la opinión e idea expresada. Distinto a reprochar algo así, es
establecer un diálogo, en incluso un intercambio de pareceres, lo que es un
debate, sin que jamás se produzca una discusión. Lo menciono, porque en este,
tu mundo de acogida, es muy fácil confundir un debate con una discusión. Lo
habitual, y no por ello es lo normal, es que se establezcan discusiones cuando
hablan de debates. Añado – apuntaló, observando que quería hablar -, habéis
normalizado lo anormal: habéis establecido que lo “normal” es discutir, cuando esto es lo “anormal”. ¿Comprendes?
-
Comprendido, no obstante, me gustaría que
aclares más el por qué
tras un reproche llega una
acusación, no termino de observarlo exactamente.
-
Es sencillo, como todo, de veras, todo es
sencillo, sólo que se hace
complicado cuando no se está en
la labor de escuchar; y esto es un apunte a lo que preguntas. Observa, que si
te reprocho, por ejemplo, esas botas que llevas puestas, y aludo a que son
horrendas, al instante, te estoy acusando, por ejemplo, de mal gusto, o de lo
que sea que puedas pensar que va tras el reproche; que lo que va, primero, es
un adjetivo, el de horrorosas las botas, y luego le acompaña la acusación con
un descalificativo, pues lo que he usado en el reproche es un adjetivo
calificativo, en este caso descalificativo, y por ello hay una acusación. ¿Lo
comprendes ahora?
-
Sí, un reproche lleva una adjetivo
calificativo, que al mismo tiempo
le acompaña la propia
calificación que asimilo como descalificativa. Por tanto, y acabo de darme
cuenta, cualquier adjetivo, con el que reprocho algo a algo, tiende a ser una
descalificación y, por ende, una acusación. Pillado.
-
Perfecto. Pues lo que sucede en el
reproche, es que la
otra parte
se siente acusada; y acto
seguido la discusión, e incluso la pelea ya están servidas.
En ese momento habíamos llegado a lo alto del repecho que
estábamos caminando, y al término de sus palabras, se giró y entró en el
sembrado donde había cogido las patatas el día antes. No sabía qué iba a hacer.
Me quedé observando. Siguió andando hasta casi perderse a media cintura entre
las plantas de los diversos cultivos que ahí crecían. Y del mismo modo, y como
si todo ello hubiera sido un tiempo sin tiempo, Nakaiet volvió al camino, a mi
lado.
-
¿Crees que alguien me ha visto?
-
Yo sí, te he visto, aunque no he visto más que
paseabas.
-
¿Ves? Sólo tú me ves. Me ves, porque así lo has
decidido. Incluso
porque así lo has requerido. Por
ello que nadie podrá acusarme de eso que dices de robar unas patatas. Al único
al que pueden acusar es a ti – aludía riendo -, que es al único que se puede
ver por aquí.
Reí también, no quedaba otra. Podrían acusarme de robar
patatas, si me hubieran visto tomarlas...
En ese instante me di cuenta de la palabra “acusación” Justo
de lo que estábamos hablando. Y me pregunté ¿tanto nos acusamos los unos a los
demás, y los demás a uno?
-
Sí, tanto que es tantísimo. Y sí, te he leído
el pensamiento. Ojalá
os comunicarais telepáticamente,
entonces jamás habría el reproche, ni por tanto la acusación que le sigue, y
desde luego, tampoco el reproche seguido de la acusación terminaría en una
exigencia que suele sonar a anulación y/o imposición. Así os tratáis, es lo más
usual en este mundo confinado en el reproche sin parar. Y que conste, que mi
mundo no se libra de lo mismo, pero está aprendiendo, enmendándose hacia la
sencillez.
-
Veamos, Nakaiet, ¿por qué el final del uso
del reproche al
que le
sigue la acusación concluye en una
exigencia, por qué, no lo observo?
-
¿En serio? Vamos, que eres muy capaz
de deducirlo. Tómate tus
adecuados instantes, medítalo. Y luego me lo expones.
No querrás que haga todo el discurso yo, ¿o sí?
-
De acuerdo. Espera, reflexiono y te digo.
No me quedó
otra sino que aclarármelo. Era evidente que ella no iba a dármelo mascado. Así
que me dispuse a usar del entendimiento. Mientras, seguíamos caminando, sin
prisas, gozando del día, de la pequeña brisa que nos envolvía, de la luz que se
entrecortaba por las sombras que distintos árboles nogales plantados cerca del
sendero nos ofrecían. Sus ramas cargadas y alargadas penetraban en nuestro
pasear, y ello dio a tomar algunas almendras. Nakaiet, se llenó los bolsillos,
parecía una niña pequeña en un juego divertido del que no podía escapar.
La caminata
seguía, no quería decir nada que no hubiera concluido acertadamente. Ella
seguía como explorando cada cosa que aparecía en el camino, incluso sea
agachaba a recoger algunas piedras, una de las mismas era una pizarra… lo que
no me imaginaba era para qué quería esas piedras que iba recogiendo, ¿acaso se
llevaría de este mundo algún recuerdo en forma de rocas…?
Casi tenía
resuelta la propuesta que mi interlocutora, callada hacía un buen rato mientras
disfrutaba del ya largo paseo, me había formulado, cuando alcanzamos el cruce
de un pequeño puente hecho con varios troncos que se apuntalaban a ambas
márgenes de un riachuelo de cristalina y fresca agua.
-
Paremos aquí, es un buen sitio.
-
De acuerdo, es excelente. ¿Puedo exponer mis conclusiones?
-
Ahora es momento de preparar un rico almuerzo. Toma unas
uvas
de ese racimo – indicó con el
dedo hacia una vid que asomaba tras unas altas piedras – mientras voy a
preparar las nueces, te gustarán a mi manera.
Hice lo solicitado, mientras ella hacía un pequeño fuego
depositando la piedra de pizarra que había cogido antes en nuestra caminata. Y
con otras dos fue partiendo las nueces depositando el fruto en lo alto de la
pizarra caliente. Y tengo que reconocer
que salieron unas nueces a la pizarra ardiente que junto a las uvas, dulces, me
dieron un almuerzo que nunca olvidaré. Mientras
ella gozaba de mi gozo en el comer y alimentarme. Fue algo hermoso, te lo
aseguro…
-
¿Te importa que durmamos un poco al borde del
riachuelo, notando
Y sintiendo su frescor?
¿No dije no? Me dormí, sin buscarlo, y desperté cuando el
Sol caía.
El jueves que viene habrá más.
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ahora, sólo ha de solicitarlo en mi correo electrónico: deeelij@gmail.com
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