25/8/16

La no necesidad


Muchas personas hablan de la "sed", que sería una manera de denominar ese impulso interior que definitivamente les lleva a hacer determinadas cosas, sobre todo cuando nos referimos al ámbito espiritual o de autoconocimiento. Lo cierto es, y da igual como queramos llamarle, que ese impulso "existe": hay algo que te empuja a darte cuenta de que eres mucho más de lo que percibes con tus sentidos físicos, de que la vida es mucho más que lo meramente evidente.

No obstante, en muchas ocasiones, si no en todas, ese estado de "estar sediento" tiene como origen la frustración, la insatisfacción, la no aceptación de la vida tal cual Es, o, mejor dicho, tal cual se está manifestando en este ahora para ti. Pues dicha manifestación está directamente relacionada contigo. Es más, eres tú, es la automática respuesta a tu estado vibratorio, que es lo que determina tu gradación consciencial.

Por lo tanto, si no aceptas absolutamente la vida que vives, si no estás plenamente en el momento que has creado y elegido vivir, nunca estarás en ti y siempre permanecerás "sediento". Te agarras, sin ser consciente del todo, a ese estado de "estoy sediento y necesito que me des de beber"; y así reproducirás una y otra vez una sed que se convertirá en eterna para ti, hasta que descubras que tu sed no la puede saciar otro, que tu sed no existe en realidad, porque todo tú eres agua.

A partir de dicho instante comenzarás a ser uno con la vida, que eres tú mismo, y vivirás en un estado de "no necesidad", pues la certeza se plasmará en ti y en todos tus actos, sabiendo que a cada momento estás plasmando tu divinidad y que los elementos que te acompañan son los justos y necesarios para que la expresión de lo divino pueda ser recreada a través de ti, de tu creación, de tu experiencia, con discernimiento, con sabiduría, con Amor.

Esto traerá como consecuencia que aun en esta dimensión dual en la que hemos elegido experienciar, todavía rodeados de la polaridad que es la expresión misma de lo creado en esta escala vibratoria, logremos trascender nuestras aparentes limitaciones para ser lo que realmente somos, Dioses, y cumplir lo que el maestro Jesús de Nazareth vaticinó en su día "Lo que yo hago vosotros lo haréis, y más..."

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Autor: Juan Luna
Fuente:
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